miércoles, febrero 27, 2008

El arte del derroche



El notición circuló con éxito al cierre de la semana pasada. Sergio Vela, titular del Consejo Nacional para la Costura en las Tardes (CNCA, por sus siglas en español), se tronó 800 grandes en viajes nomás en el primer añuco de su gestión. Su recorrido más caro (a Madrid con escala en la bella ciudad luz) devoró 126 mil pesos, como si fuera un petrolero de los Emiratos Árabes y no un joven culturólogo mexica.
Este derroche debemos verlo en su plano exacto. Vela es un funcionario de primer nivel, como dicen, y si es así y vive en México requiere (o él cree requerir) un fondo de viáticos lo suficientemente amplio como para satisfacer sus necesidades a plenitud, sin cicaterías. Soy de los que en este momento están absolutamente de acuerdo con los cuantiosos gastos del régimen, por eso no me alarmo con que Vela use del erario casi un millón de pesos sólo para moverse por el mundo durante doce meses llenos de sabroso ajetreo.
El chiste es no aislar el caso del Saro Bermúdez calderonista. La perla difundida el domingo es apenas eso, una perla relativa a los gastos de viaje de un funcionario. No se incluye ahí, por ello, todo lo demás: su sueldo (dizque 153 mil pesos al mezquite, mil menos que Calderón), sus prestaciones, sus gastos cuando está “inmóvil” en la ciudad de México (desde su escolta, que por seguridad debe tenerla, hasta las decenas de partidas extras que siempre se dilapidan en funcionarios de elevado rango).
Ahora bien, un Sergio Vela no hace verano. Para calcular lo incalculable (los gastos de toda la nómina federal) debemos imaginar a un monstruo insumidor de recursos, al Estado tragaldabas, como alguna vez me atreví a denominarlo para enfatizar la imposiblidad de darle llenadero a dicha megamierda. ¿Cuántos Sergios Velas carcomen, pues, las arcas públicas y se dan la vidota a costa de la austeridad de carreteras, hospitales, escuelas, viviendas y demás de millones de mexicanos a los que sólo les tocan las migajas de las migajas de las migajas?
Sólo por eso celebro que Vela haya gastado miles de pesos en viajes, porque es una evidencia palmaria de la podredumbre actual del régimen que navega con bandera de Gutierritos y vuela a España con 126 mil pesos para lo que se ofrezca, un chuchuluco en el camino o el magneto de recuerdo para el refri. La nota en la que me apoyo, apunta: “Por lo que se gasta en pasajes, tanto nacionales como extranjeros, se infiere que Vela acostumbra viajar en primera clase, por ejemplo, para ir a ese balneario gastó en pasajes 6 mil 038 pesos, casi el doble de lo que cuesta un boleto de avión en viaje redondo a Cancún en clase turista”.
Extraña un poco que la inferencia lleve a concluir que Vela viaja en primera clase, si hasta un burócrata jediondo de Tlahualilo se negaría a volar en clase turista. Cuando el dinero es ajeno, los gastos no duelen y el patriotismo llama a defender el hueso con enfática convicción, como lo hizo ya Vela al decir que tiene un deber con la cultura de la patria y por eso no se va tras el affaire ni tras las acusaciones de amiguismo en las nuevas designaciones del CNCA.
Lo importante, entonces, no es ver la astilla del caso Vela como único, sino como ejemplo insuperable de los vientos que le han soplado al país desde que (siempre) la función pública es usada para encajar los colmillos a la yugular de las arcas públicas. La honestidad, el manejo austero de los recursos, han sido y son, desde que recuerdo, cuentos de estanquillo, lo más parecido a la fantasía de un régimen que anhela suicidarse pero que no lo ha logrado porque, pese a todo, el país es rico y los contribuyentes (seres permanentemente difamados con la etiqueta de evasores) hemos estado allí presentes y listos siempre a que la fiesta siga. Mañana mismo me apersono en Hacienda. Vela debe seguir ganando y viajando muy bien; me niego a dejar de colaborar en esa arraigada costumbre de la cultura nacional.