Mostrando las entradas con la etiqueta gerardo monroy. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta gerardo monroy. Mostrar todas las entradas

martes, mayo 13, 2014

El inquisidor y su hamaca: respuesta a Gerardo Monroy
























Gerardo Monroy urdió en un mes y nueve días (del 3 de abril al 12 de mayo de 2014) las “precisiones” que según él lo salvan y me vuelven a poner en mi lugar. Pobre. Tanto tiempo para terminar reculando de los dos argumentos “pesados” que demuestran mi incuestionable calidad de “represor” y “mafioso”, a saber, las entrevistas secretas que mantuve con personeros de El Siglo y de otro medio (todavía ignoro cuál). Ya desde allí comenzó mal, tan mal que ni siquiera leyó con cuidado mi respuesta y ahora vuelve exactamente sobre lo mismo, sólo que sin los argumentos “incontestables”. ¿Y qué más podía hacer? Pues nada. Seguir parloteando sin pruebas contra mí.
Dado lo anterior, voy a tratar de demostrar en este texto que ni su primera “carta abierta” (o “artículo”, pues le llamó de esas dos formas) ni sus “precisiones” obedecen a nada que no tenga que ver con su tirria y su ociosidad.
Procedo con una vuelta a su primera “carta abierta” o “artículo”, a ver si ahora sí me lee con atención.

El “redentor” no quiere que yo escriba
Entre otras muchas afirmaciones —según tú inteligentes— de la primera “carta abierta” o “artículo” está una que casi se oculta en el albañal que redactaste: dices que soy un defensor “no solicitado” en el debate, una especie de espontáneo —para decirlo en el argot taurino— que se lanza al ruedo sin estar en el programa. Mira nomás qué ingenioso. El tipo que se la pasa echadote en su casa y exhibe nula presencia en la vida cultural de la comunidad quiere decidir quién participa y quién no participa en los temas que le vengan en gana.
Sonaría jactancioso hacerte una lista de las actividades culturales y académicas en las que he participado desde 2006 a la fecha, incluidas las publicaciones en revistas, periódicos, libros y páginas web, muchísimas de carácter honorario, para que se note claramente quién es el que chambea, así sea modestamente, por la cultura lagunera, y quién es el oportunista que quiere hacerle al mesías exprés de la pobrecita comarca. Para no darle muchas vueltas y para que cualquier persona con internet tenga a la vista una evidencia sobre tu recién estrenado redentorismo, vamos a indagar en nuestros blogs, si te parece. Tal vez en la soledad de tu torre de marfil estás preparando una edición crítica de Pessoa o sin que lo sepamos ofreces conferencias en Lovaina, eso no puedo saberlo, como tú no puedes saber todo lo que yo hago en mi vida personal. Por eso te invito, e invito a la comunidad que nos sigue, a que hagamos juntos un recorrido por esos espacios no pagados, personales, de acceso libre, en los que se puede ver más o menos claramente quién es quién en lo que hace. Ambos, tú y yo, somos escritores, se supone. Perfecto. Ambos, tú y yo, nos interesamos por igual, se supone, en la comunidad con la que convivimos, sobre todo la vinculada al quehacer cultural. Y ambos, tú y yo, sentimos permanentemente la necesidad, dado que gozamos el privilegio de haber accedido a la “cultura”, de formar, de orientar, de educar así sea en un sentido lato, latísimo, a quien sea posible. ¿Ya sabes a dónde voy, verdad? Pues sí, Gerardo, a tu esmirriado blog y a la cantidad de posts que contiene desde 2006 a la fecha. Admiremos esta imagen:



















Como se puede apreciar, tienes una notable, por ridícula, actividad blogera desde 2009 (sin que antes, por cierto, haya sido particularmente ardua). En 2010, 2011, 2012 y 2013 preferiste guardar silencio, no hacer ningún “aporte” a la cultura, quizá dedicarte a leer y procesar, en el exigente alambique de tu espíritu, la delicada esencia de una obra poética que en el futuro transformará a la humanidad. Pero no podías seguir en esa tarea de convivencia secreta con las musas y en 2014 decidiste volver con ahínco al cultivo de textos en el blog. Te sacudiste la modorra del año nuevo hasta bien entrado el mes de marzo, y subiste un texto. No fue un post tuyo, curiosamente, sino uno titulado “La cumbia del yo no fui, fue Teté”, de un tal Jaime Muñoz Vargas. Unos días después, para demostrar que tu amor a la cultura lagunera es profundo y nunca regatearás esfuerzos para rescatarla del atraso y la barbarie, publicaste una “carta abierta” o “artículo” (3 de abril) contra mis intromisiones en el mundillo cultural. O sea, tu blog de escritor, de intelectual, de fervoroso militante de la cultura lagunera pasó tres años nueve meses en el limbo y salió de allí, corazón valiente, para luchar contra el espontáneo que saltó al ruedo para mancillar la castidad de nuestra cultura. Quiero suponer que La Laguna en pleno te aplaudirá este gesto de valor civil, el espadazo de un caballero que viene a desfacer entuertos. Excelente, van unas palmadas, paladín.
Por otro lado, tu servidor, un tipo que entre otras muchísimas actividades, incluida la de ser padre de tres hijas, alimenta un blog gratuito desde 2006, un blog que no restringe el acceso a nadie y busca sin alarde compartir algunas ideas sobre todo literarias, tiene esta numeralia de 2006 a la fecha:



















Si nos fijamos, desde 2009 hasta el 3 de abril de 2014 tú sumas 19 posts (uno de ellos de Jaime Muñoz Vargas) y yo 908. Nomás por estos fríos números, y nomás por todo lo que no traigo a debate, ¿quién es el opinador “no solicitado”, Gerardo? ¿El tipo que en casi cinco años aporta una vengadora cagarruta de chiva en su blog de escritor o aquél que, bien o mal, entre cien actividades, tiene además la voluntad de mantener un espacio de expresión y propuesta escritas? ¿Quieres que te dé las estadísticas de Blogger en relación con los visitantes de mi blog o mejor así le dejamos para no seguir exhibiendo tu zanganería?
Esta sumatoria me lleva de la mano a una conclusión de suyo paradójica. Nomás porque se te hincharon las pelotas, nomás porque interpretaste de manera "equivocada" otro chisme, me dijiste “represor de la libertad de expresión”. Te pregunto: ¿quién en este momento ya no puede, por mi culpa, escribir donde escribía? ¿Dame el nombre de un reprimido por “órdenes” mías y el medio del que fue excluido? Sé la respuesta a estas preguntas: cero personas, cero medios. En cambio, quien me acusa de “represor” señala: “sacrificas tu dignidad y asumes el grotesco y humillante papel de vocero no solicitado”, frase en la que veo el deseo de callarme, de impedirme que opine. ¿A quién debo solicitar, Gerardo, que me permita opinar sobre lo que yo quiera? ¿A la Secretaría de Gobernación? ¿Al Mayo Zambada? ¿A Hillary Clinton? ¿A Santiago Creel? ¿A Manlio Fabio Beltrones? ¿A Fidel Castro? ¿A Renata Chapa? ¿A ti? ¿Acaso no leíste lo que dije en el primer párrafo (sí, el primer párrafo) del texto que alborotó tus justicieros ímpetus? Me cito, para ver si releyendo entiendes cuál fue mi propósito: “De antemano rechazo toda acusación simplista, y más que nada absurda, en el sentido de que me interesa callar la voz del socorrido ‘feis’. Lo único que me interesa es mostrar cómo se maneja en ciertos casos, no más”. ¿Lo reitero así o más claramente?

