viernes, abril 18, 2008

Fragua de La Fragua



Karla Lobato, reportera de La Opinión, me preguntó ayer por el valor de colecciones bibliográficas como La Fragua; le dije aproximadamente esto: que una colección como La Fragua abre la posibilidad, sobre todo, para autores sin una trayectoria totalmente consolidada. Además, gracias a espacios como éste le podemos tomar el pulso a las tendencias (los temas, los géneros, los ambientes, los estilos) actuales de la literatura coahuilense. Por supuesto, esa respuesta se queda chica frente a la importancia que pueden tener los proyectos editoriales en provincia, ámbito en el que por lo general los escritores no tienen, como sí los del DF, las mismas posibilidades de publicar ni la misma resonancia para hacerse de lectores.
Soy, por ello, de los que saluda con optimismo, provenga de donde provenga, cualquier esfuerzo encaminado a publicar la obra de nuestros escritores y académicos. Sé que la calidad es heterogénea, que de un estado a otro varía mucho el aspecto de los libros y no se diga sus temáticas. En los años recientes he notado, sin embargo, que poco a poco las muchas provincias mexicanas mejoran sus propuestas editoriales, que, por ejemplo, los libros de Baja California suelen ser muy buenos, tanto como los de Sonora, Veracruz, Chihuahua, Zacatecas, Jalisco y otras tantas entidades abocadas, mediante sus instancias culturales, a la hechura de publicaciones. El panorama pinta claro y hay abundante producción, aunque todavía no es muy afortunada la distribución en ningún caso, de ahí que todo escritor mínimamente ambicioso intente alguna vez aventurarse a proponer libros a las editoriales situadas en la capital del país, sean oficiales (FETA, FCE, UNAM, UAM…) o privadas (Océano, Mondadori, Planeta…).
Descrito aquí de manera harto general, en ese contexto se instala el proyecto de La Fragua, colección de libros en formato de bolsillo (“cuarto de carta”) que viene recogiendo, desde hace poco más de cinco años, una parte significativa de la escritura coahuilense contemporánea. Tuve la suerte de haber puesto los ojos en toda la primera época de la serie; reseñé incluso, cuando pude, algunos títulos. A vista de pájaro destaco que el primer lote dio cabida prioritaria a los jóvenes, como lo testimonia el desfile de autores que, nacido en los setenta, tuvo en esa colección la oportunidad imborrable de ver impreso su primer libro: Luis Jorge Boone, Antonio Sonora, Carlos Reyes, Carlos Velázquez, Daniel Herrera, Jerónimo Valdés, Raúl Olvera, José Cruz Almonte... Puros jóvenes, todos menores de treinta al momento de verse incorporados a La Fragua.
La llegada de la segunda época prosiguió el trabajo en idéntico tenor; Nadia Contreras, Carmen Ávila, Julio César Félix, Marina Herrera, Gerardo de Jesús Monroy, Marco A. Márquez y otros han aprovechado el espacio. Junto a ellos, un poco en función de puntales, hallamos obras de escritores con trayectoria ya destacada: Gilberto Prado, Jesús de León, Gerardo Carrera. El caso es que la idea inicial de Julián Herbert ha combinado a jóvenes con no tan jóvenes para configurar un catálogo estimable de autores y publicaciones.
Hoy presentaré una tanda nueva, seis títulos, de la colección organizada desde Saltillo. Vendrán varios de los autores y Miguel Gaona, actual coordinador de literatura del Icocult. En la presentación estará Rodrigo Castillo, quien comentará los de poesía; yo haré lo propio con los de prosa. Castillo es actualmente jefe de redacción y editor de la revista Tierra Adentro del Conaculta. Dirige el proyecto poético-electrónico Las Afinidades Electivas/Las Elecciones Afectivas-México.
La noche promete ser interesante, pues pocas veces tenemos la oportunidad de despachar a tantos autores de un solo impulso. Es hoy a las ocho de la noche en Juárez y Colón. Hay que ir a sondear cómo andan estas islas de nuestro archipiélago literario.

jueves, abril 17, 2008

Diálogo con Yohan



Charlé hace poco con Yohan Uribe (en la foto), reportero de El Siglo de Torreón, sobre el premio que recibió el 9 de abril uno de mis alumnos del taller de narrativa del Cereso. Parte de lo dicho fue publicado el domingo pasado. Este es el diálogo completo que entablamos; aunque breve, señala lo que pienso en general sobre ese tema:

¿Como se llama el interno que ganó el concurso de literatura?
Su nombre es Eliseo Antonio Carrillo, es lagunero y tiene poco más de sesenta años de edad. El cuento con el que ganó lleva como título “Fuga a la nada”.

¿Cuánto hace que trabajas con él?
Desde hace cerca de dos años. Ha sido, sin duda, mi alumno más constante en el taller de narrativa que tengo en el Cereso.

¿Cómo ingreso al taller de literatura?
Como todos los demás internos; se enteró de que Renata abriría un espacio educativo (Imago) y que yo manejaría el taller de narrativa para los interesados en la literatura, y así comenzamos a trabajar como se acostumbra en mis talleres. Ellos llevan sus relatos, los escucho y leo y poco a poco, entre todos los asistentes, vamos viendo detalles de estructura y de estilo. Los aciertos y los errores de un participante sirven para ilustrar a la totalidad del grupo sobre las peculiaridades que vayamos encontrando en cada texto.

¿Qué cambios de actitud viste a medida que lo influenciaba la literatura?
Eliseo Carrillo siempre ha mostrado una actitud muy receptiva. Es un hombre serio, responsable, atento, educado. Tiene verdadero interés por aprender, y eso lo advertí desde el principio. Ya escribía un poco antes de que yo lo conociera. Me acercó sus primeras historias, las vi con atención y gradualmente le indiqué algunos detalles. Poco a poco ha adquirido más destreza para percibir los puntos finos del cuento como género literario. Está todavía en proceso de aprendizaje y creo que su avance ha sido notable de unos meses a la fecha.

¿Cómo son las historias que cuenta el señor? ¿Historias grises, melancólicas, fantásticas, más que nada estilo?
Como autor que inicia, todavía no podemos definir ni un estilo ni una temática precisos. Cada cuento suyo es un experimento, un tanteo hacia lo desconocido. Conozco de él como siete u ocho relatos; hay de todo en ese menú: uno fantástico, uno de aventuras, uno policial, uno indigenista. Sobre su estilo puedo decir lo mismo: está en proceso de definición. Lo fundamental es que no deja de buscar, de intentar, de escribir. La práctica y el tiempo fijarán sus temas y su estilo, como ocurre en casi todos los casos de escritores que no desisten de su empeño creativo.

¿Tú, como escritor, cómo te sentiste cuando un alumno tuyo del Cereso ganó un premio de esta naturaleza?
Me dio mucho gusto por Eliseo y por todos los que en el Cereso, como él, se sobreponen al desamparo y la dureza de la vida en el penal y se muestran abiertos al aprendizaje. Él es, de alguna forma, uno de los alumnos que más me enorgullecen en mi ya larga travesía por las aulas. Es la constancia de que no hay lugar en donde no pueda florecer el arte; todo es cuestión de ofrecerles la oportunidad a quienes nunca la han tenido. Ese es, precisamente, el espíritu que anima al proyecto de Imago que encabeza Renata Chapa, mi esposa.

Hablando de orejas



La gente todavía sonríe cuando alguien recicla el lugar común “el burro hablando de orejas”. Ese y muchos otros tópicos similares ya no me traen chiste, aunque es innegable que, bien mirado, es decir, mirado como no suele ser mirado, el tal lugar común condensa de manera jocosa lo que el usuario desea expresar: que no pueden dar lecciones sobre equis tema quienes cojean de dicho equis tema; cantado de otra manera, los perezosos no pueden aleccionarnos sobre la perniciosidad de la holgazanería, los depresivos no pueden instruirnos sobre el daño del pesimismo ni los tragones sobre el pecado de la gula.
Así entonces, Felipe Calderón no tiene derecho a discursear sobre el peligro de los divisionistas, sabida, bien conocida la estrategia electoral que lo llevó, fraude mediante, al sofá que actualmente usurpa. No tiene derecho, pero ayer se lució en Acapulco frente a Zeferino Torreblanca, gobernador “perredista” de Guerrero. Por una nota desparramada ayer en la tarde se supo que el blandengue (en este caso me refiero a Torreblanca) puso el balón en la olla para que llegara a rematarlo su visitante michoacano: “Los momentos por los que atraviesa el país, sin duda, no son momentos fáciles, pero (sic) por el contrario, pueden servir de ocasión y reto para la superación o de pretexto para la desmoralización, la división, el encono o el enfrentamiento”, señaló el ejecutivo estatal.
Ante esas palabras, Calderón vio de pechito la coyuntura para improvisar el Sermón de La Quebrada: “Sé que trabajando juntos, sé que construyendo y no destruyendo, sé que uniendo y no dividiendo, sé que poniendo la política al servicio de los ciudadanos y de la generación de bienes públicos, como ha manifestado el señor gobernador, sé que juntos conduciremos a México al futuro que queremos para los nuestros”.
O sea que Calderón ya olvidó, en menos de dos años, el histórico proceso electoral que partió en dos o en tres a México y a los mexicanos, la hazaña divisoria que hizo de un país más o menos unido, más o menos conciliador, más o menos apechugante, una nación de perrunos enconos, partida por una falla no tectónica (como la de San Andrés) sino política, una fractura que, se dijo desde aquellos meses, iba a ser muy difícil de superar, puesto que el descaro de la violencia verbal e icónica no tuvo límites durante las malhadadas elecciones de 2006.
Y aunque nunca fue precisamente un matrimonio, puede uno preguntar, como lo hace el juez en los casos de divorcio inevitable, quién empezó con las agresiones, es decir, quién inició la reyerta en casa, quién lanzó los primeros escupitajos. Creo que, si somos sinceros y revisamos paso a paso el desarrollo de aquella abominable campaña emprendida para basurear al enemigo, recordaremos a las claras que fue el PAN y sus colegas, muchos empresarios muy poderosos del país, los que machacaron aquello de que alguien era un peligro para México y todo lo demás, eso que lejos de parecer un discurso político “propositivo” fue una expresión palmaria de la abyección a la que se redujo el blanquiazul gracias a la pitecantrópica asesoría de un tal Antonio Solá, su ideador.
No se me oculta que el PRD y sus aliados respondieron en los mismos términos, que lanzaron una ráfaga sostenida de espots referidos a las “manos sucias” de Calderón. Es decir, la política se redujo a cero y los partidos que siguen ahora en pugna le cedieron el lugar al salvajismo. Luego vino el 2 de julio y todo lo que ya sabemos hasta el día de hoy, fecha en la que al ocurrente Calderón se le pone (así dicen las señoras) explicar que la unión, y no la división, hace la fuerza y blablablá. ¿Cómo se puede afirmar eso si él llegó a donde está gracias al arte de dividir, de enfrentar, de construir cuadriláteros para la lucha superlibre y, por supuesto, de defraudar? Por piedad: que no hable de orejas.

