sábado, julio 31, 2010

Presente del Santos



Hoy nos apersonaremos en el estadio para ver el triunfo del Santos sobre la UNAM. El futbol es la única actividad en la que me gusta hacerle al profeta. Me gusta y además se deja, pues si no le atino pasa que no pasa nada. Creo que el Santos ganará hoy y creo más: que será campeón como lo fue, sin corona, la temporada anterior. Oficialmente el trofeo fue para Toluca, pero bien sabemos que eso se debió a una mala broma del destino y, sobre todo, a dos errores de Vuoso, ambos tan grandes que jamás volverán a repetirse.
Me ha tocado ver la alineación actual en dos ocasiones; la primera, en el amistoso contra Gimnasia y Esgrima platense; la segunda, por tv, en el juego del sábado pasado contra el Atlante. Pese a que fue un partido sin ningún valor, una mera cáscara para mostrar el feo uniforme de esta temporada, seguí con mucha atención el partido contra los argentinos donde ahora milita Walter Jiménez. Luis Rogelio, mi hermano, es testigo de que lo que comenté al final: el Santos del apertura 2010 está para campeón. No lo digo con ingenuidad ni movido por el optimismo de la goleada perpetrada en Cancún, sino basado en la observación cuidadosa de las tres líneas. Finalmente, el futbol es un juego sencillo y para saber si un equipo es un buen equipo basta usar este criterio: qué tantos cambios se han hecho y qué tan bien juegan las líneas horizontal y verticalmente. Explico.
Uno de los rasgos más salientes de las llamadas temporadas cortas es la falta de tiempo para articular las líneas. Cuando los jugadores apenas se adaptan al nuevo club, a los requerimientos del técnico y a sus compañeros, ya corre la fecha doce y con frecuencia los equipos no se muestran como tales, armonizados, concertados, organizados. Si recordamos, muchos clubes todavía se están acomodando cuando ya media el campeonato, y así no se puede. Ocurre muchas veces, además, que ante los malos resultados que son producto del reacomodo y la desadaptación, botan al técnico, sientan jugadores en la banca y se agudiza la anarquía (Tigres es el mejor ejemplo de esto, un caso ya crónico). En la jornada quince, sumidos en la devastación, muchos equipos tigrescos se preguntan qué pasó, por qué no han conseguido buenos resultados, sin ver que a su espalda tienen la respuesta: todo es producto de los cambios y la lentitud al ponerlos en conjunción para que operen como un juego de engranes. Muchos equipos cambian todo de una temporada a otra: sale el técnico, salen jugadores, entra todo nuevo y no falta que también la directiva sufra permutas. Cuando eso sucede, no es fácil escalar las fechas del arranque y cualquier otro club un poco más estable les saca una ventaja casi inalcanzable desde las primeras jornadas.
El remedio a tales problemas está, creo, en la continuidad. Las temporadas cortas no abren espacio a la experimentación, a los cambios sin ton ni son, por bien intencionados que parezcan. Toluca, Santos, Pachuca, Monterrey y quizá Morelia y Cruz Azul (con sus asegures los dos últimos) han asentado una base, digamos, en los años recientes: mantienen al entrenador, conservan una o dos líneas intactas, suman jugadores de sus básicas y traen estrellas no necesariamente goleadoras, sino algún defensa impasable o un medio recuperador de balones. Observemos al Santos para comprobar esto: tras la salida de Benítez vino Quintero, un jugador en muchos sentidos equivalente, lo que mantuvo a la delantera en equilibrio. Lo mismo pasó con la adición de Baloy en la defensa, o con la permanencia, pese a sus bajas de juego, de Ludueña en la media. En pocas palabras, el equipo no se ha desconfigurado al menos en dos años, y el dividendo de tal estabilidad son los buenos resultados.
Santos, en síntesis, jugará bien y ganará porque sus líneas trabajan la horizontalidad en orden: Estrada, Baloy y Lacerda son la base de la parte baja; Rodríguez, Ludueña, Arce/Cárdenas/Morales lo son en la media, y arriba serán decisivos Benítez, Quintero y Peralta (con Ruiz de cambio). Esas líneas se entienden, además, verticalmente, como se puede notar en la buena comunicación que hay entre Baloy o Lacerda con los mediocampistas, o entre Ludueña con Quintero o Peralta. No olvido a Sánchez en la puerta, lo que sigue siendo garantía.
Fuera de especulaciones, hace muchos años que no veía un Santos como el de hoy. Puedo pasar por futurista lenguaraz (no importaría), pero creo no equivocarme cuando digo que Santos estará, seguro, entre los cuatro primeros de la temporada que amanece. Y ojo: jugará bien.

viernes, julio 30, 2010

Huellas y justicia



Con qué ingenua ilusión veo los programas sobre investigación forense que pasan en Discovery, NatGeo y otros canales. Es morbosamente lindo admirar la producción, los efectos, la cronología, el diálogo con los implicados y la solución muchas veces científica de los casos. Hay tantos programas de ese corte que ya no sé ni cuál es cuál. Todos tienen como característica el aislamiento de la escena donde ocurrió el desaguisado, el examen minucioso de las pistas, la conjunción de esfuerzos especializados y la necesidad de continuar las investigaciones hasta que la lógica y la ciencia hayan llegado a su límite. Con qué ilusión veo esos programas, reitero, pues al seguir el hilo de sus tramas concluyo que no hay hecho humano, por oscuro que parezca, capaz de vencer al método científico. Bueno, eso ocurre donde hay aislamiento de la escena del crimen, examen minucioso de las pistas, conjunción de esfuerzos especializados y necesidad de continuar las investigaciones hasta que la lógica y la ciencia hayan llegado a su límite. Y más, lo principal: donde existen instituciones que le den seguimiento a los delitos porque de otra manera reinaría el caos y quedaría anulado el estado de derecho.
Acostumbrado como estoy (como estamos) a ver hondas precariedades en materia de procuración de justicia, sigo entonces con interés esos documentales en los que alguien comete un delito y luego las autoridades hacen un seguimiento milimétrico de las huellas para dar con el paradero del escurridizo protagonista. Son como novelas.
Vi hace poco un caso en el que cierto sujeto comete un crimen por dinero. La investigación para localizarlo fue una maravilla y por supuesto apeló a procedimientos científicos. En resumen, el cuerpo de la víctima aparece en la cocina de su casa, tendido y con un balazo limpio en la nuca. Tras aislar la escena, los sabuesos no dan con huellas digitales y al parecer el asesino envolvió sus zapatos en una especie de bolsa de hule para no dejar rastros. Poco antes de que la víctima llegara, el perpetrador del disparo ingresó sigilosamente a la casa, se ocultó y esperó. Lo demás se dio como él apetecía: el blanco entró, fue a la cocina y antes de que sucediera nada más, le disparó por la espalda. De allí tuvo que partir la investigación, casi de la nada, sólo de un cadáver en una cocina y ninguna huella en el entorno inmediato.
Los detectives consideraron un hecho significativo: que la víctima vivía en una especie de granja y en el área cercana a la casa no había huellas de coche, salvo las de los vehículos usados por el propietario del lugar. Como era posible que el victimario no hubiera llegado caminando, consideraron explorar la zona para rastrear huellas de neumáticos. Y así fue: como a doscientos metros encontraron el dibujo de unas llantas en un terreno algo húmedo y al lado de un árbol con ramas bajas. Antes de que se borrara, un especialista sacó un molde de la huella dejada por la llanta. Por otro lado, la investigación avanzó hacia los posibles sospechosos y dio con un sujeto que al parecer estaba en tratos de negocios con la víctima. Tenía una buena coartada: había estado fuera de la ciudad el día del crimen; su estancia en un hotel así lo testimoniaba. De todos modos, los peritos lo investigaron y localizaron una camioneta antigua en su garaje. En la caja descubierta de la camioneta encontraron algunas minúsculas ramas de árbol. Ya se imaginan por dónde va la cosa, pero la coartada era buena. Necesitaban anularla, y a uno de los investigadores se le ocurrió indagar en el historial de las tarjetas crediticias del sospechoso: había rentado un coche el día del crimen. Mientras, un experto localizó una ramita quebrada y la cotejó con otra del árbol que ya sabemos hasta dar con la correspondiente. Lo conjetura final fue sencilla: el victimario salió de la ciudad, se hospedó en un hotel y allí dejó su coche muy visible; luego salió discretamente, tomó el coche rentado, fue a su casa, sacó la camioneta vieja, llegó a la granja y esperó a la víctima. La ramita, la huella del neumático, el coche rentado y la trayectoria del disparo de acuerdo a una estatura eran pruebas contundentes contra el disparador. Por supuesto, no tuvo escapatoria.
¿Y qué hubiera pasado si eso ocurre en el México, en La Laguna de hoy? Pues nada, que la película se acaba en el balazo. Nadie investiga, nadie documenta, nadie hace justicia. Por eso más vale estar encerrados viendo programas de Discovery. Qué más se puede hacer. Afuera es la selva gracias a los hermosos gobiernos que tenemos.

jueves, julio 29, 2010

Contra el toreo



Aunque lejano, no es pequeño el triunfo, o así se siente, de la abolición de las corridas de toros en Cataluña. Para quienes hemos opinado alguna o varias veces en contra de “la fiesta”, la votación en el Parlament es un motivo de alegría que permite imaginar un futuro en el que ese tipo de barbarie organizado y festejado contra los animales sea prohibido por las leyes de todos los estados. Suena a mucho, es mucho, pero Cataluña no es poca cosa como ejemplo de civilización y es previsible que otras regiones del mundo sigan el mismo derrotero.
Luego de meses dedicados al debate, ganó con 68 contra 55 votos el “no” a las corridas. Los periódicos del mundo reprodujeron la noticia porque se trata de una prohibición que pega en el blanco de algo que, se supone, atañe a una de las tradiciones culturales más arraigadas de la importante España. No basta, creo, que una actividad tenga siglos de práctica en un lugar y sea un rasgo señalado de su identidad para que tenga derecho a existir. El toreo es una actividad cruel y desigual en la que los toros sacan en proporción mayoritaria la peor parte, de ahí que sus promotores sólo puedan usar argumentos abstractos para defenderla: arte, legado cultural, valor, nobleza, fiesta, dígase lo que se diga nada de eso repara en el hecho concreto de aniquilar programada y festivamente a un animal en desventaja permanente por el simple hecho de serlo.
El País recogió ayer una serie de opiniones sobre la prohibición. La voz de taurinos y antitaurinos fue escuchada hasta el último momento; todo el polvo que levantó la polémica se convirtió, con el paso de los meses, en un paradigma de democracia cuyo desenlace no deja satisfechos a muchos, claro está, que ahora no pueden reclamar sesgo o manipulación de un voto que responde al interés de la generalidad: al menos en Cataluña, la mayor parte de la población no simpatiza ya con las corridas, lo que se vio expresado en el parlamento y sanseacabó. A continuación, cito las reacciones de algunos grupos dedicados a la defensa de los animales (nótese su felicidad):
El Refugio: Voluntarios de la organización sin ánimo de lucro El Refugio, dedicada a la prevención y denuncia del abandono y maltrato de los animales, se han mostrado “eufóricos” con la prohibición y han solicitado que haya debate “ya” en Madrid. “Es el principio del fin, el debate hay que traerlo a Madrid ya”, ha manifestado el presidente de la organización, Nacho Paunero, impulsor de la Iniciativa Legislativa Popular en la Comunidad de Madrid, que presentaron la semana pasada en el Parlamento madrileño.
Equanimal: La prohibición de los toros en Cataluña “es un gran paso para la sociedad española” y supone que “estamos entrando ya en el siglo XXI”, ha dicho el portavoz de la Fundación Equanimal, Alessandro Zara. “Es un día histórico porque por primera vez un parlamento ha utilizado un sistema democrático para evitar la financiación pública del Gobierno para el maltrato animal”, ha asegurado Zara en la Puerta del Sol, en Madrid, donde varias organizaciones antitaurinas se han reunido a mediodía para celebrar la votación.
Ecologistas en Acción: Ecologistas en Acción ha felicitado al Parlamento catalán “y a todos los habitantes del Estado español” por la prohibición, práctica [la tauromaquia] que critica por considerar que se basa “en el desprecio hacia los derechos de los animales y el disfrute con la tortura”.
ANDA: La Asociación Nacional para la Defensa de los Animales ha aplaudido la decisión del Parlamento de Cataluña por considerarla “un avance en la abolición” de esta práctica “a nivel nacional”. El portavoz de ANDA, Alberto Díaz, ha celebrado además que se haya tomado esta decisión “en una comunidad con una población importante en cuanto a número de habitantes y con un nivel cultural muy alto”.
Lo dicho: aunque lejos, el voto de Cataluña también alegra acá.

