sábado, octubre 29, 2016

Mentalizadora










El invento de la “máquina mentalizadora” fue secreto. Proyecto auspiciado por el Comité Impulsor de la Fraternidad (CIF), el profesor Lipochomsky trabajó en él durante veinte años, y en 2022 el artefacto estaba listo. Se trataba de una gran bodega —como una sala de cine— con capacidad para 200 butacas, cada una conectada a dispositivos electrónicos que comenzaban a funcionar cuando los usuarios se colocaban unos guantes de acrílico que dejaban ver su nervadura tecnológica. Esos adminículos cumplían una función doble: adormecían a la persona y la llevaban a una especie de éxtasis en el que se les suministraba información a modo. El CIF, conformado por cien miembros, todos con inclinaciones radicalmente humanistas, apoyó al científico y su equipo por motivos acordes al ideario institucional: con la máquina mentalizadora se confiaba infundir bondad al ser humano, hacerlo desprendido, solidario, apto para cualquier sacrificio en nombre del amor que en teoría todos nos debemos como prójimos. La máquina fue entonces puesta a prueba el 22 de agosto del año ya citado. El lugar escogido fue una ciudad del norte de México, próspera ella pero en la que, como ocurre en todo aquel país, se dan desigualdades que colindan con la obscenidad. Poco antes de ese día fue montado un gran aparato publicitario para convencer a los más acaudalados de asistir al nuevo espectáculo de cine 4D. Era un anzuelo, claro, y por eso cada entrada tenía un precio alto. No era cine de tercera dimensión, más bien era de cuarta, es decir, en el que no sólo se veían imágenes “saliendo” de las pantallas o todo se oía estereofónicamente, sino que producía una experiencia integral en la que el olor, el sabor y el tacto eran estímulos reales y por ende persuasivos. Los espectadores, todos millonarios, “vivieron” la pobreza tal cual: comieron sopa de fideo sin variación, vivieron hacinados en casas minúsculas, se enfermaron y no tuvieron para atención médica, quedaron desempleados, vieron a sus hijos en la cárcel, padecieron embargos, recibieron e infligieron violencia física y psicológica. Al terminar, el CIF tenía la certeza de que serían más generosos en la vida real, pero algo falló. Los conejillos de Indias salieron del experimento y crearon de inmediato la Liga Exterminadora de Pobres, mejor conocida como LEP.