¿Y la semblanza de don Fer?
Disculpa que resalte tu espléndida pereza, pero no me dejas opción. Me importa un reverendo sorbete si escribes o no, si prefieres tenderte en la hamaca en vez de salir a buscar un trabajo, pues como hombre mayor de edad eres libre de optar por el ocio si tal es tu vocación. Pero si deseas, con tus precarios antecedentes, opinar sobre el esfuerzo de los demás, en particular del mío, no me quedaré callado.
Voy a exponer, por ello, otro ejemplo inmejorable de la supergüeva que te cargas. En febrero de 2012 inicié mi chamba como director de cultura en Torreón. Sin que tú, sin que muchos lo supieran, vi de golpe que obtener buenos resultados con tan pocos recursos iba a demandar una labor titánica, un trajín de, al menos, dieciséis horas diarias de entusiasmo. Entre otros muchos proyectos diseñados por mí, pensé en una colección de pequeños libros con semblanzas de maestros del arte lagunero. La idea era que escritores y periodistas laguneros, algunos muy jóvenes, entrevistaran a los maestros elegidos, redactaran cerca de quince cuartillas y listo, recibirían un pago del ayuntamiento y también, por supuesto, ejemplares de su libro cuando estuviera impreso. Dada tu inclinación por la poesía, quise que escribieras la semblanza de don Fernando Martínez, poeta, sobre todo poeta. La quebrantada salud de don Fer me hacía pensar que en cualquier momento nos abandonaría, por eso la urgencia de entrevistarlo e incluirlo en una colección como la que proyecté. ¿Y qué pasó? Pues que no moviste un dedo ni por el pago ni por consideración a la frágil salud de don Fer. Tu opción preferencial por la güeva provocó que no hubiera semblanza de un escritor que pronto podía morir, lo que finalmente ocurrió el 10 de enero de 2014.
Por fortuna, la joven poeta Ivonne Gómez Ledesma y yo hicimos un esfuerzo por rescatar algo, lo que fuera, de la entrevista que no hiciste. Acordamos con Cristian Martínez Galiano, hijo de don Fernando, una visita a su casa, y la hicimos Ivonne y yo, como consta en mails que conservo. Fernando estaba, nadie lo ignoraba entre nosotros, ya muy enfermo, tanto que era atendido por una enfermera volante y una asistente fija. Lo entrevistamos y aproveché para tomar muchísimas fotos de él, de su casa, de sus libreros, de las fotos de su casa. Ese esfuerzo desesperado nos dejó a Ivonne y a mí la tranquilidad de saber que tenemos material para hacer algo, lo que sea, en homenaje al trabajo de don Fer. Esperamos armar algo este año, y ojalá nos sea posible. ¿Y tú? ¿Qué hicieste por don Fer y qué has hecho por los demás, por la comunidad cultural que hoy heroicamente defiendes de mis tropelías? Eso sí, cuando don Fer murió le dedicaste un magnánimo tuit, éste:




















En resumen, puedo en este momento ver de frente a Fernando, Gerardo, Mireya y Cristián, hijos del don Fer. ¿Podrías hacer lo mismo ahora que saben que fuiste tú quien no quiso dar ni un teclazo a la semblanza sobre su padre? ¿No que muy chambeador y preocupado?
Y amplío: durante mi periodo como director de cultura (de los "mejores en la historia reciente de Torreón", según palabras de Gerardo Monroy) jamás recibí un proyecto tuyo y en el actual periodo tampoco has llevado algo escrito, propositivo, lo que sea, a nadie. ¿O me equivoco? ¿Tienes acuses de recibo? Lo único que aceptaste fue un taller literario que adrede propuse (yo lo propuse, no tú) a tres cuadras de tu casa, esto para ayudar, entre otros propósitos, a que tuvieras un ingreso. Eso sí lo aceptaste, claro, pues era hablar de literatura a tres cuadras de tu casa y el ingreso no era malo. Sólo así accediste a salir de la ratonera.

La falacia implacable
Como podrás notar, tu primera “carta abierta” o “artículo” es una mina casi inagotable de dislates, tanto que debería avergonzarte y no salir ahora con “precisiones” para enderezar la tuba de Goyo Trejo. Te crees muy listo, pensaste que en tu calidad de fantasma que no se arriesga a nada, que no propone nada, que no hace nada, ibas a pasar invicto y hasta ganarías aplausos del respetable público. Qué bárbaro, qué manera de salir desnudo a la palestra. Tan mal andas que ni siquiera, como te lo he restregado, sabes distinguir entre una “carta abierta” y un “artículo”. Esa confusión de géneros, te lo comento de paso, es visible también en una de tus alegres argumentaciones, que de alguna forma reiteras en las "precisiones". Te cito: “Supongamos que un grupo de usuarios de Twitter o Facebook ‘re-tuiteara’ o ‘re-feisbuqueara’ (promoviera mediante hipervínculos) una nota donde se dijera que las islas Fidji sufrieron el golpe de un terremoto. Supongamos que a determinado individuo, por equis razón, no le pareciera creíble la noticia. Imaginemos a nuestro escéptico dirigirse a 5 ó 10 de los ‘tuiteros’ o ‘feisbuqueros’ para demandarles un ‘documento que visibilice incontrovertiblemente’ el temblor de las Fidji. Absurdo, ¿verdad? Y sin embargo eso, ni más ni menos, fue lo que hiciste”. Hace mucho no leía una  tontería de esta envergadura. Perdona que te lo reitere así: es una tontería. Ahora permite que la desmonte.
Vamos a hacer un pequeño ejercicio de sentido común, para ver si así entiendes. 

1. Opción Monroy
Imaginemos que Pepito, Juanito, Chonita, Petrita, Chabelita y treinta usuarios más de Facebook linkean esto:

http://www.latercera.com/contenido/680_229632_9.shtml

Luego yo, escéptico de que ese enlace da a conocer una "nota" o "noticia" verdadera, me lanzo a la yugular de los linkeadores, los "acoso" y les exijo una prueba "incontrovertible" de que la "nota" o "noticia" es cierta. Aterrorizados por el “acosador”, ellos viajan (todos, en un vuelo chárter) a Chile, reportean en Iquique, toman fotos, entrevistan a los damnificados y me traen, de regreso a Torreón, la prueba contundente, incuestionable, del terremoto chileno. O mejor: no viajan, pues es "absurdo" hacer un recorrido tan largo sólo porque un tipo (o sea, yo) está “acosando” a la comunidad feisbuquera y pide una prueba "incontrovertible" del terremoto. En pocas palabras, se quedan callados ante el “acoso” bobo de tu servidor. Perfecto, hasta aquí sigo tu lúcido (o más bien lucido, sin tilde)  razonamiento. Qué vivo eres. Lo que pedí es "absurdo", una necedad imposible de complacer. Me trago todas mis palabras.

