domingo, noviembre 28, 2010

Santo en Montreal



Durante el año que viene cerrando, Miguel Báez Durán, escritor lagunero avecindado en Montreal, Canadá, incrementó notablemente el número de posts para su blog, llamado De torreón al monte. Gracias al internet no he perdido de vista al querido y admirado Miguel y con él mantengo un diálogo si no intenso, sí frecuente y siempre cordial, sobre todo motivado por los textos de si blog y sus andanzas laborales como profesor de español en universidades montrealenses. No miento si digo que el blog de Báez Durán es una de las mejores páginas alimentadas por un lagunero en la inconmensurable red. Miguel ha continuado allí, sobre todo, su trabajo como crítico de cine, uno de los más solventes que se han formado originalmente en nuestras tierras. Como escritor, nunca deja al margen la buena prosa y la acompaña, obvio, de nutrida información y agudos juicios. A continuación comparto una de sus más recientes entregas. Es una crónica amenísima sobre la presencia del Enmascarado de Plata en una pantalla canadiense. Pedí permiso al autor para multiplicarla aquí. Le dije que no resistía la tentación de que algunos laguneros leyeran ese deleitable post. Su título original es “Santo revolucionario”, y dice así:
Para conmemorar el centenario de la Revolución el Cinéma du Parc —que, como ya lo he dicho en otras ocasiones, se halla debajo del edificio en donde vivo— programó algunas películas mexicanas del 18 al 25 de noviembre. Entre ellas, Revolución (2010), serie de cortos estrenada, creo, en la tele mexicana y que ya se puede ver también en YouTube. Fuera de ésta, ninguna otra toca el tema en sí. Hay filmes de Jodorowsky (El Topo, La montaña sagrada), Buñuel (Nazarín, La ilusión viaja en tranvía, El gran calavera), Reygadas (Luz silenciosa) y González Iñárritu (Amores perros). Y ayer a las tres de la tarde una cinta de El Santo: Santo y Blue Demon contra los monstruos (1970) de Gilberto Martínez Solares. Obvio que ésa era para mí la imperdible. Las otras las puedo rentar. Incluso algunas las tengo. Pero, me pregunté, ¿en qué otra ocasión iba a presentarse una de El Santo en algún cine de Montreal?
Bajé a eso de las dos porque la correa (compuesta por eslabones de plástico) de mi reloj se había roto una semana antes. Subiendo por las escaleras de la estación Mont Royal la correa se atoró con algo y uno de los eslabones de plástico dejó de servir. Yo tenía algunos repuestos guardados. Hasta hace poco noté que, en el centro comercial que está abajo, hay una relojería. Llevé el reloj, la correa y los eslabones de repuesto. El relojero me pidió esperar alrededor de veinte minutos porque a su parecer ése sería un trabajo muy, muy difícil. Caminé unos pasos hacia la sección de la comida donde hay algunos incómodos asientos y ahí me puse a leer el libro que acabo de comprar, el del chileno Rivera Letelier que ganó este año el Premio Alfaguara y que tiene en su portada un fotograma de Simón del desierto (1965) de Luis Buñuel. Estaba con un ojo al libro y otro a la entrada del Cinéma du Parc, todavía cerrada. Aproximadamente a las dos y media la gente empezó a merodear el acceso a las salas de cine. Me asaltó la indecisión. O iba a la incipiente fila para garantizar mi lugar en la que entonces imaginé sería la repleta sala donde darían la película de El Santo o regresaba de una vez a la relojería a ver si ya estaba lista la correa de mi reloj. Cuando me levanté ya había al menos unas ocho personas formadas frente a la entrada de vidrio del Cinéma du Parc. Fui con el relojero. Seguía trabajando y murmurando no sé qué cosa en francés. Al cabo de cinco o seis minutos me dijo que pronto estaría lista la correa. Pasaron otros cinco minutos y finalmente me devolvió el reloj con la correa reparada. Me cobró quince dólares alegando que aquello era una ganga. Yo se lo creí y le pagué. Cuando regresé a la entrada del cine la fila había crecido enormemente. Al menos, así me pareció. Caminé hasta el final de la cola, agarré mi lugar y, mientras esperaba, continué con la lectura. Al diez para las tres, empezó a caminar aquella serpiente de seres humanos. El acceso al cine se había abierto. Ya para entonces me olía a que ese gentío no iba precisamente a ver la película de El Santo. No, claro que no. Lo supe después. En realidad iban a ver una compilación de los mejores comerciales del mundo. Cuando por fin llegué a la sala correspondiente sólo había ahí dos o tres personas. Al final, terminamos siendo siete. Estando aún encendidas las luces, entró un hombre algo pasado de peso. Llevaba puestas, además de ropa normal, una playera de la selección nacional con el nombre del Chicharito en el lomo y, claro, una máscara de El Santo. Además cargaba un cinturón de luchador al hombro. Incluso antes de que empezara a hablar dije para mis adentros: “Pinche payasito de la tele”. En un francés con buen acento aunque atolondrada gramática —lo cual delataba su origen mexicano— explicó quién era El Santo. A ratos hablaba como si El Santo fuera él informándonos cuándo hizo su primera película, entre otros datos similares. De repente, se salía del personaje y hablaba del luchador en tercera persona. No pude saberlo con seguridad porque el susodicho nunca se quitó la máscara. Pero creo haber reconocido en su voz a un conductorcete de cuarta que hace un programa de televisión en una cadena multicultural de Montreal, un programa llamado algo así como Foco latino. Quién sabe. La tortura no duró mucho. El Santo apócrifo se calló y dejó la sala. Finalmente pudimos disfrutar del verdadero Santo. Y, claro, en mi caso, reír de lo lindo.

Hoy, Parábola del moribundo en Durango
Hoy a las seis de la tarde presentaré mi novela Parábola del moribundo en las instalaciones del Instituto Municipal de Arte y Cultura de Durango. Esto ocurre en el marco del Festival cultural Ricardo Castro. Me acompañarán con sus palabras los escritores Jesús Alvarado y Everardo Ramírez. Si algún amigo lagunero viaja hoy a Durango, me gustaría verlo por acá.

