miércoles, enero 21, 2009

Inmensidad de Poe



La obamanía impidió a los mismísimos norteamericanos que subrayan las efemérides recordar y celebrar, como era menester, el bicentenario del nacimiento del, quizá y sin quizá, más influyente escritor norteamericano de toda la historia: Edgar Allan Poe (19 de enero de 1809). Por encima de Whitman, Twain, Faulkner, Updike y de todos los que queramos añadir, Poe fue artífice de una obra que se convirtió en detonante de un modo distinto de asumir, principalmente, el arte de narrar. Además, lo hizo casi a ciegas, armado sólo con su genio innato y antes de llegar a los cuarenta años, que por cierto fue toda la edad que pudo vivir, pues murió en 1849. Hoy, a doscientos años de su nacimiento en Boston, la sombra de Poe cae sobre un montón de productos artísticos generados por la sociedad occidental.
En efecto, el sello de Poe está presente, para empezar, en gran parte de la literatura de terror escrita desde mediados del siglo XIX a la fecha. Igualmente, su impronta es innegable en toda la literatura policial, en buena parte de la literatura psicologista, en la poesía maldita y, de paso, en mucho del cine que se ha filmado con sello de terror, thriller y detectivesco. El universo de Poe es tan poderoso que hasta un equipo de futbol profesional, los Cuervos de Baltimore, lo homenajea, eso por el ave del famoso poema y la ciudad donde fue compuesto y donde al fin murió su autor.
De esos aportes donde más, creo, podemos destacar a Poe es en el de la literatura policial. El bostoniano no sólo introdujo el tema por primera vez, sino que, de un golpazo de dados, postuló las reglas básicas del género. A los 32 años, sin saber bien a bien qué diabluras hacía su talento, Poe publicó "The Murders in the Rue Morgue" (traducido de muchas formas; una de ellas, “Los crímenes de la calle Morgue”), considerado unánimemente como el primer relato policial propiamente dicho. Allí, en ese puñado de páginas se aloja lo que luego sería trabajado por infinidad de escritores: un asesinato misterioso, una serie de pistas, un investigador sumamente astuto, una carga ansiosa de suspenso y un final tan lógico como sorpresivo. Lo demás es historia, una cauda sin fin de artistas que le adeudan el patrón a Poe: Wilkie Collins, Raymond Chandler, Conan Doyle, Agatha Christie, Georges Simenon, Jorge Luis Borges, Rodolfo Walsh, Manuel Vázquez Montalbán, Paco Ignacio Taibo II y muchos otros creadores de la literatura y el cine, hombres y mujeres que han hallado en la veta de Poe un desafío de escritura que deviene desafío de lectura.
Para explicar mejor el plus de Poe digamos que antes de que aparecieran sus propuestas narrativas los relatos avanzaban regidos por una suerte de impulso “natural”. El escritor no reparaba demasiado en el “efecto” de su obra, en los hilos que moverían al lector hacia tal o cual rumbo. De ahí los novelistas decimonónicos, hombres que inundaban al lector con verdaderos ríos de palabras. Poe, al plantear lo policial como tema, concentra su atención en los detalles: diseña una armazón, elige las pistas que el investigador verá junto al lector, esconde o insinúa ciertos detalles, crea una atmósfera de suspenso, habilita la hermosa y fría lógica en la sordidez del crimen, reflexiona incluso en la extensión de la historia, pues su propósito no es escribir sin ton ni son, sino calculadamente, con el objetivo de accionar ciertas palancas en la imaginación de los lectores. Eso y más, creado por Poe, sobrevive y, para acabar pronto, ha provocado que Hollywood gane millones de dólares y el mundo goce con la resolución inteligente de enigmas delictivos.
Cierro con unas palabras de Borges: “Poe se creía poeta, sólo poeta, pero las circunstancias lo llevaron a escribir cuentos, y esos cuentos a cuya escritura se resignó y que debió encarar como tareas ocasionales, son su inmortalidad”.

domingo, enero 18, 2009

Fervor de “Guitarra negra”



Busqué ayer el eco periodístico mundial sobre el vigésimo aniversario luctuoso de Alfredo Zitarrosa. El mejor camino para hacer ese sondeo es, hoy, el Google, y grande fue mi sorpresa al ver que los resultados referían casi exclusivamente a medios uruguayos y argentinos. Salvo uno, el primero en la lista arrojada por el más poderoso buscador de la web: mi texto de ayer ocupó el sitio inicial en la búsqueda mundial de “Zitarrosa” por el lado del Google (lo guardé, para conservarlo en mi egoteca internética). Eso sí me enorgullece, pues le debía al cantor uruguayo un texto de agradecimiento y lo hice a tiempo, tanto que coincidió con las magníficas notas que le dedicaron, por ejemplo, en Clarín y Página 12, ambos de Buenos Aires.
Dije ayer que todo o casi todo Zitarrosa es memorable. El respeto que cosechó y que sobrevive no se basa sólo en el prestigio que esculpe en mármol la nostalgia, sino en la poderosa vigencia de sus composiciones y en la prestancia de una voz que hizo todavía más grandes los versos que enunció. De todo, dije y remarco, “Guitarra negra” (1977) es y será lo mejor, y conste que es difícil destacar de Zitarrosa algo que visiblemente brille sobre lo demás, dado que su producción es de muy pareja excelente calidad. Pero “Guitarra negra” está más allá, lejos de tantas obras suyas y ajenas, en un punto indeterminado de la belleza y el compromiso musical, poético y humano. En estricto sentido no es una canción, sino un poema en prosa recitado con leve acompañamiento de bolero raveliano. Su fuerza está en la música de las palabras, en el acento convencido que trasmiten desde su mismo arranque: “Cómo haré para tomarte en mis adentros, guitarra... Cómo haré para que sientas mi torpe amor, mis ganas de sonarte entera y mía. Cómo se toca tu carne de aire, tu oloroso tacto, tu corazón sin hambre, tu silencio en el puente, tu cuerda quinta, tu bordón macho y oscuro, tus parientes cantores, tus tres almas, conversadoras como niñas... Cómo se puede amarte sin dolor, sin apuro, sin testigos, sin manos que te ofendan... Cómo traspasarte mis hombres y mujeres bien queridos, guitarra; mis amores ajenos, mi certeza de amarte como pocos...”.
Dividida en partes irregulares, los “motivos” van variando hasta completar un cuadro general y al mismo tiempo íntimo, la realidad de afuera y de adentro sometida al escrutinio del cantor: “Ahí se va alzando, como un pesado pingajo, atrapada por la pata por un gancho que le salta arriba, que la alza por un ojal abierto en el garrón de un cuchillazo en plena estupidez sentimental, en plena media tonelada de monstruoso dolor, incomprensible, absurdo, balando, plañidera y tonta, como un escarabajo que no piensa, mientras medita lentamente por qué duele tanto y por qué duele qué parte de quien que es ella misma, la res, abierta al descuartizamiento atroz por todas partes, que nunca habían dolido y que eran tantas partes, tan extensas. Y que pastando nunca había dolido... Haciendo leche, esperma, músculos, crin y cuero y cornamenta viva que eran la vida misma manando hacia sus adentros, vibrando tiernamente como un sol cálido hacia sus adentros... Y nunca habían dolido... Ya está colgada... Las patas delanteras se enderezan, se endurecen y avanzan hacia adelante y hacia arriba, implorantes y fatalmente rígidas, rematadas en cortas pezuñas que hace un instante amasaban el barro del corral, el estiércol de otros cien balidos, dinosaurios del siglo de las máquinas, nacidos para morir de un marronazo... Ahora ya es carne azul colgada en la heladera: ‘Uruguay for export’... Aquella res, que murió de un marronazo, cayó y tembló todo el frigorífico... Aquella otra res que recibió el marronazo en plena frente, de dos dedos de espesor, mientras entraba al tubo desconfiando porque allí no había pasto, alcanzó a comprender que había otra res delante, balando, que ya se la llevaba el gancho... Y cayó detrás también, y el cemento tembló bajo esos huesos... Aquella otra res, que esquivó el marronazo y que cayó también, con un ojo reventado y una guampa partida, deshecha, también cayó y tembló la tierra, tembló el marrón, tembló el marronero; la res murió temblando de dolor y de miedo... De un marronazo en plena frente, ‘for export’ del Uruguay...”
El poeta, horrorizado ante el espectáculo gris y mortal de la ciudad, observa: “La mariposa viene hacia mí en la calle, en el aire húmedo, por el aire húmedo bailando, por el aire agobiante, ominoso, bailando en el aire caliente... Y yo vi que no era a mí a quien buscaba, sino a la muerte... Y que no buscaba la muerte también vi, porque no era mariposa de la ciudad de hierro, ni nacida para eso... Sino que era mariposa nada más, en la ciudad, presa y ya muerta de antemano, fatalmente... buscando en ese bailar loco y frágil un ala, un grano, una pizca de polen en el cemento... Porque la mariposa nace y no aprende nada hasta que muere en cualquier sitio, herida de muerte por su semana justa, por su tiempo preciso, por su sorbito de vida, ya bebida... Eso no es tan triste... Triste es ver su cadena de huevos en el hollín, depositados junto a un río de aceite, a la sombra de las altas paredes de cemento... Su cadena de huevos de seda...”.
Y al final, unido como puño en un párrafo inmortal, el remate de “Guitarra negra”, el gesto irrenunciablemente solidario del cantor: “Hago falta... Yo siento que la vida se agita nerviosa si no comparezco, si no estoy... Siento que hay un sitio para mí en la fila, que se ve ese vacío, que hay una respiración que falta, que defraudo una espera... Siento la tristeza o la ira inexpresada del compañero, el amor del que me aguarda lastimado... Falta mi cara en la gráfica del pueblo, mi voz en la consigna, en el canto, en la pasión de andar, mis piernas en la marcha, mis zapatos hollando el polvo, los siete ojos míos en la contemplación del mañana... Mis manos en la bandera, en el martillo, en la guitarra, mi lengua en el idioma de todos, el gesto de mi cara en la honda preocupación de mis hermanos”.
A veinte años de su muerte, Alfredo Zitarrosa está más vivo que nunca y sus ojos siguen contemplando hacia el futuro, siempre hacia el futuro.

