jueves, mayo 31, 2012

Lo eludible, lo ineludible



Dispensen la obviedad
pero podemos eludir
al patrón
al cobrador
al Estado
al calor
al perro
al frío
otra vez al cobrador
al policía
al ladrón
al cáncer
al motociclista
al catarro
a la suegra
al pesimista
al optimista
a la esposa
al tedio
al esposo
al otro cobrador
a la mosca
al reguetón
al libro
al demagogo
al trabajo
al enemigo
al siquiatra
a doña Petrita
a dios
al diablo
nuevamente al cobrador
a todo
salvo
(de nuevo dispensen la obviedad)
salvo a la hora de nuestra muerte
amén

Nota: tomé la foto que ilustra este post en el cementerio de Sierra Mojada, Coahuila, el 26 de mayo pasado. Me impresionó la contundencia del cemento, el peso de lo concreto sobre la abstracción de la muerte.

miércoles, mayo 30, 2012

Medio siglo de cronopios y de famas



Quizá ha pasado medio siglo (es decir, desde que nació esa etiqueta generacional) que la crítica y ciertos escritores y lectores han asumido como deporte o mero entretenimiento matar al Boom. Lo han matado muchas veces, pero el Boom no sólo ha sobrevivido a esos flechazos, sino a otros acaso peores, como las malas aunque bien intencionadas imitaciones, o la producción ulterior de quienes protagonizaron aquel amorfo o muy bien pensado movimiento literario que estalló a principios de los sesenta y dejó obras cuya vigencia nos permite visitarlas o revisitarlas sin el trauma de que perdemos nuestro tiempo.
Cierto que el Boom fue un rótulo sobreexplotado por el comercio y la crítica, pero eso no es culpa de los autores allí afiliados y, menos, de sus obras. Hoy nos puede caer muy pesado García Márquez, o ideológicamente repugnante Vargas Llosa, o desigual el recién ido Carlos Fuentes, o ya muy lejano el lejano e inextricable Carpentier, pero es un hecho todavía incuestionable, creo, que su irrupción artística fue un hito y sus obras, sus mejores obras, desafiaron lo que hasta ese momento habían propuesto las letras latinoamericanas no solo a nuestra América, sino al mundo entero.
Fuera del macanazo propinado por Darío a finales-principios del XIX-XX, la literatura latinoamericana había sido hasta mediados del siglo anterior una especie de eco siempre tardío de las realizaciones europeas. Esto se explica no sólo por el papel tutelar, económica y espiritualmente colonialista, de Europa sobre América, sino también por la lentitud de las comunicaciones. Mientras el Romanticismo hacía furor en el alma de los artistas europeos, las colonias de ultramar comenzaban apenas a desperezarse de su amplia dependencia virreinal. Cuando aparecieron los primeros románticos americanos ya en Europa jugaban con otras cartas, y así hasta bien entrado el siglo XX, pues incluso las vanguardias latinoamericanas no fueron otra cosa que meras y divertidas emulaciones, a veces verdaderas calcas, de lo que hacían los artistas en el viejo continente.
Aunque heredero de tradiciones foráneas, el Boom fue más que una repercusión. Es verdad que retomó técnicas que poco antes habían invadido la narrativa norteamericana y europea, pero también es cierto que por primera vez algunos escritores latinoamericanos comenzaron a trabajar sin complejos de inferioridad e innovaron y se adentraron en experimentaciones que antes sólo parecían permitidas a los artistas de mayor edad, a los europeos, sobre todo. Lo asombroso no fue tanto el nacimiento de una obra deslumbrante pero aislada. Lo que fascinó tanto al lector como a la crítica fue, creo, la simultaneidad, el hecho impresionante de que al mismo tiempo, sin un aparente caldo de cultivo, casi como quien da una patada a la puerta de la gran literatura, un grupo más o menos numeroso de escritores comenzó a notarse en todos lados. El mercado, es indiscutible, los favoreció y se favoreció con sus obras, pero más allá de los pesos y los centavos de ganancia nos quedaron obras que, sumadas y valoradas hoy por su contenido, no tienen equivalente en otra etapa de la historia literaria de América Latina. Fueron, sobre todo, novelas, pero también, con ese poderoso remolque, jalaron cuentos, ensayos literarios y políticos, e incluso hasta poesía, pues de golpe los ojos de la crítica no latinoamericana puso más atención en las letras de nuestro continente espiritual.