Mañana presentamos "lafraguos" en Torreón



Los seis títulos más recientes de la colección La Fragua (segunda época) serán presentados en el Icocult Torreón (Juárez y Colón) el viernes 18 de abril a las 20:00 horas. Estas publicaciones abrazan los géneros de poesía, cuento y ensayo.
La presentación correrá a cargo de Rodrigo Castillo y Jaime Muñoz Vargas, quienes estarán acompañados por cuatro de los autores y por Miguel Gaona, coordinador de literatura del Icocult. Rodrigo Castillo (Ciudad de México, 1982) es poeta, ensayista y editor. Él se encargará de comentar los libros de poesía. Ha publicado los Espacio de Resistencia, UACM, 2007 y Repiradero, Ediciones La rama de Ovidio, 2005. Premio Nacional de Poesía Joven “Jaime Reyes” en 2006. Ha colaborado en diversas revistas culturales de México y el extranjero. Actualmente es jefe de redacción y editor de la revista Tierra Adentro del Conaculta. Dirige el proyecto poético-electrónico en México Las Afinidades Electivas/Las Elecciones Afectivas México. Por su parte, Jaime Muñoz Vargas, quien es escritor, periodista, editor y actualmente coordinador de literatura del Icocult Laguna, hará comentarios sobre los libros de prosa.
Los autores y los libros de la colección son Gerardo Carrera (Saltillo, 1964) con Signos de viaje (poesía); Marina Herrera (Saltillo, 1977) con El cuerpo incorrupto (cuento); José María González Lara (Saltillo, 1963) con Ética y política universitaria (ensayo); Marco A. Márquez (Allende, Coahuila, 1977) con Canciones del búfalo (poesía); Gerardo de Jesús Monroy (Monterrey, 1977) con Algunas hojas (poesía); también será presentado, de esta misma serie, el poemario La división y otros muertos, de Joel Plata (Torreón, 1952).
La colección La Fragua suma seis títulos (7, 8, 9, 10, 11 y 12) a una serie que ha permitido, sobre todo, reunir las creaciones literarias de muchos escritores coahuilenses que gracias a esta iniciativa editorial son conocidos en la entidad y en otras partes de la república.

Colección Siglo XXI Escritores Coahuilenses



21 de abril
19:00 hrs.
Presentan: Jaime Muñoz Vargas y María Luisa Iglesias
Recinto del Patrimonio Artístico (Banco Purcell)
Hidalgo 211, zona centro
Saltillo, Coahuila

24 de abril
19:00 hrs.
Presentan: Gerardo Segura y María Luisa Iglesias
Audiovisual - Facultad de Administración - Universidad Autónoma de Coahuila
Avenida 16 de septiembre 214
Piedras Negras, Coahuila

25 de abril
19:00 hrs.
Presentan: Sanjuanita Torres y Claudia Berrueto
Sala de seminarios - Universidad Autónoma de Coahuila
Carretera 57, km 4.5
Monclova, Coahuila

miércoles, abril 16, 2008

De riqueza y podredumbre



La riqueza de América Latina ha sido la principal propiciadora de sus heridas. Desde la llegada de Colón, los europeos no vieron aquí, salvo escasísimas excepciones, más futuro que el de hincarle el colmillo para acaudalar así a las coronas del viejo mundo. La historia de América Latina es, desde la madrugada de Guanahani hasta hoy, una historia de saqueo, de barbarie, de rapacidad, una historia violenta y triste, terrible primero para los indígenas, atroz después para los mestizos que nacieron luego del choque cultural.
En un amplio artículo publicado ayer en La Jornada, el novelista Fernando del Paso ha recordado a vuelapluma los siglos de hurto padecidos por Latinoamérica que, como lo cita el autor de Noticias del imperio, fueron alguna vez mejor descritos que nadie por Eduardo Galeano en Las venas abiertas de América Latina (1971). Sé que ese libro ha sido burlonamente desdeñado, minusvalorado, por muchos de los fundamentalistas del libre mercado y la simulación democrática. En su Manual del perfecto idiota latinoamericano y sus secuelas, los mercadólatras Montaner, Mendoza y Vargas Llosa hijo (prologados por Vargas Llosa padre) se cansaron de escupir rabiosas pestes contra todo lo que oliera, por tenue que fuera tal aroma, a comunismo. Su fanática defensa del libre mercado los llevó a publicar best sellers que pronto se convirtieron en dogma para la fauna neoliberal latinoamericana, y sus autores fueron felices para siempre.
Mientras, muchas naciones de América Latina siguen entrampadas en el deterioro. El peso del pasado, que no es poco, las ha rezagado tanto en lo tecnológico, en lo económico y en lo político que parece imposible remontar el cuesta arriba. El ascenso al bienestar social, luego del atropello multisecular, ha dejado al menos, como ganancia, cierta memoria compartida en esos países. Es lo veo en las luchas callejeras, muchas veces espontáneas y desorganizadas, que ora en la Argentina, ora en Venezuela, ora en Bolivia, ora en México, bullen en las plazas cuando algunos ciudadanos ven amenazados, así sea levemente, los bienes más preciados de su suelo. La protesta social, insisto que muchas veces espontánea y por ello algo desorganizada o con apariencia de, es la manera más impetuosa que tiene la población para articular movimientos de defensa cuando advierte peligro de que se repitan iniciativas de saqueo.
En ese gran contexto continental inscribo el caso de la reforma petrolera, de ahí que la moción de Del Paso, quien oblicuamente nos invita a releer a Galeano, es fundamental en este momento de polémica. Como en los tiempos electorales de 2006, hay básicamente dos bandos, hay polarización: unos están por la reforma, la defienden afirmando que no es “reforma”, que es apenas una reestructuración algo descafeínada, y lo vociferan en todos los medios de que disponen, es decir, en la mayoría; otros muchos, muchísimos, sin tantos medios de comunicación a su alcance, radicalizan el discurso, apoyan tomas del congreso y gritan su temor a un madruguete. En medio de estos dos entes habitan los indecisos, los que no tienen mucho interés en el tema, a los que da lo mismo que pase lo que tenga que pasar. Creo que a ellos les puede servir un viaje rápido a Las venas abiertas de América Latina (Editorial Siglo XXI; lo consiguen con cierta facilidad en librerías o por medio de internet). Como el artículo de Del Paso, el poderoso trabajo de Galeano quizá no los persuada, quizá no los convierta, pero al menos, sospecho, les sembrará dudas y les mitigará el apuro de venderlo todo al primer marchante. La historia de nuestro continente espiritual demuestra con sangre, con muertes, con pavoroso dolor, que muchos han deseado y todavía desean lo que tenemos. La urgencia no es vender. La urgencia es saber qué pasará si vendemos, quiénes se beneficiarán, a dónde irá a parar el usufructo de esa negociación. Hasta ahora, la ganancia siempre ha sido para muy pocos; o como dice don Ata: “unos trabajan de trueno / y es para otros la llovida”.

martes, abril 15, 2008

Invitación

Del Paso opina



El motivo de la desconfianza tiene, como podemos ver en el artículo de Fernando del Paso, una larga historia. ¿Vamos a creerle a Calderón y sus adláteres si ni siquiera han reparado en las razones donde se asienta el temor a la voracidad foránea? Ojo, pues, a los párrafos que vienen de Del Paso (La Jornada de hoy; la segunda parte, añadida en este mismo post, apareció un día después, el 16 de abril; la tercera, igual en este post, fue publicada el 17 de abril):
o
Los veneros del petróleo que nos dio el Diablo

Fernando del Paso

Con esta contribución me incluyo y me retiro al mismo tiempo del llamado debate sobre el petróleo. En un programa difundido la semana pasada en el Canal 11, el senador por el PRD Graco Ramírez afirmó —cito de memoria— que la gran mayoría de los mexicanos tiene una opinión definida sobre el futuro del petróleo en México. Es probable que, sin embargo, yo no pertenezca a esa gran mayoría: me retiro porque no tengo la capacidad, o en otras palabras, la preparación, los estudios necesarios para opinar sobre las implicaciones tecnológicas y económicas de una reforma energética. Coincido con lo que dijo Manuel Bartlett Díaz en la revista Forma del mes de enero-febrero de este 2008: “Nadie sabe qué es la reforma energética y todos saben qué es la reforma energética”.
Sí pertenezco, en cambio, a esa mayoría total —quiero pensar que lo es— de mexicanos que estamos dispuestos a defender a ultranza nuestro petróleo. ¿Quién no lo está? Pero pertenecer a esta mayoría, y formar parte de un grupo selecto en el que se mezclan simples novelistas —como un servidor— con expertos en politología, historia y economía, es otra cosa. En este caso, pienso que el escritor queda en desventaja. O al menos yo, por mi ignorancia.
Ampararse con la bandera de la ignorancia no es, desde luego, un motivo de orgullo y mucho menos un pretexto digno para retirarse de la arena. En las últimas semanas he leído con asiduidad y con cuidado una buena parte del material que se ha publicado sobre la reforma energética —o mejor dicho la petrolera—, y he tomado notas de los debates difundidos, sobre este tema, en el Canal 11. Lo menos que podía hacer, creo, era tratar de saber por qué no sé y, así, saber un poco más.

