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miércoles, julio 15, 2020

Mi amigo Antonio Cruz















El domingo pasado recibí la noticia: mi amigo Antonio Cruz había muerto. Un mes antes me había hablado desde Santiago del Estero, Argentina, para conversar sobre literatura. Me alegró aquel domingo, y aunque su salud estaba ya muy quebrantada, lo escuché optimista, cordial, afectuoso como siempre. Pese a la distancia, la de Antonio era una amistad harto cálida y cercana. Los miles de kilómetros que nos separaban no impedían que se interesara noblemente en mi vida y en mis textos, casi como si fuera un cuate lagunero de los más cercanos.
Maestro, médico y escritor, Antonio nació en Frías, Santiago del Estero, Argentina, en 1951. Egresó como médico cirujano de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC, 1976) y ejerció diversos cargos públicos relacionados con su profesión. Hizo periodismo radial y publicó colaboraciones en medios periodísticos de Santiago del Estero, Buenos Aires, Tucumán, Córdoba, Salta y otras provincias argentinas. Publicó los poemarios Catarsis, poemas de amor con esperanza (1998), Ashpa Súmaj (2003), Canto a mi pueblo (2003), Aires del noroeste y Tránsito (desde la oscuridad hacia la luz) (2008), así como el libro de cuentos Tío Elías y otros (2004), entre otros. Era uno de esos raros escritores-todo-generosidad, un hombre despojado de envidia, ajeno por completo a la mala leche que lamentablemente es habitual en los medios artísticos. Al contrario, durante muchos años tendió puentes y se dedicó a alentar la escritura de otros con un desinterés literario casi apostólico, si se me permite la expresión.
Además del contacto que permiten hoy las nuevas tecnologías, tres veces tuve la fortuna de verlo y de tratarlo personalmente. Una maravilla de ser humano. La primera vez que dialogamos fue en Tucumán, hacia 2007. Ambos participábamos en un congreso literario y en el tumulto de asistentes nadie me lo presentó. Recuerdo que al final de la actividad académica hubo una cena en un edificio antiguo y lujoso ubicado frente a la plaza principal de San Miguel de Tucumán. En un momento se me ocurrió tomar aire y ver la plaza, y hasta allí llegó Toño para hacerme conversación. Me impresionó su bonhomía, la genuina atención que puso en mis palabras. Desde allí quedamos como amigos y con frecuencia nos cruzamos mails. Volvimos a vernos en 2010, en la Feria del Libro de Buenos Aires, donde compartimos una mesa de lectura en la que también participó Martín Gardella, amigo de ambos. Un año después nos reencontramos en Santiago del Estero, la ciudad donde radicaba. Junto a varios escritores santiagueños había organizado un encuentro de escritores y tuvo la bondad de convidarme. No olvidaré nunca que aquella vez nos recibió en su casa, donde cenamos junto a Mariana Lucatelli, su esposa, y los escritores Alejandro Vaccaro, argentino, y Rony Vásquez Guevara, peruano. En aquella ocasión llevé a mi hija mayor, quien conoció a Toño y también recibió de él un trato de caballero.
Al saber de su muerte sobrevolé muros de Facebook de amigos comunes; todos coincidían en la misma idea: Antonio Cruz fue un hombre generoso, sensible, solidario, inteligente y entregado a su profesión de médico y su vocación de escritor. Alguna vez le dediqué un cuento, lo que yo entendí nomás como un apretón de manos. Nunca dejó de agradecerlo con palabras de apoyo a mi trabajo y de cariño a mi familia. Era un tipazo. Nunca lo olvidaré. Descanse en paz.

viernes, diciembre 30, 2011

Minificción en el norte de México



Texto leído en las Primeras Jornadas Internacionales de Microrrelato celebradas entre el 11 y 13 de agosto de 2011 en la Universidad Nacional de Santiago del Estero, en Santiago del Estero, Argentina.