La lista de autores, más amplia de lo que suponemos, forma un conjunto de obras que apabulla. Un solo miembro de los imprescindiblemente mencionados como navegantes del Boom (Cortázar, por ejemplo) es en sí una literatura. El cómputo de sus obras equivale a miles de páginas en las que un hombre, ese argentino nacido en Bélgica y naturalizado francés, construyó un mundo que hasta la fecha, si nos despojamos de aniñadas rijosidades, es todavía un rico universo de tramas y personajes, de apuestas por el juego y desafíos a la lógica. Por eso digo: a esos autores no es posible matarlos con berrinches, con ex abruptos de renovador deslumbrante, sino con obras que sean definitivamente mayores o, mejor, no hay que matarlos, sino asimilarlos como parte de nuestro patrimonio, un patrimonio al que le podemos sumar lo que queramos luego de que el Boom dejó de ser el pan de cada día en la literatura latinoamericana.
Adrede mencioné a Cortázar porque es indiscutible que él fue, junto a tres o cuatro más, pináculo del Boom, pináculo de ventas y pináculo en todos los demás sentidos que queramos darle a esa metáfora orográfica. Han pasado sesenta, cincuenta, cuarenta años desde que aparecieron sus libros y muchos de ellos mantienen no nada más vigencia, sino clientela, que es a final de cuentas lo que le importa al frío mercado. Sabemos por ejemplo que, pasado el furor sesentero-setentero, Rayuela sigue siendo reeditada. Lo mismo pasa con Bestiario, con Final del juego, con Las armas secretas, con Deshoras o, en suma, con todos los libros de cuentos compilados en dos (o tres, según el sello editorial) gruesos volúmenes de su cuentística total. Uno de los libros ya entrados en años, cincuentón para más señas, es Historias de cronopios y de famas, publicado originalmente por la editorial Minotauro, de Buenos Aires, el 30 de mayo de 1962, hoy hace exactamente cincuenta años.
No se trata de un libro caduco, olvidado, puesto ya en el muse de ganancia nos quedaron obras que, sumadas y valoradas hoy pan su contenido, no tienen equivra latinoamericana.
Adrede mencioné a Cortázar porque es indiscutible que él fue, junto a tres o cuatro más, pináculo del Boom, pináculo de ventas y pináculo en todos los demás sentidos que queramos darle a esa metáfora orográfica. Han pasado sesenta, cincuenta, cuarenta años desde que aparecieron sus libros y muchos de ellos mantienen no nada más vigencia, sino clientela, que es a final de cuentas lo que le importa al frío mercado. Sabemos por ejemplo que, pasado el furor sesentero-setentero, Rayuela sigue siendo reeditada. Lo mismo pasa con Bestiario, con Final del juego, con Las armas secretas, con Deshoras o, en suma, con todos los libros de cuentos compilados en dos (o tres, según el sello editorial) gruesos volúmenes de su cuentística total. Uno de los libros ya entrados en años, cincuentón para más señas, es Historias de cronopios y de famas, publicado originalmente por la editorial Minotauro, de Buenos Aires, el 30 de mayo de 1962, hoy hace exactamente cincuenta años.
No se trata de un libro caduco, olvidado, puesto ya en el museo de los triques al que suele ser condenada xima a la voz call pan de cada día en la literatura latinoamericana.
Adrede mencioné a Cortázar porque es indiscutible que él fue, junto a tres o cuatro más, pináculo del Boom, pináculo de ventas y pináculo en todos los demás sentidos que queramos darle a esa metáfora orográfica. Han pasado sesenta, cincuenta, cuarenta años desde que aparecieron sus libros y muchos de ellos mantienen no nada más vigencia, sino clientela, que es a final de cuentas lo que le importa al frío mercado. Sabemos por ejemplo que, pasado el furor sesentero-setentero, Rayuela sigue siendo reeditada. Lo mismo pasa con Bestiario, con Final del juego, con Las armas secretas, con Deshoras o, en suma, con todos los libros de cuentos compilados en dos (o tres, según el sello editorial) gruesos volúmenes de su cuentística total. Uno de los libros ya entrados en años, cincuentón para más señas, es Historias de cronopios y de famas, publicado originalmente por la editorial Minotauro, de Buenos Aires, el 30 de mayo de 1962, hoy hace exactamente cincuenta años.
