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miércoles, febrero 21, 2018

Crónicas de Saúl Rosales




















Hoy a las siete de la tarde en la biblioteca municipal José García Letona ubicada en la alameda de Torreón, la maestra Silvia Castro y yo presentaremos Cronistas, historiadores y crónicas, libro más reciente de Saúl Rosales. Este nuevo título contiene un amplio y documentado estudio preliminar en el que el autor detalla el ser de la crónica en tanto género periodístico-literario, además de un apartado aún más amplio que alberga 26 crónicas escritas por el mismo autor y cuyos títulos —al menos muchos de ellos— dejan ver claramente que estos textos se refieren a hechos y personajes del entorno en el que vivimos: “Septiembre de las inundaciones del Nazas”, “Torreón de identidad de ladrillo”, “Reencuentro con el arte de Pilar Rioja”, “Moreleando edición 2013”, “Rusos en la estepa del Nazas”…
En su advertencia, el escritor lagunero señala que “Este libro pretende contribuir a que se reinstaure la auténtica crónica en ciudades, pueblos, aldeas, congregaciones —que las hay, y tienen sus ‘cronistas’— y villorrios, con el propósito de que se enriquezca su historia”. Para él, los cronistas investidos oficial o extraoficialmente como tales han cumplido una labor más cercana a la del historiador que a la del cronista, como extralimitados o al menos imprecisos en sus funciones.
Para establecer los cuadrantes de la crónica, el autor recurre principalmente a las mojoneras colocadas por los soldados y misioneros de Indias, hombres que en algún momento de sus aventuras americanas le asignaron un nombre a eso que escribían: crónica, choronica o coronica, indistintamente, obras que daban fe del acontecimiento en marcha y que hoy sirven a la historia como auxiliares en la reconstrucción de aquel pasado sin más testigos que ellos mismos, es decir, sin los poderosos medios de comunicación que hoy acompañan casi cualquier andanza humana.
“… de dónde proviene el gusto por llamar cronista al historiador y por qué el ‘cronista’ no escribe crónica, sino historia”, es la idea que trata de aclarar el autor en su pormenorizado prefacio. “Para mí, pues, la crónica no es la evocación histórica ni la recuperación escrita de hechos del pasado lejano o más o menos inmediato, sino la reseña del presente”, observa un poco más adelante.
Tuve el gusto de trabajar con Saúl Rosales en la edición de este libro, y ahora me complace saber que lo presentaré. Su contenido es valioso, un aula, para cualquier lector, pero más para quienes hayan sentido alguna vez el deseo de escribir sobre lo inmediato.

miércoles, abril 06, 2011

Hoy, todos a la Alameda Zaragoza



Hoy, 5 pm, Fuente del Pensador, Alameda Zaragoza, Torreón, cita contra la barbarie de estos tiempos. Ya circulan algunas dudas acerca de la eficacia de estas manifestaciones; los malos de la película esperan que estas dudas cundan y nos paralicen. No hay que darles la razón, hay que sumarnos a la cruzada nacional contra el horror de la inseguridad.
Todos somos, aquí, necesarios. Traigo, para tratar de convencerlos, unas palabras de Zitarrosa y su inmortal "Guitarra negra": "Hago falta. Siento que la vida se agita nerviosa si no comparezco, si no estoy. Siento que hay un sitio para mí en la fila, que se ve ese vacío, que hay una respiración que falta, que defraudo una espera. Siento la tristeza o la ira inexpresada del compañero, el amor del que me aguarda lastimado. Falta mi cara en la gráfica del pueblo, mi voz en la consigna, en el canto, en la pasión de andar, mis piernas en la marcha, mis zapatos hollando el polvo. Los siete ojos míos en la contemplación del mañana. Mis manos en la bandera, en el martillo, en la guitarra, mi lengua en el idioma de todos, el gesto de mi cara en la honda preocupación de mis hermanos".
Un poco de solidaridad, nuestra sola presencia, es lo que se nos pide. Realmente es nada frente al enorme dolor de miles de familias mutiladas, frente al sacrificio de miles de hombres y mujeres que han perdido sus empleos, frente a todos los que hemos sido despojados de la tranquilidad indispensable para trabajar y convivir. Nos vemos pues en la Alameda, queridos amigos laguneros. Todos somos necesarios más allá de banderías políticas, religiosas, morales, económicas y culturales. Aquí nadie está de más.