sábado, enero 17, 2009

Dos décadas sin Zitarrosa



En mi memoria se pierde el momento y el lugar en el que escuché por primera vez aquella voz. Sé que fue aquí, en Torreón, pero no recuerdo exactamente dónde y gracias a quién tuve acceso a un casetito cuyo puñado de canciones me acompañó durante años. La voz era de Alfredo Zitarrosa (1936), periodista, locutor y cantor uruguayo, figurón indiscutible para quienes le guardamos afecto a la milonga y sus géneros hermanos. Murió en su natal Montevideo el 17 de enero de 1989, hace veinte años justos. Para entonces yo lo escuchaba con una emoción que asombrosamente se mantiene incólume: pasan los años, las décadas ya, y Zitarrosa me parece lo que es: sinónimo de canto inteligente, de canto bien plantado sobre la cáscara del mundo.
Hoy, gracias a internet, cualquiera puede darse una idea en audio y video de lo que hacía Zitarrosa o cualquier otro cantante comercial o no comercial. En el tiempo de mi primer contacto con las canciones del uruguayo no era así. Hacerse de sus discos LP o de sus casetes no era labor sencilla. Llegaba poco material a La Laguna. Recuerdo que, sumados, tuve cuatro o cinco álbumes que luego caducaron con la llegada del disco compacto. Pero, aunque fuera escasa la música disponible de su magistral hechura, mucho tiempo sentí veneración por aquel montevideano de pelo engominado, trajes oscuros y rostro existencialista, autor de letras sólidas, poéticas y bien enraizadas en el pensamiento.
Pasó una vez que, entre tantas y tantas reuniones literarias en casa de Saúl Rosales, alguien esculcó sus discos y casetes. Entre los muchos de Beethoven y Stravinski y Vivaldi y otros tantos que tanto le gustan a Saúl, saltó un LP de Zitarrosa. Extrañado, le pregunté la razón de aquella rareza metida entre los grandes de su colección. He olvidado la respuesta exacta que me dio, pero obviamente ponderaba como excelentes los arreglos y las letras de todas las canciones (Coplas del canto, era el título del disco).
Por aquellos meses cayó en mis manos un caset casero con la grabación de “Guitarra negra”. No era buena la reproducción, pero de todos modos quedé aturdido con la hermosura de esa obra, la mejor, sin duda, de Zitarrosa, su Quijote. Fue tan alta la belleza y el propósito que me trasmitió que de inmediato capturé la letra entera a punta de máquina mecánica, algo que jamás hice con ninguna otra canción y algo que ahora cualquiera puede ahorrarse con un simple copy-paste internético. El asunto fue que el hallazgo de “Guitarra negra” coincidió con la publicación de mi primer libro, eso en 1990. Yo estaba invadido de “Guitarra negra”, de su amplia letra combativa y poética, así que no desaproveché la coyuntura para citarla elípticamente en mi librito: fue una paráfrasis a Zitarrosa: “A mi madre, con todo mi torpe amor”, dije con cursivas delatoras, calcando casi el inicio de la canción-poema: “Cómo haré para tomarte en mis adentros, guitarra... Cómo haré para que sientas mi torpe amor, mis ganas de sonarte entera y mía…”. Esa primera dedicatoria fue un homenaje para mi madre, pero también, veladamente, para el poeta-cantor uruguayo al que todavía respeto y oigo con delectación de niño.
Los años pasaron como suelen: haciéndonos viejos. Y llegó abril de 2008. Por obligaciones laborales ese año debí atender la visita del poeta uruguayo Eduardo Milán, quien vino a dar un curso en Torreón. En una larga charla sostenida entre cerveza y whisky, le confesé, no sin timidez de anticuado fan, mi admiración a su paisano. Milán, entonces, estalló de gusto, pues en muchos momentos coincidió con Zitarrosa y conversó con él de todo. Fue su amigo.
En el veinte aniversario de su muerte, Alfredo Zitarrosa sigue cantando con su voz viril, esa voz de hombre a la manera quijotesca: poética, enderezadora de entuertos y desfacedora de agravios.

viernes, enero 16, 2009

ProÁrbol que crece torcido



“México sólo plantó (sic), en 2007, 251 millones de árboles, la cuarta parte de la meta mundial. Y, por cierto, en 2008 llegamos a 286 millones de árboles”. Estas son palabras de Felipe Calderón, fanfarronadas dichas hace una semana frente a embajadores y cónsules a quienes también les presumió que en el rubro medioambiental nuestro país había asumido un papel protagónico, lo que derivó en el Reconocimiento al Liderazgo Global que le entregó la ONU a México en junio del año pasado. Aplausos. Lo que vino después fue, es, un escándalo de corrupción que amenaza con convertir a ProÁrbol en el nuevo programa hazmerreír del actual gobierno.
Como si fuera una maldición egipcia, o azteca (para sentirnos más en casa con la maldición) muchos programas de esa índole topan con la pared ora de la ineficiencia, ora de la corrupción, ora de la ineficiencia y la corrupción juntas. El caso es hacer de las tareas de gobierno una especie de escenografía que atraiga reflectores, que arroje algunas cifras más o menos aparatosas (“creamos chorrocientos mil empleos”, “construimos un bestiamadral de viviendas…”) para medio maquillar la realidad y salir airosos ante la crítica ciudadana, que en general es poca y laxa, pero que de todos modos debe ser atendida no para mejorar servicios o renglones prioritarios, sino para no perder votos en la próxima elección.
Así ProÁrbol, que por un lado sirvió para el discurso fachendoso y, por otro, enseña cada vez más y más evidencias de putrefacción. Ya el 12 de julio de 2008 comenté en este mismo espacio (“Reforestación en ruinas”) que un grupo de activistas se plantaron en el Zócalo para denunciar la mentira del programa reforestador estrella del calderonato. Dije exactamente: “No tan estrepitoso en términos mediáticos, el arrasamiento de nuestros bosques es uno de los más grandes peligros que encara el México actual, pues ello deviene cambios radicales en ecosistemas. El impacto de la tala inmoderada y de la reforestación errabunda es, entonces, brutal, pues aniquila cadenas de vida animal y vegetal vinculadas durante miles de años. Los cálculos de la organización internacional son tan lamentables que colocan este problema entre los más delicados del país; cuestionan: ‘a menos de un año del proceso [se refiere a la reforestación emprendida por el régimen actual], 90 por ciento de las plantas murieron, de modo que la tasa de supervivencia no rebasa el diez por ciento’ de los ejemplares plantados”.
Ahora, menos de un año después, la liebre salta de la chistera para derramar el tepache y dar el quemón quizá definitivo a ProÁrbol. “Miles de hectáreas no han sido plantadas con arbolitos; beneficiarios del programa nunca recibieron los apoyos públicos a cambio de trabajar en las labores de reforestación de un programa que absorbe más de la mitad de los seis mil 500 millones de pesos del presupuesto de la Conafor [Comisión Nacional Forestal]”.
El escenario no puede ser más desolador, si es verdad lo que consigna la crónica de El Universal: “Una granja atestada de árboles secos y sin plantar, en el ejido Dr. Domingo Chanona muestra con claridad lo sucedido con el programa federal ProÁrbol. Pueden verse al menos tres centenas de árboles muertos, arrumbados. A decir de los habitantes, aquellos llevaban más de mes y medio así, porque no hubo reforestación”.
Incuria, corrupción, falta de coordinación e inconciencia aisladas o en armoniosa mezcolanza colapsaron un programa que no dio para más. Ya veremos ahora quién es el responsable de todo eso. No podemos esperar que haya castigo, pues en México no existe tal conclusión cuando fracasan los programas de gobierno y se pierden millones en la nada. El castigo sólo es para los pobres que se roban una bici.

jueves, enero 15, 2009

Recomendaciones para 2009



El domingo pasado aparecieron los siguientes párrafos de mi cosecha en el suplemento cultural de Peñoles que encarta El Siglo de Torreón:

Recomendaciones bibliográficas laguneras para el 2009

Dada la abundante producción de los escritores laguneros, mis cinco recomendaciones literarias para el 2009 en realidad no agotan las obras de los autores laguneros que caben en una propuesta de esta índole. Me ciño, pues, a la solicitud de hacer cinco breves recomendaciones, pero al final añado una lista de libros que podemos añadir a la valija. Advierto que la mayoría de los libros puede ser localizada en La Laguna sin gran dificultad.

Iniciación en el relámpago. Novela de Saúl Rosales Carrillo publicada por la Universidad Juárez del Estado de Durango. Toda la experiencia literaria de un narrador maestro está puesta al servicio de un amplio relato sobre el trabajo infantil. El autor cuenta la historia de un muchacho que a los once años entra al mundo de los adultos como trabajador de una imprenta. Allí permanece hasta los dieciocho, arrinconado en su vida de asalariado y acosado por las circunstancias del trabajo y del amor. La novela entrama con las obscenidades del mundo adulto y hace un homenaje diverso al trabajo, al radio, a las canciones populares y a una máquina de imprenta llamada linotipo, todo con una prosa cromática y sentenciosa, ajustada a una estructura de tiempos interpolados. Iniciación en el relámpago puede ser hallada en las librerías del Museo Arocena y del Teatro Isauro Martínez-FCE.

Partitura para mujer muerta. Primera novela de Vicente Alfonso, quien además del periodismo y la literatura ha trajinado en el mundo de la música. Una habilidosa combinación de esos tres quehaceres devino texto policiaco trabado con destreza en todos sus detalles. Elogiada por lectores de peso pesado como Federico Campbell, Vicente Leñero, Juan Villoro y Orlando Ortiz, Partitura… ganó el Premio Nacional de Novela Policiaca y fue publicada por Mondadori, uno de los sellos editoriales de mayor prestigio en el mundo. Este libro puede ser adquirido en la mayoría de las librerías laguneras.

Miel de maple. A fines de los noventa Miguel Báez Durán concluyó sus estudios profesionales en la UIA Laguna; poco después viajó a Calgary, Canadá, para hacer una maestría en letras. El lapso que pasó allá le dio las temáticas que luego hicieron posible Miel de maple, libro de cuentos muy bien bordados y de prosa viva y punzante. En todas las piezas late el azoro de algún personaje mexicano metido en una cultura ajena y perfeccionista, gélida y poco dada a la picaresca azteca. Lo anterior, sumado en cada historia, hace de Miel de maple un libro que regocija y pone en evidencia la poderosa capacidad narrativa de este autor lagunero que actualmente radica en Montreal. Los interesados pueden buscar la obra en la librería de la Coordinación de la UAdeC Unidad Torreón, ubicada en bulevar Revolución esquina con Comonfort, y en la librería Punto y aparte, en Morelos y Colón.

Tiempo fuera. Publicado por la UNAM, este poemario recorre la producción poética de Jorge Valdés Díaz-Vélez. Editada con aseado rigor, esta obra es una especie de revisión y anuncio de lo que todavía está por venir en la creación de Valdés Díaz-Vélez: recoge libros como Aguas territoriales, Cuerpo cierto, La puerta giratoria (premio nacional de poesía Aguascalientes 1998), Jardines sumergidos, Cámara negra y Poemas para un libro futuro. El autor, nacido en Torreón hacia 1955, es miembro de carrera del Servicio Exterior Mexicano y por su obra, compendiada en Tiempo fuera, ha recibido numerosos reconocimientos tanto en México como en España. Este poemario es de fácil localización en librerías del DF.

Fragmentos del asombro. Escrito por Gilberto Prado Galán, se trata de una compilación de ensayos en la que converge el temple expositivo, la erudición y la buena prosa. Sin duda se trata de un libro estimable, dado que nos acerca al asombro de lo inmediato con gozosa inteligencia. Como ya lo reseñé hace meses, me reitero: Fragmentos… toma como pretexto varios temas para acercarse al eje temático del libro: en todos los casos late el asombro, la sorpresa que asalta al escritor luego de leer una noticia, un libro, luego de columbrar un recuerdo, el pliegue de una determinada realidad social o íntima. Este racimo de ensayos, publicados por el Conaculta y Ediciones sin Nombre, puede ser adquirido en las librerías de la red Educal.

