miércoles, junio 04, 2014

Cuota de palabras





















Es su Biblia del narrador (Ficticia-UJED Editorial, México, 2011), Marco Aurelio Carballo (Tapachula, 1942) ha condensado cientos de opiniones sobre la vida literaria, todas provenientes de escritores. Se trata pues de un libro peculiar, útil sobre todo para aquellos lectores interesados en escudriñar la vida cotidiana de los aporreadores de teclas. El número de citas afortunadas es aquí impresionante, tanto que uno pueda agarrar cualquier página del libro y encontrar, sin duda, algo de interés. Esto se ve claro en “La cuota diaria”, donde Carballo trae declaraciones de escritores sobre la cantidad de texto diario que se autoimponen para sentirse en paz.
El autor nos convida aquí ocho pareceres. Se trata, por lo que veo, de comentarios vertidos por escritores prolíficos, de esos que se fijan marcas olímpicas. Veamos algunos fragmentos. Günther Grass: “Escribo entre cinco y siete páginas diarias”. Graham Greene: “Me fijo un número de palabras diarias. Pueden ser quinientas (unas dos cuartillas) y subir hasta setecientas cincuenta a medida que el libro avanza”. Stephen King: “Me gusta hacer unas diez páginas al día, es decir, poco más de tres mil palabras. En tres meses son noventa mil palabras, que para un libro no está mal. Propongo (para el que empieza) unas mil palabras al día y, como me siento magnánimo, añadiré un día de descanso semanal, al menos al principio”. Georges Simenon: “A las seis de la mañana en punto, yo me sentaba ante la máquina de escribir para llenar ochenta páginas diarias”.
Como podemos notar, la cuota diaria es una obsesión de muchos escritores y varía tanto como cualquier otra obsesión. Mientras Grass y Greene parecen humanos con sus cinco y sus dos cuartillitas diarias, King y, sobre todo, Simenon, escapan a cualquier parámetro, pues siempre escriben (o escribieron, pues el belga murió en 1989) como si pasado mañana el mundo fuera a concluir. Antes estos números uno queda atónito, casi como si esos tipos fueran seres de otra dimensión.
Escribir dos, cinco, diez cuartillas al día (el caso de Simenon, que sin duda exageraba, se cuece aparte) es una proeza de la dedicación, ciertamente, pero a mi juicio producir una, sí, una, es ya meritorio y digno de reconocimiento. Si eso ocurre, la suma al año alcanza las 365 cuartillas, es decir, un libro de buen grosor, lo que no suena despreciable. Si eso lo multiplicamos por dos, o por cinco, o por diez cuartillas al día, nos explicamos por qué hay escritores que luego de cincuenta o más años dedicados a esta talacha tienen una bibliografía de ochenta o más libros. Todo suena lógico si usamos la más simple de las aritméticas.
Lo de Simenon es exagerado, por supuesto, aunque la ficha de Wikipedia nos confirme que escribía como loco: “Simenon fue un novelista de una fecundidad extraordinaria, con 192 novelas publicadas bajo su nombre (…) Los tirajes acumulados de sus libros alcanzan 550 millones de ejemplares. También fue de llamar la atención en otros aspectos: una vez declaró haber hecho el amor a treinta mil mujeres, cifra que, por supuesto, no ha podido confirmarse”. Este último dato puede ser derrumbado con toda tranquilidad: es falso, pues no es posible escribir tantas cuartillas diarias y al mismo tiempo estar templando, como dicen los cubanos.