sábado, marzo 26, 2016

Luchas










Jalo hacia arriba la venda y el sol perfora mis párpados con violencia. Me estremezco, tengo las manos libres y puedo quitarme sin dificultad el trapo de la cara. Los tipos cumplieron su palabra. Estoy vivo. No puedo creerlo, por eso lo repito: estoy vivo, asombrosamente vivo. No tengo golpes ni heridas, sólo sensación de ardor en las muñecas y en los tobillos. Mis ojos comienzan a abrirse. Siento un viento leve y tibio en todo el cuerpo. Me tallo la cara con ambas manos y noto que todavía tiemblan. Cierro los puños y me aprieto los párpados con la punta de los índices doblados. Poco a poco voy viendo todo con claridad. Es un espacio al aire libre sólo decorado con algunos mezquites desnudos y una que otra piedra blanca. Supongo que es temprano, por el sol. Perdí la noción del tiempo casi desde las primeras horas y no sé cuántos días permanecí a ciegas. Tampoco sé qué pasó por fin, si cobraron algo o qué. Sólo oí que mucho después hubo movimientos raros, la llegada de alguien que gritaba a los demás, quizá el jefe. Algo dijo y logré percibir unas cuantas palabras. El tipo llegó, sentí que entró a verme y comenzó a regañarlos con maldiciones. “Me llevaba a la lucha”, creo que les dijo, y luego más maldiciones. No entendí mucho. Lo único que recuerdo a propósito de esa frase es que hace como veinte años iba a la lucha con mi hijo y durante muchas funciones pasó algo extraño. Eso comenzó cuando un niño se acercó a la fila de la taquilla y me pidió que le completara el boleto de sol. Lo que hice fue pagarle el de ring general, con nosotros. Luego, durante meses, eso se volvió costumbre, que el niño nos acompañara. Aunque sólo coincidimos allí, le compraba lo mismo que a mi hijo: máscaras, dulces, el ring de juguete. Me daba gusto sentir esa cercanía, saber que mi hijo tenía al lado a alguien de su edad. Eso duró dos, tal vez tres años, no recuerdo. Mi hijo ahora tiene veintitantos y estoy seguro que se alegrará de verme. Pero todavía no sé dónde estoy. Lo bueno es que allá lejos veo pasar camiones, hay una carretera y tengo a la mano la botellita de agua que me dejaron esos tipos.