Minificción en el norte de México: experiencia de la revista coahuilense Historias de entretén y miento


Jaime Muñoz Vargas

México tiene seis estados (o provincias o departamentos para muchos de ustedes) colindantes con los Estados Unidos: Baja California Norte, Sonora, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas. Se trata de entidades federativas económicamente poderosas, territorialmente grandes y donde millones de mexicanos viven a diario un intercambio cultural intenso con el poderoso país vecino. Uno de esos estados, Coahuila —topónimo que tiene su origen en una tribu llamada coahuilteca— fue oficialmente fundada a fines del siglo XVI con la llegada de los primeros españoles y varios indígenas tlaxcaltecas aliados a la Corona que acá construía la Nueva España. Ese estado fue particularmente importante durante la Revolución, pues allí nacieron dos de sus más conocidos protagonistas: Francisco I. Madero y Venustiano Carranza, además de que otro personaje no menos famoso, Pancho Villa, tuvo éxitos militares decisivos en plazas coahuilenses como la de Torreón, ciudad de la que provengo.
Coahuila de Zaragoza, su nombre oficial, es pues una de las 32 entidades federativas de México y una de las seis que perfilan nuestro norte. Su población total es de casi tres millones de habitantes (de los poco más de cien que tiene México) y es una de las menos densamente pobladas, la número 27 de 32, con apenas 16 habitantes por kilómetro cuadrado, cifra nada cercana a la de casi seis mil habitantes por kilómetro cuadrado que tiene el Distrito Federal. La capital de Coahuila es Saltillo, ciudad ubicada al sureste del territorio.
Es de un producto creado en Coahuila, y específicamente en Saltillo, de lo que tratarán estas cuartillas. Me refiero a la revista Historias de entretén y miento que desde hace poco más de veinte años publica el Gobierno del Estado de Coahuila en sus propias prensas. Si nos atenemos al carácter cultural, y más precisamente literario de la publicación, advertiremos que no es poco decir “veinte años” de supervivencia. Lo digo porque en nuestros contextos, bien lo sabemos, es frecuente que las aventuras hemerográficas culturales sean a veces tan efímeras que envejecen y mueren al segundo o tercer números. No ha sido este el caso de Historias de entretén y miento, espacio que ya va (en agosto de 2011) por su número ciento setenta y tantos y que no ha sucumbido a los cambios de administración estatal. Esto que parece menor es muy significativo: México es un país cuyos gobiernos municipales, estatales y no se diga federales suelen arrasar con todo lo que hicieron las administraciones predecesoras. En México es casi imposible que no sean borrados una política pública, un plan, un proyecto, una publicación en el momento en que cambian las administraciones públicas, esto a la más pura usanza del dictum “muerto el rey, viva el rey”. Por ello, y dicho esto como primer asombro, es casi milagroso que Historias de entretén y miento haya atravesado al menos cuatro gobiernos sexenales sin recibir el habitual tiro en la sien.
La publicación fue fundada en 1988. El gobernador de Coahuila era entonces Eliseo Mendoza Berrueto, y en el directorio de la revista quedó asentado que sus dos principales promotores fueron Gabriel Pereyra, encargado de la Dirección General de Difusión Cultural y Política del Gobierno del Estado, y el escritor Jesús de León, coordinador de la revista. Los dos fundadores dejaron de trabajar en este espacio en marzo de 1992 (número 16) fecha en la que entró a editarla el escritor Jaime Torres Mendoza. El aspecto inicial de Historias… es muy similar al actual: tamaño carta, impreso a dos o tres tintas en papel bond ahuesado o “cultural”. La única modificación que su aspecto físico ha experimentado en el camino tiene que ver con sus tapas y en algunos casos con el encuadernado: en el número 36 (marzo de 1994) comenzó a llevar portada en un papel distinto al de los interiores y no son escasas las ediciones de los años recientes que en vez de grapas tienen un esbelto lomo, de revista-libro.