miércoles, julio 28, 2010

Burla a Gómez



A la luz de los acontecimientos que ya conocemos y que han ubicado a La Laguna en general, y a Gómez Palacio en particular, como ejemplos de desgobierno, hablar de cualquier otro tema parece una frivolidad. Todo, absolutamente todo parece tibio y evasivo comparado con aquello, pero no deja de ser importante escudriñar de vez en vez lo que antes era noticioso y ahora pasa por fútil. Me refiero a la obra de gobierno y al escándalo de la corrupción manifiesto en el enriquecimiento inexplicable de algunos funcionarios.
No suelo orientar mis intereses temáticos con la correspondencia vía mail, aunque tampoco dejo de reconocer lo interesante que son algunas de las cartas que gentilmente me envían. Sobre Gómez abundan y sobre Torreón no escasean. En Lerdo, debo decir con honestidad, parece que no escriben. De Gómez, pues, me hacen llegar una columna del Noticias fechada el 24 de julio. En ella, el tesorero Luis Felipe Cantú Robles es acusado de gastos y gustos millonarios. Digamos que el enriquecimiento de funcionarios no es extraño, nunca ha sido extraño, en las administraciones públicas de nuestro país. De hecho, es uno de los muchos sobrentendidos del quehacer político a la mexicana: alcalde, tesorero, recaudador, director de obras públicas, gerente de Simas y sus equivalentes que no agarre, pasará a la historia con una “P” mayúscula en la frente. Hasta hace algunos años esa regla no escrita de nuestra picaresca polaca permitía bandidajes con cuchara grande, pero luego de algunas novedades como la alternancia y las obligaciones con la transparencia aquello perdió la total opacidad que caracterizaba el desempeño público.
La corrupción no fue abatida, claro, pero se impidió a los funcionarios el saqueo a manos llenas (“a manos hienas”, escribí en algún libro). Hay, sin embargo, ejemplos de lo que aquí puedo denominar “trompudismo”, esto basado en el refrán “se vale ser cochino, pero no tan trompudo”. En efecto, no faltan en estos tiempos algunos funcionarios que esquilman como si todavía viviéramos en el echeverriato, con carretilla. El balconeo periodístico al tesorero de Gómez Palacio, que de ser falso lo obliga a desmentir tajantemente, es la punta de una madeja que exhibe el desastre de una pobre ciudad atropellada por la politiquería más voraz que arrastrase pueda en el reino de este mundo. No es poca cosa lo que, a decir del diario lagunero, ha conseguido en tres años el funcionario de la actual administración gomezpalatina. Son demasiados bienes materiales conseguidos en muy poco tiempo, un amasamiento de riqueza que en cualquier otro lugar movería a diligencias punitivas. ¿De veras compró las propiedades que enumera el comentario editorial? ¿Y Ricardo Rebollo? ¿Y Mario Alberto Calderón? ¿Se asomaron alguna vez a mirar las finanzas personales de aquel subordinado? (los datos son densos, así que los copio íntegros aquí abajo).
Preguntar por el interés de Ricardo Rebollo o de Calderón Cigarroa es clamar en el desierto. Para el primero más que para el otro sólo segundón, Gómez Palacio fue un trampolín, un modesto peldaño para escalar a la diputación federal que se traduciría luego en catapulta a la gubernatura. El excelente reportaje de Lucero Sánchez (La Opinión, 25, julio, 2010) muestra la caricatura en la que devinieron los “10 cómos” (sic, con burdo plural), prueba irrefutable de que a toda una ciudad se le puede engañar con promesas vestidas de lujosa propaganda y al final sólo cumplir con bicocas lo ofrecido en campaña. Por eso muchos, recuerdo, pensamos en los “10 cuándos” al escuchar la asquerosa paparrucha de los “10 cómos”. Ya se ve ahora que no nos equivocamos.
Haiga sido como haiga etcétera, supongo que ya está en la bolsa el puesto para Rocío Rebollo. Tiene un trabajal por delante, casi una monstruosidad: resucitar al municipio dejado en la ruina por su hermano, el tesorero Cantú Robles y otros alegres impostores. Aguardaremos con ansia sus resultados.
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Columna del Noticias
RUN RUN
24 de julio de 2010

SEGÚN LA CARATULA de sueldos de funcionarios públicos del R. Ayuntamiento de Gómez Palacio, Luis Felipe Cantú Robles, con el puesto de tesorero municipal, tiene un sueldo neto de 42 mil 307.02 pesos. Es el segundo funcionario más caro luego de Víctor Hugo Cordero Giorgana, a la sazón secretario de Protección y Vialidad, quien gana 49 mil 250 pesos. Cantú Robles, quién sabe por qué, gana más que el alcalde Mario Alberto Calderón Cigarroa, quien tiene un sueldo neto de 28 mil 128.30 pesos. El alcalde, según la carátula, gana menos que el tesorero, que el secretario de Protección y Vialidad y que muchos directores. Cantú Robles ganaría 507 mil 684 pesos por año, un millón 523 mil 052 por los tres años como tesorero municipal. Suponiendo sin conceder que hubiera destinado su sueldo neto íntegro a la compra de una de sus tantas propiedades, apenas le habría alcanzado para comprar uno de los terrenitos, lo que hace sumamente sospechoso que tenga tantas propiedades. Esto es que Cantú no hubiera tocado un solo peso de su sueldo, que no hubiera destinado para la manutención de su mansión, de los gastos personales, de los viajes, de las altas colegiaturas, de los altos costos de mantenimiento, etcétera. Apenas entró al cargo como tesorero municipal de Gómez Palacio, el contador público torreonense empezó a comprar y a comprar, como compran las mujeres que acuden a las gangas y se quieren llevar todo lo que hay en las tiendas. Cantú Robles, curiosamente, empezó a comprar apenas tomó posesión como tesorero municipal a partir del primero de septiembre de 2007. La primera compra de Cantú Robles fue notariada el 15 de octubre de 2007. Esta primera compra del nuevo rico fue la finca urbana construida ubicada en cerrada Pedro Calderón de la Barca número 11, del Fraccionamiento El Fresno, con un valor catastral de dos millones 408 mil 990.04 pesos. ¡En mes y medio!, como tesorero, Luis Felipe compró una mansión que vale, fácilmente, más de dos millones de pesos. Luis Felipe se sacó el Melate llamado Tesorería Municipal de Gómez Palacio. Cantú Robles, además de ser el segundo funcionario gomezpalatino más caro -gana más que el alcalde y los regidores que fueron electos por los ciudadanos- pronto denotó su gusto por los bienes raíces. Con el sueldo de 42 mil 307.02 pesos al mes, 507 mil 684 pesos al año o un millón 523 mil 052 pesos en tres años, Cantú Robles no habría podido pagar esa mansión de El Fresno. ¿Con qué dinero la pagó? ¿Metió la mano a la caja de los contribuyentes gomezpalatinos? Quizá hay quienes digan que Cantú compró esa mansión con sus ahorros. Si fuera así, quiere decir que antes de ser tesorero municipal tenía buen empleo y si tenía buen empleo como que no tenía sentido que lo hubiera dejado para irse de tesorero municipal. ¿O si? Pero bueno, vamos a ser generosos con Cantú Robles y diremos que la mansión de El Fresno la compró con sus ahorritos. ¿Pero cómo diablos le hizo para seguir y seguir comprando terrenos en Los Azulejos, San Luciano y San Armando? ¿Con su sueldo como tesorero municipal? Por favor. Luis Felipe Cantú quizá no sólo es contador público sino mago, que hace que sus números personales se multipliquen muchos dígitos. Sólo así se explica que Luis Felipe, con su sueldo anual de 507 mil 684 pesos, haya comprado uno de los mejores lotes del Fraccionamiento y Club de Golf Los Azulejos. Mientras que los gomezpalatinos andan en la "quinta chilla", sufriendo las de Caín para completar el gasto, pagar la luz, pagar el agua, pagar los impuestos, pagar el gas, el señor tesorero municipal "gomezpalatino" tiene las manos llenas de dinero para comprar propiedades como la del lote 15 de la manzana 68 del Fraccionamiento Los Azulejos Etapa II de Torreón. Mientras que los gomezpalatinos sufren por traer la barriga llena, Luis Felipe se compró un terrenito de 625.19 metros cuadrados del Circuito de los Moriscos, frente al campo de golf, donde sabemos que están los empresarios chipocludos de La Laguna, donde están los "pachochudos", los que sí tienen dinero. Ese terrenito le costó a Luis Felipe y la operación fue por un millón 092 mil pesos. Esta operación la hizo Luis Felipe antes de cumplir un año como tesorero, por lo que ahí va diciendo su vertiginoso cuanto voluminoso enriquecimiento. Estaría bien preguntarle a Luis Felipe cómo le hizo. Pero quizá Luis Felipe compró primero en Los Fresnos y luego en Los Azulejos porque es un hombre ahorrador, probó, serio, profesional, honesto, honestísimo. Y en el segundo año como tesorero municipal, Luis Felipe siguió de compras, de compras personales, mientras que el municipio de Gómez Palacio se encuentra en tremenda crisis financiera, en aguda crisis a pesar de la autorización de préstamos, de préstamos que no se saben a dónde van a parar. Luis Felipe, quien pareciera que anduvo recorriendo las zonas exclusivas de la ciudad para comprar mansiones o terrenos, continuó comprando ahora en el Fraccionamiento San Armando. Estas dos compras las hizo en el 2009, un año antes de irse como tesorero municipal. Eso sí, Luis Felipe ha tenido dinero para comprar terrenos pero no para pagar impuestos. Una de las operaciones en San Armando fue registrada en 0 pesos, lo que quiere decir que el "mago-contador" hizo esto para evadir impuestos. La otra operación en San Armando fue de apenas 49 mil 595.34 pesos, lo cual nadie cree. Y Luis Felipe aparece como dueño de otro predio, de uno localizado en Paseo San Luciano sin número de la colonia San Luciano, con un valor catastral de un millón 339 mil 095.96 pesos. Si sumamos el costo de las propiedades de Luis Felipe, encontraremos que superan por mucho varias veces el sueldo neto de los tres años como tesorero municipal. Eso, sin contar las propiedades con el apellido Siller, pero esa, esa es otra historia...

domingo, julio 25, 2010

Imágenes del calorón



Está en órbita otro imperdible número de Nomádica, el 49. Lo recomiendo y comparto mi colaboración como entrada a los platos fueres:
Tengo la ligera sospecha de que el enruquecimiento (neologismo que significa “hacernos rucos”) trae aparejado una percepción distinta de los climas. Quizá generalizo una captación personal, pero he notado que los mayores, y por mayores entiendo a los adultos de treinta años en adelante, son los únicos que nos quejamos sistemáticamente de la temperatura. Si es temporada de frío, del frío; si es de calor, del calor. En La Laguna no hay más sopas: frío, unos tres meses, y calor, los restantes. Nuestro frío es, hablemos con sinceridad, un hazmerreír; el calor no, éste sí es bestial, uno de los más feroces que se conozcan en el universo mundo.
En los años recientes no sé qué pensar sobre nuestro calor: ¿aumentó por el famoso cambio climático o yo lo capto de una manera distinta? Tal vez sea más lo primero que lo segundo, pues en muy pocos lustros, se sabe, el planeta ha experimentado un deterioro macroambiental de dimensiones apocalípticas. Quien lo dude, que le pregunte a Al Gore. Lo importante en este caso es lo que haremos cuando el infierno nos alcance. Dicen los especialistas que todavía estamos a tiempo de evitar el colapso climático, pero al ver el gasto de energía, la polución, el consumo desmedido y el uso de agentes tóxicos de toda índole, lo dudo. No nací para profeta, pero algo me late que cada vez estamos peor.
Cuando siento calor, como ahora, lo que disminuye a cero mis ganas de escribir, me vienen a la cabeza imágenes inevitables. Cuento algunas.