La mancuerna del Diablo
Defender nuestro petróleo de los intereses extranjeros implica, entre otras cosas —y cuando menos—, saber por qué lo hacemos. Algo en este sentido puede enseñarnos la historia y en particular la de América Latina, que no ha sido otra cosa, desde hace dos siglos, que la patética relación de los dorados auges y las caídas estrepitosas de sus productos, o en otras palabras la alternancia del milagro económico y la quiebra súbita y casi absoluta.
Desde 1810, cuando los países latinoamericanos bajo el dominio español comenzaron a independizarse, Inglaterra se propuso evitar que estas ex colonias cayeran en manos francesas o estadunidenses. En las siguientes décadas, los ingleses ya se habían encargado de construir en nuestros países varios ferrocarriles destinados no a beneficiar el transporte interno de materias primas y mercancías, sino a facilitar la salida de éstas al mar, con destino al Reino Unido. En 1850, estaban ya terminados el ferrocarril de Maná, en Brasil; el de Copiapó, en Chile, y el de Veracruz-El Molino, de México. Siguieron, pocos años después, en Colombia el de Aspinwall-Panamá y, en 1857, en Argentina, el de Buenos Aires-Suroeste.
Pocos años más tarde unas cuantas empresas inglesas se habían ya apoderado del cobre chileno y creado un imperio azucarero en el archipiélago de Sotavento, las Guayanas, Jamaica, Haití, Guadalupe, Puerto Rico, las costas peruanas y desde luego, Cuba, cuyo dominio no tardaría en pasar de las manos británicas a las estadunidenses; esta isla del Caribe no sólo le sería útil a Estados Unidos para hacer de ella un gran burdel en beneficio de la mafia, sino también para controlar la producción y el aprovechamiento de algo más que el azúcar y el tabaco: el níquel, el cobre, el hierro, el manganeso y el tungsteno.
Entre las fuentes y documentos a los que podemos acudir para ratificar las inmensas depredaciones que ha sufrido nuestro continente, destaca desde luego el libro del uruguayo Eduardo Galeano Las venas abiertas de América Latina, uno de los recuentos más lúcidos y completos y, diría yo, más dolorosos, de la expoliación que han sufrido nuestros pobres países al “asociarse” con empresas extranjeras representantes del capitalismo más puro y salvaje. Esto no hubiera sido posible, desde luego, sin la corrupción y la connivencia criminal de gobernantes latinoamericanos siempre dispuestos a asociarse con los intereses extranjeros para completar la mancuerna. Los casos han sido numerosos. Entre ellos, por ejemplo, el del presidente Castelo Branco de Brasil, quien le entregó a la US Steel el derecho de adquirir 49 por ciento de las acciones de los yacimientos de hierro de la sierra de Los Carajas. Esta empresa, nos cuenta Galeano, se encargó también de sacar, y transportar en sus propios buques, “todo el hierro que se extraía en cantidades gigantescas del Cerro de Bolívar el Venezuela”, como nos cuenta Galeano. Otro ejemplo es el del sanguinario dictador guatemalteco, Jorge Ubico, quien le otorgó a las empresas cafetaleras y bananeras extranjeras lo que Galeano llama “el derecho a matar”, al exentar a los finqueros de responsabilidad criminal respecto a la muerte de sus trabajadores.
Estos finqueros eran, por supuesto, representantes de la United Fruit, el gigante estadunidense que les hizo merecer, a los países centroamericanos por él explotados, el nombre de Repúblicas Bananeras. “Mamá Yunai”, como se llamaba a esta empresa —y tal fue el título de la novela del costarricense Carlos Luis Fallas— ejerció durante muchos decenios una explotación inmisericorde de sus trabajadores, corrompió gobiernos, organizó matanzas y puso y depuso a dictadores. Fue también la responsable, la United Fruit —y esto no lo dice un libro escrito por un comunista: lo dice la Enciclopedia Británica—, del asesinato del líder colombiano Jorge Eliécer Gaitán durante el Bogotazo de 1948.
Hubo, sí, mandatarios que lucharon contra estos intereses. Su destino fue trágico.
A fines del sigo XIX, el presidente Balmaceda, de Chile, anunció su intención de nacionalizar los distritos salitreros del país. Los barcos británicos bloquearon las costas de Chile y Balmaceda, derrotado y derrocado, se suicidó. Ya entrado el siglo XX, en 1930, cuando el Congreso Argentino estaba a punto de votar la ley que disponía la nacionalización del petróleo, el presidente Hipólito Irigoyen fue derribado por el general José Félix Uriburu.

Los veneros del Diablo
La frase que aparece en el poema La Suave Patria, del gran poeta zacatecano Ramón López Velarde, resultó profética: el petróleo es un regalo que nos dio el Diablo.
Casi no hubo materia prima importante producida en la América Latina: el salitre, el nitrato de sodio, el azúcar, el algodón de Marañao, el cacao “que alumbró las fortunas de la oligarquía de Caracas” —Galeano— que no fuera objeto de la codicia y del pillaje primero británico y después estadunidense: Estados Unidos comenzó a ganarle terreno al decadente imperio británico y comenzó así el reinado de Union Carbide, Cynamid, Minnesota Manufacturera, Dow Chemical, Lever Brothers, Westinghouse y una veintena más, estadunidenses primero, multinacionales después, que se encargaron de imponer y sostener a todos aquellos sátrapas que las apoyaron: dictadores de opereta, sádicos, carniceros, feroces, asesinos, histriones y dementes. La lista es muy larga.
Ya para entonces, también, el petróleo se había vuelto el rey de las materias primas. Descubierto en lo que es hoy Irak hace más de 2 mil años, fue en un país vecino, Persia –hoy Irán–, donde, en 1901, Gran Bretaña consiguió del Sha Muzafarr al-Din la concesión para la explotación de la región. En unos cuantos años siguieron Kuwait, Bahrein y la conquista de Bagdad, la ciudad que fue clave para los británicos en su camino a la India y sobre todo en la ruta hacia los campos petroleros iraníes. Tras la Segunda Guerra Mundial, fue Estados Unidos, no Inglaterra, el país que aseguró en su beneficio los suministros petroleros de la región saudita, cuando, a bordo del barco Quincy, en aguas de Suez, Roosevelt celebró un tratado con Ibn Saoud, el fundador de la moderna Saudiarabia.
Una quincena de años antes, dos empresas petroleras, la Standard Oil de Nueva Jersey y la Shell, provocaron la guerra de El Chaco, el conflicto más cruento de toda la historia de América Latina, en el cual se enfrentaron los dos países más pobres del continente en ese entonces: Bolivia y Paraguay. Más de 80 mil bolivianos y 40 mil paraguayos pagaron con sus vidas. Nuevamente, no fue un comunista el que denunció el siniestro papel que jugaron estos dos gigantes: lo hizo un personaje de la política estadunidense, Huey Long, senador y después gobernador de Luisiana.

El Diablo en México
Es de suponerse que los mexicanos conocemos bien la historia de nuestro petróleo. En 1938, la nacionalización realizada por Lázaro Cárdenas afectó profundamente los intereses petroleros de varias naciones como Inglaterra, Holanda y los Estados Unidos. Entre las empresas nacionalizadas se encontraban, como lo señala la Enciclopedia de México de Rogelio Álvarez, la Huasteca Petroleum Co., la Sinclair Pierce Oil Co., la Standford y Cía., la California Standard Oil, la Consolidated Oil Co., la Atlantic Gulf Refining y la Transportation Co. A pesar de que México cumplió con el compromiso contraído para indemnizar a esas compañías, la estadunidense Standard Oil y la holandesa Royal Dutch bloquearon las exportaciones mexicanas de petróleo y abastecimientos para pozos y refinerías. Éstas y otras empresas ya se habían encargado de agotar, y llevarse consigo, la riqueza de la “Faja de Oro”, en los tiempos en que México cubría 25 por ciento de la demanda petrolera planetaria.
Pero el presidente Cárdenas no fue derrocado por los militares. No fue asesinado. No se suicidó. No acabó sus días en el exilio. A sabiendas de que a Estados Unidos le convenía tener a su alcance la riqueza petrolera mexicana para acaparar la producción e incluso apoderarse de ella si era necesario, obligó a México a declararle la guerra al Eje. México había sido neutral durante la Gran Guerra. Esta vez, esa posición era intolerable. Y fue entonces cuando se maquinó, de la manera más burda, el casus belli indispensable: el supuesto bombardeo, por parte de submarinos alemanes, de varios buquetanques petroleros: el Potrero del Llano, el Faja de Oro, Las Choapas y el Amatlán.
Con algo más pagamos: con la participación en la guerra de más de 15 mil mexicanos que vivían en Estados Unidos (Enciclopedia de México), y la muerte de cinco pilotos mexicanos del Escuadrón 201 en la guerra del Pacífico. Y también con el trabajo de decenas de miles de braceros mexicanos que exigían los agricultores del sur de Estados Unidos para levantar sus cosechas de algodón, uva, betabel, naranja, y otras frutas y verduras.
A pesar de que faltaban veinte años para que el carismático líder César Chávez creara una organización que defendiera los intereses de los inmigrantes en esas tierras, siempre humillados y explotados, los braceros mexicanos descubrieron algo en ellas que era un poco mejor que el infierno, y que les permitía llevar dólares a su país. Y éste fue el detonador de lo que se convirtió en la inmensa e incontrolable emigración de mexicanos hacia Estados Unidos.
Es, pues, la historia, y no la histeria, la que nos proporciona razones más que suficientes para desconfiar de nuestra asociación con cualquier empresa extranjera.
“La nacionalización del petróleo, simbolizada en el manejo absoluto de la industria por Petróleos Mexicanos, está herida de muerte…” “…cuando se está abriendo la puerta franca a los capitalistas y tiburones de las finanzas mexicanas, éstos [los mexicanos] les abrirán a aquellos [los extranjeros] el camino, sirviéndoles de pantalla”.
Estas palabras pertenecen a un artículo publicado en el mismo número de la revista Forma antes mencionada, fueron escritas hace más de 60 años por Narciso Bassols como una crítica a la propuesta hecha al Congreso por el presidente Ávila Camacho, en el sentido de hacer reformas a la Ley del Petróleo entonces en vigor.
Bassols agrega: “…carece por completo de justificación el Presidente de la República al decir que el cambio simplemente consiste en que ahora la colaboración privada debe realizarse dentro de formas jurídicas diversas de la concesión”.
Vemos así que el propósito de privatizar Pemex, o al menos parcialmente, nació casi al día siguiente de la nacionalización.
Hoy se habla de una conjura de los sucesivos gobiernos que hemos tenido —o más bien sufrido— los cuales, en mancuerna con la iniciativa privada, desde hace 25 a 30 años decidieron elaborar un proyecto para lenta, y progresivamente, arruinar a Pemex y, así, hacer inevitable su privatización. En lo personal, creo que la codicia y la ansiedad por el poder y la riqueza se presentan, en el ser humano, como una urgencia imperativa, y se me hace difícil imaginar que hace 30 años los políticos que entonces tenían 40 o 50 de edad hicieran planes a tan largo plazo para incrementar sus caudales.
Si esta confabulación fue verdad, y por tanto Pemex está arruinado, entonces no hay más remedio que admitir el ingreso de la inversión privada. Si, en cambio, Pemex no está arruinado, eso quiere decir que nunca existió esa confabulación o que por lo menos fracasó, y entonces no necesitamos de la inversión privada.
Pero la triste realidad es que Pemex está arruinado, y entiéndase por “arruinado” no que no tenga un centavo, sino su manifiesta incapacidad tanto para seguir desarrollándose, como para satisfacer la demanda actual y futura de hidrocarburos que requiere nuestro país. Y nadie ignora las tres causas principales de ese deterioro, al parecer irreversible e imparable si Pemex sigue como está: una, la onerosa y absurda carga fiscal que pesa sobre esa industria, misma que ha mutilado su crecimiento e impedido la reinversión de sus ganancias en la modernización de sus instalaciones y nuevas exploraciones. Dos, los exorbitantes salarios y prebendas que han gozado sus directores, ejecutivos y trabajadores en general, representados por un sindicato que constituye el ejemplo más acendrado de la más aberrante conquista de nuestro corporativismo. Si mal no recuerdo, en uno de los debates transmitidos por el Canal 11, María Amparo Casar se refirió a un fragmento de un informe de Pemex sobre “prestaciones diversas”, en el que se destinaba a éstas la cifra de 23 mil millones de pesos. Tres, la participación siempre presente —lo queramos o no, nos hayamos enterado de ella o no— de los empresarios nacionales sin escrúpulos, quienes durante muchos años —pero sin necesidad de esperar 30— han sido beneficiados por los magnánimos, espléndidos contratos y concesiones de Pemex y de los cuales (de esos empresarios, empresarios-políticos o políticos-empresarios) el caso del secretario Mouriño no es desde luego ni el primero ni el único, pero sí uno de los más cínicos. Y es aquí donde también la historia nos ha enseñado no sólo a desconfiar de las inversiones extranjeras: también de las inversiones privadas de nuestros tiburones locales.
Aun así, no hay que olvidar que durante una época se satanizó a las industrias nacionalizadas por su ineficiencia y sus consecuentes pérdidas, y que ahora se sataniza a las privatizaciones por lo mismo. Cabe preguntarse: si tanto unas como las otras fracasan en nuestro país, ¿no será en realidad que el fracaso es nuestro, de los mexicanos, y no de ellas, y que esto se debe nada más y nada menos que al triunfo arrollador de esa corrupción que corroe a México como si fuera un sida espiritual?

