Una de las características más visibles de nuestra rancheridad es que en los actos públicos solemnes las autoridades no saben cuidar las formas. Vino el embajador de China (ojo: de China, no de Tumbuctú) y la parte más importante de la recepción fue, para mí, el espléndido discurso que leyó Sergio Antonio Corona Páez, cronista de Torreón, a quien ni siquiera integraron al fresidium. Otra vez, el hombre de ideas es marginado para cederle lugar a muchos políticos y empresarios que por lo general no entienden bien a bien qué hacen allí, perdidos en medio de tales actos.
La pieza oratoria del doctor Corona es, a mi juicio, una joya del humanismo (ojo: del humanismo, no del humanitarismo, que no es lo mismo). Me atrevo a decir que nadie en Torreón, salvo el artífice de ese texto, pudo decir mejor lo que significa el desagravio por el genocidio perpetrado en Torreón contra 300 chinos hacia 1911. Invito a que alguien me contradiga, a que alguien en nuestra comarca exponga que no es esto un dechado de discurso con visión histórico-humanista:
Muy distinguidas autoridades civiles y militares aquí presentes; excelentísimo señor embajador de la República Popular China, señoras y señores que nos acompañan hoy con su distinguida presencia:
Como Cronista Oficial de Torreón, como guardían y conservador de nuestra historia, debo mencionar que hace exactamente 96 años y 30 días, ocurrió en este lugar uno de los hechos más tristes e ignominiosos que recuerden nuestros anales. Apenas habían transcurrido tres años de haber sido elevada al rango de ciudad nuestra población, cuando, el 15 de mayo de 1911, precisamente aquí y a manos de mexicanos, fueron masacrados 300 súbditos chinos.
Podemos argumentar que, de acuerdo a las fuentes documentales, desde finales del siglo XIX existía en México una campaña propagandística de odio racial antichino, la cual fue tolerada y quizá hasta apoyada por el gobierno de Porfirio Díaz. Ese gobierno fue el gran promotor de la inmigración católica europea, diseñada para poblar los grandes espacios de los estados del norte. El temor de una nueva mutilación del territorio nacional era muy grande. No entraba en los planes gubernamentales el asentamiento permanente de etnias del lejano oriente.
No obstante lo anterior, Torreón abrió sus brazos a los inmigrantes que provenían del Imperio Celeste, y aquí, a base de trabajo y esfuerzo, fundaron una próspera comunidad que perdura hasta nuestros días, y nos enorgullece.
Tuvieron que ser precisamente tiempos de desorden civil y de cese de garantías los que permitieron que ocurriera la tragedia genocida que hoy recordamos. Por prejuicios de carácter racial, 300 torreonenses de origen chino fueron asesinados de la manera más artera que podamos imaginar. No se trataba de entes abstractos, se trataba de 300 seres humanos que eran vecinos, amigos y conocidos de otros torreonenses, eran elementos valiosos de una comunidad cosmopolita como la nuestra.
Y aunque en dicha ocasión hubo gente buena que escondió en sus casas y salvó a chinos que eran perseguidos, debemos decir que, en general, los torreonenses cayeron en el pecado de Caín, el pecado de no velar por la integridad del propio hermano. Durante muchos años, la mayoría de los torreonenses pensó y ha pensado que la mala suerte de aquellos ciudadanos era algo que competía sólo a los chinos. Nunca hemos imaginado a nuestros abuelos como los hermanos que se hicieron sordos al grito del hermano que pedía auxilio.
La colonia china de Torreón no estaba sola ni abandonada a su suerte. En mayo de 1911 gobernaba el Imperio Celeste su último emperador, Puyi, duodécimo de la dinastía Ching. Entre los asuntos internacionales que alcanzó a gestionar su gobierno, pues abdicó el 12 de febrero de 1912, se encontraba la reclamación por los atentados de lesa humanidad en Torreón, y con el objeto de apoyar estas reclamaciones, el envío de un crucero a México, el “Hai Chi”.
Este crucero, que llegó a costas americanas en septiembre de 1911, apenas a cuatro meses de los hechos, era el orgullo de la marina imperial china, y venía al mando del Almirante Chin Pin Kawang. Sin embargo, la coincidencia de tiempos de turbulencia política y militar en China y en México, frustró la buena marcha de las negociaciones.
Los terribles hechos de Torreón fueron comentados por los diarios de todo el país. El semanario El Mañana, en su edición del 22 de junio de 1911, nos permite conocer algo de la percepción que algunos medios informativos tuvieron sobre estos hechos.
En el artículo intitulado “Indemnizaciones de guerra” se expresan, entre otros, los siguientes comentarios:
"La reclamación más seria y que tiene más fundamento legal a partir desde los principios más rudimentarios del derecho de gentes, es la presentada por la Legación China, por las vidas de sus nacionales sacrificados en Torreón de modo tan horripilante, que ningún pueblo —tal vez ni la Tierra del Fuego— querría tener en su historia ese episodio que excede a la fantasía del novelista más sanguinario del medio siglo pasado.
Es preciso tener serenidad y honradez para las cuestiones de grave resolución. No equivoquemos el patriotismo con la impunidad del delito.
Al pedir justicia para los infortunados orientales, abogamos por el decoro y por la dignidad de la Nación. Si estados extraordinarios en la República causaron estas conflagraciones espantosas, y para desgracia nuestra permitieron la aparición de ejemplares orgánicos que deshonran a la humanidad, ocurramos solícitos a la reparación que nos dignifique, si queremos constituir un pueblo regido por las sanas doctrinas del derecho, que prescriben tirar con resolución la línea recta en las desviaciones que traza la perversidad del hombre".
Hablando desde el presente, solamente podemos decir que los torreonenses deploramos profundamente que tales hechos hayan sucedido, y que hayan sucedido aquí. La historia de estos mártires de la integración étnica nos demuestra lo importante que puede ser la enseñanza y aprendizaje de sanas actitudes y valores sociales. La intolerancia y el racismo fueron sembrados e incubados en todo México, pero fue en Torreón donde estas actitudes hicieron crisis en 1911.
La mejor manera de honrar y de darle perpetuo sentido a la muerte de estos 300 mártires torreonenses de origen chino, será la de cultivar constantemente en nuestra juventud el valor del respeto al otro, sea cual sea su etnia, cultura o posición social, así como el valor de la solidaridad, de la ayuda al vecino en dificultades, cualquiera que sea su color, educación o clase social.
Los monumentos son los sacramentos de la memoria colectiva. Es importante que contemos con monumentos que nos recuerden constantemente que lo que pasó una vez, no debe volver a ocurrir nunca más. Jamás debemos permitir que las minorías torreonenses sean perseguidas por razones políticas, religiosas, económicas, ideológicas, étnicas, ni por ninguna otra causa. Debemos aprender a ser solidarios unos con otros.
Propongo a nuestro Alcalde y al Ayuntamiento de la Ciudad de Torreón que el 15 de mayo sea declarado Día del Respeto y de la Solidaridad Torreonense, y que los 300 ciudadanos muertos en 1911 sean declarados mártires de la intolerancia.
Hago votos por que estas muertes se conviertan en un faro de luz que guíe nuestras mentes y corazones hacia el respeto mutuo y hacia la unidad en la diversidad, y por supuesto, hacia una nueva y venturosa etapa de las relaciones entre la Comarca Lagunera y la República Popular China.
sábado, junio 16, 2007
Síndrome de Incitatus
La política, además de ser el difícil arte de chingar al que se deje, bien puede ser considerada en México una inagotable agencia de colocaciones. Parientes, compadres, amigos de los amigos de los amigos de los amigos, todos se cuelgan de la nómina con tarzánica alegría, sin reparar al menos un segundo en el daño que el nepotismo y sus adláteres le hacen al erario popular. Cabeceada “Tienen los diputados 400 aviadores” (La Opinión de ayer), la nota firmada por Mauricio Juárez y Fernando Damián exhibe uno de los males más arraigados de la cultura política nacional, algo que me atrevería a llamar el “Síndrome de Incitatus”, eso para homenajear al caballo que fue nombrado cónsul por Calígula.
Como horda de Incitatus pránganas, cientos de parientes y amigos de legisladores mexicanos tienen su moche quincenal (¡en nómina!) y a cambio lo único que hacen es rascarse las verijas, para decirlo de la manera más elegante posible en este caso. Si ya de por sí nuestros diputados son expertos en derroche y con frecuencia votan para autorizarse todo tipo de prerrogativas pantagruélicas, parece más que una aberración enterarnos que de las 4 mil 500 personas adscritas a la administración de la Cámara, una tercera parte, 1400, sólo se apersona el día de pago gracias a que son cercanos de tal o cual cochino diputéibol.
“…esa práctica se inició cuando el PRI tenía la mayoría absoluta, porque los diputados recomendaban a quienes llegaban a la siguiente Legislatura a sus cercanos, y eso marcó el comienzo de esa ‘herencia negra’. El órgano encargado de realizar los trabajos de investigación para detectar a los aviadores será la Auditoría Superior de la Federación, y las labores arrancarán en julio próximo”, amplía la nota, lo que nos da una idea más clara del hoyo negro que representa el máximo órgano de la legislación mexicana.
Se requiere entonces una puntillosa, profunda, radical fiscalización de quienes “trabajan” en San Lázaro, ello para tapar un poco aquel barril sin fondo. Si los puros diputados le cuestan al país una cantidad que nunca ha correspondido, y al parecer nunca corresponderá, con su trabajo real (grillar y levantar la mano para mayoritear cuando se requiere), al menos hay que adelgazar la nómina y acabar con las rémoras de los tiburones.
Sin embargo, “muchos de los aviadores están sindicalizados, lo que hace más complicado el proceso de liquidación y despido, porque están amparados en un gremio que se opone a la separación del supuesto trabajo de esas personas”. Lo que faltaba: un sindicato de aviadores en la Cámara, un sindicato de Incitatus. ¡Kafka, socórrenos!
Como horda de Incitatus pránganas, cientos de parientes y amigos de legisladores mexicanos tienen su moche quincenal (¡en nómina!) y a cambio lo único que hacen es rascarse las verijas, para decirlo de la manera más elegante posible en este caso. Si ya de por sí nuestros diputados son expertos en derroche y con frecuencia votan para autorizarse todo tipo de prerrogativas pantagruélicas, parece más que una aberración enterarnos que de las 4 mil 500 personas adscritas a la administración de la Cámara, una tercera parte, 1400, sólo se apersona el día de pago gracias a que son cercanos de tal o cual cochino diputéibol.
“…esa práctica se inició cuando el PRI tenía la mayoría absoluta, porque los diputados recomendaban a quienes llegaban a la siguiente Legislatura a sus cercanos, y eso marcó el comienzo de esa ‘herencia negra’. El órgano encargado de realizar los trabajos de investigación para detectar a los aviadores será la Auditoría Superior de la Federación, y las labores arrancarán en julio próximo”, amplía la nota, lo que nos da una idea más clara del hoyo negro que representa el máximo órgano de la legislación mexicana.
Se requiere entonces una puntillosa, profunda, radical fiscalización de quienes “trabajan” en San Lázaro, ello para tapar un poco aquel barril sin fondo. Si los puros diputados le cuestan al país una cantidad que nunca ha correspondido, y al parecer nunca corresponderá, con su trabajo real (grillar y levantar la mano para mayoritear cuando se requiere), al menos hay que adelgazar la nómina y acabar con las rémoras de los tiburones.
Sin embargo, “muchos de los aviadores están sindicalizados, lo que hace más complicado el proceso de liquidación y despido, porque están amparados en un gremio que se opone a la separación del supuesto trabajo de esas personas”. Lo que faltaba: un sindicato de aviadores en la Cámara, un sindicato de Incitatus. ¡Kafka, socórrenos!
jueves, junio 14, 2007
Declaración del Centenario
Ayer firmé la “Declaración del Centenario, por nuestros ríos, por nuestra agua y por nuestra vida”. Lo que más gusto me dio fue leer los nombres de muchos laguneros que, comprometidos con su región, han adherido a esta causa y supongo que seguirán luchando para impedir la muerte de nuestros acuíferos, esfuerzo en el que va de por medio el futuro (casi el presente, porque el desastre ya nos pisa los talones) de la comarca. Transcribo la declaración e invito a los lectores a sumar su firma en www.petitiononline.com/lag100.
“Al tiempo que Torreón llega a sus cien años, como antes llegaron ya Ciudad Lerdo y Gómez Palacio, renovamos nuestro compromiso con los valores y con el espíritu que dieron origen a La Laguna.
Hoy reconocemos que el amor por nuestra comarca no es un concepto abstracto o restringido sino que también incluye un compromiso por el bienestar de nuestro planeta.
Las generaciones futuras nos juzgarán por nuestro éxito o nuestro fracaso en el cuidado de nuestro entorno. Por ellos, por nuestros hijos y nuestros nietos, tendremos que hacer nuestro mejor esfuerzo.
Los abajo firmantes nos comprometemos: A reconocer que vivimos en tiempos críticos. Debemos ser activos y enérgicos para lograr que se den los cambios necesarios –de acuerdo a la ciencia y no a consideraciones políticas– para detener el deterioro y la sobreexplotación de nuestros acuíferos y de nuestros ríos sin importar lo difícil de la tarea.
A ser ciudadanas y ciudadanos activos exigiendo a nuestros gobernantes que tomen medidas urgentes e inmediatas y exigiendo a los candidatos a puestos de elección que se comprometan en promulgar leyes que establezcan un aprovechamiento sostenible del agua por el bien de la salud pública y el bienestar colectivo, sin importar los intereses económicos que resulten afectados.
A pasar el mensaje, asegurándonos que nuestros seres queridos, nuestros amigos, nuestros vecinos y nuestros compañeros de trabajo reconozcan que todos tenemos un papel que jugar para enfrentar estos retos. A ser consumidores responsables, minimizando nuestra huella ambiental y sopesando nuestras decisiones personales contra las necesidades y los derechos de las generaciones futuras.
Quienes vinieron a poblar La Laguna lo arriesgaron todo para que hoy nosotros seamos lo que somos. Hoy nos toca a nosotros hacer todo lo que sea necesario para que este progreso continúe y que este bienestar englobe a todos las laguneras y todos los laguneros y a toda la trama de la vida, trama de la que somos parte y que es la base de nuestro progreso material”.
“Al tiempo que Torreón llega a sus cien años, como antes llegaron ya Ciudad Lerdo y Gómez Palacio, renovamos nuestro compromiso con los valores y con el espíritu que dieron origen a La Laguna.
Hoy reconocemos que el amor por nuestra comarca no es un concepto abstracto o restringido sino que también incluye un compromiso por el bienestar de nuestro planeta.
Las generaciones futuras nos juzgarán por nuestro éxito o nuestro fracaso en el cuidado de nuestro entorno. Por ellos, por nuestros hijos y nuestros nietos, tendremos que hacer nuestro mejor esfuerzo.
Los abajo firmantes nos comprometemos: A reconocer que vivimos en tiempos críticos. Debemos ser activos y enérgicos para lograr que se den los cambios necesarios –de acuerdo a la ciencia y no a consideraciones políticas– para detener el deterioro y la sobreexplotación de nuestros acuíferos y de nuestros ríos sin importar lo difícil de la tarea.
A ser ciudadanas y ciudadanos activos exigiendo a nuestros gobernantes que tomen medidas urgentes e inmediatas y exigiendo a los candidatos a puestos de elección que se comprometan en promulgar leyes que establezcan un aprovechamiento sostenible del agua por el bien de la salud pública y el bienestar colectivo, sin importar los intereses económicos que resulten afectados.
A pasar el mensaje, asegurándonos que nuestros seres queridos, nuestros amigos, nuestros vecinos y nuestros compañeros de trabajo reconozcan que todos tenemos un papel que jugar para enfrentar estos retos. A ser consumidores responsables, minimizando nuestra huella ambiental y sopesando nuestras decisiones personales contra las necesidades y los derechos de las generaciones futuras.
Quienes vinieron a poblar La Laguna lo arriesgaron todo para que hoy nosotros seamos lo que somos. Hoy nos toca a nosotros hacer todo lo que sea necesario para que este progreso continúe y que este bienestar englobe a todos las laguneras y todos los laguneros y a toda la trama de la vida, trama de la que somos parte y que es la base de nuestro progreso material”.
miércoles, junio 13, 2007
Una Estepa del TIM
Casi sin darnos cuenta, como un río que fluye por debajo del desierto, Estepa del Nazas, la revista literaria del Teatro Isauro Martínez ha llegado a su edición número 49 y está a punto pues de alcanzar un medio centenar celebratorio. Ese ejemplar venidero, el 50, puede coincidir por ello con la septembrina fecha del centenario, lo cual le añade un valor simbólico a esta publicación que es, en su tipo, el mejor y más sostenido emprendimiento que instancia cultural alguna haya auspiciado hasta la fecha en la comarca lagunera.
Dirigida por Saúl Rosales Carrillo, Estepa del Nazas ha sido foro plural para la expresión literaria de, sobre todo, numerosos jóvenes escritores laguneros. En sus páginas, autores que todavía tienen una carrera incipiente o en proceso de plena maduración, han convivido con otros ya cargados de experiencia, y eso ha hecho que sus contenidos siempre den una impresión de miscelánea sorpresa, de hallazgo y/o constatación del talento.
Doy un ejemplo: gracias a Estepa del Nazas tuve la suerte de leer los primeros cuentos de Vicente Alfonso Rodríguez, hecho que puedo datar hacia 1999, más o menos. Pasados unos años, la constancia de este todavía joven escritor ha permitido que en la misma revista podamos hoy admirar su precoz madurez, el asentamiento de su calidad artística. Y no es, por supuesto, el único caso digno de subrayar con marcador fosforescente: con diferentes temáticas, estilos, géneros y calidades, en esta cancha de papel han jugado (escribir es jugar, jugar medio en serio y medio en broma) otros tantos escritores como Carlos Velázquez, Carlos Reyes, Alejandro Alvarado (un chico lleno de talento al que lamentablemente le perdí la pista), Iván Hernández, Daniel Maldonado, Cristina Lozano y otros muchos igualmente bien armados de capacidad, quienes han compartido espacio con escritores ya cuajados como el mismo Saúl, Mauricio Beuchot, Pablo Arredondo, Édgar Valencia y Magda Madero.
Podremos simpatizar o no con algún colaborador, lo que resulta innegable es la necesidad que siempre tendrá nuestra región, o cualquiera, de contar con un espacio que dé cabida a la organización de palabras literarias. Esa falta de espacios ya la he criticado alguna vez en el caso de Gómez y de Lerdo, ciudades que jamás, hasta donde sé, han contado con publicaciones de esta índole.
El número 49 es un bufet rico en ofrecimientos: lo mejor, sin duda, el anticipo de la novela Partitura para mujer muerta, de Vicente Alfonso Rodríguez, quien recién ganó con esa obra un premio nacional de novela policiaca. Excelente. Y Estepa… tiene un plus: es gratis. Vaya y pídala al TIM.
Dirigida por Saúl Rosales Carrillo, Estepa del Nazas ha sido foro plural para la expresión literaria de, sobre todo, numerosos jóvenes escritores laguneros. En sus páginas, autores que todavía tienen una carrera incipiente o en proceso de plena maduración, han convivido con otros ya cargados de experiencia, y eso ha hecho que sus contenidos siempre den una impresión de miscelánea sorpresa, de hallazgo y/o constatación del talento.
Doy un ejemplo: gracias a Estepa del Nazas tuve la suerte de leer los primeros cuentos de Vicente Alfonso Rodríguez, hecho que puedo datar hacia 1999, más o menos. Pasados unos años, la constancia de este todavía joven escritor ha permitido que en la misma revista podamos hoy admirar su precoz madurez, el asentamiento de su calidad artística. Y no es, por supuesto, el único caso digno de subrayar con marcador fosforescente: con diferentes temáticas, estilos, géneros y calidades, en esta cancha de papel han jugado (escribir es jugar, jugar medio en serio y medio en broma) otros tantos escritores como Carlos Velázquez, Carlos Reyes, Alejandro Alvarado (un chico lleno de talento al que lamentablemente le perdí la pista), Iván Hernández, Daniel Maldonado, Cristina Lozano y otros muchos igualmente bien armados de capacidad, quienes han compartido espacio con escritores ya cuajados como el mismo Saúl, Mauricio Beuchot, Pablo Arredondo, Édgar Valencia y Magda Madero.
Podremos simpatizar o no con algún colaborador, lo que resulta innegable es la necesidad que siempre tendrá nuestra región, o cualquiera, de contar con un espacio que dé cabida a la organización de palabras literarias. Esa falta de espacios ya la he criticado alguna vez en el caso de Gómez y de Lerdo, ciudades que jamás, hasta donde sé, han contado con publicaciones de esta índole.
El número 49 es un bufet rico en ofrecimientos: lo mejor, sin duda, el anticipo de la novela Partitura para mujer muerta, de Vicente Alfonso Rodríguez, quien recién ganó con esa obra un premio nacional de novela policiaca. Excelente. Y Estepa… tiene un plus: es gratis. Vaya y pídala al TIM.
domingo, junio 10, 2007
El mago Ibrahim

Hace como dos semanas recorté una nota de La Jornada para comentarla cualquier domingo de relax, como éste. Se refiere el cable a la aparición del disco Mi sueño, obra que corona de manera póstuma el talento del cantante cubano Ibrahim Ferrer (1927-2005). Digamos que, además de la clásica que a todos gusta (Mozart, Vivaldi et al.), tengo mis condomínicas trompas de Eustaquio adaptadas para acoger cierta música popular en la que hallo, y esto es muy subjetivo, lo sé, algo más que el deseo de vender discos, como ocurre con Zitarrosa o con Cuco Sánchez, por nombrar sólo a dos iconos de mi galería. En ella está, desde hace como tres años, aquel negrito cubano que conocí de casualidad, la mañana en la que mi ex alumno y amigo Daniel Herrera, en su luchona y callejera y efímera calidad de vendedor de cd’s, me ofreció un lote de boleristas cubanos.
