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domingo, noviembre 07, 2010

Grandezas y miserias de la red



He recibido en casa, sin mover un dedo, el número 18 de la revista UIC (Foro Multidisciplinario de la Universidad Intercontinental). Creo que me la envió su director, el escritor duranguense José Ángel Leyva, también excelente editor. La prueba de su solvencia editorial es esta revista bellamente impresa, bien organizada, de acabado harto profesional. Aunque hace honor al propósito expresado en su cintillo en el sentido de aspirar a la difusión de saberes misceláneos, atiende en este ejemplar, casi monográficamente, el tema de la cibercultura (“El cerebro digital”, “Del documental tras bambalinas al baño público digital”, “Las redes sociales como plataforma de protesta”, “La realidad antropológica del ciberespacio”, “Los espacios simbólicos en la comunicación a través de internet”…). A vistazo rápido noto que suma abordajes muy interesantes; entre otros, me atrajo “Internet: ventajas y desventajas”, firmado por Francisco Güemes Priego, estudiante de la maestría en guionismo en la Universidad Intercontinental. Me gustó sobre todo por la tabla en la que expone, de una manera gráfica y eficaz, las ventajas y desventajas de la red. Como soy de los que nunca dejarán de celebrar con arrodillado asombro la existencia de internet y al mismo tiempo temblar ante los peligros que también acarrea, el texto de Güemes Priego me cayó de lujo. Comparto aquí sus observaciones.
Ventajas:
Se ha constituido como un medio de comunicación imprescindible para la sociedad actual; permite la comunicación desde cualquier parte del mundo.
El chat y las redes sociales son los vehículos de comunicación preferidos por los jóvenes. Por medio de ellos se conocen amigos y se afianzan relaciones de amistad y de noviazgo.
Mediante las redes sociales, es posible formar grupos de personas con intereses afines y utilizarse para fomentar el debate y la libre circulación de las ideas.
Funciona como un extenso y útil acervo de información sobre casi cualquier tema.
La web se convierte en una memoria gigantesca del saber humano que podría estar al servicio de la educación y la cultura.
Su rapidez hace mucho más fácil el acceso a datos que antes sólo podían consultarse en bibliotecas o textos especializados.
El correo electrónico es un recurso de comunicación que evita el desperdicio de papel. Por Internet circulan de manera masiva periódicos, suplementos, revistas electrónicas y libros.
La web democratiza el mensaje, la comunicación. Los usuarios deciden cuándo, cómo y qué leer, escuchar y ver.
Internet se ha vuelto un magnífico escaparate para obras de recreación personal o colectiva.
Por medio de foros y blogs, internet permite a cualquier persona expresar sus sentimientos, percepciones e ideas sobre la realidad que lo circula o algún tema en particular.
La web permite a la gente comunicar sus ideas de manera ágil y rápida; facilita la protesta y la unión de personas con semejantes intereses políticos, económicos y sociales.
Internet favorece la libertad de expresión. El anonimato brinda la posibilidad de que los mensajes emitidos lleguen a un gran número de personas, trascendiendo naciones y culturas.
Desventajas:
Su uso crea adicción en algunas personas; no pueden vivir sin estar conectados a la red un solo día.
Varios estudios señalan que el uso excesivo de internet está asociado con la disminución en la comunicación entre los miembros de la familia, la reducción del círculo social del adicto y un aumento de sensaciones de depresión y soledad.
Internet puede convertirse en una forma más de acoso y linchamiento en el ámbito escolar y profesional, para desvalorizar y humillar a las víctimas.
Es utilizado por los estudiantes para realizar sus tareas sin leer, analizar y valorar la información obtenida. “Copiar y pegar” es un proceso que no persigue ningún conocimiento, sino la trampa y el plagio.
No todas las personas tienen acceso a internet. Hay grandes sectores rezagados, en ese aspecto y en la educación básica.
El correo electrónico ha fomentado el envío masivo de cadenas y de correo basura que carecen de utilidad. Los virus informáticos se propagan, en buena medida, a través del llamado e-mail.
Internet es utilizado como una forma de “matar” el tiempo. Funciona como un distractor igual o más poderoso que la televisión y la radio.
En la web —principalmente en foros y chats— no se respetan las reglas gramaticales ni de redacción; se trivializa el lenguaje y la escritura.
Nuestra intimidad queda expuesta. La información personal puede ser usada y manipulada por potenciales delincuentes, por el Estado y las grandes corporaciones.
Internet es utilizado por las potencias hegemónicas para desestabilizar regímenes que no le son afines. Usan la web para propagar su ideología y fomentar la rebelión contra gobiernos aliados.
Con el sistema Echelon, Estados Unidos y Gran Bretaña, controlan la información en internet, interceptan comunicaciones “peligrosas” y mantienen bajo vigilancia a las personas y colectivos que las emiten.
Hasta aquí los pros y contras del internet destacados por Güemes Priego en la revista UIC. Pueden agregarse más, sin duda. Quizá más de los segundos que de los primeros. Lo cierto es que, usado con la cabeza y no con las patas, el (o la) internet es un monstruo, tal vez el más grande invento de la humanidad, de ahí también lo riesgoso de su poder.

