miércoles, septiembre 13, 2017

Información y desastres














Tras el sismo del jueves pasado que golpeó principalmente a Chiapas y Oaxaca se desató una ola de rumores cuyo contenido prevenía a la población de aquellos y otros rumbos sobre más movimientos telúricos. En algunos casos se informaba (es un decir) no sólo sobre el lugar, sino sobre la hora en la que se daría el nuevo siniestro, como si los sismos y sus réplicas ya fueran predecibles por la ciencia. De inmediato, claro, se desató igualmente una ola de aclaraciones: muchos en las redes sociales explicaban, en serio o con burlas, que pronosticar con tino la ocurrencia de los temblores no está todavía al alcance de los instrumentos creados por el hombre, de manera que creer en los rumores rayaba en el candor más bobo. Aclárese lo que se aclare, sin embargo, algo del enredo queda, la comunicación ahora está despatarrada y eso obliga a que vivamos atravesados por esta ironía: la superabundancia de información provoca que no estemos informados o que lo estemos fragmentaria y superficialmente, a punta de encabezados y de memes.
Hoy, pues, todo en el mundo informativo se amontona para que captemos una pizca insignificante de verdad sobre cualquier tema, y todavía no desarrollamos los reflejos necesarios para reaccionar ante el inagotable menú de notas que sin freno llueven sobre nuestros celulares y computadoras. ¿Qué es mejor ahora, leer información u opinión? ¿Sirven las investigaciones amplias para modificar la realidad? ¿La prensa puede acotar en algo los excesos del poder o el poder también puede excederse en el envío de cañonazos obregonistas que la mantengan a raya?
A estas preguntas les dio lúcida respuesta Daniel Salinas Basave en el artículo “Reportear en el país de no pasa nada”. Su idea eje es ésta: “En teoría, en un país de leyes e instituciones tendría que pasar algo a partir de esta revelación [la de la llamada Estafa Maestra]. La mala noticia es que vivimos en el país de no pasa nada. Paradójicamente, el gran aliado de la corrupción en este caso es la cotidianeidad y multiplicidad de los escándalos. (…) El exceso de mala prensa opera aquí a favor del gobierno. Qué tanto daño les puede hacer otro bombazo periodístico, si igual ya salieron ilesos de la Casa Blanca, el condominio de lujo en Miami y tantas noticias que han sido la comidilla del sexenio para después quedar en el olvido”.
En suma, tener información de más no necesariamente ha sido bueno. Hay tanta mala nueva que ya ninguna nos importa. Punto para el poder.