OTROS LIBROS RECOMENDABLES: La biblia vaquera, de Carlos Velázquez; Ya no hay trenes, de Rosario Ramos; El círculo de Eranos, de Carlos Reyes; Imaginario de voces, de Julio César Félix; Sombras otoñales, de Dolores Díaz Rivera; Algunas hojas, de Gerardo de Jesús Monroy y Una costilla de la noche, de Daniel Lomas.

Vestigios mancillados



Casi en la misma semana fuimos testigos de dos noticias sobre el grado de trogloditismo que evidencian los tiempos modernos en relación al respeto por los documentos arqueológicos que, se supone, son un timbre de orgullo para la cultura mexicana. A las más que imbéciles perforaciones en Teotihuacán se sumó lo que un grupo de tarambanas hizo en la zona olmeca de La Venta, lo que dio como resultado una semana negra para nuestros monumentos prehispánicos. A propósito, recibí un artículo (“Teotihuacán perforada”) de mi buen amigo Antonio Avitia Hernández, investigador duranguense; con su venia, comparto el texto íntegro en este blog. Sospecho que le asiste total y tristemente la razón:
El sentido común y la valoración de los monumentos históricos antiguos como patrimonio local y de la humanidad, ha propiciado que la mayoría de los gobiernos de los países dediquen recursos especiales para la conservación de los mismos. Los egipcios protegen las espectaculares pirámides y el acervo de la antigua civilización de los faraones evitando su deterioro y destrucción. Los hindúes preservan responsablemente sus monumentos y templos, en especial el Taj Mahal. Machu Pichu, hasta donde es posible, es también resguardado por el gobierno peruano, como parte del orgullo e identidad nacional. A nadie en Italia se le ocurriría taladrar el Coliseo, como tampoco, en Grecia, se intenta usar pico y marro en los mármoles del Partenón. La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, UNESCO, dedica recursos especiales para la protección de los monumentos que, dada su importancia, han sido designados como Patrimonio de la Humanidad.
Sin embargo, en México, los monumentos históricos, durante el actual gobierno, son considerados como lugares propicios de privatización y montaje de espectáculos estilo Las Vegas, sin importar el valor histórico y cultural de los mismos. El caso más escandaloso y actual se presenta con la ciudad de Teotihuacán, que representa el mayor conjunto monumental prehispánico del Continente Americano, lugar de visita obligado para la mayoría de los viajeros que llegan a turistear a la ciudad de México.
La suerte de Teotihuacán, a lo largo de sus múltiples excavaciones, es por demás lamentable. Sus edificios permanecieron como ruinas desde antes de la llegada de los europeos en el siglo XV y, en los inicios de su desmonte, en la primera década del siglo XX, entre 1905 y 1910, Leopoldo Batres fue el encargado por el dictador Porfirio Díaz para exponer la grandeza indiana y alardear el hallazgo durante los festejos del centenario de la independencia. Ante la premura de la dictadura, en 1906, a Batres no se le ocurrió una forma más rápida de desmonte que el uso de explosiones de dinamita, lo que perjudicó para siempre la estructura de la parte posterior de la Pirámide del Sol.
En los años noventas del siglo XX, el espectáculo de luz y sonido que se presentaba a los turistas extranjeros fue cancelado (1994) por su alto costo de mantenimiento y por el deterioro que causaba a la ciudad, así como por el fracaso en términos de público asistente.
Desde el año de 2007, a instancias del Gobierno del Estado de México, cuyo titular es Enrique Peña Nieto, con la aprobación de la Secretaría de Turismo bajo la dirección del militante yunquista Rodolfo Elizondo Torres y con la anuencia del director del Instituto Nacional de Antropología e Historia, Alfonso de María y Campos, sin la transparencia documental y jurídica necesaria en lo que se refiere a contratos, acuerdos secretariales, convenios, estudios de impacto de estructura, compañías privadas involucradas, guiones de espectáculo, escaletas de iluminación y planeación, violando todas las normas nacionales y mundiales al respecto, la falta de sentido común llevó a las tres instancias a iniciar el montaje del espectáculo de luz y sonido Resplandor teotihuacano, bajo la engañosa premisa privatizadora de generar ganchos de atracción turística y empleos en la zona.
Sin el sentido común que aplican los egipcios, los peruanos, los italianos y los griegos, entre otros, en la conservación de sus monumentos históricos, las autoridades mexicanas del espuriato comenzaron la criminal e inconciente perforación de las pirámides con taquetes expansivos, con la finalidad de colocar las bases para las luminarias y el cableado del espectáculo nocturno. El daño ya está hecho y ha sido reprobado por los investigadores nacionales y extranjeros, así como por la UNESCO. La gravedad del asunto es tal que, dada la necedad privatizadora de las autoridades del gobierno usurpador calderoniano y del deterioro que se ha ocasionado, la llamada Ciudad donde los hombres se convierten en dioses, Teotihuacán, corre el riego de perder su categoría de Patrimonio de la Humanidad.
Es de esperar también que, en el ejercicio de la impunidad y las políticas de encubrimiento, ninguno de los funcionarios involucrados sea llamado a rendir cuentas. En el peor de los casos, sucederá que, por unos dólares más, el espectáculo, a pesar del sentido común de los ciudadanos concientes y los especialistas, sea montado y siga el deterioro del monumento.

miércoles, enero 14, 2009

Villanos del mismo film



Tras la publicación de 1988: el año que cayó el sistema, de Martha Anaya, dos de los principales actores de aquel monstruoso hecho han tomado la palabra para referirse a las imprecisiones, lagunas o silencios de la investigación. Soy uno más entre los millones de mexicanos que sospechan que aquello fue un fraude, pero que por cuestiones crudamente técnicas no lo puede demostrar ni con las actas en la mano. ¿Quién financiaría ese conteo? ¿Cuánto tardaría? ¿Qué se ganaría con él a veinte años del desaguisado electoral? Es, pues, suficiente, al menos en términos de impresión histórica sobre el pasado, que tras un sexenio desastroso (el de De la Madrid), tras un ambiente de efervescencia nacional a favor de la oposición y tras unas elecciones tan movidas que misteriosamente provocaron la “caída” del sistema, uno tenga el derecho a conjeturar que hubo fraude. Es fácil, pues, decir ahora “revisen las actas” del 88, pues de antemano se sabe que nadie lo hará, de manera que en el río revuelto de los enigmas nacionales todos tenemos una opinión (una frágil y devaluada opinión) sobre las elecciones de aquel 6 de julio. Si no la mayoría, una parte muy considerable de los mexicanos que pasamos de los cuarenta seguimos afirmando, a punta de sentido común, que Salinas llegó a la presidencia en medio de, ese sí, un cochinero monumental.
Por eso parecen un tanto cómicos los comentarios que tanto Salinas como Bartlett han hecho en El Universal a propósito del libro (que los antiguos dirían:) de marras. El primero que saltó fue Bartlett, nuevo descubridor del Mediterráneo: “No se detiene [el libro de Anaya] en la ‘caída del sistema’ como es intencionalmente usual, por eso su recorrido aclara lo fundamental. Se propone la autora desprender un velo más de ese ‘paradójico episodio de nuestra historia que tan cerca estuvo de otorgar el triunfo a los cardenistas y terminó por abrirle la puerta a la derecha’. Esta es la médula que tiene un valor histórico, al develar cómo se le abrió la puerta a la derecha, y un valor actual al detallar la alianza de las cúpulas del PRI y del PAN en la derecha que se mantiene hasta hoy. Independientemente de aspectos que no comparto, el libro es revelador”. Más adelante, remacha: “El PRI tenía los votos, pero quería asegurarse y obtener el reconocimiento del PAN. Para lograrlo aceptó la plataforma de la derecha. Ese fue el verdadero fraude del 88. Salinas traicionó a su partido y al electorado. Salinas y Zedillo gobernaron con el PAN y sus principios; Salinas se asoció con Fox; Beltrones y Gamboa apoyan a Calderón. En el mismo recinto en el que el PAN se abstuvo para garantizar la calificación, el PRI de los herederos de Salinas se presentó para dar el quórum y garantizar la protesta constitucional de Calderón. El pacto sigue vigente”.
Salinas, quien de un tiempo a la fecha se aparece más que la mano pachona, no podía dejar pasar así como así los comentarios del imprudente ex secretario de Gobernación, el “señor Bartlett”, como lo llama: “A partir de la supuesta versión de una reunión entre quien esto escribe y miembros del PAN en agosto de 1988, Bartlett asegura que se selló un pacto por el cual, una vez en la Presidencia, yo implementaría ‘el programa de la derecha panista con miras a rectificar —afirma— las leyes de Reforma’ y acabar ‘con principios esenciales de la Revolución’”. Y ataja: “Más aún, ¿desde cuándo es ‘de derecha’ reconocer los triunfos de la oposición, como sugiere el señor Bartlett? En cambio, en materia de lealtad partidista, cabría aquí recordar el llamamiento que hizo el señor Bartlett el 27 de mayo de 2006 para votar por un candidato presidencial contrario a su partido, el PRI, en el cual todavía milita y que lo hizo su secretario general, gobernador de Puebla y legislador federal”. Dudo que el agarrón, esperado durante tantos años, vaya a seguir. Pase lo que pase, sólo serviría para alimentar el morbo histórico, pues la imagen popular que se mantiene fija es que ambos fueron villanos en la misma película, aquella de terror que filmaron un 6 de julio.

