La
semana pasada, mientras cundían memes y opiniones sesudas sobre los therians,
vi un corte de video que me dejó perplejo. En él, un tipo como de treinta años
era entrevistado en un estudio de los que ahora se usan para dialogar en la
modalidad de streaming. No es necesario
apuntar que el joven es sobrino de Salinas Pliego, pues da igual que haya sido
otro sujeto de los que hoy abundan como chancros para dictar cátedra sobre
cualquier tema. Interrogado por un entrevistador a todas luces falto de luces,
el joven soltó una afirmación digna de ser fijada en letras de oro sobre el
hemiciclo de la estupidez: si el gobierno imprime el dinero, por qué tiene que
cobrar impuestos y por qué mejor no imprime más.
Extrañamente,
el entrevistador no se desintegró de risa ni terminó el diálogo en ese punto. Más
bien se le dibujó una cara de asombro, como si la brillante idea del invitado
mereciera el interés que le concedemos a un especialista de la UNAM. Imprimir
más dinero para acabar con la falta de dinero. Excelente descubrimiento. Con
tal medida se puede incluso acabar con la pobreza: se echa a andar la máquina
de emitir y se arrojan monedas y billetes a la población como si fuera arroz
para los pollos. Caray.
La
multiplicación de espacios propiciada por internet es una bienvenida
democratización, es verdad, pero es evidente que esto provoca una suerte de
caos rizomático en el que da igual una noticia verdadera y confirmada que un
bulo (así les dicen los españoles a las fake
news), o da igual un dato apuntalado en el conocimiento que una estupidez
terraplanista. Dado que ahora la labor de una persona que desea informarse no
es buscar información, pues ésta abunda y llega por todos lados, el imperativo
es seleccionar, cribar, filtrar la información basura y la opinología que ni
siquiera ha pasado sus ojos por un libro y se basa sólo en la conjetura idiota,
exactamente como la del joven que propone imprimir más dinero para acabar con la
exigencia tributaria.
Recién sucedió el domingo eso de apoyarse en lo que sea para asir la realidad. En efecto, con la muerte del Mencho hubo razones para el miedo en el país, pero no para tragarse videos sancochados con inteligencia artificial. Tenemos que aprender a vivir con filtros, no engancharnos en cualquier mísero cuento audiovisual.