sábado, noviembre 27, 2010

Carne de altos vuelos



Contra lo que ha dicho un locutor aguafiestas, creo que el sexicalentario con las aeromozas de Mexicana de Aviación será un éxito (¿tendrá que ver algo el éxito con el excito?). Basta ver las microfotos que circulan en la red para augurar la mejor de las ventas a ese documento que tal vez haga escuela en la historia de los pósters para vulka. A ojo de buen chaquetero, se nota que hay calidad en ese producto cocinado un poco al vapor, pero sin duda original no tanto por su flanco mercantil, sino porque reinstala la atención de muchos en el conflicto que libran los trabajadores de la aerolínea, sin duda injusto para ellos.
Con el calentario aprovecharán el vuelo que tomó, como noticia, la paradójica suspensión de vuelos. El antecedente más cercano que puedo encontrar sobre la relación entre conflicto social y mostración de cuerpos está en la lucha del Movimiento de los 400 Pueblos. Como bien sabemos, los indígenas desfilaron muchos años totalmente en pelotas; se presentaban como Huitzilopochtli los trajo al mundo en calles, monumentos y espacios políticos del DF y a punta de streep teases consiguieron pasar a la historia como uno de los grupos más creativos en los anales capitalinos de la movilización popular. Ahora, toda proporción guardada porque las aeromozas, sé que el sexicalentario será bien recibido por la raza sinquihacer de este país. ¿Por qué lo aseguro así, tan categóricamente? Porque creo conocer el imaginario de la perrada mexicana, sobre todo de quienes nacieron en una época, los sesenta-setenta, en la que sólo volaban en avión los muy muy muy platudos, quienes de veras tenían buena cartera. Ahora pasa casi lo mismo: los vuelos en México son caros, pero hay otro factor, acaso más importante que el anterior: gracias a la globalización y al internet se ha desinflado el mito de la aeromoza como sinónimo de mujer superchachonda. Hace tres o cuatro décadas, no lo olvido pues fui adolescente por aquellos años, decir “aeromoza” era casi describir a una mujer bellísima, voluptuosa, aventada, con criterios sexuales cosmopolitas. No sé cuántas películas y revistas de todas las calidades circulaban en el bajo mundo de la hormona hambrienta; las imágenes, unas veces sí y otras también, vinculaban a las modelos (por llamarles de algún modo) con el mundo de las aeronaves. Había de todo; desde las muy light en las que posaban con lencería bien acá, hasta las que mostraban chicas a todo fragor en amalgamas corporales supuestamente realizadas en pleno vuelo. No recuerdo alguna, pero seguramente vi o supe de diez o veinte o treinta películas en las que el mundo de las azafatas era retratado para regocijo de los machos mexicanos babeantes ante la pura insinuación de la palabra “aeromoza”.
Por eso creo que el calentario correrá con buena suerte. De hecho, ya la está teniendo, pues parece que el Playboy región 4 ya explora la posibilidad de contratar los servicios de una o varias de las participantes en el primer experimento. Ante las críticas sobre denigración del oficio, la aeromoza “diciembre” señaló: “Por el contrario, estamos trabajando por una causa que es la de apoyar a nuestros compañeros ante una necesidad luego de habernos quedado sin trabajo desde agosto”. La estrategia no es la más ortodoxa, pero no parece lejana al propósito de recuperar la atención de los mexicanos, pues sabido es que ningún problema sobrevive (menos si es del “aburrido” tema laboral) en el contexto mediático. De hecho, cuando empresas o gobiernos proceden con las patas y saben que detonarán un conflicto que se derramará en el periodismo, confían en que pronto se apague en razón del cansancio público.
Según la información, el calentario ha levantado ampolla y se instaló de golpe en la cima del interés mediático. Tanto así que “Este fin de semana, luego de la presentación oficial (…) tendrán presentaciones por centros de diversión del Distrito Federal, para luego viajar a continuar la promoción y venta en Monterrey, Guadalajara, Acapulco, Querétaro y Pachuca”. Las chicas no son modelos, pero muestran bien su aspecto, digamos, “convencional”. Algunas lucen hasta “llenitas”, pero es innegable que el trabajo general empata bien con otros productos de su tipo. No son fotos de Cartier-Bresson, pero tampoco de la regiomontana a la que le gustaba andar de pelo suelto. O sea, un buen producto para regalar a los cuates en esta navidad. Carne, literalmente hablando, de altos vuelos.

viernes, noviembre 26, 2010

Bifurcaciones según Vique



Gracias al intercambio epistolar con mis amigos lejanos recibo textos por los que me desgarro de envidia. Miguel Báez (Montreal), Laura Nicastro (Buenos Aires), Rogelio Guedea (Dunedin, Nueva Zelanda), Margarita Morales (Valencia) y otros entrañables colegas radicados muy lejos de La Laguna tienen blogs o colaboran en espacios periodísticos y de veras que me mantienen gratamente ocupado con sus párrafos. Uno de esos cuates es Fabián Vique, escritor ya citado alguna vez en este espacio. Vique nació y vive en la municipalidad de Morón, en el llamado Gran Buenos Aires. Colabora una vez a la semana para un periódico de allá y sus artículos son, a mi ver, dechados de ingenio, buena prosa y hondura crítica. Me mandó el más reciente; dice que es un maquinazo, que vale poca cosa, pero así es de modesto aquel cabrón. Lo comparto aquí; su título es “Sobre jardines y senderos que se bifurcan”. Vean nada más qué maravilla, tanto que ya me convenció de retomar el Facebook que nomás usé un mes y me aburrió:
La era atómica, damas y caballeros, ha llegado a este mundo. Como ya habrán adivinado, no nos referimos a la famosa bomba que después de estallar dos veces en Japón, tuvo en vilo a la humanidad durante décadas como amenaza, como posibilidad, como idea del “botón rojo” que haría papilla todas nuestras ilusiones. Estamos hablando de otra clase de atomización: la de los saberes, de los pareceres y de los enseres de este mundo cambiante, multiplicante y muchas veces delirante.
Mal que les pese a los gerentes de los grandes medios de comunicación, las redes sociales y otros recursos de Internet están reemplazándolos. Se van consolidando nuevos paradigmas de comunicación. Las redes se están instituyendo como las nuevas "academias" fundantes de los nuevos cánones. Existen redes para todo y la tendencia es a la multiplicación y la proliferación. Cada quien puede participar de alguna o de muchas, pero nunca de todas. Hay redes múltiples y grupos para todos los gustos. No hay ser humano que no pueda entrar a una red donde hallar a sus almas gemelas. Hay redes de colectiveros, de amantes de la milanesa, de milanesa de amantes, de revolucionarios de pistola o de café, de fumadores de opio, de libres de humo, de chamuyeros, de vendepatrias, de comechingones, de lo que fuere. Hay una red donde uno puede enterarse de los movimientos de sus pares. Los individuos se van haciendo copartícipes de cada fenómeno. El reguero de pólvora funciona a las mil maravillas. El beatle Paul Mac Cartney estuvo en Buenos Aires, llenó dos estadios de River y no necesitó gastar una libra en publicidad. La noticia empezó a circular sin que hicieran falta legiones de muchachos pegadores de carteles en las callecitas de Buenos Aires. Algo análogo pasó con el concierto del Indio Solari en Tandil. La información circula por canales que manejan manos anónimas. Y la peli recién empieza.

Chocolatines
La vida humana, chocolate por la noticia, es finita. El ser humano es un bicho con fecha de vencimiento y con (cada vez más) obligaciones laborales, familiares, etcétera. El tiempo es oro y en los ratos ¿libres? cada quien se va armando con las nuevas redes su propia vestimenta, su adquisición de bienes que lo hagan sentir como perteneciente a algo. Esta dispersión organiza de manera distinta los saberes, los placeres, los gustos.
Joven argentino, ¿cuántos poetas australianos conoce usted? Yo no conozco a ninguno, y eso que mi gremio es el de las letras. Conozco sí, a muchos poetas de Haedo porque agitan su pluma en las redes en las que soy pescado. ¿Es bueno conocer a muchos poetas de Haedo? Solo el altísimo lo sabrá. Quizá de tanto verso local me pierdo los bardos de Oceanía que quizá estén produciendo la mejor versería de la historia. Quizá no. Quizá, quizá, quizá, dice la canción. No se puede estar en dos lugares al mismo tiempo, pero sí se puede usar la tecnología para acortar las distancias y los tiempos de la realidad.

