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miércoles, noviembre 22, 2017

Años de/y juventud












Vi una entrevista a Paco de Lucía y en ella el monstruo de la guitarra afirma algo que alguna vez pensé, y pienso aún, casi con las mismas palabras. Dice que cuando él era joven se daba cuenta de que los viejos guitarristas se enojaban con los jóvenes que iban en ascenso mientras ellos, los viejos, perdían facultades y ya no daban para mucho más. Mostraban una actitud hosca y hasta trataban de cerrar el paso a los muchachos. Eso hizo que De Lucía se prometiera no ser así de viejo (“patético”, fue la palabra que usó), y al parecer no lo fue.
Bueno, toda proporción, eso mismo o algo parecido vi de joven en el mundillo literario local, y también secretamente me prometí no ser un viejo mezquino, un viejo negado a la necesaria emergencia del talento joven. Pues bien, ya soy algo grande y tengo muchos amigos jóvenes. Con todos trato de ser abierto y a todos trato de ayudar en lo que puedo. No es mucho lo que puedo darles, pero es lo que hay, es lo que tengo, y lo comparto cuando la ocasión se presta. Todo por haber llegado a la conclusión, hace muchos años ya, de que la miserabilidad de un viejo con los jóvenes es una de las manifestaciones más tristes, infértiles y lamentables de la envidia.
Lo contrario, dar lo que se pueda, es a la larga muy satisfactorio. Más allá de la producción propia que en ciertos raptos de sinceridad lo mismo aprecio que minusvaloro, según el estrés del día, me contenta mucho saber que en revistas, prólogos, reseñas, ediciones de libros o simples espaldarazos prodigados en cartas o en mensajitos pasajeros de redes sociales, (me) he dejado constancia de que mi promesa no ha sido incumplida.
Sé, porque hace más de treinta años las necesité sin recibirlas, del valor de unas palabras a tiempo, de la palmadita en la espalda que significa publicar por primera vez, de ser reseñado sin animosidad ni envidia. A veces podrá faltar tiempo para dedicarlo a los demás, pero cuando hay que poner el hombro hay que ponerlo, como me pasó hace poco con el joven poeta Miguel Amaranto o los inquietos muchachos del portal Red es poder, o también con los integrantes del taller literario del TIM, a quienes recién conocí y deseo ayudar en todo lo que permitan mis fuerzas y mi tiempo.
El caso es no autodefraudar una promesa. La misma que se hizo Paco de Lucía, la misma que en silencio rehidrato muy frecuentemente.

miércoles, noviembre 01, 2017

Y todo para qué














En lugar de decir que son un bien a secas, tenemos que afirmar lo inverso: los diputados son un mal necesario. Sin ellos, el sistema democrático aparencial en el que vivimos no tendría uno de sus principales asideros y todo parecería un sistema si no dictatorial, al menos sí caciquil, dominado por grandes y pequeñas hordas de mafiosos “empoderados”. Los diputados son pues una carga que el erario debe soportar abnegadamente, cual seño de endenantes al marido borrachales. La actual legislatura local alcanzará a depradar una cifra que requiere cierta competencia en aritmética para ser enunciada sin titubeos: $89,597,909.14.
Sobre esta draculesca chupada a la yugular del presupuesto coahuilense apareció hace pocos días un ejercicio realizado por el portal Red es Poder y la asociación civil Participación ciudadana 29. Es interesante porque permite echar un ojo al desempeño de nuestros diputados, quienes no viven precisamente en “la honrosa medianía” juarista, sino en una especie de carnaval pantagruélico en el que por tirar confeti se reparten cientos de miles de pesos.
El ejercicio periodístico-ciudadano incluye tres variables: asistencia (“Asistir a las sesiones del pleno, de sus comisiones y de sus comités correspondientes. Los datos correspondientes a esta variable se obtuvieron de la estadística parlamentaria en el sitio del congreso”), iniciativas (“El origen de las leyes empieza con las propuestas legislativas del diputado. Es su trabajo construir y supervisar las iniciativas que se convierten en ley y afectan directamente el impacto social que tiene el proceso legislativo”) y decretos (“Las iniciativas que se votan a favor y se convierten en ley, finalmente, son los decretos. Las iniciativas que se convierten en decreto suponen una iniciativa bien construida y efectiva para la mejora de la constitución local. Estos datos se obtienen también de la página del congreso”).
Al final, luego de analizar cada ítem diputado tras diputado de acuerdo a una metodología explicada minuciosamente en el portal, se plantea una combinación porcentual que arroja la calificación de cada legislador. Por supuesto, varios reprobaron hasta en el rubro más sencillo, el de la asistencia. Eso sí: ninguno ha dejado de recibir su dieta, una dieta que totaliza entre 3 millones 500 mil pesos y 4 millones por piocha.
Y todo para qué, para qué tanto amor, como canta el grupazo Intocable.