Elegí pues, allá por el 2003 o 2004, el compacto de Ibrahim Ferrer. Al escucharlo noté lo que cualquier oreja bien dispuesta puede advertir en el mismo trance: un estilo casi inhumanamente perfecto para tomar al bolero del cuello y sacarle toda la belleza posible, un lirismo que huele a humo, a mujeres y a licor, como debe ser en estos casos. No exagero. Sólo es necesaria una pizca de disposición para sentir que pocos han cantado así ese género de temas, como si la naturaleza se hubiera puesto de acuerdo con un hombre con el fin de darle todo el feeling posible para ejecutar algo, en este caso la interpretación de boleros. “Silencio” u “Ojos verdes”, pasados por las cuerdas vocales de Ferrer, entran a una dimensión en la que sólo falta una mulata de La Habana para ser perfecta.
Pero no me distraigo. El cable que digo da noticia del disco póstumo de Ferrer y de las circunstancias que rodearon su grabación. “De manera paradójica, lo que Ferrer más cantó durante su vida profesional fueron sones. Algunos creían que su voz no era adecuada para boleros. ‘Se consideraba que era demasiado fina, que no tenía la virilidad convencional del género’”, declaró Nick Gold, director de World Circuit y coproductor de Mi sueño. Luego, la noticia abunda en un detalle harto interesante: el retiro de Ferrer y su oficio de bolero (no el género musical popular, sino el aseo de calzado). “La historia, como se ha repetido tantas veces, tiene un final feliz: un par de años antes, el cantante se había retirado de su carrera profesional, desilusionado de ella, y trabajaba de bolero. El día que lo fueron a buscar, estaba lustrando zapatos. Le dijeron que había unos señores en los estudios Egrem que querían oírlo cantar. No estaba interesado. Insistieron. Lo convencieron. De ahí, directo, se fueron al estudio. Cantó ‘Dos gardenias’. ‘Nos pareció evidente que era un espléndido cantante de boleros, porque lo hacía directamente desde el corazón, con una dosis increíble de lirismo y espíritu’, contó Gold”.
No he escuchado ese disco, pero por el antecedente del compacto que ya mencioné puedo fácilmente imaginar el encanto que imprimió Ferrer a esas canciones. Habla el productor sobre el bolero “Perfidia”: “Le dimos un sabor fuerte de jazz, y lo increíble era que tanto en vivo como en el estudio, Ibrahim improvisaba una sección como si hubiera estado haciéndolo con jazz toda su vida. Este loco tenía una increíble musicalidad, enorme, lo cual me llenaba de admiración".
Ferrer fue “descubierto” (las comillas no son mías) muy tarde, y se integró a Buena Vista Social Club, grupo que a mediados de los noventa fue un hitazo en todo el mundo. Luego se retiró a lustrar zapatos y al final, como en un cuento de hadas bolerístico, fue nuevamente rescatado para hacer la grabación que por poco precedió a su muerte. Mi recomendación es para quienes le encuentran sabor a esto: vayan a Mixup o busquen en Internet una tienda que les pueda enviar el material del mago Ferrer. Realmente es un lujo escuchar a este hermoso ruquito.
Elegí pues, allá por el 2003 o 2004, el compacto de Ibrahim Ferrer. Al escucharlo noté lo que cualquier oreja bien dispuesta puede advertir en el mismo trance: un estilo casi inhumanamente perfecto para tomar al bolero del cuello y sacarle toda la belleza posible, un lirismo que huele a humo, a mujeres y a licor, como debe ser en estos casos. No exagero. Sólo es necesaria una pizca de disposición para sentir que pocos han cantado así ese género de temas, como si la naturaleza se hubiera puesto de acuerdo con un hombre con el fin de darle todo el feeling posible para ejecutar algo, en este caso la interpretación de boleros. “Silencio” u “Ojos verdes”, pasados por las cuerdas vocales de Ferrer, entran a una dimensión en la que sólo falta una mulata de La Habana para ser perfecta.
Pero no me distraigo. El cable que digo da noticia del disco póstumo de Ferrer y de las circunstancias que rodearon su grabación. “De manera paradójica, lo que Ferrer más cantó durante su vida profesional fueron sones. Algunos creían que su voz no era adecuada para boleros. ‘Se consideraba que era demasiado fina, que no tenía la virilidad convencional del género’”, declaró Nick Gold, director de World Circuit y coproductor de Mi sueño. Luego, la noticia abunda en un detalle harto interesante: el retiro de Ferrer y su oficio de bolero (no el género musical popular, sino el aseo de calzado). “La historia, como se ha repetido tantas veces, tiene un final feliz: un par de años antes, el cantante se había retirado de su carrera profesional, desilusionado de ella, y trabajaba de bolero. El día que lo fueron a buscar, estaba lustrando zapatos. Le dijeron que había unos señores en los estudios Egrem que querían oírlo cantar. No estaba interesado. Insistieron. Lo convencieron. De ahí, directo, se fueron al estudio. Cantó ‘Dos gardenias’. ‘Nos pareció evidente que era un espléndido cantante de boleros, porque lo hacía directamente desde el corazón, con una dosis increíble de lirismo y espíritu’, contó Gold”.
No he escuchado ese disco, pero por el antecedente del compacto que ya mencioné puedo fácilmente imaginar el encanto que imprimió Ferrer a esas canciones. Habla el productor sobre el bolero “Perfidia”: “Le dimos un sabor fuerte de jazz, y lo increíble era que tanto en vivo como en el estudio, Ibrahim improvisaba una sección como si hubiera estado haciéndolo con jazz toda su vida. Este loco tenía una increíble musicalidad, enorme, lo cual me llenaba de admiración".
Ferrer fue “descubierto” (las comillas no son mías) muy tarde, y se integró a Buena Vista Social Club, grupo que a mediados de los noventa fue un hitazo en todo el mundo. Luego se retiró a lustrar zapatos y al final, como en un cuento de hadas bolerístico, fue nuevamente rescatado para hacer la grabación que por poco precedió a su muerte. Mi recomendación es para quienes le encuentran sabor a esto: vayan a Mixup o busquen en Internet una tienda que les pueda enviar el material del mago Ferrer. Realmente es un lujo escuchar a este hermoso ruquito.
sábado, junio 09, 2007
Estándares de calidad
Cunde en el planeta una fe bruta a la tecnología. En el caso de la que nos sirve para comunicar y entretener, no deja de ser paradójico que a más desarrollo electrónico, más banales se tornan las preferencias públicas por los infinitos contenidos que circulan gracias a la televisión, la radio, el cine, la telefonía y el, o la, Internet. Asomarnos a las computadoras personales es casi suficiente para advertir ese fenómeno: cuántas pantallas planas, cuántos discos duros de gran capacidad, cuántas laptops y cuántos gadgets supermodernos para dedicarlos al ubicuo mundo parasitario del chat, por citar sólo uno de los hábitos comunes en el mundo de hoy.
En una palabra, el desarrollo de esa tecnología no es, en sí, sinónimo de calidad, pues para que realmente lo sea es necesario vitaminar también los contenidos. Lo otro es ruido, chabacanería, vacío infinitamente bien comunicado. Esto lo traigo a cuento por el comunicado de Televisa (esmas.com) sobre el fallo de la SCJN en torno a la Ley de Radio y Televisión y a la Ley Federal de Telecomunicaciones. Plantea tres incisos:
1. Televisa siguió atenta y respetuosamente el proceso de revisión constitucional de la ley Federal de Radio y Televisión y de la Ley de Telecomunicaciones, llevado a cabo por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, y ha analizado el alcance de sus resoluciones. Algunas de éstas son motivo de preocupación toda vez que pueden desacelerar o, incluso, inhibir, el desarrollo tecnológico de las industrias de la radiodifusión y telecomunicaciones, colocando a estos sectores de México en desventaja frente a los otros países.
2. Televisa reafirma su respeto a la Suprema Corte de Justicia de la Nación y sus resoluciones, al tiempo que reconoce la transparencia con que se condujo todo el proceso de revisión constitucional.
3. Como lo ha hecho siempre, Televisa seguirá realizando sus actividades en el marco de la legislación vigente, ahora revisada por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, y renueva su compromiso de procurar los más altos estándares de calidad y profesionalismo, acordes con la historia de la empresa y con las exigencias del pública (sic) en México y de habla hispana en todo el mundo.
Más allá de la palabrería hueca, ¿qué entiende Televisa por “altos estándares de calidad y profesionalismo”. Por supuesto, capacidad tecnológica para transmitir audio y video de alta fidelidad, perfectamente editado y accesible en muchísimos lugares. ¿Y? No es necesario comentar nada sobre sus contenidos; todos los conocemos y nadie podría asegurar que ostentan “los más altos estándares de calidad y profesionalismo”. Y eso no es pecata minuta.
En una palabra, el desarrollo de esa tecnología no es, en sí, sinónimo de calidad, pues para que realmente lo sea es necesario vitaminar también los contenidos. Lo otro es ruido, chabacanería, vacío infinitamente bien comunicado. Esto lo traigo a cuento por el comunicado de Televisa (esmas.com) sobre el fallo de la SCJN en torno a la Ley de Radio y Televisión y a la Ley Federal de Telecomunicaciones. Plantea tres incisos:
1. Televisa siguió atenta y respetuosamente el proceso de revisión constitucional de la ley Federal de Radio y Televisión y de la Ley de Telecomunicaciones, llevado a cabo por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, y ha analizado el alcance de sus resoluciones. Algunas de éstas son motivo de preocupación toda vez que pueden desacelerar o, incluso, inhibir, el desarrollo tecnológico de las industrias de la radiodifusión y telecomunicaciones, colocando a estos sectores de México en desventaja frente a los otros países.
2. Televisa reafirma su respeto a la Suprema Corte de Justicia de la Nación y sus resoluciones, al tiempo que reconoce la transparencia con que se condujo todo el proceso de revisión constitucional.
3. Como lo ha hecho siempre, Televisa seguirá realizando sus actividades en el marco de la legislación vigente, ahora revisada por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, y renueva su compromiso de procurar los más altos estándares de calidad y profesionalismo, acordes con la historia de la empresa y con las exigencias del pública (sic) en México y de habla hispana en todo el mundo.
Más allá de la palabrería hueca, ¿qué entiende Televisa por “altos estándares de calidad y profesionalismo”. Por supuesto, capacidad tecnológica para transmitir audio y video de alta fidelidad, perfectamente editado y accesible en muchísimos lugares. ¿Y? No es necesario comentar nada sobre sus contenidos; todos los conocemos y nadie podría asegurar que ostentan “los más altos estándares de calidad y profesionalismo”. Y eso no es pecata minuta.
viernes, junio 08, 2007
Escamoteo de etnias
Con frecuencia deambulo por el blog del doctor Sergio Antonio Corona (cronicadetorreon.blogspot.com), coordinador del Archivo Histórico de la UIA Laguna y cronista de Torreón. No deja de sorprenderme, además de su incansable entrega a la escritura, el fino razonamiento que hace sobre temas que, en general, pasan frente a nuestras narices sin que atinemos a desmenuzarlos con hondura. Uno de esos comentarios se refiere a las “etnias torreonenses”. Por lúcido e incluyente, creo que debemos leerlo. Sus palabras cuestionan la plutocrática manera de percibir el valor de ciertas etnias como forjadoras exclusivas de nuestro pasado. Dice el cronista:
“… se ha generalizado el término ‘etnia’ como si se refiriera exclusivamente a los grupos extranjeros. Según nuestro Gran Diccionario Usual de la Langua Española, y transcribo, ‘Etnia conjunto de personas que comparten un mismo idioma, una religión, una cultura y un origen propios’. Es decir, los mexicanos católicos que hablamos castellano y que compartimos una manera de ver la vida, constituimos una etnia. O si prefiere un criterio más estrecho, los viejos pobladores españoles y tlaxcaltecas constituían dos etnias fundamentales en el proceso de poblamiento de la Comarca Lagunera.Nada tengo contra los extranjeros o contra sus descendientes (…) Pero no se puede tolerar un error tan garrafal como es el pensar que debemos celebrar las ‘etnias’ y que éstas son exclusivamente ‘extranjeras’, porque entonces asumimos que los mexicanos no tienen mérito alguno en la formación de nuestra comunidad torreonense. Hasta los más pobres campesinos de la Comarca pueden proceder de linajes de cientos de años, linajes cuyos miembros lucharon incontables veces contra los salvajes y que occidentalizaron esta región al colonizarla.
¿A ellos, que llevaron el peso de la conquista, colonización y configuración de La Laguna, a ellos no los vamos a recordar? Españoles, tlaxcaltecas, mexicas, tarascos, negros de Guinea, todos ellos contribuyeron a forjar nuestra realidad actual (…) [y] a los mexicanos que anhelan volverse extranjeros, debo recordarles que tenemos tres mil kilómetros de frontera hacia el norte. Es muy ancha la puerta al extranjero. Pero a todos los mexicanos que nos sentimos orgullosos de ser quienes somos, los invito a que nos unamos a festejar en este primer centenario de Torreón nuestro común origen junto con todos los laguneros que no tienen la dicha de proceder, como nosotros, de aquellos bravos conquistadores que nos legaron una patria. Todos somos torreonenses, celebremos todos hombro con hombro, en paz y armonía, con mucho orgullo, sin menospreciar a nadie’”.
“… se ha generalizado el término ‘etnia’ como si se refiriera exclusivamente a los grupos extranjeros. Según nuestro Gran Diccionario Usual de la Langua Española, y transcribo, ‘Etnia conjunto de personas que comparten un mismo idioma, una religión, una cultura y un origen propios’. Es decir, los mexicanos católicos que hablamos castellano y que compartimos una manera de ver la vida, constituimos una etnia. O si prefiere un criterio más estrecho, los viejos pobladores españoles y tlaxcaltecas constituían dos etnias fundamentales en el proceso de poblamiento de la Comarca Lagunera.Nada tengo contra los extranjeros o contra sus descendientes (…) Pero no se puede tolerar un error tan garrafal como es el pensar que debemos celebrar las ‘etnias’ y que éstas son exclusivamente ‘extranjeras’, porque entonces asumimos que los mexicanos no tienen mérito alguno en la formación de nuestra comunidad torreonense. Hasta los más pobres campesinos de la Comarca pueden proceder de linajes de cientos de años, linajes cuyos miembros lucharon incontables veces contra los salvajes y que occidentalizaron esta región al colonizarla.
¿A ellos, que llevaron el peso de la conquista, colonización y configuración de La Laguna, a ellos no los vamos a recordar? Españoles, tlaxcaltecas, mexicas, tarascos, negros de Guinea, todos ellos contribuyeron a forjar nuestra realidad actual (…) [y] a los mexicanos que anhelan volverse extranjeros, debo recordarles que tenemos tres mil kilómetros de frontera hacia el norte. Es muy ancha la puerta al extranjero. Pero a todos los mexicanos que nos sentimos orgullosos de ser quienes somos, los invito a que nos unamos a festejar en este primer centenario de Torreón nuestro común origen junto con todos los laguneros que no tienen la dicha de proceder, como nosotros, de aquellos bravos conquistadores que nos legaron una patria. Todos somos torreonenses, celebremos todos hombro con hombro, en paz y armonía, con mucho orgullo, sin menospreciar a nadie’”.
Escamoteo de etnias
Con frecuencia deambulo por el blog del doctor Sergio Antonio Corona (cronicadetorreon.blogspot.com), coordinador del Archivo Histórico de la UIA Laguna y cronista de Torreón. No deja de sorprenderme, además de su incansable entrega a la escritura, el fino razonamiento que hace sobre temas que, en general, pasan frente a nuestras narices sin que atinemos a desmenuzarlos con hondura. Uno de esos comentarios se refiere a las “etnias torreonenses”. Por lúcido e incluyente, creo que debemos leerlo. Sus palabras cuestionan la plutocrática manera de percibir el valor de ciertas etnias como forjadoras exclusivas de nuestro pasado. Dice el cronista:
“… se ha generalizado el término ‘etnia’ como si se refiriera exclusivamente a los grupos extranjeros. Según nuestro Gran Diccionario Usual de la Langua Española, y transcribo, ‘Etnia conjunto de personas que comparten un mismo idioma, una religión, una cultura y un origen propios’. Es decir, los mexicanos católicos que hablamos castellano y que compartimos una manera de ver la vida, constituimos una etnia. O si prefiere un criterio más estrecho, los viejos pobladores españoles y tlaxcaltecas constituían dos etnias fundamentales en el proceso de poblamiento de la Comarca Lagunera.Nada tengo contra los extranjeros o contra sus descendientes (…) Pero no se puede tolerar un error tan garrafal como es el pensar que debemos celebrar las ‘etnias’ y que éstas son exclusivamente ‘extranjeras’, porque entonces asumimos que los mexicanos no tienen mérito alguno en la formación de nuestra comunidad torreonense. Hasta los más pobres campesinos de la Comarca pueden proceder de linajes de cientos de años, linajes cuyos miembros lucharon incontables veces contra los salvajes y que occidentalizaron esta región al colonizarla.
¿A ellos, que llevaron el peso de la conquista, colonización y configuración de La Laguna, a ellos no los vamos a recordar? Españoles, tlaxcaltecas, mexicas, tarascos, negros de Guinea, todos ellos contribuyeron a forjar nuestra realidad actual (…) [y] a los mexicanos que anhelan volverse extranjeros, debo recordarles que tenemos tres mil kilómetros de frontera hacia el norte. Es muy ancha la puerta al extranjero. Pero a todos los mexicanos que nos sentimos orgullosos de ser quienes somos, los invito a que nos unamos a festejar en este primer centenario de Torreón nuestro común origen junto con todos los laguneros que no tienen la dicha de proceder, como nosotros, de aquellos bravos conquistadores que nos legaron una patria. Todos somos torreonenses, celebremos todos hombro con hombro, en paz y armonía, con mucho orgullo, sin menospreciar a nadie’”.
“… se ha generalizado el término ‘etnia’ como si se refiriera exclusivamente a los grupos extranjeros. Según nuestro Gran Diccionario Usual de la Langua Española, y transcribo, ‘Etnia conjunto de personas que comparten un mismo idioma, una religión, una cultura y un origen propios’. Es decir, los mexicanos católicos que hablamos castellano y que compartimos una manera de ver la vida, constituimos una etnia. O si prefiere un criterio más estrecho, los viejos pobladores españoles y tlaxcaltecas constituían dos etnias fundamentales en el proceso de poblamiento de la Comarca Lagunera.Nada tengo contra los extranjeros o contra sus descendientes (…) Pero no se puede tolerar un error tan garrafal como es el pensar que debemos celebrar las ‘etnias’ y que éstas son exclusivamente ‘extranjeras’, porque entonces asumimos que los mexicanos no tienen mérito alguno en la formación de nuestra comunidad torreonense. Hasta los más pobres campesinos de la Comarca pueden proceder de linajes de cientos de años, linajes cuyos miembros lucharon incontables veces contra los salvajes y que occidentalizaron esta región al colonizarla.
¿A ellos, que llevaron el peso de la conquista, colonización y configuración de La Laguna, a ellos no los vamos a recordar? Españoles, tlaxcaltecas, mexicas, tarascos, negros de Guinea, todos ellos contribuyeron a forjar nuestra realidad actual (…) [y] a los mexicanos que anhelan volverse extranjeros, debo recordarles que tenemos tres mil kilómetros de frontera hacia el norte. Es muy ancha la puerta al extranjero. Pero a todos los mexicanos que nos sentimos orgullosos de ser quienes somos, los invito a que nos unamos a festejar en este primer centenario de Torreón nuestro común origen junto con todos los laguneros que no tienen la dicha de proceder, como nosotros, de aquellos bravos conquistadores que nos legaron una patria. Todos somos torreonenses, celebremos todos hombro con hombro, en paz y armonía, con mucho orgullo, sin menospreciar a nadie’”.
Premios estatales
No tengo nada en contra de los premios, menos cuando su otorgamiento busca reconocer algún esfuerzo cultural o científico. Esa es la razón por la que nunca he mostrado alguna discrepancia en torno a los premios entregados por el gobierno estatal. Sin embargo, no deja de parecerme oportuno hacer dos o tres planteos para mejorar, al menos en teoría, el mecanismo mediante el cual se obtienen los trabajos ganadores.
En primer término, y habida cuenta de que el periodista es por lo común poco reconocido, está bien que él busque deliberadamente, con la inscripción de su trabajo en un concurso, el diploma que lo acredite como sobresaliente en el oficio; lo que me parece excesivo es que hay algunos casos en los que, ya obtenido el galardón, vuelvan a participar en convocatorias ulteriores; convierten, así, la justa necesidad/aspiración de un premio en un abaratado ingresito anual. En este mismo sentido, hay una ley explícita en los concursos literarios: quien ya haya ganado equis certamen, no puede participar en sus siguientes convocatorias. Y hay, además, otra ley no escrita entre los escritores: nunca participar en un concurso de menor importancia que los ya obtenidos. Quien no sigue esta segunda regla se expone a recibir una mención “honorífica” en un certamen de menor valía que los ya conseguidos por su pluma, lo cual es bochornoso. En un ejemplo burdo, es como si Lupita Jones participara en el certamen Miss Comarca Lagunera y quedara en cuarto lugar, mencionada sólo como Señorita Fotogenia.