2. Opción Muñoz
Imaginemos que Pepito, Juanito, Chonita, Petrita, Chabelita y treinta usuarios más de Facebook linkean esto:

http://www.latercera.com/contenido/680_229632_9.shtml

Luego yo, escéptico de que ese enlace da a conocer una "nota" o "noticia" verdadera, me lanzo a la yugular de los linkeadores, los "acoso" y les exijo una prueba "incontrovertible" de que la "nota" o "noticia" es cierta. Aterrorizados por el “acosador”, los linkeadores me propinan una paliza: me mandan 300 links de periódicos prestigiados del mundo donde informan con fotos, palabras y videos que hubo un terremoto en Chile. De esa manera los linkeadores hacen pomada mi bobo escepticismo.
También puede ocurrir que yo, escéptico de que ese enlace da a conocer una "nota" o "noticia" verdadera, en la comodidad de mi hogar y computadora en mano (con el Infinitum de Carlos Slim) escriba en Google lo siguiente: "Terremoto en Chile 2014", lo que me arroja estos enlaces comprobatorios:













¿Te gustan doce sites de medios prestigiados o quieres más? ¿Te busco cuarenta, ochenta, cien más en quince minutos? ¿Cuántas webs te parecen adecuadas para comprobar que el terremoto chileno sí ocurrió? Como podrás ver, tu argumento es una falacia, la simulación de un razonamiento, un choro cuyo único objetivo es joder, meter ruido al ruido, quitar tiempo a las personas que sí trabajan, un embuste que se derrumba con un soplido de Google. En otras palabras, tuviste tiempo para indagar hasta mi vida privada en páginas web y no se te ocurre que una noticia como el terremoto en las islas Fidji puede tener cuatro mil notas simultáneas en la red mundial.
Esa es la razón por la que resulta necesario alfabetizar en todos los sentidos. Hay que enseñar a la gente, aunque duela, a leer, a comprender, a usar su escepticismo ahí donde se requiera, no fomentar la mala leche o aplaudir el chismorreo como si fuera una virtud social. Hay que enseñarla a delimitar los géneros periodísticos y literarios. Esto significa que en vez de tumbar las puertas de El Siglo y preguntar por algún reportero de cultura, es mejor, más útil y duradero, el método de la enseñanza, en este caso, para leer periódicos (o libros o revistas o páginas web). Allí donde se difunda, te lo repito por enésima, "dicen las malas lenguas", "nuestros reporteros encubiertos" y demás fórmulas propicias para el rumor, lo primero que yo haría es enseñar a no creer, o a creer parcialmente, si gustas, y sólo linkear si uno acepta que el rumor es lo más constructivo que hay en el mundo periodístico. También, claro, es posible buscar otras fuentes, cruzar la información, establecer algunas mínimas pautas de certidumbre antes de lamentar en garañón y con matraca la mala nueva de que, “como dicen las malas lenguas”, un liceo público se convertirá en burdel y por lo tanto hay que linchar, sin juicio ni nada, al director de cultura.
Ya no digo más sobre tu confusión de géneros. Sólo te recomiendo que distingas, que delimites los territorios de la información, de la opinión y del rumor. Todos se manejan distinto, no los guises en la misma cazuela.

No todo es tianguis
Te quejas de malas caras o trato despótico en el IMCE, de que sus puertas están cerradas a piedra y lodo. Ofrece, como siempre, pruebas. También aquí fracasarás, campeón. Antes de explicarte por qué, deja que te cuente una linda anécdota de mis tiempos de director. Seguro te encantará.
Fui a promocionar actividades, como muchas otras veces, a la cabina de radio de Grem. Me entrevistó Marcela Pámanes y todo fluyó en orden, muy bien. Llegamos al final del diálogo y Marcela dijo lo siguiente: “Jaime, déjame leer por último este mensaje del público, lo manda fulano de tal [aquí omito el nombre del personaje, pues en realidad él deseaba permanecer anónimo], y dice: ‘Cómo cambian las personas cuando llegan a un cargo público. Sé de innumerables artistas que han planteado proyectos y se quejan de no haber sido apoyados por la DMC’. ¿Qué opinas sobre esto?, Jaime”. Respondí de botepronto lo siguiente: “Marcela, quiero recordarle a mi amigo fulano que me dedico a escribir y por lo tanto me gusta usar las palabras con precisión. Él señala que son ‘innumerables’ los artistas que han llevado proyectos y no han recibido apoyo en la DMC. Bueno, innumerables me suena a 54 mil, así que fulano está en un aprieto: debe buscar ‘innumerables’ proyectos con acuse de recibo de la DMC y con eso demostrar, primero, que los he recibido y, segundo, que no los he atendido. Platicamos cuando los reúna”.
Si te fijas, lo más fácil del mundo es agarrar el teléfono, el chat, el WhatsApp, el mail y tirar palabras a matar. La idea es aparentar una preocupación, hacerse el estremecido, el consternado, el triste por la situación de ineptitud y atraso que padece la cultura, pero no probar nada, solo hablar, soltar un torpedo, chismorrear, bulear al que se deje. ¿Sabes qué pasó luego de que pedí las “innumerables” pruebas sobre mi cerrazón? Pues lo obvio: no me llegó un solo proyecto con acuse de recibo y no atendido. Ni uno. Cero, y, en lugar de disculparse por su errabundo desplante de amor a la cultura, quien inventó el cuento de los “innumerables” artistas no atendidos miró para otro rumbo y silbó “La barca de oro”.
Yo ocupé dos años la dirección de cultura. La anécdota ocurrió cuando ya había pasado año y medio de mi periodo. Vi entonces que había sido una excelente idea la de llevar una bitácora rigurosa de todas las citas en la oficina, de todas, pues una sola persona no atendida con cita y registro era capaz de envenenar el agua en cualquier medio: “Voy a la DMC y nunca atienden a nadie, ese Jaime es un culero”. A quienes pidieron una cita, se les dio, y de eso quedó registro. Y lo mismo ocurre ahora en el IMCE, ni lo dudes.
Ahora tú dices que la nueva administración es cerrada, que no atiende. ¿Cuántas veces has ido a pedir una cita para llevar algún proyecto? Ni una. ¿Cuántas han ido amigos tuyos con el mismo esquema: pedir una cita y llevar algún proyecto? La idea de que las oficinas públicas deben manejarse como tianguis al aire libre sólo habita tu cabeza. Las oficinas públicas, y más las privadas, no son parques. Si quieres pruebas, ve a las oficinas de la CFE, a las de Pemex, a las de la Secretaría de Salud, a las del IMSS, a las de Gobernación, a las de cualquier Cámara, a las del Conaculta, a las del INBA, a las de la Secretaría de Cultura, a las de la PGR, y así, a cualquier oficina federal, estatal y municipal, y verás que alguien, un guardia o una recepcionista, te pedirá identificación y preguntará por el motivo de tu visita. Si procede, te asignarán un turno y serás recibido por el personal indicado, no por quien tú elijas. Si llevas una carta, un proyecto, lo que sea, se te acusará recibo con sello, firma y fecha, para que puedas probar luego que estuviste allí, que te recibieron, y en su caso reclamar por alguna desatención. Ahora bien, si no llevas identificación y no solicitas ningún trámite, es muy probable que el guardia no te deje cruzar ni el umbral. Si lo dudas, intenta pasear ociosamente a las oficinas del SAT, a ver qué te dicen.
Pero parece que no entiendes eso. Quieres llegar en plan buenísima onda, preguntar por el funcionario y entrar como si aquello estuviera al aire libre, en el monte. Si tal fuera el caso, imagina esta situación. Haces una cita formal para ver al coordinador de artes visuales del municipio, llegas el día y la hora señalados, y mientras aguardas en la sala de espera, aparecen diez ciudadanos que entran sin cita con la coordinadora de artes visuales. Luego, se acaba la jornada de trabajo y mandan tu cita para el día siguiente. ¿Qué pensarías en ese caso? Tanto la recepcionista como el coordinador de artes visuales no procedieron de mala fe, simplemente son, como tú, buenísima onda y reciben a todo el que llega así nomás. Al final saldrías gritando que son unos desorganizados, que esos desgraciados no respetan ningún orden, que aquello es un tianguis.
Moraleja: si quieres ver a un funcionario, envía un mail, llama por teléfono, codifica un mensaje y acuerda una cita. Luego preséntate, pide un acuse de recibo a tu proyecto y dialoga con quien te asignen para ver en qué momento recibirás una respuesta. Si después de eso se te cierran las puertas o no eres atendido como se debe, podrás acusar con pruebas.