domingo, enero 11, 2009

El doctor Cándido Ortiz



Voltaire, acaso el más famoso de los ilustrados franceses, publicó hace exactamente 250 años, en 1759, una de sus obras más celebradas: Cándido o del optimismo (Candide, ou l'Optimisme). Es, lo sabe cualquiera, un relato que satiriza al optimismo leibniziano: los personajes Pangloss y Cándido emprenden una larga travesía y encaran infortunios de toda laya. Para burlarse, Voltaire hace afirmar a su Pangloss-Leibniz una frase que ya ocupa un lugar sagrado en el museo de la literatura universal: “Todo sucede para bien en este, el mejor de los mundos posibles”. Se trata, pues, de una burla dirigida contra esos seres que ven tempestades y no suelen hincarse.
Pero no es de literatura de lo que quiero tratar en estos párrafos siempre apremiados, aunque aprovecho el viaje para mandar un afectuoso saludo a Voltaire donde quiera que se encuentre, sea el infierno o la Nada absoluta. Recordé al Cándido ayer sábado, cuando leí la declaración de Guillermo Ortiz, gobernador del Banco de México, en el sentido de que el crecimiento cero para 2009 es “optimista”. Eso significa, traducido a buen mexicanos, que nos debemos dar por bien servidos si en este año no avanzamos ni retrocedemos, sino todo lo contrario. Lejos están, pues, los crecimientos de 7% del PIB que prometía, en sus mariguanos tiempos de alegría sin coto, Vicente Fox con su lengua de perico; ahora ya ni soñar con crecimiento, sino con, al menos, quedar tablas, aunque es obvio que el crecimiento cero es en realidad un decrecimiento, una involución.
En un escenario de tal naturaleza hay que esperar, pues, lo peor. Lo peor significa en este caso, optimistamente hablando, que “Todo sucede para bien en este, el mejor de los mundos posibles”. Sin embargo, muchos ciudadanos no entenderán estas vistosas paradojas simplemente porque no habrá tiempo para ningún deleite, ni siquiera el verbal, aunque sea gratuito: la amenaza que arrastra ese pronóstico “optimista” del crecimiento cero es, a mi juicio, la más desastrosa noticia que haya dado el gobierno desde hace meses y hasta años, dado que en ese indicador (el PIB) se ubica específicamente la diferencia entre, como gustan decir los argentinos, la civilización y la barbarie.
Crecer cero, en estos apocalípticos momentos, es echarle carretadas de leña seca al incendio de todo. Si un problema social, el que sea, era ya grave, con el crecimiento cero se tornará tal vez irreductible, al grado de que podríamos llegar a estadios de desajuste no vistos en décadas recientes. Todos estaremos de acuerdo, creo, si afirmamos que México no ha sido precisamente un modelo de desarrollo y crecimiento. Los problemas se han agudizado hasta rozar, en ciertos rubros, cotas alarmantes. La delincuencia, la poca productividad del campo, la deficiente educación, el pobre avance en materia de salud, la mezquina urbanización en muchas zonas, la migración, el aumento del desempleo, todo, en cifras, acusa deterioros. Lo curioso es que tales enfermedades se han expandido con todo y crecimiento. Es decir, pese a que el PIB se ha mantenido arriba del cero durante los doce gobiernos anteriores al actual, la realidad es carcomida por la pobreza que ha ido en aumento, aunque a velocidad variable.
Para darnos una idea sintética del crecimiento del PIB hay que recordar cada periodo presidencial, esto desde 1934 hasta 2006 (www.economia.com.mx): Lázaro Cárdenas, 4.52%; Manuel Ávila Camacho, 6.15%; Miguel Alemán, 5.78%; Adolfo Ruiz Cortines, 6.52%; Adolfo López Mateos, 6.73%; Gustavo Díaz Ordaz, 6.75%; Luis Echeverría, 6.16%; José López Portillo, 6.51%; Miguel de la Madrid Hurtado, 0.18%; Carlos Salinas de Gortari, 3.91%; Ernesto Zedillo, 3.39%; Vicente Fox, 2.32%.
Lo que se ve es claro: en todos los sexenios hubo crecimiento; insuficiente, es cierto, pero crecimiento al fin. El mayor le correspondió al sexenio de Díaz Ordaz; el menor, al de De la Madrid. La estimación de los especialistas es que, como mínimo, para tener una economía sana en necesario crecer al 6% anual, lo que extraviamos rotundamente desde 1982. Por eso, quienes saben de economía fueron los primeros que dibujaron en sus rostros una sonrisa escéptica, volteriana, cuando Fox se aventó la burrada de prometer un crecimiento de 7% en un país que ni a pujidos ha llegado al 4% en el más reciente cuarto de siglo, todo sin castigo real para gobernantes y partidos.
Decir, entonces, que no crecer en 2009 es un escenario “optimista” equivale a manejar el eufemismo con maestría de orador romano. Helena Beristáin, en su Diccionario de retórica y poética (Porrúa, 1988), define al eufemismo como “Estrategia discursiva que consiste en sustituir una expresión dura, vulgar o grosera por otra suave, elegante o decorosa, y que se realiza, según Lázaro Carreter, por una serie de variados motivos como por cortesía (llamar profesor a un músico), por respeto (decir su señora en vez de su mujer), para atenuar piadosamente un defecto (invidente en vez de ciego), por tabúes de diferente naturaleza —religioso, social, etc.— (decir amigo por amante), por razones políticas (llamar marginados a los pobres) o diplomáticas (llamar en desarrollo a los países atrasados)”. Eufemismo puro es, por ello, instalar aunque sea lúdicamente la palabra “optimista” en un terreno que se anticipa minado, tupido de alambres de púas, víboras y tepocatas, con permiso del dialecto hablado en la república de Foxilandia.
De las palabras declaradas ayer por Guillermo Ortiz me alarman, además, algunas dedicadas a comentar el papel que jugarán los bancos. No es nada halagüeño el panorama, habida cuenta de la chacaluna voracidad que han exhibido esas madrigueras para hampones de cuello blanco y entrañas renegridamente negras. Habló de incrementos en la morosidad y, como consecuencia, en la cartera vencida, así que “Mal harían en querer trasladar a los consumidores un incremento en tasas de interés”. Pues sí, ni duda cabe de que “mal harían”, pero si, como hasta ahora, nadie los detiene, lo harán para trasquilar la lana de la primera oveja que se atraviese en su pérdida de ganancias.
En fin, mientras bailábamos con Hermelinda Linda, ignorábamos que había otra comensal más fea. Pero seamos optimistas: estamos en la mejor de las pistas de baile posibles.

sábado, enero 10, 2009

El trámite más mamilas



Se sabe que hubo de todo entre las 20 mil propuestas que llegaron al certamen nacional para detectar el trámite más inútil. El anzuelo de los 300 mil morlacos generó una epidemia de sabuesos que, ansiosos, escudriñaron hasta lo más hondo de la burrocracia mexicana para dar con algún procedimiento que ganara los laureles en esta rarísima convocatoria. Y ya, terminó el concurso con el triunfo de Cecilia Velázquez Tello “por haber denunciado que cada mes tramita un medicamento para su hijo que padece agammaglobulinemia de Burton, síndrome de deficiencia de anticuerpos, que tarda en recibir hasta 15 días”. La ganadora tuvo la oportunidad de hablar en público frente a Felipe Calderón (quien gracias a un trámite electoral inútil ocupa hoy la presidencia del país) y señaló que “ya no deben existir puestos comprados, heredados o dados por amistades o compadrazgos”, lo que de inmediato provocó extrañeza entre el público, dado que en México esas prácticas no existen y como prueba allí está doña Elba Esther Gordillo.
Según nota de La Jornada, la feliz ganadora, a quien de inmediato le tramitaron 300 mil del águila nada inútiles, “explicó que en la clínica 32 del Seguro Social solicita el fármaco gammaglobulina, pero como el trámite pasa por ocho manos ‘entre sellos, autorizaciones y copias’, confesó que ‘a veces rompe en llanto ante la desesperación’. Por eso propuso que la institución haga un registro con el nombre del paciente, el medicamento, la dosis y la secuencia con que debe tomarlo, para que el hospital tenga en existencia la cantidad necesaria, lo cual sólo requiere de una computadora con base de datos actualizada”.
Intuyo que el concurso y su resultado sólo tendrán un valor testimonial, tan anecdótico que de antemano el dicharachero Calderón, bien instruido por algún jocoso elaborador de tarjetas, declaró en la ceremonia de premiación su deseo de que en futuras convocatorias el primer lugar sea declarado desierto. Bueno, muy gracioso, pero después del forzado jajajá, ¿qué queda?; casi nada: un país con una tramitología generalmente retorcida cuando de usuarios pobres se trata, y un Estado que no puede prescindir de ella porque, bien observada, la burocratización es la botarga con la que se tapa gran parte de la corrupción que necesita México para mantenerse en pie. Porque para algunos (me cuento en esa legión) nuestro país sobrevive gracias al combustible de la corrupción, dicho esto con ánimo meramente descriptivo, ajeno por completo al terriblismo y con la tranquilidad de quien ya advirtió cómo es, en esencia, la puerca realidad. En México, el darwinismo social se expresa por las aptitudes para la corruptela que tienen los seres que destacarán; los débiles, quienes sucumben, son aquellos que carecen de ese don (el don para ser unos podridos) o que de plano están enfermos de honradez y se conforman con el zooplancton, la parte más humilde de la cadena alimenticia. Imaginemos por caso lo que ocurre con el trámite ganador: es engorroso porque en el camino de su burocratización a alguien le dejó alguna ganancia. Nunca falla: detrás de cada trámite artificiosamente barroco hay uno o más ganones. El repollo encubridor es, precisamente, la numerosa cantidad de trámites que exige.
En la misma ceremonia, lo que no tuvo abuela fue la declaración de Juan Molinar Horcasitas, director coyuntural del IMSS: “Ya lo dijo el presidente vamos a ponernos en los zapatos de la gente e ir mejorando el servicio”. Independientemente de la metáfora con suelas, es cínico que Molinar piense hasta ahora, a propósito de un concurso mamón, en “ponerse” los zapatos de la gente. Los usuarios no necesitan esas metáforas, pues a diario padecen un servicio de octava mientras los dueños del país son atendidos en Houston. En suma, terminó el concurso para detectar el trámite más inútil y de inmediato generó el inútil trámite de hacer efectivo su resultado.
o
Terminal
En nuestra gustada sección “Betabeles prematuros”, va: acabo de leer que Carlos María Morales, ex jugador del Toluca y del Atlas, milita ahora para el Wenderers de su natal Uruguay. Tiene 38 años, y hace poco estuvo en la cancha al mismo tiempo que su hijo Juan Manuel, de 20 años, eso en un partido oficial de la liga charrúa. Cambio de periódico y leo que Hugh Hefner, de 326 años y dueño del emporio Playboy, acaba de incorporar a una nueva novia oficial en su mansión; el nombre del mordisqueable bizcochuelo es Crystal Harris, rubia conejita californiana de apenas 22 primaveras, monstruo que ostenta las pavorosas medidas de 86-63-86. Yo voy a los 45, pero dada la capacidad de avejentarnos que tiene el país, me siento como de 46. Eso significa que algo anda mal. De inmediato voy a comprar una cuatrimoto y después a visitar antros de moda. ¿Alguien sabe si sigue abriendo el bar Elvira?

