Mostrando las entradas con la etiqueta nexos. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta nexos. Mostrar todas las entradas

sábado, agosto 23, 2014

Un ejercicio brutal












Mientras el vocero de la casta divina y rapaz se emPeña en declarar que las reformas traerán beneficios y etcétera, millones de mexicanos viven sumidos en la desesperación y la creatividad. Desesperación por la miseria a la que están condenados y creatividad por la destreza que se necesita para sobrevivir a la andanada de golpes bajos que a diario —con cualquier salida a la tienda o con cualquier llegada de recibos CFE-Simas-Telmex y demás— le propina la perruna realidad. Ahora, pues, que anda de moda hablar sobre salario mínimo nomás para dar la impresión de que es un tema preocupante, no está de más pensar en la capacidad real de compra que tiene hoy este salario cuando en teoría debe ser suficiente para cubrir las necesidades básicas de alimento, vestido, vivienda, educación, salud y esparcimiento del trabajador.
El salario mínimo, nadie lo ignora, es un trágico hazmerreír. Enunciar su monto provoca burlas inmediatas, dado que hasta el más servil de los lambiscones del poder entiende que con una cantidad de dos mil pesos mensuales sólo alcanza para barnizar el sufrimiento. La cifra es tan pequeña que en los hechos equivale a nada. Es, dicho en correcto mexicano, una mentada de madre, la forma menos sutil de borrar cualquier esperanza de bienestar —presente y futuro— para los trabajadores.
El deterioro provocado por gobiernos infalibles en su perversidad, y aquí incluyo, obvio, al actual, ha sido tan hondo que al mes se necesitan varios salarios de este monto para paliar apenas las necesidades básicas de cada familia. En otras palabras, cada trabajador sabe, con cálculos caseros, que si no le trepa otros salarios al salario mínimo, su vida se convertirá en un infierno que en sus llamas arrasará todo: el sustento, la salud, la educación, todo.
La revista Nexos tiene un ejercicio ilustrador. No podrán verlo en masa los obreros, los indígenas, los trabajadores del campo, pues está en internet y el internet es inaccesible para ellos. Sirve entonces, sobre todo, para que los clasemedieros nos demos una idea de la megamadriza que requeriría ponerse un trabajador con salario mínimo si desea alcanzar nuestros ingresos. El tanteo es planteado con esta introducción: “Más de 6 millones de mexicanos ganan el salario mínimo que, en la zona A, es de 67.29 pesos al día o de 2,019 pesos al mes. ¿Podrías vivir con el salario mínimo? Ingresa las cantidades mínimas que crees que necesitarías para cubrir las necesidades básicas ¿Tendrías que trabajar más horas?”. La pregunta final tiene sólo una respuesta: sí. Nadie que eche un vistazo al Nexos en línea quedará listo para ser feliz con los 2,019 pesos del salario mínimo que corresponde a la zona A, y a fuerza deberá trabajar más, mucho más, para pagar sus satisfactores básicos.
El formulario pregunta cuánto dinero gasta uno en comida, vivienda, educación, servicios, transporte, salud, entretenimiento y todo lo que a diario requerimos para ir atravesando por la vida. El resultado es la suma de todas esas erogaciones, cifra que a su vez es planteada en términos de tiempo laboral mediante esta afirmación: si ganara el salario mínimo, usted necesitaría (xxxx) horas de trabajo para pagar lo que necesita.
Tras hacer la prueba, el resultado es escalofriante, lo que demuestra el pavoroso estado en el que se encuentra el salario mínimo mexicano y en general el deterioro del poder adquisitivo de cualquier trabajador.
Frente a esta realidad todo optimismo declaratorio, como el que se ha dado estos días debido a las reformas, jiede a cruel demagogia.

