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sábado, diciembre 04, 2021

Hawking para principiantes

 











He leído con entrecortado placer Breve historia de mi vida (Crítica, México, 2014, 148 pp.), autobiografía de Stephen Hawking (Oxford, 1942). Como queda claro en el número de páginas que anoté hace quince palabras, es un libro efectivamente corto, y más corto se siente porque viene bien aderezado con una abundante cantidad de fotos del autor y su familia. No tengo por hábito leer semblanzas de personajes ajenos a la literatura o al arte, pero en este caso la vida del científico inglés me ha intrigado desde que supe algo sobre él. Por esta misma razón, y contra mi rechazo más o menos visceral a las biopics, vi alguna vez la película que también lo aborda.

Adjetivé como “entrecortado” al placer que sentí durante la lectura de la bio. Por supuesto, esto no se debió a la calidad de libro, sino a mi absoluta incompetencia para entender la física teórica (y de hecho cualquier física). Ni siquiera vista por encimita, de pasada, como lo hace Hawking, esa ciencia es asequible para mí y supongo que para muchos que, como yo, carecen de la inteligencia casi inhumana que se requiere para volar tan alto en el universo de la especulación científica. Admitimos que Hawking y sus colegas son lo que son o fueron lo que fueron porque en los textos o programas divulgativos los han etiquetado como genios, no porque entendamos los conceptos entre los que se movieron. Admirarlos es, pues, casi casi, un acto de fe, precisamente lo menos apegado a los métodos de la ciencia. Con Einstein pasó exactamente lo mismo.

¿Y entonces qué me gustó del libro? Pues todo lo demás, que no es poco. El autor recorre a grandes trazos las etapas más significativas de su vida. No se detiene mucho en detalles, y el libro da, por ello, la impresión de que fue escrito con alguna urgencia. Era lógico. Para la segunda década del nuevo milenio se había tornado casi segura la muerte del genio, una muerte que gracias a su tenacidad y a la ciencia (médica en este caso) logró ser pospuesta mucho más allá del lapso que décadas atrás se había pronosticado. Si a los veinte años comenzaron a aparecer en Stephen los primeros síntomas de la esclerosis lateral amiotrófica y los malos augurios sobre su supervivencia, no deja de parecer milagroso que en 2010 todavía estuviera vivo y escribiendo a la mayor rapidez posible.

A los neófitos como yo pueden seducirnos más, entonces, los contornos de su vida familiar. Su niñez feliz y ciertamente desahogada, atravesada por la influencia de un padre médico e investigador. O su natural tendencia de joven al relajo y la relajación festiva, lo que puede notarse en la famosa foto que figura en la portada, aquella en la que el veinteañero Hawking aparece, en pose de burlón triunfador, junto a sus amigos, los integrantes del club de remo. No deja de llamar la atención, claro, su dura vida privada, la relación que debió truncarse con Jane Wilde, su paternidad, su encuentro amoroso con Elaine Mason, enfermera que lo rescató en lo físico y en lo espiritual.

Hawking dedica un capítulo a contar la historia de su libro más famoso: Historia del tiempo (1988), que a la postre se convertiría en bestseller y lo catapultaría a la celebridad mundial.

Salvo por algunas páginas difíciles, Breve historia de mi vida es un libro interesante y apto para todo público.

miércoles, septiembre 20, 2017

Tragedias y solidaridad













Hace apenas cuatro días leí una declaración aterradora de Stephen Hawking. El científico británico pronosticó que en cien años la Tierra será inhabitable, por lo que al ser humano le urge encontrar un planeta similar para colonizarlo y extender así la supervivencia de nuestra especie. No soy muy de creer en discursos apocalípticos sobe todo porque quienes los echan a rodar suelen ser tipos maussanescos, sujetos con menos bases científicas que un yerbero del mercado Juárez. La declaración del famoso físico, sin embargo, no es para tomarse como choro. Si lo dice él, algo o mucho de verdad debe asistirle.
La furia reciente de una cadena de huracanes en el Caribe y ahora los terremotos en México me llevan a creer ciegamente en el tremebundo vaticinio de Hawking. Supongo que es un error, una idea formada a partir de la predisposición de mi ánimo causada por los desastres que hoy vemos en vivo y tiempo real, pero tal vez no sea eso. Quizá los desastres, al menos los relacionados con el Caribe, sí nos están anunciando que en varias partes del mundo los fenómenos meteorológicos ya no se comportan igual. Ahora no sólo son más violentos, sino más frecuentes, tanto que se concatenan para devastar lo que va se ponga en su camino. No sé, pero voces muy autorizadas han alertado y siguen alertando sobre el cambio climático que ya es una modificación de la naturaleza global presente, actuante y demoledora.
Los sismos tienen otro origen, pero igualmente los relacionamos con la serie de calamidades que en estas semanas ha azotado al mundo y que tiene con el alma en vilo a muchos compatriotas. El sismo de ayer fue terrible por su grado de violencia pero también porque por primera vez quedó bien documentado en innumerables videos de teléfono celular. Nunca como ahora hemos podido ver lo vulnerables que somos, la manera como caen los edificios cuando la tierra exhibe su poder.
Lo de ayer ha sido nuevamente doloroso, y es increíble que haya ocurrido otro 19 de septiembre. Ente el dolor, la pena y la angustia de ver tantas imágenes tan desgarradoras, el único motivo de contento ha sido reencontrar la solidaridad del ciudadano anónimo que otra vez, espontáneamente, se puso encima de las autoridades y comenzó las tareas de rescate. Lo que sigue es cuantificar los daños, socorrer a las víctimas y tomar precauciones en este país cada vez más zarandeado aquí y allá.