Hoy
en la noche, en la Casa del Cerro, será presentada la tercera edición de Tulitas de Torreón traducida por
Fernando Fabio Sánchez (Torreón, 1973). Gerardo García y yo acompañaremos al
traductor, quien es también escritor, maestro y columnista de prensa. Participé
dentro de este libro como editor y como escritor en un par de páginas. Un fragmento de lo que contiene está
aquí:
Entre
los documentos privados, íntimos, que mejor testimonian el nacimiento de
Torreón como ciudad destaca, sin duda, Tulitas
of Torreon. Reminiscences of Life in Mexico, publicado en 1969 en El Paso,
Texas. Tal vez no fue Fernando Fabio Sánchez el primer torreonense que tuvo en
sus manos ese libro, pero sí, esto es seguro, el primero que se impuso la tarea
de divulgarlo, lo que empezó por el desinteresado acto de trasladarlo a nuestra
lengua. El traductor describe en su prólogo la circunstancia que lo puso frente
al libro y lo que vino luego: el lento trasiego de un idioma a otro.
Lo
que no cuenta es que pocos años después, en 2000, con escasos recursos y ya
lejos de La Laguna, emprendió la edición y la impresión de estas reminiscencias
para que nosotros tuviéramos la oportunidad de acceder al relato que alguna vez
le hiciera Tulitas Jamieson a Evelyn Payne.
Lamentablemente,
aquel fruto editorial no gozó de la circulación adecuada, y el libro deambuló
poco en la región del Nazas. Llegó, sí, a varios lectores que atestiguamos con
asombrada delectación el largo camino que debió recorrer la Casa del Cerro para
contarnos sus historias inaugurales, las que tejió allí Tulitas Jamieson (hija
de Federico Wulff) con sus padres y sus hermanos.
Casi
quince años después de aquella primera edición en español preparada por
Fernando Fabio Sánchez tuvimos a la mano la segunda en 2013, y hoy la tercera
en 2019. La primera, bellamente editada pese a su austero acabado, fue revisada
en la segunda edición por el autor y a ella le fue añadido un anexo fotográfico
fundamental para complementar las excelencias del relato. Asimismo, la portada
pasó de ser meramente tipográfica a icónica, y en ella luce una composición
donde destaca la casona que hoy es uno de los emblemas torreonenses. Salvo en
la portada y otros detalles menores, tercera edición respeta la publicación
anterior.
¿Por
qué esta nueva salida de Tulitas de
Torreón. Reminiscencias de una vida en México? Creo que la mejor respuesta
es también la más simple: porque es un libro entrañable, querible, sobre el
pasado de nuestra ciudad visto desde el recuerdo y desde, como se dice ahora,
la otredad. Unas cuatro o cinco décadas después de que Tulitas nació en Torreón
y vivió en la Casa del Cerro, cuenta a Evelyn Payne, su hija, la andanza de la
familia Wulff en nuestras tierras. Tulitas narra, Evelyn escribe, y gracias a
ese volcamiento de la memoria nosotros asistimos no sólo al relato familiar,
sino a la recreación de aquel pasado en el que Torreón era una ciudad recién
nacida. El tono de la narración es, creo, una de sus virtudes más poderosas,
pues de manera sencilla, sincera, coloquial, Tulitas articula su evocación sin
presentir siquiera que alguna vez la estaremos leyendo en español.
Esto, ingresar al recuerdo de Tulitas en nuestra lengua, se lo debemos a Fernando Fabio Sánchez, quien luego de concluir sus estudios de comunicación en La Laguna emigró a los Estados Unidos, esto a mediados de los noventa. Allá estudió su maestría y su doctorado en letras, ambos en la prestigiada Universidad de Boulder, Colorado. Luego ha trabajado como maestro e investigador en dos universidades del oeste norteamericano (en Oregon y en California). A la par, sus libros han visto poco a poco la luz; ha publicado cuentos, poesía y ensayo. Destaca en su notable bibliografía el estudio monstruo titulado La luz y la guerra. El cine de la revolución mexicana, compuesto junto al también lagunero Gerardo García Muñoz; este libro es ya, desde su salida, un estudio canónico sobre el tema, y da cuenta por sí solo de la solvencia intelectual adquirida por dos estudiosos torreonenses. Un personaje protagónico de Tulitas de Torreón es, por supuesto, la Casa del Cerro que desde hace un siglo se erige como una de las presencias más visibles, por su señera ubicación, en el extremo poniente de la ciudad. Hoy, la Casa del Cerro es, como sabemos, un museo, y es dable pensar que el diálogo de Tulitas con Evelyn constituye también una especie de biografía sobre este recinto, uno de los patrimonios arquitectónicos más queridos por los laguneros. Avancemos ya, pues, sobre las páginas de este recuerdo. Que Tulitas de Torreón sea leído y comentado como lo merecían y como lo merecen, como lo merecerán siempre, nuestra querida Casa del Cerro y sus primeros inquilinos.