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sábado, febrero 13, 2021

Acequias 83












El martes 16 de febrero a las 6 de la tarde en su cuenta de Facebook la Universidad Iberoamericana Torreón presentará el libro Luces en el polvo. Influencia del Club Fotográfico de La Laguna en el trabajo de José de Jesús Gil Alonso (1961-1987), investigación realizada por Alfredo Máynez Gil. Los comentarios estarán a cargo de Laura Orellana Trinidad, el autor y quien esto firma. Precisamente el prólogo íntegro de este libro, escrito por la doctora Orellana, y una entrevista a Alfredo Máynez sobre su primera experiencia como autor, son los cimientos del número 83 de Acequias, revista de la Ibero Torreón disponible gratuitamente en la web de esta universidad. En su editorial del número publicado en diciembre pasado, se consigna su contenido de la siguiente forma:

Este 2020 ha sido, sin exagerar, el año más raro en la historia de la humanidad. Nunca como ahora, doce meses se han ido de forma tan peculiar, con una buena parte de la población mundial resguardada en sus hogares para alejar en lo posible el contagio de Covid 19. Muchos, pese al confinamiento y las medidas sanitarias dispuestas por la autoridad, hemos visto la lamentable pérdida de parientes y amigos cercanos, y hemos sabido que en todas partes los gobiernos han combatido, con mayor o menor éxito, al agente microscópico que provocó la pandemia. Amaneceremos al 2021, lamentablemente, con la zozobra de no saber cuándo terminará esta extraña forma de vivir. Mientras no haya certeza, vale más atender las medidas propuestas por las autoridades y no dejarse llevar por la desesperación, que suele ser mala consejera.

En medio de tal panorama, este número de Acequias abre con un acercamiento de la doctora Laura Orellana al trabajo del maestro Alfredo Máynez sobre la labor fotográfica de José de Jesús Gil Alonso. Lo sigue una entrevista al autor de Luces en el polvo donde, entre otras afirmaciones, describe el valor de la historiografía como herramienta para reconstruir el pasado no sólo de los próceres o de los hitos militares o políticos, sino también de mujeres y de hombres que en su vida cotidiana edificaron realidades dignas de ser investigadas y contadas.

Una larga entrevista del escritor Gerardo Segura al editor Édgar Valencia nos muestra el origen remoto de una vocación por la lectura y los libros. Luego, Iñaki Leal, exalumno de la Ibero hoy radicado en Nueva Orleans, comenta a tranco amplio la trayectoria literaria de Ricardo Piglia. Viene después un ensayo sobre La Laguna a principios del siglo XX escrito por el exalumno de la Ibero Torreón Gerardo Alfredo Martínez Macías, y en seguida otro del escritor lagunero Jesús Nares Jaramillo sobre la obra poética de Fernando del Paso. A propósito del décimo aniversario luctuoso de Francisco José Amparán se ofrece sobre él un apunte biográfico.

Cierran esta edición 83 de Acequias un cuento de Saúl Rosales, quien en 2020 cumplió 80 años; un fragmento del libro Magdalena Mondragón: su vida y su obra en México, de Blanca Galván, y tres poemas de Miguel Ángel Centeno, miembro del taller literario del Teatro Isauro Martínez.

Sin más, deseamos que el 2021 sea infinitamente mejor.