viernes, enero 09, 2009

Pobrecito porno



El mundo está loco. En México, por ejemplo, los bancos se dedican a delinquir y amenazar por teléfono y el gobierno los deja. En el Medio Oriente, los judíos lanzan mortíferos bombazos sobre escuelas y hospitales y nadie, ni la ONU ni nadie, sale a ponerles un freno y un castigo. En Estados Unidos, un cuico rubio y bien mamey videomata a un adolescente y reaparece sólo como fantasma el fantasma de Rodney King. El mundo está loco, loco como el cable que ayer difundió la agencia EFE desde Washington (La Opinión, p. 37); en él, algunos empresarios de la “industria” porno solicitan un rescate financiero en el actual shock económico mundial.
Acostumbrada a provocar una inmensa derrama económica y de otra índole más líquida y pegostiosa, esa vertiente de la industria del entretenimiento encontró como voceros de su petición nada menos que a Larry Flynt, editor mandón de la repudadísima revista Hustler, y a Joe Francis, creador de la franquicia Girls Gone Wild, quienes pidieron al Congreso de Estados Unidos la suma de cinco mil millones de dólares para ayudar a que los magnates del porno salgan adelante en medio de la desastrosa situación que presentan hoy las finanzas del mundo.
Aunque suene risible para muchos, tanto Flynt como Francis apoyaron la anómala petición en la idea que tienen acerca de sus productos, considerados por ellos y por sus incontables clientes como parte de la canasta básica para el ciudadano promedio norteamericano. Aseguraron que el gobierno estadounidense debe apoyar activamente la supervivencia y crecimiento de la industria para adultos, tal como siente la necesidad de apoyar a otros rubros apreciados por los norteamericanos. En el comunicado que difundieron no escaseó el lugar común: la crisis ha operado como una “ducha de agua fría nacional”, lo que sin duda afecta a una industria caracterizada precisamente por lo contrario: mantener muy caliente al respetable. El mensaje de los dos consumados pornólogos no tiene pizca de desperdicio, tanto que fácilmente podría integrarse a una hipotética antología de comunicados delirantes/hilarantes. Dice Flynt: “Con todo el sufrimiento económico y la pérdida de tanto dinero, el sexo es lo último en lo que la gente piensa. Es hora de que el Congreso rejuvenezca el apetito sexual de Estados Unidos”. Y aporta cifras, datos duros, más duros que una película protagonizada por John Holmes, el legendario y muy envidiado Príapo californiano: las ventas y alquileres de videos pornográficos cayeron 22 por ciento el año pasado en EU, aunque aumentó el tráfico en internet, espacio en el que, anotan, al menos la mitad de los usuarios son asiduos navegantes de sites para ser husmeados con una sola mano sobre el teclado. Francis usó palabras fuertes: “El Congreso parece dispuesto a rescatar a los sectores más importantes de la nación y creemos que merecemos la misma consideración”, lo que secundó Flynt con un grito desesperado: “Esto es muy malo para nuestra salud como nación. Los estadunidenses pueden prescindir del automóvil, pero no del sexo”.
La lección que nos dejan esas amargas palabras es que en realidad la cosa se viene fea y agresiva, dicho lo anterior sin alusiones fálicas. Para que dos exitosos hombres de negocios (y de qué giro, damas y caballeros) supliquen un rescate de tal envergadura en el hoyo económico que habita el mundo es de veras grave el problema que nos azota a todos. El comunicado no pasará de ser una ocurrencia típica de la picaresca gringa (que también la tienen, y bastante grotesca, por cierto), pero es un hecho que el tsunami financiero arrasa con todo, liquida ramas enteras de la economía y deja al hombre y a la mujer tan noqueados que ya ni las fotografías de Flynt generan inquietud y son vistas con fastidio, casi como quien mira, a fin de mes, sus deudas por pagar.
o
Terminal
En nuestra gustada sección “Nuevas tecnologías”, va: supe que acaban de inventar un aparato que sirve para quemar y no dejar ni vestigios de todos los aditamentos usados en el sexo culpígeno: dildos, películas, frascos con píldoras retardadoras, condones y demás son colocados allí y en unos pocos minutos desaparecen por completo. Su nombre es sencillo; lo llaman “porno de microondas”.

jueves, enero 08, 2009

Plan mediático



Más que a encarar los efectos de la crisis, el plan de choque anunciado ayer por Felipe Calderón parece que salió al quite para lograr un campanazo mediático. De entrada, y más allá de que sea bueno, regular o malo, el plan que hoy es la nota fuerte en todos los periódicos del país fue dado a conocer con demora, en atención al calendario vacacional y no a la urgencia de apagar el fuego de un incendio que al parecer tendrá, para decirlo con el estilacho de la redacción policial, dimensiones dantescas. Ahí se ve, en el manejo de los tiempos, qué tanto le apetece al gobierno ver por los mexicanos, pues antes de suspender o moderar periodos de asueto se largó a vacacionar y hasta el regreso del paréntesis hace anuncios dizque para sofrenar el estrago de la crisis mundial en nuestro país. Si hubiera sido la inauguración de un puente o de una escuela, se entendería la demora, pero es un plan anticrisis necesarísimo en medio de un naufragio generalizado, así que parece imperdonable el relajado manejo de los tiempos políticos, como si miles de familias no estuvieran sufriendo ya, incluso desde octubre o noviembre, el estropicio de la turbulencia económica.
Habrá pues, además de las vacaciones de fin de año, alguna otra razón oculta en los arcanos de la lentitud gubernamental. La suspicacia principal apunta a los zonas de lo electoral: finalmente, un plan anticrisis que deja bien parado, como salvador, al gobierno federal y sus aliados es más oportuno en enero, dentro del inicio en forma de un año en el que habrán de renovarse la Cámara de Diputados y varios gobiernos estatales. Tal vez por eso, porque es un plan anticrisis-electorero, las fuerzas políticas respondieron de inmediato en el tenor esperado. Si antes de que Felipe Calderón lo describiera se hubieran esbozado algunas conjeturas de reacción, el resultado obtenido no estaría lejos de lo que ocurrió ayer. Los gobernadores, por ejemplo, expresaron su apoyo al Acuerdo Nacional en Favor de la Economía Familiar y el Empleo, que así se llama esta variante de los pactos de solidaridad que tanto nos estiraron la esperanza de bienestar en regímenes anteriores. La oposición, previsible también, se expresó, entre otros, por medio de Porfirio Muñoz Ledo. El coordinador del Frente Amplio Progresista calificó al Acuerdo como “pobre, timorato e insuficiente”. Según nota de El Universal, “Muñoz Ledo explicó, en conferencia de prensa, que el plan es insuficiente, porque ‘no responde a las principales necesidades de la gente’, además de que no impulsa el ‘nivel de ingreso y la cartera vencida’”. Añadió que “La cartera vencida de tarjetas de crédito es insostenible, es un monto impagable, debiera haber impulsado Calderón la creación de una comisión tripartita con consumidores, organizaciones financieras y gobierno, para llegar a una solución justa”. Y remató con esto que es, ahora mismo, una realidad que día tras día asfixia a buena parte de los mexicanos apercollados por la rapiña bancaria: “Ya se apoyó a los banqueros, ahora hay que apoyar a la gente, tiene que haber soluciones justas. (…) De no haber un pago justo, se convertirá en un no pago”.
La crisis viene, entonces, y los diques tal vez sean insuficientes para contenerla. Sirve el optimismo, es cierto, pero si el gobierno mexicano opera laxamente el presupuesto y toma las medidas como las tomó ayer, tarde y acaso con demasiado cálculo político, malos aires le soplarán a la frágil economía de las familias mexicanas que, por tradición, debido a crisis internas o externas, siempre han pagado platos rotos. Que la debacle no se torne apabullante, eso es lo deseable.
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Terminal
En nuestra gustada sección “Analogías gastronómicas”, va: supe que alguna vez alguien definió a los camarones como “cucarachas del mar”; mejor que esa espeluznante comparación es la que alguna vez me compartió el buen amigo Jesús Aviña: el menudo, dice, es preparado con pedazos de calzón de Trucutú. Carajo, qué buen sazón tiene el cavernícola de la historieta.

miércoles, enero 07, 2009

Regreso a los viejos libros



He procurado siempre que la actualidad no me aleje demasiado de los viejos libros. Por algo los reuní, se supone. Para escribir de vez en cuando sobre ellos, para encajar allí los ojos, con calma, y no tanto ya en la fugacidad informativa. Alguna vez intenté, por ello, sostener el trabajo de escritura diaria con ideas surgidas del contacto con los libros, pero la realidad (sus balazos y sus accidentes y sus elecciones de vértigo) me lo impidió: la gente prefiere lo actual, no lo pasado, pero yo lo prefiero todo, y ahora que tuve algunos días para sacudir y reacomodar saltó el Poema heroico de Diego José Abad. La primera edición, de la UNAM, data de 1974, y la introducción, la versión y el aparato crítico son de Benjamín Fernández Valenzuela, quien realizó en todos los casos un trabajo (y me quedo corto) impresionante. ¿Por qué no son más conocidas y leídas estas titánicas páginas de la investigación literaria mexicana? No sé. Lo que sí sé es que se trata de un trabajo monstruo en hondura filosófica y, más todavía, si eso es posible, en belleza verbal.
Alguna vez, en una encuesta a propósito del día del libro, me preguntaron por las diez obras que me llevaría a la isla desierta en la que habitan todos los que son interrogados sobre libros e islas desiertas. No lo dudé: el Poema heroico fue una de ellas. Su autor, Diego José Abad, nació en La Lagunita, Jiquilpan, el 1 de julio de 1727, y murió el 30 de septiembre de 1779; fue teólogo y poeta. Estudio filosofía en el Colegio de San Ildefonso en Valladolid (hoy Morelia). A edad temprana ingresó en la Compañía de Jesús y llegó a ser director del Colegio de Querétaro. Cuando en 1767 los jesuitas fueron expulsados del país se exilió en Italia. Dejó algunos apuntes de ciencias exactas, tradujo algunas églogas de Virgilio, y en italiano escribió el Tratado del conocimiento de Dios. Después de su muerte se publicó la edición definitiva de su más divulgada obra, De Deo deoque homine heroica, el Poema heroico, singular recopilación teológica en latín escrita en verso.
No me distraigo en referencias biográficas hoy fácilmente localizables. La obra de aquel mexicano genial es lo importante, pues aunque haya sido volcada al castellano por Fernández Valenzuela, conserva una jerarquía estética que, imagino, ha de ser mayor en latín, lo cual no es poco decir. No afecta que el lector, como yo, ande lejos de esos temas o crea poco o nada en seres superiores: el acero de las palabras abadianas es incorruptible y seduce.
Un buen propósito para empezar el año puede ser abandonar el cigarro, hacer ejercicio, ahorrar lo que se pueda; otro, que no estorba, podría ser que los clásicos convivieran más con nuestras pobres almas abandonadas en el mundo de la información chatarra. Porque con palabras como las que cito (Patientia, canto XII, p. 267, fragmento) uno puede darse idea del mundo que pintó Abad; es muy similar, si no es que idéntico o peor, al nuestro:
“¡Qué soberbia locura! Agobiado el orbe con el peso de nuestros delitos, gime y desmaya. Los más de los hombres, con bestial vileza, se revuelcan por tierra a placer y a una dicha, sin memoria del cielo, con olvido de Dios. ¡Cuántos espantables perjurios juntos de la indómita lengua!; ¡cuántos y cuántos destrozos de la loca soberbia!; ¡cuántos daños de la enferma y pálida envidia que con venenoso diente todas las cosas calladamente roe!; ¡cuántos perjuicios de la rabiosa ira, que de un continuo anhela por sus fauces apetitos de sangre! Estas son las tres Furias, las hermanas del Tártaro, las tres fugitivas que a su placer vagan entre nosotros. Todavía resta otra que con más señorío asoma su cabeza infame: la maldita avaricia (…) Arrebato mis ojos a otra parte: guerras horrendas, hombres medio yertos que flotan entre mares de sangre, y cabalgaduras y armas y confusos cadáveres. Aquí va una cabeza; allá un cuerpo sin sonrisa y sin nombre; acá una mano que se ahoga en el manantial de su sangre, una mano sin dueño, pero que aún tiene arrestos para menear el acero…”.