Otro detalle importante tiene que ver con el anonimato. Quiero suponer, y creo que supongo bien, que la determinación de los ganadores del premio estatal de periodismo se da en un clima de imparcialidad, entre jurados honestos y especializados. Pese a ello, dada la arraigada desconfianza en la que vivimos, no sería mala idea reforzar la imparcialidad mediante el anonimato tanto de los participantes como de los jurados, tal y como ocurre en los concursos literarios. Con esto se evitarían suspicacias innecesarias y el premio se entregaría al trabajo en sí, no a quien firma ni menos al medio que lo arropa. Sé que en términos operativos esto es difícil de llevar a cabo en el caso de los trabajos periodísticos, pues ellos han sido difundidos antes de ingresar al concurso. Lo ideal sería, entonces, y tal vez con el sacrificio de ciertos géneros, convocar a un concurso estatal de trabajos periodísticos inéditos (reportajes, crónicas, entrevistas, artículos…) y firmados con seudónimo. Es difícil, lo sé, pero eso le daría mayor altura a los reconocimientos que sin duda merece el gremio periodístico.
En primer término, y habida cuenta de que el periodista es por lo común poco reconocido, está bien que él busque deliberadamente, con la inscripción de su trabajo en un concurso, el diploma que lo acredite como sobresaliente en el oficio; lo que me parece excesivo es que hay algunos casos en los que, ya obtenido el galardón, vuelvan a participar en convocatorias ulteriores; convierten, así, la justa necesidad/aspiración de un premio en un abaratado ingresito anual. En este mismo sentido, hay una ley explícita en los concursos literarios: quien ya haya ganado equis certamen, no puede participar en sus siguientes convocatorias. Y hay, además, otra ley no escrita entre los escritores: nunca participar en un concurso de menor importancia que los ya obtenidos. Quien no sigue esta segunda regla se expone a recibir una mención “honorífica” en un certamen de menor valía que los ya conseguidos por su pluma, lo cual es bochornoso. En un ejemplo burdo, es como si Lupita Jones participara en el certamen Miss Comarca Lagunera y quedara en cuarto lugar, mencionada sólo como Señorita Fotogenia.
Otro detalle importante tiene que ver con el anonimato. Quiero suponer, y creo que supongo bien, que la determinación de los ganadores del premio estatal de periodismo se da en un clima de imparcialidad, entre jurados honestos y especializados. Pese a ello, dada la arraigada desconfianza en la que vivimos, no sería mala idea reforzar la imparcialidad mediante el anonimato tanto de los participantes como de los jurados, tal y como ocurre en los concursos literarios. Con esto se evitarían suspicacias innecesarias y el premio se entregaría al trabajo en sí, no a quien firma ni menos al medio que lo arropa. Sé que en términos operativos esto es difícil de llevar a cabo en el caso de los trabajos periodísticos, pues ellos han sido difundidos antes de ingresar al concurso. Lo ideal sería, entonces, y tal vez con el sacrificio de ciertos géneros, convocar a un concurso estatal de trabajos periodísticos inéditos (reportajes, crónicas, entrevistas, artículos…) y firmados con seudónimo. Es difícil, lo sé, pero eso le daría mayor altura a los reconocimientos que sin duda merece el gremio periodístico.
Coletazos previsibles
Para llegar a donde está, Calderón tuvo que aceptar el apoyo ofrecido a regañadientes por la forzuda ala yunquista metida hasta los huesos del PAN durante la égida foxista. Encabezada por Fox, Abascal, Salazar Sáenz, Espino, el fallecido Ramón Martín Huerta y casi toda la estructura de los gobiernos guanajuatenses de Romero Hicks y Oliva Ramírez, la corriente de la organización archiconservadora tenía sólo dos sopas en la coyuntura de 2006: o colocar a Calderón en la presidencia o dejar que AMLO les hiciera la travesura. Obviamente, los oscureros archicatólicos optaron por el candidato del PAN y le desenrollaron la alfombra para que llegara a Los Pinos, pero no iban a tardar mucho en mostrarle los caninos.
No a otra intención obedecieron el deslenguado activismo de Fox (que sigue en marcha), el acomodo de Abascal y de Derbez en la estructura interna del PAN y, lo peorcito de todo, las declaraciones siempre amenazantes de Manuel Espino contra la llamada “institución” presidencial. El presidente nacional del PAN se la creyó tanto que, carburado por sus titiriteros, insistió hasta el aburrimiento que con Calderón iban a mantener una sana distancia, una independencia que casi marginaba al michoacano de las decisiones blanquiazules. La gota de pus que derramó la herida fue aquella violenta advertencia de Espino contra la intromisión de mapaches de la presidencia en las elecciones yucatecas (20 de mayo).
Poco más de dos semanas después, Calderón le ha puesto un estatequieto a Espino y a lo que él representa, y se ha adueñado, por las malas, como en los viejos tiempos, del partido en el poder. Hasta aquí, y hasta ahora, la realidad parece sonreírle a Calderón y a su equipo, pero no hay que estar tan seguros de que la escalada de amarres avance por el mismo derrotero. Hay que recordar, nomás, que los hoy vapuleados asambleístas no son precisamente los amos del fair play. Muy al contrario, no fueron otros los que derramaron altas cantidades de boñiga en las turbulentas, accidentadas y chuecas elecciones del año pasado, y aunque hoy hayan perdido algo de fuerza en el partido que lograron permear durante treinta años de infiltración clandestina, son ellos quienes pueden manejar la información más peligrosa contra Calderón. En esa tensión vive el ejecutivo espurio, y juega con lumbre cuando encara al siniestro yunquismo. Una sola palabra de Fox bastaría, en este contexto, para tambalear y hacer crujir la poca legitimidad de Calderón. Conocida la calaña de sus rivales íntimos, creo que el michoacano y los suyos deben esperar el coletazo. El Yunque no es un enemigo leal ni, mucho menos, pequeño.
No a otra intención obedecieron el deslenguado activismo de Fox (que sigue en marcha), el acomodo de Abascal y de Derbez en la estructura interna del PAN y, lo peorcito de todo, las declaraciones siempre amenazantes de Manuel Espino contra la llamada “institución” presidencial. El presidente nacional del PAN se la creyó tanto que, carburado por sus titiriteros, insistió hasta el aburrimiento que con Calderón iban a mantener una sana distancia, una independencia que casi marginaba al michoacano de las decisiones blanquiazules. La gota de pus que derramó la herida fue aquella violenta advertencia de Espino contra la intromisión de mapaches de la presidencia en las elecciones yucatecas (20 de mayo).
Poco más de dos semanas después, Calderón le ha puesto un estatequieto a Espino y a lo que él representa, y se ha adueñado, por las malas, como en los viejos tiempos, del partido en el poder. Hasta aquí, y hasta ahora, la realidad parece sonreírle a Calderón y a su equipo, pero no hay que estar tan seguros de que la escalada de amarres avance por el mismo derrotero. Hay que recordar, nomás, que los hoy vapuleados asambleístas no son precisamente los amos del fair play. Muy al contrario, no fueron otros los que derramaron altas cantidades de boñiga en las turbulentas, accidentadas y chuecas elecciones del año pasado, y aunque hoy hayan perdido algo de fuerza en el partido que lograron permear durante treinta años de infiltración clandestina, son ellos quienes pueden manejar la información más peligrosa contra Calderón. En esa tensión vive el ejecutivo espurio, y juega con lumbre cuando encara al siniestro yunquismo. Una sola palabra de Fox bastaría, en este contexto, para tambalear y hacer crujir la poca legitimidad de Calderón. Conocida la calaña de sus rivales íntimos, creo que el michoacano y los suyos deben esperar el coletazo. El Yunque no es un enemigo leal ni, mucho menos, pequeño.
domingo, junio 03, 2007
Aguas, aguas
Esto publicó Paco Valdés hoy en La Opinión. Otra vez, aguas con los políticos sobrados de iniciativa:
Despropósitos acuáticos
Francisco Valdés Perezgasga
Lo más caritativo que puede uno decirle a los políticos de la región es que ven la tempestad y no se hincan. Todos los modelos de cambio climático nos pronostican un descenso en las lluvias promedio para nuestra parte del mundo. Viviendo en el desierto, el agua debería ser preciosa para los laguneros. Sin ella no somos absolutamente nada y la frase hueca —e imprecisa— sobre haber vencido al desierto se desmorona como la arena.A pesar de las advertencias, vuelve a levantar su fea cara el tema de construir una potabilizadora que use agua del Nazas. Un tema que hoy resucitan Ulises Adame, candidato príísta a diputado por el distrito 14 de Durango y Ricardo Rebollo, aspirante príista a alcalde de Gómez Palacio. No parecen haber entendido que la impredictibilidad del régimen de lluvias desatada por el calentamiento global nos obliga a emprender un manejo sustentable del agua hoy. Un manejo que asegure que el recurso no se acabe y esté presente para el desarrollo de las generaciones futuras. Un manejo que debe enfocarse, necesariamente, al equilibrio de nuestros acuíferos, la restitución de la salud de nuestras cuencas hidrográficas y el manejo ilustrado, moderno y adaptativo de nuestros ríos.
La idea de la potabilizadora usando agua de río es una idea perversa a cual más. Manda el mensaje de que ya tenemos la maquinita que nos resolverá el problema del abasto de agua y que los señores lecheros pueden proceder alegremente a rematar al acuífero.“Es todo suyo” es el mensaje de Adame y de Rebollo a los amos y señores del agua en La Laguna, cuando el acuífero no es de ellos, sino de los laguneros del futuro. Además tomar agua del Nazas para el abasto urbano le impone una carga adicional a un río de desierto sumamente estresado.
Proponen Ulises y Ricardo una solución tramposa que no es solución alguna, sino todo lo contrario.
Una inversión onerosa, innecesaria e inútil que sólo lastrará el futuro financiero de nuestra comarca. A los laguneros del futuro —tus hijos, lector, tus nietos— Rebollo y Adame quieren dejarles un acuífero seco y una deuda de cientos de millones de dólares en el banco. Menuda herencia.
Transparencia Internacional dice que, en la construcción de megaobras —presas, potabilizadoras, aeropuertos, autopistas— hay sólo dos grupos que siempre salen beneficiados: los constructores y los políticos corruptos que reciben dádivas de ellos.
La regla general es que el resto de los mortales, o sea, nosotros, salgamos perjudicados. La advertencia de Transparencia Internacional debería de ser atendida por todos nosotros por razones eminentemente prácticas y debería ayudarnos a blindar nuestros oídos con una sana dosis de escepticismo y de sospecha.
Lo que los laguneros debemos emprender ya es la recuperación de nuestros ríos. Equilibrar el acuífero deteniendo la criminal sobreexplotación.
Restaurar la salud de sus cuencas hidrográficas recuperando sus ecosistemas y sus valiosísismos servicios ambientales. Renovar nuestra identidad colectiva con el Nazas y el Aguanaval y reintegrándolos a nuestro imaginario cultural y afectivo. Pero por lo pronto, rechazando de tajo la propuesta de Ulises Adame y Ricardo Rebollo.
fvaldes@nazasvivo.com
Despropósitos acuáticos
Francisco Valdés Perezgasga
Lo más caritativo que puede uno decirle a los políticos de la región es que ven la tempestad y no se hincan. Todos los modelos de cambio climático nos pronostican un descenso en las lluvias promedio para nuestra parte del mundo. Viviendo en el desierto, el agua debería ser preciosa para los laguneros. Sin ella no somos absolutamente nada y la frase hueca —e imprecisa— sobre haber vencido al desierto se desmorona como la arena.A pesar de las advertencias, vuelve a levantar su fea cara el tema de construir una potabilizadora que use agua del Nazas. Un tema que hoy resucitan Ulises Adame, candidato príísta a diputado por el distrito 14 de Durango y Ricardo Rebollo, aspirante príista a alcalde de Gómez Palacio. No parecen haber entendido que la impredictibilidad del régimen de lluvias desatada por el calentamiento global nos obliga a emprender un manejo sustentable del agua hoy. Un manejo que asegure que el recurso no se acabe y esté presente para el desarrollo de las generaciones futuras. Un manejo que debe enfocarse, necesariamente, al equilibrio de nuestros acuíferos, la restitución de la salud de nuestras cuencas hidrográficas y el manejo ilustrado, moderno y adaptativo de nuestros ríos.
La idea de la potabilizadora usando agua de río es una idea perversa a cual más. Manda el mensaje de que ya tenemos la maquinita que nos resolverá el problema del abasto de agua y que los señores lecheros pueden proceder alegremente a rematar al acuífero.“Es todo suyo” es el mensaje de Adame y de Rebollo a los amos y señores del agua en La Laguna, cuando el acuífero no es de ellos, sino de los laguneros del futuro. Además tomar agua del Nazas para el abasto urbano le impone una carga adicional a un río de desierto sumamente estresado.
Proponen Ulises y Ricardo una solución tramposa que no es solución alguna, sino todo lo contrario.
Una inversión onerosa, innecesaria e inútil que sólo lastrará el futuro financiero de nuestra comarca. A los laguneros del futuro —tus hijos, lector, tus nietos— Rebollo y Adame quieren dejarles un acuífero seco y una deuda de cientos de millones de dólares en el banco. Menuda herencia.
Transparencia Internacional dice que, en la construcción de megaobras —presas, potabilizadoras, aeropuertos, autopistas— hay sólo dos grupos que siempre salen beneficiados: los constructores y los políticos corruptos que reciben dádivas de ellos.
La regla general es que el resto de los mortales, o sea, nosotros, salgamos perjudicados. La advertencia de Transparencia Internacional debería de ser atendida por todos nosotros por razones eminentemente prácticas y debería ayudarnos a blindar nuestros oídos con una sana dosis de escepticismo y de sospecha.
Lo que los laguneros debemos emprender ya es la recuperación de nuestros ríos. Equilibrar el acuífero deteniendo la criminal sobreexplotación.
Restaurar la salud de sus cuencas hidrográficas recuperando sus ecosistemas y sus valiosísismos servicios ambientales. Renovar nuestra identidad colectiva con el Nazas y el Aguanaval y reintegrándolos a nuestro imaginario cultural y afectivo. Pero por lo pronto, rechazando de tajo la propuesta de Ulises Adame y Ricardo Rebollo.
fvaldes@nazasvivo.com
Aguas, aguas
Paco Valdés publicó esto hoy en La Opinión. Otra vez, aguas con los políticos emprendedores:
Lo más caritativo que puede uno decirle a los políticos de la región es que ven la tempestad y no se hincan. Todos los modelos de cambio climático nos pronostican un descenso en las lluvias promedio para nuestra parte del mundo. Viviendo en el desierto, el agua debería ser preciosa para los laguneros. Sin ella no somos absolutamente nada y la frase hueca -e imprecisa- sobre haber vencido al desierto se desmorona como la arena.
A pesar de las advertencias, vuelve a levantar su fea cara el tema de construir una potabilizadora que use agua del Nazas. Un tema que hoy resucitan Ulises Adame, candidato príísta a diputado por el distrito 14 de Durango y Ricardo Rebollo, aspirante príista a alcalde de Gómez Palacio. No parecen haber entendido que la impredictibilidad del régimen de lluvias desatada por el calentamiento global nos obliga a emprender un manejo sustentable del agua hoy. Un manejo que asegure que el recurso no se acabe y esté presente para el desarrollo de las generaciones futuras. Un manejo que debe enfocarse, necesariamente, al equilibrio de nuestros acuíferos, la restitución de la salud de nuestras cuencas hidrográficas y el manejo ilustrado, moderno y adaptativo de nuestros ríos.La idea de la potabilizadora usando agua de río es una idea perversa a cual más. Manda el mensaje de que ya tenemos la maquinita que nos resolverá el problema del abasto de agua y que los señores lecheros pueden proceder alegremente a rematar al acuífero.“Es todo suyo” es el mensaje de Adame y de Rebollo a los amos y señores del agua en La Laguna, cuando el acuífero no es de ellos, sino de los laguneros del futuro. Además tomar agua del Nazas para el abasto urbano le impone una carga adicional a un río de desierto sumamente estresado.
Proponen Ulises y Ricardo una solución tramposa que no es solución alguna, sino todo lo contrario.Una inversión onerosa, innecesaria e inútil que sólo lastrará el futuro financiero de nuestra comarca. A los laguneros del futuro -tus hijos, lector, tus nietos- Rebollo y Adame quieren dejarles un acuífero seco y una deuda de cientos de millones de dólares en el banco.Menuda herencia.Transparencia Internacional dice que, en la construcción de mega-obras -presas, potabilizadoras, aeropuertos, autopistas- hay sólo dos grupos que siempre salen beneficiados:los constructores y los políticos corruptos que reciben dádivas de ellos.La regla general es que el resto de los mortales, o sea, nosotros, salgamos perjudicados. La advertencia de Transparencia Internacional debería de ser atendida por todos nosotros por razones eminentemente prácticas y debería ayudarnos a blindar nuestros oídos con una sana dosis de escepticismo y de sospecha.Lo que los laguneros debemos emprender ya es la recuperación de nuestros ríos. Equilibrar el acuífero deteniendo la criminal sobreexplotación.Restaurar la salud de sus cuencas hidrográficas recuperando sus ecosistemas y sus valiosísismos servicios ambientales. Renovar nuestra identidad colectiva con el Nazas y el Aguanaval y reintegrándolos a nuestro imaginario cultural y afectivo. Pero por lo pronto, rechazando de tajo la propuesta de Ulises Adame y Ricardo Rebollo.
fvaldes@nazasvivo.com
Lo más caritativo que puede uno decirle a los políticos de la región es que ven la tempestad y no se hincan. Todos los modelos de cambio climático nos pronostican un descenso en las lluvias promedio para nuestra parte del mundo. Viviendo en el desierto, el agua debería ser preciosa para los laguneros. Sin ella no somos absolutamente nada y la frase hueca -e imprecisa- sobre haber vencido al desierto se desmorona como la arena.
A pesar de las advertencias, vuelve a levantar su fea cara el tema de construir una potabilizadora que use agua del Nazas. Un tema que hoy resucitan Ulises Adame, candidato príísta a diputado por el distrito 14 de Durango y Ricardo Rebollo, aspirante príista a alcalde de Gómez Palacio. No parecen haber entendido que la impredictibilidad del régimen de lluvias desatada por el calentamiento global nos obliga a emprender un manejo sustentable del agua hoy. Un manejo que asegure que el recurso no se acabe y esté presente para el desarrollo de las generaciones futuras. Un manejo que debe enfocarse, necesariamente, al equilibrio de nuestros acuíferos, la restitución de la salud de nuestras cuencas hidrográficas y el manejo ilustrado, moderno y adaptativo de nuestros ríos.La idea de la potabilizadora usando agua de río es una idea perversa a cual más. Manda el mensaje de que ya tenemos la maquinita que nos resolverá el problema del abasto de agua y que los señores lecheros pueden proceder alegremente a rematar al acuífero.“Es todo suyo” es el mensaje de Adame y de Rebollo a los amos y señores del agua en La Laguna, cuando el acuífero no es de ellos, sino de los laguneros del futuro. Además tomar agua del Nazas para el abasto urbano le impone una carga adicional a un río de desierto sumamente estresado.
Proponen Ulises y Ricardo una solución tramposa que no es solución alguna, sino todo lo contrario.Una inversión onerosa, innecesaria e inútil que sólo lastrará el futuro financiero de nuestra comarca. A los laguneros del futuro -tus hijos, lector, tus nietos- Rebollo y Adame quieren dejarles un acuífero seco y una deuda de cientos de millones de dólares en el banco.Menuda herencia.Transparencia Internacional dice que, en la construcción de mega-obras -presas, potabilizadoras, aeropuertos, autopistas- hay sólo dos grupos que siempre salen beneficiados:los constructores y los políticos corruptos que reciben dádivas de ellos.La regla general es que el resto de los mortales, o sea, nosotros, salgamos perjudicados. La advertencia de Transparencia Internacional debería de ser atendida por todos nosotros por razones eminentemente prácticas y debería ayudarnos a blindar nuestros oídos con una sana dosis de escepticismo y de sospecha.Lo que los laguneros debemos emprender ya es la recuperación de nuestros ríos. Equilibrar el acuífero deteniendo la criminal sobreexplotación.Restaurar la salud de sus cuencas hidrográficas recuperando sus ecosistemas y sus valiosísismos servicios ambientales. Renovar nuestra identidad colectiva con el Nazas y el Aguanaval y reintegrándolos a nuestro imaginario cultural y afectivo. Pero por lo pronto, rechazando de tajo la propuesta de Ulises Adame y Ricardo Rebollo.
fvaldes@nazasvivo.com
Sobre la encuesta de Nexos
Hace unos días me entrevistó Dafne Cepeda, reportera de la sección cultural de La Opinión Milenio. El tema fue la encuesta de Nexos sobre las mejores novelas mexicanas en los treinta años recientes. Esto contesté:
En primer lugar, ¿qué significó para ti como escritor estar dentro de una encuesta como la de Nexos?