Nuestros aparatos de paja
Hace algunos años presentamos en Torreón un libro de Guillermo Fadanelli; recuerdo que al final lo agasajamos (en el buen sentido del término) en “La terraza del Marqués”, es decir, en una especie de patio ubicado en el segundo piso de una casa propiedad de Enrique Sada, mi ex alumno mejor conocido en los guetos aristocráticos como “El Marqués”. En la terracita estaba arrinconado y descompuesto un aparato de aire lavado, nuestro emblemático salvavidas ante el calor. En una oportunidad, Fadanelli, chilango puro, me preguntó: “¿Qué es eso?”. Se lo expliqué grosso modo. Ahí cobré conciencia del valor real y simbólico de la refrigeración de paja mojada que en el centro del país no necesitan y en los lugares húmedos no sirve. Sólo los que vivimos en estas securas sabemos lo que significa el rudito de nuestra refrigeración, el valor de sus mangueritas y la paja (en realidad viruta de madera) nueva y húmeda.

Lumbalgia y CFE
En 2008 padecí una lumbalgia miserable. Cuando el traumatólogo me preguntó si tenía alguna sospecha sobre lo que había ocasionado la dolencia, le dije que sí, que yo culpaba a la Comisión Federal de Electricidad. Tras su sorpresa, le expliqué: por saturación (eso dijeron los técnicos) tronó el transformador que alimenta la cuadra donde se ubica mi casa, esto durante dos noches seguidas de la temporada de calor. Lo arreglaban en la mañana y se descomponía a las 10 u 11 de la noche. Sudando y todo, mis hijas y mi esposa pudieron dormir. Yo no. Lo que hice fue recostarme en el cofre del coche, en la calle. Cuando los moyotes se ensañaron, entre a casa, abrí una ventana y me tiré al suelo así, directo, para sentir el frío del piso. Eso fue suficiente para que mi ya dañada espalda se torciera y mi obligara a un tratamiento. Ahora me pregunto qué haría en caso similar. Lo mismo: dormir en la calle, luego en el piso. Si me dan a escoger, escojo la lumbalgia, no el calor.

Treinta grados de risa
Qué risa nos provocan a los laguneros los locutores del DF cuando narran un partido desde el Azteca, desde CU, desde el estadio Azul o desde la Bombonera. Dicen: “Hace un inmisericorde calor de 30 grados” (risas). ¿30? En la reciente final Toluca-Santos (que los laguneros perdieron ganando, por cierto), hacían 29 grados y los comentaristas hablaban del factor calor-altitud. A los laguneros, en todo caso, sólo les afectó la altitud toluqueña, pues 30 grados de calor no son los 42-45 con los que se juega en Torreón durante la temporada de primavera-verano, al menos cuando existía el estadio Corona. El calor es el arma secreta de los laguneros: no hay jugador en el mundo que resista eso si antes no se aclimata unos seis meses. Cuando Santos cedió a jugar de noche, perdió un arma. La directiva debería volver a los juegos de las cuatro de la tarde. En ese horario no nos ganan ni los camellos.

Manga de taxista
Una prueba de que el calor es más crudo creo verla en un invento reciente: la manga de taxista. Tal vez la temperatura sea la misma de otros años, pero sospecho que el calor quema de manera más enfática. Bajo una sombra, nuestro calor es digerible. Al sol directo, no lo aguanta ni el demonio, sobre todo porque pica, porque taladra la piel. De ahí la necesidad de usar esa manguita en el antebrazo izquierdo, para poder recargarlo en la ventanilla del coche sin que el sol lo pinche y lo incinere.

A mitad del río
Entre los 14 y los 17 años, pocos más, pocos menos, tuve la extraña manía de ser un buen deportista. Me tomé en serio la condición física y abracé un régimen de preparación muy exigente e inventado por mí, aunque alejado por completo de un porqué. Jugaba futbol, nadaba, caminaba mucho. Entre todas mis imágenes de deportista, sin embargo, sobrevive una que sólo yo sé que es cierta: como vivía a una cuadra del lecho seco del río Nazas, salía todas las tardes, o muchas tardes, a correr en medio del “río”. Era (es) una zona irregular, terreno escabroso, lleno de ascensos y descensos, de sinuosidades, matorrales, pozos y arena suelta. Me gustaba el desafío del campo traviesa y la brutalidad del sol. De hecho, mi recorrido iniciaba a la altura del antiguo Canal 9; desde allí avanzaba hasta el actual libramiento, todo por el centro del lecho seco (todavía no contábamos con los puentes de la Salvador Creel, del libramiento ni del mismo Canal 9). Me emocionaba tumbarme la camisa, recibir el sol mientras corría, avanzar en contra del caldoso viento. Creo que nunca sentí mayor libertad que en tales trotes de prófugo sin perseguidor. Hoy no podría correr ni cien metros de esa forma. El calor y la panza ya no lo permitirían. Ni yo.

sábado, julio 24, 2010

Poderes del pulpo Pancho



El uso de pulpos para adivinar se puso de moda tras el mundial de Sudáfrica. No es para menos, dado que un equipo científico de la Universidad de Chatou River ha demostrado que cierto tipo de octópodo es capaz de vislumbrar el futuro con asombrosa precisión, aunque no se descarta su eventual falibilidad. Aunque no ha quedado clara todavía la explicación, se cree que el poder adivinatorio del pulpo está determinado por el tamaño de su cerebro y sus tentáculos. “Allí está la base de sus capacidades oraculares”, señaló el biólogo social Timothy Lucas McDermott, coordinador del staff que investiga las facultades de la especie marina que ahora se encuentra en peligro de extinción pues no son pocos los hombres deseosos de un pulpo que les ayude a ganar melete, lotería, tris clásico, encuentros deportivos, electorales y demás.
A semejanza de los investigadores de Chatou River, un grupo de especialistas mexicanos cazó un pulpo en aguas de Puerto Vallarta y fue sometido a una primera prueba que consistió en elegir su nombre. En un par de urnas pusieron dos nombres: Richard y Pancho. Dado que el pulpo era mexicano, los científicos aseguraron que se inclinaría por el hipocorístico de Francisco, y así ocurrió. El pulpo vallartense escogió la urna con el nombre Pancho, lo que sirvió para bautizarlo y, de paso, para comprobar su eficacia.
A partir de allí, el pulpo Pancho ha tenido que trabajar día y noche, pues ahora lo alquilan hasta para adivinar encuentros amorosas o carreras universitarias. Si una mujer, por ejemplo, no sabe a qué galán elegir entre dos partidos muy equilibrados, recurre al pulpo Pancho, animal que se encarga de escoger la mejor opción para la confundida clienta; asimismo, si un joven duda en elegir derecho o administración como carreras universitarias, el pulpo Pancho le echa, por así decirlo, una mano. Hasta el momento de redactar esta nota los resultados son inmejorables, tanto que Pancho se convirtió ya en un oráculo mexicano más confiable que Beltrones, Creel o Navarrete. Sin embargo, algunos sospechan que el pulpo opera bien maiceado, a la mexicana, sólo para dar gusto al cliente.
Por un trascendido periodístico han llegado a saberse los resultados de algunas consultas. Lo importante en este caso no es enterarnos del pronóstico, sino de quién ha pagado por la información. Veamos los casos.
1) Interrogado para saber quién será el protagonista del próximo escándalo en el mundillo de la farándula, el Pulpo Pancho eligió a Niurka y no a Fabiruchis. Consultó: Fabián Lavalle.
2) Puesto a prueba para saber si las próximas elecciones serán limpias o estarán manchadas por la cochambre del fraude y la marrullería, el octópodo se inclinó por la primera opción. Consultó: Leonardo Valdés, presidente del IFE.
3) Desafiado para elegir entre Toluca (siempre Toluca) y América como posibles ganadores del torneo de futbol mexicano que se avecina, el maravilloso animal jalisciense optó por las Águilas de Coapa. Consultó: el Loco Valdés.
4) Desafiado para elegir entre Guadalajara y América como posibles ganadores del torneo de futbol mexicano que se avecina, el maravilloso animal jalisciense optó por las Chivas. Consultó: Carmen Salinas.
5) Cuestionado para determinar si algún día habrá democracia o todo seguirá igual en el sindicato de los maestros, Pancho se canteó hacia la segunda propuesta. Consultó: Elba Esther Gordillo.
6) Inquirido para saber si habrá paz o seguirá el baño de sangre en el México de hoy, Pancho prefirió no optar por nada. Es inteligente. De seguro temió represalias.

viernes, julio 23, 2010

Celebraciones al vapor



Si en tiempos de bonanza era un mal visible, en los de crisis como el que vivimos puede llegar al colmo. Me refiero a la improvisación de las acciones de gobierno, al hecho de trabajar programas, iniciativas, planes, estrategias y celebraciones al cuarto para las doce y sobre las rodillas. Ese gesto, el de la improvisación, es notorio en montones de planteos generados por la estructura de gobierno. Me viene a la mente uno: el del registro de celulares. ¿Para qué sirvió eso? ¿Para qué amenazaron “oficialmente” con un corte a los incumplidos si al final no pasó nada y todo el montaje sirvió para maldita la cosa? U otro: aquellos cien días que se dieron nuestras máximas autoridades para paliar la inseguridad en un acto recordado por la frase “si no pueden, renuncien”. ¿Quién renunció? ¿Pasó algo luego de las promesas fraguadas al vapor? Sí, pasó algo: la inseguridad creció.
La bacteria de la improvisación también ha encontrado nicho en la comisión designada para organizar los festejos por el bicentenario de la Independencia y el centenario de la Revolución. Ni sé si a otros les queda claro cómo va la cosa hasta el momento, pero a mí me da la impresión de que aquello es un barullo. Tan lo siento así que se me ocurre proponer una prórroga, que organicemos y festejemos hasta dentro de cien años, para prepararnos con calma y que todo salga estupendamente bien.
Esa mala impresión que creo comparten muchos mexicanos no es sólo una impresión, sino una realidad, esto si nos atenemos a las declaraciones ofrecidas por Alonso Lujambio, titular de la Secretaría de Educación Pública, quien acaba de expresar que también aprecia un “desorden” en la coordinación de los festejos.
Faltan menos de dos meses para, en teoría, lanzar los cohetes desde las plazas públicas y no se siente todavía el espíritu festivo en ningún rincón del país. Más allá de que la pomposa efemérides sea injustificada para muchos, lo cierto es que se trata de otra de las acciones sin concierto encabezadas por el gobierno federal. Eso es lo que, en todo caso, preocupa más: si no son capaces de organizar un fiestón loco de bailes, música, luces y oratoria ditirámbica ciertamente hueca, ¿cómo están haciéndole para coordinar los servicios de salud, educación, vivienda, vías de comunicación, cultura y, sobre todo, seguridad pública?
Los cambios frecuentes de timón son la prueba de que el calderonato ha tomado muy a la ligera los festejos. El manejo de la batuta ha recaído en personas que por una razón u otra no le han dado el valor a la celebración de las dos principales fechas del santoral cívico. El desapego llega al extremo de que, como ha observado Lujambio y dieron a conocer los medios, “aún no se ha determinado cuál será el costo final de las celebraciones, que hasta ahora asciende a 2 mil 900 millones de pesos”.
El festejo ha padecido la falta de un comisionado con personalidad, pragmático y con ambiciones estrictamente intelectuales, no políticas. Ha pasado incluso en algunas entidades y en numerosos municipios: con la peregrina idea de ser incluyentes y “cuidadanizar” el festejo a extremos poco viables, se ha dejado de lado la operatividad, el imperativo de sacar los festejos a como dé lugar y con el necesario lucimiento. Además, se tiene en general miedo a incluir personajes históricos y excluir a otros, temor que se desvanecería si lo celebrado fuera la gesta, el acontecimiento, la lucha popular, no héroes muchas veces mentirosamente encaramados en el pedestal de la gloria, tan venerados por unos como deturpados por otros.
En resumen, las fechas están encima y todavía no se sabe con claridad cómo celebrarlas. Por si las moscas, gritemos ¡que (sobre)viva México!