El segundo berrinche
Del segundo berrinche, Gerardo, me intrigan las primeras cinco líneas, fundamentales en este debate, pues reconoces explícitamente que operas como chivo en cristalería: “En mi carta abierta ‘El Instituto de Cultura contra la cultura’ cometí dos errores graves, señalados justamente por Jaime Muñoz Vargas. Les ofrezco a los lectores de kioSco una disculpa, ya que interpreté de forma equivocada información proveída por fuentes que consideré y sigo considerando confiables”. Caray, la disculpa es nomás para los lectores de kioSko. Qué ejemplo de honorabilidad. ¿Y a mí? Tan mezquino eres que tras reconocer esto, tus “dos errores graves”, en vez de corregirlos, más adelante recurres al argumento kalimanesco de que reprimo telepáticamente. En suma, y como dicen los amantes del exitismo, lo tuyo es “ganar-ganar”, con o sin pruebas.
Gerardo: en tus “precisiones” has vuelto sobre lo mismo y has añadido dos o tres paparruchas. Deja nomás remato una grave como viene, de volea, otra vez con abundantes pruebas para ver si así ocurre el milagro de que entiendas. Dices: “En la misma medida que la población entera de nuestras ciudades, los artistas y trabajadores de la cultura fueron y son víctimas de la violencia, la inseguridad y demás lacras heredadas a nuestra región por los recientes gobiernos, corruptos e incompetentes, de Torreón y Gómez Palacio. Pero para las víctimas que no son de su familia Jaime no tiene memoria”.
Ah, muchacho. Vayamos de nuevo al blog, espacio que básicamente contiene mis publicaciones, de 2006 a la fecha, en periódicos y revistas. Te pediría que me mostraras los tuyos sobre este tema, los textos que has escrito sobre “las víctimas” que sean o no sean de tu familia, para ver cómo andas en materia de “memoria” y “compromiso”. Yo, entre muchos otros, tengo estos sobre violencia, narcoguerra, víctimas y demás, todos escritos cuando aquí teníamos balaceras cada media hora:

















Por último, en 2009 pensé, redacté y edité esto, sin darme el crédito que ahora sí me doy sólo porque es necesario refrescar tu trasquiladora memoria:


Tal vez, de todos modos, te parezca poco. No importa. Todo eso y mucho más está almacenado en mi blog, así que a ver quién te cree que no tengo “memoria” más allá de lo familiar.

Y ya, Gerardo. Sigue especulando lo que quieras desde tu putrefacta holgazanería, sigue poniendo apodos clasistas que mucho te enaltecen como hombre de izquierda, que yo seguiré en lo mío, trabajando aunque sea modestamente, con pruebas tangibles, por mi familia (te recuerdo que tengo tres hijas) y por mi comunidad, en este orden.

sábado, abril 05, 2014

Laboratorio de análisis cínicos















Gerardo:

Vi tu comentario, la “carta abierta” o “artículo” que no hubieras querido escribir ahora que te has autoerigido Procurador para la Defensa del Chismorreo. Tiene muchas observaciones atendibles sobre el actual manejo de las redes sociales y sobre los recovecos de la vida noticiosa y cultural. Podría apreciar parte del mensaje que en la carta anotas al pie de página web (“Eres un escritor y un ser humano que respeto y admiro. Te considero el mejor Director de Cultura que hemos tenido en esta ciudad”), pero no soy yo quien debe opinar sobre mi “gerencia”, como jamás lo he hecho. En estos casos sólo agradezco sobriamente, a veces sin enunciar una sola palabra.
Paso a responderte.