Creo que ese ejercicio resultó, si no concluyente, sí interesante. Ni con votos ni con ningún otro método se puede saber que obra artística es mejor, pero hay en el sistema elegido por los organizadores (la revista Nexos) un deseo de que brotaran de manera imparcial los títulos de las novelas mexicanas que a juicio de varios electores son las mejores en los recientes 30 años. Ganó, como sabemos, Noticias del imperio, de Fernando del Paso, con 23 sufragios; el segundo lugar le correspondió, con 8 votos solamente, a Las batallas en el desierto, de José Emilio Pacheco. Es importante resaltar que del primero al segundo lugares hay un boquete de 15 votos, mientras que del segundo a los de más atrás hay un apiñamiento de títulos que casi avanza en pelotón. Yo obtuve un voto, ignoro quién lo emitió, y eso me permitió figurar en la lista junto a muchos notables escritores y otros no tanto. Por supuesto veo que hay injusticias, que novelistas como Vicente Leñero y Enrique Serna merecen mejores sitios. Un caso representativo de la inevitable subjetividad con la que se puede medir el talento es el de Manuel Echeverría, quien apareció con un solo voto (como yo) y el tipo tiene al menos tres novelas que me atrevo a calificar, tranquilamente, de perfectas.
La novela que tomaron para dicha encuesta es una publicación del 2003 si mi memoria no me traiciona; ¿es quiere decir que se ha mantenido en la memoria de algunos lectores?
Juegos de amor y malquerencia recibió el premio nacional de novela Jorge Ibargüngoitia en 2001. Editorial Planeta la publicó en 2003, cierto, y creo que quienes la han leído han quedado satisfechos con ese experimento, por cierto, bastante ibargüengoitiano. No puedo hablar bien de mi trabajo, obviamente, pero tampoco voy a excederme en materia de modestia y decir que vale poco. Los lectores son, al final, quienes tienen la palabra definitiva, y hasta donde he podido ver se trata de un libro que los satisface porque hay allí un planteamiento lúdico, riesgoso, con el lenguaje, una visión original, creativa, de la escritura. Sin ser una obra maestra o un libro que va a estremecer al mundo, tiene los atributos mínimos suficientes para ser considerada una novela con apuesta, creo.
¿Sabes a quiénes les llegó tu propuesta literaria?
La novela caminó bien en el momento de su lanzamiento; recibí, como ya dije, varias opiniones positivas de colegas novelistas, quienes la leyeron y encontraron en ella algún valor. Ignoro quién votó por mi libro, eso no lo saben ni los organizadores, pero algo pudo notarle para considerarla una de las mejores novelas mexicanas de los recientes (que no de los últimos) treinta años.
¿Hay algún tipo de reconocimiento con esta encuesta?
El único reconocimiento es la difusión que alcanzaron los resultados de la encuesta.
¿Sabes cuántos ejemplares de este material se han vendido y sí aún hay a la venta?
Ignoro completamente esos datos; creo que se vendió bien para los parámetros de un autor provinciano y sí, sigue a la venta en la web de Planeta México y en librerías del DF, como Gandhi.
En primer lugar, ¿qué significó para ti como escritor estar dentro de una encuesta como la de Nexos?
Creo que ese ejercicio resultó, si no concluyente, sí interesante. Ni con votos ni con ningún otro método se puede saber que obra artística es mejor, pero hay en el sistema elegido por los organizadores (la revista Nexos) un deseo de que brotaran de manera imparcial los títulos de las novelas mexicanas que a juicio de varios electores son las mejores en los recientes 30 años. Ganó, como sabemos, Noticias del imperio, de Fernando del Paso, con 23 sufragios; el segundo lugar le correspondió, con 8 votos solamente, a Las batallas en el desierto, de José Emilio Pacheco. Es importante resaltar que del primero al segundo lugares hay un boquete de 15 votos, mientras que del segundo a los de más atrás hay un apiñamiento de títulos que casi avanza en pelotón. Yo obtuve un voto, ignoro quién lo emitió, y eso me permitió figurar en la lista junto a muchos notables escritores y otros no tanto. Por supuesto veo que hay injusticias, que novelistas como Vicente Leñero y Enrique Serna merecen mejores sitios. Un caso representativo de la inevitable subjetividad con la que se puede medir el talento es el de Manuel Echeverría, quien apareció con un solo voto (como yo) y el tipo tiene al menos tres novelas que me atrevo a calificar, tranquilamente, de perfectas.
La novela que tomaron para dicha encuesta es una publicación del 2003 si mi memoria no me traiciona; ¿es quiere decir que se ha mantenido en la memoria de algunos lectores?
Juegos de amor y malquerencia recibió el premio nacional de novela Jorge Ibargüngoitia en 2001. Editorial Planeta la publicó en 2003, cierto, y creo que quienes la han leído han quedado satisfechos con ese experimento, por cierto, bastante ibargüengoitiano. No puedo hablar bien de mi trabajo, obviamente, pero tampoco voy a excederme en materia de modestia y decir que vale poco. Los lectores son, al final, quienes tienen la palabra definitiva, y hasta donde he podido ver se trata de un libro que los satisface porque hay allí un planteamiento lúdico, riesgoso, con el lenguaje, una visión original, creativa, de la escritura. Sin ser una obra maestra o un libro que va a estremecer al mundo, tiene los atributos mínimos suficientes para ser considerada una novela con apuesta, creo.
¿Sabes a quiénes les llegó tu propuesta literaria?
La novela caminó bien en el momento de su lanzamiento; recibí, como ya dije, varias opiniones positivas de colegas novelistas, quienes la leyeron y encontraron en ella algún valor. Ignoro quién votó por mi libro, eso no lo saben ni los organizadores, pero algo pudo notarle para considerarla una de las mejores novelas mexicanas de los recientes (que no de los últimos) treinta años.
¿Hay algún tipo de reconocimiento con esta encuesta?
El único reconocimiento es la difusión que alcanzaron los resultados de la encuesta.
¿Sabes cuántos ejemplares de este material se han vendido y sí aún hay a la venta?
Ignoro completamente esos datos; creo que se vendió bien para los parámetros de un autor provinciano y sí, sigue a la venta en la web de Planeta México y en librerías del DF, como Gandhi.
Danza, música y butaquería
En su artículo “¡Dejaron solo a Chávez!” (La Jornada, 2, junio, 07), Juan Arturo Brennan se refiere a los cinco conciertos ofrecidos por el ensamble instrumental californiano Southwest Chamber Music en las salas Nezahualcóyotl y Carlos Chávez del Centro Cultural Universitario de la Ciudad de México. Con pena, Brennan comenta que las magníficas ejecuciones a varias piezas de Carlos Chávez fueron casi totalmente desairadas por el público.
En un párrafo aterrador, el crítico expone: “Con estos luminosos antecedentes, era sólo cuestión de tiempo y de lógica elemental que Southwest Chamber Music viniera a México a ofrecer ese histórico ciclo musical. Se trató, sin duda, de una de las mejores propuestas musicales de mucho tiempo, pero de nada valieron los antecedentes, los Grammys, la importancia de Chávez ni la nobleza del proyecto. ¿Cuántas personas asistieron a esta irrepetible serie musical? Concierto por concierto, en números redondos: 60, 50, 75, 50 y 150”.
No me detengo más en Brennan, pues sus palabras son tan elocuentes que provocan pena ajena. El artículo me da pie, sin embargo, a pensar un poco en los públicos que tuve la suerte de apreciar durante dos muestras artísticas ofrecidas aquí, en La Laguna, durante la semana que hoy termina. El domingo 27 de mayo se presentó en el TIM el grupo de danza contemporánea Mezquite dirigido por el maestro Jaime Hinojosa. Fueron, según el programa, “estrenos, remontajes y bailarines invitados”, y desde mi condición de lego en la materia puedo asegurar que se trató de un montaje digno para celebrar los diez años de la agrupación encabezada por Hinojosa. Presentaron seis sugerentes coreografías en las que los bailarines impusieron un toque de tensión (salvo en la quinta, más desenfadada y alegre) y tono trágico a sus movimientos. La que más me sedujo, por su música y la garra de su ejecución, fue la número tres (“La sombra de algo que fue nuestro”). El caso es que Mezquite sigue firme como la más constante agrupación de su tipo en esta parte del país, y eso alegra. Felicidades pues a Hinojosa y sus muchachos, jóvenes cada vez más seguros de su vocación y más dueños de su arte. Aquí, para volver un poco al artículo de Brennan, no hubo lleno en el TIM, pero fácilmente puedo asegurar que de público estábamos entre 150 y 200 personas.
Días después, el viernes 1 de junio, la Camerata de Coahuila tuvo presentación en el Teatro Nazas. Fue, creo, un concierto redondo dedicado íntegro a Beethoven. La nota más sobresaliente de la noche, por supuesto, fue la presentación del joven pianista Alexandre Tharaud, quien hizo alarde de sus facultades para sacar adelante el Concierto para piano No. 3 en do menor Op. 37. La andanada de aplausos ininterrumpidos lo llevó a regalar una breve pieza antes del intermedio, si no escuché mal del francés Jean-Philippe Rameau. Luego de esa extraordinaria muestra de capacidad frente al piano, la Camerata interpretó la Sinfonía No. 1 en Do Mayor Op. 21. Soy malo para calcular multitudes, pero creo haber visto entre 350 y 400 personas, o poco más, en la butaquería del Nazas.
¿Qué nos dice esto? Por supuesto, no quiero ni de broma insinuar que La Laguna tiene ya, como las grandes capitales, amplios y seguros públicos para los espectáculos artísticos, pero es digno de consideración, al menos de consideración, que una sala como la Nezahualcóyotl tenga a 50 personas de público y la Camerata en el Nazas a 300. Hay muchas variables en todo esto (la cantidad de buenos espectáculos ofrecidos al mismo tiempo, las distancias para asistir a una presentación, etcétera), pero da gusto comprobar que, tras esfuerzos de una década, la Camerata y Mezquite, por citar sólo dos emprendimientos que nos atañen, despiertan si no la pasión, sí la atención y/o la curiosidad del lagunero inquieto. Hay que seguir. A mí de da gusto que esto nos esté ocurriendo.
En un párrafo aterrador, el crítico expone: “Con estos luminosos antecedentes, era sólo cuestión de tiempo y de lógica elemental que Southwest Chamber Music viniera a México a ofrecer ese histórico ciclo musical. Se trató, sin duda, de una de las mejores propuestas musicales de mucho tiempo, pero de nada valieron los antecedentes, los Grammys, la importancia de Chávez ni la nobleza del proyecto. ¿Cuántas personas asistieron a esta irrepetible serie musical? Concierto por concierto, en números redondos: 60, 50, 75, 50 y 150”.
No me detengo más en Brennan, pues sus palabras son tan elocuentes que provocan pena ajena. El artículo me da pie, sin embargo, a pensar un poco en los públicos que tuve la suerte de apreciar durante dos muestras artísticas ofrecidas aquí, en La Laguna, durante la semana que hoy termina. El domingo 27 de mayo se presentó en el TIM el grupo de danza contemporánea Mezquite dirigido por el maestro Jaime Hinojosa. Fueron, según el programa, “estrenos, remontajes y bailarines invitados”, y desde mi condición de lego en la materia puedo asegurar que se trató de un montaje digno para celebrar los diez años de la agrupación encabezada por Hinojosa. Presentaron seis sugerentes coreografías en las que los bailarines impusieron un toque de tensión (salvo en la quinta, más desenfadada y alegre) y tono trágico a sus movimientos. La que más me sedujo, por su música y la garra de su ejecución, fue la número tres (“La sombra de algo que fue nuestro”). El caso es que Mezquite sigue firme como la más constante agrupación de su tipo en esta parte del país, y eso alegra. Felicidades pues a Hinojosa y sus muchachos, jóvenes cada vez más seguros de su vocación y más dueños de su arte. Aquí, para volver un poco al artículo de Brennan, no hubo lleno en el TIM, pero fácilmente puedo asegurar que de público estábamos entre 150 y 200 personas.
Días después, el viernes 1 de junio, la Camerata de Coahuila tuvo presentación en el Teatro Nazas. Fue, creo, un concierto redondo dedicado íntegro a Beethoven. La nota más sobresaliente de la noche, por supuesto, fue la presentación del joven pianista Alexandre Tharaud, quien hizo alarde de sus facultades para sacar adelante el Concierto para piano No. 3 en do menor Op. 37. La andanada de aplausos ininterrumpidos lo llevó a regalar una breve pieza antes del intermedio, si no escuché mal del francés Jean-Philippe Rameau. Luego de esa extraordinaria muestra de capacidad frente al piano, la Camerata interpretó la Sinfonía No. 1 en Do Mayor Op. 21. Soy malo para calcular multitudes, pero creo haber visto entre 350 y 400 personas, o poco más, en la butaquería del Nazas.
¿Qué nos dice esto? Por supuesto, no quiero ni de broma insinuar que La Laguna tiene ya, como las grandes capitales, amplios y seguros públicos para los espectáculos artísticos, pero es digno de consideración, al menos de consideración, que una sala como la Nezahualcóyotl tenga a 50 personas de público y la Camerata en el Nazas a 300. Hay muchas variables en todo esto (la cantidad de buenos espectáculos ofrecidos al mismo tiempo, las distancias para asistir a una presentación, etcétera), pero da gusto comprobar que, tras esfuerzos de una década, la Camerata y Mezquite, por citar sólo dos emprendimientos que nos atañen, despiertan si no la pasión, sí la atención y/o la curiosidad del lagunero inquieto. Hay que seguir. A mí de da gusto que esto nos esté ocurriendo.
sábado, junio 02, 2007
Seis meses
Fui invitado para hoy a Cambios, el nuevo programa de Multimedios Canal 9. No pude asistir, pero aquí abordo, con la brevedad que me permite este espacio, cinco puntos centrales de lo realizado hasta ahora en la actual administración federal.
1. Seguridad. En definitiva, el tema de mayor importancia de la agenda nacional en el medio año que llevamos de calderonismo es el de la lucha contra la delincuencia. Sería absurdo pensar que en este lapso se ha dado algún avance, siquiera mínimo, en la desarticulación de las bandas delictivas más poderosas que operan en el país. Lejos, muy lejos de eso, la falta de organización y la carencia de una estrategia definida, así como el apetito por capitalizar mediáticamente los fatuos operativos, han provocado un agravamiento sin precedentes en el clima de violencia. Y tira a empeorar.
2. Educación. Nunca como en este sexenio recién nacido se había visto que la educación del país tuviera un dueño con nombre y apellido: Elba Esther Gordillo. Ella y el sindicato que controla, corruptísimo él, tiene secuestrada la estructura toda de la educación en México, y esto puede afirmarse no sólo por el peso nefasto del SNTE como arma de intimidación o por el control del Issste y no se diga de la subsecretaría de la SEP (en manos de un yerno estratégico). Se puede afirmar que la educación del país está bajo control gangsteril simplemente porque la Gordillo tiene atado a Calderón al menos en este rubro, y nada que tenga algo que ver con la educación será echado a andar si antes no lo palomea la Profesora.
3. Política interior. Es ingrato comprobar que en seis meses se ha endurecido el discurso del poder no tanto para ir en contra de quienes delinquen, sino para criminalizar, en un sentido demasiado laxo, a todo aquel que se manifieste en contra del actual gobierno. Muchos especialistas han advertido ya sobre el gradual proceso de fascistización que padece el país, razón por lo cual el ejército ha sido puesto en la calle para patrullar presuntamente en operativos antinarco, de todas maneras ilegales, y sobre todo para hacer “natural” su presencia por si se ofrece en otros menesteres.
4. Relaciones exteriores. Ya sin Fox, que era un chivo en cristalería cuando de relaciones externas se trataba (e internas también), la política exterior de nuestro país, dañada de gravedad en el sexenio anterior, ha avanzado en estos seis meses al menos en mesura. No pudo, ni podrá, ser Calderón un protagonista hemisférico, pero tiene al menos la contención verbal que nunca tuvo su predecesor. Algo es algo.
5. Medios. México sigue atosigado por el duopolio de la tv y por la amenaza de una ley leonina hoy, por fortuna, multicuestionada.
1. Seguridad. En definitiva, el tema de mayor importancia de la agenda nacional en el medio año que llevamos de calderonismo es el de la lucha contra la delincuencia. Sería absurdo pensar que en este lapso se ha dado algún avance, siquiera mínimo, en la desarticulación de las bandas delictivas más poderosas que operan en el país. Lejos, muy lejos de eso, la falta de organización y la carencia de una estrategia definida, así como el apetito por capitalizar mediáticamente los fatuos operativos, han provocado un agravamiento sin precedentes en el clima de violencia. Y tira a empeorar.
2. Educación. Nunca como en este sexenio recién nacido se había visto que la educación del país tuviera un dueño con nombre y apellido: Elba Esther Gordillo. Ella y el sindicato que controla, corruptísimo él, tiene secuestrada la estructura toda de la educación en México, y esto puede afirmarse no sólo por el peso nefasto del SNTE como arma de intimidación o por el control del Issste y no se diga de la subsecretaría de la SEP (en manos de un yerno estratégico). Se puede afirmar que la educación del país está bajo control gangsteril simplemente porque la Gordillo tiene atado a Calderón al menos en este rubro, y nada que tenga algo que ver con la educación será echado a andar si antes no lo palomea la Profesora.
3. Política interior. Es ingrato comprobar que en seis meses se ha endurecido el discurso del poder no tanto para ir en contra de quienes delinquen, sino para criminalizar, en un sentido demasiado laxo, a todo aquel que se manifieste en contra del actual gobierno. Muchos especialistas han advertido ya sobre el gradual proceso de fascistización que padece el país, razón por lo cual el ejército ha sido puesto en la calle para patrullar presuntamente en operativos antinarco, de todas maneras ilegales, y sobre todo para hacer “natural” su presencia por si se ofrece en otros menesteres.
4. Relaciones exteriores. Ya sin Fox, que era un chivo en cristalería cuando de relaciones externas se trataba (e internas también), la política exterior de nuestro país, dañada de gravedad en el sexenio anterior, ha avanzado en estos seis meses al menos en mesura. No pudo, ni podrá, ser Calderón un protagonista hemisférico, pero tiene al menos la contención verbal que nunca tuvo su predecesor. Algo es algo.
5. Medios. México sigue atosigado por el duopolio de la tv y por la amenaza de una ley leonina hoy, por fortuna, multicuestionada.
Inequidades e iniquidades
La más perversa iniquidad del poder televisivo se evidencia para empezar en la peculiar manera de discutir, no discutiéndola, una ley fundamental para el futuro de México. Mientras los opositores esgrimen argumentos que buscan resaltar su verdadero sesgo (es decir, el control económico y político de unos cuántos sobre la más poderosa forma de la comunicación electrónica), los medios que han sido beneficiarios del poder televiscoso emiten una versión baja en calorías y nunca, absolutamente nunca, abren foro al debate abierto sobre el tema.
Nuevamente se hace notar aquí el énfasis sartoriano sobre la capacidad de la televisión para “crear” la realidad, para inventarla a partir de lo que conviene a muy pocos intereses, a saber, en este caso, los de Azcárraga Jean, Salinas Pliego y Slim Helú. Tal es la verdad: la ley Televisa no existe en la televisión simplemente porque ella, la tv, no la ha difundido, porque no entra en la programación ningún debate plural y profundo sobre la materia. He allí, pues, la mejor evidencia de lo que está en discusión: hasta dónde permitir que unos cuantos —tres o cuatro sujetos a lo mucho— decidan sobre los contenidos de un medio que, casi no es necesario resaltarlo, influye más que ningún otro en la conciencia de millones, tanto que es el nuevo filtro por el que debe pasar cualquier realidad para de veras “existir”, para cobrar consistencia ante la ciudadanía adicta al influjo de la pantalla chica.
Quizá más que los productos y las marcas, son los políticos quienes necesitan del impacto televisivo no sólo para “existir”, sino, principalmente, para no desmoronarse e incluso para amasar más poder. No en otra plataforma se basó el sostenimiento de Fox como presidente y la llegada espuria de Calderón a Los Pinos. Impensable hubiera sido, para ellos, su condición de presidentes sin el aval de noticieros, programas de comedia y espots que con descaro o embozadamente los mantuvo en pie pese a las evidencias de incompetencia plena en un caso y de fraudulencia electoral en el otro.
Pero el poder de la tv mexicana es tanto que nadie, ni siquiera el vapuleado PRD, se puso los guantes ante el eje Azcárraga/Salinas. Porque bien mirado, todo lo que critique, por ejemplo, Televisa, puede ser usado en su contra: si habla de antidemocracia, ningún medio lo es más que el de Azcárraga. Si habla de mala educación, ningún medio ha dañado tanto al país en esa materia. Si habla de fanatismo religioso, ninguno se ha aprovechado tanto del catolicismo mayoritario y con exclusión de todos los demás credos. En fin. Si la ley Televisa no se discute a fondo y pluralmente en la tv, es por algo, lo peor.
Nuevamente se hace notar aquí el énfasis sartoriano sobre la capacidad de la televisión para “crear” la realidad, para inventarla a partir de lo que conviene a muy pocos intereses, a saber, en este caso, los de Azcárraga Jean, Salinas Pliego y Slim Helú. Tal es la verdad: la ley Televisa no existe en la televisión simplemente porque ella, la tv, no la ha difundido, porque no entra en la programación ningún debate plural y profundo sobre la materia. He allí, pues, la mejor evidencia de lo que está en discusión: hasta dónde permitir que unos cuantos —tres o cuatro sujetos a lo mucho— decidan sobre los contenidos de un medio que, casi no es necesario resaltarlo, influye más que ningún otro en la conciencia de millones, tanto que es el nuevo filtro por el que debe pasar cualquier realidad para de veras “existir”, para cobrar consistencia ante la ciudadanía adicta al influjo de la pantalla chica.