Hay algo de accidentado en su periodicidad, que nunca ha sido estable, obediente a un ritmo regular. Por momentos era trimestral, a veces mensual y con el paso de los años ya no acató una frecuencia estable de salida. Su distribución siempre ha sido gratuita y su tiraje asciende en promedio a dos mil ejemplares por número. En cuanto a las firmas, la revista ha amalgamado a escritores con renombre (Carlos Monsiváis, Julio Torri, Carlos Montemayor, Juan José Arreola, José Emilio Pacheco…) y muchísimos escritores de la región, todos con menor cartel.
Ubicadas estas generalidades, es momento de ver su contenido. En su origen, Historias… tuvo un propósito abarcador, genéricamente misceláneo. En sus primeros números apareció el tipo de textos que ordinariamente acoge toda revista literaria. Por su extensión y por su tema, hay poemas, cuentos, ensayos (literarios, históricos y hasta sociológicos), fragmentos de obras teatrales, reseñas bibliográficas y demás. Entre ese variopinto material abundan los microtextos: prosa poética, aforismo, poemínimo, ensayo breve o poemático (como le llama José Luis Martínez) y fragmentos cortos de obras mayores. En esa fauna de brevedades se mueven también muchos, abundantes microrrelatos.
Ni siquiera es necesario recordar que no todo texto breve escrito en prosa es un microrrelato, una micronarración o una microficción (o mini en vez de micro, según queramos). En Historias de entretén y miento, revista que por su título parece que auspiciará sólo aquello que tiene un explícito carácter narrativo, cupieron y caben todavía, pues no ha muerto, textos breves del más diverso pelaje entre los que desde su arranque se colaron, casi por accidente, microrrelatos.
Digo “casi por accidente” apoyado en un gesto editorial: a ningún texto le es asignada una etiqueta genérica, es decir, los editores no advertían a los lectores, como lo hacen ciertas publicaciones, con marcas claras en las cornisas o en algún otro sitio visible, que tal o cual colaboración era “poesía”, “cuento”, “ensayo”, etcétera. Esta ausencia de rotulación genérica es pareja en Historias…, así que los microrrelatos, cuando aparecen, no apuntan al lector que lo son, de suerte que por su aspecto externo podían pasar por prosa poética, aforismo o algo parecido.
La forma narrativa más recurrente en Historias… es el cuento propiamente dicho, de una extensión que va de las tres cuartillas a seis o siete. El microrrelato aparece entre cuentos, pero siempre da la impresión de que lo hace un tanto por azar, sólo porque cabe cómodamente en espacios pequeños. Desde ya vale advertir que nunca, si nos atenemos al examen más puntilloso de cada uno de los ejemplares de la publicación, aparece no digamos una teoría, una historia o una mínima reflexión sobre el microrrelato, sino una sola mención de esa palabra. Las micronarraciones que allí aparecen se agrupan pues, en su totalidad e implícitamente, al género cuento, sin usar jamás los prefijos diferenciadores micro o mini.
La primera presencia fuerte del microrrelato en Historias… se dio en junio de 1989. Para conmemorar el centenario de Julio Torri —saltillense, amigo cercano de Alfonso Reyes y asombrosamente uno de los “fundadores” del microrrelato en América Latina—, la revista armó una especie de número monográfico cuya nota preliminar no señala explícitamente el culto de Torri por las brevedades. Recuerda otros detalles de su biografía, no lo que a la postre servirá para situar a Torri en el contexto de la narrativa latinoamericana: que ya en 1940 había publicado De fusilamientos, uno de los libros emblemáticos del género que aquí nos ocupa.
Historias… publicó algunas piezas de Torri. Entre ellas, “La humildad premiada”, famosa porque tiene mucho de autobiográfica:

En una Universidad poco renombrada había un profesor pequeño de cuerpo, rubicundo, tartamudo, que como carecía por completo de ideas propias era muy estimado en sociedad y tenía ante sí brillante porvenir en la crítica literaria.
Lo que leía en los libros lo ofrecía trasnochado a sus discípulos la mañana siguiente. Tan inaudita facultad de repetir con exactitud constituía la desesperación de los más consumados constructores de máquinas parlantes.
Y así transcurrieron largos años hasta que un día, en fuerza de repetir ideas ajenas, nuestro profesor tuvo una propia, una pequeña idea propia luciente y bella como pececito rojo tras el irisado cristal de una pecera.

En la página 16 del mismo número, Javier Villareal Lozano traza una estampa de Torri. Como que quiere decir lo que deseamos escuchar, pero apenas lo insinúa: “Escritor para escritores, estilista, burilador, cuentagotas”. Es de notar que quienes en ese momento ponderan la especificidad de Torri tienen conciencia de su parquedad artesanal, pero sin asignarle la etiqueta de microrrelatista o algo similar. En los otros dos acercamientos al saltillense ocurre lo mismo; Sergio Cordero afirma: “Tres libros (1964) (…) reúne las breves, concentradas, corrosivas prosas que integran su escasísima creación literaria”; Beatriz Espejo, por su lado, añade sobre Torri: “… sus pequeños y maravillosos textos siguen resultando un deleite exquisito para quienes se acercan a ellos con ánimos de emprender una lectura cuidadosa”. El número monográfico en tributo a Torri es acompañado por otros textos, entre ellos algunos microrrelatos que buscan seguir los pasos del homenajeado, como este de Armando Alanís (“Fábula”, que tiene mucho, en tres renglones, del “Viaje a la semilla” carpenteriano):

En aquel planeta el tiempo caminaba para atrás. Los hombres, desde la eternidad, se iban precipitando hacia el útero materno. Un feto era un agonizante.

Ese ejemplar marca, a mi parecer, el arranque del microrrelato en Historias… y acaso en el norte de México o al menos en Coahuila. A partir de allí irán apareciendo muchos textos que podemos clasificar, sin mayor problema, en ese género, aunque no deja de asombrar que jamás haya un deslinde teórico o una aproximación con carácter más o menos exploratorio. Nada, ni siquiera andan por allí los prefijos “micro” o “mini”, aunque tampoco se trata de un mar de microrrelatos sin definición lo que aparece en Historias… El género más socorrido es la poesía, luego el cuento y al final el ensayo literario. Entre los microtextos, abunda la prosa poética y es allí, no sé si por casualidad o deliberadamente, donde se cuelan las pequeñas historias que nos entretienen y nos mienten. Es frecuente, también, la publicación de microrrelatos “recortados”, es decir, de historias que gozan de cierta autonomía aunque hayan sido tomadas de obras amplias, como ocurrió en el número 21 donde son tomados ciertos pasajes narrativos de Homero y Virgilio, ambos con redondura microrrelatística.
Poco a poco, número tras número Historias… irá acumulando, en suma, micronarraciones sin delimitación genérica. Traigo algunos pocos ejemplos:

—Caite con la lana.
—Pero es que...
—Nada. Dámela o te doy un balazo.
Entonces el borrego se desnudó. (César Eduardo Alejandro, “El asalto”, HEM, 53, agosto del 95).

Soñó que le daban un balazo y despertó bañado en sangre. Vino el médico y le recomendó volver a dormir. Soñó de nuevo que lo balaceaban y ya no quiso despertar. Reprochó a su agresor "Ya basta. No me dejas descansar". El otro protestó: "Deja de quejarte. Este es el sueño que me gusta". (Eligio Coronado, “La realidad rota”, HEM 57, diciembre del 95).

La oruga creyó ver, en el tractor que venía por la brecha, a Dios y se prosternó para reverenciarlo. Murió aplastada al paso de la estrepitosa máquina. (Abraham Nuncio, “Cuatro fábulas”, fábula 1, HEM 92, noviembre del 98).

“Somos modelo de democracia”, comentaron entre sí los ascensores, mientras uno bajaba y el otro subía. (Abraham Nuncio, “Cuatro fábulas”, fábula 3, HEM 92, noviembre del 98).