El mundo es ancho, Peuchelle
Con los nuevos saberes y las nuevas erudiciones van surgiendo nuevas enciclopedias y nuevos cíclopes. Hay mundos paralelos, y todos en la misma dimensión. Hace unos días, oí en la radio a un locutor y a sus oyentes, que habían dejado mensajes grabados en un contestador. Uno de los escuchas le preguntaba sobre "bandas rolingas" de Buenos Aires. Yo me quedé congelado, porque no sabía que hubiera una corriente musical con ese nombre. Pero enseguida mi estado pasó a ser el de una estatua de acero inoxidable: el locutor le dijo que conocía ¡decenas! de bandas rolingas porteñas, y le sugería al oyente que, si tenía tiempo, se sentara, porque iba a enumerar algunas de ellas. Era increíble, el tipo no paraba de nombrar bandas de rock porteñas y bonaerenses de cuya existencia acababa de serme revelada.¿Adónde quiero llegar con esta descripción del caos? A lo siguiente: estamos interconectados pero en millones de redes que no se superponen. Son, como decía unas líneas arriba, mundos paralelos. Lo bueno es que se va haciendo más complicada la posibilidad de una sola voz rectora. Lo malo es que nadie puede estar en todos los mundos y se tiene a sobrevalorar la pescadería en la que cada quien chapotea.

Balderrama y Valderrama
¿Adónde iremos a parar? Parece que las guerras que se vienen son las antimonopólicas. Las mujeres y hombres de a pie de este mundo peleando contra los que quieren concentrar la palabra, los medios de producción, la pelota. No de otra manera se explica el éxito del gobierno argentino en la lucha contra Clarín. No fueron necesarias muchas explicaciones para que los habitantes de este suelo suscribieran a la idea de que los monopolios de cualquier índole son perjudiciales para la salud psíquica. Es más saludables tener opciones. Balderrama, el de la canción, y Valderrama, el Pibe, crack de la selección colombiana de los noventa, convivieron en la era previa a la explosión de Internet. Quienes sabían de la existencia de Balderrama supieron de las gambetas del rubio enganche y apuntaron como una curiosidad la diferencia monolétrica. Hoy me da la sensación de que vamos hacia un planeta donde Valderrama y Balderrama no se va a conocer. Me parece que somos los últimos representantes de un mundo donde los submundos compartían mucho espacio. Imagino un futuro donde el rolinguismo sea una galaxia que tenga tanta información rolinguera que no podrá digerir otros saberes, otros entretenimientos, otras visiones del mundo.

Conclusiones parciales
La conclusión más certera será la de al parecer no hay una sola alternativa en el futuro que la atomización, la dispersión y el crecimiento de las redes que agrupan personas por afinidades, gustos o intereses. Tendremos la posibilidad de saberlo todo, pero nuestras limitaciones físicas y afectivas nos harán encerrarnos en determinados munditos. En ellos encontraremos nuestras dichas y desdichas, seremos infinitamente comunicativos e infinitamente antisociales. Seremos hombres de la caverna con el mundo a nuestra merced. Entraremos a todos los jardines que nos llevarán de pasillo en pasillo hasta llegar a la verdad. Creeremos que nuestra cueva es el universo con la misma energía con la que el cavernícola tenía fe en que su mundo era el mundo. Así saldremos a la calle, con el cuerpo y el conocimiento parcializados. El dos mil veinte nos encontrará libres pero atomizados. O mejor dicho atomizados pero libres. Todo no se puede, casi nada se pierde, todo se transforma segundo a segundo.

jueves, noviembre 25, 2010

De la Máquina y los demás



Esta entrega divagará por los cuatro equipos que quedan vivos en el apertura 2010 y uno que ya fue despachado, el Cruz Azul. Disculparán la frivolidad, pero siempre he considerado que para todo hay tiempo, incluso para echarle un morboso ojo al TVyNovelas en la peluquería. En fin. Primero lo primero: mis cuatro o cinco interlocutores de futbol tienen trece años riendo de este servidor por culpa de mi afición al Cruz Azul. No los cuestiono, más bien les doy la razón y hasta les digo que ya no me duelen sus carcajadas. El sábado pasado reincidieron en cagotearme y esta vez, no miento, volví a sentirme un poco mal, como antaño. Édgar Salinas, por ejemplo, me compartió un chiste que circuló en la red: “¿Por qué los alcohólicos anónimos felicitaron a Cruz Azul? Porque los Cementeros tienen trece años sin levantar una copa”. No pude negarle que es muy bueno, además de verdadero.
El caso es que para los cuarentones/cincuentones que fuimos niños en la cada vez más borrosa era del tricampeonato cementero es una pena ver lo que pasa con el equipo de nuestras niñeces. Años van y vienen y ya nos estamos convirtiendo en los Saraperos de Saltillo del futbol: los “ya merito” (aunque es justo reconocer que los Saraperos por fin se sacudieron la malaria en beis). A Cruz Azul le hace falta un cambio radical de directiva. Creo que Guillermo Álvarez es el presidente de los azules desde el Medievo, así que ya llegó la hora de expropiarle el feudo. Es evidente que allí hace falta un relevo generacional tan profundo como el que han aplicado muchos equipos mexicanos (uno de ellos, acaso el más destacado últimamente, el del Santos, pues los buenos resultados del club lagunero se deben al trabajo de su nueva directiva, un grupo de jóvenes que ha sabido maniobrar a tiempo para que el equipo no decaiga). Cruz Azul demanda eso desde hace lustros: que sean otras personas, jóvenes sobre todo, las que ocupen los cargos directivos y diseñen un plan de choque contra la mediocridad y el arrugamiento a la hora buena.
Y ya que hablé de los nuestros, qué decir; sólo esto: para desplumar a los amarillos es necesario más futbol que el exhibido contra Jaguares el domingo pasado. Sigo creyendo que en la alineación original deben estar Estrada, Ludueña y Peralta (no Quintero). Sabemos que Estrada está fuera por lesión, pero es un hecho que el equipo mejora adelante con el atrabancado pero eficaz campirano lagunero. Cuando Peralta está de inicio se siente un poco más de verticalidad y quedan al margen los arabescos sin veneno del errático Darwin. El caso de Ludueña es ejemplar de lo que yo puedo llamar pereza creativa; jugador de contentillo, es el más dotado de técnica pero no ha querido soltarse, mostrar otra vez que puede comandar el ataque y repartir balones a la Zinedine. Esta es su oportunidad, se le presenta el escenario para borrar una temporada gris y regresar a lo que los aficionados ya le vimos alguna vez: un futbol que nadie más en México tiene en los botines.
El América llega muy emparejado con los laguneros. Confieso que he visto poco al equipo de Televisa y de oídas sé que hoy juega más o menos y mañana mal. Esperemos que ni hoy en la ida ni el domingo en la vuelta salga bien lubricado, que en general se contamine por el raro virus del Vuoso bipolar.
En el otro juego también veo equidad de fuerza, aunque por los hechos es admisible pensar que Monterrey se ha comportado mejor y tiene una leve ventaja. Por sus goles es claro que se trata del equipo con mejor desempeño de conjunto, y que si sale enganchado puede reiterar su campeonato de hace poco. Lo malo, o lo bueno, pues en este caso tuerzo por los Pumas, es la motivación con la que llegan los universitarios. Haber liquidado a Cruz Azul como lo hicieron les ha levantado la autoestima y seguramente están pensando lo obvio: si ya se echaron en un taco al líder de la tabla general, no hay razón para no colocar en la tortilla, también, un cabrito sublíder.
Y ya no pronostico nada, pues para adivinar resultados ando más falible que Quintero frente al arco.
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Nota del editor: la foto que condimenta este post la tomé yo el domingo pasado en el TSM. Usé la Samsung que me regaló mi hermano Luis Rogelio, a quien le agradezco el detalle. Creo que la imagen, por esa espectacular luna llena, no es mala y hasta merece un título: "El portero del destino", esto como paráfrasis y homenaje a "El fílder del destino", el bello y justamente famoso cuadro de don Abel Quezada.