Quizá más que los productos y las marcas, son los políticos quienes necesitan del impacto televisivo no sólo para “existir”, sino, principalmente, para no desmoronarse e incluso para amasar más poder. No en otra plataforma se basó el sostenimiento de Fox como presidente y la llegada espuria de Calderón a Los Pinos. Impensable hubiera sido, para ellos, su condición de presidentes sin el aval de noticieros, programas de comedia y espots que con descaro o embozadamente los mantuvo en pie pese a las evidencias de incompetencia plena en un caso y de fraudulencia electoral en el otro.
Pero el poder de la tv mexicana es tanto que nadie, ni siquiera el vapuleado PRD, se puso los guantes ante el eje Azcárraga/Salinas. Porque bien mirado, todo lo que critique, por ejemplo, Televisa, puede ser usado en su contra: si habla de antidemocracia, ningún medio lo es más que el de Azcárraga. Si habla de mala educación, ningún medio ha dañado tanto al país en esa materia. Si habla de fanatismo religioso, ninguno se ha aprovechado tanto del catolicismo mayoritario y con exclusión de todos los demás credos. En fin. Si la ley Televisa no se discute a fondo y pluralmente en la tv, es por algo, lo peor.
jueves, mayo 31, 2007
Para Nomádica 31
Esta es mi colaboración para el número 31 de Nomádica:
Purga de juguetes
Jaime Muñoz Vargas
Un amigo y su esposa hicieron en su casa, hace poco, una purga de objetos inservibles. Como sus dos hijos, niño y niña, ya son adolescentes, empezaron por los juguetes que durante más de una década les compraron indiscriminadamente. Pronto se dieron cuenta del horror: entre peluches y plásticos lograron reunir cuatro grandes bolsas negras, de las que ahora se usan para la basura, llenas de monitos casi intactos de todos los tamaños y de todos los personajes. Cuando escuché la historia de esa recolección no pude no pensar en lo que siempre pienso cuando veo el mar de mugres que ahora es diseñado para el consumo de los niños, y eso me llevó de la mano a lo que sistemáticamente recuerdo cuando reflexiono en los excesos del consumo infantil contemporáneo. Es un parrafito de Umberto Eco publicado en su Segundo diario mínimo (Lumen, Barcelona, 2000):
Yo, sin embargo, estaba fascinado por algunos chicos de mi edad cuyos padres les compraban no un helado de cuatro reales, sino dos cucuruchos de dos reales (...) Ahora, habitante y víctima de la civilización del consumo y del derroche (como no era la de los años treinta), entiendo que aquellos seres queridos ya difuntos estaban en lo justo. Dos helados de dos reales en lugar de uno de cuatro no eran económicamente un derroche, pero sin duda, lo eran simbólicamente. Precisamente por eso los deseaba: porque dos helados sugerían un exceso. Y precisamente por eso se me negaban: porque parecían indecentes, insulto a la miseria, ostentación de un privilegio ficticio, jactancioso bienestar. Comían dos helados sólo los niños viciados...
Eco resume en esas palabras un vicio de la sociedad actual: comprar desmesurada, compulsivamente y sin discrimen. El caso de los dos helados es ilustrativo y, como bien dice el lingüista italiano, simbólico, tanto que lo podemos extender a cualquier otro producto. Todavía en mi niñez, pongo por ejemplo, el anhelo de un juguete se saciaba y el efecto de satisfacción duraba meses enteros, a veces hasta años. Un balón, una muñeca, un cochecito duraban entre nosotros tanto tiempo que, usados al extremo, terminábamos gastándolos, destruyéndolos. Hoy, al contrario, los niños (tal vez debo decir “los padres”) son distraídos con un juguete cada semana y en ocasiones menos tiempo. Son tantos los ofrecimientos y tanta la dejadez de los padres al respecto, que terminamos comprando todos los juguetes que ofrece la publicidad, incluso los de aquellas empresas no dedicadas al ramo como McDonalds, cuya “cajita feliz” (microhamburguesa, papas, refresco y monito) es el anzuelo más eficaz para atrapar niños.
He podido ver de cerca, no sin tristeza, el nocivo efecto del exceso de juguetes en mis hijas, tanto que, un poco tarde ya, me he radicalizado en la idea de no comprar más plásticos desechables con forma de juguete. ¿Qué ha pasado? Muy sencillo: la alegría, léase la satisfacción, que produce la consecución del mono dura apenas unas horas, tan pocas que al final, uno o dos días después, el nuevo objeto es arrumbado en el cerro de muñecos marginados. A veces, como me pasó con unos personajes llamados Traviezucos que mercadeó la Coca-Cola, el deseo, la insistencia en conseguirlos es más larga que el gusto de obtenerlos.
Qué hacer en este caso, me pregunto como se han preguntado seguramente muchos padres. No sé con precisión qué hacer, pues la publicidad tiene en los chicos el raro efecto de amargarlos si no consiguen lo que se les anuncia. Pero el tumulto de juguetes apilado por el olvido es una pesada evidencia de que algo anda mal y tal vez sea prudente tomar, de perdida, un camino intermedio. Darles de vez en vez un juguete a nuestros hijos, acercarles ese objeto como si se tratara de un premio muy preciado y ganado tras un esfuerzo peculiar, aclararles poco a poco las trampas del mercado, hacerles ver que el erario familiar no permite la compra diaria de cajitas ¿felices? de McDonalds. Algo, no sé, debemos hacer. De lo contrario edificaremos hombres y mujeres entregados a la compra ciega, insaciables, poco o nada concientes del valor de la materia e indiferentes al peligro del desecho.
Purga de juguetes
Jaime Muñoz Vargas
Un amigo y su esposa hicieron en su casa, hace poco, una purga de objetos inservibles. Como sus dos hijos, niño y niña, ya son adolescentes, empezaron por los juguetes que durante más de una década les compraron indiscriminadamente. Pronto se dieron cuenta del horror: entre peluches y plásticos lograron reunir cuatro grandes bolsas negras, de las que ahora se usan para la basura, llenas de monitos casi intactos de todos los tamaños y de todos los personajes. Cuando escuché la historia de esa recolección no pude no pensar en lo que siempre pienso cuando veo el mar de mugres que ahora es diseñado para el consumo de los niños, y eso me llevó de la mano a lo que sistemáticamente recuerdo cuando reflexiono en los excesos del consumo infantil contemporáneo. Es un parrafito de Umberto Eco publicado en su Segundo diario mínimo (Lumen, Barcelona, 2000):
Yo, sin embargo, estaba fascinado por algunos chicos de mi edad cuyos padres les compraban no un helado de cuatro reales, sino dos cucuruchos de dos reales (...) Ahora, habitante y víctima de la civilización del consumo y del derroche (como no era la de los años treinta), entiendo que aquellos seres queridos ya difuntos estaban en lo justo. Dos helados de dos reales en lugar de uno de cuatro no eran económicamente un derroche, pero sin duda, lo eran simbólicamente. Precisamente por eso los deseaba: porque dos helados sugerían un exceso. Y precisamente por eso se me negaban: porque parecían indecentes, insulto a la miseria, ostentación de un privilegio ficticio, jactancioso bienestar. Comían dos helados sólo los niños viciados...
Eco resume en esas palabras un vicio de la sociedad actual: comprar desmesurada, compulsivamente y sin discrimen. El caso de los dos helados es ilustrativo y, como bien dice el lingüista italiano, simbólico, tanto que lo podemos extender a cualquier otro producto. Todavía en mi niñez, pongo por ejemplo, el anhelo de un juguete se saciaba y el efecto de satisfacción duraba meses enteros, a veces hasta años. Un balón, una muñeca, un cochecito duraban entre nosotros tanto tiempo que, usados al extremo, terminábamos gastándolos, destruyéndolos. Hoy, al contrario, los niños (tal vez debo decir “los padres”) son distraídos con un juguete cada semana y en ocasiones menos tiempo. Son tantos los ofrecimientos y tanta la dejadez de los padres al respecto, que terminamos comprando todos los juguetes que ofrece la publicidad, incluso los de aquellas empresas no dedicadas al ramo como McDonalds, cuya “cajita feliz” (microhamburguesa, papas, refresco y monito) es el anzuelo más eficaz para atrapar niños.
He podido ver de cerca, no sin tristeza, el nocivo efecto del exceso de juguetes en mis hijas, tanto que, un poco tarde ya, me he radicalizado en la idea de no comprar más plásticos desechables con forma de juguete. ¿Qué ha pasado? Muy sencillo: la alegría, léase la satisfacción, que produce la consecución del mono dura apenas unas horas, tan pocas que al final, uno o dos días después, el nuevo objeto es arrumbado en el cerro de muñecos marginados. A veces, como me pasó con unos personajes llamados Traviezucos que mercadeó la Coca-Cola, el deseo, la insistencia en conseguirlos es más larga que el gusto de obtenerlos.
Qué hacer en este caso, me pregunto como se han preguntado seguramente muchos padres. No sé con precisión qué hacer, pues la publicidad tiene en los chicos el raro efecto de amargarlos si no consiguen lo que se les anuncia. Pero el tumulto de juguetes apilado por el olvido es una pesada evidencia de que algo anda mal y tal vez sea prudente tomar, de perdida, un camino intermedio. Darles de vez en vez un juguete a nuestros hijos, acercarles ese objeto como si se tratara de un premio muy preciado y ganado tras un esfuerzo peculiar, aclararles poco a poco las trampas del mercado, hacerles ver que el erario familiar no permite la compra diaria de cajitas ¿felices? de McDonalds. Algo, no sé, debemos hacer. De lo contrario edificaremos hombres y mujeres entregados a la compra ciega, insaciables, poco o nada concientes del valor de la materia e indiferentes al peligro del desecho.
El calentamiento global de un tirón
Para saber de golpe qué es y qué consecuencias tiene el calentamiento global, le he pedido a Paco Valdés su más reciente colaboración para la revista Nomádica (número 31). Creo que tal tema está expuesto allí con inmejorable claridad. Va:
Calentamiento global, desgracia local
Francisco Valdés Perezgasga
El calentamiento global es un problema de dimensiones planetarias al que hemos hecho poco o nulo caso. No es un problema para mañana, es un problema que ya tenemos encima. No estamos al cinco para las doce, estamos cinco minutos después de la medianoche. Aún suponiendo que, por arte de magia, los humanos dejáramos de producir gases de efecto invernadero, el calentamiento global continuaría su marcha de destrucción. Pero si no hacemos nada, esa marcha será más acelerada y la destrucción será mayor. Por ello conviene enterarnos y obrar en consecuencia.
Los gases de efecto invernadero son varios, pero quizá los más importantes sean el bióxido de carbono y el metano. Ambos se producen de manera natural y se han producido desde hace millones de años. Lo que hace a nuestra época una era especial es que los humanos, al transitar de una civilización basada en la energía solar a una basada en la quemazón de combustibles fósiles, nos hemos convertido en una fuente sumamente importante de estos gases de efecto invernadero. El bióxido de carbono y el metano en la atmósfera crean una capa equivalente al vidrio del invernadero: dejan entrar la luz que calienta lo que está bajo el vidrio y luego impide que ese calor se disipe. De esta forma el invernadero —o el planeta— incrementa su temperatura. En el invernadero, por supuesto, el agricultor o floricultor puede controlar la temperatura interior abriendo y cerrando ventilas pero esa opción no la tenemos a la mano en el caso de nuestro planeta. La temperatura global está subiendo y nos estamos cociendo dentro.
Un planeta más caliente altera los flujos y corrientes de aire y agua. Genera eventos climáticos cada vez más violentos e impredecibles. Pero también las nuevas temperaturas producen cambios más sutiles y hacen que, de pronto, una señora en las faldas frías del Montseny, en Cataluña, pueda cultivar melones en su patio por primera vez en la vida. O que en esa misma montaña catalana se vayan reduciendo las extensiones de pradera alpina al ser invadidas por los árboles que antes no eran capaces de sobrevivír en las frías alturas. Mucho me temo que, al no tener tierra más alta en la cual sobrevivir, los frescos bosques de pino y encino de Jimulco corren un gran riesgo ante el cambio global. Resulta descorazonador saber que estos bosques, comunes en nuestros llanos de Bermejillo y de San Pedro hasta hace quince mil años y que han sobrevivido durante milenios en las alturas frescas de la sierra, estén condenados a desaparecer por culpa de las actividades irreflexivas de la especie humana.
Otro animalito que viene migrando hacia nuestro alto Desierto Chihuahuense es el mosquito conocido por la ciencia como Aedes aegyptii, el mosquito de la fiebre amarilla y del dengue. Un animal desconocido para los laguneros está desde hace años entre nosotros. Es el vector de tres enfermedades, entre ellas el dengue en sus dos variantes: clásica y hemorrágica. La próxima vez que vea un moyote fíjese en sus finas patas, si tiene bandas claras y oscuras, es decir, atigradas, casi seguro se trata del A. aegypti. Las grandes ciudades de África fueron fundadas en llanos altos y frescos para evitar la presencia de los moyotes del género Anopheles. Ante el cambio climático, el mosquito de la malaria se va acercando a las grandes ciudades africanas amenazándolas con grandes epidemias. No sólo son estos dos casos de riesgos. La malaria ha empezado a aparecer en el sureste usamericano cuando tenía ya décadas de haber sido erradicada. De igual manera el suroeste de nuestro paìs vecino está amenazado por la fiebre hemorrágica causada por el Hantavirus y por la terrible peste bubónica que, al decir de los expertos resurgirán como consecuencia de los cambios del clima.
De una cosa podemos estar seguros: el cambio climático tendrá consecuencias para todos los humanos y muchas de estas consecuencias serán graves y devastadoras. Será un mundo de más riesgos para aquellos que hoy tienen veinte o menos años. No hablamos de catástrofes en un lejano futuro, estamos hablando del mundo que habitarán nuestros hijos. De lo que hagamos hoy depende que tan profundos, extensos y graves sean estos eventos. Los cambios que vienen pueden atemperarse y pueden aminorarse, pero desgraciadamente no pueden ya evitarse.
Por ello màs de un líder ha dicho que actuar hoy contra el cambio climático no es una opción política o una moda pasajera, es un imperativo moral. No podemos quedarnos cruzados de brazos ante lo que se nos viene. fvaldes@nazasvivo.com
Calentamiento global, desgracia local
Francisco Valdés Perezgasga
El calentamiento global es un problema de dimensiones planetarias al que hemos hecho poco o nulo caso. No es un problema para mañana, es un problema que ya tenemos encima. No estamos al cinco para las doce, estamos cinco minutos después de la medianoche. Aún suponiendo que, por arte de magia, los humanos dejáramos de producir gases de efecto invernadero, el calentamiento global continuaría su marcha de destrucción. Pero si no hacemos nada, esa marcha será más acelerada y la destrucción será mayor. Por ello conviene enterarnos y obrar en consecuencia.
Los gases de efecto invernadero son varios, pero quizá los más importantes sean el bióxido de carbono y el metano. Ambos se producen de manera natural y se han producido desde hace millones de años. Lo que hace a nuestra época una era especial es que los humanos, al transitar de una civilización basada en la energía solar a una basada en la quemazón de combustibles fósiles, nos hemos convertido en una fuente sumamente importante de estos gases de efecto invernadero. El bióxido de carbono y el metano en la atmósfera crean una capa equivalente al vidrio del invernadero: dejan entrar la luz que calienta lo que está bajo el vidrio y luego impide que ese calor se disipe. De esta forma el invernadero —o el planeta— incrementa su temperatura. En el invernadero, por supuesto, el agricultor o floricultor puede controlar la temperatura interior abriendo y cerrando ventilas pero esa opción no la tenemos a la mano en el caso de nuestro planeta. La temperatura global está subiendo y nos estamos cociendo dentro.
Un planeta más caliente altera los flujos y corrientes de aire y agua. Genera eventos climáticos cada vez más violentos e impredecibles. Pero también las nuevas temperaturas producen cambios más sutiles y hacen que, de pronto, una señora en las faldas frías del Montseny, en Cataluña, pueda cultivar melones en su patio por primera vez en la vida. O que en esa misma montaña catalana se vayan reduciendo las extensiones de pradera alpina al ser invadidas por los árboles que antes no eran capaces de sobrevivír en las frías alturas. Mucho me temo que, al no tener tierra más alta en la cual sobrevivir, los frescos bosques de pino y encino de Jimulco corren un gran riesgo ante el cambio global. Resulta descorazonador saber que estos bosques, comunes en nuestros llanos de Bermejillo y de San Pedro hasta hace quince mil años y que han sobrevivido durante milenios en las alturas frescas de la sierra, estén condenados a desaparecer por culpa de las actividades irreflexivas de la especie humana.
Otro animalito que viene migrando hacia nuestro alto Desierto Chihuahuense es el mosquito conocido por la ciencia como Aedes aegyptii, el mosquito de la fiebre amarilla y del dengue. Un animal desconocido para los laguneros está desde hace años entre nosotros. Es el vector de tres enfermedades, entre ellas el dengue en sus dos variantes: clásica y hemorrágica. La próxima vez que vea un moyote fíjese en sus finas patas, si tiene bandas claras y oscuras, es decir, atigradas, casi seguro se trata del A. aegypti. Las grandes ciudades de África fueron fundadas en llanos altos y frescos para evitar la presencia de los moyotes del género Anopheles. Ante el cambio climático, el mosquito de la malaria se va acercando a las grandes ciudades africanas amenazándolas con grandes epidemias. No sólo son estos dos casos de riesgos. La malaria ha empezado a aparecer en el sureste usamericano cuando tenía ya décadas de haber sido erradicada. De igual manera el suroeste de nuestro paìs vecino está amenazado por la fiebre hemorrágica causada por el Hantavirus y por la terrible peste bubónica que, al decir de los expertos resurgirán como consecuencia de los cambios del clima.
De una cosa podemos estar seguros: el cambio climático tendrá consecuencias para todos los humanos y muchas de estas consecuencias serán graves y devastadoras. Será un mundo de más riesgos para aquellos que hoy tienen veinte o menos años. No hablamos de catástrofes en un lejano futuro, estamos hablando del mundo que habitarán nuestros hijos. De lo que hagamos hoy depende que tan profundos, extensos y graves sean estos eventos. Los cambios que vienen pueden atemperarse y pueden aminorarse, pero desgraciadamente no pueden ya evitarse.
Por ello màs de un líder ha dicho que actuar hoy contra el cambio climático no es una opción política o una moda pasajera, es un imperativo moral. No podemos quedarnos cruzados de brazos ante lo que se nos viene. fvaldes@nazasvivo.com
Viene Biodiversa
Gracias de nuevo a Paco Valdés he recibido el boletín que resume los afanes que desde 2003 se han realizado en el encuentro Biodiversa. Le abro las compuertas y convoco al público para que la semana entrante se apersone en el que es, sin adarme de duda, nuestro foro más valioso en materia de cuidado ambiental. Señala el boletín: “El carácter amplio y plural de su gestación ha servido para que el encuentro tenga un poder de convocatoria singular. En sus conferencias, debates, paneles, mesas de trabajo y talleres han participado agricultores, ambientalistas, empresarios, académicos y funcionarios de los tres niveles de gobierno. De manera paralela, los asistentes a Biodiversa han sido igualmente diversos. Participan dentro del público estudiantes universitarios, empresarios, funcionarios gubernamentales, profesores de educación básica, investigadores y amas de casa. De igual manera las fuentes de financiamiento de Biodiversa han ido aumentando a medida que más entidades y empresas se suman al patrocinio y a la promoción de un evento que ha visto un crecimiento sostenido hasta llegar a la cifra de más de seiscientos asistentes.
Entre los temas tratados en las diversas ediciones de Biodiversa se encuentran, como es de esperarse: el agua, las áreas naturales protegidas, la educación ambiental, los cultivos transgénicos, el ecoturismo, la generación y el manejo de la basura y la sostenibilidad urbana. Pero también este evento ha hecho eco a temas novedosos como los derechos humanos y el medio ambiente o la relación entre la religión y la naturaleza.
A partir de 2006 Biodiversa ha enfocado su atención hacia un tema particular, en línea con lo propuesto por el Programa de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente (PNUMA) para el Día Mundial del Medio Ambiente. En 2006 el tema de Biodiversa fue ‘El desierto y la desertificación’ y este año el tema será ‘El calentamiento global’. Dentro de las actividades desarrolladas en el marco de Biodiversa se cuentan conferencias magistrales, páneles de expertos, mesas de discusión y talleres, intentando una progresión desde los aspectos más generales de los temas a tratar hasta los puntos más finos y locales de los mismos. Rematamos con visitas guiadas a espacios naturales de la región como el Área de Protección de Flora y Fauna de Cuatrociénegas, el Parque Estatal Cañón de Fernández, la Reserva Ecológica Municipal Sierra y Cañón de Jimulco y la Reserva de la Biosfera de Mapimí”.Biodiversa se celebrará los días 7 y 8 de junio en su sede, el ITESM Laguna. Los interesados pueden solicitar informes al 7296341 y 7296305. Confío en que otra vez será un éxito.
Entre los temas tratados en las diversas ediciones de Biodiversa se encuentran, como es de esperarse: el agua, las áreas naturales protegidas, la educación ambiental, los cultivos transgénicos, el ecoturismo, la generación y el manejo de la basura y la sostenibilidad urbana. Pero también este evento ha hecho eco a temas novedosos como los derechos humanos y el medio ambiente o la relación entre la religión y la naturaleza.