domingo, enero 04, 2009

Dos apuntes rescatados



Con tiempo de sobra para acomodar documentos en las carpetitas amarillas de la computadora, encuentro viejos maquinazos. Algunos fueron escritos no sé para qué y publicados no sé dónde, es cierto, pero de la mayoría sí conservo al menos el recuerdo para reconstruir un borrador de ficha referencial. Las dos que presento creo que circularon en un periódico estudiantil, así que son, digamos, como inéditos. Las reciclo ahora porque no tienen apariencia de caducidad y encajan de alguna forma con el tema del regreso a las aulas previsto para el miércoles venidero.
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Básculas para libros
¿Quién sanciona actualmente la calidad de los buenos libros? ¿Con qué básculas podemos pesar su calidad? Estas preguntas renacen en mí de tiempo en tiempo, y es hora que no tengo mejor respuesta que la misma de hace muchos años: la academia y el periodismo serios. Es cierto que se trata de una sanción volátil, no ajena al capricho de los gustos humanos, pero es la única fuente de confiabilidad que un lector no iniciado puede tener para no extraviarse en el océano de publicaciones que circulan como hormigas por toda la faz del planeta.
Trataré de exponer esta certeza con algún ejemplo que no deje dudas sobre lo que pretendo demostrar. Imaginemos a un lector potencial, a alguien que desea leer pero no sabe por dónde empezar. Imaginemos que entra a una librería, que hurga entre los estantes, que observa con detenimiento cada repisa. Ese lector potencial no explora en la mesa de libros de texto, pues ya no tiene obligaciones escolares y nadie le ha encargado nada. Ese lector potencial simplemente quiere leer algo, lo que sea, y guía su búsqueda a ciegas, pues sabe muy poco, o nada, de autores y de obras.
¿Qué ocurrirá en tal pesquisa? Puede ocurrir lo que sea, incluso que adquiera Hamlet o Los Miserables, aunque lo más probable es que la compra no vaya por allí. Si aceptamos que lo suyo no es la sesuda elección de libros, si aceptamos que no hay bases críticas de donde partir para hacer una buena elección, creo que también podemos aceptar que ese lector imaginario se dejará seducir por lo más llamativo y evidente, por las novedades más ruidosamente colocadas en la librería. Verá un lujoso display, leerá en una fajilla roja que tal libro lleva cien mil ejemplares vendidos, recordará con algo de vaguedad que una tía hizo cierto comentario en la sobremesa del domingo, y entonces comprará ese libro, el que luce en una gran pirámide, el que se ve mejor exhibido en la vidriera. Ese es, sin duda, el libro de moda, el libro que garantizará una excelente inversión de dinero y, horas después, de tiempo, el tiempo necesario para leerlo.
Es cierto que un gran libro puede ser al mismo tiempo un éxito de ventas, pero es muy raro que eso ocurra. Hasta donde sé, muy pocos, escasísimos autores de genio son al mismo tiempo vendedores de libros en masa. Creo incluso que eso no llega a darse en el mercado actual, y la excelente literatura tiene en realidad ventas mediocres comparadas con la pésima. Vuelvo pues a mis preguntas iniciales y al ejemplo de mi lector hipotético, un hombre que, conciente de que no sabe mucho de libros y acaso conciente de que desea leer algo verdaderamente estimable, clama por ayuda. Mi respuesta es la misma: si estamos en la circunstancia de ese hombre, nada más confiable que la academia o el buen periodismo cultural para saber qué libros merecen el esfuerzo de ser comprados y leídos. Porque de algo estoy seguro, y cierro con un caso extremo, casi obsceno: Carlos Cuauhtémoc nunca será atendido en ninguna universidad o suplemento bien nacidos. Su pobre destino es el mercado y la fama, la pequeña famita pasajera de los condenados a la total insignificancia.
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El mito del aula
Tengo desde siempre una mayor confianza en el autodidactismo que en el aula frente a un apresurado profesor, y es por eso que en la báscula de lo poco que sé gravita sobre todo lo aprendido en casa con los libros, las revistas, los periódicos y ahora el internet. Eso me da hilo para reflexionar sobre lo que he visto en relación con los estudiantes, más con aquellos que ahora frisan los veinte años.
La impresión que me dejan es básicamente la misma que percibí entre mis contemporáneos, pero hoy más radicalizada: el alumno de este tiempo, hablo en general, deposita una fe ciega, acrítica, en el maestro y en el aula. Para el joven, insisto que hablo de la mayoría, el espacio casi exclusivo para adquirir conocimiento “serio” es el salón de clases, y el sumo sacerdote que oficia desde su sabihondo púlpito es el profesor. Eso, a lo mucho, es verdadero a medias; cierto que el aula y el maestro son importantes (más porque suponen una inserción en estudios formales ahora imprescindibles para trabajar en muchas disciplinas), pero analizados en todas sus implicaciones (tiempo, distractores, elección de materias, etcétera) nunca estarán por encima del conocimiento que el estudiante puede allegarse solo, por su propio pie.
De eso no tengo duda. En casa, el tiempo disponible para el estudio, si uno lo desea, suele ser amplio; en casa, los distractores no son tantos como los que podemos encontrar en un salón lleno de condiscípulos; en casa, la elección de materias es discrecional, se puede manejar a placer. Lo único malo de ese encuentro con el conocimiento, ya lo sabemos, es que no deja un título que certifique nuestra competencia. Sin embargo, cuando algún alumno advierte que el autodidactismo es el mejor complemento de la enseñanza formal, las capacidades de ese joven se agrandan sin remedio, se ramifican, se alimentan por dos flancos que le dan ricos nutrientes.
No alego, quiero aclarar, que el aula y el maestro sean prescindibles. Lo que resalto es la mitomanía del joven moderno cuando cree en la suficiencia de la educación formal. En todo caso, reitero, el autodidactismo es el mejor complemento de lo que escuchamos en el aula, o al revés.
Termino anecdótico. Un amigo, maestro de literatura, recibió una carta en la que un joven poeta le pide consejos, “clases”, para escribir poesía. En síntesis, mi amigo le respondió esto, una cátedra sobre autoaprendizaje: “Sólo los gringos creen que para todo hay un ‘know how’ y que todo puede reducirse a recetas. Usted es un escritor mexicano, o sea que puede salvarse de esa visión empobrecedora de la poesía, o de cualquier otro aspecto de la vida. Piense como ciudadano de Sinaloa, amigo, no como ciudadano de Nebraska. No busque quién ‘le enseñe a escribir poesía’, como usted dice: su mejor maestro es usted mismo”.

sábado, enero 03, 2009

Puente Guadalupe-Balazos-Reyes



Cuando el 12 de diciembre pasado comenzó el famoso puente de fin/principio de años no imaginamos que pasaría lo que ya sumamos: tres balaceras en igual número de espacios y nutrido, aunque todavía borroso, saldo de víctimas. Como si hubiera sido adrede (o “de adrede”, para decirlo a la usanza coloquial), los hechos cornicaprinos (adjetivo que acabo de inventar: dícese de todo lo relacionado con ciertas armas de alto calibre) ocurrieron en ámbitos que esquemáticamente representan a los tres estratos que solemos usar para la descripción de franjas socioeconómicas: bajo, medio y alto. Más allá de los flecos simbólicos que la balacera tripartita arrastra, los desaguisados dejan un mensaje que nada tiene de optimista en estos días de abrazos que desean lo mejor para el año recién nacido: en La Laguna ya nadie está exento de convivir, casi codo a codo, con el crimen y sus rémoras. Si poco antes de diciembre los pudientes y los clasemedianos afirmaban, con un dejo de asco social, que esa cosa de las matazones era asunto de los jodidos y lo policías, luego del primero de enero ya no pueden afirmar lo mismo: las imágenes de lujosas residencias tomadas como parapeto por francotiradores enmascarados, los agujeros en las paredes de la casa ametrallada en el Campestre La Rosita, el largo tomaidaca que el primero de enero se dio en Torreón es una clara prueba de que se acabó la paz como privilegio de unos cuantos, que la descomposición económica y moral ya permeó todas las capas tectónicas de la sociedad y ahora cualquiera puede ser invadido por la podredumbre incluso en la tranquilidad de sus palacios.
Lo que hemos visto, entonces, durante los días festivos recientes no ha sido pirotecnia, sino balazos que en efecto dan cuenta de una situación extremadamente grave. La crisis llega al paradójico grado de que ya ni siquiera es necesario cuidarse con melindres de ciudadano precavido, pues la liebre puede saltar en donde sea y a la hora menos pensada. El 24, por ejemplo, mientras miles de marchantes hacían compras en el populoso mercado Alianza, varios sujetos comenzaron a rafaguear desde la Casa del Cerro hacia abajo, todo con una gratuidad pasmosa, sin decir agua va. Sin embargo, la lectura comunitaria dejó tranquilo al grueso de la población, pues se trataba, para no variar, de un zipizape en una zona ya emblemática de la barbarie hamponil.
Poco después, a fin de año, unos desconocidos emboscaron a dos patrullas de Torreón; hubo oficiales heridos de gravedad. La balacera se dio en el bulevar Río Nazas, al lado del lecho otra vez seco de nuestro río y muy cerca de varias colonias ubicables en el estrato de lo media tabla; el tiroteo activó el llamado Código Rojo, pero nada se pudo hacer para detectar siquiera a los juyidos atacantes.
Y el jueves, mientras bostezábamos todavía modorros por la fiesta, una feria de balas se dejó sentir en un sector acomodado de Torreón. Además de balazos, hubo granadas de fragmentación y muchas horas de sicosis en las inmediaciones del lugar. Fue tan prolongada la batalla que algunos ya le atribuyen el récord de duración entre las balaceras de los años recientes en La Laguna.
Hoy sábado, con el susto asomando aún en los ojos de muchos vecinos del Campestre La Rosita, se sabe que no sólo tuvieron lluvia de plomo, sino saqueo en sus residencias, lo que torna cada vez más difuso saber en dónde están los buenos y en dónde están los malos de la película. Muchos se han preguntado por qué no hay denuncias ciudadanas cuando surgen sospechas de casas de seguridad y todo eso, y a qué se debe que en un sector donde sería evidente cualquier movimiento sospechoso no hubo ni un conato de aviso a la autoridad. En el saqueo está la respuesta.
Así el abarrote, vivo ahora debajo de mi cama, agazapado, temeroso. Sólo tengo un arma y espero usarla bien cuando llegue la hora de la hora: el voto, ese mismo voto que muchos le hemos dado a tantos gobiernos putrefactos.
o
Terminal
En nuestra gustada sección de “Neologismos para la historia del arte”, va: ¿cómo se le llama a la pintura más antigua de la humanidad? Todo el mundo lo sabe: pintura ruquestre.