Lo que se entiende…
De los editoriales de diversas publicaciones, de los artículos de la revista Forma y de los debates de Canal 11 entendí muchas cosas y otras tantas, o más, no entendí.
Por ejemplo, en un largo y muy bien informado artículo publicado en el mismo número de Forma al que me he referido, y titulado “La reforma energética factible”, Francisco Rojas afirma que la desinformación posiblemente logre “ocultar la verdadera intención [¿del gobierno?], que es la desmembración de Pemex”. Rojas nos hace notar que “70 por ciento de las reservas mundiales de petróleo pertenecen a empresas estatales”, y que en 2007 la General Electric declaró que la tecnología necesaria para la exploración y explotación en aguas profundas estaba disponible en el mercado sin necesidad de acudir a alianzas estratégicas o compartir riesgos o reservas. Nos señala también que desde 1979 no se le ha autorizado a Pemex —el subrayado es mío— aumentar su capacidad de refinación, y que las refinerías que fueran construidas por capitales privados “venderían su producto a precios de mercado donde más les conviniere y no se comprometerían al abastecimiento interno en situaciones desventajosas”.
Por demás está decir que esa prohibición inexplicable impuesta a Pemex para restringir su capacidad de refinación, sí que se antoja parte de una conjura.
Pero todo depende, pienso, si con las empresas privadas (ya sea extranjeras, o las regenteadas por nuestros tiburones locales) se firman “contratos de desempeño” o “contratos de riesgo”, cuya diferencia fue una de las cosas que aprendí en los debates difundidos por Canal 11: en el primero, Pemex le pagaría a su asociado según, precisamente, el desempeño de éste: mientras más petróleo y de mejor calidad, mayor sería el pago. En el segundo, Pemex y su asociado compartirían el riesgo. O los varios riesgos, como serían no encontrar petróleo en las perforaciones, o encontrar poco, o encontrar petróleo de mala o mediana calidad. El pago tendería entonces a ser mucho menor de acuerdo con los hallazgos, o incluso nulo. El artículo 27 prohíbe expresamente los contratos de riesgo, pero no los de desempeño. ¿Por qué no, entonces, buscar contratos de desempeño con empresas nacionales?... después de todo, el propio Lázaro Cárdenas promovió la participación privada en la industria petrolera (Forma, Rogelio López Velarde Estrada) y en su libro Un proyecto de nación, editado en 2004 por Grijalbo, Andrés Manuel López Obrador expresó: “tampoco deberíamos descartar que inversionistas nacionales, mediante mecanismos de asociación entre el sector público y el privado participen en la expansión y modernización del sector energético o actividades relacionadas, siempre y cuando lo permitan las normas constitucionales”. Por otra parte, en uno de los debates del 11, se habló de refinerías de construcción privada, nacional o extranjera que serían “alquiladas” por Pemex, para que, por así decirlo, le “maquilaran” el crudo, y de esta manera el Estado conservaría el beneficio de la llamada renta petrolera.
Creo que esto queda claro, y también que la definición de “aguas profundas” comienza más allá de los 500 metros. Que las plataformas para explorar y explotar petróleo a profundidades de mil o 3 mil metros, son necesariamente plataformas flotantes cuyos desplazamientos, mínimos, están controlados por satélites. Que hoy México produce de 3.3 a 3.4 millones de barriles diarios que en 10 años se reducirían a 1.5, y en 20 años la producción sería deficitaria. Que la autonomía de Pemex no significaría que esta empresa pudiera hacer lo que le diera en gana porque el Estado seguiría siendo el rector de la empresa. Que estamos quemando gas desde hace 75 años. Que importamos 40 por ciento de la gasolina que se consume en México, incluso de Italia y Holanda, países que no tienen petróleo pero que sí tienen refinerías. Que no sería posible quitarle, 10, 20, 100, mil, 10 mil millones de pesos a los egresos del gobierno que hoy se destinan, por ejemplo, a salud o a educación, para dárselos a Pemex. Todo esto y muchas otras cosas quedaron muy claras, al menos para mí, en lo que leí, vi y escuché. Y también lo que dijo, en una de sus intervenciones, la licenciada Miriam Brunstein: que no conoce “ninguna otra empresa petrolera en el mundo que sufra el cinturón de castidad que se le ha impuesto a Pemex”.

…Y lo que no se entiende
Se atribuye a Carlos Monsiváis la frase: “Yo no sé si ya no entiendo lo que pasa, o ya pasó lo que estaba yo entendiendo”. Y es que lo claro se enturbia cuando uno comienza ya a no entender. O a ya no poder opinar. Hablan los expertos: nos recuerdan que Pemex tiene libertad para asociarse con una empresa extranjera fuera de México, pero no en México (Forma, Rogelio López Velarde Estrada): la referencia es la asociación de Pemex, en Texas, con la Shell, de la que obtiene una ganancia de mil millones de dólares anuales. Que es imperativo ir a aguas profundas (Carlos Morales Gil). Que no, que no es necesario ir a aguas profundas (Francisco Garaicochea). Que lo que se tiene que hacer rebasa la capacidad de Pemex. Que no, que nosotros mismos nos bastamos. Que la autosuficiencia de Pemex no es viable. Que sí. Que el marco jurídico de Pemex es obsoleto. Que no. Que el petróleo no se privatiza. Que no, por supuesto, que el petróleo no, pero que sí se privatiza el mercado petrolero. Que la iniciativa de Calderón viola el artículo 27. Que no. Que está en nuestra capacidad hacer perforaciones necesarias en aguas profundas. Que sí, pero que necesitaríamos 50 años para hacerlas. Que López Obrador y Cuauhtémoc Cárdenas no están de acuerdo. Que sí, que siempre sí.

