sábado, agosto 27, 2016

Maestro













Era, nos decía, muy amigo de Javier Maussán, el más famoso ufólogo del país, y para demostrarlo tenía tres fotos con él: una en un restaurante, otra en un estudio de televisión y la última en una especie de congreso organizado en los Estados Unidos. Yo le creí, lógico, porque una foto podía ser fruto de la casualidad, de un encuentro cualquiera en cualquiera de los lugares que mencioné, pero tres imágenes significaban, en efecto, que en medio de los dos había amistad. Otro detalle: en la foto del estudio televisivo el gran Maussán abraza a mi maestro y ambos sonríen a la cámara; dan, por supuesto, un impresión inocultable de camaradería, de que ambos se llevan de maravilla y orbitan en la misma elipse. Esas tres fotos sirvieron para convencerme: mi maestro tenía un inmenso talento como investigador del fenómeno OVNI. Si Javier Maussán lo respetaba, si el gran Javier Maussán lo abrazaba así en una foto, era obvio que mi maestro tenía también lo suyo como experto en la materia. Adrede no he dicho el nombre de mi maestro, pues su nombre no importa. Al menos, su nombre terrenal. Sólo diré que se llama Pedro, y que gracias a sus contactos extraterrestres fue rebautizado como Omega XYZ. Aunque no queramos creerlo, un grupo alienígena superdesarrollado entró en comunicación con mi maestro y le tomó tanta confianza que casi lo convirtió en uno de los suyos. Durante cinco años de nuestro tiempo —casi 350 años de tiempo en aquel planeta— vivió con ellos, aprendió su lengua, dominó sus costumbres y fue introducido en el conocimiento de su compleja tecnología. Él mismo me confesó que en ese largo periodo tuvo pocas oportunidades para sentir nostalgia por la Tierra, pues uno de los logros que los alienígenas ya alcanzaron es el sometimiento de las pasiones mediante un dispositivo electrónico inimaginable en nuestro mundo. “Las pasiones —me dijo— son el principal obstáculo para el desarrollo de tecnología avanzada. Un gran científico, por ejemplo, también incurre en la imbecilidad de enamorarse así como un soldado muy valiente puede colocar su pecho frente a las balas en defensa de una nación. Las pasiones son un lastre, y los humanos nos hemos autodestruido por su culpa”. Omega XYZ volvió, cumplió algunas misiones en la Tierra —como buscar un discípulo y elegirme como tal— y viajó de nuevo al planeta de los alienígenas. Me recomendó estar preparado: dentro de poco seré yo quien viaje, y ya estoy listo. Lo primero que hice fue erosionar mis pasiones: no tengo novia, no amo a mi país, no tengo actividades favoritas y ya anulé mi fe en cualquier divinidad. Mi única pasión está en seguir los pasos de Omega XYZ, mi maestro, ser como él y algún día tener también el honor de conocer al gran Javier Maussán.