No se trata de un libro caduco, olvidado, puesto ya en el museo de los triques al que suele ser condenada la mayor parte de los libros. Historias…, al contrario, es uno de los títulos más concurridos del argentino, y no está de más afirmar que el mote con el que identificamos a su autor proviene precisamente de esa obra: Cortázar es el “cronopio” porque tal fue el neologismo que más pegó, la palabrita que ahora, cincuenta años luego, identificamos con el totémico autor de Rayuela.
Historias… es un libro peculiar no sólo en el contexto de la obra cortazareana. Pocas creaturas había de su tipo no digo en aquel momento, y puedo asegurar que sigue siendo un objeto literario de suyo raro, tanto que así, de golpe, no se me ocurre otro para compararlo. Tal vez, no sé, alguno de Arreola, o de Monterroso, o uno de Filisberto Hernández o de Macedonio Fernández. Pero Historias… es uno de esos libros que son una prueba de permanente renovación. Aún hoy, leído de cabo a rabo, uno sale de allí con la sensación de desconcierto, de gozoso desconcierto. Está en la fantasía, en el desenfadado surrealismo que propone. Es disparatado, pero al mismo tiempo internamente lógico. Su prosa es poética, pero también transpira un coloquialismo que nos aproxima a la voz callejera.
Sabemos que Historias… está dividido en cuatro estancias: “Manual de instrucciones”, “Ocupaciones raras”, “Material plástico” e “Historias de cronopios y de fas textos? ¿Hay algún propósito simbólico en ellos o es sólo un desafío a las leyes de la lógica, un clavado en las más profundas aguas del ludismo? Creo que una clave para entender Historias…, y en general a casi todo Cortázar, está en su noción de lo fantástico, como lo declaró alguna vez en una conferencia: “Ese sentimiento, que creo que se refleja en la mayoría de mis cuentos, podríamos calificarlo de extrañamiento; en cualquier momento les puede suceder a ustedes, les habrá sucedido, a mí me sucede todo el tiempo, en cualquier momento que podemos calificar de prosaico, en la cama, en el ómnibus, bajo la ducha, hablando, caminando o leyendo, hay como pequeños paréntesis en esa realidad y es por ahí donde una sensibilidad preparada a ese tipo de experiencias siente la presencia de algo diferente, siente, en otras palabras, lo que podemos llamar lo fantástico (…) ese extrañamiento está ahí, a cada paso, vuelvo a decirlo,te, absurdo, delirante, humorísticamente disparatado. Es, dice Durand, una “técnica de vaivén” en la que pasamos de la razón a la sinrazón sin avisos intermedios.
¿Qué quiso decir Cortázar con estos textos? ¿Hay algún propósito simbólico en ellos o es sólo un desafío a las leyes de la lógica, un clavado en las más profundas aguas del ludismo? Creo que una clave para entender Historias…, y en general a casi todo Cortázar, está en su noción de lo fantástico, como lo declaró alguna vez en una conferencia: “Ese sentimiento, que creo que se refleja en la mayoría de mis cuentos, podríamos calificarlo de extrañamiento; en cualquier momento les puede suceder a ustedes, les habrá sucedido, a mí me sucede todo el tiempo, en cualquier momento que podemos calificar de prosaico, en la cama, en el ómnibus, bajo la ducha, hablando, caminando o leyendo, hay como pequeños paréntesis en esa realidad y es por ahí donde una sensibilidad preparada a ese tipo de experiencias siente la presencia de algo diferente, siente, en otras palabras, lo que podemos llamar lo fantástico (…) ese extrañamiento está ahí, a cada paso, vuelvo a decirlo, en cualquier momento y consiste sobre todo en el hecho de que las pautas de la lógica, de la causalidad del tiempo, del espacio, todo lo que nuestra inteligencia acepta desde Aristóteles como inamovible, seguro y tranquilizado se ve bruscamente sacudido, como conmovido, por una especie de viento interior…”.
Historias…, pues, es la zambullida más honda en esa concepción de lo fantástico, pues aquí el argentino camina con libertad por las calles de Buenos Aires y al mismo tiempo convive con un mundo completamente ajeno, interior, rico en insinuaciones y espeso de imágenes desconcertantes y maravillosas, arraigadas en el mundo del subconsciente.
Su vigencia está allí, precisamente: este libro prueba que junto a una obra atornillada a la realidad, al drama humano (el cuento “Reunión”), puede convivir una obra libérrima, jubilosa en la exploración de lo fantástico, risueña y digna de sobrevivir cincuenta, sesenta, muchos años, los que quiera tardar para convertirse en clásica.