En un hoyo sin petróleo
Y a uno —al menos a mí— le queda la amarga sensación de que entre Pemex, sus trabajadores y su sindicato, nuestros sucesivos gobiernos y nuestros tiburones nacionales, ya cavaron, juntos, la tumba de Pemex, y que hoy, y una vez más, para que nos saquen de ese hoyo, que no por profundo tiene una gota de petróleo, tendremos que acudir a la ayuda de los que siempre nos han explotado, porque siempre nos hemos dejado explotar.
Se propone un debate nacional. Aparte de los expertos en tecnología petrolera, los ingenieros, los economistas, politólogos y demás especialistas que pueden opinar —y que tan distinto suelen opinar—, ¿cuántos otros ciudadanos, entre las decenas de millones que somos, tenemos una idea suficientemente clara de lo que pasó, está pasando y podría pasar como para hacer una contribución coherente a ese debate?
La exigencia de un debate nacional es legítima, pero nada o poco tendrá de nacional si no es escenificado y difundido en los dos medios más poderosos y de mayor alcance de nuestro país, Televisa y Televisión Azteca. Mucho me temo que la pluralidad de voces sólo contribuya a una confusión aun mayor. Pero esta aspiración, reitero, es legítima. El gobierno debe intervenir en forma directa para que esto se logre, y a las dos televisoras se les presenta una muy valiosa oportunidad de demostrar su voluntad de cooperar en la discusión de uno de los problemas más graves a los que hoy se enfrenta nuestro país.
El bloqueo de las instalaciones del Senado por las adelitas, una protesta cívica pacifista –y sabia: un conjunto constituido únicamente por mujeres inhibirá cualquier tentación de una represión violenta— fue, en un principio, justificable: una vez presentada al Senado la propuesta del presidente Felipe Calderón, se temió que ésta fuera aprobada al vapor, y se eliminara así la posibilidad que la voz de la oposición fuera debidamente escuchada y tomada en cuenta. Sin embargo, tal vez ese temor era infundado. En el tercer programa de Canal 11, y según creí entender, cuando el moderador Ezra Shabot insinuó la posibilidad de que el Congreso prolongara con una sesión extraordinaria la sesión ordinaria actual (que se termina este mes de abril y que se reanudará hasta septiembre) con objeto de tratar a fondo la iniciativa de reforma de la industria del petróleo presentada por la Presidencia, el señor Graco Ramírez, senador por el PRD, respondió que en septiembre se podrá discutir con más calma y que no se debe actuar con prisa. Los otros dos señores legisladores, Fernando Elizondo Barragán, del PAN, y José Ascensión Orihuela, del PRI, guardaron silencio.
Esto pareció ser una clara indicación de que los señores legisladores estaban dispuestos a tomarse sus cuatro meses de vacaciones dejando colgado de la brocha el debate más trascendental que se ha suscitado en nuestro país por muchas décadas, cuando uno esperaría que estos señores que nos representan asumieran con plena responsabilidad –y con calma, desde luego, pero no tanta– el papel que les corresponde en el debate. Y, como tampoco el Senado dio señales de tener el propósito de prolongar la sesión ordinaria, no tendría ningún sentido, a partir del primero de mayo, que las mujeres del Frente Amplio Progresista continuaran el sitio de una instalación vacía.
Sin embargo, la toma de la tribuna de San Lázaro por los diputados del Frente Amplio Progresista se llevó a cabo, según se dijo, con la intención de desocuparla cuando se acordara realizar la consulta pública. No obstante, la invasión de las tribunas de ambas cámaras no se justifica tan fácilmente. Todos aquellos que votamos por un senador o un diputado perredista, lo hicimos para contar con un legislador que representara aquellos de nuestros intereses que parecían coincidir con los suyos, y no para que boicoteara las actividades del propio Congreso al que pertenece, en el cual, y no en ninguna otra parte, debe defender esos intereses. Sin embargo, si este patético despliegue no se justifica, sí se explica: sabemos que en este Congreso, como en todos los que ha tenido nuestro país —¿acaso ha habido una excepción?— nuestros legisladores nunca han actuado de acuerdo con su conciencia, sino de acuerdo con las consignas de su partido, y los perredistas, ante la coalición PRI-PAN, se saben derrotados de antemano.
Y es por eso que, de todas maneras, el debate nacional es necesario. Por lo pronto, si se inicia lo más pronto posible —con la cooperación imprescindible de Televisa y Televisión Azteca—, puede extenderse por varios meses, mientras nuestros legisladores disfrutan sus vacaciones o se dedican al manejo de sus negocios particulares. Pero, si se deciden a instaurar sesiones extraordinarias tan largas como sean necesarias, dejarán de tener sentido, y propósito, el bloqueo civil y las tomas de las tribunas. Habrá que dejar a los legisladores en paz y en libertad para que legislen donde deben legislar. Si de cualquier manera en una sesión extraordinaria se toma una decisión al vapor, que sepan de una vez los señores legisladores que el pueblo mexicano no lo va a tolerar. Se planteó la posibilidad de dedicar cincuenta días al debate. Esto y la apertura de sedes alternas es un buen comienzo.
Por otra parte, el debate no puede, o no debe, basarse en una posición maniquea donde todo es blanco o todo es negro. En mi opinión, cada uno de los puntos principales presentados por Felipe Calderón exige una consideración cuidadosa y, en la medida que sea posible, desapasionada. Sin gritos ni sombrerazos. Pero también sin bloqueos de calles o aeropuertos que no sólo servirán para exacerbar a los ciudadanos que estamos hartos ya de manifestaciones: también para multiplicar las divisiones no entre los perredistas que son miembros activos del PRD, quienes ya se encargaron ellos mismos de hacer pedazos su partido, sino las divisiones y defecciones que desde hace tiempo comenzaron a darse entre los ciudadanos comunes y corrientes, apartidistas, que en 2006 no votamos por el PRD como partido sino por sus candidatos, como individuos en quienes depositamos nuestra confianza.
Por otra parte, es absurda, en mi opinión, la pretensión de que este debate desemboque en un referéndum. Un referéndum sólo se hace para responder Sí o No a una sola propuesta sencilla y concreta. ¿Y cuál es la única posible? Sí, o No, a la privatización del petróleo. Conocemos desde ya la respuesta: No.
Pero este No no nos serviría para la perforación, en un futuro cercano que se nos echa encima, de más de 18 mil pozos, tal como lo asegura Georgina Kessel —y quiero creer que es verdad—, para garantizar que Pemex vuelva a ser la gran industria que fue en el pasado. O la industria grande, porque la grandeza que nos interesa no es la que cubra de gloria a la patria, sino la que solucione nuestro futuro. Si para esto no nos queda más remedio que acudir a la participación de la inversión privada —nacional y/o extranjera, ya Bassols nos recordó que es el mismo gato pero travestido— hay que apechugar y hacerlo, siempre y cuando, en verdad de verdad, el Estado mexicano continúe siendo rector de nuestra industria petrolera. Ésta es mi opinión, personalísima, y la asumo con la conciencia limpia. Si alguien o álguienes piensan que no, que me queda sucia, es problema de ellos, no mío. Más vale, pienso yo, compartir nuestra riqueza con los ladrones que nuestra miseria con nadie.
El petróleo y la soberanía
La noción que tenía yo de lo que es un “área estratégica” se enriqueció con el artículo al respecto publicado aquí, en La Jornada, el pasado lunes 14 de abril, por Bernardo Bátiz, quien nos dice: “el petróleo está dentro de las áreas estratégicas, las cuales, según reza el artículo 25 constitucional, estarán a cargo del sector público, esto es, del Estado y específicamente del gobierno federal, pero además lo estarán de manera exclusiva, esto es, sin posibilidad alguna de que otro sector, el social o el privado, pueda intervenir. Si Pemex comparte de cualquier manera, directa y abiertamente o con argucias, se vulnera un área estratégica de nuestro sistema económico y se pone en riesgo hoy y para el futuro la soberanía de nuestra patria”.
Entendido. Pero si hoy importamos el 40 por ciento de la gasolina que consumimos, y seguimos como estamos, y dentro de diez, quince años, vamos a importar el 60 o el 80 por ciento… ¿De qué clase de “soberanía” va a gozar el Estado mexicano? ¿Se podrá seguir llamando “soberanía” a la dependencia de otros países en algo tan vital para nuestra economía como es la gasolina? ¿Y cuando nuestra producción de crudo se vuelva deficitaria, vamos también a importar petróleo sin tener las refinerías y la industria petroquímica necesarias? ¿O vamos entonces a dejar de exportar petróleo y reducir los egresos del gobierno?
Durante la presidencia de Jimmy Carter se dijo que Estados Unidos había elaborado un plan secreto “de contingencia” que le permitiría ocupar militarmente los pozos petroleros mexicanos en un lapso de dos días. Si esto es verdad o no, poco importa. Lo que importa es que se trata de una operación factible y, en determinadas circunstancias, probable. Aun así, y por muy lejana y disparatada que parezca esta eventualidad, me pregunto: ¿no sería deseable la inversión en nuestra industria petrolera —controlada por el Estado rector, por supuesto— de otras naciones como Venezuela y de uno o dos países de la Comunidad Europea que no tengan petróleo, para que, dado el caso, Estados Unidos lo piense dos veces?

lunes, abril 14, 2008

Acuses bibliográficos 1




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Apuntes sobre la educación jesuita en La Laguna: 1594-2007, Sergio Antonio Corona Páez, UIA Laguna, Torreón, 2008, 106 pp. Un acercamiento al origen de la occidentalización de la comarca lagunera que quizá tuvo en los jesuitas a sus principales promotores. El doctor Corona examina nutrida documentación (fuentes primarias) para recorrer poco más de cuatro siglos de presencia educativa jesuítica en la región del Nazas. Me lo regaló su autor.

Carta a mi madre, Juan Gelman, Ediciones Monte Carmelo, Comalcalco, 2007, 69 pp. Un amplio poema escrito por el gran poeta argentino en referencia a su madre. La bellísima edición consta de dos partes: el poema en tipografía habitual y la versión digitalizada del manuscrito. Contiene además un epílogo de Marco Antonio Campos. Me lo regaló su autor.
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Menos de 100, David Lagmanovich, Editorial Martín (colección La Pecera), Mar del Plata, 2007, 121 pp. Ofrece 99 microrrelatos de un escritor que es, sin duda, uno de los más importantes cultores, teóricos e historiadores del género en nuestra lengua. Me lo regaló su autor.
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Los cuatro elementos, David Lagmanovich, Editorial Menoscuarto, Palencia, 2007, 160 pp. Otra reunión de narraciones breves compuesta por un narrador que entiende a la perfección las características de la ficción súbita. Me lo regaló su autor.

Miel de maple, Miguel Báez Durán, Universidad Autónoma de Coahuila (colección Siglo XXI Escritores coahuilenses), Saltillo, 2007, 177 pp. Doce narraciones atravesadas por una temática afín: los personajes viven, visitan, pasan, aman o aborrecen las realidades de Canadá y México. Me lo regaló su autor.

Dialéctica de la pasión, Saúl Rosales, Universidad Autónoma de Coahuila (colección Siglo XXI Escritores coahuilenses), Saltillo, 2007, 156 pp. Me lo regaló su autor.

El orden infinito, Rodolfo Naró, Planeta, México, 2007, 309 pp. Finalista en el Premio Planeta Argentina 2006. Fue presentada el 2 de abril en el Icocult Torreón. Es una novela con resonancias rulfogarciamarquianas, una especie de paseo por Comala-Macondo a la manera de Naró, escritor oriundo de Tequila, Jalisco, y radicado desde hace algunos años en el DF. Me lo regaló su autor.

Ese hondo suspiro de la noche (selección del premio nacional de cuento “Criaturas de la noche” 2007), Édgar London et al., Icocult, Saltillo, 2007, 189 pp. Once historias terroríficas entre las que destaca la que le da título al libro; con ella, London ganó el certamen mencionado en la portada. Me lo regaló Miguel Gaona, prologuista y coordinador de literatura del Icocult Saltillo.

Oficio: leer, Rogelio Guedea, Aldus en coedición con el Gobierno del Estado de Colima y Universidad de Colima, México, 2008, 133 pp. Un amenísimo recorrido por el vicio de la lectura descrito con buena prosa y tremenda erudición por el colimense Guedea, desde hace algunos años radicado en la ciudad de Dunedin, Nueva Zelanda. Me lo envió la editorial Aldus a solicitud de Guedea.

