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miércoles, febrero 14, 2024

Carretera a Santa Fe

 





Aunque la ciudad, me refiero a Torreón, ha crecido de manera escalofriante, creo no perderme todavía en sus rincones. Cierto que sus recovecos son ya tantos que sólo pueden conocerlos con detalle los taxistas, los repartidores de mensajería y de comida a domicilio, pero en líneas muy generales mi orientación en la gran mancha urbana es aceptable. Uno de los rumbos relativamente nuevos que por razones de trabajo transito más o menos seguido es la carretera denominada “a Santa Fe”, un tramo que empieza, calculo, en el periférico (justo al lado de Gayosso) y termina en la carretera Torreón-Matamoros a la altura del ejido San Miguel. Es un trayecto considerable que rodea un montón de colonias del centro-oriente de Torreón.

Lo paso porque allí corto para ir a Matamoros, y en los años recientes he visto su gradual aumento de tráfico. Sé que llegará el momento en el que será insuficiente y tendrán que añadirle semáforos, rotondas y pasos elevados, pues el crecimiento de la ciudad va provocando proyectos de obra civil como el que vemos hoy frente a Galerías. No es, sin embargo, la carretera a Santa Fe el tema de este apunte, sino lo que se pude ver al lado de ella.

Como es característica general del crecimiento hacia el oriente de Torreón, son más pudientes las nuevas colonias del norte (Las Villas, por ejemplo) que las del sur (Sol de Oriente, por ejemplo), y esto se nota también en el aspecto de sus accesos. En el caso de la carretera a Santa Fe, hay un pedazo enorme del trayecto caracterizado por fungir como depósito de todo tipo de basura, desde escombro hasta muebles viejos, desde residuos de poda hasta neumáticos. El espectáculo allí es lamentable, más que deprimente si uno tiene ojos para ver.

Es difícil, cierto, alcanzar a una comunidad poco instruida para cuidar el espacio público, es decir, no hay Estado que pueda contra una población que no coopera y tira todo en la calle, pero no es menos cierto que la autoridad debe proponer planes de choque para mitigar el caos, como el que ayer vi de parte de la admirable Marea Roja: sin exagerar, sus héroes anónimos recogían toneladas de basura en la carretera a Santa Fe. Es hora de ayudarlos. ¿Cómo? Al menos no tirando escoria por doquier.

sábado, mayo 06, 2023

La ciudad como mall


 






Tenía cerca de tres semanas sin pasar por una esquina más o menos habitual entre mis rutas y al pasar de nuevo por allí encontré con sorpresa que habían levantado una nueva plaza comercial. Le faltaban los acabados, pero ya estaba lista su estructura y buena parte del estacionamiento. Esto me llevó a pensar en lo rápido que ha cambiado y seguirá cambiando la fisonomía de la ciudad o al menos de varios de sus puntos, esos en los que de repente aparece un nuevo Oxxo o, como ya dije, una flamante plaza comercial.

Calculo que en los más recientes veinte años se arraigó entre nosotros el concepto de comercio en “plaza”. Creo que es calco, como tantas otras cosas, de una modalidad norteamericana: juntar en un solo espacio muchos negocios de diferente índole, y abrir para todos una zona común como estacionamiento. Este “concepto” ha sido muy exitoso, por lo que se ve, ya que no cesan de aparecer aquí y allá, lo que no deja de asombrar, pues según la opinión de muchos analistas exprés de la política y la economía actuales, todo se está yendo al carajo. No ha de ser tan así, pienso, si es imparable la expansión de espacios para la compra y la venta de bienes y servicios, evidencias de una realidad orientada hacia el consumo.

Un detalle me preocupa de esta irrupción frenética de comercios en la modalidad de plaza, y a ellos sumaría las llamadas “tiendas de conveniencia” como el Oxxo o el Seven Eleven. ¿En qué medida, para comenzar a construirlas, demuelen patrimonio arquitectónico? Puede ser que en la periferia, en las nuevas zonas residenciales, no haya mayor problema al respecto, pero esto no ocurre en el centro de la ciudad, sitio donde todavía es posible distinguir edificaciones con estilos que han marcado de algún modo el aspecto de la urbe, como el art déco o el neoclásico.

Es de esperarse que la autoridad vigile la conservación de edificaciones de esta índole, y más todavía que invierta en su remozamiento cuando esto sea posible. El caso, por ejemplo, del hotel Galicia es significativo, ya que su rescate y restauración permitiría conservar una edificación que desde hace décadas caracteriza a la zona de la plaza de armas y es parte casi imprescindible de la fisonomía torreonense.

Sé que en esto siempre hay debate, que el ímpetu de la economía suele pasar por encima de todo. Lo deseable es que no sea así, que las inclinaciones de la vida comercial para convertir a toda la ciudad en mall se vean alguna vez detenidas y, por qué no, contrariadas cuando lo que se busque tumbar sea muy valioso. Hay edificios que deben perdurar, mantenerse en pie y no llagar a ser, tarde o temprano, carne de Oxxo o plaza comercial.