Yo mismo señalé, en una conferencia leída hacia 2007 en las Jornadas de Microficción organizadas en Tucumán, que entre

… julio y agosto del 91 publiqué casi a oscuras un largo artículo dividido en dos partes. Su título fue “El cuento de pronto acabar”, y apareció en la revista Brecha, de Torreón, lo cual le garantizó un tiraje corto y una pobre circulación. Ese texto era más bien una miniantología comentada, y si algún valor histórico puede tener es el de haber planteado por primera vez, en su parte introductoria, la eficacia de las formas breves. En aquel momento yo ya era conciente de que existían formas literarias más vertiginosas que las aceptadas por el lector y por nuestra crítica, pero el mito de lo mayúsculo se me imponía tanto como a toda mi generación. De ahí que, entre elogios a la brevedad, no dejé de deslizar burlas a la pereza que presuponía, por prejuicio, en los autores como Torri o Arreola y sus seguidores. Como no tenía una denominación precisa a la mano, me atreví a llamarlo (nótese el tinte minusvalorativo) “cuentito”. Repito aquí una parte de ese primer acercamiento que tenía, claro es, un afán promocional del texto breve:

En literatura no hay géneros buenos ni malos, ni moldes útiles ni inútiles. Todos sirven. A veces, la función de un texto puede ser valiosa si se le juzga a partir de sus aspiraciones formales y temáticas. Es lógico que un poemínimo o un cuento breve nunca, ni de broma, deben catarse con la vara para medir Muerte sin fin o Palinuro de México. No, claro. Aunque existen excepciones, la calidad y el largo aliento son dos virtudes literarias que, juntas, hacen del creador un ser único, digno de la admiración y de respeto públicos, eso es indiscutible. Hay, por otro rumbo, trabajos con intenciones mucho más modestas. Por tal casillero encontramos, en poesía, al haikú, al epigrama, al poemínimo y, en narrativa, al cuento breve, al brevísimo, como el promovido por Edmundo Valdés en las páginas de El Cuento. Podemos creer que el objetivo de estas miniobras es estimular, con una chispa, la sensibilidad del lector: sacarle una sonrisa, meterle una interrogación, obsequiarle algunos miligramos de estupor, no más. Si el epigrama y el poemínimo se erigen como posibilidades de creación poética al alcance de todos, algo similar pretende el cuentito. En verso, los trabajos del gomezpalatino Campos Díaz y Sánchez y el invento de Efraín Huerta son rica muestra de concisión y perspicacia concentrados, textos a medio camino entre “la-obra-seria” y la ocurrencia fortuita que se queda en la charla de café, o como dedujo el mismo Huerta luego de una encuesta informal a su hija y a Octavio Paz: los poemínimos son aportaciones líricas que andan muy cerca del chiste. Para la prosa es lo mismo, o casi. Por la compra de pocas palabras al lector adquiere, como en ganga, todo un microcosmos al que suele no faltarle la pimienta del humor.

Por esa idea del microrrelato transité en 1991, y conste que en ese mismo momento transcribí cerca de treinta ejemplos de microrrelatos escritos por Arreola, Borges, Anderson Imbert, Samperio, Papini, Avilés Fabila y otros varios, todos espléndidos, como “Sadismo y masoquismo”:

Escena en el infierno.
Sacher-Masoch se acerca al Marqués de Sade y, masoquísticamente, le ruega:
—¡Pégame, pégame! ¡Pégame fuerte, que me gusta!
El Marqués de Sade levanta el puño, va a pegarle, pero se contiene a tiempo y, con la boca y la mirada crueles, sadísticamente le dice:
—No.

Tuve incluso el imberbe atrevimiento de proponer una novedad, como se puede advertir en estas palabras:

Es lícito, en ocasiones, truquear la consecución de un cuentito, tal como lo hizo Valadés en El libro de la imaginación. Podemos extraer, de un texto largo, algún pasaje que cumpla con la pequeña esfericidad que reclama este molde narrativo. Como ejemplos traigamos dos ejemplos subsumidos en trabajos de Alfonso Reyes y de Diógenes Laercio, respectivamente:
… Tisias, luego de aprender la retórica del maestro Córax, se niega a pagarle sus enseñanzas. Argumento de Tisias: “Si de veras me has enseñado a persuadir, podré persuadirte que no me cobres, y en tal caso nada te pago. Si no logro persuadirte, tus enseñanzas han sido vanas, y en tal caso nada te debo”. Respuesta de Córax: “Si no logras persuadirme, tendrás que ceder a mi demanda. Y si me persuades, también, pues habrás probado con ello la utilidad de mis lecciones”.