sábado, marzo 07, 2009

Una bienvenida para La Otra



“Al final sólo tenemos lo que hemos dado”, ha escrito mi amigo el poeta colimense Rogelio Guedea. Esas palabras pueden servir de epitafio para la recién extinta revista Alforja, publicación que al final, en efecto, tuvo muchísimo, todo lo que dio a la literatura en general y a la poesía en particular. Y eso que dio no es pasajero: se queda como herencia de cientos, tal vez miles de lectores que la acariciaron en su soporte de papel y todavía hoy pueden apreciarla en su hemeroteca internética. El aprecio por la poesía en su más alta valoración es el legado de Alforja y sus muchos colaboradores, quienes no contentos con el esfuerzo de once años continuos han cerrado una cortina para abrir de inmediato otra, la de La Otra, revista que esta noche nos convoca a lidiar con amor por el género literario más extraño y poderoso creado por el hombre: la poesía.
La Otra no es Alforja, han aclarado sus editores. Cierto. Alforja fue, es, será Alforja, y su lugar entre las revistas literarias mexicanas modernas ya no se lo quita nadie, como nadie ahora le regatea un nicho de importancia a Savia Moderna o Taller o Letras de México o Plural o la Revista de la Universidad o Vuelta. El tiempo se encargará de confirmar que Alforja ya convive con sus congéneres ilustres, pues once años de entregas especializadas en poesía no cualquiera los aguanta con tan alta y pareja calidad. Pero todo lo que empieza, concluye, como bien observa Perogrullo, y Alforja ha expirado casi con alegría, pues uno de sus sarmientos ha dado nueva mata para ser, a un solo tiempo, la misma y sin embargo La Otra, un proyecto con análogo propósito pero con estrategias distintas para seguir siendo terreno donde la poesía eche raíz y crezca y dé frutos, tantos como los que ya comenzó a dar desde su salida inaugural.
En su ejemplar de estreno, lo más evidente es el cambio de formato, una variación simple, pero que de inmediato marca el camino distinto que pretende seguir la rama en relación al tronco. El cintillo pasó a ser explícitamente más abarcador, pues de “Revista de poesía” pasó a ser “Revista de poesía+artes visuales+otras letras”. Eso significa que La Otra tomará la estafeta que de alguna forma recibe de su predecesora, pero ahora con el deseo de convidar públicos cercanos al hacer poético, como es el caso de las artes visuales.
Eduardo Lizalde es el centro del La Otra en su salida de presentación. José Ángel Leyva, María Luisa Martínez Passarge y Alfredo Fressia, responsables de la revista, han elegido con puntería el tema eje, pues los ochenta años de vida de Lizalde son motivo suficiente para levantar un homenaje con varios acercamientos a su vida y obra condensados en una sección inmejorablemente titulada “Las 80 rayas del tigre”. Allí hay siete subsecciones que ayudan a delimitar los territorios pisados por Lizalde; Evodio Escalante, Marco Antonio Campos, Juan Manuel Roca, Rosario San Miguel y Luis Antonio de Villena observan la trayectoria seguida por el autor de Cada cosa es Babel y nos ayudan a reconsiderarlo una de las cumbres vivas del mapa poético nacional. Segmento revelador es el que los editores han abierto para cuatro cercanos de Lizalde (Salvador Elizondo, Ernesto Mejía Sánchez, Octavio Paz y Ramón Xirau), quienes nos acercan al compañero de andanzas literarias, más que al poeta admirado desde la lejanía; concluye la sección con un zarpazo del propio tigre, unos “Poemas de mi libreta Moleskine”.
Como en los mejores momentos de Alforja, La Otra indaga en otras latitudes y aproxima a los lectores mexicanos un condensado descriptivo y crítico sobre poesía italiana contemporánea. Esta labor de difusión y acercamiento, por lo regular asumida sólo en soporte bibliográfico, se agiliza sobremanera gracias a la publicación periódica y es de esperar que en lo venidero La Otra siga estableciendo las coordenadas de la poesía mundial en síntesis como la publicada en el número uno, sondeo firmado por Emilio Coco y aderezado con muestras de poesía de reciente acuñación. Cierra el apartado una entrevista, “Ser poeta en el sur”, a Lino Angiuli.
En el orden del cintillo incorporado al cabezal de La Otra, la sección de artes visuales presenta un asedio a la obra de Alejandro Mojica Díaz muy bien complementado con reproducciones a color, de libro de arte. Otros apartados, reseñísticos algunos, con prosa amena otros (como el de Óscar de la Borbolla), terminan por redondear La Otra, revista a la que sin duda le damos la mejor de las bienvenidas y le deseamos el trabajo fructífero del linaje al que pertenece.
Vale decir, por último y a manera de complemento necesario, que Sinaloa es un estado de nuestra república que nunca deja de hacer ruido. Por allá nació la música de banda, que con todas sus variantes es hoy uno de los ritmos más reconocibles de la norteñidad mexicana; por allá se han dado muchas de las misses que apenas son una muestra de las chuladas de chuladas que nacen en sus matas; por allá se juega el mejor beisbol del país; por allá nació el más grande ídolo cinematográfico del país; por allá también nació la mejor cantante del género ranchero; por allá fue acuñado el santo extraoficial más emblemático de la narcada; por allá, a propósito, hay una tensión grande y permanente por el clima de violencia. Menos conocido y más importante es, creo, el trabajo cultural que por décadas han ofrecido los gobiernos y la Universidad Autónoma de Sinaloa: de por allá son varios concursos literarios nacionales de importancia; de por allá son dos de los narradores con obra más significativa del norte bronco (Élmer Mendoza y Juan José Rodríguez) y ahora, gracias a una labor de coedición entre La Cabra Editores y la Universidad de Sinaloa, aparece La Otra, revista con énfasis en la poesía que esta noche, con inmenso gusto y mejores deseos de éxito, presentamos en Durango.
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Nota del editor: Reseña leída en la presentación de La Otra celebrada en Durango el pasado 27 de febrero. Participaron los maestros José Ángel Leyva, María Luisa Martínez Passarge y el autor de este comentario.