sábado, mayo 16, 2015

Puertas de papel




















Las preguntas aparecen cada vez con mayor frecuencia: ¿qué han sido y qué son hoy los libros, qué pasará con ellos, cuál es su destino en un mundo gradualmente dominado por la comunicación electrónica, en qué se convertirá la lectura si todo sigue como hasta ahora? Arnoldo Kraus (Distrito Federal, 1951, médico y profesor de medicina en la UNAM, articulista y autor, entre otros libros, de Apología del lápiz y Cuando la muerte se aproxima) ha pensado en esas preguntas y en Apología del libro (Conaculta, México, 2012) ofrece algunas respuestas atendibles no sólo por quienes creemos en este objeto —es decir, lectores que no necesitamos ninguna conversión— sino, sobre todo, por quienes desconocen o han renunciado al libro como transformador del alma humana.
Este libro sobre el libro es un ensayo libre, personal, sereno, como pensado con el chip de Montaigne puesto en la cabeza. Sin dogmatismo, sin desgarrarse la piel para demostrarnos que es verdad lo que poco a poco afirma, sin atestar de citas eruditas su reflexión, Kraus nos convida un paseo por su pasión bibliográfica. Es un paseo lento, a pie, como bien cuadra a un recorrido sobre este tema.
En las páginas va quedando pues asentada su certeza sobre el valor todavía fundamental del libro como organizador de la sensibilidad y la memoria de nuestra especie. El contraste, claro, se establece entre el libro y los soportes que lo han colocado en una zona marginal, más marginal que la padecida por el libro antes de la aparición de internet. Kraus exalta las bondades del objeto, las enumera: el contacto con el papel, el olor de la tinta, la posibilidad de escribir con mano humana sobre sus hojas y todo eso. En la acera opuesta, la lectura sobre pantallas, siempre vertiginosa, irreflexiva, facilista, entrecortada, fragmentaria y superabundante, tanto que hoy se ha hecho de códigos (“mensajes abreviados, casi sin idioma”) en los que nada entra en real contacto con nada y todo se consuma en el plano de la virtualidad.
Apología del libro, objeto editorial bellamente ilustrado por el maestro Vicente Rojo, es en el fondo un sereno llamamiento a quienes todavía sientan que puede ser posible, sin renunciar a las nuevas tecnologías, creer en el libro como arma civilizatoria principalmente porque con él podemos hacer algo que no excede las capacidades humanas: pensar con calma, reflexionar con hondura, sentir que gracias a estas puertas de papel entramos de veras en contacto con nuestros semejantes debido a la magia de la impresión real.
Podrá ser un clamor en el desierto, no sé, pero yo lo acepto y, como Arnoldo Kraus, seguiré siguiéndolo.