miércoles, agosto 30, 2017
Arte de orejear
sábado, agosto 26, 2017
Libro de Madera
miércoles, agosto 23, 2017
Leer para atrás
sábado, agosto 19, 2017
Puñaladas de muerte
miércoles, agosto 16, 2017
Como las ratas
sábado, agosto 12, 2017
Tribus en Whatsapp
El Progreso de México. Es el que a veces es mencionado, pero de hecho no existe.
viernes, agosto 11, 2017
Anglicismos en tiempo real
En las clases de literatura cada vez más
lejanas no faltaba que algunos alumnos —o “el alumnado”, como ahora se dice en
la modalidad incluyente— me preguntaran
sobre el uso correcto de las palabras en inglés que se incorporan al habla y la
escritura en nuestra lengua. Es, les respondía, un tema complejo por más que
queremos simplificarlo, pero de entrada mi insistencia estaba puesta, y sigue
estando, en no encender alarmas como si las palabras foráneas fueran conatos de
incendio.
La explicación partía de este punto: la llegada
de palabras nuevas ha sido una constante en nuestra lengua, y de hecho el
origen y desarrollo del español no se pueden explicar al margen de tales
inevitables empréstitos. El español es la suma lenta del griego, el latín, las
lenguas prerrománicas, el germánico, el árabe, el francés, el italiano, el
inglés, todas las lenguas aborígenes americanas y hoy del japonés, más algunas
otras como el checo o el esquimal que nos han dejado dos o tres palabras cada
una. ¿De qué alarmarse pues tras la llegada al parecer torrencial de
anglicismos? Los fuereñismos son parte inevitable del código que usamos, y el
español ha demostrado que más allá de las estridencias alarmistas y la negación
de muchos, ha resistido sin despeinarse los embates de cualquier “intruso”, y
lo ha hecho ora adoptándolos tal como llegaron (whisky), ora adaptándolos al
castellano (escáner), ora confinándolos en el olvido luego de breves periodos
de vida útil.
Muy en general, sin que esto se convierta en
una regla pues es difícil discernir qué es aceptado y qué no, así como qué
perdurará y qué no, la política personal que me he dado (sin desgarramiento de
vestiduras ni ánimo de imposición a nadie) para usar anglicismos es la de su
utilidad, dado que no los usaría para obtener prestigio social ni para ser
aceptado en un grupo. Si tengo a la mano una palabra o expresión ya asentadas
en español, las uso; de este modo, no digo “bye” y prefiero “adiós”, “hasta
luego”, “hasta pronto”, “ahi (sin tilde) nos vidrios”, “fuga”, “pata”, o no
digo “ok” sino “sí”, “está bien”, “adelante”, “perfecto”, “chido” (con
movimiento afirmativo de cabeza), “papas” (ídem). No pasa lo mismo con palabras
que nos han llegado del inglés y se han asentado en español con un matiz
preciso. Así, no diría que “mitin” es sinónimo de “reunión”, pues “mitin” no
ha sido aclimatada a nuestra lengua como simple reunión, sino como “reunión
de carácter político generalmente celebrada en un espacio público y con gran
concentración de gente”. Todo esto cabe, apretado, en la humilde palabra “mitin”.
No es pues fácil deshechar un anglicismo así
como así, sólo por haber llegado de fuera. Lo es, sí, cuando es notoriamente
ineficaz y sólo exhibe pedantería, pero aún en estos casos es una marca que está más allá del mero significado de las palabras. Si alguien dice, por ejemplo,
“Dejé un libro sobre la table” es evidente que se trata de una sofisticación
fallida o quizá sólo lúdica, pues en un contexto más o menos formal nada
justifica el uso del equivalente inglés de “mesa”. Ahora bien, admitimos
“teibolera” y no traducimos “mesera” porque sabemos de antemano que “table
dance” es una expresión que fue despectivamente castellanizada entre los
mexicanos como “téibol”, de allí que quien desempeña esa actividad sea una
“teibolera”, palabra que supone rasgos semánticos no implícitos en “bailarina”,
“danzante”, “vedette”, “desnudista” y demás.
Ya estoy algo lejos del habla juvenil, no tengo
contacto con ella como no tengo contacto con los jóvenes en sus contextos
privados (convivir en un antro, participar en sus fiestas o salones de clase),
así que la resonancia empírica de su habla me llega muy de rebote,
principalmente por medio de mis tres hijas, que al conversar conmigo dejan
salir las palabras y expresiones habituales del diálogo con sus coetáneos. No
tengo idea de lo recurrente que es cada palabra en el intercambio de sus
charlas ni tampoco cuáles van a sobrevivir al paso de los años. Intuyo que casi
todas designan algo que no alcanzan a designar completamente en español a menos
que lo haga con una descripción tan larga como la que recién hice al mencionar
la zona oculta del iceberg en la
palabra “mitin”. Son usadas por prestigio social, por identificación
generacional, como contraseña para lograr aceptación, por rapidez o simplemente
por asimilación inconsciente de una cultura hegemónica. En cualquier caso,
habitan el habla y algunas terminarán enriqueciendo el español como en su
tiempo lo hicieron varias palabras del francés y el italiano, ya no digo del
árabe que había enriquecido al español incluso antes de que naciera el español.
