jueves, enero 05, 2012

“Volveré”: de lo sublime a lo grupero



Hay canciones que, valga el lugar común, llenan una época y son cantadas por mediomundo en diferentes versiones. Pasa, no sé, con “Yesterday”, de Lennon/McCartney; con “El día que me quieras”, de Alfredo Le Pera; con “Granada”, de Lara; y con “Bésame mucho”, de Consuelito Velázquez, traducida por cierto a todas las lenguas y convertida en icono sonoro de las bodas mexicanas gracias a la adaptación trombonosa de Ray Conniff. Todos los géneros tienen una o dos rolas a las que les pasa esto: que representan magníficamente su estilo, que están muy bien arregladas, son pegajosas y transitan incólumes de generación en generación.
Para bien y para mal, soy setentero en música pop. Mi escuela en esto la encontré en la calle, en los camiones, en las radiodifusoras locales. Aunque tratara de evitarlo, esa educación sentimental fue la que tuve a modo y hasta la fecha me llama la atención, me río de ella y la disfruto, pues sé que pese a sus limitaciones, allí, en esas notas, está mi tiempo perdido.
Como buen popero setentero admiro a los italianos. Nicola di Bari, Ricardo Cocciante, Lucio Dalla son, para mí, grandes entre los grandes. Sus estilos rasposos, roncos, mormados, me comunican siempre un placer especial. Soy buen degustador del pop italiano y sé, por ello, que el tema “Torneró” es un emblema. Por su aire angélico y lloronsón, por su flujo lento y ascendente, por la sencillez de su melancólica letra y por la cachonda parte hablada del intermedio femenino, se convirtió, acaso, en la mejor canción italiana de los setenta.
La versión original, del grupo I Santo California y la voz de Pietro Barbella, es por supuesto la clásica. Desde siempre llevó el corito seráfico de fondo. El hecho de que esté dicha en italiano, creo, le añade un encanto bárbaro, dicho esto desde mi condición de hispanocantante karaokero (con la sola palabra “solitudine” ya se erige como poema).
Poco después apareció el traslado al español con el sudamericano Diego Verdaguer, que la trató muy bien gracias a su voz llena de pujiditos, exacta para cantar eso, “Volveré” en nuestra lengua. La voz femenina del intermedio, de acento argentino-chilenoide, conserva la suavidad del italiano, dicho esto desde mi condición de hispanocantante karaokero nacido en México.
Esperaba más de la interpretación emprendida por Albano Carrisi, pero la canción le quedó pequeña, demasiado fácil para su voz impecable y poderosa. La canta como nada, tan así nomás que uno termina por preferirlo en desafíos mayores, sin playback (basta oírlo, y no resisto la tentación de traerlo, en “E la mia vita” para hincarse). Pese a esto, Albano siempre es Albano, un capo del pop itálico al que en algún otro momento abordaré con la admiración gigante que le tengo.
En México tuvimos también nuestro “Volveré”. Ocurrió hace poco gracias al grupo de pasito duranguense K-Paz de la Sierra cuyo vocalista, lo sabemos, fue asesinado a balazos en la mierda de sexenio que estamos por terminar. El clip acude a todos los clichés de los videos gruperos (el conjunto moviéndose al ritmo de la música, las escenas caseras con la chica buenísima y afligida o despechada, los cambios repentinos de vestuario, la pésima gesticulación actoral). Se extraña en esta versión la voz de la chamacona, pero bueno, no podemos exigirle tanto.
En resumen, me quedo, como siempre, con la primera: la de I Santo California.