La falta de información que yo tenía en los albores de los noventa es la misma que evidencia, por esas fechas, Historias de entretén y miento. Poco a poco, gracias sobre todo a mi contacto con historiadores, teóricos y cultores del género como David Lagmanovich y Raúl Brasca, he tratado de incorporar alguna información en artículos y columnas, esto para visibilizar con mayor claridad el trabajo de los microficcionistas que no saben que lo son. Sé que lo importante no sólo son las creaturas literarias, sino su mayor inteligencia a partir de la conciencia que tomemos sobre su peculiaridad y su belleza, sobre su independencia y su valor sugestivo. En Historias de entretén y miento han aparecido muchas microficciones pero jamás esa palabra o una parecida. Quizá ya es hora de que coincidan los afanes del creador con los propósitos del historiador y el crítico. Este acercamiento es parte de esa modesta pero importante lucha por abrir los espacios de la microficción como creatura autónoma y autosuficiente de la literatura, de nuestra literatura.

jueves, agosto 11, 2011

Encuentro sobre microrrelato



PROGRAMA DEL ENCUENTRO

Día 11 de Agosto de 2011
O8, 30 Hs. Acreditación
10, 00 Hs. Apertura oficial
- Palabras de bienvenida a cargo del escritor Antonio Cruz
- Palabras de bienvenida a cargo de la Rectora de la Universidad Nacional de Santiago del Estero, Lic. Natividad Nassif
- Palabras del Señor Subsecretario de Cultura de la Provincia de Santiago del Estero, Arquitecto Rodolfo Legname
10, 30 Hs. Conferencia Inaugural. Alejandro Vaccaro (Presidente de la SADE y Biógrafo de Jorge Luís Borges)
11, 15 Hs Break
11, 30 Hs. Los microrrelatos en la voz de sus autores. Latitudes: Jaime Muñoz Vargas (México), Nanim Rekacz (Neuquén, Argentina), Fabián Vique (Buenos Aires, Argentina), Silvia Piccoli (Santiago del Estero, Argentina), Eugenio Mandrini (Buenos Aires) Eduardo Albarracín (Frías, Santiago del Estero). Moderador: Fabián Vique
12, 30 Hs. Ponencias. “En defensa del microrrelato”. Rony Vásquez Guevara (Lima, Perú).
13, 00 Hs. Receso
15, 00 Hs. Los microrrelatos en la voz de sus autores. Otras voces: Raúl Lima (Santiago del Estero, Argentina), Diego Muñoz Valenzuela (Chile), María Fabiana Calderari (Santiago del Estero, Argentina), Mónica Maud (Santiago del Estero, Argentina), Heidi Rótulo de Arnedo (Santiago del Estero, Argentina) y Sandra López Paz (Santiago del Estero, Argentina) Moderador Raúl Lima.
16, 00 Hs. “Minificción en el norte de México: experiencia de la revista coahuilense Historias de entretén y miento”. Jaime Muñoz Vargas (México)

16, 45 Break
17, 00 Los microrrelatos en la voz de sus autores: Jóvenes narradores de Santiago del Estero: Pablo Fernando Albornoz, Gabriel Hoyos Izurieta, Esteban Ibarra, Adriana Comán y Estefanía Páez. Moderador: Pablo Fernando Albornoz
18,00. Presentación de libro. Andrés Navarro.
18,30 Hs. Los microrrelatos en la voz de sus autores: Voces del NOA. Susana Lares (Santiago del Estero) Norah Scarpa Filsinger (Tucumán), Luís Taborda (Catamarca) Andrés Navarro (Santiago del Estero) y Orlando Romano (Tucumán), Moderadora. Susana Lares.
19, 30 Hs. Presentación de libros y editorial: Fabián Vique