De lo especioso
En tu alegato noto flecos especiosos y varias suposiciones infundadas, incluso algunas plenamente instaladas en la ruindad (no todas las atenderé, pues, como verás, hay algo que me detiene en el primer párrafo de tu texto). Por ejemplo, entre los especiosos, que debe interesarnos igual la vida de las islas Fidji que la de La Laguna. En primer semestre de periodismo enseñan que el interés noticioso depende sobre todo de la cercanía, así que yo no manejaría en los mismos términos un link sobre Oceanía que otro sobre Torreón.
Otro especioso o al menos parcialmente equívoco: que me opongo a las actividades de “relumbrón”. Sí, claro, me opuse a eso y me seguiré oponiendo, siempre y cuando tal sea el eje de la política cultural de un municipio. Es decir, si una administración pública trae un cantante o un conferencista foráneos y de alta cotización cada dos días, claro que me parece y me seguirá pareciendo (a mí) incorrecto, pues eso demanda recursos que pueden aplicarse en actividades de amplio espectro social, por llamarlas de algún modo. Pero la dinámica de una administración pública se ciñe a ciertos tiempos, y aquí no te digo nada nuevo. Yo llegué a la DMC para trabajar la mitad de un periodo, los dos últimos años, los más difíciles en términos presupuestales. No promoví la visita, por ello, de un solo conferencista o cantante o grupo de fuera, pues apenas había recursos para lo local, y esto con serias limitaciones. Lo anterior no significa que en otra coyuntura más propicia me niegue a la presencia de artistas o intelectuales foráneos. Lo único que haría es evitar personalidades muy onerosas o actividades demasiado frecuentes con invitados de esta índole.
Otro comentario especioso: que supongo “elitismo” en Maldonado y en ti. Sin palabras, nunca dije eso, pues no lo pienso.
En suma, puedo afirmar que el manejo de tus argumentos raya en lo cómico, tanto que despide un cierto tufo chimoltrufio: como digo una cosa, digo la otra. Dices “Que Renata Chapa y Jaime Muñoz son esposos y se están divorciando no se revela aquí por primera vez; el dato aparece en más de un periódico y más de un sitio en internet”. Y sin decir agua va, concluyes: “A mi parecer, debiste mencionar en el blog tu parentesco conyugal con Chapa, pues forma parte inesquivable del contexto de la discusión. Debiste informar, asimismo, que ocupabas la dirección cultural de Torreón mientras tu esposa ocupaba la de Gómez Palacio, y que ahora ella te sucede en la administración torreonense”. Bien, dado que cuando polemizo debo confesar incluso lo que ya está en “más de un periódico y más de un sitio en internet”, comenzaré diciendo que mi nombre es Jaime Muñoz Vargas, que nací en mayo de 1964 en Gómez Palacio, Durango, que me dedico…
De lo ruin
Una suposición ruin tiene que ver con mi llamada al director de una revista para quejarme de ciertas publicaciones y demás. Que yo recuerde, ni ahora ni nunca he llamado a ningún director de algún medio de comunicación para quejarme de nada. Repito: ni ahora ni nunca he llamado a ningún director de algún medio de comunicación para quejarme de nada. Jamás. En ningún medio de comunicación del mundo hay una carta, ni un tibio mail, para pedir siquiera “derecho de réplica”, pues para eso tengo mis espacios favoritos y no favoritos, y también para eso aprendí a escribir. ¿Crees que ahora le voy a llamar a Pepe Lupe para darle lecciones de moral y periodismo independiente o para pedirle que te margine de su staff? ¿Crees que me interesa que le hagan de agua la publicidad allí donde la pepena? No soy quién para aleccionar a nadie sobre lo que puede publicar o no. Además, ¿alguien me haría caso si disemino querellas en los medios contra los cuáles siento desacuerdos? Lo que si hago, y lo hago con frecuencia, es opinar en mis modestos espacios sobre la recepción de los mensajes. Por eso reseño libros o comento los temas que se le atraviesan a mi mente y siento de interés y se ubican cerca de mis gustos y competencias. Más que indicar utópicamente a Televisa, a TV Azteca, a Excélsior, a Milenio, a El Siglo de Torreón, a Noticias, a Grem, a Radio Torreón, a Kiosco, al Washington Post, a La Voz de Viesca y a quien sea lo que deben difundir, procuro opinar, insisto, sobre algunos mensajes y sobre cómo creo (creo, ojo) que son y cómo creo que deben ser recibidos. ¿Eso es poco? Tal vez sí, y es lógico que me encantaría tener tiempo y capacidad para escribir teorizaciones sartorianas y contar con altavoces más grandes para que mis palabras no fueran compartidas por un público tan escaso, pero es lo que he podido hacer y he hecho siempre con la mayor honestidad, pulcritud y desinterés posibles. Por tanto, la conclusión a la que llegas (que me he convertido “en un represor de la libertad de expresión”) es, creo, risible si la basas en el invento de que hablé con el director de una revista para quejarme, más si tomamos en cuenta que tengo al menos cinco meses o poco más sin conversar, que yo recuerde, con el director de algún medio (con la última que conversé fue con Marcela Moreno, el lunes 10 de noviembre de 2013, para programar mi vuelta a las páginas de Milenio Laguna, cita que tengo documentada en mi correo electrónico). Pero no sé. Quizá en las madrugadas salgo a dialogar, sonámbulo, inconsciente, con directores de medios, y si es el caso, ofrezco una disculpa. Así entonces, quienes te publicaron y te publiquen esta “carta abierta” (y cualquier otro texto) jamás recibirán ni una sílaba de mi parte. Debes estar tranquilo. Este furioso “represor” te lee atento y te responde sin necesidad de cerrar las puertas a nadie ni aleccionar medios de comunicación chicos o grandes.

La visita fantasma
Puntualización aparte merece la mención que haces sobre una visita mía, reciente, a El Siglo. Tienes razón: lo visité por última vez el 23 de febrero de 2012 a las 8:30 pm (cita que tengo documentada en mi correo electrónico), cuando me invitaron a una cena luego de haber sido jurado de un concurso de cuento organizado por el propio diario. ¿Eso es reciente? No puedo, por tanto, más que quedar pasmado ante los fantasmales y muy frescos apersonamientos que de manera inmunda, desaseadísima, me atribuyes. Esto precisamente, el dime y el direte sin pruebas, peregrino, artero, es lo que trato de evitar, pues si tú dices que yo hice eso ahora, en idéntica respuesta puedo inventar cualquier vómito infundado y atribuírtelo (“¿por qué oculta Monroy, como supe por ahí, que fulanito le está pagando con droga por atacarme?”), lo que obviamente no haré. ¿Crees que no tengo capacidad para fabularte unas veinte o treinta o cuarenta andanzas y sólo anteponerles el “supe por allí”, el “me enteré”, el “dicen las malas lenguas” o el “me lo dijo un pajarito” y luego pasarlas de fayuca como verdades? Los “me dijeron”, “me enteré”, “supe por allí” y sus equivalentes no sirven de nada en un debate serio, pues abren un portón del tamaño del Arco del Triunfo a cualquier choro, por descabellado y asqueroso que parezca. Así qué chido: digo que me enteré “por allí” o “sé de buena fuente” que alguien hizo tal o cual mierda y luego le disparo acusaciones de “mafioso” y “represor”. Vaya preciosidad de método. Te plantearía que, si no es mucha molestia, des el nombre del funcionario de El Siglo con el que “platiqué”, y de paso el día y la hora, con pruebas. Sospecho muy de antemano que te quedarás chiflando en la llanura, pues nadie aceptará autoenjaretarse la patraña que concebiste en tu agusanado laboratorio de infundios. También, ya entrados en gastos, quisiera el nombre del director de la revista al que “le llamé” para inaugurarme como “represor” y, si se puede, una evidencia documental de la llamada registrada en su teléfono o algo así. Pídele que te ayude, que te busque una copia o foto de eso, es sencillo, pues ahora todo deja un registro. Solicito pruebas mínimas de lo que me acusáis sin razón porque si no estaremos ante otro caso flagrante de chirinolería parasitaria y quitatiempo con careta de lucha social desde La Pureza Ideológica. Si tales pruebas existen, no te será difícil conseguirlas, pues Torreón no está en las islas Fidji.
Ahora bien, ¿por qué te pido esto que no podrás conseguir ni documentar por la sencilla razón de que no existe? Para evitar que en tus próximas deyecciones (que eso son aunque las impregnes con loción seudoacadémica de notas al pie de página) me conviertas en Miguel Nazar Haro y afirmes, sin despeinarte siquiera, tan cínico como ahora, la trasquilada especie de que mando asesinar poetas.

