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miércoles, diciembre 18, 2024

Saber no es suficiente

 










Hace poco recordé La urna (1911), libro de Enrique Banchs (Buenos Aires, 1888-Ídem, 1968), poeta y periodista argentino de no gran fama fuera de su patria, y quizá ni dentro. Fue armado sobre todo con sonetos, y al releer algunos al azar volví a toparme con uno que siempre me ha gustado porque en él se encierra, sospecho, un tema de interés principalmente para quienes trajinan con el conocimiento.

Es, como sus compañeros hospedados en el mismo libro, un poema tristón, pero con una no tan sutil diferencia. Allí Banchs pareció arrancar en la primera estrofa y una parte de la segunda con algo aproximado, así sea de manera remota, a la felicidad, con el orgullo intelectual o la seguridad que da el conocimiento apoyado en la lectura ávida. Dice: “Cargado tengo de riqueza sorda / el cerebro confuso y populoso, / que de conocimiento se desborda, / inconsciente en su impulso generoso. // La multitud de libros son el parque / fastuoso y misterioso que fatiga / mi ansia de conocer…”.

Hasta aquí, aunque “confuso y populoso”, el poeta entiende que su cabeza está muy bien amueblada. Encuentra para la biblioteca un correlato que reafirma la sensación de alegría: es un espacio (un “parque”) donde deambula y halla fastuosidad y misterio para su “ansia de conocer”. Lo malo viene luego, y lo que expone no ha dejado de ser parte del debate filosófico que piensa en el hombre como ser racional-emocional, donde unos pensadores cargan la tinta en un lado y otros en otro. Versifica Banchs: “Ciencia que no me vale para nada / pues no se cambia en pan ni en buen consejo / ni en la amistosa plática retrato”.

El poeta parece resbalar hacia la desilusión; al final, en la interacción humana, de poco sirve cargar conocimientos si no se tiene vida sensible, si se ignora la emoción del prójimo o cómo aproximarse a ella en caso de que el deseo interior esté presente: “Aún no sé comprender una mirada, / ni sé si la altivez de que me quejo / más que desdén es femenil recato”.

En resumen, se puede amasar una fortuna de saberes, pero pasar por la existencia sin aprender a descifrar rasgos que también hacen humano al humano, es perderse la otra mitad del desfile vital. Esto parece enunciar entre versos, en apretado resumen, el soneto de Banchs.

sábado, febrero 11, 2017

El talismán que le fue dado




















Los románticos —me refiero a los románticos de antes, como Víctor Hugo y sus congéneres, no a los edulcorados de hoy— hicieron mucho esfuerzo para ocultar hasta el más leve gesto de alegría. Ellos, se sabe, crearon para la posteridad la imagen del artista atormentado, del creador cuyo apasionamiento (en todos los órdenes de la vida, sea el del amor, el de la política o el que fuera) se tomaba totalmente en serio y llegaba al extremo del suicidio, en el caso del amor, o del heroísmo que los convertía en mártires, en el caso del patriotismo.

Décadas y décadas han pasado y la asociación de ideas prosigue: artista es igual a sujeto atormentado. Por supuesto, los tiempos han cambiado mucho, ya no vivimos en el caldo social de los románticos y el artista se da el lujo de que lo puedan ver sonriendo en sociedad de vez en cuando. Sin embargo, y esto lo creo sinceramente, el verdadero artista es un sujeto al que por cualquier razón, la que sea, colectiva o individual, el mundo le duele por dentro, como decía Piero de Benedictis. Esto no significa, claro, que cualquier sujeto sensible, agudo a la hora de observar, pueda ser artista, pero sí que todo artista ve la realidad humana y la halla imperfecta, demasiado mal hecha.

Ahí está pues esa proclividad al enojo, a la tristeza, al rechazo. Lo prodigioso en este caso es que de tal desacomodo nace la obra, como si la desdicha o la rabia fueran combustibles necesarios para crear. Yupanqui, en “El aromo”, lo dijo en dos versos referidos a esa planta, metáfora del hombre solo y apesadumbrado: “Que en vez de morirse triste / se hace flores de sus penas”. Borges, por su lado, tiene un soneto deslumbrante, uno de los que más me gustan de su fulgurante catálogo, el que dedica al poeta Enrique Banchs (en la imagen que encabeza este post). Ahí está todo. En el poema, como en la realidad, Banchs es desdeñado por una mujer. Sufre por eso, y Borges resume tal calamidad en estos versos (prepárense para acceder a una maravilla): “Un hombre gris. La equívoca fortuna / hizo que una mujer no lo quisiera; / esa historia es la historia de cualquiera / pero de cuantas hay bajo la luna / es la que duele más. Habrá pensado / en quitarse la vida. No sabía / que esa espada, esa hiel, esa agonía, / eran el talismán que le fue dado / para alcanzar la página que vive / más allá de la mano que la escribe / y del alto cristal de catedrales. / Cumplida su labor, fue oscuramente / un hombre que se pierde entre la gente; / nos ha dejado cosas inmortales”.

Enrique Banchs (Buenos Aires, 1888-Ídem,1968) escribió poco; La urna (1911) es su libro más famoso, y en él destacó como abrumado sonetista. Además de la tristeza (“el talismán que le fue dado”), ejerció el periodismo.