Día 12 de Agosto de 2011
09, 00 Hs. Los microrrelatos en la voz de sus autores. Voces de Santiago del Estero: Diana Beláustegui, Ramón Álvarez, Luisa Paulina Ávila, Lucila Soria y José Cesca.
10, 00 Hs. Conferencia Plenaria. "Resonancias, características, historias y dudas sobre la minificción"
Violeta Rojo (Universidad Simón Bolívar, Venezuela)
10, 45 Hs. Break
11, 00 Hs Los microrrelatos en la voz de sus autores. Jóvenes del Noroeste Argentino: Belén Cianferoni Figueroa (Santiago del Estero), Claudio Rojo Cesca (Santiago del Estero), María Belén Aguirre(Tucumán), Fernanda Álvarez Chamale (Salta), y Gabriel Bellos (Tucumán). Moderador. Claudio Rojo Cesca.
12, 00 Hs. Ponencias. Ficción y representación en los microrrelatos de Santiago del Estero y Tucumán.
Ana María Mopty de Kiorcheff (Universidad Nacional de Tucumán) Por qué escribimos microrrelatos. Dra. Susana Salim (Universidad Nacional de Tucumán – Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, Tucumán). La estructura binaria en los microrrelatos del NOA. Diego Albarracín.

13,00 Hs. Receso.
15, 00 Hs. Homenaje al Doctor David Lagmanovich (Asociación Literaria David Lagmanovich, Tucumán)
15,30 Hs. Los microrrelatos en la voz de sus autores. Microrrelatos de Tucumán. Ana maría Mopty de Kiorcheff, Julio Estefan, Orlando Romano, Rogelio Ramos Signes, Mónica Cazón y María Eugenia Godoy. Moderadora: Ana de Kiorcheff
16, 30 Hs. Ponencias. Microficción 2.0: La invasión de los microrrelatos en la red. Martín Gardella
17, 15: Break
17,30 Los microrrelatos en la voz de sus autores: Latitudes: Ildiko Valeria Nassr (Jujuy), Martín Gardella (Buenos Aires), María Pía Danielsen (Santiago del Estero), Rony Vásquez Guevara (Director de la Revista Plesiosaurio Perú), David Slodky (Salta) y Antonio Cruz (Santiago del Estero). Moderadora Ildiko Nassr.
18,30: Presentación del libro “Cuentas de Maíz” de Norah Scarpa Filsinger.
19, 00 “El despertar de la Microficción en Jujuy” Ildiko Nassr (Universidad Católica de Salta).
19,45 Hs. Presentación de libros y Editorial: Julio Estefan

Día 13 de Agosto de 2011
O9, 00 Hs. Los microrrelatos en la voz de sus autores: Microrrelatos del NOA: Rodolfo Vargas Aignasse (Tucumán), Silvia Weiz (Tucumán), Ana Virginia Tello (Catamarca), Víctor Hugo Ledesma (Santiago del Estero)
10, 00 Ponencia. "Los desafíos de Peter Pan: un protagonista hiperbreve". Doctora Liliana Massara (Universidad Nacional de Tucumán)
10, 45 Hs. Break
11, 00 Hs Ponencia. El microrrelato en la red como fenómeno sociológico. Antonio Cruz (santiago del Estero, Argentina)

11, 45. Hs. Presentación de la Revista Plesiosaurio (Rony Vásquez Guevara)
12, 15 Hs. Los microrrelatos en la voz de sus autores: Escritura Interior: Yoli Hoyos, Cecilia Prado, Marcela Elías, Azucena Zerda, Marta, Isabel Salvatierra.
13, 00 Cierre del Encuentro.