En fin, “algo” tengo que decir
Y ya, punto, porque curiosamente el párrafo clave de tu larga exposición es el primero. No estoy tan seguro de que hayas descubierto “casi por accidente” el abarrote de comentarios míos y demás, pero no importa. Lo que importa es lo que me pides en ese primer párrafo. Cito su cierre: “El tema sobre el cual gira el debate que suscitó tu comentario es la administración cultural pública de Gómez Palacio y Torreón; pero tú desvías de esto tu atención, y la de tu lector. No tocas el tema: lo rodeas. Inspeccionas minuciosamente las orillas, pero no entras al mar. Te propongo que desarrollemos públicamente el tema que hasta ahora has evadido. Como intelectual y como ex-funcionario, seguramente algo tienes que decir. Todas las rutas convergen sobre este norte: no nos quedemos a medio camino”.
Bien. Vamos a suponer que como “intelectual” sólo inspeccioné minuciosamente las orillas sin haber entrado al mar, ese mar que es la pasada administración cultural pública de Gómez Palacio y la presente de Torreón. Para no volver a caminar por “las orillas” (mi relación personal con Renata, el uso de las redes sociales, el manejo del rumor en los medios, mi calidad de flamante “represor” y “mafioso”, mis ficticios encuentros en lo oscurito con directores, tus fábulas facilistas y todo lo demás), opino breve, directa y contundentemente sobre las administraciones culturales municipales de Gómez Palacio (anterior) y Torreón (actual). Sobre la anterior de Gómez opino —y sólo porque me lo pides, pues no soy la persona indicada para hablar sobre esto dado todo lo que mencionas en tu "carta abierta" o "artículo"— que es una de las mejores administraciones culturales que ha tenido Gómez Palacio en su historia. Y conste que no digo esto en desdoro de los valiosos esfuerzos pasados, sino en reconocimiento a una capacidad creativa y organizativa que dio buenos frutos pese a las siempre adversas circunstancias presupuestales, a la hostilidad circundante, al acoso mediático y, sobre todo, a la atroz inseguridad que vivió mi ciudad natal durante el periodo 2010-2013. Esa inseguridad, por cierto, golpeó a la directora y a su familia, pero hasta este momento lo comento (sólo porque me pides que diga “algo”, que dé una opinión) pues ¿a quién pueden importarle las circunstancias reales de trabajo de cualquier funcionaria y su familia en un entorno plagado de vicisitudes que ponen en riesgo hasta su vida?
Ahora bien, sigue Torreón. Un mes de trabajo, o menos, me parece nada para comenzar con los loores o el acribillamiento de nadie. Esto no significa que tal trabajo, por incipiente que sea, no pueda y deba ser sometido a escrutinio, pero celebrar los logros o lapidar a un director luego de un mes de labores, cuando todavía ni siquiera ha definido su equipo de trabajo y está en medio de la borrasca que genera todo periodo de transición, me parece, por decir lo menos, pueril.
Como ciudadano que paga meticulosamente sus impuestos tienes derecho a pedir y recibir cuentas sobre el trabajo de todos los funcionarios. Y las recibirás, claro, no porque tú personalmente las exijas, sino porque las dependencias públicas son obligadas, por ley, a rendir cuentas a la ciudadanía. Para eso están los informes anuales, para eso están las contralorías, para eso están las instancias de transparencia. Si te parece poco y quieres que quede estatuido un “Informe a Gerardo Monroy sobre las actividades de enero a marzo de 2014 del IMCE Torreón”, manda una iniciativa de ley para que el congreso o el cabildo la autoricen.

The end
Tuve la suerte (ahora no sé si la desgracia) de ocupar la dirección de Cultura —una de las carteras más complicadas desde hace años en la administración municipal de las ciudades laguneras— durante 23 dificilísimos meses. Gracias a eso sé algo que tú no sabes: que las voluntariosas fórmulas que llegan de fuera son generalmente nobles, viabilísimas y fáciles de realizar en la teoría, pero su ejecución y término ven de frente desafíos, inercias, limitaciones y golpes desaseadísimos nada sencillos de sortear. Quizá esa es la razón por la que siempre he tratado de trabajar en paz, colaborativamente, allí donde esto me ha sido posible antes y después de ser director. En algunos lugares se ha podido; en otros, no, pero por actitud no ha quedado.
A saltitos, sin mucho tiempo disponible, he ido armando y puliendo un ensayo más o menos largo sobre el trabajo cultural en un municipio como el nuestro. Son, como quien dice, las notas de trabajo que pude tomar mientras colaboré en la DMC. Si algún día lo termino, creo que tendrá un mero carácter descriptivo, aunque deseo insinuar algunas tímidas propuestas. ¿Por qué tímidas y no contundentes, implacables, como se estila entre los formuladores de panaceas? Por lo que ya te dije: la realidad, complejísima en este caso, también juega, es movediza y matrera, y aunque uno traiga varitas mágicas resulta que todo abracadabra se estrella contra los hechos y las limitaciones que llamamos “estructurales” (también aquí las hay, y de todo tipo). En el escritorio puedes crear Florencia; lo complicado es ver en el día a día quién carga las mamparas, si te dan gasolina para llevar los caballetes a la colonia de la periferia o quién se queda hasta el final de la presentación sin amagar mañana con una hecatombe en la oficina.
En fin, Gerardo. He opinado sobre tu carta un tanto a vuelatecla, pues no tengo las ventajas que da el ocio y yo sí estoy, como dicen los argentinos, “tapado” de chamba, lo que incluye mi papel de padre de tres hijas que no dispone ni de los sábados para aceptar unas caguamas Indio gracias a la amable invitación de Paco Zamora y otros contertulios. Espero que, más allá de las discrepancias grandes y pequeñas, todo salga bien. Supongo que tu decepción es irreversible. Si es así, lo lamento de veras. Si no es así, también lo lamento, pues difamas con grotescos y desaseadísimos infundios las involuntarias cátedras de honestidad que, mañosamente agradecido, dices que te brindé.
Hasta nunca.