Comarca Lagunera, 25, mayo y 2012

martes, mayo 29, 2012

Conferencia sobre Garibay

Cocteles de Emiliano



Los tuits son, como decíamos en los tiempos del cólera, "maquinazos", textos que salen del teclado y se van al ciberespacio sin mayor revisión. Tienen algo, por ello, de la "escritura automática" que practicaron los surrealistas para que emergiera el subconciente en estado puro o al menos sin el estorbo adulterante de la razón, de la conciencia.
No quiero decir que este tipo de textos sirva para hacer radiografías acabadas, pero deja ver hebras de personalidad, rasgos del talante. Quien escribe un tuit deja en ese palmo de terreno algo, pequeño quizá, de su ser interior, de su índole. Tiene tan poca importancia un tuit ocasional que, sin advertirlo, porque no es peligroso, dejamos allí algunas huellas digitales de nuestra alma.
Pienso lo anterior debido a un par de tuits escrito por Emiliano Salinas Occelli, hijo del ex presidente Salinas de Gortari. No sigo su cuenta, no me interesa ni siquiera por morbo, pero a propósito de su reciente exposición mediática alguien retuiteó un mensaje suyo y me asomé a ver algunos tuits de @salinasemiliano. Uno de ellos, fechado el 13 de mayo de 2012 a las 20:42 horas, opina desde un Blackberry lo siguiente: “@salinasemiliano: La terminal 2 del Aeropuerto Benito Juarez huele sucesivamente a pies, a basurero, a vómito, y a caño. Qué coctelito de bienvenida!”
En ese puñado de caracteres hay mucha información, más de la que podemos imaginar a simple vista. Primero, lo habitual: que Emiliano no tiene cuidado formal al escribir un tuit, lo que a estas alturas importa poco. Dice, por ejemplo, “sucesivamente”, pero quizá quiso decir “simultáneamente”, pues un coctel es simultáneo, no sucesivo. La tilde faltante de “Juarez”, la coma de más al final de la enumeración y el huérfano signo admirativo de apertura son los otros tres gazapos. Pero en fin, escribir con desenfado es lo común en las redes sociales. Eso no importa, o al menos no importa a la abrumadora mayoría, así que mejor olvidarlo.
El sentido del tuit es lo llamativo. Sabemos que Emiliano Salinas anda en pose de activista, indicando a la sociedad cuál es el camino para salir del túnel, orientando a muchos seres extraviados en la oscuridad, conferenciando aquí y allá, siempre en foros concurridos, lo útil que es seguir los Importantes Consejos que él disemina con extraordinaria y buena onda actitud. El apellido que le dio su todopoderoso padre nos hace presuponer que tiene puertas abiertas por doquier; si ocurre lo contrario, no es ilógico pensar que con dinero queda salvado casi cualquier obstáculo. Se supone pues que el plan en el que hoy opera Emiliano, siempre ante públicos ad hoc, es frontalmente redentorista, solidario con toda la perrada que no tuvo la suerte de poseer su claridad de pensamiento, esas herramientas cognitivas forjadas en las mejores universidades del mundo o a la sombra del sagaz Innombrable.
Pues bien, el solidario y buenísima onda Nuevo Redentor Político y Social dijo que “La terminal 2 del Aeropuerto Benito Juarez huele sucesivamente a pies, a basurero, a vómito, y a caño. Qué coctelito de bienvenida!”. Nótese que conoce el país, que el aeropuerto, un lugar pulcro y de privilegio, un sitio de lujo para la mayoría, a Emiliano le parece una zahúrda. ¿Imaginará siquiera lo que es el olor a patas, a basurero, a vómito, a caño cuando de veras huele a todo eso en los miles de sitios carcomidos por la miseria en este país y en muchos más de todo el mundo? ¿Sabrá el delicado Emiliano lo que es la pestilencia generada por la pobreza? ¿Cree en serio que el aeropuerto, un lugar suntuoso al que jamás accederán millones de mexicanos, es un sitio insalubre? ¿Habrá caminado, por ejemplo, un mercado popular donde la gente sobrevive a diario, sin escapatoria, entre pedos, mierdas, alimañas, malos drenajes, gargajos, inmundicias, calor y pésima ventilación? Sospecho que no, que el joven mesías cree que el aeropuerto es lo máximo en materia de incomodidad, lo máximo o al menos un lugar que no merece ningún asombro ni agradecimiento por los lujos que ofrece a quien puede pagarlos.
Un cálculo más o menos arbitrario me permite imaginar que Emiliano tiene dinero para pagarse 400 o 500 años, si los viviera, metido sin hacer nada en un yate perfecto, con la mejor comida y bebida y con cien modelos de Playboy para que le rasquen el ombligo y todo lo que él quiera. Poco o nada puede saber entonces de malos olores, de cocteles repugnantes, de incomodidades ni nada de eso. En el tuit se creyó crítico de un mal servicio, pero sólo le afloró el descomunal fresota que lleva dentro (y es por fuera).
En un tuit ulterior, luego de que le brotó el subconciente como brotan las aguas negras en los mercados del populacho jediondo, Emiliano dijo esto (17 de abril de 2012, 20:21 horas): "QUIEN MANDA EN UN PAIS, EL PRESIDENTE Y CONGRESO O LEYES DE LOS CAPOS?"/ Ninguno, los ciudadanos son quienes mandan." Nótese que aquí se las da de demócrata, que aquí quiere demostrar que Él Está Con El Pueblo. Fallido crítico social, fallido redentor, fallido impulsor de un cambio de mentalidad. Al oírlo, al leer sus tuits, no sé por qué recuerdo aquel bolero interpretado por Bienvenido Granda ("El Bigote que Canta"): “Todo es falso, pero tú eres mucho más”.