Sobre crónica e historia



Por lo variado, oportuno e inteligente de sus comentarios, mantengo atención permanente al blog del doctor Sergio Antonio Corona Páez, coordinador del archivo histórico Juan Agustín de Espinoza, de la UIA Laguna, y cronista oficial de Torreón. Es, que yo sepa, uno de los pocos espacios de esa índole en el país, lo que permite visualizar casi en “tiempo real” lo que acontece en la ciudad y su consignación en letra. Es otra de las ventajas que da internet, la posibilidad de hacer una crónica casi simultánea a los hechos que la generan.
Hace unos días, el doctor Corona Páez “subió” un artículo donde plantea las diferencias entre crónica e historia. Aunque algunos no alcancen a ver sus diferencias o ni siquiera se hagan la pregunta, crónica e historia se manejan con diferentes presupuestos. Ofrezco un fragmento del enfoque que al asunto da nuestro cronista y a la vez historiador:
En la actualidad, muchas personas se preguntan qué diferencia existe entre la crónica y la historia, es decir, entre un cronista y un historiador. La pregunta no deja de ser interesante, y la respuesta, bastante oportuna.
Al revisar el uso que se le ha atribuido al término desde la antigüedad, veremos que “cronista” era aquella persona que escribía la “crónica biblia” o libro de los sucesos descritos y ordenados cronológicamente, es decir, acordes al momento en que sucedieron, de los más antiguos a los más recientes. Khrónos, uno de los conceptos griegos del tiempo, implicaba continuo cambio y sucesión (a diferencia de “eón”, percepción griega del tiempo indefinido, eterno).
En un primer momento, el término “cronista” era sinónimo de “historiador”, precisamente porque designaba a la persona que registraba los hechos del pasado hasta el presente, de manera ordenada. El factor tiempo-en-sucesión (khrónos) era la variable independiente para registrar y describir los hechos. La “crónica”, el relato de los hechos del pasado hasta el presente, era siempre el registro y la fuente de la historia de las sociedades pretéritas.
En el siglo XIX, el significado del término no había cambiado. “Crónica”, de acuerdo al diccionario de la Real Academia Española, 5ª edición, era la “Historia en que se observa el orden de los tiempos. Chronica”. Según esta misma fuente, el cronista era “el autor de una crónica o el que tiene por oficio escribirla, chronicorum scriptor” (es decir, escritor de las crónicas). Por lo general, y como sucedía desde la Edad Media, se trataba del cronista oficial designado para esa tarea.
Con el advenimiento del siglo XX y la aparición de los medios masivos y las telecomunicaciones, surgió una nueva manera de percibir la realidad: la realidad del presente inmediato. Y fue en este momento histórico en que se desarrolla un nuevo oficio: el del cronista de la inmediatez, que corresponde muy bien al del cronista mediático, o sea, la persona que narra sucesos a medida que éstos transcurren. El cronista deportivo es un muy buen ejemplo.
Se trata de la persona que tiene por oficio narrar e interpretar la realidad que estamos mirando (en la TV) u oyendo (en la radio).
Esta nueva profesión se basa en la sincronía como estrategia de lectura de la realidad. La sincronía implica simultaneidad entre el hecho, y la narración del hecho. Sin embargo, estos cronistas deportivos nada tienen que ver con las funciones del cronista oficialmente designado para investigar y escribir la historia del lugar. Antes bien, puesto que la percepción de la realidad se ha vuelto más ágil, el cronista oficial incluye en su “presente” los hechos de relevancia social del momento (recordemos que el cronista ordena y registra los hechos partiendo del pasado hasta el presente).
Un cronista oficial puede trabajar, y de hecho trabaja, con las dos estrategias de abordaje del khrónos: la diacronía y la sincronía. Por el recurso de la diacronía (a través del tiempo) puede dar cuenta de los hechos del pasado (es decir, hacer historia) y por el de la sincronía, narrar e interpretar los hechos del presente, que son socialmente relevantes para su comunidad. Socialmente aquí significa “compartidos por la comunidad” y nada tiene que ver con el término “social” en sentido elitista.
Precisamente estas dos maneras de entrar en relación con el khrónos, la diacronía y la sincronía, constituyen la base del doble nombramiento del cronista oficial, primero como cronista (historiador) y segundo, como notario histórico (intérprete y narrador de calidad del presente). Queda claro pues, que en la función de Cronista Oficial y Notario Histórico, no hay falsas disyuntivas del quehacer profesional.
En este sentido, mientras mayor sea la preparación del cronista como historiador y como comunicólogo profesional, mayor será la calidad con que desempeñe su trabajo. Sería absurdo que un cronista oficial se pusiera a recopilar, individualmente o con un equipo de ayudantes, los recortes del periódico.
Eso sería, en primer lugar, una ingenua duplicidad de funciones. El investigador social que quiere documentar la vida cotidiana de una comunidad en sus diversos aspectos, acude directamente al archivo mediático, es decir, a los archivos de los medios impresos o de los medios audiovisuales, y no a los refritos hechos a partir de las notas periodísticas.
En segundo lugar, la crónica oficial no pretende el registro de todas las actividades de la comunidad sobre una base cotidiana (eso ya lo hacen los medios masivos), sino discernir con inteligencia y consignar cuáles de esas actividades, conductas o fenómenos son y serán verdaderamente significativas para la comunidad.
La crónica debe ser selectiva, pues lo que importa es la calidad, oportunidad y trascendencia de la información que aporte, no la cantidad.

domingo, julio 18, 2010

Madrugada internacional



En italiano: Diciassette morti e una ventina di feriti. Questo il bilancio drammatico dell'ennesimo fine settimana di sangue in Messico. Dove un commando armato ha fatto irruzione in un centro residenziale dove era in corso una festa alla quale partecipavano tutti giovani fra i venti e i trent'anni. Teatro della strage Torreon, capitale dello Stato di Coahuila, una zona a ridosso della frontiera con il Texas. Il bilancio potrebbe aggravarsi, poiché alcuni dei ragazzi feriti, condotto negli ospedali della zona, sarebbero in condizioni molto critiche.
L'attacco è avvenuto all'una e trenta del mattino nel centro Quinta Italia Inn. Il commando, che secondo gli investigatori appartiene con ogni probabilità a un gruppo di narcotrafficanti, è arrivato sul posto a bordo di cinque veicoli e ha subito iniziato a sparare all'impazzata. I sicari avevano armi pesanti —Ar15 e Ak-47, i fucili automatici preferiti dai narcos messicani—…
En portugués: A onda de violência ligada ao crime organizado no México matou pelo menos 57 pessoas neste fim de semana, a maioria no norte do país, entre elas 17 jovens que foram assassinados na madrugada deste domingo em uma festa, segundo relatórios das procuradorias locais.
Os 17 jovens, de 20 e 30 anos, foram alvejados por homens fortemente armados que entraram por volta de 01h30 locais (03h30 de Brasília) em um centro recreativo no subúrbio da cidade de Torreón, estado de Coahuila (norte), onde participavam de uma festa, informou a procuradoria local.
“Temos 17 mortes reportadas” como resultado do ataque ocorrido a uma festa ao ar livre, disse à AFP Fernando Olivas, delegado da procuradoria de Coahuila. Uma fonte da polícia estadual assegurou que o ataque também deixou ao menos uma dezena de feridos. “Um comando fortemente armado chegou e gritou ‘matem todos’ e começou a disparar”, afirmou a fonte da polícia estadual ao citar testemunhos de alguns sobreviventes.
En francés: Le Mexique a connu un nouveau week-end sanglant, avec près de 60 morts, dont six policiers et 17 jeunes gens abattus dans une fête selon les méthodes des tueurs des cartels de la drogue. À ce rythme, l'année 2010 va être celle d'un nouveau record, avec déjà plus de 7 000 décès liés à la «guerre des cartels» entre gangs rivaux ou contre l'armée et la police. Les 9 000 morts de l'ensemble de 2009 représentaient déjà un niveau jamais atteint.
Le bilan approche les 25 000 morts depuis décembre 2006, quand le président conservateur Felipe Calderon, à son arrivée au pouvoir, a érigé la lutte contre les trafiquants en priorité nationale. Depuis, il a déployé 50 000 militaires en renfort de la police, mais le nombre des morts augmente d'année en année.
En Alemán: Im Norden Mexikos hat ein bewaffnetes Kommando eine Party von Jugendlichen überfallen und 18 von ihnen getötet. Über ein Dutzend weitere wurden bei dem Überfall in Torreón am frühen Sonntagmorgen verletzt, wie die Polizei mitteilte. Der Überfall trage die Handschrift der Killerkommandos der Drogenkartelle, hiess es. Die schwer bewaffneten Täter stürmten ein Restaurant am Stadtrand von Torreón und riefen nach Angaben der Polizei “Tötet sie alle”.
En inglés: The assailants arrived at the gathering in the city of Torreon in several cars and opened fire without saying a word, the Coahuila state Attorney General's Office said in statement. At least 18 people were wounded.
Several of the victims were young and some were women, but their identities and ages had not yet been determined.
Y en chino: 中新网7月19日电 据外电报道,当地时间18日凌晨1
点30分左右,墨西哥北部一个生日 聚 会发生 枪击事件,至少造 成17人死亡。 警方说,在托雷翁市,枪手乘坐8辆汽车凌晨抵达一处酒吧,并用自动步枪扫射,口中还高喊“把他们全部杀死”。

