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miércoles, agosto 15, 2018

Con 100 pesos para comer











Hay dos caminos para comer muy mal: por exceso de recursos o por falta de. En el primer caso, cuando la plata sobra es posible que se incurra en desórdenes alimenticios vinculados sobre todo con la superabundancia de productos a merced de las mandíbulas. Es de alguna manera, a escala macro, lo que pasa en la obsesa sociedad norteamericana, precisamente obesa porque come mucho y mal, sin control. La segunda forma de comer mal es la cara B del fenómeno: muchas personas, familias enteras se alimentan mal, muy mal, porque no tienen recursos para procurarse comida adecuada, comen lo más barato y de baja calidad, y esto casi equivale a decir que comen lo que sea.
En México es más común, claro, la segunda vertiente: comer mal por falta de recursos. Si el salario mínimo mexicano para 2018 es de 88.36 pesos diarios, lo lógico es pensar que lo básico, comer, será cubierto precariamente. Dado que una familia de cuatro miembros no puede vivir con esa cantidad, es de suponer que se requiere mayor ingreso. Supongamos pues que el padre se dobletea de chamba (agarra “liebres”) o la mujer y los hijos salen también de casa en busca de dinero. Supongamos entonces que a diario pueden ingresar entre 150 y 200 pesos. Son casi dos salarios mínimos o poco más, así que en términos ideales eso debería alcanzar para cubrir la canasta básica.
Pero sigamos suponiendo. Si el pasaje del camión, en Torreón, cuesta 11 pesos por viaje, a los hipotéticos 200 pesos hay que restar 22, o 44 si son dos los usuarios. Quedan 182/156. Al ingreso hay que restar los servicios mensuales: gas, agua, electricidad, lo que, prorrateado durante el mes en cálculos muy conservadores, dejaría el ingreso diario en 100 pesos. Eso es lo que queda para comer, y al margen se colocan el vestido (resuelto con trapos de segunda), la salud (con servicio público si lo hay), el esparcimiento (con tele), la cultura (con nada).
Con 100 pesos al día es pues milagroso que coman cuatro. La carne de res molida, digamos, cuesta a 100 pesos el kilo, de manera que queda excluida en la dieta diaria. A lo mucho, se puede comprar cada tanto un cuarto de molida de baja calidad a 30 pesos, y debe ser preparada con muchas papas para que rinda. En la cantidad de dinero disponible cabe también un kilo de frijol (en promedio 20 pesos), un kilo de arroz (en promedio 20 pesos), un kilo o kilo y medio de tortillas (15 pesos el kilo), una Coca Cola de dos litros (25 pesos), un cuarto de chile serrano para la salsa (2.50 pesos). A esto hay que sumar otros insumos de compra más espaciada, como el aceite (25 pesos el litro más económico), los cubitos de consomé (12 pesos seis cubos), la sal (10 pesos un kilo).
Como podrá notarse, los 100 pesos disponibles para comer apenas ajustan para malcomer tres veces al día. En este caso debemos prescindir de carnes, lácteos, cereales, frutas y otras delicias suntuarias. Remarco aquí que los productos alcanzables con el presupuesto mencionado tienen que ser necesariamente los de más bajo precio y, por ello, de menor calidad. A diario, mucho frijol, mucho arroz, mucha tortilla, mucho chile, mucha Coca Cola y mucho aceite barato son las bases de una dieta que desafía al salario mínimo. Con 100 pesos es asombrosamente posible —a costa de una monotonía atroz y daños irreversibles a la salud— seguir en pie para conseguir los 100 pesos del día siguiente.

viernes, octubre 02, 2015

Novedad editorial: A-punta de frijoles




















“Decidí armar este recetario dadas las características del salario mínimo mexicano. Las 200 recetas que presento abren una espléndida oportunidad para que nuestras mujeres puedan cocinar con amplísima diversidad exactamente el mismo ingrediente base”, señala la autora en la presentación de A-punta de frijoles. En efecto, este recetario permite sobrellevar el implacablemente magro ingreso mexicano y diversificar la gastronomía casera en platillos como frijoles con chile, chile con frijoles, frijoles rellenos de chile, chiles rellenos de frijol, etcétera. Una obra imprescindible en los hogares mexicanos.

A-punta de frijoles, Chepina Prida, Blacket Ediciones, México, 2015, 223 pp.