Partitura para mujer muerta, Vicente Alfonso, Mondadori, México, 2008. La novela, ganadora de un premio nacional de narrativa policiaca, es ofrecida al lector con cuatro espaldarazos de voltaje subido: “Además del misterio policiaco, la novela de Vicente Alfonso enfrenta al lector a un inteligente misterio literario: diversidad de voces narrativas, juegos con el tiempo, elipsis sorpresivas, erudición musical… Desenredar las madejas de la trama se vuelve tan apasionante como desentrañar su aparato formal. Partitura para mujer muerta dignifica el género y hace de Vicente Alfonso un escritor de altos registros. Desde ahora, será necesario seguirlo y perseguirlo. Es un novelista excelente” (Vicente Leñero). “En un ambiente de músicos, instrumentistas profesionales, se desenvuelve la historia de Partitura para mujer muerta. En esa atmósfera se comete un asesinato y entre un capítulo y otro, Vicente Alfonso va intercalando partes policiacas, informes en los que la mala ortografía y el anquilosado lenguaje judicial elevan el voltaje siniestro del crimen y la enajenación de la justicia. La novela cumple con la clásica premisa del género policial —un crimen como fuerza centrífuga desencadenante—, que permite entrever la descomposición social y la violencia que acongoja al México de nuestra época. Vicente Alfonso se presenta, así, como uno de los novelistas más prometedores de la narrativa mexicana” (Federico Campbell). “Partitura para mujer muerta puede leerse como un trío compuesto para una violinista que muere, un pianista que desaparece y una chelista que investiga y es investigada. ¿El asesinato como una de las bellas artes? Algo más cotidiano y perverso: una historia de obsesiones, sexo e ineptitud policiaca. Vicente Alfonso aborda un tema recurrente de la música clásica —el sacrificio de las doncellas— y lo narra con sangre en el México contemporáneo” (Juan Villoro). “Leer Partitura para mujer muerta, de Vicente Alfonso, es como escuchar una fuga interpretada con habilidad y fortuna por un excelente grupo de jazz en una taberna neoyorkina de mala muerte; incluso me atrevería a decir que no cualquier fuga, sino una de J. S. Bach. El contraste rotundo viene del asunto sórdido que sirve de fondo, el manejo de las voces y tesituras, y los temas relacionados con la música integrados a la novela con oficio y naturalidad” (Orlando Ortiz). Me lo regaló su autor.

Arte de acusar



Antes compraba libros a lo bestia; ahora, por las estrecheces en las que uno suele (sobre)vivir, compro nada más lo estrictamente necesario, aquello que de verdad deseo leer. Junto a esa dinámica bibliomaniaca que lleva ya 27 años o poco más, se ha dado otra, muy grata, desde hace cierto tiempo: la de recibir con agradecible frecuencia muchos libros sobre todo de colegas, de amigos, de instituciones. Siempre los agradezco y, cuando puedo, trato de escribir algo sobre las páginas que con generosidad me obsequian.
Como cada vez son más libros y más frecuente su aterrizaje en mis espacios, he decidido incorporar hoy, en este blog, un subgénero que está más cerca de la urbanidad que del periodismo o la literatura: el acuse de recibo. Espero que eso sirva por partida doble: para agradecer el regalo y para promover, así sea por encimita, el material que buenamente mis amigos han puesto en estas manos que aquí explican.
Dadas las urgencias del apremiado tiempo que uno vive, no a todos les prometo una reseña. Las escribiré cuando pueda, como pueda y sobre los libros que pueda, es decir, seguiré la costumbre que me mantiene atento a las novedades editoriales y a la actividad reseñística desde hace más de quince años.
Haré este ejercicio, si recibo materiales frescos, cada quincena o poco más. Empiezo entonces con una tanda de libros que me llegó en los días recientes.

domingo, abril 13, 2008

Las urgencias de un mundo



Un texto sobre prioridades e indiferencias; apareció hoy en El Diario de Chihuahua; es la columna "Imaginario colectivo":

Ultimátum 2015

Renata Chapa

La declaración va directo a la cabeza: si para el 2015 seguimos emitiendo las mismas cantidades de dióxido de carbono como lo hacemos hoy, no habrá vuelta atrás en la drasticidad del cambio climático. Esto mismo se traduce así: sólo son siete años ―y no miles― los que restan para cambiar hábitos de vida ambientalmente nocivos; esto, por supuesto, sería impostergable ultimátum en el entendido de que existiera una intención del tamaño del planeta para aminorar el calentamiento global. Pero es tan poco lo que importa y se sabe del asunto que aunque María Patricia Arrendar Lerner, presidenta de Greenpeace México, alerte con claridad y prontitud sobre el asunto, la indiferencia se convierte en peor noticia que el desastre ambiental mismo.
El júbilo que supone el décimoquinto aniversario de una de las organizaciones ambientalistas con más proyección mundial va acompañado de esta silenciosa catástrofe de valemadrismo ciudadano. Son demasiados a los que les importa un carajo el daño ecológico y que no están dispuestos a cambiar un ápice sus rutinas en la cotidianidad. Ven tan distante eso de “salvar al planeta” que la tarea parece, una vez más, inasible y de otros. Una chamba que, eso sí, deben cumplir dirigentes de ciertos organismos internacionales, pero no los ciudadanos de a pie que esperan seguros a que algo se le ocurra al hombre (así, al “hombre” en abstracto) para que jamás se acaben el agua potable, el aire limpio o los climas soportables.
Otra percepción sobre este mismo asunto es la que ve el cuidado del medio ambiente como misión de primerísima importancia en la agenda presidencial. Considera que es el Ejecutivo y sus achichincles quienes tienen la obligación de normar y hacer cumplir leyes y acciones que protejan la naturaleza. Y aunque en la teoría podría considerarse que sucede así, los dirigentes políticos han dado muestra en innumerables ocasiones de cómo otro tipo de intereses se imponen sobre urgencias ecológicas. Muchos desastres a ecosistemas, hasta para los legos en materia ambiental, son de evidente insostenibilidad. Pero sin una cultura de franca participación civil sumada a la desinformación sobre el tema, aumenta más la ya de por sí amplia brecha entre quienes toman las decisiones desde la cúpula política y los que deben acatarlas.
De vuelta al ultimátum septenal, a las emisiones de dióxiodo de carbono y al contexto de nuestro país, la empresa que tiene el liderazgo en contaminación ambiental, según declaraciones de Arrendar Lerner, es Petróleos Mexicanos. Mas dicha aseveración, si se le compara con el revuelo noticioso que esta semana ha tenido PEMEX con motivo de la reforma energética, es prácticamente nada.
Conforme pasen los días podrá verse que el tipo de discurso dominante será el que tenga que ver con enfrentamientos políticos, es decir, con el que reporta a tal dirigente de partido enfrentándose a otros de su misma ralea. Los espacios mediáticos estarán ocupados por las disputas que revelan protagonismos insalvables. El recién tomado San Lázaro, y otros escenarios más, seguirán albergando a pugilistas de la reforma energética. Los representantes del pueblo mexicano continuarán sus enfrentamientos y todo esto en muy poco auxiliará a la ciudadanía a normar su criterio sobre algo que le pertenece, pero que se ha vuelto patrimonio de unos cuantos y, por supuesto, tema marginado en materia de impacto ambiental.
Partir de lo básico, entonces, y trazar otras brechas interpretativas sobre lo que sucede alrededor del petróleo de los mexicanos pudiera ser una opción. Si se partiera de lo que ahora presentan fragmentado y enredado no pocos medios de comunicación, el ciclo del desinterés no tendría freno alguno y, una vez más, el destino del patrimonio nacional quedaría en manos de unos cuantos. Por ejemplo, como mero experimento, podría intentarse un mínimo análisis discursivo, nada complicado, de dos textos que recientemente abordaron el asunto del “oro negro” en nuestro país. Sin mencionar autores aún (y tampoco es complicado detectarlos; es casi una obviedad), la primera parte del ejercicio consiste en algo tan simple como comparar el mero discurso:
Texto uno: “México exige altura de miras y visión de futuro. México está perdiendo terreno frente a la competencia internacional. De ser PEMEX una de las empresas petroleras más importantes del mundo, hoy se encuentra en el lugar número 11. Las causas no son solamente financieras, sino fundamentalmente tecnológicas y operativas. Como consecuencia, las reservas de petróleo del país están disminuyendo. Al ritmo de producción actual tenemos reservas probadas para poco más de nueve años de producción. La producción ha caído y hoy extraemos 300 mil barriles diarios menos que hace tres años. Esto significa que estamos dejando de recibir algo así como cien mil millones de pesos anuales y con ese dinero hubiéramos podido multiplicar por cuatro el presupuesto del Programa de Oportunidades, que es el apoyo que se da a las familias más pobres del país. A pesar de ser un país rico en petróleo, cuatro de cada 10 litros de gasolina que consumimos en nuestros coches vienen de otros países, ya que PEMEX no cuenta con la capacidad necesaria para refinar el petróleo. La buena noticia es que sí es posible aumentar la capacidad para encontrar nuevas reservas petroleras, que sí es posible ampliar la capacidad de producción de Petróleos Mexicanos en beneficio del país. Debemos actuar ya, porque el tiempo y el petróleo se nos agotan.Mientras otros países ya llevan muchos años aprovechando su petróleo en aguas profundas, en México no hemos podido iniciar. Mientras nuestros vecinos, Cuba y Estados Unidos, ya comienzan a explotar el petróleo en yacimientos compartidos con México en la zona fronteriza, los mexicanos seguimos discutiendo si es necesario o no dotar a PEMEX de nuevas facultades para explorar y aprovechar mejor nuestro petróleo que está enterrado en el fondo del mar. El petróleo es nuestro y vamos por él. (…) Tenemos que invertir ahora para llegar a esa riqueza. (…) Sí es posible fortalecer a PEMEX y contar así con recursos para vivir mejor: más escuelas, medicinas, clínicas, hospitales, caminos, carreteras, puentes, agua potable, drenaje, electricidad, vivienda. (…) Sí es posible que el petróleo siga siendo una palanca de prosperidad que nos permita superar definitivamente la pobreza y garantizar la educación y la salud de todos los mexicanos”.
Texto dos: “La Tierra se ha calentado casi un grado desde la etapa preindustrial y la temperatura sigue aumentando. Es vital que este aumento no alcance los 2º C, pues eso significará más lluvias, huracanes, ondas de calor, sequías, extinción de especies, pérdida de infraestructura y vidas humanas. El cambio climático no es una ficción. Es una realidad que se está gestando a cada momento debido al patrón de consumo energético que privilegia los combustibles fósiles (petróleo, carbón y gas), en vez de recurrir a las energías renovables (…) El actual modelo de consumo energético, basado en la quema de combustibles fósiles, es insostenible por una razón básica (los yacimientos de esos combustibles se están agotando) y una razón de fondo: ocasiona graves trastornos ambientales, uno de los cuales comienza a tener severas repercusiones en todo el planeta (…) Científicos de todo el mundo estiman que de mantenerse la actual tendencia, las alteraciones climáticas se agravarán con catastróficas consecuencias. El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de la Organización de las Naciones Unidas (PICC) ha identificado un veloz aumento de las concentraciones de dióxido de carbono en las últimas décadas. Este compuesto acentúa el ‘efecto invernadero’ y, en consecuencia, el cambio en el clima global. (…) Si queremos evitar el colapso climático, debemos abandonar la idea de explotar la totalidad de las reservas de hidrocarburos. De no tomarse esta decisión las consecuencias serán enormes: muchos ecosistemas cambiarán radicalmente; se resentirán económicamente numerosas regiones provocando crisis sociales; el suministro de agua potable se verá afectado; las enfermedades se expandirán; y fenómenos metereológicos más extremos impactarán a todo el mundo. Para enfrentar el cambio climático, la humanidad debe demostrar que tiene la capacidad de lograr una respuesta global, acordada por todos los gobiernos, para salvaguardar la precaria estabilidad climática del planeta por encima de los intereses de las transnacionales petroleras, automotrices, petroquímicas y demás industrias que dependen del petróleo, el carbón y el gas. Este sector está luchando por evitar cualquier acuerdo internacional que ponga en peligro sus intereses, es decir, que establezca reducciones obligatorias en la emisión de dióxido de carbono (el principal gas invernadero) y que pudiera significar una disminución significativa en el consumo de combustibles fósiles en las naciones desarrolladas. (…) A pesar de que los escenarios planteados para México son devastadores, y de que lo más urgente es exigir de inmediato a las naciones desarrolladas que reduzcan sus cuantiosas emisiones de gases invernadero, el gobierno mexicano se ha plegado a la posición estadounidense, hasta ahora dominada por los intereses de las grandes transnacionales del petróleo. En la práctica, el gobierno mexicano está favoreciendo la postura de las potencias industrializadas que evaden cualquier compromiso y permiten con ello el avance del cambio climático, con todas las consecuencias que esto significa para naciones como México.(…) El gobierno mexicano debería apremiar a los países desarrollados, los mayores responsables del cambio climático, para que comiencen a reducir sus emisiones de CO2 a la atmósfera y transfieran tecnología a las naciones en desarrollo para proyectos de eficiencia energética y de fuentes de energía renovables. Asimismo, no debería aceptar proyectos de implementación conjunta que permitan a un país desarrollado reducir sus cuotas de emisiones mediante inversiones en eficiencia energética o en proyectos forestales en países menos desarrollados. Las reducciones se deben realizar dentro del territorio de los primeros y no posponer el avance de las energías renovables. Ese avance, esa revolución energética es la única que puede salvar el planeta”.
El texto uno es un extracto del mensaje que el presidente de México, Felipe Calderón Hinojosa, envió a la nación en cadena nacional el pasado nueve de abril con motivo de la reforma energética entregada al Poder Legislativo Federal. El texto dos es también una compilación de fragmentos de varios textos contenidos en el sitio web de Greenpeace México (www.greenpeace.org/mexico). ¿Cuál de los dos tiene más credibilidad? ¿Cuál es el de mayor peso social en México? ¿Cuál es que tendrá más difusión y penetración en la audiencia? Para el primero, el ultimátum es de nueve años; para el segundo, no más de siete. ¿Por cuál optará, si es que puede hacerlo, la ciudadanía mexicana?

