viernes, agosto 11, 2017

Anglicismos en tiempo real

 









En las clases de literatura cada vez más lejanas no faltaba que algunos alumnos —o “el alumnado”, como ahora se dice en la modalidad incluyente—  me preguntaran sobre el uso correcto de las palabras en inglés que se incorporan al habla y la escritura en nuestra lengua. Es, les respondía, un tema complejo por más que queremos simplificarlo, pero de entrada mi insistencia estaba puesta, y sigue estando, en no encender alarmas como si las palabras foráneas fueran conatos de incendio.

La explicación partía de este punto: la llegada de palabras nuevas ha sido una constante en nuestra lengua, y de hecho el origen y desarrollo del español no se pueden explicar al margen de tales inevitables empréstitos. El español es la suma lenta del griego, el latín, las lenguas prerrománicas, el germánico, el árabe, el francés, el italiano, el inglés, todas las lenguas aborígenes americanas y hoy del japonés, más algunas otras como el checo o el esquimal que nos han dejado dos o tres palabras cada una. ¿De qué alarmarse pues tras la llegada al parecer torrencial de anglicismos? Los fuereñismos son parte inevitable del código que usamos, y el español ha demostrado que más allá de las estridencias alarmistas y la negación de muchos, ha resistido sin despeinarse los embates de cualquier “intruso”, y lo ha hecho ora adoptándolos tal como llegaron (whisky), ora adaptándolos al castellano (escáner), ora confinándolos en el olvido luego de breves periodos de vida útil.

Muy en general, sin que esto se convierta en una regla pues es difícil discernir qué es aceptado y qué no, así como qué perdurará y qué no, la política personal que me he dado (sin desgarramiento de vestiduras ni ánimo de imposición a nadie) para usar anglicismos es la de su utilidad, dado que no los usaría para obtener prestigio social ni para ser aceptado en un grupo. Si tengo a la mano una palabra o expresión ya asentadas en español, las uso; de este modo, no digo “bye” y prefiero “adiós”, “hasta luego”, “hasta pronto”, “ahi (sin tilde) nos vidrios”, “fuga”, “pata”, o no digo “ok” sino “sí”, “está bien”, “adelante”, “perfecto”, “chido” (con movimiento afirmativo de cabeza), “papas” (ídem). No pasa lo mismo con palabras que nos han llegado del inglés y se han asentado en español con un matiz preciso. Así, no diría que “mitin” es sinónimo de “reunión”, pues “mitin” no ha sido aclimatada a nuestra lengua como simple reunión, sino como “reunión de carácter político generalmente celebrada en un espacio público y con gran concentración de gente”. Todo esto cabe, apretado, en la humilde palabra “mitin”.

No es pues fácil deshechar un anglicismo así como así, sólo por haber llegado de fuera. Lo es, sí, cuando es notoriamente ineficaz y sólo exhibe pedantería, pero aún en estos casos es una marca que está más allá del mero significado de las palabras. Si alguien dice, por ejemplo, “Dejé un libro sobre la table” es evidente que se trata de una sofisticación fallida o quizá sólo lúdica, pues en un contexto más o menos formal nada justifica el uso del equivalente inglés de “mesa”. Ahora bien, admitimos “teibolera” y no traducimos “mesera” porque sabemos de antemano que “table dance” es una expresión que fue despectivamente castellanizada entre los mexicanos como “téibol”, de allí que quien desempeña esa actividad sea una “teibolera”, palabra que supone rasgos semánticos no implícitos en “bailarina”, “danzante”, “vedette”, “desnudista” y demás.

Ya estoy algo lejos del habla juvenil, no tengo contacto con ella como no tengo contacto con los jóvenes en sus contextos privados (convivir en un antro, participar en sus fiestas o salones de clase), así que la resonancia empírica de su habla me llega muy de rebote, principalmente por medio de mis tres hijas, que al conversar conmigo dejan salir las palabras y expresiones habituales del diálogo con sus coetáneos. No tengo idea de lo recurrente que es cada palabra en el intercambio de sus charlas ni tampoco cuáles van a sobrevivir al paso de los años. Intuyo que casi todas designan algo que no alcanzan a designar completamente en español a menos que lo haga con una descripción tan larga como la que recién hice al mencionar la zona oculta del iceberg en la palabra “mitin”. Son usadas por prestigio social, por identificación generacional, como contraseña para lograr aceptación, por rapidez o simplemente por asimilación inconsciente de una cultura hegemónica. En cualquier caso, habitan el habla y algunas terminarán enriqueciendo el español como en su tiempo lo hicieron varias palabras del francés y el italiano, ya no digo del árabe que había enriquecido al español incluso antes de que naciera el español.

Van entonces sólo veinte anglicismos que andan hoy en boca de los jóvenes (y no tan jóvenes), palabras cuyo porvenir no conocemos. Las definiciones son por fuerza aproximadas y temo que vagas, y los ejemplos igual, no sé si acertados.

Cool. Agradable, buena onda. “Fuimos a comer en un restaurante italiano muy cool”.

Cringe. Pena, bochorno ante una persona o situación embarazosa o ridícula. “Cantó en la fiesta y sentí cringe”.

Crossfit. Modalidad de acondicionamiento físico variado y exigente. “En el crossfit movemos grandes neumáticos”.

Crush. Amor imposible o inalcanzable. “Miguel es el crush de mi prima”.

Fake. Falso, de mala calidad, pirata, no genuino u original, muy frecuentemente relacionado con las noticias inventadas. “Su reloj era fake, no un Rolex”.

Fucking. Maldito, despreciable, jodido. “Mañana tengo que ir al fucking trabajo”.

Full. Lleno, atestado. “El concierto estaba full”.

Grinch. Aguafiestas navideño. “Jamás celebra con nosotros en Noche Buena, es un grinch”.

Gym. Gimnasio, espacio cerrado para ejercitarse con pesas y otros adminículos. “Todos los días va al gym”.

Hater. Persona que manda mensajes negativos, ofensivos, hirientes y constantes sobre todo en las redes sociales. “Tuve que bloquear a Pedro por su actitud de hater”.

Havy. Pesado, duro, en sentido no físico. “La raza de ese barrio es bastante havy”.

Milf. Siglas en inglés que en español significan aproximadamente “Mamá cogible” (Mother I'd Like to Fuck). Mujer madura todavía atractiva a juicio de un joven. “Pepe anda saliendo con una milf”.

Outfit. Atuendo, vestimenta, conjunto de prendas elegidas para una ocasión. “Llevaré mi mejor outfit a la graduación”.

Random. Aleatorio, sujeto al azar, imprevisto. “A la fiesta llegó mucha gente random”.

Roomie. Compañera o compañero de habitación más o menos permanente. “En Guadalajara renté un departamento con un roomie”.

Spoiler. Anticipación imprudente del final o de alguna parte importante de la trama de una película o serie. “Nos comentó que fue al estreno y soltó un spoiler”.

Stalker. Husmeador de la vida ajena en los espacios digitales. “Mi hermano anda de stalker de su exnovia”.

Sugar. Hombre mayor de edad que establece una relación hipotéticamente sexual con una mujer de notoria menor edad, esto con la implicación de auspicio económico. Por el contexto, se omite la palabra daddy (sugar daddy). “Una de mis amigas trae un sugar”.

Trailer. Resumen publicitario de una película o serie. “Vi el trailer y no me perderé esa película”.

Vintage. Objeto original de estilo anterior y no sólo útil, sino valioso por el tiempo que ha acumulado. “En la cafetería colocaron unas lámparas vintage”.