“Llevo tres semanas preparando estas recetas y no me he aburrido, ¡es sorprendente!”. Esperanza Prieto, Cousine Magazine

miércoles, septiembre 23, 2015

70.10















Sigo sin entender por qué toleramos a estos ladrones y asesinos en el poder. Mientras contemplamos la fantasmagoría de gobierno que representan, el hombre “de pata en el suelo”, como diría Yupanqui, se debate ya no en la angustia por comprar unos zapatos nuevos o levantar otro cuarto en el patio para los niños que van creciendo, sino en lo elemental: en comer. El hijodeputismo que trasuda el nuevo salario mínimo sigue siendo la mejor muestra de que el país está roto, partido en dos: en un lado están ellos; en el otro, los trabajadores diariamente expoliados.
La Constitución dice lo que todos sabemos: “Los salarios mínimos generales deberán ser suficientes para satisfacer las necesidades normales de un jefe de familia, en el orden material, social y cultural y para proveer a la educación obligatoria de los hijos”. Con 70.10 pesos es imposible mantener no a una familia, sino a una persona, incluso si esa persona es el niño más austero del mundo. No es necesario hacer cuentas: es imposible convencer a alguien (a menos que ese alguien sea un cínico o un criminal) de que el salario mínimo alcanza siquiera para alimentar a una persona, de suerte que es vulgar y ofensivo argumentar desde el poder la viabilidad siquiera limitada e irrisoria del salario mínimo.
Ya sabemos que la Constitución dice una cosa y la realidad otra. Estamos en México, y en México lo más común es disociar la letra legal de los hechos cotidianos. La conclusión que saco de esto es, creo, la más simple y por ello la menos visible: nuestros gobernantes salen todos los días a convencernos de que están trabajando por los mexicanos, cierto; nosotros podríamos dudar y al final concederles el beneficio de esa duda. Pero lamentablemente no hay margen para la vacilación. Es imposible dudar de su ineptitud y su protervia en todos los sentidos. Si no han sido capaces de garantizar lo elemental, es decir, el abasto de comida suficiente y digna para una familia gracias al salario mínimo, ¿cómo van a garantizar otros derechos más complejos como la educación, la salud, la justicia y demás?
Los 70.10 pesos diarios de salario mínimo (4.10 dólares diarios) para el trabajador y sus dependientes son el agravio más grande que se le puede hacer a los mexicanos. Es un crimen que arrasa con todo mientras los cínicos que nos gobiernan todavía se atreven a hacer declaraciones.
El hambre no admite palabrerío. El hambre es un crimen.


miércoles, abril 22, 2015

Debacle sin responsables















¿A quién arropan los criminales en el poder? No precisamente a los niños, no a los ancianos, no a las mujeres y no, para acabar pronto, a los mexicanos ajenos a esa mafia. La calidad de vida digna en México, banderita electoral del grupúsculo enquistado en el gobierno, refulge por su desastrosa ausencia y a su paso deja como secuela millones de damnificados. Lo extraño es que nadie quiere hacerse responsable de las hordas de menesterosos que carga el país, como si la desgracia hubiera sido generada espontáneamente, sin apellidos visibles.
La disolución en ácido de la responsabilidad no alcanza a desaparecer, sin embargo, todas las pistas: hay responsables por más que se hagan los distraídos y por más que se escurran culpando a los anteriores, a los mafiosos de otro tiempo. Método fácil: EPN no es responsable de su mal gobierno porque las fallas que ha enfrentado son históricas, profundas, “estructurales”, provienen de errores cometidos en el pasado y para solucionarlas son necesarios, sobre todo, “cambios” y paciencia. La mejoría está indefectiblemente ligada al futuro, jamás es un asunto vinculado al aquí y al ahora.
Pensemos en cualquier rubro de la vida social y económica del país y eso encontraremos: sólo desastres sin responsables al alcance de la mano. Por ejemplo, los salarios, el ingreso mínimo para satisfacer todas las necesidades de un trabajador y su familia. Lo que hoy gana ese sujeto es uno de los más agrios insultos a la razón, y atenta de frente contra lo elemental, lo básico: el alimento. Si el ingreso mínimo en México no alcanza para que coma un solo ser humano, uno solo, ¿de dónde queremos que alcance también para vestido, vivienda, educación, esparcimiento, salud y todo lo demás? Es un disparate, un balazo de alto calibre en la cabeza de la lógica.
Los padres que padecen ese ingreso no lograrán que sus hijos crezcan en condiciones favorables. Hay allí una brutal clausura que deriva en taras y resentimientos colectivos, en frustraciones multitudinarias. Pero los padres trabajadores no sólo no pueden apisonar el camino de sus hijos, sino el de ellos mismos para la vejez a la que avanzan. Noticias recientes describen el panorama horrendo que ya amaga: sólo cuatro de cada diez viejos (o “adultos mayores”, según el eufemismo actual) tendrán una pensión así sea ridícula (alrededor del 20% de su salario), menor incluso que la de Haití. En esto, claro, tampoco hay ni habrá responsables a la vista.

