miércoles, julio 29, 2020

Adictos a las bolsas














Narro una escena recurrente de mi infancia: cada dos o tres días mi madre pedía a alguno de sus muchos hijos que sacara la basura. Como los hijos suelen ser flojos, a menudo mi madre se veía forzada a gritar cuando la campana del camión recolector ya se oía cerca. En ese instante alguno de mis hermanos o yo corríamos al patio, agarrábamos el bote o los botes de la basura para luego salir de casa y colocarnos en la acera. Era allí donde uno de los trabajadores de recolección tomaba nuestro recipiente, lo empinaba en el contenedor del camión y al final nos entregaba el bote o lo arrojaba al suelo con tosquedad.
Supongo que eso dejó de ocurrir en los ochenta, década en la que ya no hubo tienda, supermercado o almacén que no diera bolsas de plástico. En muy pocos años, pues, las bolsas del súper y de todo tipo de negocio se hicieron indispensables no sólo a la hora de empacar los productos del mandado, sino, más allá, para envolver el lonche de la escuela, para guardar ropa sucia, para que no endurezca el pan y, principalmente, para almacenar la basura. Ahora, tras prohibir a los negocios la entrega de bolsas plásticas, parece que en casa se nos vendrá encima un problema. ¿Cómo y con qué vamos a sustituir las bolsas del súper?
Durante cientos de años la humanidad vivió sin ellas, así que no se trata de una catástrofe. Aunque lo más fácil es amontonar la basura en bolsas y luego dejarlas fuera de casa hasta que pase el camión y se las lleve, quiero suponer que, cuando sea posible, muchas familias volverán al bote de metal para almacenar sus desperdicios. Dado que todos producimos basura, cuidar un bote no es tan fácil para quienes, por ejemplo, salen muy temprano a trabajar y su horario no coincide con el del camión recolector. En estos casos se debe buscar alguna solución distinta, como ubicar algún contenedor fijo.
El problema en este caso se dará para —imaginemos— quienes salen temprano a su trabajo desde un tercer o cuarto piso. Si hasta ahora han usado un contenedor colectivo y antes de cerrar su puerta tomaban las bolsas con basura y las dejaban en el sitio pertinente, ¿qué pasará si hoy almacenan su basura en bote? Forzosamente deben modificar sus horarios, cargar el bote, tirar los desechos y volver con el recipiente a casa. Esto, aunque latoso, parece viable, y sería como volver al pasado. Pero hay otro problema: dada la cantidad y la calidad de la basura actual, dejarla en un contenedor sin bolsas trae consigo que quede totalmente expuesta, lo que agudiza la multiplicación de insectos y demás fauna. Obsesivos de la comodidad cueste lo que cueste en términos ambientales, para nadie será un problema sencillo de resolver dentro de la actual dinámica de vida.
Sé que la medida oficial de eliminar las bolsas de las tiendas tiene otras repercusiones, como el golpe que da a las empresas dedicadas a la venta de este tipo de consumibles plásticos, pero es indiscutible que habíamos llegado al colmo de la adicción por este tipo de objetos contaminantes; tanto es así que algunas personas parecían ir al súper no a comprar la despensa, sino a que les dieran muchas bolsas para lo que se fuera ofreciendo en la semana.
Sigue ahora, pues, encontrar salidas a la prohibición de las bolsas y buscar algo quizá más importante: ver qué hacemos con los miles y miles de envases plásticos vinculados con nuestras destructivas vidas. La lucha por el rechazo o el uso responsable de los polietilenos apenas ha comenzado.