miércoles, junio 18, 2014

Nostalgia sobre el césped




















Hay obras literarias que no valen tanto por su ejecución cuanto por su idea. Me refiero a esos textos que apoyan su valor, principalmente, en el hecho de que se tornan únicos, irrepetibles. Pienso por ejemplo en Las vocales malditas, de Óscar de la Borbolla, serie de cuentos cuya metodología nadie puede reintentar sin verse señalado como poco (o nada) original. Un caso semejante es el planteado por “El futbol de antaño (un poema hermético)”, de Luis Miguel Aguilar (Chetumal, Quintana Roo, 1955). Publicado originalmente en la revista Nexos (mayo, 1994) y luego recogido en Nadie puede escribir un libro (Cal y arena, 1997) este extraño espécimen literario es uno de los juegos más maliciosos que uno pueda encontrar en la poesía mexicana, y se refiere a futbol, deporte que uno puede encontrar en cualquier sitio.
Es ya abundante la narrativa sobre futbol, sobre todo la formateada en molde cuentístico. Hay también muchos ensayos de diferentes disciplinas, libros enteros con vistazos críticos planteados desde el periodismo o la academia. Lo que no nos frecuenta es la poesía sobre futbol. Claro que existe, como el hermoso poema “Futbol”, de José Pedroni, que termina: A mí me gusta el bosque, la calle que no engaña, / la multitud, el fútbol… Todo es grato en la tierra”. O este otro, hermoso, de Antonio Deltoro: “Contra el hacer, contra la dictadura de la mano, yo canto / al pie emancipado por el balón y el césped, / al pie que se despierta de su servil letargo, / a la pierna artesana que vestida de gala va a la fiesta…”. Pero son pocos, o al menos no tantos como ocurre con los cuentos y las aproximaciones críticas.
“El futbol de antaño” es un poema breve. Alcanza apenas 41 versos endecasílabos en verso blanco (es decir, no rimados). Se trata de una larga enumeración de nombres propios encerrados en una especie de paréntesis abierto con esta invocación:

¿Dónde fueron los nombres, me pregunto,
Que hoy trivia son, y pasto de elegía?”.

Y concluidos con este remate:

Hoy vuelven bajo un sol(64) de epifanía(65)
Que es tiempo, y polvo(66), y juego de conjunto.

Dentro de esos cuatro versos ocurre la acumulación onomástica que comienza de esta forma:

Masopust, Kavasnak, Bosniak y Masek,
Smolarek, Sbóvoda(2), Uda Dukla(3),
Edú, Pepe, Coutinho, Lima (4), Manga(5)
Voronin(6), Bene(7), Spartak(8), Florian Albert(9),
Altafini(10), Botafogo(11), Chesternev(12),
Manquito Villalón(13), Pepín González(14),
Amaury Epaminondas(15), Florentino(16),
Ataúlfo Pablo Sánchez Matulic(17),
Cisneros y MacDonald(18), Mustafá(19)…

El lector, intrigado, se preguntará qué son los números adjuntos a los nombres. Son, dicho esto en el argot de la metodología académica, “llamadas”, o sea, los famosos numeritos volados que remiten a nota al pie de página o de final de capítulo. He aquí la jocosa malicia del poema; Luis Miguel Aguilar acumula los nombres, apodos y apellidos que conserva su nostalgia y “el poema” se va haciendo solo, enigmático por lo arbitrario y sorpresivo de cada jugador mencionado.
Pero Luis Miguel Aguilar sabe que un poema armado con tal recurso dejaría al lector casi en cero, así que tomó el camino posmoderno de anotarlo académicamente. Así, al nombre “Bene” le corresponde esta nota: “(7) Bene. Veloz extremo húngaro. Calvo el cabrón. Perforó a Manga en el Mundial de Inglaterra 1966”. O a Florentino: “(16) Florentino. Portero español del Toluca. Usaba unas rodilleras que parecían el escudo de Aquiles”.
El poema es pues breve, pero las notas nos alargan el placer de la nostalgia futbolera. Alguien afirmó que vemos partidos sólo para recordarlos. “El futbol de antaño”, poema inimitable de Luis Miguel Aguilar, confirma el aserto.