Lezama en su centenario



Los dos escritores más extraños que ha producido América Latina nacieron, uno, en 1899, otro, en 1910. Sus patrias fueron Argentina y Cuba, y sus nombres son todavía Jorge Luis Borges y José Lezama Lima. Ambos, más que escritores, son dos inagotables literaturas. La primera representa el clasicismo, el equilibrio, la justa sobriedad; la segunda, el exceso, la exuberancia, el barroquismo más allá de toda contención. Ambos destacaron por dos rasgos: una erudición sin coto y una imaginación que los llevó a crear obras hoy consideradas emblemáticas del siglo XX latinoamericano. Borges, por su estilo más límpido, goza de infinitos lectores, tantos como los que jamás imaginó. Lezama, en cambio, tiene pocos, y uno de ellos es el lagunero Gabriel Castillo, autor del libro Más allá de Paradiso.
A Borges, creo, le convino la tendencia mundial hacia una escritura despojada de ropajes, a la flaubertiana mote juste que hoy apetece hasta el periodismo. En contrapartida, la tendencia hacia el barroquismo no goza en este momento de los mejores escaparates. Pese a ello, la obra de Lezama Lima, debo decir la deslumbrante obra de Lezama Lima, ha podido sobrevivir porque toca un registro imprescindible de nuestras realidades: el barroco. En efecto, la realidad de Nuestra América es esencialmente barroca. Lo fueron estas tierras antes de la llegada de los conquistadores, y lo fue más cuando al barroquismo de los aztecas y de los mayas y de los incas se unió el barroquismo en curso de la cultura europea. El resultado, un mundo complejo, enriquecido de objetos que en tropel ingresan a la sensibilidad y a veces se tornan inextricables, indigestos.
Para hacerle plenamente la digestión a la realidad que nos tocó se necesita un gran estómago, el mismo que tuvo, con metáfora y sin ella, José Lezama Lima, cuyo centenario de nacimiento conmemoramos este año. Lezama fue un voraz abarcador de cuanto tuvo frente a su vista. Sólo dos veces salió de la isla, pero se definía como el “viajero inmóvil”, un estático vagabundo de los libros y los pensamientos que luego, con la peculiar alquimia que él inventó, trasmutaba en imágenes de un espesor poético inverosímil.
Como se trata de un barroco entre los barrocos, sobre todo en la poesía y no menos en el ensayo, muchos lectores reculan ante su obra. No es la suya, para hablar honestamente, una literatura que se deje examinar con distracción. Para ingresar al universo de Lezama es necesaria mucha paciencia y un cierto espíritu de buscador de diamantes. Yo he intentado con poca fortuna descifrar su poesía, siempre me quedo en el puro goce de lo auditivo y lo visual, sin penetrar hasta el agua y la pulpa del coco. Se necesita un poco de paciencia y, si es posible, alguna introducción a Lezama Lima como la que el profesor Castillo Domínguez armó con lente de joyero.
Su libro Más allá de Paradiso aspira a convidarnos del atónito mundo lezamiano. Creo que la invitación es eficaz, y se basa sobre todo en su azorada sinceridad y en la recurrente mostración del talento que examina. De nuevo publicado por la UJED, este es el segundo libro del profesor Castillo Domínguez. El otro, Tomar la palabra, una colección de artículos, también tuve la suerte de presentarlo y ya desde allí el autor me dejó ver su inquietud por indagar qué hay detrás de las palabras y las cosas.
Compuesto por tres apartados o “aproximaciones”, Más allá de Paradiso indaga en las facetas más importantes en la vida de Lezama: la primera, su condición de huérfano temprano, su cercanía a la esfera de la influencia materna y sus primeras acercamientos al “eros cognoscente”, como él gustaba denominar, en su dialecto, al apetito insaciable por saber; la segunda aproximación nos acerca al Lezama en plenitud productiva, su labor editorial, el peso de la revista Orígenes, su contacto con la revolución; la tercera, al foco de su interés: la poesía. Estas tres instantáneas sobre Lezama dan una idea suficiente de su complejidad, de su encanto y de su vigencia.
Lezama Lima es uno de esos pocos autores a los que nunca se acerca nadie por moda. No es el autor de marquesina, el convocador de multitudes que por ello hace sonar sin freno las cajas registradoras. Lezama es un autor casi secreto, un ensayista, narrador y poeta, sobre todo poeta, al que solemos conocer primero con curiosidad, y luego, si su piquete de avispa da en el blanco, lo esculcamos porque en sus páginas no salimos de un deleite cuando ya entramos a otro.
Recuerdo que Benedetti, un escritor de estilo lejanísimo al de Lezama, comentó en un ensayito que alguna vez escuchó al autor de Paradiso en La Habana. El uruguayo dijo luego que no entendió gran cosa de lo que Lezama expuso aquella vez, que tenía un montón de dudas sobre el contenido de la conferencia, pero que de todos modos quedó alelado ante el poderío verbal, matafórico, del cubano que construía frases como quien crea lingotes.
Eso se puede apreciar en todos los rincones de la obra lezamiana, como lo muestra y lo demuestra el estudio de Gabriel Castillo. Sin embargo, soy de la idea de que con el habanero hay que proceder más o menos por esta ruta: novelas, ensayos y, al final, si es que llegamos al final sin ser noqueados, poesía. Hay otro apartado, el de la correspondencia y las entrevistas, no muchas, por cierto, que dejó Lezama (tengo el diálogo postal que mantuvo con José Rodríguez Feo, su amigo y compinche de Orígenes —la cita el profesor Rodríguez— y allí está el centauro Lezama en acción cotidiana, respondiendo cartas como quien engarza piedras en el collar). Así, Más allá de Paradiso es un regalo, un valioso regalo que quiere significar el hecho de que allí, en esa novela monstruo puesta hoy más acá de nuestras emociones, está la almendra de un escritor clave de nuestra América. Este libro es ya, por ello, el mejor homenaje que ha podido recibir en La Laguna un escritor que sobrevivirá a la prisa del reloj y del olvido.
Texto leído en la presentación de Más allá de Paradiso celebrada el 10 de junio de 2010 en el Museo Regional de La Laguna; esta actividad fue organizada por la Dirección Municipal de Cultura de Torreón y el mismo Museo Regional. Presentamos el libro Gerardo Monroy, el autor y yo.

sábado, julio 17, 2010

Carta sobre chatarra



Desde hace algunos meses gozo la deferencia de un lector frecuente radicado en Piedras Negras; es lagunero, se llama Rafael Acosta y además de ser santista, es médico. Ejerce allá, en aquella querida ciudad fronteriza. Es un paisano atento y crítico, un hombre informado y con preocupaciones ecuménicas, pues además de su profesión, gusta de la política y la literatura. Pues bien, el doctor Acosta me escribió el jueves para comentar mi columna de ese día. Trato allí sobre la bomba de tiempo que ya es la obesidad, esto para la salud pública de un país que no necesita más problemas y al que lamentablemente se los sumamos quizá sin darnos cuenta, como sucede con la pésima alimentación que a diario nos infligimos. He pedido autorización al doctor Acosta para reproducir íntegra su carta; en ella veo, de manera fresca y casi coloquial, el problema de la obesidad abordado por alguien que enfrenta a diario, en sus pacientes, este problema. Agradezco el diálogo de mi interlocutor y le cedo la palabra:
“Hoy leí su columna con más atención que de costumbre; la chatarra es un problema cotidiano en mi práctica profesional y todos los días batallo con eso porque la comida chatarra es muy mala para la gente alérgica, particularmente para los niños (sobre todo los colorantes y conservadores).
Desafortunadamente, prohibirla en las escuelas no va a llevar a nada, pues sus raíces son ya estructurales.
Cuando las mamás me preguntan por qué no comen sus niños, les pregunto: ‘¿Cuándo le dijo su mamá que qué quería comer?”, y la respuesta es invariable: nuestras madres nos daban lo que teníamos que comer y punto.
El problema se dio cuando las mamás tuvieron que salir a trabajar, pues ahora llegan a casa sin haber visto a sus pequeños durante todo el día, se sienten culpables (no deberían, pero en fin) y como no tienen ganas de pelearse con ellos les dan lo que les piden; un chiquillo no va a pedir una ensalada o una crema de espinacas, podemos estar seguros.
Un día le pregunté a un niño qué desayunaba y me dijo que ‘10 pesos’; le pedí que me explicara eso y me dijo que era lo que su mamá le daba para que comprara Fritos y refrescos en la escuela.
Con frecuencia tengo que meter en dieta a mis pacientes, y cuando les retiro a los niños la chatarra, colorantes y algunas otras cosas, las madres invariablemente me preguntan: ‘¿Entonces qué le voy a dar de comer?’, a pesar de que les incluyo una lista con lo que pueden alimentarse: verduras, frutas, pollo, pavo, res, carnero, agua, leche y jugos naturales.
El colmo fue una mujer de cuarenta y tantos años a la que le dije que no iba a poder comer pizza por un mes y se soltó llorando a moco tendido frente a mí y se fue como si la vida hubiera perdido sentido para ella al no poder comer pizza.
Son muy raros los pacientes y mamás que aceptan llevar una dieta saludable y sin todas estas comidas industrializadas.
Es un hecho que las enfermedades alérgicas están al alza, y en muy buena parte es por la alimentación.
Tendríamos que reeducarnos y educar a las madres para que eduquen a los niños; la cadena se invirtió (no menciono los intereses económicos, porque es otro boletote).
Ya fue mucho rollo, pero creo que el problema se da porque las madres tuvieron que salir a trabajar y perdieron el control de la alimentación en sus hogares”.

viernes, julio 16, 2010

Nuestro jet de la pradera



Dicho con estilo sentencioso, la mejor forma de conocer una ciudad es recorriéndola a pie o en su sistema de trasporte urbano. En la burbuja del coche, sin el contacto estrecho con la calle, la urbe es otra y se torna inaprensible. Quizá por eso Monsiváis no manejaba. Supongo que para el cronista recién ido la ciudad era un laberinto cuyo sentido sólo podía ser descifrado desde una posición de copiloto o de plano a Pincelín Wearever. Si fue así, le doy la razón: sólo al ritmo de la caminata o desde la ventanilla de un camión se puede sentir el pulso de la ciudad, su color, su forma y hasta la sinuosidad de su alma escurridiza. Por eso soy de los que todavía emprenden el ejercicio espiritual de viajar en camión de vez en cuando, sólo para rehidratar el conocimiento evanescente de la ciudad en la que habito.
La última vez que lo hice, lamentablemente, fue hace como un mes. Los amigos de Unidos por Gómez Palacio me invitaron a una ceremonia en la que le harían propuestas a Jorge Herrera Caldera, en ese momento candidato del PRI a la gubernatura de Durango. El aspirante llegó una hora tarde y tuve que abandonar el salón, pues yo tenía mi ineludible y terapéutica cita con la lucha libre. Era un jueves. Recuerdo que me fui a Gómez en camión. Primero tomé el Jacarandas; luego un “verde” en la Acuña. Aproveché el recorrido para todo lo posible: primero, ir a mi destino; segundo, echarle un ojo a la Alianza, rumbo de la ciudad que ya casi no recorro; tercero, ver cómo andan nuestros camiones luego de las muy cacareadas mejoras.
Básicamente no ha pasado gran cosa. Siento que los camiones de las rutas locales ofrecen en esencia el mismo servicio que siempre han dado, y conste que lo conozco porque nunca he querido desprenderme totalmente del jet de la pradera. Lustros y más lustros han pasado, diálogos y diálogos se han dado entre las autoridades y los transportistas, y el servicio es muy parecido al de siempre. Cierto que las unidades han sido mejoradas, sobre todo en sus cascarones, pero el servicio en general es todavía chafón. Cuando la ciudadanía se queja de la atención deficiente es porque en verdad los camiones son tortuosos.
No idealizo: viajar en jet de la pradera es molesto, más en las larguísimas temporadas de calor, como la que ahora vivimos. Dentro del camión es posible disfrutar de más de cuarenta grados, lo que sumado al brincoteo, a los frenones y a los aceleres repentinos da como resultado que cualquier viaje se convierta en un martirio. Ahora, pues, que acaba de darse un aumento al pasaje (20 centavos a la tarjeta y un peso —que me parece mucho— al efectivo) no estaría mal que recordaran el buen trato que le deben a la ciudadanía.
El chofer, pese a todo, está obligado a ser amable y cuidar la integridad de los usuarios, más si son niños, mujeres y ancianos. Lo que un concesionario declaró ayer a La Opinión merece ser considerado como una posibilidad que cambie en definitiva el proceder de los choferes: “la única forma de que se vea una mejoría real en el trato al pasaje de parte de los operadores, es que los concesionarios dejen de ser arrendadores de unidades y se transformen en patrones, que puedan pagar vacaciones, seguro social y prestaciones a sus operarios”.
De muchas formas se ha buscado que el transporte urbano de Torreón sea por fin justo, eficaz y civilizado. Falta mucho por invertirle, y creo que la prioridad está en las unidades y en los choferes. Mientras alguno de esos dos elementos falle, el servicio será, como hasta ahora, deficiente.