viernes, mayo 25, 2012

Conferencia cronopia, hoy



Desde la Coordinación Editorial de Dirección Municipal de Cultura de Torreón presentamos las primeras tres conferencias del Ciclo Primeras Ediciones. A 50 años de su publicación.
Este Ciclo de conferencias inicia en el mes de mayo y continuará los siguientes meses del 2012, alternado con otros eventos que conmemorarán autores y libros clásicos de literatura.
El viernes 25 de mayo, el escritor Jaime Muñoz dará una charla sobre el libro Historias de cronopios y de famas, del argentino Julio Cortázar. Asimismo, el miércoles 30 de mayo la conferencia tratará sobre Beber un cáliz, del autor Ricardo Garibay, y será presentada por Daniel Lomas.
Los libros Historias de cronopios y de famas, y Beber un cáliz se publicaron por primera vez en 1962, es decir, están cumpliendo 50 años. Para celebrar este aniversario editorial, en las conferencias se conversará de cómo fueron recibidas en el momento de su publicación y qué es lo que ha sucedido con ellas después de varias décadas. También se abordarán a sus autores y se tratará su vigencia en las letras latinoamericanas.
Las charlas se llevarán a cabo en la Biblioteca José García de Letona, ubicada en la Alameda Zaragoza en la ciudad de Torreón, a las 19:00 horas.

jueves, mayo 24, 2012

Del tuiter @rutanortelaguna

Sin pensarla mucho, también como viene el balón, en el aire y de volea, he habilitado en mi tuiter cierta cantidad de trabajo icónico. Es el lado gráfico que me fue vedado en la mano y que ahora, con la compu, puedo desarrollar sin mayor ambición, sólo la de jugar y de paso ejercer algo de crítica. Hoy colgué la siguiente imagen con el texto "¡Amiguito!, halla las diferencias en el juego 'Siempre la misma mierda' ¡y retuitéalo a tus cuates!". Poco a poco iré subiendo a este blog y a Facebook lo que trepo a la cuenta @rutanortelaguna

miércoles, mayo 23, 2012

Futuro que fui



Veo a mi hija de dos años
y pienso en su futuro
en su inasible futuro

Vive en el presente
en la eternidad de este momento
en sus muñecas de plástico y pelos enmarañados
y en sus balbuceos de color blanco