miércoles, noviembre 24, 2010

Torreón, nuevo rango histórico



El cabildo de Torreón sesionó ayer en el Museo Arocena. El escenario no pudo ser mejor para acusar recibo y oficializar el dictamen que acredita a la ciudad como “histórica” y “heroica”. Estuvieron presentes, por supuesto, el alcalde, el secretario del ayuntamiento, los regidores, los síndicos y las personalidades que ayudaron a que Torreón fuera elevada a un rango aún más importante en el contexto de las luchas históricas nacionales. El doctor Sergio Antonio Corona Páez, cronista oficial de Torreón y uno de los principales promotores de la iniciativa, no estuvo presente debido a que convalece de una enfermedad, pero fue justa y enfáticamente mencionado en un acto que tuvo la solemnidad del caso.
Al final de la reunión del cabildo las autoridades y el público caminaron hacia la esquina de Morelos y Cepeda, en la plaza de armas, para develar la placa conmemorativa. Allí está ya, sobria y al alcance de la vista de todos los laguneros, un motivo simbólico que nos debe procurar aliento, que debe incrementar el orgullo por nuestra laguneridad.
Ya el cronista de la ciudad había difundido en su espacio de internet lo que ayer fue enunciado de manera oficial en la ceremonia. Copio lo asentado por el doctor Corona Páez y por la Comisión que determinó el nuevo estatus de Torreón, ciudad número 29 del país con el rango ya oficializado:
“Ayer lunes 8 de noviembre, el Prof. Matías Rodríguez Chihuahua (en su calidad de Secretario de la Comisión Dictaminadora de la Asociación Nacional de Cronistas de Ciudades Mexicanas) y este Cronista Oficial, hicimos entrega al alcalde, Lic. Eduardo Olmos Castro, del documento que acredita que Torreón ha sido designado como ‘Ciudad Histórica’ y ‘Sitio Histórico de Interés Nacional’.
Dice el texto del documento:
‘Lic. Eduardo Olmos Castro. Presidente Municipal. Torreón, Coahuila. Con At’n Dr. Sergio Antonio Corona Páez. Cronista Oficial de la Ciudad de Torreón. En atención a su envío con fecha 19 de julio del presente año, en que hace del conocimiento el acuerdo emitido por el H. Cabildo de Torreón, sobre la declaratoria de Ciudad Heroica, me permito comunicar a usted, que la Comisión nacional de Ciudades Heroicas, en nuestra sesión especial efectuada dentro de los eventos conmemorativos del 142 aniversario de la Población de Tenango del Valle, estado de México, revisó la documentación presentada por el Cronista oficial de Torreón sobre los diferentes acontecimientos suscitados en esa población, y después del análisis respectivo acordamos emitir el siguiente Dictamen:
Por aprobación unánime de esta Comisión, se declara a Torreón como Ciudad Heroica por ser además un importante sitio histórico nacional en el marco de la Revolución Mexicana de 1910’.
Próximamente se realizará una Sesión Solemne de Cabildo, durante la cual se constituirá la Comisión Dictaminadora de Ciudades Heroicas de la Asociación Nacional de Cronistas de Ciudades Mexicanas, y se colocará la placa conmemorativa de tan importante reconocimiento para nuestra población”.
Pues bien, la mencionada sesión de cabildo se celebró ayer en el espléndido Arocena, así que el acto tuvo el marco que merecía. En un momento difícil, frente a una situación definitivamente dura y esperemos pasajera, declarar a Torreón “heroica” e “histórica” por su fortaleza en un pasado nada cómodo es un reconocimiento, creo, muy valioso. Es un buen motivo para estar contentos frente a las muchas malas noticias que se amotinan, nos llegan por todos lados y bajan la moral. También la autoestima cívica requiere acicates. Éste es uno de elevado alcance.