jueves, julio 15, 2010

Urge un Tamalón



Propongo que a la cruzada en pro del adelgazamiento y en contra de la obesidad la bauticemos Tamalón. Así sonará como Teletón, pero será quizá más importante pues la mayor parte de los mexicanos acusa(mos) un notorio sobrepeso, sobre todo la población infantil, más propensa a engordar pues cae fácilmente en las garras de la publicidad, de los padres irresponsables y del antojo, o de todo eso junto, pues ninguno excluye al otro. El problema es literalmente de subido tonelaje, tanto que ya comenzó a manifestarse como depredador de servicios médicos.
¿Qué haría el Tamalón? Pues, fuera de bromas, enfatizar la urgencia de contar con información adecuada sobre nutrición, crear institutos gratuitos de atención a obesos, frenar el consumo de basura en las escuelas y sancionar con mayores impuestos a quienes lucran con el fomento de la gordura. Si el Estado gasta millones de pesos en servicios médicos, justo será que los alimentos fehacientemente dañinos sean gravados con un porcentaje extra y enfaticen con leyendas en sus envolturas que su consumo inadecuado puede favorecer la obesidad, algo así.
Si no ocurre algo pronto, este problema estallará como globo con agua, y perdón por esta metáfora tan cercana a la imagen que solemos hacernos de la gula. En el DF, por ejemplo, el 75.4% de las mujeres mayores de veinte años padece obesidad, y en el país es de 72% (nota de El Universal). La ciudad de México, pues, “está por arriba del promedio nacional en materia de obesidad y sobrepeso, de acuerdo con cifras de la Secretaría de Salud del Distrito Federal que revelan que en los hospitales públicos tres de cada cuatro camas están ocupadas por personas que padecen alguna enfermedad detonada por estos padecimientos”.
No se trata, entonces, de un problema menor, pues la obesidad tiene la particularidad de disparar hacia cualquier parte los padecimientos del cuerpo humano. No es la estética lo que está en crisis, sino la misma supervivencia de los sistemas de salud: “Es necesario iniciar medidas. Quizás en cinco o 10 años el sistema de salud público puede colapsar por la cantidad de enfermos que vamos a tener”, señaló Armando Ahued, secretario de Salud del DF.
Tres de cada cuatro camas ocupadas por un problema vinculado a la obesidad es ya, per se, un foco rojo que debe alertarnos sobre el futuro de grasa y shock que se nos viene encima. Ignoro en qué niveles andan otros países, pero la evidencia visible y transeúnte puede servirnos en México para obtener cifras de alarma. Los niños son muy vulnerables al peligro de la obesidad, tanto que se han incrementado los casos de diabéticos prematuros.
Ya desde marzo, el secretario de Salud, José Ángel Córdova Villalobos. “advirtió que el sistema de salud del país puede colapsar en las próximas dos décadas por los crecientes costos para atender enfermedades relacionadas con la obesidad y el sobrepeso. Datos federales indican que de 2000 a 2008 se elevó 60% la atención de enfermedades relacionadas con dichos padecimientos, al pasar de 26 mil millones de pesos a más de 40 mil millones, lo que equivale a lo invertido en el Seguro Popular durante 2009”.
No hay, por ello, economía que aguante el peso de este problema. Suena un tanto grotesco, pero la mezcolanza de irresponsabilidad, ocio y alimentación inmunda tiene a México en un puño y a punto de que su sistema de salud ya no tenga escapatoria. Sólo un Tamalón bien orquestado, radical en sus propósitos, puede evitar el Apocalipsis con lonjas que se acerca.

miércoles, julio 14, 2010

Te ve miserable



Entre risueño y consternado me eché sin querer casi todo un programa de Laura. Claro que tenía noticias sobre ella, pues ha desfilado por todos los canales y todos los horarios con el mismo formato de “debate”. Mientras le cambiaban el aceite y le ponían una refacción a mi poderoso, Laura me entretuvo con su espectáculo de gritos injuriosos y supuesta solidaridad con el desvalido. Apenas puedo creer que haya gente que vea eso, pero sí: la espectacularización de la desdicha doméstica tiene una clientela enorme y cautiva de voyeurs. Es como entrar impunemente a una vecindad y ver allí los insultos y las desfachateces de padres briagos, hijos drogos, hermanas pirujas, abuelas ojaldres, madres sin alma, tíos abusones, tías abusonas de los tíos abusones, suegros gandallas, cuñados lujuriosos y demás fauna convocada por la nada tierna conductora del programa.
Laura de todos, que así se llama ahora la emisión, sería un show de carcajada si no fuera por la miseria moral que desparrama en cada una de sus salidas al aire. Ya sabemos en lo que consiste: en un escenario con varias sillas y frente a un público acarreado y vociferante, Laura recibe a sus invitados. Se trata siempre de gente a todas luces humilde, sin recursos ni instrucción, dócil a Laura pero brava como un león herido contra sus contrincantes. El chiste es poner frente a frente, con Laura de “mediadora”, a dos familiares en pugna. Lo que vi ayer fue, supongo, más o menos ordinario: una madre que mantiene a su familia con una cantinucha clandestina debe encarar a su hija adolescente, quien reclama la explotación de la que es víctima. Según pude sacar en claro entre toda la verdulera gritería que es el aderezo habitual de Laura de todos, la maldita madre usa a su hija como mesera en el bar, lo que sin duda es una monstruosidad. Por eso mismo, mientras las invitadas “hablaban”, un rótulo exponía el eje del asunto: “Mi madre es un monstruo”. En todos los casos, la conductora funge como atizadora de los enconos, no como mediadora. Parte del contrato seguramente indica que los invitados deben aguantar candela de Laura, pues la “periodista” peruana a cada afirmación los y las interrumpe con un alarido que quiere parecer trágico pero cae inevitablemente en lo chusco. En ningún momento se busca el diálogo, la conciliación, el auxilio moral a todas las partes en conflicto. Nada de eso. Lo fundamental es resaltar con bobo maniqueísmo que un miembro de la familia es un hijo de su Pink Floyd y el otro un ser más tierno e inofensivo que Hello Kitty.
Un rasgo que llama la atención es la falta absoluta de contexto; en los debates no hay una sola mención a las condiciones de empleo, de salud, de educación, de vivienda en las que operan quienes asisten al programa. A Laura no le interesa que la realidad socioeconómica del país esté hecha mierda, sino la excrecencia de esa realidad: los pobres que por unos warholianos minutos de “fama” o tal vez por dinero (sé que afirmar esto con duda me expone al escarnio, pero no puedo asegurar que los participantes vayan por dinero) se animan a sacar trapitos al sol que parecen una versión a escala y chirinolera de conflicto poselectoral.
Laura de todos está, por lo visto, más allá de lo peor que puede difundir la televisión. Su afán de mostrar llagas sin denunciar jamás a quién manipula el látigo es una forma de la burla cuya mayor malicia consiste en simularse justiciera. O sea, el lobo hablado de colmillos.

domingo, julio 11, 2010

Evaluación relámpago



Hoy termina el atracón futbolero de Sudáfrica y deseo cerrarlo con un resumen por equipos. De antemano sostengo que fue pobre la calidad del futbol mostrado por todos los equipos. A lo mucho vi chispazos, nada para deslumbrar. A mi juicio, no hubo ni un equipo ni un jugador que dejaran boquiabiertos. Además, siempre sentí que las canchas no eran buenas y que el maldito balón fue una calamidad. Procedo por grupos. Al final doy una calificación que va del 1 al 10 de acuerdo a lo que yo esperaba de cada equipo.
Francia: jugó futbol basura. Tan mal se vio que todo el futbol francés quedó en crisis. Algunos creyeron que sufrieron el castigo divino del caso Henry. No es para tanto, claro, pero su situación nos demostró que no es recomendable pasar al mundial entre tanta polémica. Fue un ridículo absoluto; (3). Sudáfrica: seamos generosos: los anfitriones eran sólo corazón. Dije en su momento que, pese a la dirección técnica de Perreira, los sudafricanos tenían rango futbolístico de jamaiquinos. Era ingenuo soñar que hicieran algo más allá de la primera ronda; (7). Uruguay: una sorpresa y algo. Muy buena defensa y una descolgada incómoda con Forlán y Suárez. Da gusto saber que los charrúas han vuelto. Ojalá les dure el vuelo y tengan convicción para no ser llamarada de petate luego de un ayuno larguísimo de éxitos. El cuarto lugar es para ellos la copa del mundo. Insisto: da gusto; (9). México: salvo el papelazo contra Uruguay, lo vi bien todo el tiempo. Bien a secas, en nuestro modesto nivel. El error más grave que cometieron estuvo en no ganar su primer juego. De doce disputados, ganaron cuatro puntos, pero creo que en la cancha no se vieron tan mal. Recibieron el peor estacazo arbitral del campeonato. No tanto por la jugada, sino por la repetición. Si a la mala suerte se le añade el humilde futbol que tenemos, no se puede aspirar a más. Somos un equipo con convicción de octavos; (7).
Argentina: un equipo que se infló más de lo debido. Jugó muy motivado, pero jamás pudo lucir el futbol que mantuvo en estado latente. Le depositaron una carga insoportable a Messi. Ahora los argentinos y el mundo saben lo que hemos dicho muchos desde hace cinco años: el 10 actual no es el 10 del 86. Asombrosamente, jugaron su mejor partido cuando cayeron en la tragedia contra los alemanes; (8). Nigeria: como todos los africanos, veloces y fuertes, pero todavía cándidos en el trato del balón. Sólo los vi contra los argentinos; un equipo olvidable; (7). Grecia: jugadores con buena pinta, grandotes y de nombres impronunciables. Estuvieron de paseo en Sudáfrica; (6). Corea del Sur: como todos los orientales, rapidez y entusiasmo, pero pocas esperanzas de futbol sobresaliente. Todo lo que obtienen, que es poco, nace de las ganas; (8).
Estados Unidos: tal vez sea uno de los pocos equipos con el mismo futbol desde hace veinte años. A falta de talento mayor, basan su desempeño en el orden y la velocidad. Juegan siempre al contragolpe y logran sus propósitos. Pese a sus limitaciones, su futbol y sus jugadores no cesan de luchar. Donovan fue otra vez su estrella; (8). Inglaterra: como Argentina, el mejor juego que dieron lo perdieron por goleada. Les birlaron un gol que es una vergüenza histórica. Tengo más de treinta años viendo futbol y nunca he visto un equipo inglés que me subyugue. Uno de los más grandes inflados y falsos favoritos; (6). Argelia: los vi sólo una vez y recuerdo que no jugaban tan mal. Son velocísimos, pero eso no suele dar para mucho; (7). Eslovenia: Sólo puede verlos en repeticiones. Creo que todavía son un enigma; (7).
Alemania: tal vez uno de los mejores entre la mediocridad generalizada. Sólo se vieron mal ante España. De todos modos, no es la Alemania de otros años, aunque conservan la fuerza y el ímpetu ganador; (8). Australia: otro equipo enigmático. Recuerdo que los acuchilló el Chiquidrácula mexicano con una expulsión injusta. De todas formas, es un futbol limitado, sin esperanzas de pasar siquiera a octavos; (7). Ghana: el mejor africano. Tenían en la bolsa el pase a semifinales y se quedaron colgados en un penal. Rápidos, férreos, incisivos. Fue el equipo africano que jugó al tope que hasta ahora pueden alcanzar los africanos; (8). Serbia: no los vi por culpa del Sky. Su mayor logro fue ganarle a Alemania. Nomás por eso valió su vuelta al mundial; (7).
Holanda: tampoco es la Holanda técnica de otros años, pero ahora juega con mucha fuerza y decisión. Es un equipo que empuja, que no cede, como lo demostró al eliminar a Brasil. Hoy puede ganar el campeonato; es un volado, un juego parejísimo; (9). Japón: nunca lo vi, pero sé que no jugó tan mal. Tal vez fue el mejor representante del oriente; (8). Dinamarca: no vi nada de ellos, ni una repetición. Los echaron pronto, así que no me perdí de nada; (7). Camerún: una decepción africana. Hicieron el esfuerzo, pero se quedaron en la primera ronda con todo y Eto’o; (6).
Paraguay: de los equipos menos vistosos y más eficaces. Juegan con disciplina y una idea clara de lo que pueden hacer. No se emocionan de más, son prácticos y cumplen. La mayor emoción que provocaron fue la promesa de Larissa Riquelme. Creo que Cabañas les hizo mucha falta; (9). Eslovaquia: no los vi ni en los resúmenes. De los que pasaron de noche; (7). Nueva Zelandia: otro que pasó de noche. Como si no hubiera ido al mundial; (6). Italia: un desastre. Difícilmente pudimos ver un futbol más soso que el italiano. Intentaron hacer algo a punta de empellones. Me da gusto que se hayan ido a casa desde la primera ronda. Eso los obligará a hacer algo, como a los franceses; (5).
Brasil: estuvo de paseo. Ganaron sin despeinarse lo que se podía ganar así, pero cuando Holanda los presionó ya no supieron qué hacer. Jugaron sobrados, querían ganar con la pura camiseta; (6). Portugal: otra vez, muchas promesas y pocas nueces de parte de los lusitanos. Ronaldo, una marca registrada y nada más; (6). Costa de Marfil: el segundo mejor africano que vi. Nada para apantallar, sin embargo; (7). Corea del Norte: nada, hicieron turismo; (6).
España: de lo mejor, de lo poco que estuvo arriba de su promedio histórico. Un equipo rápido y preciso, además de impetuoso. Iniesta, Xavi y Villa, sus estrellas, no han defraudado. Juegan mejor de lo que yo pensaba; (9). Chile: dio un estirón y jugó con vergüenza. De los latinoamericanos que ofrecieron resistencia. Si cuidan a Bielsa, seguirán bien. No tiene grandes nombres, pero su orden los saca adelante; (8). Suiza: tal vez sólo estén esperando que la selección española sea campeona. Si es así, ellos serán los únicos que podrán presumir una victoria sobre la Furia. El futbol suizo se mostró como lo que ha sido: gris; (7). Honduras: mucho escándalo en Concacaf, pero nada en el mundial. Fueron al mundial sólo porque su zona eliminatoria lo permite; (6).
Hasta aquí llego. Adiós al mundial y a la sobredosis de futbol. Gracias a quienes me han escrito por los cuentitos. Luego los reciclo en libro.