jueves, enero 01, 2009

Profecías que deslumbran



Angustiado por los malos augurios y ansioso por saber qué nos depara el porvenir en el año que hoy amanece, he consultado por fin a un adivino. Admirador confeso de Nostradamus, zahorí de los más cotizados en la bolsa de los pronosticadores, Ventura Benítez me abrió las puertas de su vaporoso consultorio y junto a él vi, en vivo y en alta definición gracias a su bola de cristal de última generación, los hechos más significativos que ha preparado el 2009. Anticipo que la lectura de este texto puede ser perturbadora para los menores de edad, por eso recomiendo prudencia a los padres de familia; por favor, no dejen este texto al alcance de los chiquillos y presten profunda atención a lo vislumbrado por Benítez:
1) En todo el país habrá muchos muertos debido a la lucha entre las fuerzas del orden y el crimen organizado. Es un hecho que Ciudad Juárez, Tijuana, Culiacán, Reynosa y Monterrey serán las sedes del tracatraca más intenso. Sin tregua se sucederán balaceras, levantotes, ajusticiamientos varios, todos con el sello del hampa. La sociedad vivirá pues en un clima de desasosiego, y no será posible salir cómodamente en las noches. Caerán, eso sí, algunos miembros de bandas delictivas, pero en ningún caso los pesos pesados. Debe recalcarse que el gobierno hará numerosos énfasis en el sentido de que irá ganando la guerra contra el narco.
2) Los partidos políticos reñirán a muerte para alzarse cada uno con el mayor número de curules. El PRI se mostrará confiado en arrasar, el PRD entrará a una etapa de definición en medio de su ya proverbial cochinero y el PAN regresará, con patadas de ahogado, al discurso vomitivo que usó en la campaña de 2006, para lo cual ya volvieron a solicitar los servicios de Antonio Solá, el español experto en propaganda merdificada.
3) La situación económica será muy dura. Habrá despidos y cierres de espacios productivos. El dólar amagará con subir, los pobres y los desesperados serán más y aumentará con dramatismo la cantidad de drogadictos, ladrones, prostitutas y niños abandonados. Sabiamente, el gobierno declarará que sólo será cuestión de echarle muchas ganas para salir del hoyo.
4) Los bancos harán de las suyas con incrementos a sus tasas de interés y cobros leoninos de comisiones por servicios. Con saña telefónica perseguirán a los deudores como si ellos, los deudores, fueran usureros en un país decente. Los usuarios escucharán del gobierno que hay instancias protectoras del cliente, pero los bancos se pasarán por el arco cualquier dique o regulación que les quiera achatar los colmillos en este país que es el más grande paraíso para la delincuencia bancaria forastera.
5) La educación estará en manos de un grupo que opera según las reglas de Chicago en la época de la prohibición. La líder del magisterio ya no regalará camionetas a sus achichincles, pero su poder alcanzará para premiar a los buenos segundones con puestos públicos y, por qué no, con diputaciones del PRI, del PAN o de Nueva Alianza, que de todo tiene en su baraja.
6) La televisión en México informará con inocultable sesgo, y mientras se rasga las vestiduras por lo mal que trabajan los políticos producirá programas que enferman por lo miserable de sus contenidos. En diciembre de 2009, la televisora más poderosa organizará [aquí el vidente duda un poco, pues la imagen de su bola mágica transmite una imagen algo borrosa] una especie de maratón en el que recibe donativos; estarán a punto de no llegar a la cifra de recaudación trazada, pero al final la alcanzarán y habrá una ceremonia triunfal con Lucerito como conductora. 7) La selección mexicana de futbol pasará la eliminatoria, pero el director técnico extranjero recibirá fuertes críticas. Los medios, sin embargo, festejarán la consecución del boleto haiga sido como haiga sido.
Deslumbrado por la habilidad profetizadora de Ventura Benítez, le pago los tres mil pesos de sus honorarios y salgo de su nostradámico consultorio con la seguridad de saber muy bien, ahora sí, qué nos depara el 2009. Es lo bueno de consultar a los que sí saben de futurología.
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En nuestra gustada sección “Neologismos para prestadores de servicios”, va: ¿Cómo se le puede llamar a la trayectoria laboral de una teibolera? Sencillo: querrículum vitae.

miércoles, diciembre 31, 2008

2008: balas y catarros



No soy afecto a los resúmenes, pues siempre me dejan el mal sabor de haber discriminado mal. En este 2008 que hoy caduca, sin embargo, es fácil resaltar, a mi ver, los dos o tres temas que irrigaron la agenda informativa. El primero, sin duda, fue el de la violencia. El fuego alcanzó tan altas cotas de frecuencia que prácticamente no hubo día sin muertitos varios en alguna zona del territorio nacional. Chihuahua tuvo un incremento notable en este rubro, pero en ningún momento se quedaron a la zaga Baja California, Michoacán, Tamaulipas, el DF, el Estado de México, Guerrero, Durango, Nuevo León, Sonora y, por supuesto, Sinaloa, de suerte que el cómputo más popular de nuestro país fue el que llevó la cuenta de los ejecutados. La guerra contra el crimen organizado (por llamarla cómodamente) ha costado en México, pues, tantos muertos como los que produce una guerra entre dos naciones, y todavía es hora en la que nadie con sano uso de razón es capaz de adivinar hacia dónde se dirige el problema, o cuál es en el fondo, si la hay, la estrategia del Estado mexicano para aplacar al crimen.
Como en el arranque de 2007, cuando el calderonato dio el banderazo de partida a la cacería antinarca, sigue sin verse claro de qué se trata el asunto. Es como un circo de tres o cuatro pistas: por un lado son atacados efectivos pesados de la delincuencia mediante, sobre todo, la muy cuestionada participación del ejército; y, por otros flancos, son depuradas del infiltrado cochinero las instancias judiciales y de inteligencia. Ojalá y debajo del bochinche haya, de veras, un plan pensado, congruente, porque de acuerdo a lo que se ve padecemos un profundo problema de descomposición institucional que en la práctica atraviesa todos los ámbitos de la realidad. Si nos atenemos a las evidencias, el pesimismo es el único camino libre de candores. Porque, ¿cómo acabar con la lepra de la delincuencia cuando todo ha sido atacado por ella, cuando la política es una expresión de la viscosidad que sirve de lubricante a las mafias? En 2008 aumentó más del 30% el número de ejecutados en el país con respecto al año pasado. La cifra final la tendremos hoy a la media noche. Lo terrible no será tenerla, pensarla, memorizarla, sino anticipar que el 2009, visto el panorama que nos pinta un año que además padecerá la carcoma de las elecciones, será igual o peor de cruento.
La Laguna tuvo también lo suyo y terminó con sonoras balaceras para que se vea que también aquí hace aire. La cosa anduvo muy tensa a mediados del año, y hubo semanas en las que sentimos toques de queda tácitos. La cereza fue, lo recordamos, el encontronazo entre policías preventivos y efectivos federales, lo que hizo papilla, y hasta tornó risible, el anhelo de la administración joseangelista por forjar la mejor policía del norte de México.
En suma, el país ya no es lo que era antes; en exactamente dos años pasamos de la relativa tranquilidad a la zozobra plena, y lo peor: en el Estado mexicano no hay un solo culpable de esa involución.
El otro gran tema comenzó a mover su hociquito allá por mayo o junio: el secretario Carstens, con la rotundidad que lo caracteriza, dijo en Nueva York que los augurios de recesión en la economía norteamericana no iban a pegar muy duro a México, y a lo sumo nuestra economía sufriría un “catarrito”. Más allá de lo bonachón y centrado que parece, a estas alturas ya hubiera sido despedido en cualquier otro gobierno, pues su mocoso pronóstico devino pulmonía, una enfermedad ciertamente mundial, pero que en México fue manejada al principio, quizá para no inquietarnos tanto, como problema nimio y ya se ve que no lo es: cierre de empresas y consecuente desempleo, baja en las remesas, recortes presupuestales y demás traerán consigo un aumento de la frustración y la impotencia que garantizan cuadros entusiastas para la delincuencia. O sea, una mala broma del secretario Carstens.
Lo dicho, y sobre todo lo no dicho, aunque triste, no obstruye el deseo de muchos, al que me sumo, de que tengamos un 2009 productivo y pacífico. Esperancémonos: es muy difícil tener un año peor al 2008 que hoy, por fin, bendito sea Quetzalcóatl, termina.
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En nuestra gustada sección “Grandes descubrimientos inútiles”, va: Mi hija me preguntó que cuándo cumplía años nuestro coche. Batallé un poco para responder, pero al fin hallé palabras sensatas: si no me equivoco, todos los coches del mundo celebran su cumpleaños el primero de enero.

domingo, diciembre 28, 2008

Otra tanda gourmet



Entre las muchas promesas que me incumplí en 2008 está la de publicar la plaqueta Callejero gourmet, especie de tratadito antisolemne sobre gastronomía lagunera. Terminé las breves veinte estampas textuales que lo componen, pero no ajustó la plata para llevarlo a la imprenta. Me quedé, pues, con las ganas de compartirlo. Publiqué en esta columna, sí, un adelanto hace varios meses, y modestia al margen siento que tuvo buena acogida. Entre otros, uno de los lectores que me lo comentó con entusiasmo fue Juan Antonio García Villa, quien de inmediato reconoció como propios (suyos de él, para decirlo en términos populares) los platillos que abordé. Convido ahora, espero que para tentar a los vacacionistas, otras dos estampas; ojalá y nuestros visitantes comprueben lo que afirmo y muevan el bigote como es debido:

Hamburguesa
Sé que afirmar la supremacía universal de las hamburguesas laguneras me coloca en una posición muy cuestionable. El chovinismo en gastronomía sólo tiene su razón de ser en los hábitos a los que el paladar ha sido sometido. Los mexicanos, en general, hallarán sin gusto el mate, por ejemplo, simplemente porque nunca han probado esa infusión, así como los argentinos sentirán que el chile es una monstruosidad nomás porque los paladares de la pampa nunca han sido adiestrados en el consumo de picantes que vayan más allá del chimichurri. La comida es, acaso, lo más histórico y lo más cultural del hombre: cada quien goza con sus alimentos de acuerdo a la educación del paladar, que es tal vez el más memorioso de los sentidos. Un sabor, incluso ese sabor etéreo que es el aroma, nos trae toda la infancia a la cabeza, el aluvión del pasado en la cocina de la infancia y toda la parafernalia de recuerdos aledaños. A riesgo de equivocarme o de parecer imbécilmente chovinista, insisto: las hamburguesas laguneras ostentan a mi juicio el fajín universal de buen sabor. Debo aclarar que me refiero a las callejeras, las que vende cualquier carrito rascuache en cualquier punto de la región otrora “bañada” por el Nazas, como decían nuestros antiguos poetas de aguachirle. Esas hamburguesas de carrito cucho no las he probado ni en Estados Unidos, la supuesta capital mundial del susodicho producto. Algo tienen las de aquí —¿la mugrita, los malditos estafilococos?— que adquieren un sabor sin parangón. Lo básico es el pan y la carne, buenos en ambos casos casi en donde sea siempre y cuando estemos en La Laguna. Lo que las hace grandes es el elemento extra, esos ingredientes nada secretos que van de la cebolla cocida y medio dulzona, el tocino picadito, el aderezo de mayonesa, el chile encurtido, el tomate y la lechuga, todo impregnado de un sabor a carbón que nos remonta a la pureza de la cocción original del ser humano. La hamburguesa lagunera es entonces la antítesis de la de McDonalds o Burger King, franquicias donde venden hamburguesas que son como princesas frígidas: nada pueden hacer contra las excitantes hamburguesas mulatas que deambulan en las calles laguneras. Esas sí saben a algo, y además llenan, pues suelen ser sobradamente vastas, tanto que muy pocos pueden liquidar dos al hilo. Qué más se les puede pedir.