Van entonces sólo veinte anglicismos que andan
hoy en boca de los jóvenes (y no tan jóvenes), palabras cuyo porvenir no
conocemos. Las definiciones son por fuerza aproximadas y temo que vagas, y los
ejemplos igual, no sé si acertados.
Cool. Agradable, buena onda. “Fuimos a comer en un
restaurante italiano muy cool”.
Cringe. Pena, bochorno ante una persona o situación
embarazosa o ridícula. “Cantó en la fiesta y sentí cringe”.
Crossfit. Modalidad de acondicionamiento físico variado
y exigente. “En el crossfit movemos
grandes neumáticos”.
Crush. Amor imposible o inalcanzable. “Miguel es el crush de mi prima”.
Fake. Falso, de mala calidad, pirata, no genuino u
original, muy frecuentemente relacionado con las noticias inventadas. “Su reloj
era fake, no un Rolex”.
Fucking. Maldito, despreciable, jodido. “Mañana tengo
que ir al fucking trabajo”.
Full. Lleno, atestado. “El concierto estaba full”.
Grinch. Aguafiestas navideño. “Jamás celebra con
nosotros en Noche Buena, es un grinch”.
Gym. Gimnasio, espacio cerrado para ejercitarse
con pesas y otros adminículos. “Todos los días va al gym”.
Hater. Persona que manda mensajes negativos,
ofensivos, hirientes y constantes sobre todo en las redes sociales. “Tuve que
bloquear a Pedro por su actitud de hater”.
Havy. Pesado, duro, en sentido no físico. “La raza
de ese barrio es bastante havy”.
Milf. Siglas en inglés que en español significan
aproximadamente “Mamá cogible” (Mother
I'd Like to Fuck). Mujer madura todavía atractiva a juicio de un joven. “Pepe
anda saliendo con una milf”.
Outfit. Atuendo, vestimenta, conjunto de prendas
elegidas para una ocasión. “Llevaré mi mejor outfit a la graduación”.
Random. Aleatorio, sujeto al azar, imprevisto. “A la
fiesta llegó mucha gente random”.
Roomie. Compañera o compañero de habitación más o
menos permanente. “En Guadalajara renté un departamento con un roomie”.
Spoiler. Anticipación imprudente del final o de alguna
parte importante de la trama de una película o serie. “Nos comentó que fue al
estreno y soltó un spoiler”.
Stalker. Husmeador de la vida ajena en los espacios
digitales. “Mi hermano anda de stalker
de su exnovia”.
Sugar.
Hombre mayor de edad que establece una relación hipotéticamente sexual con una
mujer de notoria menor edad, esto con la implicación de auspicio económico. Por
el contexto, se omite la palabra daddy (sugar daddy). “Una de mis amigas trae
un sugar”.
Trailer. Resumen publicitario de una película o serie.
“Vi el trailer y no me perderé esa
película”.
Vintage. Objeto original de estilo anterior y no sólo útil, sino valioso por el tiempo que ha acumulado. “En la cafetería colocaron unas lámparas vintage”.
miércoles, agosto 09, 2017
Noventa años de David Lagmanovich
La foto que acompaña este post se la tomé a David en la plaza principal de Tucumán hacia mediados de 2007.
Un aviario en La Laguna

Cuando comencé mi trayectoria de padre de familia busqué en La Laguna lugares adecuados para pasear a mis pequeñas. Como tantos, básicamente hallé lo mismo: la alameda y sus jueguitos, el bosque y su tobogán, los cines, la plaza principal de Lerdo, nuestros museos, no mucho. La asignatura del zoológico o algo parecido no podía contarse entre las posibilidades locales, así que alguna vez la encontré fuera: en León, Guanajuato, y en El Paso, Texas. Inconcebible, pues, era la idea de tener algo parecido en la región.
Nota. Son mías las fotos que acompañan este post.
sábado, agosto 05, 2017
Lagunero de pe a pa
Imposible imaginarme de otro lugar que no sea La Laguna. Acá nací, en Gómez Palacio, hacia el 64, y para estos meses pero de 1977, hace justo cuatro décadas, cambié de radicación. Mi familia —padre, madre y siete hermanos, uno recién nacido— pasamos de la calle Madero gomezpalatina, por el rumbo de la fábrica El Venado, a la colonia Nogales aledaña al seminario de Torreón. La mudanza no significó un cambio de escuela para mí, pues con todo y la distancia duplicada o triplicada seguí yendo a la secundaria federal Ricardo Flores Magón de Ciudad Lerdo. Para llegar todos los días hasta allá me levantaba a las cinco, me arreglaba y a las seis tomaba el primer bus que me dejaba en el mercado Juárez. Ya allí tomaba otro que salía de Torreón, atravesaba todo el bulevar Miguel Alemán de Gomez Palacio, entraba a Lerdo y me depositaba a las puertas de la escuela exactamente a las siete luego de un trayecto de una hora, siempre a oscuras. No parece heroico, pero en retrospectiva lo veo más o menos así porque eso hice a los trece años, sin saber que poco después, cuando la realidad se tornó muy peligrosa, no iba a ser lógico que un adolescente emprendiera solo semejantes travesías.