sábado, julio 10, 2010

Sesiones de calentamiento



Los tiempos han cambiado para todo, eso lo sabe cualquiera. Y vaya que han cambiado para despertar a la calentura. Antes nos íbamos más lento. Como que era difícil conseguir información, por así llamarla. Nomás con eso digo todo. Hoy cualquier chamaco más o menos inquieto le sabe al internet y allí se topa, quiera o no, con imágenes muy estimulantes. De todo. Lo bajito y lo subido. De todo. Antes no era así. Para conseguir una revista, una película, batallábamos horrores. Era un reto sobre todo para los adolescentes. Tan castigada estaba la cosa que jamás olvidaré los naipes que alguna vez compré a escondidas. Las cartas mostraban chicas en cueros y no las figuras del rey o del caballero de espadas. No sé cuánto tiempo duré con ellas ni cuántas sesiones clandestinas les consagré. Creo que las hice pedacitos y las tiré como a los veinte, ya adulto. Nomás con eso digo todo.
La anécdota con la que puedo ilustrar mejor esa necesidad de material gráfico le ocurrió a la selección de mi secundaria en un juego de campeonato intermunicipal. Yo era medio en aquel equipo y luego de un torneo interno organizado entre las escuelas de la ciudad ganamos la posibilidad de jugar contra la secundaria ganadora de Durango. Fue hace como 25 años. Recuerdo que nuestros padres organizaron hamburguesadas y pollocoas para juntar recursos y al final lograron, luego de un tremendo esfuerzo, conseguir el dinero suficiente para el viaje en un camión de lujo, hotel, comidas y casaca nueva. Nosotros nos sentíamos en un sueño, éramos como profesionales a punto de encarar un partido decisivo. Tanto nos motivó que durante dos semanas entrenamos todos los días de cuatro a siete.
Al fin viajamos a Durango un sábado por la mañana. El juego sería el domingo al mediodía, pero el profe Osuna, maestro de educación física en la secundaria, consideró que necesitábamos al menos un día para “aclimatarnos” a la ciudad ajena y llevarnos a pasear con el objetivo de que nos relajáramos. Así lo hicimos. Luego de instalarnos en el hotel Casablanca nos llevó al parque Guadiana y allí nos sentimos como profesionales que turistean un poco durante una copa mundial. Ese sábado cenamos temprano y el profe nos mandó a dormir. Estábamos distribuidos de cuatro jugadores por habitación.
El domingo no nos fue nada bien. Perdimos 5 a 0 y no metimos ni las manos. Todos anduvimos como nerviosos, erráticos, débiles. El regreso fue triste y silencioso. Todos sabíamos por qué perdimos así, menos el profe Osuna. El sábado en la noche, luego de cenar, abrí mi maleta y a mis tres compañeros de cuarto les mostré el cargamento de revistas confiscado a un tío que salió de viaje. Les dije que poco antes fui a su casa y me quedé solo. Al husmear en sus roperos descubrí un tesoro de publicaciones. Eran tantas que decomisé ocho. No lo notaría. Luego, cuando no supe dónde ocultarlas, decidí cargar con las revistas a Durango. Apenas las mostré, se corrió la voz de cuarto en cuarto y me quedé sólo con un ejemplar salvado perrunamente por mis compañeros de habitación. Creo que en las otras habitaciones nadie durmió durante toda la madrugada del domingo. El equipo llegó al choque tan disminuido, tan alterado, tan torpe, que perdió 5 a 0.
Éramos adolescentes y no teníamos mucho material para estimular la fantasía. Resultaba pues lógico que mis revistas acabaran con la concentración. Caray, lo que hacían unas cuantas fotos en aquellos complicados tiempos.

viernes, julio 09, 2010

Willy desde dentro



Cómo explicarlo. Odio a Salvador Izquierdo porque yo debí ocupar su sitio, es decir, yo debí ser el goleador de nuestro equipo. Él no lo sabe. Quiero decir, no sabe que lo odio. Es más: no sabe ni que sigo existiendo. Si acaso le preguntan, he de ser para él un recuerdo borroso, la vaga presencia de un amigo anulado por el tiempo y la derrota. Pero yo debí ocupar su sitio. No otro: su sitio en el equipo, exactamente ése. ¿Y qué pasó? Pues nada, lo que pasa muchas veces: que el destino, ese puto destino que nos toca a tantos, le dio a él la suerte y a mí nada, ya ni siquiera un rostro para ganarme la vida, pues trabajo como botarga en Espectáculos y Promociones S.A., empresa que me contrata para espectáculos y promociones de todo tipo, como el futbol profesional cada quince días. Salvador, en cambio, es el ariete del equipo, un profesional tan exitoso que ya cotiza en millones desde hace cuatro temporadas.
Todo comenzó en la colonia Santa Rosa de Gómez Palacio. De allí somos los dos. Ambos estudiamos la primaria en la López Mateos, y desde aquellos tiempos se veía quién era el bueno para el fut. Ninguno de los dos salió decente para estudiar, es cierto. Los dos éramos unos burrazos. Nos identificamos por eso y porque vivíamos en la misma calle y porque desde los siete años nos atrapó el futbol. Digo nos atrapó y no es una exageración. Nos atrapó. Ni en la escuela estábamos en paz. No nos entraba nada de lo que enseñaban, ni la pendeja tabla del uno, porque todo el cochino día teníamos la cabeza puesta en el balón. No miento si digo que pasábamos las tardes enteras en el callejón vacío. Allí se juntaba toda la bola para jugar de tres de la tarde a once de la noche. Ahora que ya soy grande y el calor me jode metido en esta esponja, no tengo explicación para aquellas jornadas eternas de futbol bajo la lumbre. Como que el sol no nos hacía nada o como que la pasión de cascarear era más grande que cualquier incomodidad. No olvido que en las vacaciones largas comenzábamos al mediodía y a veces terminábamos a las dos de la madrugada sólo porque nos mandaba callar el vecindario. Qué enfermedad, qué tiempos.
Allí, en esas picas sin fin demostré quién era yo. Simplemente, y no me apena decirlo ahora que soy nadie, fui el mejor del barrio. Mejor que todos, mejor que Chava Izquierdo. Además de los partiditos informales tuvimos un equipo que patrocinó la miscelánea Beto. En todos los encuentros demostré toque, habilidad, fuerza, inteligencia, liderazgo, cañón, güevos, olfato anotador. No me echo flores gratis. Me lo decían todos. “Willy, deberías probarte en las básicas”; “Usted tiene pasta de crack, Willy”; “Willy, su talento está para primera”. ¿Y qué pasó? Pues lo que pasa a veces nomás por tomar un camino en lugar de otro. Así que mírenme aquí, dentro de esta botarga de animación, baile y baile durante el medio tiempo en vez de recibir ovaciones y billetes. Puta madre.
Jugábamos todas las tardes, dije. Y es cierto: jugábamos todos las tardes, era nuestra diversión más grande y, sin saberlo, nuestro mejor entrenamiento. Yo estaba pues como navajita cuando a los trece años seguí el consejo de mi tío Polo: “Vaya a probarse, Willy, no lo eche en saco roto. Usted tiene madera. Hágame caso”. Y le hice caso, pero para sentirme seguro, para no ir solo, para no sé qué, le dije a Chava que me acompañara, que nos probáramos juntos. Y allá fuimos. Llevamos acta de nacimiento, dos fotos tamaño credencial y un permiso de nuestros padres. Nos caló el Banana Ortega, ex jugador profesional y ahora encargado de las básicas. Primero, lo físico: corrimos con cronómetro, hicimos abdominales y sentadillas; luego, lo importante: nos midió en un partido informal con los chavos que ya estaban dentro. No quiero mamar, pero jugué el partido de examen como si fuera una cáscara en el callejón del barrio, es decir, demostré quién era yo, que muchos me la pellizcaban aunque tuvieran mayor tamaño o un poco de más edad. Chava, en cambio, colgó de un hilo. Al final del partido el señor Banana nos llamó a los dos. A mí me dijo de volada: “Te quedas, muchacho”, y a mi amigo casi lo echa: “A ti tal vez te llamaré después, me gusta tu juego, pero…”. No sé de dónde me salieron tanates para defender a mi compañero: “Señor Banana, Chava es muy bueno, no sea malo… una oportunidad, es mi amigo, me entiendo muy bien con él”. El entrenador la pensó un poco, miró hacia las tribunas vacías y cuando nos volvió a ver fue para decirnos “Está bien, se quedan los dos”. Las horas siguientes fueron una fiesta. Chava y yo regresamos al barrio y no faltó que ya nos imagináramos viajando en avión, jugando en la grande, metiéndonos dinero a lo baboso.
Lo que siguió no puedo explicarlo bien. Digamos que pasó esto: Chava sí aguantó los entrenamientos, yo no. Pasados tres o cuatro meses, comencé a faltar. Cuando vi que mi juego desmejoró, traté de arrastrar a mi amigo, convencerlo de que no valía la pena tanta chinga. Me amonestaron: “Una falta más y es suspensión definitiva”. Y pasó, falté una más. Creí que estaban jugando, que cuando yo quisiera me volverían a llamar. Pero ese pedo es cruel, me desbalagué un poco con otros cuates y dejé de ver a Chava, quien sí resistió el trajín. Cuatro años después, todos lo saben, debutó en primera y comenzó a figurar. Yo me convertí poco a poco en lo que soy ahora, en nada. No sé cómo, no sé cuándo pasó lo que me pasó. Lo único que sé es que en este momento viene Chava Izquierdo por el túnel y yo soy una botarga que debe saludarlo sin que él sepa quién le da la mano. Yo era el bueno, se supone. No sé qué pasó.