domingo, abril 26, 2009

México a través del Canaca



Considero que Alfredo Máynez y Renata Chapa son profesionistas con gran intuición antropológica. Sin ánimo de apantallar aunque suene apantallador, entiendo eso como la capacidad para interpretar un comportamiento humano a la luz del contexto cultural que lo produjo. Traté con los dos, sin acuerdo, un mismo tema, y coincidieron en el valor sintético de las declaraciones del Canaca luego de que lo detiene la policía y lo entrevistan para un noticiero amarillista. Espontáneo, el hoy celebérrimo Canaca dio una lección de mexicanidad, es decir, involuntariamente nos mostró por qué estamos como estamos, como si su reacción fuera un mosaico en el que, desde unas pocas torpes y alcoholizadas palabras, se fundieran algunos importantes rasgos del mexicano estándar: prepotencia, influyentismo, soberbia, ingenuidad, ignorancia, cantinflismo, evasión de la realidad. Todo México parecer estar allí, condensado en ese minuto y doce segundos de cultura nacional.
Como sabemos, el video muestra a Guillermo López Langarica, alias el Canaca, recién detenido por la chota tapatía. Con su playerita del Atlas y su bigote zapatista, se nota que trae muy buena cantidad de tragos en el alma. El reportero, que como ocurre en ese tipo de programas llega con una actitud marcadamente moralista, lo cuestiona sobre el alcohol y le advierte que puede provocar un accidente. Eso era todo. Bastaba un “sí, es cierto”, de parte del entrevistado, pero como excelente y espontáneo discípulo de Mario Moreno se revuelve en una serie de respuestas que va lo ridículo a lo ridículo sin hacer escala nunca en lo sublime. Lo he escuchado varias veces, y es cierto que hay en él, como digo, una radiografía de país. Pero mejor traigo aquel diálogo:
Reportero. Señor, ¿así venía conduciendo?
Canaca: ¡Claro!
R. Está usted tomado, ebrio.
C. ¿Y qué, no he chocado?
R. Pero puede chocar…
C. ¿Y mis 50 mil peso qué? Traía cien billetes de a 500, ¿on tan?
R. ¿A qué se dedica usted, qué hace?
C. Soy comerciante, soy de Promotora Mexicana Gaytán, calle 6630 6713333, soy hijo del papá…
R. ¿De quién?
C. O sea, soy hijo del dueño, de Miguel Ángel Gaytán Uribe, presidente de la Canaca.
R. ¿Qué es eso?
C. De la… ¡Canaca!… Centrales de Abastos de la República Mexicana…
R. Pero usted puede matar a una persona así como anda, se puede matar usted…
C. Ire (indica al camarógrafo que haga tomas), y a mí esto qué (se levanta un poco el pantalón y muestra su tobillo derecho), ¿eh? Ire (luego muestra su muñeca derecha), ahí véale, apúntele bien, ¡me amarraron como puerco! Ire, pero la otra vez… ¿y mis 50 mil pesos qué? Ire, ire, ¡apúntale pa’llá! (indica al camarógrafo que ahora haga tomas del coche).
Es, como podrá notarse, una lección de vida. ¿Dónde aprendimos a manejar así la realidad, a torear los hechos, a escurrirnos por tangentes con tan cómica maestría? Vayamos por secciones. La primera pregunta fue respondida con seguridad, como para dejar ver que lo que sobra es aplomo en momentos de crisis:
Reportero. Señor, ¿así venía conduciendo?
Canaca: ¡Claro!
La segunda respuesta se escuda en una falacia: todavía no hay consecuencias ante las conductas graves, por tanto la conducta grave no lo es:
R. Está usted tomado, ebrio.
C. ¿Y qué, no he chocado?
El reportero le hace ver que las probabilidades de que se dé un choque aumentan en relación con el consumo de alcohol. El Canaca ya no tiene respuesta por esa ruta, así que agarra otra. En apariencia sólo desvía la plática, pero no: en la respuesta está implícito que culpa de robo a quienes lo culpan de conducir borracho:
R. Pero puede chocar…
C. ¿Y mis 50 mil peso qué? Traía cien billetes de a 500, ¿on tan?
Más allá de los disparates, la tercera respuesta le permite lucir la heráldica, pues todos en México tenemos siempre un pariente o un compadre que nos arropa ante los problemas:
R. ¿A qué se dedica usted, qué hace?
C. Soy comerciante, soy de Promotora Mexicana Gaytán, calle 6630 6713333, soy hijo del papá…
Al responder la cuarta luce sus mejores armas: su padre (real o supuesto) es un ser poderoso, un papá de los pollitos:
R. ¿De quién?
C. O sea, soy hijo del dueño, de Miguel Ángel Gaytán Uribe, presidente de la Canaca.
Casi en el cierre, se pierde en su maraña de mentiras, pero cree que sale airoso al explicar la sigla del emporio comandado por padre:
R. ¿Qué es eso?
C. De la… ¡Canaca!… Centrales de Abastos de la República Mexicana…
Al final muestra las huellas de los abusos policiales y aspira a terminar como víctima, llevando su alegato al terreno que mejor le cuadra: los otros, siempre los otros, son los que la riegan, no uno:
R. Pero usted puede matar a una persona así como anda, se puede matar usted…
C. Ire (indica al camarógrafo que haga tomas), y a mí esto qué, ¿eh? Ire, ahí véale, apúntele bien, ¡me amarraron como puerco! Ire, pero la otra vez… ¿y mis 50 mil pesos qué? Ire, ire, ¡apúntale pa’llá!
México es un país que ante la evidencia de sus errores tiende una telaraña de palabras; en ella se pierde, se enreda la verdad. El Canaca nos ha resumido en poco más de un minuto. Sin saberlo, fue un genio de la síntesis.