centrosimago@yahoo.com.mx
Para Édgar Salinas y Yolanda Alonso, con afecto sostenible y amistad sustentable.

Contra el pasado



Es, con otras palabras, lo que he tratado en columnas anteriores. Lo calco de La Jornada de hoy:

El despertar

José Agustín Ortiz Pinchetti

La crisis electoral del PRD y el movimiento de resistencia civil pacífica y extrema son fenómenos distintos. Sin embargo, responden al mismo origen: la voluntad de la oligarquía mexicana de impedir que surja un partido reformista capaz de tomar el poder. Esta voluntad perversa es también la causa por la cual la transición a la democracia no culmina y México está por debajo de los índices de crecimiento de América Latina, puede ser fuente de una ruptura social con daños incalculables para todos, incluyendo la propia oligarquía.
La sociedad mexicana es una pirámide coronada por una casta criolla, cuyos soportes son los grupos de interés, a la que se ha sumado una multitud de oportunistas, como el PAN y gran parte del PRI. Estos oligarcas hablan en nombre de la libertad y el mercado, pero dominan a la opinión pública con los medios de masas y al mercado con los monopolios. Sus líderes tienen mentalidad premoderna.
El Estado revolucionario los benefició largamente, pero ahora son ellos los que determinan el rumbo del Estado.
El odio hacia Cárdenas, el PRD, AMLO y el reformismo tiene un componente personal: Miguel de la Madrid, Carlos Salinas, Vicente Fox y Felipe Calderón odian cordialmente a los personajes más significativos de la izquierda. Pero esa actitud es alimentada y estimulada por la oligarquía. Zedillo, quien no tenía simpatía por el reformismo, permitió que fluyera la política y la transición avanzara.
El factor que ha perturbado el proceso es la voluntad de un pequeño grupo de potentados que no quiere que México cambie. El Estado mexicano, influido por ellos, golpeó a la corriente democrática en el primer momento, trató de aniquilar al PRD imponiendo fraudes electorales, autorizando y encubriendo más de 600 asesinatos, y después en el desastroso episodio de las elecciones de 2006. Está presente en los conflictos internos del PRD.
El nuevo reformismo, desde su origen, acepta la economía de mercado; la democracia representativa y su nacionalismo no es beligerante contra Estados Unidos. Podría identificarse con cualquier partido de centro izquierda de Europa occidental, pero resulta amenazante para la oligarquía, porque es portador de la modernización que requiere el país. Pretende liberar la economía, recuperar el papel del Estado, garantizar la libertad de expresión y fortalecer las instituciones democráticas.

Gran premio para La Laguna



Decir el orgullo siempre es difícil. Expresarlo pone en riesgo la reputación de quien escribe pues la gente suele interpretar ciertos genuinos y legítimos afectos como vanidad y, en ciertos casos, como sentimentalismo. No es el caso de este apunte, lo aseguro. Siento orgullo por lo ocurrido el miércoles 9 de abril en el patio del Icocult Saltillo. Allí, diferentes autoridades del gobierno estatal realizaron la ceremonia de premiación a los ganadores del primer concurso estatal de cuento Salvador Castañeda convocado en los Ceresos de Coahuila por el Icocult y por las instancias encargadas de la seguridad en el estado. Dada esa noche, el motivo de mi orgullo es doble: primero, porque en la premiación estuvo mi amigo Salvador Castañeda, cuyo nombre ostenta, con justicia, el certamen; segundo, porque el ganador fue Eliseo Antonio Carrillo Leyva, alumno mío del taller de narrativa en el penal de Torreón.
La historia de este premio se remonta a 2006, si no recuerdo mal. Cerraba aquel año cuando comenzaban a funcionar en firme los centros educativos (Imago) que instaló Renata Chapa, mi esposa, en algunas instituciones con alumnado en situación muy adversa. En uno de ellos, el del Cereso, junto a otros maestros decidí donar mi tiempo como instructor en un taller de narrativa. Alguna vez conté los avatares del primer acercamiento con los internos y la suerte que tuvimos al ganar varias menciones en el concurso de cuento navideño 2006.
Pasados los meses, en marzo o abril del 2007, Julián Herbert me comentó que el gobierno estatal y el Icocult proyectaban organizar un certamen literario de cuento para los reclusos en los Ceresos coahuilenses; la idea era que en cada Centro de Readaptación hubiera un instructor que preparara a los alumnos para el concurso; era, por supuesto, una invitación que generaba honorarios. Mi respuesta a Herbert fue simple: “Con o sin el pago, que agradezco, ya estoy trabajando en tal dinámica con varios internos del Cereso”. Así fue como encarrilamos el trabajo del taller hacia la composición de cuentos que tuvieran la aspiración de participar en el certamen. Los internos escribieron sus cuentos, los tallereamos y luego, al final, cuando creímos que tenían la suficiente pulimentación, los mandamos a Saltillo y olvidamos el asunto.
Los meses fueron pasando y no tuvimos noticias del resultado sino hasta febrero de 2008. Supimos al mismo tiempo que el dictamen se dio a conocer cuando el libro ya estaba editado e impreso; su título es Pensamiento en libertad, y contiene el cuento triunfador y otros tantos que obtuvieron menciones honoríficas. El premio para el ganador fue de diez mil pesos y la publicación de su cuento al inicio del volumen. Entre más de cien textos participantes, 17 de los cuales fueron enviados por internos del Cereso Torreón, Eliseo Carrillo ganó con un relato titulado “Fuga a la nada”; consiguió además una mención especial con el cuento “Los visitantes”. Por su parte, Javier Torres, también del Cereso torreonense, logró una mención honorífica con la ficción titulada “De alto calibre”.
Debo enfatizar que el mérito es básicamente de los internos. En todo caso, para no exceder los límites de la modestia, uno ayudó un poco en orientar, en escuchar, en sugerir enfoques y posibles rutas narrativas. El esfuerzo y la creatividad les pertenecen a quienes pese a vivir en una situación severamente adversa no han perdido el aliento para, de verdad, intentar su rehabilitación plena.
Convocado por Renata para que nos diera una conferencia, el humanista saltillense Carlos Valdés Dávila nos señaló en algún momento: “Nosotros no estamos para juzgarlos, pues para eso están las leyes y los jueces, que ya los castigaron; nosotros estamos para tratar de rehabilitarlos”. Una oportunidad, dos o tres condiciones propicias para el aprendizaje y la creación artística, un poco de afecto y solidaridad son suficientes para lograr frutos donde la sociedad no suele esperar nada.
El triunfo literario de Eliseo Carrillo constata que los frutos del humanismo no son patrimonio de unos cuantos. En todas partes hay una posibilidad para el arte si existe el deseo de que florezca. Nuestro verdadero triunfo no fue ganar el primer lugar, sino haber reunido más de quince cuentos (casi un libro) de los internos. Nos enorgullece el primer lugar, pero más saber que trabajamos con honestidad por la escritura en un lugar donde es urgente que el hombre se exprese por medio del arte, que es liberador y constructivo.

sábado, abril 12, 2008

Lo que parece imposible

Hallé un epígrafe genial en un libro de poesía; son palabras de Lutero, y sirven para el estoicismo y la tenacidad en tiempos de lucha contra toda satrapía, es decir, en todos los tiempos: "Haré resistencia. No puedo hacer nada más. Que Dios me ayude. Amén". Yo, que no creo, creo que tales palabras expresan una forma viril de ponerle frente a lo que parece imposible. Amén, pues.