Jaime

sábado, septiembre 07, 2013

Más allá del sueño y de la piel




















El amor, quién no lo sabe, es inagotable como tema literario. De hecho, si me apuran a opinar, es el tema que más páginas ha suscitado y seguirá suscitando, pues no hay pasión que se le pueda comparar en poderío como motor de combustión interna. A estas alturas, por ello, parece una osadía arrimarse a ese bocado, pues se corre el riesgo de repetir y repetir lo mil veces repetido en todas las literaturas.
Pero es inevitable: el amor detiene los sentidos del artista y no tiene más remedio que aceptarlo, y escribe (o pinta, o filma, o canta) sobre el tema infinitamente escudriñado. Es aquí, creo, cuando se hace necesaria una condición: que el creador, para que no suene hueco, sea movido por una pasión profunda y genuina, tan fuerte como sea posible. De lo contrario, creo, su exhibición del amor será poco atractiva y por tanto prescindible. El amor, pues, es el único tema que exige incluso hasta cierta irracionalidad, la misma que, si nos fijamos bien, ponemos en práctica cuando practicamos el amor no sobre la cuartilla, sino sobre algún lecho más o menos cómodo, aunque también pueda ser desahogado en el asiento trasero de un Volkswagen.
Los poemas de Miguel Amaranto, arracimados en el título Más allá del sueño, me confirman esta hipótesis. Podrá uno reclamarles lo que sea, menos intensidad, fervor, entrega. A cada tranco, este poeta peruano cuya radicación lagunera ya va para una década, nos pincela una instantánea de su emoción íntima. Verso a verso vemos que la llama doble (que a decir de Paz es el encuentro amoroso) se mantiene  anudada y arde como constancia de una realización más allá de la hoja.
Amaranto se vuelca en imágenes que celebran la incandescencia de la carne. Sabe que el amor humano pasa necesariamente por la piel, pero también que la carnalidad es apenas un pasaje hacia el misterio. Hay algo más allá del cuerpo, entonces, algo que se cubre de misterio y es inefable. Por eso expresa:

Mirar tu desnudez no sólo
satisface todas estas emociones:
me invita a descubrir
que la naturaleza halla una madre en ti:
que Dios tiene cuerpo de mujer.

Ese poder del magnetismo físico de la carne es lo que lleva al poeta a la estupefacción. La carne tiene tal gravitación en la consciencia que trasciende su puro ser material y se convierte, dentro del amor, en un motivo para el éxtasis, en un espacio con características de santuario, de espacio en el que habrá algo de sacrílego cuando llegamos al contacto:

Quisiera saberte desnuda en el vacío,
que nada te roce,
ni siquiera mis ojos te roben luz.

Esa mirada que se rinde a la mujer deriva, claro, en la veneración. El amante se admite, así, esclavo de su pasión, como en el poema que da título al libro:

Quiero tomarte de la mano y llevarte a tientas sin saber a dónde
caminar sin medir el temor de hallarnos perdidos en luces ajenas a nuestra sombra.
Y desnudar, al fin, tu voz en el rincón del mundo que nos acoja.

Saberte poderosa frente a todo lo que obstruya el flujo de tu fuerza
y sumisa ante aquello que nos tienda en el deseo.
Entonces consagrarte diosa de mi reino y ofrecerme esclavo a tus anhelos.

Con gusto he leído estos poemas. Su desnudez es sincera y nos invita a celebrar dos ritos: el de leer y emocionarnos, y el de amar y percibir el aroma de la eternidad en ese trance.

Texto leído en la presentación de la plaqueta Más allá del sueño que se celebró en centro cultural El Xamán el 3 de julio de 2013. Participamos Gerardo Monroy, el autor y yo.

miércoles, julio 13, 2011

Jueves 14, mesa redonda “En recuerdo de Neruda”



Pablo Neruda, el gran poeta chileno, ganó el premio Nobel de literatura en 1971, hace exactamente cuarenta años. Para celebrar esa efemérides el Icocult Región Laguna, en coordinación con el Museo de la Revolución, ha organizado la mesa redonda “En recuerdo de Neruda” con la participación de los poetas Daniel Monroy y Daniel Maldonado. Moderará Jaime Muñoz Vargas. La mesa se celebrará el próximo jueves 14 de julio a las 19:30 horas en el Museo de la Revolución.
Como se sabe, Neruda (Chile, 1904-1973) es una de las presencias poéticas más poderosas y entrañables que ha dado América Latina. Su obra, amplia y rica en variantes, es un paso obligado de cualquier lector contemporáneo. Considerado por muchos como el mejor poeta del siglo XX, Neruda escribió libros hoy fundamentales: el Canto general, Odas elementales, Veinte poemas de amor y una canción desesperada, Confieso que he vivido, Crepusculario, entre muchísimos otros que en 1971 lo hicieron acreedor al Nobel de letras.
En cuanto a los participantes en la mesa, Daniel Maldonado es autor de los poemarios Los otros males, 2002 y Engranajes memoriales, 2002. Compilador y coautor del libro Las lenguas dementes, 2004. Aparece como parte de la antología en el libro de poesía bilingüe español-francés Cantos de Piedra / Chants de Pierre, 2005, junto a poetas contemporáneos mexicanos y franceses, y en el libro Las voces del tranvía, Muestra poética de la Laguna, 2007. Ha publicado su obra literaria en diversas revistas, suplementos y periódicos del país y en internet. Se dedica al periodismo, la enseñanza y la crítica de medios entre otras actividades. Recientemente colaboró en el colectivo Coral para Enriqueta Ochoa. Tiene un par de libros de poesía inéditos.
Por su parte, Gerardo Monroy nació en Monterrey en 1977, estudió ciencias biológicas en la Universidad Autónoma de Nuevo León. Radica en Torreón, Coah. Asiste al taller literario coordinado por Saúl Rosales en el teatro Isauro Martínez y es, además, articulista. En 2005 fue becario del programa Jóvenes Creadores de Nuevo León en el área de letras. El Instituto Coahuilense de Cultura editó en 2007 su primer libro, una selección de poemas titulada Algunas hojas. Parte de su trabajo periodístico y literario puede ser leído en el blog http://erathora.blogspot.com.
El moderador, Jaime Muñoz Vargas, es escritor, maestro, periodista y editor. Nació en Gómez Palacio en 1964. Entre otros, ha publicado las novelas El principio del terror, Juegos de amor y malquerencia y Parábola del moribundo; los libros de cuentos, Las manos del tahúr, Ojos en la sombra y Leyenda Morgan, entre otros. Ha ganado los premios nacionales de narrativa joven, de novela Jorge Ibargüengoitia, de cuento de San Luis Potosí, de cuento Gerardo Cornejo y de novela Rafael Ramírez Heredia. Textos suyos han aparecido en publicaciones de México, Argentina y España.
Entrada libre. Brindis.