domingo, noviembre 21, 2010

Herrera Caldera: lo prometido



El viernes vi a Jorge Herrera Caldera, gobernador de Durango, en plan prometedor, es decir, en plan de hacer numerosas promesas para el bien de Gómez Palacio. Fue en un desayuno celebrado a las ocho de la mañana en el salón Murano del Hotel Campestre, convivio que sirvió para festejar el quince aniversario de la organización ciudadana Unidos por Gómez Palacio. Calculo que había alrededor de cien personas, todas sentadas en un amplio cuadrilátero armado con mesas arregladas al estilo de las bodas. Café, jugo de naranja, huevo revuelto, frijoles, chicharrón de pella en chile verde y rebanadas de pastel configuraron el menú para esa fría mañana gomezpalatina. Entre los comensales destacaban los diputados Leticia Herrera y Sergio Uribe, la presidenta municipal Rocío Rebollo (a quien extrañamente no le cedieron la palabra) y el ex alcalde José del Rivero, además del doctor Edmundo Mesta, presidente en funciones de Unidos por Gómez Palacio.
Aunque no lo hubieran pensado así, el acto pasó de ser un desayuno celebratorio a uno político. Tanto lo fue que el único discurso importante salió del gobernador, quien de golpe volvió a una especie de campaña electoral extemporánea y comenzó a prometer con grandes énfasis. No puedo negar que a partir de sus palabras vi en la imaginación un Gómez Palacio diferente por lo menos para los ramos del la cultura, la educación y el deporte. Señaló que vienen inversiones fuertes para carreteras, dijo atinadamente que las lluvias recientes hicieron estragos (aquí siempre los hacen) pero olvidó que buena parte del desastre vial gomezpalatino se debe a la pobre actuación de la bicéfala administración pasada.
Porque Unidos por Gómez Palacio ha puesto el acento en propuestas sobre historia, educación y cultura, el gobernador Herrera Caldera espigó tres ofrecimientos que entroncan con tales rubros. Lo cierto es que el rezago de Gómez Palacio es ostensible en todo, que en tres o cuatro años hubo un retroceso que encendió los focos de alarma y tiene en un predicamento a la administración de Rocío Rebollo, quien se ha visto obligada a hacer verdaderas peripecias para arrancar su gobierno en medio de la podredumbre heredada. Con esto quiero decir que las medidas —o las promesas— del gobernador deben apuntar hacia todos los puntos cardinales de la realidad, pues Gómez Palacio fue un botín y está destruido por todos lados.
Si el ejecutivo estatal ha hecho hincapié sólo en tres proyectos, quiero suponer que es porque son los más relacionados con el tipo de demandas caro al grupo Unidos por Gómez Palacio. Enumero lo prometido por el gobernador:
1) Buscar el terreno para construir la Universidad 18 de Marzo. Jorge Herrera Caldera dejó claro que es una urgencia, que Gómez y “la 18” requieren un espacio universitario y para ello lo primero es lo primero: buscar el terreno, negociar su adquisición o, si no hay otro camino, “expropiarlo”.
2) Construir el Parque ecológico La Esperanza. El gobernador declaró al menos cuatro veces que la delincuencia tiene como causa, entre otras, la falta de oportunidades deportivas y culturales y, a la par, la desintegración de la familia. El Parque ecológico La Esperanza, prometió, será un complejo que dará a los gomezpalatinos una zona verde extraordinaria, el primer gran pulmón de la ciudad. En este caso es pertinente señalar que en esta inversión hay recursos del Fondo Metropolitano para La Laguna.
3) Vincular al ICED con Gómez Palacio. Jorge Herrera aseguró que ha dado instrucciones a la responsable estatal de cultura para que trabe una mayor vinculación con la ciudad de Gómez Palacio. Esta es una demanda que viene tomando fuerza desde hace tiempo: que los gomezpalatinos tengan una sede y actividades importantes del ICED en esta ciudad. Por ejemplo, que el Festival Revueltas organice actividades de las llamadas “fuertes” (un concierto de Joaquín Sabina, por ejemplo) en Gómez Palacio y no sólo en la capital de la entidad.
Tuve la suerte de despedirme personalmente del gobernador, de saludarlo un instante. Fue, como tantos en estas situaciones, un apretón de manos rápido, nada de importancia. Aproveché el momentito, sin embargo, para comentarle que el domingo, es decir, hoy, yo iba a publicar sus tres promesas, para recordarlas en el futuro si no son atendidas. Él me respondió que estaba bien, pero que mejor fuera pensando en nuevas peticiones, pues cumplirá y mejor espera más propuestas. Bueno, esperaremos y si son necesarias más ideas, vuelvo desde ya a un deseo de muchos: que los habitantes de Gómez Palacio residentes en el entorno de la colonia Chapala tengan un complejo cultural y otro deportivo. Allí nunca ha habido nada de eso y, si lo tuvieran, a miles de niños les cambiaría la vida. Así de fácil: les cambiaría la vida.

Presentaciones para mañana y pasado
Poder popular. Construcción de ciudadanía y comunidad, de Adolfo Orive y José Luis Torres, será presentado este lunes 22 de noviembre a las seis de la tarde en el Museo de la Revolución, en Torreón. Los presentadores serán Salvador Hernández Vélez, Juan Monreal López y Adolfo Orive. El mismo libro y los mismos presentadores estarán el martes 23 de noviembre en el auditorio Benito Juárez de la presidencia municipal de Gómez Palacio, esto a las once de la mañana.

sábado, noviembre 20, 2010

Inacabable 1910



Una de las ideas más recurrentes sobre la Revolución que oficialmente comenzó un 20 de noviembre de hace un siglo exige por fuerza resultados incontrovertibles y perennes. Así, el quietismo de siempre observa que nada debemos celebrar, pues la situación de los mexicanos hoy es igual o peor, si es posible, que la detonante del movimiento armado contra el gobierno re-re-re-re-reelecto de Porfirio Díaz. Cierto que el panorama actual de México es oscuro, que todo pinta para complicarse más y por eso se ha instalado la impresión de que nada debemos celebrar. Estoy de acuerdo, quizá, en no celebrar; no en no recordar.
Pensar en una Revolución como fenómeno dinámico que luego, por razones de triunfo parcial o total, se inmoviliza y acarrea beneficios inmarcesibles para la población es partir de una premisa errada. Cierto que el discurso oficial que se adueñó del triunfo de la Revolución lo hizo a tal grado que la petrificó, la institucionalizó. La realidad de nuestra sociedad, y de cualquier otra, incluso de las que no experimentan ningún fenómeno revolucionario, es precisamente contraria a cualquier estancamiento: la realidad es movediza, cambiante y vive permanentemente atravesada por contradicciones políticas, sociales y sobre todo económicas. La Revolución no fue una panacea, el Remedio con mayúscula, sino un punto de arranque simbólico para articular las fuerzas de la nación con un sentido popular y no privilegiante, lo que al parecer no se dio pues caímos en una especie de monolitismo mítico: la Revolución, la nueva gran diosa del país, remedió de un sombrerazo, de una sola vez y para siempre, todos los males de los mexicanos. Falso.
Negar, por otra parte, que durante muchos años hubo avances sociales es un disparate. La distribución de todo mejoró, desde la educación a la salud, desde el empleo hasta la productividad. Paradójicamente, uno de los estancamientos más salientes del régimen, hasta la fecha, con todo y la transición simulada de 2000, fue el electoral, la bandera más importante que enarboló Madero y prendió la mecha de la inconformidad. Durante un siglo, con algunos mínimos oasis, las elecciones fueron/son controladas por los grupos dominantes, de suerte que esto ha impedido el desarrollo de nuestra acción política. Soy de los que sospecha, empero, la inevitabilidad del mal necesario y coyuntural de un partido fuerte que terminó por calmar al México alebrestado de 1910 a 1930. Para frenar las asonadas, los golpes bajos, las traiciones y los maximatos que alimentaron la nota roja de aquellos años, era necesario sentar bases firmes. Es verdad que se pasaron de rosca sobre todo en el control corporativo, pero fue, despejado todo idealismo, la única forma de encerrar al tigre que había soltado la lucha armada, como dijo, lacrimoso por la prematura nostalgia, Díaz en la escalerilla del Ipiranga.
Recuerdo y no celebración, entonces, si es que en eso hay un matiz, es lo que en mi caso haré o vengo haciendo en este año de lecturas relacionadas con el tema revolucionario en nuestra espléndida literatura. El descubrimiento de la complejidad que tuvo aquella gesta me ha obligado a mirar héroes de bronce como humanos, a comprender su falibilidad, una falibilidad más marcada en el fragor de los acontecimientos, en el momento en el que las decisiones de ruptura, ataque, alianza, fuga, negociación debían tomarse en caliente, con la pistola del enemigo en la espalda o con la desconfianza del correligionario ante los medias tintas.
Petrificar la Revolución, entenderla como un fenómeno inmóvil, es hacer poco, nulo caso a Heráclito. Si algo se mueve, si algo exige una permanente acción popular y compromiso, es el cambio. No culpemos por nuestro quietismo a quienes dieron los primeros pasos para que este país mejorara. Todavía es tiempo de sumarse a algo, a lo que sea. Las revoluciones, las verdaderas, nunca terminan, por eso debemos recordar (re-cor-dar, verbo que etimológicamente significa “volver a pasar por el corazón”) que la nuestra alguna vez comenzó y que somos sus herederos.

