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miércoles, noviembre 25, 2015

Gorilismo mediático












Con mayor o menor claridad, en México no hemos dejado de sentir jamás el peso de la represión volcada desde el Estado a quienes lo contradicen. Un simple corte temporal de los setenta para acá nos trae el horrendo recuerdo, en ambos extremos del lapso, de la guerra sucia echeverrista a las matanzas solapadas por el gobierno actual, todo sin alguna pausa sexenal que merezca consideración. Cuántas vidas ha costado perpetuar al mismo régimen y cuánta ausencia de castigo hemos tenido. En síntesis, aquí podrá haber masacres una y otra vez; memoria, justicia y castigo, no.
Gran parte de la desmemoria y de la injusticia pasa por el relato de los medios que borran o achican los excesos de bestialidad, si es que la bestialidad no contiene en sí la palabra exceso. Esto, sin embargo, no es privativo de México, aunque aquí sea casi incontestable el poder del corpus mediático. En la Argentina, por ejemplo, se dio la rareza de que los medios hegemónicos quedaran en la acera de enfrente con respecto del gobierno. Caso rarísimo en la actualidad latinoamericana, casi un alebrije si pensamos que en general los gobiernos necesitan de los medios para hacerse del poder y después legitimarse. Esto costó, durante doce años, una embestida feroz, diaria, contra todas las medidas emprendidas por el gobierno, muchas de ellas visiblemente contrarias a los intereses del poder económico.
¿Y cómo se demuestra que el kirchnerismo operó sin respiro contra la ferocidad de los medios —es decir, de los voceros del capital— y en favor de las clases populares? Fácil. Apenas perdió el candidato oficial en la jornada electoral del domingo 22, el editorial del periódico La Nación, representativo de la derecha ganadora, propuso meter reversa a los juicios (una “venganza”, arguyeron) contra los represores prohijados por la dictadura.
Eso no fue lo extraordinario, ya que La Nación, Clarín y muchos medios afines sólo se dedicaron a golpear/mentir durante doce años, sino la reacción que provocó inmediatamente: el repudio no sólo del lector mayoritario, sino también de los trabajadores del periódico que organizaron una foto colectiva en una de las salas de redacción: allí aparecen con carteles que expresan “Yo repudio el editorial”. “Tan brutal es el texto que varios periodistas y otros trabajadores del mismo diario lo cuestionaron en asamblea y redes sociales”, comentó Mario Wainfeld, analista político. En suma, estos medios cavernarios ya no informan y/u opinan; ahora ordenan y quieren decidir sin pudor, sin eufemismos, sin descanso.

miércoles, junio 09, 2010

Saldos de la escoria



La escoria política siempre deja largas secuelas. La desaparición y la búsqueda, entre las principales. En la Argentina, sabemos, hay todavía muchas personas que exploran todos los rincones que pueden para dar con el paradero de seres queridos atropellados por la dictadura. Las Abuelas de Plaza de Mayo, organización cabeza de tal lucha, tiene muchos años recuperando nietos, es decir, hombres y mujeres de aproximadamente, hoy, 35 años que nacieron en centros clandestinos de detención y fueron entregados a otras familias con papeles falseados por los militares.
El método habitual para tener éxito en la identificación es científico y pasa por un examen de ADN. Las Abuelas han sugerido la prueba a los jóvenes que tienen ahora poco más de treinta años y sospechen o sepan que fueron adoptados en condiciones anómalas. Pueden ser hijos de desaparecidos. Hace pocos meses, por ejemplo, corrió en el mundo la noticia de que las Abuelas habían recuperado al nieto número cien, Francisco Madariaga Quintela. Y así siguen, escarbando en el pasado, hurgando en el presente y sugiriendo la prueba a quienes por experiencia de vida sospechen que algo raro hay en sus orígenes como hijos.
Uno de los casos más sonados y actual bombazo informativo en la Argentina es el de los hermanos Marcela y Felipe Noble Herrera, hijos de Roberto Noble y Ernestina Herrera de Noble. La señora Herrera de Noble es desde 1969, cuando murió su esposo, la dueña del Grupo Clarín, monstruo mediático que en la Argentina maneja publicaciones, televisión, radio y cine. Pues bien, hay sospechas fundadas de que Marcela y Felipe son, por así decirlo, hijos “irregulares” de la señora Herrera de Noble, es decir, que durante la dictadura ella los tomó en adopción con documentos apócrifos.
En el artículo “La señora y sus extraños herederos” (El Mundo, 2002), Mempo Giardinelli apunta: “La acusación que afectó a esta discreta dama, que se ocupó de eludir siempre cualquier posibilidad de figurar y soportó con estoicismo las infinitas suposiciones acerca de su conducta y sus preferencias, no es menor. El juez federal del más elegante suburbio bonaerense (San Isidro) Roberto Marquevich, la hizo arrestar en el marco de una causa en la que investiga la adopción de los dos hijos de esta mujer: Marcela y Felipe Noble Herrera. La niña se sospecha nacida en la próspera provincia de Mendoza. El niño, en la siempre castigada Tucumán. La acusación es grave y —para Argentina— emblemática: ‘Uso de documento público falso’. Lo que, traducido, significa que dichos menores pudieron haber sido hijos de militantes políticos encarcelados y luego desaparecidos, entregados en adopción de manera irregular. La Argentina de estos años está colmada de estos casos, y la sociedad hipersensibilizada al respecto (…) A lo que hay que añadir que Marcela y Felipe Noble Herrera son los herederos de una fortuna de 1.000 millones de euros y de un gigantesco poder, el cual perderían en caso de probarse otras filiaciones. Y esto también dejaría al Grupo prácticamente acéfalo, toda vez que el matrimonio entre Roberto Noble y Ernestina Herrera no tuvo descendencia natural”.
El caso es enredado, y tuvo como arranque el marco ominoso de la dictadura (sigue Giardinelli): “Y es que la historia de la actual desdicha de esta mujer también comienza —como casi todas las tragedias contemporáneas de Argentina— en las frías y macabras noches del otoño y el invierno australes de 1976, cuando, a partir del golpe de estado del 24 de marzo, la Junta Militar encabezada por el general Jorge Rafael Videla y el almirante Emilio Massera se apoderó de vidas y bienes en este país. En aquel entonces el diario Clarín, como casi todos los medios periodísticos de la Argentina, debió someterse a la autocensura y el autoritarismo más feroz. Las desapariciones de personas se producían por decenas cada noche y todas las garantías constitucionales estaban suspendidas, en medio del toque de queda y el estado de sitio. Y como se supo muchos años después, ése fue el periodo en el que se produjo la mayor cantidad de apropiaciones ilegales de bebés, entregados a jerarcas y amigos del régimen”. Pasados mil vericuetos, leo en La Opinión que “Después de ocho años de investigación, ayer comenzó el análisis genético que determinará si Marcela y Felipe Noble, hijos adoptivos de la dueña del Grupo Clarín, son hijos de desaparecidos políticos durante la dictadura argentina (1976-1983)”.
Como digo, la escoria política siempre deja largas secuelas. Es imposible saber cuántas dejará en México el imperio de horror que hoy nos azota.