viernes, agosto 28, 2009

Letras esteparias en Veracruz



Creo que es el poeta Julio César Félix quien ha trabado relaciones con una revista llamada Cultura de Veracruz. Lo infiero porque hace como un año fui invitado por él a colaborar con un cuento y cuando al fin tuve en mis manos la publicación vi que se trataba de un número, el 32, dedicado en exclusiva a la literatura lagunera. Aparecemos allí, con relatos y poemas, Vicente Alfonso, Saúl Rosales, Fernando Martínez, Angélica López Gándara, Salvador Sáenz, Édgar Salinas, Carlos Reyes, Daniel Maldonado y el mismo JC Félix Lerma; entre todos aparece también Enriqueta Ochoa, lo que es casi un recordatorio de su origen lagunero. Supongo que no hay ejemplares disponibles en La Laguna, pero un buen comentario sobre esos materiales lo hizo Gerardo Monroy en otro número de Cultura de Veracruz, el 33. En él, Monroy destaca algunos rasgos de la literatura de cocción reciente en La Laguna. El ensayo está a la mano en internet, y tiene como título “Una laguna vertida en un Golfo: letras de esta comarca en la revista Cultura de Veracruz”.
Gerardo Monroy nació en Monterrey, pero la mayor parte de su vida ha radicado en las estepas del Nazas. Lo bueno de su opinión es que conoce lo que de literario hacemos por aquí y al mismo tiempo mantiene una distancia que le permite observar mejor. He aquí un fragmento de su comentario: “Esa marea bonancible que dice el director de la revista, favorece a esta Laguna que los escritores nombramos. El número 32, el más reciente de Cultura de Veracruz, fue dedicado en su totalidad a la literatura creada por los autores que viven hoy o ayer nacieron en alguno de los 16 municipios de Coahuila y Durango que definen el disforme y movedizo espacio que en los días llamamos ‘Comarca Lagunera’.
Los azares geográficos, el desplazamiento de la mano de obra y la colocación preferida por la inversión de capitales determinaron que nuestros municipios quedasen vinculados; no sólo ya en lo económico sino, fatalmente, en lo anímico. Contemplamos a nuestra región, y de tal modo se la contempla también desde fuera, como si fuera casi un estado más de la república, con una identidad cultural distintiva; la cual, probablemente, no existe —pero creemos en ella. Las expresiones artísticas tradicionales, tales como la canción cardenche, que en el pasado brindaron su coloración folclórica a la zona, están a punto de desaparecer. Si alguien pudiera aislar los elementos que integran la vida psíquica de la Laguna que está desarrollándose frente a nosotros (y debido a nosotros), esos ingredientes no podrían ser muy distintos de aquellos que espesan el ajetreo de Guadalajara, el Distrito Federal o casi cualquier otra ciudad mexicana más o menos grande y más o menos moderna (…)
El viaje por las páginas de la revista se vuelve más amable gracias a la inclusión de la obra gráfica del lerdense Alonso Licerio, ex-director del Museo de Arte Moderno de la Casa de la Cultura de Gómez Palacio. La blanquirroja y lúcida portada es como un agua que refleja, transformándolo, el sol de esta pequeña patria.
Hay buenas razones para que veracruzanos, duranguenses, coahuilenses y gente de todo el país adquiramos este número de Cultura de Veracruz. Espero haber dado cuenta de ellas. Una selección más amplia de autores habría sido imposible, por la estructura propia de cualquier revista; un lector de la localidad podría recordar a tres, o cinco o diez nombres más cuya inclusión hubiera sido justa, pero este primer acercamiento de Cultura de Veracruz a la Comarca es suficientemente amplio y diverso para interesar a los lectores del Golfo en nuestra Laguna. Les agradezco a Raúl Hernández Viveros, a Julio César Félix y a todos los que hayan participado en la edición de este número de Cultura de Veracruz, por habernos mirado de tan cerca”.

jueves, marzo 19, 2009

Prosas de Daniel Maldonado



















Hay escritores que escriben con música. Es un don, casi como cantar. No abundan, por cierto. En La Laguna no tenemos muchos, que yo sepa. Son tan hábiles para usar la cuartilla como si fuera partitura que todo, hasta la prosa, les sale con una entonación melodiosa, encantadora en sentido estricto, es decir, que hipnotiza como si canto fuera. Por eso en tales casos es difícil disociar su poesía de su prosa, porque todo parte del mismo impulso, de esa tendencia natural a escritura rítmica. Uno de esos pocos escritores laguneros que se pueden sentir aludidos en este párrafo es Daniel Maldonado (Torreón, 1978) quien esta noche presentará Prosas fulanas, su tercera obra individual y primera con contenido prosístico.
Y digo prosístico sólo por distinguir la forma evidente de los textos, porque en su fondo tanto Los otros males como Engranajes memoriales, que son poesía, poco se diferencian de Prosas fulanas, que obviamente son prosa. El sustrato es, en los tres casos, una especie de densidad poética, un estado emocional hilvanado con palabras, una música hecha no con notas, sino con sílabas. Genéricamente, pues, Prosas fulanas responde al género todavía definido con incertidumbre como prosa poética, prosa de intensidades, prosema, poema en prosa y demás. En todo caso se trata de lo que en el análisis del fragmentarismo literario es conocido como microtexto, eso para diferenciarlo del microrrelato o microficción, cuyo propósito es contar algo, narrar, no trasmitir un estado de ánimo.
Pero insisto que más allá de definir lo que ya de por sí tiene algo de centáurico, la obra que hoy presentará Daniel Maldonado junto a su colega Gerardo Monroy reúne un menú de ejercicios que muestran las posibilidades sonoras del verbo, su elástica condición de sonido con sentido.
De formación autodidacta y tallerística, Maldonado es autor de los poemarios Los otros males (2002) y Engranajes memoriales (2002). Compilador y coautor del libro Las lenguas dementes (2004). Figuró como parte de la antología en el libro de poesía bilingüe español-francés Cantos de Piedra / Chants de Pierre, 2005, junto a poetas contemporáneos mexicanos y franceses, y en el libro Las voces del tranvía, Muestra poética de la Laguna, 2007. Ha publicado su obra literaria en diversas revistas, suplementos y periódicos del país y en internet. Se dedica al periodismo, la enseñanza y la crítica de medios entre otras actividades. Recientemente colaboró en el colectivo Coral para Enriqueta Ochoa. Tiene inédito un par de libros de poesía.
Por su parte, Gerardo Monroy, el presentador, nació en Monterrey en 1977 y estudió ciencias biológicas en la Universidad Autónoma de Nuevo León. Radica en Torreón Asiste al taller literario coordinado por Saúl Rosales en el teatro Isauro Martínez y es, además, articulista. En 2005 fue becario del programa Jóvenes Creadores de Nuevo León en el área de letras. El Instituto Coahuilense de Cultura editó en 2007 su primer libro, una selección de poemas titulada Algunas hojas.
En “Inventario de cama”, dice: “Hay dos o tres brazos mal formados henchidos de remotas ansias, hastiados de la falsedad en hora, brazos que sangran el rasgar vicioso del placer. Hay también vientres, poemas recurrentes para el sexo, diálogos de miel plañidera, fondos del encuentro solidario, todo inscribiéndose en la sábana, dejando los grafitis del deseo oscurecido por el acto en flama. Tenemos dos vínculos venéreos que tragan la saliva de lo eterno, fluidos de víspera marginal a la espera del gemido en hierro. Tenemos un hambre de blasfemia durmiendo en las orejas de los sexos, hendida en la hora como un incierto encierro, sellado con candados del éxtasis perpetuo”. Hoy, en el Icocult, a las ocho de la noche, nos vemos y nos oímos con Daniel Maldonado.