sábado, septiembre 24, 2016

Muñeco

















Todas las mañanas era lo mismo: saltar al primer timbrazo del despertador y levantar al niño. Esto era lo más difícil, lograr que Dany interrumpiera su sueño de kindergardeano y comenzara a vestirse abrumado por la modorra, con los ojos casi cerrados y rumiando negativas. Ella, en cambio, debía encender todas las alarmas de la prisa porque necesitaba dos horas en su arreglo, en el de su hijo y en los desayunos. Era madre sola y no tenía otra opción. Se acicaló con todos los elementos cosméticos de rutina, acondicionó a su hijo, le sirvió el desayuno muy comúnmente rechazado, desayunó algo ella misma y al salir, al abrir apenas la puerta, en el terregoso tapetito de la entrada, estaba el muñeco. Sí, un muñeco gris rata, de yute cosido por todos los costados con torpes puntadas de hilo rojo. Además de su aspecto, lo curioso estaba en el acomodo: el muñeco descansaba en el centro del tapete como en una cama. Pensó pues en algún intento de maldición y corrió por una bolsa de supermercado. Mientras lo recogía sin tocarlo, elevó una oración protectora. Su hijo se había quedado semidormido otra vez sobre el sofá, y ella aprovechó esa circunstancia para que no viera la escena. Guardado en la bolsa, el muñeco fue a parar con cuidado a la cajuela del coche: pronto iba a ser tirado en algún terreno baldío. Y así pasó. Dejó a su hijo en la puerta del colegio y apenas tuvo oportunidad, detuvo el coche y arrojó a donde fuera el envoltorio. Fue a trabajar y en las horas de oficina no dejó de medir los signos de la realidad, la presencia de alguna mala noticia que confirmara los efectos nocivos de la maldición. Pero nada, no ocurrió nada ni bueno ni malo. Pasada la mañana advirtió que había transcurrido el tiempo sin avisos funestos. A medio día corrió al coche como siempre. Tenía apenas quince minutos para llegar por Dany y el tráfico a veces se ponía muy denso. Recordó que debía ser cuidadosa, pues la sombra del muñeco todavía era capaz de provocar alguna colisión. Su hijo salió con un recadito pegado en el pecho de la camisa. Era un mensaje de la maestra. Reportaba que el pequeño no había traído el monito que desde ayer los niños estaban preparando como regalo para el día de la madre.