Hoy, conferencia de Carlos Flores Revuelta
Hoy a las 12 del mediodía será ofrecida una conferencia sobre danza y Revolución en el Cinart, en la antigua estación del ferrocarril de Torreón. El expositor será Carlos Flores Revuelta. La entrada es libre. Organizan el Icocult y la Dirección Municipal de Cultura.

viernes, noviembre 19, 2010

Cumpleaños de Unidos por GP



Ya en otro momento comenté el valor del libro colectivo La disputa por la construcción política en América Latina (FCE-Ciesas, 2006). Podemos resumir su eje temático, o uno de sus ejes más visibles, en estos cuatro renglones: “Se trata de una crítica del modelo teórico que separa radicalmente a la sociedad civil de la sociedad política, construyendo una dicotomía simbólica entre una sociedad civil homogénea y virtuosa y un Estado igualmente homogéneo, que encarna todos los vicios de la política concebida como mera lucha por el poder”.
En efecto, la opinión pública tiende a considerar, con el refuerzo obsesivo de los medios también autosupuestos impolutos, que todo deseado y hecho por la sociedad civil es necesariamente benéfico y todo lo que sale del gobierno se caracteriza por su turbiedad. El libro mencionado ayuda a examinar críticamente tal maniqueísmo, a reflexionar sobre el simplismo de categorizaciones que poco ayudan a profundizar en la apretada y barroca y contradictoria trama creada por los intereses de cualquier sociedad en movimiento.
Es verdad pues que tendemos a pensar en las iniciativas ciudadanas como emergidas de la pureza. No siempre es así, pero es incuestionable que son necesarias como contrapeso del poder y, en ciertos casos, como lubricante de acciones postergadas o soslayadas por la autoridad. Un caso notable y cercano de iniciativa ciudadana útil, legítima y generada en un contexto que mucho la demanda es el de la agrupación Unidos por Gómez Palacio que cumple quince años de funcionamiento y hoy tendrá una segunda reunión con Jorge Herrera Caldera, ahora en su calidad de gobernador de Durango, no de candidato.
Tengo la certeza de que son nobles las aspiraciones de este grupo, de que más allá de las diferencias políticas que tiene cada uno de sus integrantes, lo más relevante para ellos es buscar beneficios en el entorno de una ciudad que exige la participación ciudadana como complemento de la acción gubernamental en unos casos y, en otros, como fuerza moral que señale algunos de los demasiados errores cometidos por la autoridad en este municipio ahora mismo flagelado por un saqueo que devino quiebra.
La organización Unidos por Gómez Palacio fue constituida en octubre de 1995, y su objetivo primordial, desde el principio, fue luchar por Gómez Palacio, impulsar demandas sociales en todos los ámbitos de la vida comunitaria y sobre todo promover iniciativas para la creación y fortalecimiento de las instituciones y programas de arte y cultura y apoyar la consolidación del Instituto 18 de Marzo en el proyecto integral de universidad pública.
Entre sus logros más salientes están la restauración de los murales del antiguo edificio del Instituto 18 de Marzo; el rescate de la finca histórica que fue lugar de reunión de los revolucionarios de 1910, sitio que ahora es el Recinto de la Revolución; la creación de la marcha en honor de los precursores de la Revolución en Gómez Palacio y el otorgamiento de las preseas Santiago Lavín Cuadra para reconocer los méritos de gomezpalatinos distinguidos.
En junio de este año, los integrantes de Unidos por Gómez Palacio hicieron una serie de propuestas a los candidatos a la gubernatura del estado. Entre otras, crear el archivo municipal para rescatar la memoria histórica oficial con un recinto digno, apropiado y funcional; establecer un museo de sitio en la esquina de la Morelos y Patoni, donde estuvo la presidencia municipal y la cárcel, lugar que fue tomado en la madrugada del 20 de noviembre de 1910, en el inicio exacto de la contienda bélica; exigir que el Festival Cultural Revueltas sea de carácter verdaderamente estatal, no sólo capitalino; demandar que se dé mantenimiento a la Casa de la Cultura y a los teatros Alberto M. Alvarado y Dolores del Río. Son más, claro, las propuestas, todas con la mirada fija en el bien de Gómez Palacio. Felicidades a Unidos. Ojalá que sus demandas sean oídas pues el hoy desgarrado Gómez clama por progreso.

Moscoso y el teatro en la Revolución
Gerardo Moscoso disertará hoy a las seis de la tarde sobre “El teatro y la Revolución”; la sede será el Teatro Salvador Novo, en la antigua estación del ferrocarril en Torreón. Organizan la Dirección Municipal de Cultura y el Icocult. La entrada es libre.

jueves, noviembre 18, 2010

Obra incivil



Una de las instrucciones para vivir en México, como diría Jorge Ibargüengoitia, es aguantar sin hacer gestos la obra civil construida con las pezuñas. Y no se necesita ser ingeniero para notar que las construcciones siempre son una calamidad, obras edificadas para satisfacer a medias las necesidades de la población. En ellas está invertido no sólo el dinero del pueblo, sino la corrupción entre autoridades y constructores con pocos o nulos escrúpulos, un círculo a veces perfecto, a veces no tanto, que deriva en pingües cantidades de dinero mal habido para contento de unos pocos.
Doy dos ejemplos que viví recién, apenas el fin de semana, y luego paso a reflexionar los desaguisados del acueducto y el megatanque. El sábado fui al estadio y otra vez se me ocurrió tomar el camino del periférico. Hace tres o cuatro o cinco años me resigné a pensar que esa ruta no tendría jamás remedio. Nació mal, creció mal y seguirá mal hasta que nos llegue la hora del Juicio. No me considero un Emerson Fittipaldi para manejar, pero tampoco soy una tierna viejecilla de las que conducen su Altima sin importar que otros se maten; soy, digamos, un conductor estándar, atento a los señalamientos y respetuoso de la lógica que se requiere para conducir. Pues bien, en el periférico manejo como quinceañera en coche-escuela, cerquita del volante, con el fundillo en la mano, temeroso de que en cualquier momento me apachurre un Kenworth y me convierta en pizza de pepperoni con sanguaza. No exagero. Ese tramo nunca ha dejado de ser peligroso tanto por su pecado original como por las eternas obras que abren y cierran desviaciones imprevisibles cada dos o tres horas. Es, per sæcula, una obra civil disfuncional desde su nacimiento.
Otro caso: hay zonas de la ciudad caracterizadas por su atmósfera pestífera. El martes pasado pasé por una de ellas. No sé qué colonia es, pero digamos, para ubicarla, que está situada exactamente al lado del famoso nudo mixteco, detrás del Parque España. No se trata de un espacio residencial, digamos, proletario, sino de un sitio con casotas de las que humillan desde la fachada. Allí hay plata, es evidente, pero de todos modos noté dos realidades vinculadas con la obra civil circundante: las carreteras lucen abominables bolas y reparaciones torpes, y todo allí huele a lo que huelen las axilas del demonio. Jijo de su Pink Floyd, qué aroma a miércoles se disfruta por ese rumbo, casi como si uno respirara a flor de cárcamo. De veras, para desmayarse. Pensé lo obvio: si así es atendida la fresez, qué se puede esperar la población que de veras vive en ámbitos marginales.
Por eso los casos del acueducto de Lerdo y del megatanque de Gómez Palacio ya no me hacen ni cosquillas. Como en otras tantas obras, sus desastres se relacionan con corrupción, con incuria, con falta de respeto por la población y hasta con delincuencia, pues como bien lo señaló Marcela Moreno en su columna de ayer, no hay culpables en ninguno de los dos casos, lo que es gravísimo pues en el acueducto lerdense hubo muertos y lesionados. Al ver la foto del megatanque El Fénix es imposible no sentir escalofrío: con mucho menos de la capacidad total de agua supuestamente tolerada por el garrafón metálico, esa obra maestra de ingeniería chúntara y sideápica se desfondó y dejó caer, desde veinte metros de altura, mil metros cúbicos de agua que no mataron a alguien sólo porque dios a veces sí se apiada.
En suma, las pérdidas humanas y materiales y la incomodidad cuando las obras sí “funcionan”, son fruto de nuestra irresponsable obra pública. No es por nada, pero cuando en alguna parte veo caterpillares en acción elevo una plegaria y ya, por sistema, espero lo peor, nunca lo contrario.