sábado, agosto 23, 2014

Un ejercicio brutal












Mientras el vocero de la casta divina y rapaz se emPeña en declarar que las reformas traerán beneficios y etcétera, millones de mexicanos viven sumidos en la desesperación y la creatividad. Desesperación por la miseria a la que están condenados y creatividad por la destreza que se necesita para sobrevivir a la andanada de golpes bajos que a diario —con cualquier salida a la tienda o con cualquier llegada de recibos CFE-Simas-Telmex y demás— le propina la perruna realidad. Ahora, pues, que anda de moda hablar sobre salario mínimo nomás para dar la impresión de que es un tema preocupante, no está de más pensar en la capacidad real de compra que tiene hoy este salario cuando en teoría debe ser suficiente para cubrir las necesidades básicas de alimento, vestido, vivienda, educación, salud y esparcimiento del trabajador.
El salario mínimo, nadie lo ignora, es un trágico hazmerreír. Enunciar su monto provoca burlas inmediatas, dado que hasta el más servil de los lambiscones del poder entiende que con una cantidad de dos mil pesos mensuales sólo alcanza para barnizar el sufrimiento. La cifra es tan pequeña que en los hechos equivale a nada. Es, dicho en correcto mexicano, una mentada de madre, la forma menos sutil de borrar cualquier esperanza de bienestar —presente y futuro— para los trabajadores.
El deterioro provocado por gobiernos infalibles en su perversidad, y aquí incluyo, obvio, al actual, ha sido tan hondo que al mes se necesitan varios salarios de este monto para paliar apenas las necesidades básicas de cada familia. En otras palabras, cada trabajador sabe, con cálculos caseros, que si no le trepa otros salarios al salario mínimo, su vida se convertirá en un infierno que en sus llamas arrasará todo: el sustento, la salud, la educación, todo.
La revista Nexos tiene un ejercicio ilustrador. No podrán verlo en masa los obreros, los indígenas, los trabajadores del campo, pues está en internet y el internet es inaccesible para ellos. Sirve entonces, sobre todo, para que los clasemedieros nos demos una idea de la megamadriza que requeriría ponerse un trabajador con salario mínimo si desea alcanzar nuestros ingresos. El tanteo es planteado con esta introducción: “Más de 6 millones de mexicanos ganan el salario mínimo que, en la zona A, es de 67.29 pesos al día o de 2,019 pesos al mes. ¿Podrías vivir con el salario mínimo? Ingresa las cantidades mínimas que crees que necesitarías para cubrir las necesidades básicas ¿Tendrías que trabajar más horas?”. La pregunta final tiene sólo una respuesta: sí. Nadie que eche un vistazo al Nexos en línea quedará listo para ser feliz con los 2,019 pesos del salario mínimo que corresponde a la zona A, y a fuerza deberá trabajar más, mucho más, para pagar sus satisfactores básicos.
El formulario pregunta cuánto dinero gasta uno en comida, vivienda, educación, servicios, transporte, salud, entretenimiento y todo lo que a diario requerimos para ir atravesando por la vida. El resultado es la suma de todas esas erogaciones, cifra que a su vez es planteada en términos de tiempo laboral mediante esta afirmación: si ganara el salario mínimo, usted necesitaría (xxxx) horas de trabajo para pagar lo que necesita.
Tras hacer la prueba, el resultado es escalofriante, lo que demuestra el pavoroso estado en el que se encuentra el salario mínimo mexicano y en general el deterioro del poder adquisitivo de cualquier trabajador.
Frente a esta realidad todo optimismo declaratorio, como el que se ha dado estos días debido a las reformas, jiede a cruel demagogia.