La veo y pienso en su futuro y la imagino grande
y alta y hermosa
lúcida y sonriente
pese al horrible mundo que hoy es el mundo

¿Alguien pensó en mi futuro
cuando yo, entre canicas y luchadores, vivía en la eternidad?
¿Lo he defraudado?

Comarca Lagunera, abril, 2002

martes, mayo 22, 2012

Fiesta en pausa



Adriana Vargas y Julián Parra, editores de la revista Metrópolis, me convidaron a funguir como "editor invitado" para su número de tercer aniversario. Entre otros materiales preparé el siguiente texto como "presentación". La parte que "edité" trata sobre el bajón de la fiesta lagunera, el silenciamiento de la vida nocturna en esta región otrora efervescente de convivencia callejera.

Este número celebrante de Metrópolis ofrece en su primera parte un puñado de textos sobre la actual realidad de la fiesta lagunera. No es, por supuesto, un trabajo concluyente, sino una reflexión a vista de pájaro sobre el fenómeno de la violencia y sus consecuencias más inmediatas y evidentes. Digamos que se trata entonces de un reflector puesto sobre el hecho incontestable de que algo pasó, de que en menos de una década —y sobre todo durante el sexenio sangriento que todavía no hace su fúnebre corte de caja— los laguneros asistimos al horrible espectáculo de un vandalismo que arrasó con buena parte de nuestra convivencia, sobre todo de la nocturna.
Así como era imposible pronosticar una devastación como la que padecemos, es ahora imposible saber si podemos abrigar la esperanza de la recuperación. Los pesimistas dicen que no, que ya nada volverá a ser lo mismo; los optimistas aseguran lo contrario y piensan que la jauja parrandera volverá por sus fueros, que los malos tiempos se irán y regresaremos al estadio de tranquilidad que hizo de La Laguna uno de los sitios espiritualmente más acogedores del país.
Tres textos desarrollan el asunto. El primero, un recorrido de Reginaldo Díaz por la circunstancia de la noche en este momento, un diálogo de reportero con la realidad que hoy vemos sobre todo en el primer cuadro de la ciudad de Torreón, nuestro querido centro histórico ahora en penurias.
El segundo es un artículo del escritor Vicente Alfonso, lagunero radicado desde hace cerca de diez años en el Distrito Federal. El joven escritor apunta, con la excelente prosa que lo caracteriza, la paradoja con la que se encontró luego de cambiar su residencia, una paradoja que ahora lo señala allá, en el DF, como nativo de tierra bárbara.
Un fragmento de mi novela Parábola del moribundo es el tercer y último apartado de esta sección. Conlleva un apunte previo, así que no me extiendo más en esta presentación.
Sólo agrego mi agradecimiento al colectivo de Mertópólis por su amable invitación. Espero que el tercer aniversario de la revista coincida con el renacimiento esperado de nuestra querida comarca y su abundante y deseable fiesta.

lunes, mayo 21, 2012

Cien días de chamba



Vicente Alfonso, escritor y periodista lagunero, me entrevistó para nutrir hoy su columna "El Síndrome de Esquilo" publicada en El Siglo de Torreón. He aquí sus preguntas y mis respuestas. El plano que complementa este post ilustra lo que digo un poco más abajo: el centro histórico de la ciudad tiene por suerte muchos centros culturales; el Oriente, hacia donde ha crecido Torreón, como lo marco en el polígono rojo, no tiene infraestructura cultural. Las marcas verdes corresponden a espacios universitarios privados importantes (la UIA y el Itesm) y el cuadro anaranjado a la UAdeC. El triángulo amarillo grande es el lugar en el que yo propondría establecer, por su equidistancia de muchas colonias populares, el primer centro de iniciación de las artes del Oriente de Torreón.

