Trabajé unos años como promotor literario del
Icocult (Instituto Coahuilense de Cultura, lo que después se convirtió en la
Secretaría de Cultura de Coahuila) y mi oficina estaba en la casona de la
Juárez y Colón, en Torreón. Fue en los tiempos del calderonismo, cuando La
Laguna se convirtió en una sucursal del Lejano Oeste. Recuerdo que una mañana,
mientras desahogaba la chamba en mi cubículo, oí una ráfaga cercana, casi a mi
espalda, de balazos. Luego supe, supimos, que a la vuelta, por la avenida
Hidalgo, mientras eran atendidos en un negocio de teléfonos celulares, fueron
ejecutados varios clientes (si no recuerdo mal, militares). Fue uno de los
tantos días laguneros en los que la zozobra se apoderó de todos.
Pese a tal desaguisado, retengo en la memoria
gratos momentos de mi paso por aquel inmueble. Lo que me trajo ahora el
recuerdo de aquella casa fue el nombre del director de cine Sam Peckinpah, que
acabo de leer en una nota. Mientras trabajé en la casona creo haber oído que la
casona sirvió para rodar una parte de alguna de sus películas. Nunca supe si
eso era cierto o falso. Al investigar un poco no hallé nada, como es lógico,
pues sólo investigué un poco. Lo que sí encontré fue un dato asombroso: el
director Peckinpah fue esposo de la actriz mexicana Begoña Palacios. A ella la
recuerdo en programas cómicos (como “sitcoms” o “comedias de situación”) de
Televisa; era linda, y hacia siempre papeles como de chica ingenua o tontita.
Sabida la fama de las películas de Peckinpah, me costó trabajo asociarlo con la
imagen de Begoña Palacios. Sería como asociar ahora a Tarantino con Galilea
Montijo o algo así.
Al margen de Peckinpah y la posibilidad de que haya rodado en nuestro rancho, recuerdo otras tres películas importantes filmadas por estos rumbos. El topo (1970), dirigida por el chileno Alejandro Jodorowsky, tuvo como escenario el Puente de Ojuela, en Mapimí, Durango, y tal espacio sirvió también al argentino Luis Puenzo para rodar Gringo viejo (1989), cinta basada en la novela homónima de Carlos Fuentes. Por último, en Viesca y Matamoros, la película Cabeza de Vaca (1991), dirigida por Nicolás Echeverría. Hay más, claro, pero las mencionadas son de las más famosas.