Hoy, conferencia sobre cine y Revolución
“Reels, rifles y rifles: figuraciones revolucionarias en el cine” es el título de la conferencia que ofrecerá hoy Valdemar Ayala en el Taller de grabado El Chanate (Matamoros 539 oriente, Torreón). La cita es a las 6 de la tarde. La entrada es libre. Organizan la Dirección Municipal de Cultura de Torreón y el Icocult.

miércoles, noviembre 17, 2010

Invitación: 50 años de Pelusa



El próximo lunes 22 de noviembre a las 18:00 horas en el Taller de grabado El Chanate ubicado en Matamoros 539 oriente se llevará a cabo la mesa “50 años de Pelusa, homenaje a Diego Maradona”, con la participación de Miguel Canseco, Julián Parra Ibarra y Jaime Muñoz Vargas. Esta actividad se celebra porque el pasado 30 de octubre se cumplió el aniversario cincuenta del nacimiento de Diego Armando Maradona, considerado por muchos el mejor jugador de futbol de la historia.
El ex futbolista argentino nació el 30 de octubre de 1960 en Lanús, partido de Buenos Aires. Desde niño destacó por su destreza con el balón y a muy corta edad fue incorporado a un equipo de primera división. Debutó a los 16 años en el club Argentinos Juniors. Luego pasó por Boca Juniors, Barcelona, Nápoles, Sevilla, Newell’s Old Boys y se retiró con Boca Juniors en 1997. En su carrera anotó más de 300 goles, además de deslumbrar con sus gambetas y sus pases.
También jugó con la selección de Argentina. Fue campeón sub-20 en el mundial celebrado en Tokio y campeón en 1986 en la copa mundial celebrada en México. Además, fue entrenador de tres equipos: el Deportivo Mandiyú, el Racing y la selección de su país.
Polémico, antisolemne, irritante, políticamente incorrecto, Maradona es considerado por millones de aficionados, pese a todo, el mejor futbolista de toda la historia, mérito que ha provocado un debate mundial con quienes sostienen que el mejor ha sido Pelé.
Maradona, apodado Pelusa desde niño, se convirtió definitivamente en icono de la cultura popular no sólo argentina cuando en el 86 encabezó al equipo que triunfó sobre Inglaterra en el estadio Azteca. En aquella ocasión anotó los dos goles de la victoria, el primero sutil y traviesamente con la mano, y el segundo en una jugada catalogada por muchos como la mejor en la historia de los mundiales.
En cuanto a los participantes en la mesa, Miguel Canseco (México, DF, 1975) estudió grabado en Artegrafías Limitadas y Litografía en la Academia de San Carlos. Ha presentado exposiciones individuales en México, DF, Guadalajara, Canadá y Costa Rica. De manera colectiva ha expuesto en Corea, Japón, Italia, Finlandia y Quebec. Es director del Taller de Grabado El Chanate, en Torreón, Coahuila. Ha escrito crónica y critica artística. Estudio la carrera de Psicología en la Universidad Autónoma de la Laguna y actualmente estudia la obra de Carl Gustav Jung.
Participará en esta mesa Julián Parra Ibarra, periodista gomezpalatino que durante más de treinta años ha trabajado para prensa, radio y televisión. Fue reportero de deportes del periódico La Opinión, además de reportero político en la revista Brecha y editor en el diario AM de León, Guanajuato. Asimismo, ha sido colaborador en televisión para programas del Canal 9 y actualmente trabaja para la organización radiofónica Coahuilteca Medios.
Jaime Muñoz Vargas es escritor, maestro, periodista y editor. Nació en Gómez Palacio en 1964. Entre otros, ha publicado las novelas El principio del terror, Juegos de amor y malquerencia y Parábola del moribundo; los libros de cuentos, El augurio de la lumbre, Las manos del tahúr, Polvo somos, Ojos en la sombra, Monterrosaurio y Leyenda Morgan, entre otros; algunos de sus microrrelatos aparecen en la antología La otra mirada publicada en Palencia, España. Ha ganado los premios nacionales de narrativa joven, de novela Jorge Ibargüengoitia, de cuento de San Luis Potosí, de cuento Gerardo Cornejo y de novela Rafael Ramírez Heredia. Textos suyos han aparecido en publicaciones de México, Argentina y España.