¿Cómo evaluarías, en tres líneas, estos primeros cien días de trabajo como Director de Cultura de Torreón?
Ha sido una experiencia dura y enriquecedora al mismo tiempo. Al llegar a la DMC noté que había una gran inquietud por conversar de parte de la comunidad cultural local. Muchos querían plantear proyectos y solicitar apoyos, y algunos cuantos, también, compartir su trabajo de manera solidaria. Me di poco más de un mes para recibirlos, para no dejar a nadie fuera del diálogo (creo que en la oficina platiqué con más de cien personas durante ese primer mes). A la par configuré mi proyecto, vi que en general, como siempre, el presupuesto es limitado en relación con el tamaño de la ciudad y con las solicitudes de la comunidad artística, pero también vi que se podía hacer algo importante y novedoso: seguir con los llamados “eventos”, las presentaciones, las exposiciones, todo eso, pero al mismo tiempo comenzar, apenas comenzar, con lo que considero la idea clave de mi paso por la DMC: jalar hacia el Oriente. Forzado por su geografía, dado que no puede crecer hacia la sierra de las Noas ni hacia el lado de Durango, nuestra ciudad ha crecido espectacularmente hacia el nor, centro y suroriente. Allá está ahora, mayoritariamente, la vivienda, la industria y el comercio de la ciudad, pero a esto no se le ha aparejado infraestructura cultural. Mi idea es ésta: poner en la agenda de las políticas públicas culturales de Torreón la urgencia de llevar cultura hacia el Oriente, de considerar que en diez o más años debe haber, sin falta, centros culturales equivalente, o más grandes si es posible, a los que ya tenemos por suerte en el centro histórico. Por lo pronto, apelé a la inquietud de varios maestros que ya están dando clases de arte en espacios prestados del Oriente. Es un primer paso y ojalá las administraciones culturales vendieras puedan darle seguimiento.

¿Ha cambiado tu visión de la ciudad?
El cargo en la DMC me obligó a pensar de otra manera. Cuando uno está fuera piensa que todo es más sencillo. Al llegar aquí noté que la ciudad es muy grande, que sus problemas son muchos y que mientras construimos algo debemos luchar para abatir inercias. Una de ellas, por ejemplo, es la que establece que la cultura siempre debe operar con tajadas muy pequeñas del pastel presupuestal. Y sí, de la noche a la mañana la ciudad creció en mi interior.

¿Ha cambiado tu visión del círculo de creadores de Torreón?
No tanto. Hay mucha inquietud y mucho talento, pero eso ya lo conocía, y conocía también a los creadores, promotores e intérpretes de la ciudad. Hay detalles, sin embargo, que me parecen peculiares, dignos de ser tomados en cuenta si elaboramos un estudio sobre el comportamiento cultural en la ciudad. De hecho, a lo largo de mi función en la DMC he ido tomando notas sobre la cultura local, pues sobre tal tema pienso escribir un ensayo amplio cuando termine mi responsabilidad en este espacio. Tenemos muchísimos talentos, insisto, pero también hay lastres, inercias, entendimientos tácitos muy extraños.

¿Cómo crees que influye tu labor como creador en tu labor como Director de Cultura?
No las mezclo. En todo caso, saberme escritor y haberlo demostrado aunque sea con malos libros es útil para saber que con o sin instituciones, con o sin apoyos, con o sin lo que sea, la vocación artística, cuando es genuina y poderosa, aflora. El arte es misterioso, tanto que puede nacer hasta en el desierto.

¿Cuál es el papel de la cultura en la vida de Torreón en 2012?
Si comparamos el papel actual al que tenía hace treinta años, creo que hemos avanzado. La retórica política ya desgastada dice siempre esto: “Falta mucho por hacer”. Es una obviedad. Mientras haya injusticia, mientras haya inequidad, mientras haya dolor, faltará mucho por hacer. Y bueno, no hay que repetir tanto esa frase: hay que materializarla en actos aunque sea modestos, pero actos al fin. Hay que hablar menos y hacer más.

