Somos
animales de rutinas. Es una generalización, claro, pues algunos prefieren la
variación permanente, y, por ejemplo, cambian de restaurante o de look cada vez que se les presenta la
ocasión. Yo no. Como me gusta lo que me gusta, recaigo tanto en ello que a la
vista de muchos puedo parecer un monolito. En fin, mejor evito la
generalización: soy un animal de rutinas.
Una
de ellas, puesta en práctica durante los cierres de año, es la de reservar los
últimos quince días de diciembre para acabar con los libros pellizcados. Como
abomino la cultura del desperdicio, siento que dejar un libro a medias es como
no engullir completo un platillo, y eso me tortura. Así pues, aprovecho las
vacaciones para someterme al estrés autoimpuesto de terminar libros que por
cualquier razón han quedado parcialmente leídos durante el año.
Podrá
pensarse que es una obsesión burda, pues daría lo mismo seguir leyéndolos y
concluirlos en enero, pero para el hombre de rutinas que me habita no es
admisible la posposición. Hay que acelerar, poner al corriente los libros que
aguardan desde hace varias semanas con el separador metido en medio de las
hojas como una daga.
Adrede
trato pues de que no sean tantos los que se acumulan en la lectura pellizcada.
En el caso de este 2023, dejé nueve en tal condición, y en los días del asueto
decembrino que llevo desahogados, van tres que ya pasaron a mejor vida. Los que
siguen consumidos a medias deberán correr la misma suerte sí o sí, y esta
obligación es la única posibilidad o destino que les asigno para no sentir que me
defraudo como lector. Como se ve, la obsesión es rigurosa y se erige como
superyó lector que regaña muy feo si peco de lectura inconclusa.
A propósito: un lector no es un mejor ser humano que un no lector, como bien lo ha observado el gran Juan Domingo Argüelles. El lector es simplemente un lector, un tipo que construye su biografía al lado de los libros y se siente mal si no lo hace. Se siente mal si no lee, es verdad, pero también se siente mal si no lee completo lo que comenzó. Cuando lo hace, es como no haber concluido el rompecabezas, saber que le falta medio rostro a la figura. Cada quien sus gustos, cada quien sus obsesiones, cada quien sus rutinas.