sábado, junio 16, 2018

Votar según Krauze













Sereno, con voz pausada y de excelente timbre, como siempre, el doctor Enrique Krauze difundió el jueves un video de tres minutos con “una reflexión sobre el poder absoluto”. Dado que Krauze es Krauze y no va a portarse como si fuera un vulgar Luis Pazos, la susodicha reflexión no requirió aspavientos ni palabras fuertes. De hecho, ni siquiera requirió nombres propios, pues sólo se planteó como breve disquisición sobre una idea: la del poder absoluto.
“El poder absoluto en manos de una sola persona —señaló el doctor Krauze— ha dejado una estela de destrucción a lo largo de la historia. Los ejemplos abundan. En el siglo XX, en Europa y Asia, el poder absoluto recayó en manos de líderes de derecha e izquierda, fascistas o comunistas, que destruyeron a sus países y provocaron la muerte de decenas de millones de personas. En América Latina, el poder absoluto en manos de líderes de derecha e izquierda, militares genocidas o dictadores revolucionarios, sofocó las libertades y provocó hambre, desolación y muerte”. Esta introducción nos instala en lo que, si estamos al menos alfabetizados, ya sabemos: que abundan los ejemplos de poder absoluto mal usado, brutal en la mayoría de los casos. También sabemos que han operado en la derecha y en la izquierda (repetido por él un par de veces: derecha e izquierda), pero en este caso el doctor Krauze no debe preocuparse de que lo acusemos de parcial, pues sabemos que el abuso operó en ambos flancos del espectro político.
Lo que viene luego nos instala en el caso mexicano: “En el siglo XX, en México, el poder absoluto de los presidentes, todos del partido oficial, tenía al menos el límite de la no reelección, y sin embargo, el poder absoluto hizo mucho daño. Basta recordar la matanza de Tlatelolco ordenada por Díaz Ordaz, la represión del diario Excélsior ordenada por Luis Echeverría, la quiebra del país causada por la administración de López Portillo y la corrupción impune en tiempos de Salinas. Desde 1997, año en que el PRI perdió la mayoría en el Congreso de Diputados, ningún presidente ha tenido poder absoluto en el Congreso. Ni Zedillo, ni Fox, ni Calderón, ni Peña Nieto”.
Krauze resume entonces que el voto dividido ha viabilizado la democracia mexicana, sobre todo la libertad de expresión, pues mermó el poder absoluto al presidente. Lo que pide, entonces, en el fondo, es votar por uno para presidente y por otros para diputados y senadores, es decir, quizá votar, si gustan, por su mesías tropical, pero frenarlo en las Cámaras ahora que se ve venir un carro completo por la vía que Krauze más ha aplaudido y, suponemos, juzga legítima: la democrática, no la del voto corporativo.