A partir de 2006 Biodiversa ha enfocado su atención hacia un tema particular, en línea con lo propuesto por el Programa de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente (PNUMA) para el Día Mundial del Medio Ambiente. En 2006 el tema de Biodiversa fue ‘El desierto y la desertificación’ y este año el tema será ‘El calentamiento global’. Dentro de las actividades desarrolladas en el marco de Biodiversa se cuentan conferencias magistrales, páneles de expertos, mesas de discusión y talleres, intentando una progresión desde los aspectos más generales de los temas a tratar hasta los puntos más finos y locales de los mismos. Rematamos con visitas guiadas a espacios naturales de la región como el Área de Protección de Flora y Fauna de Cuatrociénegas, el Parque Estatal Cañón de Fernández, la Reserva Ecológica Municipal Sierra y Cañón de Jimulco y la Reserva de la Biosfera de Mapimí”.Biodiversa se celebrará los días 7 y 8 de junio en su sede, el ITESM Laguna. Los interesados pueden solicitar informes al 7296341 y 7296305. Confío en que otra vez será un éxito.
Méritos del doctor Chapa
Una generosa carta a la revista Nomádica me hizo reparar otra vez en el olvido que le dedicamos a uno de los ciudadanos más lúcidos de Gómez Palacio: el doctor Héctor Chapa Saldaña. No creo exagerar si afirmo que en materia científica él es uno de los laguneros con mejores credenciales para presumir, pero su modestia lo ha mantenido al margen de cualquier aparador. Pese a su tremendo currículum, nunca alguna autoridad local le ha dedicado un reconocimiento, el justo aprecio que merece su trayectoria profesional.
Supe de él por el 84-85, cuando colaboraba regularmente para el suplemento cultural de La Opinión. Fueron, creo, los primeros ensayos sobre cultura ambientalista que leí y, por ellos, desde entonces siempre asocio mi preocupación por la naturaleza —ciertamente bastante amateur— con el nombre de don Héctor. Eran aquellos textos dechados de buena información, ejemplos de la preocupación que debíamos tener los laguneros por nuestro entorno, sobre todo por el cuidado del recurso generador de toda vida, el agua. Si algo tengo, pues, de inquietud social en este rubro, bastante se lo debo a la notable calidad académica y humana del doctor Chapa.
Luego de aquel periodo pasaron como quince años sin saber de él. Lo recordé esporádicamente, siempre a propósito de asuntos sobre ecología. Alguna vez, allá por el 98-99, vi que conformaba parte del público en la presentación de un libro celebrada en Gómez; allí también estaban las máximas autoridades del ayuntamiento, y como yo era presentador y me hallaba en el “fresidium”, aproveché el micrófono para resaltar el valor del doctor Chapa, la necesidad de tributarle un homenaje. Pasados unos meses, me enteré que hubo un conato de reconocimiento, pero todo se quedó, muy injustamente, en veremos; creo que al final ni siquiera le contestaron el teléfono.
Hoy sería un acierto que Octaviano Rendón fuera advertido sobre la necesidad de apreciar a uno de los pocos valores científicos (una eminencia, en verdad) que tiene la ciudad por él presidida. Gómez no cuenta con una sola librería, no publica una sola colección de libros ni un periódico o una revista serios; sería mucho pedir, entonces, que tuviera un centro de estudios científicos; además, para agravar la cosa, de los actuales candidatos a la alcaldía el único verdaderamente culto es Miguel Ángel Orozco, pero su lucha sólo tiene un valor simbólico (lo cual no demerita el esfuerzo). Si así está el abarrote de la cultura y la ciencia en Gómez Palacio, ¿costaría mucho esfuerzo a las autoridades (presentes o futuras) reconocer a un hombre como Héctor Chapa? A ver quién le saca esa espinota a nuestro Gómez.
Supe de él por el 84-85, cuando colaboraba regularmente para el suplemento cultural de La Opinión. Fueron, creo, los primeros ensayos sobre cultura ambientalista que leí y, por ellos, desde entonces siempre asocio mi preocupación por la naturaleza —ciertamente bastante amateur— con el nombre de don Héctor. Eran aquellos textos dechados de buena información, ejemplos de la preocupación que debíamos tener los laguneros por nuestro entorno, sobre todo por el cuidado del recurso generador de toda vida, el agua. Si algo tengo, pues, de inquietud social en este rubro, bastante se lo debo a la notable calidad académica y humana del doctor Chapa.
Luego de aquel periodo pasaron como quince años sin saber de él. Lo recordé esporádicamente, siempre a propósito de asuntos sobre ecología. Alguna vez, allá por el 98-99, vi que conformaba parte del público en la presentación de un libro celebrada en Gómez; allí también estaban las máximas autoridades del ayuntamiento, y como yo era presentador y me hallaba en el “fresidium”, aproveché el micrófono para resaltar el valor del doctor Chapa, la necesidad de tributarle un homenaje. Pasados unos meses, me enteré que hubo un conato de reconocimiento, pero todo se quedó, muy injustamente, en veremos; creo que al final ni siquiera le contestaron el teléfono.
Hoy sería un acierto que Octaviano Rendón fuera advertido sobre la necesidad de apreciar a uno de los pocos valores científicos (una eminencia, en verdad) que tiene la ciudad por él presidida. Gómez no cuenta con una sola librería, no publica una sola colección de libros ni un periódico o una revista serios; sería mucho pedir, entonces, que tuviera un centro de estudios científicos; además, para agravar la cosa, de los actuales candidatos a la alcaldía el único verdaderamente culto es Miguel Ángel Orozco, pero su lucha sólo tiene un valor simbólico (lo cual no demerita el esfuerzo). Si así está el abarrote de la cultura y la ciencia en Gómez Palacio, ¿costaría mucho esfuerzo a las autoridades (presentes o futuras) reconocer a un hombre como Héctor Chapa? A ver quién le saca esa espinota a nuestro Gómez.
Reyes de bolsillo

Jaime Muñoz Vargas
Aunque pretende ser una edición accesible al gran público, de bolsillo, Recoge el día, antología temática, de Alfonso Reyes, es una lujosa y casi inaccesible colección de ocho tomitos cuyo contenido fue seleccionado por Alfonso Rangel Guerra, quien además preparó el prólogo que aparece en el primer volumen de la serie. La tarea siempre titánica de antologar al inacabable Reyes tiene aquí, creo, una solución inteligente: en vez de buscar “lo mejor” que escribió el regiomontano, Rangel Guerra parceló no tanto en función “temática” (como se ofrece en el título), sino genérica, pues encontramos en estos bellos libros al Reyes que ara en la poesía, en el diario, en la correspondencia, en el artículo periodístico y, no podía ser excluido, en el ensayo, acaso el terreno donde ese mexicano universal se movió con mayor soltura.
Rangel Guerra lo afirma en su pórtico, y tiene razón: armar una antología de Reyes pone frente al antologador una tarea de suyo inacabable no sólo por la faraónica obra de quien escribió Ifigenia cruel, sino por su apabullante variedad de temas, una variedad que produce la impresión de infinito ante la cual muchos reculan. Los 26 tomos de sus Obras completas publicadas desde hace más de cincuenta años por el FCE rebasan con facilidad el propósito de resumirlos en una antología que, por fuerza, discrimine algunos textos y elija otros. ¿Cuáles incluir? ¿Por qué esos y no otros, si todas las páginas de Reyes dan la impresión de contar con méritos antológicos? No es fácil. La calidad, muy alta siempre, es pareja en el neoloeonés, de tal suerte que desde sus ensayos más ambiciosos (La antigua retórica, El deslinde, La crítica en la edad ateniense) hasta sus páginas más espontáneas ostentan un marcado aire de perfección, de genio invicto.
Pese a tal obstáculo, Rangel Guerra encaró el desafío y el resultado es Recoger el día, colección auspiciada por la Unesco y el Comité Regional Norte de Cooperación con la Unesco. Se trata, como dije al principio, de un trabajo editorial demasiado refinado (más: exquisito) como para llegar de veras a un público amplio. Arropados por una lujosa caja dura, los ocho tomitos usan camisa y fueron impresos y encuadernados con experta y exigente mano. En sí, es un placer abrir estos libros, gozar de su etéreo diseño. Y más que eso, encontrar a la vuelta de cada hoja la palabra siempre servicial en cualquier línea alfonsina.
Enumero el título de cada ejemplar, rótulo que de manera sintética da buena idea del contenido en conjunto: Los recuerdos, El padre Monterrey, México: la x en la frente, Amigos y contemporáneos, Ciudades y países/Los libros, La buena mesa/La mujer, El amor/La condición humana, Del epistolario/Del diario. Son ocho, pues, las vías de acceso que abre Rangel Guerra para llegar a don Alfonso. No proponen una ruta precisa. Antes bien, su plan insinúa la idea de que todos los caminos conducen a Reyes, desde su más ambicioso tratado hasta su más humilde pincelazo tirado sobre el lienzo de un diario personal. Por ejemplo, cierta pátina de grandeza tiñe el comentario más circunstancial en este abreviado día de su diario: “Río, miércoles 11 de Enero de 1939… Mi última noche en Brasil. Cumplí la misión que se me confió: reconcilié con México al Gob. Brasileño q. estaba muy lastimado y abrí al petróleo mexicano el mercado de este país. Ante esto, desaparecen mis cuestiones personales”.
El recorrido, entonces, busca observar a Reyes con vista de cóndor: abarcadoramente, a plenitud. En el tomo 1 miramos su andanza personal diseminada en textos escritos como para dar fe de sus movimientos en la vida, de su cosmovisión como ciudadano. Son páginas escritas con ánimo testimonial, siempre con algo de narrativo antes que crítico. Reyes en Monterrey, Reyes en México, en España, en París, en Sudamérica, Reyes de nuevo en el Distrito Federal. Reyes niño, joven, adulto, Reyes anciano. Reyes por Reyes en páginas atravesadas por una amable sinceridad, nunca truculentas ni condescendientes con las bajezas de espíritu.
En el tomo 2, Monterrey como una raya de luz en la memoria del regiomontano. Allí, refulgente, su “Sol de Monterrey”, tal vez el poema que lo definió con mayor encanto. Y algo similar, pero en relación a México en tanto país, contiene el tomo 3, el de la x en la frente; aquí, claro, aunque sólo en un fragmento, su “Visión de Anáhuac”. El cuarto de la tanda, un recorrido por las presencias literarias que poblaron la vida de Reyes, los amigos a los que siempre trató con sabia cordialidad. El tomo quinto hace las maletas y trata sobre los lugares, las atmósferas, los paisajes vistos y entrevistos. El 6, sobre dos pasiones alfonsinas: la mujer y la buena mesa, una asumida como ideal, como entidad metafísica, y, la otra, como concreción diaria. El tranco 7 de este periplo es el más filosófico de la serie; se refiere a la condición humana. El 8, ya lo cité, es la parte de su escritura informal, aunque nunca desgarbada: las cartas y el diario.
La suma de todo esto dibuja con pocas líneas la figura de Alfonso Reyes. Es un proyecto estimable, un homenaje más, merecido como todos, al escritor cabal del siglo veinte mexicano, el único autor que, como enfatizó Borges en “In memoriam AR”, es círculo, integridad: “Reyes: la indescifrable providencia / que administra lo pródigo y lo parco / nos dio a los unos el sector y el arco / pero a ti la total circunferencia”. Esa total circunferencia es la que busca percibir, y sospecho que lo logra sobradamente, Recoge el día, compilación del maestro Alfonso Rangel Guerra.
Recoge el día, antología temática, Alfonso Reyes, Selección y prólogo Alfonso Rangel Guerra, Unesco/ Comité Regional Norte de Cooperación con la Unesco, Monterrey, s/f.
Aunque pretende ser una edición accesible al gran público, de bolsillo, Recoge el día, antología temática, de Alfonso Reyes, es una lujosa y casi inaccesible colección de ocho tomitos cuyo contenido fue seleccionado por Alfonso Rangel Guerra, quien además preparó el prólogo que aparece en el primer volumen de la serie. La tarea siempre titánica de antologar al inacabable Reyes tiene aquí, creo, una solución inteligente: en vez de buscar “lo mejor” que escribió el regiomontano, Rangel Guerra parceló no tanto en función “temática” (como se ofrece en el título), sino genérica, pues encontramos en estos bellos libros al Reyes que ara en la poesía, en el diario, en la correspondencia, en el artículo periodístico y, no podía ser excluido, en el ensayo, acaso el terreno donde ese mexicano universal se movió con mayor soltura.
Rangel Guerra lo afirma en su pórtico, y tiene razón: armar una antología de Reyes pone frente al antologador una tarea de suyo inacabable no sólo por la faraónica obra de quien escribió Ifigenia cruel, sino por su apabullante variedad de temas, una variedad que produce la impresión de infinito ante la cual muchos reculan. Los 26 tomos de sus Obras completas publicadas desde hace más de cincuenta años por el FCE rebasan con facilidad el propósito de resumirlos en una antología que, por fuerza, discrimine algunos textos y elija otros. ¿Cuáles incluir? ¿Por qué esos y no otros, si todas las páginas de Reyes dan la impresión de contar con méritos antológicos? No es fácil. La calidad, muy alta siempre, es pareja en el neoloeonés, de tal suerte que desde sus ensayos más ambiciosos (La antigua retórica, El deslinde, La crítica en la edad ateniense) hasta sus páginas más espontáneas ostentan un marcado aire de perfección, de genio invicto.
Pese a tal obstáculo, Rangel Guerra encaró el desafío y el resultado es Recoger el día, colección auspiciada por la Unesco y el Comité Regional Norte de Cooperación con la Unesco. Se trata, como dije al principio, de un trabajo editorial demasiado refinado (más: exquisito) como para llegar de veras a un público amplio. Arropados por una lujosa caja dura, los ocho tomitos usan camisa y fueron impresos y encuadernados con experta y exigente mano. En sí, es un placer abrir estos libros, gozar de su etéreo diseño. Y más que eso, encontrar a la vuelta de cada hoja la palabra siempre servicial en cualquier línea alfonsina.
Enumero el título de cada ejemplar, rótulo que de manera sintética da buena idea del contenido en conjunto: Los recuerdos, El padre Monterrey, México: la x en la frente, Amigos y contemporáneos, Ciudades y países/Los libros, La buena mesa/La mujer, El amor/La condición humana, Del epistolario/Del diario. Son ocho, pues, las vías de acceso que abre Rangel Guerra para llegar a don Alfonso. No proponen una ruta precisa. Antes bien, su plan insinúa la idea de que todos los caminos conducen a Reyes, desde su más ambicioso tratado hasta su más humilde pincelazo tirado sobre el lienzo de un diario personal. Por ejemplo, cierta pátina de grandeza tiñe el comentario más circunstancial en este abreviado día de su diario: “Río, miércoles 11 de Enero de 1939… Mi última noche en Brasil. Cumplí la misión que se me confió: reconcilié con México al Gob. Brasileño q. estaba muy lastimado y abrí al petróleo mexicano el mercado de este país. Ante esto, desaparecen mis cuestiones personales”.
El recorrido, entonces, busca observar a Reyes con vista de cóndor: abarcadoramente, a plenitud. En el tomo 1 miramos su andanza personal diseminada en textos escritos como para dar fe de sus movimientos en la vida, de su cosmovisión como ciudadano. Son páginas escritas con ánimo testimonial, siempre con algo de narrativo antes que crítico. Reyes en Monterrey, Reyes en México, en España, en París, en Sudamérica, Reyes de nuevo en el Distrito Federal. Reyes niño, joven, adulto, Reyes anciano. Reyes por Reyes en páginas atravesadas por una amable sinceridad, nunca truculentas ni condescendientes con las bajezas de espíritu.
En el tomo 2, Monterrey como una raya de luz en la memoria del regiomontano. Allí, refulgente, su “Sol de Monterrey”, tal vez el poema que lo definió con mayor encanto. Y algo similar, pero en relación a México en tanto país, contiene el tomo 3, el de la x en la frente; aquí, claro, aunque sólo en un fragmento, su “Visión de Anáhuac”. El cuarto de la tanda, un recorrido por las presencias literarias que poblaron la vida de Reyes, los amigos a los que siempre trató con sabia cordialidad. El tomo quinto hace las maletas y trata sobre los lugares, las atmósferas, los paisajes vistos y entrevistos. El 6, sobre dos pasiones alfonsinas: la mujer y la buena mesa, una asumida como ideal, como entidad metafísica, y, la otra, como concreción diaria. El tranco 7 de este periplo es el más filosófico de la serie; se refiere a la condición humana. El 8, ya lo cité, es la parte de su escritura informal, aunque nunca desgarbada: las cartas y el diario.
La suma de todo esto dibuja con pocas líneas la figura de Alfonso Reyes. Es un proyecto estimable, un homenaje más, merecido como todos, al escritor cabal del siglo veinte mexicano, el único autor que, como enfatizó Borges en “In memoriam AR”, es círculo, integridad: “Reyes: la indescifrable providencia / que administra lo pródigo y lo parco / nos dio a los unos el sector y el arco / pero a ti la total circunferencia”. Esa total circunferencia es la que busca percibir, y sospecho que lo logra sobradamente, Recoge el día, compilación del maestro Alfonso Rangel Guerra.
Recoge el día, antología temática, Alfonso Reyes, Selección y prólogo Alfonso Rangel Guerra, Unesco/ Comité Regional Norte de Cooperación con la Unesco, Monterrey, s/f.
sábado, mayo 26, 2007
Libros reencontrados
Vivir en una casa infonavítica y tener libros de más tiene ventajas y desventajas. La desventaja mayor es cohabitar con libros ocultos por barreras de libros, con volúmenes que se esconden y desaparecen cuando uno más los necesita; la máxima ventaja, se me ocurre ahora, es reencontrar obras que uno tenía olvidadas y que tras su reaparición parecen nuevas. Eso me pasa siempre que limpio un poco la biblioteca o busco algún ejemplar escurridizo: saltan otros que, como faros, encandilan mi atención y me permiten recobrar antiguos gozos.
Me pasó hace poco ese fenómeno. Sin quererlo, saltó a mis manos mi ejemplar original de Las vocales malditas, ese portentoso juego narrativo del escritor mexicano Óscar de la Borbolla (México, DF, 1952). Filósofo de carrera, De la Borbolla ha trabajado una obra literaria original, a veces excéntrica, como ocurrió en 1991 con Las vocales malditas, libro que a mi juicio es la mayor apuesta lúdica en el ámbito de nuestras letras, las mexicanas.
¿Y que hay de raro en ese volumen? ¿Por qué vale tanto según yo y según muchos? Tiene apenas, y con una tipografía muy estirada, cincuenta paginitas. Lo asombroso viene luego, cuando empezamos a recorrer su contenido: cinco cuentos escritos cada uno con cada una de las vocales, es decir, en cada narración sólo hay palabras cuyas vocales son “aes”, luego “es”, después “íes” y así también con la “o” y la “u”. Lo que impresiona no es tanto el propósito, sino los resultados: cinco cuentos hermosos, desafiantes, llenos de humor e ingenio, deslumbrantes en suma. Aunque el de la “i” y la “u” son los más difíciles, De la Borbolla los resuelve con una destreza que deja boquiabierto al lector. El desafío mayor, claro, consiste no sólo en sumar palabras con una vocal en cada cuento, sino en darles lógica, en imponerles un hilo conductor perfectamente visible. El que más me gusta es el de la letra “o”, del cual transcribo un párrafo. Es apenas un probetito que desea tentar a los lectores para que consigan este maravilloso libro (va una parte de “Los locos somos otro cosmos”):
“Otto colocó los shocks. Rodolfo mostró los ojos con horror: dos globos rojos, torvos, con poco fósforo como bolsos fofos; combó los hombros, sollozó: ‘No, doctor, no… loco no…’. Sor Socorro lo frotó con yodo: ‘Pon flojos los codos –rogó–, ponlos como yo. Nosotros no somos ogros’. Sor Flor tomó los mohosos polos color corcho ocroso; con gozo comprobó los shocks con los focos: los tronó, brotó polvo con ozono. Rodolfo oró, lloró con dolor: ‘No doctor Otto, shocks no…’”. Y así sigue; un cuento, un libro genial de Óscar de la Borbolla. Búsquenlo y léanlo ya. Pura calidad.
Me pasó hace poco ese fenómeno. Sin quererlo, saltó a mis manos mi ejemplar original de Las vocales malditas, ese portentoso juego narrativo del escritor mexicano Óscar de la Borbolla (México, DF, 1952). Filósofo de carrera, De la Borbolla ha trabajado una obra literaria original, a veces excéntrica, como ocurrió en 1991 con Las vocales malditas, libro que a mi juicio es la mayor apuesta lúdica en el ámbito de nuestras letras, las mexicanas.