domingo, marzo 29, 2009

Micros del NOA



Radicado en Santiago del Estero, Argentina, el poeta, narrador y médico Antonio Cruz me escribió desde allá para invitarme a colaborar en una sección dedicada al microrrelato en el diario El Liberal, de la mencionada ciudad. Acepté la invitación, claro, y a partir de entonces he seguido con atención y gusto las cartas que me envía. Ellas contienen “ligas” para acceder a varios blogs, uno de los cuales alberga muestras de lo que denomina “Microrrelatos del noroeste argentino”. No lo sé con exactitud, pero creo que el noroeste argentino (NOA) comprende una amplia zona donde convergen Catamarca, Jujuy, Salta, San Miguel de Tucumán y Santiago del Estero, principalmente, provincias argentinas ubicadas junto a (o muy cerca de) las fronteras con Bolivia y Chile.
He abierto los blogs y me entusiasmó sobre todo uno: enlosesteros.blogspot.com. Hay en él una muestra de brevedades hasta el momento corta, pero que promete crecer a medida que otros microrrelatistas norestenses argentinos colaboren con sus obras. Las pocas que hay, sin embargo, son muy buenas. Leí algunas en una de mis clases de cuento y el efecto que produjeron fue muy bueno. Las comparto aquí para que aquilatemos lo valioso y universal del molde y, de paso, para reciprocar aquella invitación del amigo Cruz, a quien le mando un agradecimiento y un saludo desde esta humilde página del centro-norte mexicano.

Fantasmas
Orlando Romano (Tucumán)
Dos fantasmas charlaban en la sala principal de un museo londinense (el lugar estaba repleto de personas). Uno de ellos aseguró, alarmado, que de tanto en tanto oía ruidos extraños.
—Borra esa idea. Nadie jamás logró ver a un hombre.

Defensa personal
Ildiko Valeria Nassr (Jujuy)
Alguna vez oyó en la voz de algún poeta, cuyo nombre eligió olvidar, que la poesía sirve contra la muerte.
Con tanto ladrón asesino suelto, ella se siente protegida cargando la “Nueva poesía de Jujuy” en su cartera.

A contramano
Luis María Rojas (Santiago del Estero)
Una parte de él deseaba abofetearla, estrangularla y acuchillarla. Por suerte esa parte no eran sus manos y así, vivió feliz junto a ella, a contramano de sus deseos.

Historias de chat (I)
Mónica Cazón (Tucumán)
Por fin se conocerían. La cita fue pactada para concretarse en un bar cercano al domicilio de ambos.
Hacía frío y se tornaba dificultoso caminar. Cuando se vieron, fue maravilloso descubrir que compartían el mismo geriátrico.

El unicornio
Rosa Beatriz Valdez (Catamarca)
Asomando el cuerno entre la maleza, el unicornio observa los preparativos de la yerra en el corral.
“Herrar es humano” piensa, y se aleja al trotecito.

Político
César Antonio Alurralde (Salta)
(a Gabriel Antonio Calderón)
Toda su vida había sido como estar enancado majestuosamente sobre dos caballos a la vez. Aunque los caminos de la providencia son infinitos, esta vez, y frente a la encrucijada de una ruta bifurcándose en dos alternativas, lo resolvió fácilmente por su condición de excelente y hábil político. Tomó ambos caminos… y se fue para arriba.

Ceremonias
David Slodky (Salta)
Es terrible, sí, pero siento alivio… Su locura me exasperaba. Lavarse las manos ochenta veces al día, levantarse seis veces cada noche para asegurarse de que la puerta esté con llave, sus extrañas ceremonias con los fósforos antes de encender la cocina… ¡Me era insoportable ya!
Ayer se fue. Durante un mes voy a dar dos vueltas a la silla antes de sentarme, para asegurarme de que no vuelva.

La despedida
César Arrueta (Jujuy)
El difunto se despide. En un momento se conmueve de tal forma que desea volver a la vida terrenal. No es posible.
De todas maneras, se siente infinitamente agradecido por las lágrimas que derraman sus seres queridos. Promete que cuando lleguen a la otra vida les preparará un especial recibimiento y les mostrará lo lindo que se siente ver llorar a otros por uno que ya no está. Regocijado, espera.