jueves, julio 08, 2010

Cábala gitana



La superstición debe tener límites. En el futbol es llamada cábala por culpa de los argentinos, y hay tantos casos de credulidad en los superpoderes de un objeto o un acto que sería aburrido enumerarlos. Baste traer tres o cuatro ejemplos: el portero que usó toda su vida profesional una misma camiseta interior que al fin se convirtió en oblea raída; el otro portero que antes de cada partido debía tocar los dos palos del arco y hacer allí un breve rezo; el defensa que comenzó todos sus choques hincado y con las manos anudadas en su espalda; la barba de Maradona en el mundial de Sudáfrica. Digamos que son supersticiones racionales, si se nos permite la paradoja. Lo que no tuvo nombre en este mundo fue la cábala de Horacio Salamanca, mejor conocido como el Gitano, quien jugó una media temporada de la liga mayor con un hámster oculto entre sus ropas.
La historia es increíble, pero ocurrió, fui testigo y uno de los pocos que pudieron ver al pobre animal en el que Salamanca depositó su fe. El comienzo es oscuro, pero más o menos se dio así. Luego de un partido en el que perdimos por goleada, el Gitano Salamanca llegó a su casa y se dio un baño. Estaba viendo tele cuando llegó su prima Sonia; comenzaron a platicar y ella le dijo que su novio le había regalado un hámster, pero que ella no lo quería, pues le daba algo de asco. La prima lo ofreció en custodia y Salamanca no encontró razones para negarse a la adopción. Siempre le habían atraído los animales raros, y un hámster no era precisamente la mascota de las multitudes.
Cuando lo tuvo en sus manos, sintió el extraño peso del animalito: era como tener una pelota de tenis, pero viva. El Gitano recuerda que ese día salió a comprar unos zapatos nuevos de futbol y como no tenía una jaula decidió cargar con el hámster. Allí comenzó la suerte: se sentó, como siempre, en la parte trasera del camión y en un asiento aledaño vio una pequeña bolsa de negro plástico. La tocó un poco, pues sospechó que contenía algo. ¿Basura? No, un fajo de veinte billetes de cien pesos. No había identificación, así que era imposible preguntar por el propietario; de hacerlo, toda la gente iba a ser dueña del dinero. El Gitano bajó del camión y caminó feliz a la zapatería: eran suyos esos dos mil pesos caídos del cielo.
Se probó los zapatos más caros, unos Nike tan lujosos que envidiaría Lionel Messi. Cuando fue a pagarlos, la señorita de la caja le dio una sorpresa: Deportes Delgadillo entregaba gratis la mercancía escogida a cada cliente número mil. Salamanca era el número tres mil desde que comenzó la promoción, así que se llevó los tacos sin pagar un solo cinco. En el camino de regreso pensó en ese par de extraordinarios hechos: el dinero y los Nike, la pura felicidad. Agradeció a dios, se tocó el bolsillo de la sudadera y allí estaba el hámster… el hámster. La conjetura llegó de golpe: era el hámster, el bendito culpable era el hámster. Hizo una prueba para estar seguro. Llegó a casa y perforó con algunos hoyitos la caja de zapatos: allí dejó encerrado al roedor. Luego salió de nuevo, fue a un parque, caminó un buen rato, entró a otra tienda y no pasó nada. Volvió a su casa, sacó al hámster, salió otra vez y cuando apenas había caminado un par de cuadras se topó con Meche, la muchacha que siempre le gustó pero que jamás le hablaba bien. Asombrosamente, Meche lo saludó gustosa y se puso muy conversadora. Más: le aceptó una invitación al cine para el día siguiente. Era el hámster, definitivamente era el hámster.
Desde entonces procuró cargarlo a todas partes, oculto en la sudadera, en el bolsillo de la chaqueta, donde fuera. Cierto que ya no hallaba bolsas con dinero o Meches bien dispuestas a salir, pero no pasaba un rato sin que sucediera algo bueno. Minúsculo, pero bueno, y fue por eso que decidió cargar con el hámster a los partidos. Para ocultarlo tuvo que coser un habitáculo secreto en la camisa de futbol. El aditamento era como una pequeña bolsa de canguro, pero interior, zurcido al envés de la tela. Como el refugio quedaba casi invisible a la altura de sus caderas, se fajaba un poco la blusa y allí, entre el pantaloncillo y la camiseta, colgado un poco hacia fuera, quedaba resguardado el hámster mágico.
El Gitano Salamanca era extremo volador. Su especialidad consistía en enviar centros a la olla, pases puestos a merced de cualquier rematador. Cuando se presentaba la oportunidad, también hacía goles. Su equipo solía mostrar un desempeño regular, pero todo cambió con el hámster sutilmente escondido. Fue algo maravilloso. Su equipo pasó de la mediocridad a ganar cada partido restante de la liga. Así llegó a semifinales, siempre con el Gitano a todo trote, dirigiendo centros y haciendo lindos goles.
En la final, reñida como era previsible, Salamanca anotó un par de tantos y estábamos en el 30 del segundo tiempo cuando vino el golpe artero. Un defensa resentido por el marcador en contra lo vio hacerse del esférico y desbordar a un lateral; cuando el Gitano emprendía la carrera al fondo de la línea, el central se le fue encima con un leñazo a la altura del ombligo. Nuestro extremo cayó y yo fui el primero que llegué en su auxilio. Pero no pasó nada, se levantó, se esculcó algo en la camisa y vi que sacó un animalito exangüe. Luego, muy al final, después de que perdimos 3-2, el alicaído Salamanca me contó la historia de su amuleto, el único amuleto vivo que ha influido con éxito en partidos de futbol.

miércoles, julio 07, 2010

El oficio de Amparán



Son cuatro o cinco los textos sobre literatura lagunera en los que algo he opinado sobre la obra de Francisco José Amparán y muchas las ocasiones en las que he conversado sobre lo mismo con amigos cercanos. Grosso modo, mi parecer en torno al trabajo de Paco Amparán se ha mantenido estable desde hace dos décadas: el autor de Cantos de acción a distancia ha sido uno de los escritores laguneros con mayor oficio y un retratista irónico de nuestra clase media. Cuando me preguntaban sobre él, lo primero que siempre destaqué fue su dedicación, el esmero que tuvo para organizar su vida en función de la lectura, la escritura y la enseñanza, las tres al tope.
Lo conocí en 1982, año en el que comencé a estudiar la carrera de comunicación. Él era maestro de literatura del Iscytac y además coordinaba uno de los talleres abiertos como menú para que cada alumno eligiera uno. La clase de literatura era obligatoria; el taller, no. De todas maneras, los ilusionados alumnos de primer semestre recibimos la información sobre los talleres: podíamos escoger el de tele, el de radio o el de prensa. Como era obvio, de los casi cuarenta alumnos inscritos en aquel primer semestre de la octava generación de comunicólogos iscytaqueros, treinta pidieron espacio en el taller de tele, ocho se fueron al de radio y sólo dos al de prensa. Sólo Adrián Valencia y yo optamos por el espacio donde la meta era trabajar en la hechura de una revista. Y sí, ese taller se encargaba de publicar una especie de revistita llamada El espejo humeante. Allí fue donde traté más a Amparán, pues él, Adrián y yo nos reuníamos una vez a la quincena con el objetivo de armar la publicación, pero el personal era tan escaso y había tan poca prisa que en un año creo que hicimos sólo dos o tres ejemplares.
Sus clases en el Iscytac eran fluidas y profesionales. Recuerdo particularmente dos libros que conocí gracias a él: El laberinto de la soledad y El diosero; supongo que los leímos en alguna materia sobre literatura mexicana. Por aquellos años comencé a crearme el hábito de coleccionar suplementos culturales. Uno de ellos, el de La Opinión que coordinaba Saúl Rosales, publicó una larga entrevista a Paco, quien en ese momento comenzaba a ganar premios literarios y a publicar sus primeros libros. Para muchos fue, creo, el primer referente de lagunero con arrestos para probar suerte en concursos nacionales y ganarlos, como el de cuento organizado por el periódico El Porvenir o el de cuento convocado por el INBA en Puebla. Unos años después ganó el de San Luis Potosí, también de cuento, también del INBA, y otro más en Tijuana. Detrás de los premios venían sus libros. La luna y otros testigos, Las once y sereno, Las noches de Walpurgis y otras ondas, Cantos de acción a distancia, Cuatro crímenes norteños, Otras caras del paraíso, Tríptico gótico, entre otros, son sus producciones más importantes en cuento y novela.
Fue por esos años cuando Amparán dejó de ser maestro volante y se estableció definitivamente en el Tec de Monterrey. A la literatura (de tiempo completo), le añadió la docencia (de tiempo completo) y luego el periodismo de opinión (de tiempo completo). Tenía pues una capacidad insólita para organizar su tiempo y exprimir horas al día. En los años recientes, su fama pública creció en función de sus columnas periodísticas y sus cápsulas radiofónicas, donde hizo evidente el espíritu enciclopédico que siempre tuvo.
La última vez que nos saludamos fue en la misa dedicada a Toño Jáquez. Amparán y Jáquez se conocían desde los tiempos del Talitla (Taller literario de La Laguna) coordinado por José de Jesús Sampedro en las Casas de la Cultura de Torreón y Gómez Palacio. Paco también trabó amistad allí con quienes luego seguirían siendo sus cercanos: Marco Antonio Jiménez, Susana Iduñate y Jorge Rodríguez Pardo, entre los que más recuerdo.
Por diferentes motivos, uno de ellos el ideológico, nunca fuimos amigos, pero siempre nos saludamos con urbanidad en los lugares donde coincidimos. Presenté dos libros junto a él, ambos de Paco Taibo II, y en 2008 lo invité a ofrecer una conferencia sobre Carlos Fuentes cuando en el Icocult me preguntaron qué hacer para homenajear al autor de La región más transparente. Dije delante de todos mis compañeros: “Hay que invitar a Paco Amparán; en La Laguna él es quien conoce mejor a Fuentes”. Y sí, Amparán convocó mucho público e hizo una magnífica exposición.
Cuento dos anécdotas que nunca le platiqué, lamentablemente. Su padre y mi padre trabajaron juntos en la Pasteurizadora Nazas, de Gómez Palacio. Su padre era gerente, mi padre una especie de supervisor. Es parte de la narrativa familiar que bien conservo: mi padre acompañó al señor Amparán a ver su casa afectada por la inundación del 68; estaba ubicada en el Campestre de Gómez, y me cuenta que el desastre era tan grande que por poco se los lleva el agua con todo y el camión en el que recorrían la zona. Un año después, una pipa lechera sufrió un accidente y ambos fueron a ver el problema, pues hubo muertos. Viajaron a Dolores Hidalgo, Guanajuato, en una camioneta Chevrolet Apache 1969, y se hospedaron en el Hotel Cocomacan, que aún existe. Esos dos relatos siempre los vi como un símbolo: que mi padre y el de Paco hayan trabajado en el mismo espacio: una empresa lechera; y que Paco y yo también, en el espacio de la imaginación literaria.
Mi abrazo más solidario a Mirna y Constanza, sus mujeres, y a sus familiares y amigos.