¿Y que hay de raro en ese volumen? ¿Por qué vale tanto según yo y según muchos? Tiene apenas, y con una tipografía muy estirada, cincuenta paginitas. Lo asombroso viene luego, cuando empezamos a recorrer su contenido: cinco cuentos escritos cada uno con cada una de las vocales, es decir, en cada narración sólo hay palabras cuyas vocales son “aes”, luego “es”, después “íes” y así también con la “o” y la “u”. Lo que impresiona no es tanto el propósito, sino los resultados: cinco cuentos hermosos, desafiantes, llenos de humor e ingenio, deslumbrantes en suma. Aunque el de la “i” y la “u” son los más difíciles, De la Borbolla los resuelve con una destreza que deja boquiabierto al lector. El desafío mayor, claro, consiste no sólo en sumar palabras con una vocal en cada cuento, sino en darles lógica, en imponerles un hilo conductor perfectamente visible. El que más me gusta es el de la letra “o”, del cual transcribo un párrafo. Es apenas un probetito que desea tentar a los lectores para que consigan este maravilloso libro (va una parte de “Los locos somos otro cosmos”):
“Otto colocó los shocks. Rodolfo mostró los ojos con horror: dos globos rojos, torvos, con poco fósforo como bolsos fofos; combó los hombros, sollozó: ‘No, doctor, no… loco no…’. Sor Socorro lo frotó con yodo: ‘Pon flojos los codos –rogó–, ponlos como yo. Nosotros no somos ogros’. Sor Flor tomó los mohosos polos color corcho ocroso; con gozo comprobó los shocks con los focos: los tronó, brotó polvo con ozono. Rodolfo oró, lloró con dolor: ‘No doctor Otto, shocks no…’”. Y así sigue; un cuento, un libro genial de Óscar de la Borbolla. Búsquenlo y léanlo ya. Pura calidad.
viernes, mayo 25, 2007
Compacto de Natalia y Uliana
Quizá excedido de entusiasmo pero no insinceramente, escribí hace poco que La Laguna pasa por un momento espléndido en materia musical. Tenemos ya dos teatros dignísimos como escenarios, una Camerata, varios ensambles, algunas escuelas especializadas, numerosos ejecutantes, una revista y, poco a poco, más público. De ahí que, con gusto, soy ahora caja de resonancia para las palabras de Saúl Rosales dichas en el TIM el martes pasado. Me sumo a su alegría por el nuevo logro de Natalia y Uliana:
“Agradezco a Natalia Riazánova el honor grandísimo que me concedió al invitarme a decir unas palabras en la presentación del disco que ella y Uliana publicaron en Búho Records.
Hubo un tiempo en que podía escucharse a mexicanos infestados de xenofobia quejarse y maldecir porque se habían abierto las puertas de nuestra nación a chilenos y argentinos. Fue el tiempo en que los militares y las oligarquías pisoteaban Sudamérica. Era triste escuchar aquella xenofobia cuando aún no se desvanecía la que había estallado contra los españoles que buscaron asilo en México por el acoso fascista de Francisco Franco.
Ahora, en este tiempo, se escuchan menos gruñidos xenofóbicos, quizá porque hemos comprendido que la convivencia de extranjeros y nacionales es una sana dialéctica de la que surgen elevadas síntesis.
Aquí celebramos una de esas valiosas síntesis. Nos reunimos alrededor de un espléndido producto espiritual gestado entre nosotros por dos artistas que sólo convencional y circunstancialmente podemos llamar extranjeras, nos reunimos para celebrar que Uliana Akátova y Natalia Riazánova, brillantes artistas rusas radicadas entre nosotros, publicaron aquí, en Torreón, un disco de sonatas para violín y piano. Sólo la incultura podría no encontrar valioso este hecho.
Natalia Riazánova y Uliana Akátova con el disco nos entregan su riqueza espiritual sumada a la de los compositores que interpretan. A los autores no los tenemos aquí, pero a ellas sí, ahora testimoniando con su obra que la convivencia plural en el campo del arte irradia, sin discriminaciones, satisfacciones para el espíritu. Con este disco que enriquece la cultura lagunera y que esperamos sea el primer festín musical de varios más, Natalia y Uliana entregan a Torreón y a la comarca un producto del alma, el intelecto y el talento.
Celebro en nuestra Natalia y en nuestra Uliana la presencia de todos los músicos que venidos de lejanas y lejanísimas geografías conviven con nosotros, alimentan nuestro espíritu y crean una riqueza artística que será herencia cultural.
No me apropio la representación de nadie, y desde mi más profundo yo, les digo gracias”.
“Agradezco a Natalia Riazánova el honor grandísimo que me concedió al invitarme a decir unas palabras en la presentación del disco que ella y Uliana publicaron en Búho Records.
Hubo un tiempo en que podía escucharse a mexicanos infestados de xenofobia quejarse y maldecir porque se habían abierto las puertas de nuestra nación a chilenos y argentinos. Fue el tiempo en que los militares y las oligarquías pisoteaban Sudamérica. Era triste escuchar aquella xenofobia cuando aún no se desvanecía la que había estallado contra los españoles que buscaron asilo en México por el acoso fascista de Francisco Franco.
Ahora, en este tiempo, se escuchan menos gruñidos xenofóbicos, quizá porque hemos comprendido que la convivencia de extranjeros y nacionales es una sana dialéctica de la que surgen elevadas síntesis.
Aquí celebramos una de esas valiosas síntesis. Nos reunimos alrededor de un espléndido producto espiritual gestado entre nosotros por dos artistas que sólo convencional y circunstancialmente podemos llamar extranjeras, nos reunimos para celebrar que Uliana Akátova y Natalia Riazánova, brillantes artistas rusas radicadas entre nosotros, publicaron aquí, en Torreón, un disco de sonatas para violín y piano. Sólo la incultura podría no encontrar valioso este hecho.
Natalia Riazánova y Uliana Akátova con el disco nos entregan su riqueza espiritual sumada a la de los compositores que interpretan. A los autores no los tenemos aquí, pero a ellas sí, ahora testimoniando con su obra que la convivencia plural en el campo del arte irradia, sin discriminaciones, satisfacciones para el espíritu. Con este disco que enriquece la cultura lagunera y que esperamos sea el primer festín musical de varios más, Natalia y Uliana entregan a Torreón y a la comarca un producto del alma, el intelecto y el talento.
Celebro en nuestra Natalia y en nuestra Uliana la presencia de todos los músicos que venidos de lejanas y lejanísimas geografías conviven con nosotros, alimentan nuestro espíritu y crean una riqueza artística que será herencia cultural.
No me apropio la representación de nadie, y desde mi más profundo yo, les digo gracias”.
jueves, mayo 24, 2007
Respuestas a Espacio 4
Hace dos semanas el bisemanario Espacio 4, dirigido por Gerardo Hernández, me mandó un breve cuestionario sobre la coyuntura electoral en Gómez. Creo que hoy puedo compartir las respuestas :
¿En este momento se encuentran dadas las condiciones para que Gómez Palacio experimentara la alternancia?
Siempre es momento oportuno para buscar la alternancia. Lo que no sé bien a bien es si, con otras siglas, la realidad de Gómez Palacio cambie definitivamente. Tengo la impresión de que los dos principales contendientes (el PRI y el PAN), ofrecen en este momento lo mismo: mucha retórica, mucho gas, ofertas políticas que en poco o nada se diferencian de las que escuchamos cada vez que hay elecciones municipales. En otras palabras, la alternancia no es remedio en sí, aunque por lo menos abre la puerta a posibles cambios que vayan más allá de los nombres propios o de las siglas partidistas.
¿Es lo que necesita el municipio para despertar de su letargo?
Siempre he tenido la impresión de que los municipios de Durango, y Gómez Palacio no es la excepción, viven petrificados, sometidos a cacicazgos enquistados hasta lo más profundo de su realidad y marginados del verdadero desarrollo. Hay, pues, un letargo histórico, es cierto, y no veo la forma de acabar con él. Soy, pues, pesimista, creo que dentro de veinte años el municipio seguirá en las mismas, pues no percibo liderazgos ni organizaciones políticas capaces de acabar con el dominio de las camarillas.
¿De plano consideras que los ciudadanos no tienen todavía la madurez como para sacudirse el último de los grandes cacicazgos históricos que han tenido sumido al municipio en un abandono total?
La ciudadanía, como ente abstracto, puede estar ya madura para sacudirse ese dominio, pero el problema es que nadie está dispuesto a sacrificar su tiempo para organizarla y luchar contra los cacicazgos. El municipio tiene muchos rezagos, cierto, pero bien que mal se puede vivir, ¿entonces para qué agitar las aguas? La resignación también es una forma de hacer política.
¿El coraje contenido durante tantos años pudiera llevar a los gomezpalatinos este 1 de julio a elegir una opción distinta al PRI?
Las elecciones en municipios como Gómez se ganan sólo con dinero. Hay una cultura del corporativismo muy arraigada, así que el que gaste más (sobre todo el día de las elecciones) es el que ganará. En este sentido, la ventaja la tiene Ricardo Rebollo, que ha invertido la millonada en su campaña y seguramente ya rebasó los topes legales; lo mismo hubieran hecho sus contendientes, pero no cuentan con los recursos.
Ese es el tema básicamente, que de hecho se centra en dos sopas: o PRI (Ricardo Rebollo), o PAN (Augusto Ávalos Longoria), porque ya sabes que la chiquillada o los partidos morralla, nomás no aportan nada.
Creo que ganará Rebollo, por lo que ya dije. Siento más carismático a Ávalos, pero el PAN quedará otra vez en segundo lugar, porque no ha dejado de parecer tibio. El mejor, el más preparado es sin duda Miguel Ángel Orozco Rendón, pero la estructura del perredismo coahuilense y duranguense, como bien sabemos, es precarísima.
¿En este momento se encuentran dadas las condiciones para que Gómez Palacio experimentara la alternancia?
Siempre es momento oportuno para buscar la alternancia. Lo que no sé bien a bien es si, con otras siglas, la realidad de Gómez Palacio cambie definitivamente. Tengo la impresión de que los dos principales contendientes (el PRI y el PAN), ofrecen en este momento lo mismo: mucha retórica, mucho gas, ofertas políticas que en poco o nada se diferencian de las que escuchamos cada vez que hay elecciones municipales. En otras palabras, la alternancia no es remedio en sí, aunque por lo menos abre la puerta a posibles cambios que vayan más allá de los nombres propios o de las siglas partidistas.
¿Es lo que necesita el municipio para despertar de su letargo?
Siempre he tenido la impresión de que los municipios de Durango, y Gómez Palacio no es la excepción, viven petrificados, sometidos a cacicazgos enquistados hasta lo más profundo de su realidad y marginados del verdadero desarrollo. Hay, pues, un letargo histórico, es cierto, y no veo la forma de acabar con él. Soy, pues, pesimista, creo que dentro de veinte años el municipio seguirá en las mismas, pues no percibo liderazgos ni organizaciones políticas capaces de acabar con el dominio de las camarillas.
¿De plano consideras que los ciudadanos no tienen todavía la madurez como para sacudirse el último de los grandes cacicazgos históricos que han tenido sumido al municipio en un abandono total?
La ciudadanía, como ente abstracto, puede estar ya madura para sacudirse ese dominio, pero el problema es que nadie está dispuesto a sacrificar su tiempo para organizarla y luchar contra los cacicazgos. El municipio tiene muchos rezagos, cierto, pero bien que mal se puede vivir, ¿entonces para qué agitar las aguas? La resignación también es una forma de hacer política.
¿El coraje contenido durante tantos años pudiera llevar a los gomezpalatinos este 1 de julio a elegir una opción distinta al PRI?
Las elecciones en municipios como Gómez se ganan sólo con dinero. Hay una cultura del corporativismo muy arraigada, así que el que gaste más (sobre todo el día de las elecciones) es el que ganará. En este sentido, la ventaja la tiene Ricardo Rebollo, que ha invertido la millonada en su campaña y seguramente ya rebasó los topes legales; lo mismo hubieran hecho sus contendientes, pero no cuentan con los recursos.
Ese es el tema básicamente, que de hecho se centra en dos sopas: o PRI (Ricardo Rebollo), o PAN (Augusto Ávalos Longoria), porque ya sabes que la chiquillada o los partidos morralla, nomás no aportan nada.
Creo que ganará Rebollo, por lo que ya dije. Siento más carismático a Ávalos, pero el PAN quedará otra vez en segundo lugar, porque no ha dejado de parecer tibio. El mejor, el más preparado es sin duda Miguel Ángel Orozco Rendón, pero la estructura del perredismo coahuilense y duranguense, como bien sabemos, es precarísima.
miércoles, mayo 23, 2007
Quince sin Yupanqui

El 23 de mayo del 92 cumplí 28 años. Malos o buenos, para entonces ya estaban claros mis gustos, los pocos que hasta ese momento pude definir en una vida sin grandes oportunidades. Aquel día lo recuerdo especialmente porque recibí un regalo ingrato, una noticia: Atahualpa Yupanqui había muerto. Nacido en 1908, Héctor Roberto Chavero, que así se llamaba don Ata, era entonces para mí el compositor e intérprete de la música que satisfacía mi secreto deseo de poesía eficaz, sencilla y profunda a la vez en medio de un modesto guitarreo. El paso de los años no ha deteriorado esa admiración; al contrario, conforme han pasado esos tres lustros sin don Ata, más he aprendido a escucharlo, y más también a entenderlo, a quererlo.
Frente a una legión de letristas impostados, artificiosamente “trascendentes” (Arjona y Juanes me parecen dos ejemplos acabados de esa fauna chafa) o vacuos hasta la ñoñez (Marco Antonio Solís es el rey en tal sector), compositores como Yupanqui se erigen silenciosas e inamovibles cúspides literario-musicales. Qué lejos se ven, analizados con rigor, los temas de nuestros cantantillos frente a una milonga trabada con toda malicia por un viejo como don Ata. Y no me refiero con eso de “malicia” al truqueo verbal que cualquier versificador de cantina puede dominar si se lo propone y si lee con atención una preceptiva. El caso del argentino está más allá; sin desatender la forma, que en su caso siempre es pulcra, hay un fondo de vida en cada uno de sus versos, como palabra de gurú en todos los secretos de la existencia.
Cantado sobre todo por Alfredo Zitarrosa y Mercedes Sosa, es en la voz de Jorge Cafrune donde mejor lo paladeo. Las “Coplas del payador perseguido”, un poema tan largo como hermoso, es la pieza que resume con mayor amplitud sus facultades y su pensamiento —“Si me dicen “señor” / agradezco el homenaje / mas soy gaucho entre el gauchaje / y son nadie entre los sabios / y son para mí los agravios / que le hagan al paisanaje”—. Pero no sólo en sus canciones fue Yupanqui un tipo con ideas; como escritor, como entrevistado siempre supo hablar con lucidez de gran jefe. Sin aspavientos, sereno como un árbol metido en la tierra hasta el corazón, tenía opiniones que perfilan a un Hombre ejemplar, como cuando recuerda los ires y venires de su niñez, la sabiduría pepenada entre la gente de abajo, la gente con la que supo convivir. Un caso impecable: cuando don Ata nostalgia a su tío Gabriel, analfabeto, interrogado sobre lo que es un amigo: “Un amigo es uno mesmo en otro pellejo”. Hoy, a quince de su partir, viva por siempre el viejo del Pergamino, viva el amigo don Atahualpa Yupanqui.
Frente a una legión de letristas impostados, artificiosamente “trascendentes” (Arjona y Juanes me parecen dos ejemplos acabados de esa fauna chafa) o vacuos hasta la ñoñez (Marco Antonio Solís es el rey en tal sector), compositores como Yupanqui se erigen silenciosas e inamovibles cúspides literario-musicales. Qué lejos se ven, analizados con rigor, los temas de nuestros cantantillos frente a una milonga trabada con toda malicia por un viejo como don Ata. Y no me refiero con eso de “malicia” al truqueo verbal que cualquier versificador de cantina puede dominar si se lo propone y si lee con atención una preceptiva. El caso del argentino está más allá; sin desatender la forma, que en su caso siempre es pulcra, hay un fondo de vida en cada uno de sus versos, como palabra de gurú en todos los secretos de la existencia.
Cantado sobre todo por Alfredo Zitarrosa y Mercedes Sosa, es en la voz de Jorge Cafrune donde mejor lo paladeo. Las “Coplas del payador perseguido”, un poema tan largo como hermoso, es la pieza que resume con mayor amplitud sus facultades y su pensamiento —“Si me dicen “señor” / agradezco el homenaje / mas soy gaucho entre el gauchaje / y son nadie entre los sabios / y son para mí los agravios / que le hagan al paisanaje”—. Pero no sólo en sus canciones fue Yupanqui un tipo con ideas; como escritor, como entrevistado siempre supo hablar con lucidez de gran jefe. Sin aspavientos, sereno como un árbol metido en la tierra hasta el corazón, tenía opiniones que perfilan a un Hombre ejemplar, como cuando recuerda los ires y venires de su niñez, la sabiduría pepenada entre la gente de abajo, la gente con la que supo convivir. Un caso impecable: cuando don Ata nostalgia a su tío Gabriel, analfabeto, interrogado sobre lo que es un amigo: “Un amigo es uno mesmo en otro pellejo”. Hoy, a quince de su partir, viva por siempre el viejo del Pergamino, viva el amigo don Atahualpa Yupanqui.
sábado, mayo 19, 2007
José Ángel espectacular
Como reza la frase ya manida, hasta no ver no creer. Llego de un viaje más o menos largo a la región Carbonífera de Coahuila y poco después me encuentro con el caos del DVR. ¿Dónde está Jorge Viesca para que explique ese desastre? ¿Por qué nadie es culpable de nada cuando se trata de obra pública mal hecha? ¿Qué país es este, Agripina? (como escribió Rulfo en “Luvina”, su famoso cuento). ¿Y qué país es este?, pregunto ahora yo, en el que sin represalia ninguna un alcalde disemina anuncios espectaculares por el estado según esto para promocionar el centenario de la ciudad que gobierna. Es una pena.
Supe que José Ángel Pérez Hernández fue muy criticado hasta por militantes de su partido cuando colocó espectaculares en el sureste del estado, pero no creía yo (hasta no ver no creer) que por toda la entidad ocurriera lo mismo. Hasta en municipios pequeños, casi inexistentes, como Nadadores o Sacramento el alcalde de Torreón ha permitido que su figura luzca sonriente ante la mirada atónita de muchos coahuilenses que de un día para otro lo vieron aparecer en el panorama urbano.
No los conté, pero casi puedo asegurar que vi más de diez en esa ruta: me llama la atención que en todos el diseño sea más o menos el mismo: con el pretexto del centenario nuestro presidente hace una invitación textual para que los fuereños nos visiten. En segundo plano una postal de nuestra ciudad (la Casa del Cerro, el Canal de la Perla, la puerta de Torreón…) y sesgado a la derecha, en primer plano, el rostro de José Ángel Pérez espectacularmente trabajado en Photoshop.
Es obvio que se trata de promoción personal en vías de colocar a nuestra autoridad en el imaginario coahuilense. Sí, es obvio, pero si es así de obvio entonces para qué diantres aprovechar, con oportunismo histórico, la efemérides torreonense que sólo debería servir para enaltecernos, no para utilizarla políticamente, como si se tratara de una cerveza o de un neumático anunciado en las carreteras.
Otro detallito, no el menos importante, está en el precio de esa estrategia autopromocional. ¿Cuánto cuesta y quién la paga? ¿El ayuntamiento? ¿El mismo JAPH? ¿Quién fiscaliza ese gasto? ¿Es correcto hacerlo cuando con toda claridad se trata de propaganda política futurista más que de difusión turística? Si el gasto sale de las arcas públicas, ¿no sería mejor invertir ese dinero en obra cultural inscrita en los festejos del centenario y no en una burda maniobra de “posicionamiento” prelectoral? Son muchas las preguntas y pocas las respuestas sobre el tema. El caso es que no aprendemos. Ni con unos ni con otros llega por fin la era del gasto racional.
Supe que José Ángel Pérez Hernández fue muy criticado hasta por militantes de su partido cuando colocó espectaculares en el sureste del estado, pero no creía yo (hasta no ver no creer) que por toda la entidad ocurriera lo mismo. Hasta en municipios pequeños, casi inexistentes, como Nadadores o Sacramento el alcalde de Torreón ha permitido que su figura luzca sonriente ante la mirada atónita de muchos coahuilenses que de un día para otro lo vieron aparecer en el panorama urbano.
No los conté, pero casi puedo asegurar que vi más de diez en esa ruta: me llama la atención que en todos el diseño sea más o menos el mismo: con el pretexto del centenario nuestro presidente hace una invitación textual para que los fuereños nos visiten. En segundo plano una postal de nuestra ciudad (la Casa del Cerro, el Canal de la Perla, la puerta de Torreón…) y sesgado a la derecha, en primer plano, el rostro de José Ángel Pérez espectacularmente trabajado en Photoshop.
Es obvio que se trata de promoción personal en vías de colocar a nuestra autoridad en el imaginario coahuilense. Sí, es obvio, pero si es así de obvio entonces para qué diantres aprovechar, con oportunismo histórico, la efemérides torreonense que sólo debería servir para enaltecernos, no para utilizarla políticamente, como si se tratara de una cerveza o de un neumático anunciado en las carreteras.
Otro detallito, no el menos importante, está en el precio de esa estrategia autopromocional. ¿Cuánto cuesta y quién la paga? ¿El ayuntamiento? ¿El mismo JAPH? ¿Quién fiscaliza ese gasto? ¿Es correcto hacerlo cuando con toda claridad se trata de propaganda política futurista más que de difusión turística? Si el gasto sale de las arcas públicas, ¿no sería mejor invertir ese dinero en obra cultural inscrita en los festejos del centenario y no en una burda maniobra de “posicionamiento” prelectoral? Son muchas las preguntas y pocas las respuestas sobre el tema. El caso es que no aprendemos. Ni con unos ni con otros llega por fin la era del gasto racional.
Mimemos a los mimos
No es amplio todavía el bufet de espectáculos artísticos en La Laguna. En realidad tenemos poco teatro, cada vez más numerosa pero todavía insuficiente música, frecuentes exposiciones, decorosa exhibición literaria y a veces algo de danza, todo ello de diferentes calidades y grados de profesionalismo. Por esa razón no puedo menos que celebrar la presencia en La Laguna de un grupo teatral cuya apuesta está en el arte de la mímica. Se trata de Proyecto M, asociación de chavos perteneciente al Centro de Arte Multidisciplinario (CAM).