Agua y derroche



Tenía guardado un excelente texto de Francisco Valdés Perezgasga; lo publicó en La Opinión hace como dos semanas; dada la intensa reanudación del debate sobre el arsénico en el agua lagunera, es importante insistir en el valor del agua y el crimen que cometemos en nuestra región al agotarla y pudrirla con cantidades de arcénico que están muy por encima de la norma internacional:

Agua virtual

Francisco Valdés Perezgasga

En la entrega anterior presenté el concepto del agua virtual. Esto es, el agua necesaria para producir un bien o un servicio dado. El agua es indispensable para el sostenimiento de toda la vida en la tierra. Pero además, en mayor o menor medida, es también el agua un insumo para la producción de todas las cosas. Por ello, el concepto del agua virtual es sumamente útil para conocer los flujos de agua escondidos en el comercio entre las naciones y para aquilatar el impacto que nuestros patrones de consumo, colectivos o individuales, tienen sobre los recursos hídricos. Si todo lo que consumimos emplea agua, queda entonces claro que las personas no sólo usamos agua cuando la bebemos o cuando nos damos un regaderazo. De hecho queda claro que la mayor parte del agua que consumimos es por esta vía indirecta. Los datos que los investigadores del agua virtual han encontrado son reveladores, alarmantes incluso.
Por ejemplo, en promedio, producir una rebanada de pan se lleva 40 litros de agua. Una camiseta de algodón se lleva 2000 litros de agua. Una hoja de máquina requiere de 10 litros de agua. En la Universidad de Twente, en Holanda, dos investigadores —Hoekstra y Chapagain— han llevado el cálculo del agua virtual a una mayor precisión. Plantean ellos calcular el agua virtual en el sitio donde el bien se produce. De esa manera, si un litro de leche requiere, en promedio, de mil litros de agua para ser producido, en México esta cantidad se eleva a 2500 litros de agua. En contraste, el mismo litro de leche requiere en Holanda —un país con condiciones climatológicas radicalmente diferentes a las nuestras— de 663 litros de agua. Resalto el caso de la producción de leche pues nuestra región es una comarca desértica donde se produce leche a una escala que no tiene rival en todo México. La producción diaria de entre 6 y 7 millones de litros de leche diarios nos revela la magnitud de nuestra locura y nuestra vocación eminentemente suicida. Aún cuando el contenido de agua virtual en la leche, por estas razones obvias, debe importarnos, hay otros productos, que consumimos a diario, que deberíamos examinar.
Por ejemplo, en México, producir un kilo de carne de res exige el uso de casi 38000 litros de agua. Un kilo de carne de cerdo, 6500 litros de agua. Un kilo de pollo, 5000. Un kilo de huevos, 4200. Un kilo de queso, 11800. No en balde la dieta vegetariana de un indio es mucho menos exigente sobre los recursos naturales que la dieta carnívora de un alemán, o de un lagunero. Esto aún antes de asomarnos siquiera a todos los problemas éticos y medioambientales que tienen que ver con la producción industrial de alimentos de origen animal. Problemas que nos han entregado la deforestación del Amazonas, la aparición de la Escherichia colli asesina, las vacas locas, la fiebre aftosa, la gripe aviar, el virus de anemia del salmón y todos los desastres que aún estén por aparecer.Lo invito a que profundice por su cuenta en estos temas. Temas que tienen que ver con su salud, la de los suyos y las del planeta. Pero por favor, vaya más allá. Sabiendo lo que haya aprendido, actúe en consecuencia.

Levántate y anda


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¡Extra, extra, Cuauhtémoc Cárdenas cobra vida, el hijo de don Lázaro se levanta y anda, extra, extra! Le hago copy-paste de La Jornada de hoy (las cursivas son de CC):

Una iniciativa entreguista

Cuauhtémoc Cárdenas
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De las iniciativas enviadas por el titular del Ejecutivo al Senado de la República el pasado 8 de abril, relacionadas con la industria petrolera y con Petróleos Mexicanos, que en otra ocasión habrá que comentar en conjunto, la que de llevarse a la práctica significaría un cambio profundo en la situación y condición de la industria petrolera y, sobre todo, una grave pérdida en el presente y en el futuro para la nación, es la correspondiente a la Ley reglamentaria del artículo 27 constitucional en el ramo del petróleo, que plantea la apertura a la inversión privada de funciones esenciales de la industria hasta ahora reservadas en exclusiva a la acción del Estado mexicano.
Después de la expropiación, la primera ley reglamentaria del 27 fue expedida en noviembre de 1940. En ella se precisaba que la industria petrolera comprendía “el descubrimiento, la captación, la conducción por oleoducto y la refinación del petróleo”. El desarrollo de la industria fue modernizando esta conceptualización, pero palabras más o palabras menos, en las reformas a esta ley de entonces a la fecha, siempre se consideró que la industria petrolera, manejada de manera exclusiva por el Estado, abarcaba esas mismas actividades. Así, el texto de la ley vigente, cuya última reforma tuvo lugar en noviembre del 2006, define en su artículo tercero a la industria petrolera como: “I. La exploración, la explotación, la refinación, el transporte, el almacenamiento, la distribución y las ventas de primera mano del petróleo y los productos que se obtengan de su refinación; II. La exploración, explotación, la elaboración y las ventas de primera mano del gas, así como el transporte y el almacenamiento indispensables y necesarios para interconectar su explotación y elaboración…; III. La elaboración, el transporte, el almacenamiento, la distribución y las ventas de primera mano de aquellos derivados del petróleo y del gas que sean susceptibles de servir como materias primas industriales básicas y que constituyen petroquímicos básicos”.
La iniciativa de reformas y adiciones a esta ley excluye de la definición de industria petrolera “el transporte y el almacenamiento [del gas] indispensables y necesarios para interconectar su explotación y elaboración”, así como excluye también la distribución y ventas de primera mano “de aquellos derivados del petróleo y del gas que sean susceptibles de servir como materias primas industriales básicas y que constituyen petroquímicos básicos”, establece, por otra parte, en la propuesta del nuevo artículo 4° que “Petróleos Mexicanos, sus organismos subsidiarios y los sectores social y privado, previo permiso, podrán realizar las actividades de transporte, almacenamiento y distribución de gas, de los productos que se obtengan de la refinación de petróleo y de petroquímicos básicos.
Petróleos Mexicanos y sus organismos subsidiarios –continúa– podrán contratar con terceros los servicios de refinación de petróleo…”, y en el párrafo siguiente consigna que las personas “que pretendan realizar o prestar los servicios a que se refieren los dos párrafos anteriores, podrán construir, operar y ser propietarios de ductos, instalaciones y equipos”. De aprobarse estos textos, estaría dándose, en los hechos, la entrega a la inversión privada de áreas estratégicas de la industria petrolera, que dejarían de manejarse en función de un interés público para pasar a manejarse de acuerdo a intereses privados, extranjeros o nacionales. La experiencia de las privatizaciones vivida en los últimos sexenios, deja ver que así sucedería también en la industria del petróleo.
Pemex cuenta con las capacidades de todo orden para construir nuevas refinerías, para modernizar y expandir las redes de ductos y la capacidad de almacenamiento de productos y llevar a cabo su adecuada distribución, y no hace falta que nadie lo substituya en esas funciones, sólo debe permitírsele que lo haga, otorgándole autonomía presupuestal y dándole el tratamiento que se da a cualquier entidad productiva.
La apertura de áreas estratégicas propuesta por el Ejecutivo representaría la desintegración de las cadenas productivas de la industria, ya de por si erosionadas ante la falta de inversión, el desplazamiento de Petróleos Mexicanos de esas actividades y su substitución, en ellas, por intereses privados, que usufructuarían los mercados correspondientes, y dejar casi como únicos campos de actividad pública la exploración y la extracción, y a ésta como fuente de ingresos casi única también para la industria petrolera nacionalizada.
Pero tanto o más grave que la afectación del interés público, de aprobarse la iniciativa del Ejecutivo respecto a esta ley reglamentaria que pondría en manos de intereses privados la refinación, el transporte por ductos, el almacenamiento y la distribución de hidrocarburos, sería la flagrante violación que se haría a la Constitución. Hacerlo, como plantea la iniciativa, por medio de contratos de maquila o de permisos, sería remachar la violación, pues no por llamar maquila a una concesión o por recurrir al subterfugio de cambiar la palabra concesión por la de permiso, que en este caso resultan equivalentes, dejaría de producirse un serio atropello a la norma constitucional.
Dejar pasar esta reforma sería hacerse cómplice de un atraco a la Constitución. Los legisladores no pueden traicionar la palabra empeñada de cumplir y hacer cumplir la Constitución y la ley.
Se requiere una nueva política petrolera, sí, pero de una política que deje de estrangular fiscalmente a Petróleos Mexicanos, que fortalezca sus capacidades de inversión, dejándole al menos, en una primera etapa, la disposición total del llamado excedente petrolero que genera, que devuelva a la industria del petróleo su carácter de motor principal del crecimiento económico y de la industrialización, que prolongue la vida de nuestras reservas, disminuyendo de manera gradual, hasta eliminar, las exportaciones de crudo y transformando éste en refinados y petroquímicos en el país, que recupere los mercados nacionales de combustibles mediante la substitución de importaciones, que eleve al máximo la renta petrolera a través de la mayor integración de la industria y la prolongación de sus cadenas productivas, todo lo cual no podrá lograrse doblegándose ante las presiones entreguistas y cediendo al interés privado las áreas de la industria petrolera reservadas hasta hoy en exclusiva al Estado mexicano.