Taco dorado
A mi modesto parecer de omnívoro irritilia, el taco dorado es la fritanga por antonomasia de la gastronomía local. Los recuerdo desde siempre; para mí, de hecho, taco es ese taco, algo así como el taco primigenio de la humanidad, el prototaco. Con el paso de los años he descubierto y han sido inventados, claro, otros tacos, desde los de La Joya hasta los de gusto agringado, como los de Taco Bell. Pero insisto: el taco dorado es como el mero papá de los tacos en mi paladar, un detonador de mi memoria que, cuando percibe aquel olor característico a sebo, viaja hacia las calles de Gómez, hacia un anafe donde nadan en aceite ardiente los tubitos de tortilla. El gusto ha cambiado. A buena parte de los tragones ya no le agrada que sus alimentos sean tan grasosos, y el solo hecho de ver albercas de manteca en ebullición la hace recular y, en La Laguna, creo, ya no es muy común encontrarlos, como ocurría más endenantes, por doquiera que uno iba. Pero qué tacos, señoras y señores. Nomás deje de comer un día y piense en esto, para ver si no se le hace agua la buchaca. En un plato extendido, ponga cinco o seis tubitos surtidos, mantecosos; luego trépeles suficiente verdura (lechuga o repollo picados, tomate en rodajas) y como remate una buena dosis de cueritos de cerdo. Bañe luego el compuesto con un poco de crema líquida y remate con otro baño de salsa roja no muy espesa. El contenido típico de cada taco no es muy variado: los hay de papas, picadillo, requesón, frijoles y carne, entre los más célebres. Uno puede pedir una “orden” surtida, que incluye los ya mencionados, o de pura carne, que por lo regular es cobrada unos centavos más cara que la otra. Si uno los pide “para llevar”, hay dos costumbres que, creo, ya están en franco proceso de extinción: los tacos y su verdura son envueltos en un megataco de papel de estraza indefectiblemente seboso; la otra costumbre, si había mucha familia y poco poder adquisitivo, era que el cliente pedía al taquero o la taquera que le echara “más pastura” (o sea, más verdura), dicho esto en argot de establo bovino.
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En nuestra gustada sección “Musas populares”, va: Adriana Luévano, poeta lagunera, me regaló el texto de un precioso mensaje hallado en una carnicería: “No hay amor más puro y sincero que el de un carnicero”. El plomero, el jardinero, el carpintero y el zapatero están en desacuerdo. En su favor alegan que sus oficios también riman con “sincero”.

sábado, diciembre 27, 2008

Año nuevo en París



Nada supera a París durante las vacaciones de año nuevo. Para pasarla bien, qué mejor que caminar sus calles, visitar sus parques y recorrer sus espléndidos museos, su torre emblemática, el inagotable Louvre. Acá estoy pues, gozando de sus bellos paisajes urbanos, empapándome con su cultura. Cuánto se aprende en París. La verdad, no puede haber cansancio para la mirada, por ejemplo, en un lugar como los Campos Elíseos, que es un jardín del siglo XVII convertido en gran avenida-paseo que conecta la Concorde y el Arco del Triunfo. Es uno de los muchos atractivos turísticos y una de las principales calles comerciales de París. Esta avenida ha sido llamada “la plus belle avenue du monde” (la avenida más hermosa del mundo).
Y qué se puede decir sobre la Avenue Montaige, sede de marcas de lujo como Chanel, Louis Vuitton, Dior y Givenchy. No muy lejos, el Distrito de Commercy, espacio donde es posible encontrar lo mejor de la alta moda y sus grandes marcas, como Hermès y Christian Lecroix.
La zona en torno a la Ópera Garnier es el sitio de la capital con más alta concentración de grandes almacenes y oficinas. Algunos ejemplos son el Printemps y los grandes almacenes Galerías Lafayette. También es la sede de gigantes financieros como el BNP Paribas y American Express.
En Montmartre se encuentra la zona histórica de la Butte, lugar donde se ubica la basílica del Sacré Coeur. Montmartre siempre ha tenido una notable historia artística y tiene una alta cantidad de estudios y cafeterías. Por otra parte, no muy lejos, está Les Halles, que era antiguamente el mercado central de la carne y otros productos del mercado de París. Desde finales de los 70 es un gran centro comercial en torno a una importante estación de conexión de metro (la más grande de Europa). El mercado de Les Halles fue destruido en 1971 y sustituido por el Forum des Halles. El mercado central de París, el mayor mayorista de alimentos en el mundo, fue trasladado a Rungis, en el sur de los suburbios.
Quien tiene el privilegio de estar en París debe darse una vuelta porLe Marais, barrio con negocios y empresas del ámbito legal y bancario. Es considerado el lugar más cosmopolita de Europa. Igualmente, es obligatorio pasar por la Plaza de la Bastilla, uno de los sitios más importantes en la historia de París y de toda Francia, por los importantes sucesos que ahí se dieron y que tanta influencia han ejercido hasta nuestros días. Debido a su valor histórico, la plaza es utilizada a menudo para las manifestaciones políticas.
Quartier Latin es otro punto de inmenso valor histórico; es el barrio estudiantil del siglo XII, que se extiende entre la orilla izquierda de la Place Maubert y el campus de la universidad de La Sorbona. Es conocido por su ambiente animado y por sus muchos bares. Con diversos centros de educación superior, como la École Normale Supérieure y ParisTech, se ha convertido en el gran centro educativo de París, lo que también contribuye a su atmósfera. Montparnasse, para terminar, es un lugar donde se encuentra el Banco de Francia. Zona famosa por los estudios de artistas, la música , la vida bohemia y las cafeterías.
En fin, cuánta hermosura hay en París. Acá estoy pues, gozando en internet de sus bellos paisajes urbanos, empapándome con su cultura gracias a Wikipedia. Al menos así puedo, como poeta modernista encerrado en su latinoamericana torre de marfil, distraerme un poco de mi residencia en Torreón, de las balaceras en La Durangueña y todo eso, todo eso.
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En nuestra gustada sección “Neologismos anatómicos”, va: hace algunos días leí una nota en La Opinión sobre el alarmante y generalizado problema del sobrepeso. El texto apuntaba que, según agudas investigaciones, la obesidad tiene sus orígenes en el cerebro. A partir de ese descubrimiento los científicos han modificado un término anatómico: ahora están hablando de la “gordeza cerebral”.

jueves, diciembre 25, 2008

Cursi y ruda



Las fotos que pude hallar con el buscador icónico de Google son contundentes: Laura Zúñiga Huízar, nuestra belleza Sinaloa 2008, es en efecto un bombonazo que alegra la pupila más apática. Frágil, encantadora, la chica oriunda de Culiacán se ve como palomita mensajera al lado de los bisontes con los que se codeaba hasta que la detuvieron, el martes, en Zapopan. El contexto de su captura fue surrealista, como de hecho lo es buena parte de la información que fluye en México: Zúñiga Huízar avisó a su familia que sólo iba a una posada. De Culiacán a Zapopan, sí, a una posada. La realidad era otra: estaba metida, no sabemos hasta dónde, en el negocio de la droga, y allí cayó el reinado que por su espectacular facha bien merecía.
Hallé en una de las páginas relacionadas con el mundo de los certámenes de belleza una brevísima entrevista; se la hicieron cuando aspiraba apenas a la corona de su entidad, que por cierto es tierra de mujeres triple A. No hay diferencia entre lo que puede contestar cualquier otra miss, pero en este caso la cosa cambia (o “varea”, como me dijo alguna vez un vendedor de tunas): del mundo rosa, del ámbito lupitajonesco donde la cursilería sienta sus reales, Zúñiga Huízar pasó al universo de la rudeza donde el cuerno de chivo determina quién es quién en los deportes. Este es mi país, esta es mi gente. De un día a otro la realidad se encarga de hacer travesuras extraordinarias, situaciones que desbordan la ficción más descabellada. Esta es la entrevista a la hermosura culichi:
Aficiones
Leer y estar con mi familia
Comida Favorita
Comida típica mexicana
¿Ciudad o país que te gustaría conocer?
Egipto y Sudáfrica
¿Qué es lo que más te gusta de ti?
Que tengo mucha paciencia.
¿Por qué crees merecer ser la ganadora de Nuestra Belleza Sinaloa?
Más que merecer, es el honor de poder representar a mi estado y ayudar a otras personas.
¿Qué se siente salir seleccionada para el certamen?
Alegría y a mis padres les llena de orgullo”.
La noticia ha dado obvio pábulo a los juegos de palabras: narcobeldad, narcomiss, narcorrorra, y así hasta agotar existencias. Al ritmo que vamos, pues, pronto no habrá actividad que no sea tocada frontal u oblicuamente por el negocio, de manera que más vale preparar las palabras de ese vocabulario hipotético: narcolegislador, narcopayaso, narcocantante, narcosoprano, nacoestilista, narcoplomero, narcoarquitecto, narcomaestro, narcodentista, narcocorredor de bienes raíces, narcojoyero, narcopoeta, narcoeditor, narcosacerdote, narcodiplomático, narcoastronauta, narcorreportero, narcocazador de narcos, narcodeportista, narcorregidor, narcobanquero, narcoactor, narcochef, narcomodisto, narcopeluquero, narcopadrote, narcofilántropo, narcoescultor, narcopríncipe, o sus variantes más especializadas, como narcolateral derecho de los Tiburones Rojos del Veracruz, narcoabogado penalista con especialidad en casos de robo, narconovelista policiaco.
El caso es que la realidad cómica, mágica y musical mexica no se agote de dar tema. Mientras siga la mata dando, seguiremos fumando.

Terminal
En nuestra gustada sección “Ocurrencias misceláneas”, va: el martes en la noche estuve en una posada con los amigos Gilberto, Javier y Miguel Prado Galán, Fernando Montano y los hermanos Salvador y Enrique García Cuéllar. El último de los mencionados es director de un periódico en Tapachula, y traía a su tierra, La Laguna, ocurrencias harto interesantes que fueron brotando durante la charla. Anoté tres: 1) comenta que en Tapachula supo de dos sujetos que eran conocidos como “Los Hermanos Torpedo”, porque uno era torpe y el otro pedo; 2) alguien preguntó que cuál había sido el pecado de Onán, y su respuesta fue metafóricamente genial: “Bajarse en marcha”; y 3) hizo una definición muy original de la ouija: lap top de madera.