domingo, mayo 20, 2012

Tierras del Santos



De botepronto escribí hoy, temprano, esta crónica versificada. Es una breve descripción, sencilla e íntima a la vez, sobre la región en la que juega nuestro equipo. Aunque quizá puede cuadrarle a todos o casi todos los paisanos de esta tierra, al escribirla pensé en tres destinatarios: en los niños, en los jóvenes y principalmente en todos aquellos laguneros que están fuera de la comarca por la razón que sea. Mi deseo es que los dos primeros aprendan a querer más el lugar en el que viven, y los segundos a extrañarlo con permanente apetito de volver. Tiene, pues, una aspiración más emotiva que esteticista, y para hilarla apelé a lo que bien sabemos gracias a los estudios históricos de larga duración ya disponibles, afortunadamente: que La Laguna no sólo es Torreón-Gómez-Lerdo, sino una amplia comarca donde convergen, por decir lo menos, alrededor de diez ciudades de Coahuila y Durango. Las palabras que vienen intentan deambular esos espacios, los espacios hoy vestidos de anhelante verdiblanco. La foto que complementa este post fue tomada con permiso de la web Crónica de Torreón.

Tierras del Santos
Jaime Muñoz Vargas

para los laguneros en el exterior;
de ellos también son nuestros símbolos


Por el futbol
porque los ojos del país nos miran ahora con una
oooooooooooooooooooooooo[pizca de atención
quizá sin mucho énfasis, de lejos
y porque afuera a veces lo preguntan
digo:
cómo explicar la cosa a los fuereños
cómo darles una idea de La Laguna
sin extraviarlos en un reborujo de rutas y lugares.

Piensen primero en un paraje con mucho polvo y mucho sol
—todo el polvo y todo el sol que quepan en la imaginación—
y a eso añádanle calor, mucho calor
una tonelada de calor sobre los lomos
un calor de lumbre
seco y hostil
un calor que le dé calor al mismísimo calor.

Piensen en eso
pero aunque piensen
este calor es inimaginable
es un calor que vive más allá del calor
un calor que quema y educa
que arruga al más curtido.

El polvo y el calor son pues nuestras sombras
y sin acostumbrarnos
hemos aprendido, renegando
a vivir aquí desde hace tres o cuatro siglos
desde que Parras de la Fuente, nuestra abuela
nació e hizo de la nada
de la absoluta Nada
un vergel hermoso hasta la fecha.

Luego fueron naciendo
junto al Nazas y el Aguanaval
—nuestros fluviales espinazos—
pueblos chicos y heroicos
desconocidos por muchos
queridos por nosotros como hermanos:
Viesca salina
Matamoros aguerrido
San Pedro revolucionario
Torreón sólido
Madero activo
Lerdo jardín
Gómez Palacio industrioso
Mapimí pétreo
Tlauhualilo de sandías y buen beisbol
Sierra Mojada mineral
y Cuencamé, el otro abuelo.

Este racimo de ciudades
son La Laguna
—Rodas con un pie en Coahuila y otro en Durango—
región que por múltiple siempre ha buscado
enceguecida por el sol
un poco a tientas, encandilada
algunos rasgos más o menos comunes en su rostro.

El esfuerzo es uno de ellos
la lucha diaria para sacarle algo a la tierra
y el gusto por la fiesta que es el premio al trabajo
un pragmatismo que no repara mucho en reflexiones
una forma de ser que camina y ara
que ara y camina
sudorosa.

Otra marca afín en el rostro lagunero
nació gracias a los antiguos frutos:
somos pueblos nutridos por la uva y el algodón
dos queridos símbolos
existan o ya no en el presente cada vez más distante del pasado.

Un lagunero
—hablo ahora de la gente—
suele ser alegre, compartido
amable con el forastero
tolerante casi siempre
y a veces un tanto presuntuoso.

Ese lagunero se hizo poco a poco de sus símbolos
recogió del suelo, del polvo
su identidad, su índole, los rasgos de su cara
y a todo lo que ya tenía le fue sumando
desde hace treinta años
la gritona querencia del futbol
y de un equipo
que sin querer
misteriosamente
como se da todo en la vida
es ahora un santo y seña de lo nuestro
un rasgo más
un modesto rasgo más
—para que no suene absurdo ni banal—
en el rostro de estas ciudades
vestidas hoy de verde y blanco
alegres
muy alegres y festivas
y hermanas
y optimistas
y deseosas de retomar las calles
pese a todo.

Comarca Lagunera, 20, mayo y 2012