Los he visto un par de veces, una en el TIM y otra, el domingo pasado, en el Teatro Nazas. Entre ambas presentaciones hubo un paréntesis, calculo, de ocho o diez meses, no recuerdo con exactitud. Lo importante es que, pese a las evidentes limitaciones actorales expuestas en cada rutina, se trata de jóvenes que están tratando de ganar el aplauso público, y es tal su entusiasmo que, a mi parecer, merecen respaldo. Los mimos Manuel Solís, José Luis Navarro, Édgar González y Ricardo Castruita logran trabar un espectáculo en donde el humor es acompañado a veces por crítica social y no obstante cierta deficiencia en el ritmo escénico es posible vislumbrar las amplias y bienvenidas posibilidades de la mímica como derivación del trabajo escénico.
La obra presentada llevó como título “Dónde está el mimo?” (así, con un solo signo de interrogación). Fueron cuatro sketches (cada uno duró cerca de quince minutos) titulados “El chicle”, “El faquir”, “Drogadicción” (el de mayor acento social) y “El vampiro”, acaso el más gracioso de los cuatro, pues a la simpática figura del chupasangre (Manuel Solís) se suma una idea interesante y bien desarrollada. Sé qué la mímica no requiere demasiada parafernalia, pero no sería mala idea que a cada cuadro se le añadiera un poco más de elementos escenográficos, esto para que no aparezcan en todos los sketches la misma banca de parque público y las mismas candilejas de luz citadina. También, y por eso hablé del lapso transcurrido entre las dos ocasiones que tuve la suerte de verlos, es fundamental que cambien las rutinas. Creo que hubo tiempo suficiente para que en esta segunda presentación, la del domingo 13 en el Nazas, los muchachos armaran nuevas historias, de suerte que el público deseoso de verlos otra vez pudiera encontrar relatos inéditos.
Pese a ello, insisto, da gusto que jóvenes como los de Proyecto M (imagino que M significa “mimo” o algo así) trabajen en torno a una actividad artística poco explotada en nuestra región. Eso es, independientemente de las limitaciones y los errores, digno de todo reconocimiento.
Los he visto un par de veces, una en el TIM y otra, el domingo pasado, en el Teatro Nazas. Entre ambas presentaciones hubo un paréntesis, calculo, de ocho o diez meses, no recuerdo con exactitud. Lo importante es que, pese a las evidentes limitaciones actorales expuestas en cada rutina, se trata de jóvenes que están tratando de ganar el aplauso público, y es tal su entusiasmo que, a mi parecer, merecen respaldo. Los mimos Manuel Solís, José Luis Navarro, Édgar González y Ricardo Castruita logran trabar un espectáculo en donde el humor es acompañado a veces por crítica social y no obstante cierta deficiencia en el ritmo escénico es posible vislumbrar las amplias y bienvenidas posibilidades de la mímica como derivación del trabajo escénico.
La obra presentada llevó como título “Dónde está el mimo?” (así, con un solo signo de interrogación). Fueron cuatro sketches (cada uno duró cerca de quince minutos) titulados “El chicle”, “El faquir”, “Drogadicción” (el de mayor acento social) y “El vampiro”, acaso el más gracioso de los cuatro, pues a la simpática figura del chupasangre (Manuel Solís) se suma una idea interesante y bien desarrollada. Sé qué la mímica no requiere demasiada parafernalia, pero no sería mala idea que a cada cuadro se le añadiera un poco más de elementos escenográficos, esto para que no aparezcan en todos los sketches la misma banca de parque público y las mismas candilejas de luz citadina. También, y por eso hablé del lapso transcurrido entre las dos ocasiones que tuve la suerte de verlos, es fundamental que cambien las rutinas. Creo que hubo tiempo suficiente para que en esta segunda presentación, la del domingo 13 en el Nazas, los muchachos armaran nuevas historias, de suerte que el público deseoso de verlos otra vez pudiera encontrar relatos inéditos.
Pese a ello, insisto, da gusto que jóvenes como los de Proyecto M (imagino que M significa “mimo” o algo así) trabajen en torno a una actividad artística poco explotada en nuestra región. Eso es, independientemente de las limitaciones y los errores, digno de todo reconocimiento.
Boom del clientelismo
Parecía que el advenimiento de la democracia (electoral) había anulado ya el atávico clientelismo que tanto daño le había, le ha, hecho a México, que con el PAN en la presidencia iba a terminar, para siempre, el apoquinamiento de recursos teledirigidos desde la federación/gobiernos estatales/municipios a los candidatos del partido con el poder a la mano. Pero no, a la más pura usanza del PRI, como en los añejos tiempos del carro completo y del partido indestructible, tanto el PAN como el PRD, y no se diga el PRI inenderezable, usan hoy los recursos públicos como catapulta para conservar el poder a machamartillo, sin más coto que una ley menos amenazante que un algodón de azúcar.
El tema vuelve al candelero a propósito de las elecciones yucatecas, pero no debemos pensar que sólo porque allí habrá elecciones el próximo 20 de mayo los recursos de la federación le caen como diluvio al aspirante del PAN. No. La práctica es tan generalizada en todos los partidos que nadie puede decir nada sin morderse kilos de lengua. Es, para acabar pronto, una de las costumbres más arraigadas del podrido hacer político mexicano, tanto que parece un vicio inextirpable, como el tumor que se enquista y que es mejor dejar en su lugar antes que sacarlo.
La razón de ser del uso electorero de recursos públicos tiene su base no sólo en el acostumbrado mal trabajo de las autoridades, sino en la percepción social de ese trabajo, aún cuando haya sido bueno. El ciudadano de combate tiene en automático una opinión adversa sobre sus gobernantes; éstos lo saben, de ahí que no sólo se confíen en la buena administración de la cosa pública (seamos optimistas), sino que usen todos los instrumentos del Estado para afianzar a los candidatos de tal o cual tribu. Lo que hizo Fox en 2006, lo hizo también con descaro Arturo Montiel en el Estado de México, y fue evidente cómo en Torreón el anayismo quiso apuntalar a uno de los suyos, Chuy de León, para alcalde, por citar tres ejemplos escalados.
En los tres niveles de gobierno nadie se puede llamar, pues, a inocencia. Todos participan de ese delito, de ahí que las elecciones, aceitadas con el lubricante del clientelismo, nunca reflejen de veras lo que en realidad ocurre en los comicios. Ante las acusaciones, Calderón ha girado instrucciones a su patiño Mouriño para vigilar que ni un peso federal sea desviado hacia campañas específicas del PAN, como la que busca repetir en Yucatán. Poco o nada hace el michoacano con esa medida, ya que el hispanomexicano Juan Camilo, bien se sabe, es un precoz experto en desviación de recursos públicos. El clientelismo es padecimiento terco, un cáncer de los que al parecer no tienen cura.
El tema vuelve al candelero a propósito de las elecciones yucatecas, pero no debemos pensar que sólo porque allí habrá elecciones el próximo 20 de mayo los recursos de la federación le caen como diluvio al aspirante del PAN. No. La práctica es tan generalizada en todos los partidos que nadie puede decir nada sin morderse kilos de lengua. Es, para acabar pronto, una de las costumbres más arraigadas del podrido hacer político mexicano, tanto que parece un vicio inextirpable, como el tumor que se enquista y que es mejor dejar en su lugar antes que sacarlo.
La razón de ser del uso electorero de recursos públicos tiene su base no sólo en el acostumbrado mal trabajo de las autoridades, sino en la percepción social de ese trabajo, aún cuando haya sido bueno. El ciudadano de combate tiene en automático una opinión adversa sobre sus gobernantes; éstos lo saben, de ahí que no sólo se confíen en la buena administración de la cosa pública (seamos optimistas), sino que usen todos los instrumentos del Estado para afianzar a los candidatos de tal o cual tribu. Lo que hizo Fox en 2006, lo hizo también con descaro Arturo Montiel en el Estado de México, y fue evidente cómo en Torreón el anayismo quiso apuntalar a uno de los suyos, Chuy de León, para alcalde, por citar tres ejemplos escalados.
En los tres niveles de gobierno nadie se puede llamar, pues, a inocencia. Todos participan de ese delito, de ahí que las elecciones, aceitadas con el lubricante del clientelismo, nunca reflejen de veras lo que en realidad ocurre en los comicios. Ante las acusaciones, Calderón ha girado instrucciones a su patiño Mouriño para vigilar que ni un peso federal sea desviado hacia campañas específicas del PAN, como la que busca repetir en Yucatán. Poco o nada hace el michoacano con esa medida, ya que el hispanomexicano Juan Camilo, bien se sabe, es un precoz experto en desviación de recursos públicos. El clientelismo es padecimiento terco, un cáncer de los que al parecer no tienen cura.
domingo, mayo 13, 2007
Polacos en pelotas
A casi una semana de celebrado (obviamente con mucha pompa) el desnudo multitudinario, y todavía con el aroma a pelos púb(l)icos flotando en el ambiente moral de la república, atrevo un tardío pero no menos sesudo (sexudo) comento sobre el tema. Para empezar, y aunque suene un poquitín a padre Ripalda, no estoy de acuerdo con los desnudos indiscriminados. Al menos no con las fotos que hacen demasiado acercamiento a cuerpos que no están para verse así nomás, tan al detalle, como si fueran hermosos. Cierto que me gustan las imágenes de Tunick, esas que él hace a distancia y que parecen ríos de carne, dunas humanas, olas de epidermis sobre escenarios de concreto. Me gustan precisamente porque los cuerpos fofos, sin nalgas, las tetas colgantes de mamilonia y los chiles en nogada no se dejan ver en todo su esplendor, en close up, sino en una como mancha de abarrotada piel que les da a las fotos textura de tapiz. Creo que, por otro lado, el desnudo personal, el acercamiento al cuerpo humano sin ropajes, como entidad individualizada, sólo es grato en cuerpos armónicos, turgentes y saludables, jóvenes en suma. El otro caso me parece un poco lastimero, como testimoniar el deterioro y/o la tosquedad humanos y pensar que eso puede generar alegría para la vista. No es lo mismo Nicole Kidman que la Chupitos, así como no es lo mismo, supongo, ver en traje de rana a Alfonso Zayas que a Jorge Rivero, eso cuando ambos “actores” hacían desnudos en las “películas” de cabareteras. Por eso concluyo que no, que debajo de la ropa no todos somos iguales.
Debido a este debate muchos se han preguntado, o les han preguntado, si se animarían a desnudarse para el público. La sensata mayoría ha respondido, creo, que no, que por timidez o por respeto a la estética no mostrarían sus miserias ante la pupila del respetable. Soy, como buen lopezvelardeano, de los que se niegan a esa posibilidad, y mi argumento, como el de tantos otros, pasa por la timidez y porque no me siento particularmente apto para calzar trajes de Adán. Pero he imaginado qué veríamos si algunos polacos nuestros de cada día se animaran a posar para las cámaras y nos enseñaran hasta la cocina, hasta esos rinconcitos donde hacen su “nide les areñes”. Horror de horrores: si el Jefe Diego lo hiciera veríamos un amasijo de pelos entrecanos, changoleónico; si aceptara el secretario Carstens, advertiríamos una exuberancia de carnes como para mantener durante meses a una cuadrilla de caníbales. Si fuera la profesora número uno del país ya mejor no imagino nada, porque estoy comiendo y no quiero sentir náuseas. Definitivo: debajo de la ropa no somos iguales, lamentablemente.
Debido a este debate muchos se han preguntado, o les han preguntado, si se animarían a desnudarse para el público. La sensata mayoría ha respondido, creo, que no, que por timidez o por respeto a la estética no mostrarían sus miserias ante la pupila del respetable. Soy, como buen lopezvelardeano, de los que se niegan a esa posibilidad, y mi argumento, como el de tantos otros, pasa por la timidez y porque no me siento particularmente apto para calzar trajes de Adán. Pero he imaginado qué veríamos si algunos polacos nuestros de cada día se animaran a posar para las cámaras y nos enseñaran hasta la cocina, hasta esos rinconcitos donde hacen su “nide les areñes”. Horror de horrores: si el Jefe Diego lo hiciera veríamos un amasijo de pelos entrecanos, changoleónico; si aceptara el secretario Carstens, advertiríamos una exuberancia de carnes como para mantener durante meses a una cuadrilla de caníbales. Si fuera la profesora número uno del país ya mejor no imagino nada, porque estoy comiendo y no quiero sentir náuseas. Definitivo: debajo de la ropa no somos iguales, lamentablemente.
Cartones de Escalante

Tengo al menos quince años de conocer a Rubén Escalante. Desde que trabé amistad con él noté que era, que es, como casi todos los cartonistas políticos: serio, reservado, de momentos hasta algo tímido. Esa misma personalidad sosegada se le percibí a Helioflores y a Ruis, incluso a nuestro Monsi. Pero es sólo la fachada, por lo que puedo entrever, ya que en todos los casos citados se trata de silenciosos y observadores ironistas, de seres que miran y miran a sus presas sin mover un solo músculo hasta que tiran el lancetazo de su corrosivo humor icónico.
Diseñador gráfico egresado del Iscytac, Rubén descubrió su verdadera pasión en 1992, cuando en las páginas de la antigua revista Brecha dejó ver su talento de monero. Oriundo de Torreón, Escalante alcanzó su madurez creativa hacia 1999, cuando comenzó a publicar cartones en Palabra, diario de Saltillo. Hoy, además del mono político, publica en la revista Intermezzo, donde hace retratos de personajes dedicados a la música clásica.
Creo no errar si afirmo que Escalante es un talento que siempre ha merecido más proyección. En Saltillo supieron apreciarlo, y allá persiste y hasta donde sé cuenta ya con una buena cuota de seguidores. Sin notarlo casi, tiene cerca de veinte años en el oficio y en la actualidad se encuentra plenamente hecho, dueño total de su trazo y de su visión de la realidad. Retratista fiel, gracias a la exageración que permite la caricatura ha explorado toda la gama de gestos y disparates que nuestros políticos ponen a merced, de suerte que su obra siempre nos sugiere un enfoque en donde a la exagerada maldad real (la de nuestras autoridades) él añade la exageración del artista, lo que da como resultado un producto listo para provocar esa rara mezcla de sentimientos que suele generar el cartón político: una sonrisa que está a medio camino entre la carcajada y el espanto, entre el despapaye y la irritación.
En 2005 tuve la suerte de contar con su colaboración gráfica en un libro de mi cuño y letra. Fue en Leyenda Morgan (tristemente inédito pese a que ganó el premio nacional de SLP), cuentario en el que jugué con el género policial textual e historietístico, pastiche que simula abrevar en el inframundo de la literatura tabaretera, la literatura del Sensacional policiaco vista con mirada posmoderna.
Escalante presentará en el atrio principal de Cimaco cerca de sesenta caricaturas de personalidades de la política, del deporte, del arte y de la farándula. Sus dibujos podrán ser apreciados desde hoy hasta el domingo 13 de mayo. Vayan a ver que lo que afirmo es cierto, que se trata de un talento lagunero excepcional.
Diseñador gráfico egresado del Iscytac, Rubén descubrió su verdadera pasión en 1992, cuando en las páginas de la antigua revista Brecha dejó ver su talento de monero. Oriundo de Torreón, Escalante alcanzó su madurez creativa hacia 1999, cuando comenzó a publicar cartones en Palabra, diario de Saltillo. Hoy, además del mono político, publica en la revista Intermezzo, donde hace retratos de personajes dedicados a la música clásica.
Creo no errar si afirmo que Escalante es un talento que siempre ha merecido más proyección. En Saltillo supieron apreciarlo, y allá persiste y hasta donde sé cuenta ya con una buena cuota de seguidores. Sin notarlo casi, tiene cerca de veinte años en el oficio y en la actualidad se encuentra plenamente hecho, dueño total de su trazo y de su visión de la realidad. Retratista fiel, gracias a la exageración que permite la caricatura ha explorado toda la gama de gestos y disparates que nuestros políticos ponen a merced, de suerte que su obra siempre nos sugiere un enfoque en donde a la exagerada maldad real (la de nuestras autoridades) él añade la exageración del artista, lo que da como resultado un producto listo para provocar esa rara mezcla de sentimientos que suele generar el cartón político: una sonrisa que está a medio camino entre la carcajada y el espanto, entre el despapaye y la irritación.
En 2005 tuve la suerte de contar con su colaboración gráfica en un libro de mi cuño y letra. Fue en Leyenda Morgan (tristemente inédito pese a que ganó el premio nacional de SLP), cuentario en el que jugué con el género policial textual e historietístico, pastiche que simula abrevar en el inframundo de la literatura tabaretera, la literatura del Sensacional policiaco vista con mirada posmoderna.
Escalante presentará en el atrio principal de Cimaco cerca de sesenta caricaturas de personalidades de la política, del deporte, del arte y de la farándula. Sus dibujos podrán ser apreciados desde hoy hasta el domingo 13 de mayo. Vayan a ver que lo que afirmo es cierto, que se trata de un talento lagunero excepcional.
Beato Carlos
Además de ser un excelente albur, el título de esta entrega (que se refiere al santo patrono de los blanquillos con h) intenta mostrar su júbilo por las declaraciones del nuevo mártir de la corrupción mexicana, Carlos Ahumada Kurtz. Tan innegable como el tosco manejo de las autoridades capitalinas al caso del argentino es la desvergüenza con la que él ha expuesto la valía de su participación en el complot (¿qué otro nombre se le puede poner a un complot?) contra López Obrador en aquellos lejanos ayeres del 2003. No es una nimiedad que el lujoso ex preso político del DF explique ahora, con la sobada metáfora del granito de arena, que la suya fue una colaboración pequeña pero redituable, dado que al final se logró el propósito de descarrilar a un enemigo insoportable.
Soy de los muchos que todavía no tiene ninguna duda sobre la participación delictiva del gobierno federal anterior, el de Fox, en las elecciones de 2006. Soy pues de los que creen, contra el escarnio y la indiferencia, que desde las cúpulas empresariales fue impulsado un proyecto de demolición contra el candidato que no garantizaba la continuidad del saqueo. No quiero exaltar con esto, que se entienda, a la figura de AMLO ni de su partido, ni eximirlo de errores ni de vicios, pero eso es muy distinto a soslayar que toda la maquinaria de la federación y sus compinches se ensañaron y orquestaron un complot en el que Ahumada fue invitado estelar, acaso el primero que lanzó un torpedo a la línea de flotación pejista.
De qué se ufana pues Calderón, con qué cara sale a decir que es el presidente del país, si su llegada a Los Pinos obedeció a una estrategia perfectamente enhebrada para llevarlo al poder costara lo que costara, a pujidos, independientemente de la voluntad de los mexicanos expresada en las urnas. La tele duopólica, Fox, Salinas, Elgang Ster Gordillo, el CCE, el clero, la plenaria yunquista, Diego Fernández y por supuesto Ahumada Kurtz interpretaron un guión que todavía no termina, pues la película se sigue rodando con las declaraciones cada vez más inverecundas de sus actores. Así como Fox se “desquitó”, así como la Gordillo fue pillada en grabaciones de promoción blanquiazul, así ahora el empresario argentino (quien por cierto también vino a joder la borrega en el Santos) confiesa que lo suyo fue un óbolo a la justiciera causa del bloque antilopezobradorista, como si eso fuera una gracia y no una desfachatez.
Insisto que la película del 2006 sigue en rodaje. A medida que camina este sexenio espurio seguiremos viendo más y más pruebas de su adulterado origen. ¿Cómo decirle, entonces, presidente a Calderón? Imposible.
Soy de los muchos que todavía no tiene ninguna duda sobre la participación delictiva del gobierno federal anterior, el de Fox, en las elecciones de 2006. Soy pues de los que creen, contra el escarnio y la indiferencia, que desde las cúpulas empresariales fue impulsado un proyecto de demolición contra el candidato que no garantizaba la continuidad del saqueo. No quiero exaltar con esto, que se entienda, a la figura de AMLO ni de su partido, ni eximirlo de errores ni de vicios, pero eso es muy distinto a soslayar que toda la maquinaria de la federación y sus compinches se ensañaron y orquestaron un complot en el que Ahumada fue invitado estelar, acaso el primero que lanzó un torpedo a la línea de flotación pejista.
De qué se ufana pues Calderón, con qué cara sale a decir que es el presidente del país, si su llegada a Los Pinos obedeció a una estrategia perfectamente enhebrada para llevarlo al poder costara lo que costara, a pujidos, independientemente de la voluntad de los mexicanos expresada en las urnas. La tele duopólica, Fox, Salinas, Elgang Ster Gordillo, el CCE, el clero, la plenaria yunquista, Diego Fernández y por supuesto Ahumada Kurtz interpretaron un guión que todavía no termina, pues la película se sigue rodando con las declaraciones cada vez más inverecundas de sus actores. Así como Fox se “desquitó”, así como la Gordillo fue pillada en grabaciones de promoción blanquiazul, así ahora el empresario argentino (quien por cierto también vino a joder la borrega en el Santos) confiesa que lo suyo fue un óbolo a la justiciera causa del bloque antilopezobradorista, como si eso fuera una gracia y no una desfachatez.
Insisto que la película del 2006 sigue en rodaje. A medida que camina este sexenio espurio seguiremos viendo más y más pruebas de su adulterado origen. ¿Cómo decirle, entonces, presidente a Calderón? Imposible.
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