Santos y la medianía



Erré por un lugar. Cuando comenzó la temporada creí que el Santos Laguna podía agenciarse con tranquilidad el primero o segundo lugares de la general. Le atiné parcialmente, pues sin sudar la camiseta, o sudándola a medias, sin despeinarse, se quedó con el tercero. Cuando dije lo que dije apenas iba la primera jornada y luego vino la racha ganadora que a muchos nos hizo abrigar esperanzas todavía más optimistas. Confieso que por un momento pensé que contábamos con una aplanadora, con una especie de armagedón futbolístico indetenible.
Lo cierto es que, línea por línea, o gramo por gramo, como dicen en el box, el equipo de casa sigue dando la impresión de que su verdadero nivel es el de las primeras fechas, no el de las finales y menos el de las intermedias. Por eso digo que sin mucho sufrir consiguió su calificación: la temporada fue mediocrísima para la mayoría de los equipos, casi como si todos vivieran una especie de cruda posmundial y los clubes mejor armados tuvieran la condena de pasar a la liguilla con una mano en la cintura.
Creo que la modesta calidad del futbol visto durante la temporada regular afectó a todos los equipos, incluidos los que entraron al ruedo con demasiados humos. Cruz Azul, Monterrey y Santos, de hecho, fueron los únicos que mostraron un poco más de garra, aunque insisto que muy apenas, pues en ningún caso se vio superioridad notable frente a la muchedumbre de equipos ratoneros que en el Apertura 2010 se cansaron de dar lástima. Ni Toluca, habitual buen contendiente durante años, trabuco acostumbrado a jugar bien aunque todos se desempeñaran para el arrastre, dignificó esta temporada memorable porque hasta el momento nada ha sido memorable.
Santos Laguna ingresó a la campaña con embestidas letales, goleando sin apiadarse del rival. Pronto se dio cuenta, creo, de que al jugar así, impetuosamente, hacía un gasto innecesario, pues a medio gas se podía sacar la calificación en los primeros sitios. No justifico, sólo explico lo que a mi ver pasó. El grado de exigencia fue espantosamente bajo, tanto que, valga el símil, fue como la escuela oficial para un niño de aprendizaje fácil: que en unos cuantos días se da cuenta de que está rodeado de mediocridad y entonces obtiene buenas notas rascándose el ombligo, entre bostezos.
Así el Santos Laguna. Para la cuarta jornada advirtió, sin remedio, que su equipazo estaba sobrado, y que si seguía jugando como en el arranque corría el peligro de calificar en la sexta fecha y caer después, durante media temporada, en un sosiego paralizante. Por eso se relajó, entró en una especie de abuso de su confianza y despachó algunos partidos (digamos que de las jornadas intermedias) con la cabeza puesta en el descanso y no en el juego. Basta revisar lo que pasó en la tabla: ninguno de los tres o cuatro equipos que encabezaron la general estuvieron alguna vez en peligro de no calificar o se vieron en ridículo frente a la caterva de troupés que le dieron grisura a un torneo que afortunadamente ya entró a la fase de definición y promete despertar de su dulce sueño a la afición.
¿Y qué podemos esperar para el Santos en esta fase? Primero, presiento que el azar le ha deparado al menos el cuarto sitio de la competencia, que el sinodal chiapaneco no es obstáculo suficiente, más con la vuelta en territorio lagunero. Si todo sale como se especula, la segunda ronda de la liguilla es la difícil, pues Monterrey parece estar ya instalado en el destino. Allí lo malo es el cierre en el estadio del Tec. Sobre eso no hago pronóstico, pues la cosa me parece en tablas. Lo cierto es que, pase lo que pase, la Apertura 2010 ha sido irremediablemente fofa, una especie de torneo-cascarita, acaso la advertencia de que el fut mexicano debe hacer algo para revivir el entusiasmo exhausto.

Hoy, Julián Herbert en biblioteca
El escritor saltillense Julián Herbert dictará una conferencia titulada “Literatura y Revolución”; la cita es hoy a las ocho de la noche en la biblioteca José García Letona ubicada en la alameda Zaragoza. La entrada es libre. Organizan el Icocult y la Dirección Municipal de Cultura.

domingo, noviembre 14, 2010

El secuestro de la noche



El número 51 de Nomádica ofrece, como acostumbra esta revista, un repertorio muy interesante de textos y de espectaculares fotos. Destaco los reportajes sobre la presa El Tigre y sobre la basura en Torreón. También, varios artículos ineludibles: uno de la investigadora Celia López González sobre la fauna extinta de Durango; otro de Paco Valdés Perezgasga sobre árboles y bosques, y uno más de Leticia González sobre la historia de las investigaciones antropológicas, además de otras muchas colaboraciones. Yo aparezco en esa lista con el breve apunte cuyo título encabeza esta columna y aquí dejo caer:
Soy un sedentario insalvable, pero entre septiembre de 2009 y mayo de 2010 tuve la fortuna de caminar por cuatro importantes capitales del mundo: Madrid, Londres, Buenos Aires y el Distrito Federal, en este orden. Recuerdo que una sensación extraña me invadió en cada una de esas ciudades, sobre todo en la primera de la lista: me sentía raro en sus madrugadas. Por el cambio de horario y porque era necesario aprovechar la energía lo más que se pudiera, en los quince días que estuve en Madrid disfruté las horas de vigilia hasta más allá de la medianoche. Al principio percibí la rara inquietud que produce el riesgo cercano: sentí que la noche me exponía a cierto peligro, que el desaguisado me esperaba a la vuelta de cualquier esquina. Poco a poco advertí que si bien el riesgo existía, pues no hay ciudad en el mundo que de noche sea segura al cien por ciento, era difícil que algo malo ocurriera. Al ver el comportamiento de los noctámbulos noté que nadie se metía con nadie, que el peligro era mínimo y, lo más importante, concluí que mi preocupación se debía, obvio, a la inercia: físicamente estaba en Madrid, pero emocionalmente seguía en La Laguna.
Pasada la confusión cronotópica, todo siguió de bajadita, más tranquilo. Las madrugadas son excelentes en cualquier lugar cuando no hay amagos de violencia, así que caminar las calles madrileñas sin el fantasma de la agresión fue una especie de felicidad sin mácula, aunque sabidamente efímera, para este lagunero ciscado, miedoso ya de transitar las noches sin altas cuotas de zozobra.
Luego del recorrido por la Gran Vía y sus alrededores, pasé a Londres un ratito. El primer día recibí el deslumbramiento del Támesis y junto a Quique Sada caminé y caminé y caminé sin considerar que mi pobre saco de Factory apenas podía contrarrestar el frío calador y flemático de England. Las dos madrugadas que allí tuve transcurrieron entre recorridos salvajes a pie y ninguna amenaza de nadie. Más: casi puedo asegurar que no vi una sola patrulla en la oscuridad.
Unos meses después, en mayo, pasé dos semanas seguidas en Buenos Aires. Adrede hice allí el experimento de vagar sus calles durante tres o cuatro noches/madrugadas. En otras tres tuve la ayuda de un vehículo, el de mi amigo Fabián Vique, escritor, quien sin quererlo me regaló tours sobre ruedas por la inmensa noche porteña. Como en los casos de las dos ciudades europeas ya citadas, no idealizo, y menos al referirme a Buenos Aires: sé que los niveles de violencia urbana son de tomarse en cuenta y nadie puede salir confiado a caminar, pues la sorpresa negativa acecha en cualquier recoveco de la urbe. Para mi estupor, nada, absolutamente nada pasó, y eso que Buenos Aires tiene fama de contar con rufianes callejeros de primerísima categoría. Y lo peor, o lo mejor, según se quiera ver: noté poca vigilancia, escasos rondines de patrulleros o policías de a pie.
Para terminar mi periplo, digamos, internacional, caí dos noches en el DF. Si de Baires afirmé lo que afirmé, del DF qué se puede añadir. Todos sabemos de su prestigio como una de las ciudades más peligrosas del planeta, de su capacidad para aplacar al que se le ponga enfrente con cara de perdonavidas. El DF es el DF, como bien lo sabe Perogrullo. Nadie en su sano o insano juicio es tan valiente como para no temerle un poco, pues en su infinito dédalo de concreto puede pasar hasta lo que no. Pese a todo, porque su policía sobreabunda a toda hora o por la razón que sea, las madrugadas están todavía muy pobladas de noctámbulos fiesteros, de vida. Quiero pensar que favorece mucho el hecho de que es la capital política y económica del país, y eso cuenta sobremanera a la hora de asignarle presupuestos para seguridad pública. Aunado a eso, es una realidad que ya no tiene la policía del Negro Arturo Durazo y Francisco Sahagún Baca, que sus cuadros han sido gradualmente adecentados, lo que se nota a la hora de caminar sus noches. Increíblemente, pues, y con las reservas del caso, pude andar el DF sin esa intimidante sensación de horror que por desgracia nos ha invadido como chancro en La Laguna.
Hace diez, hace siete, hace cinco años, el paisaje nocturno de la región lagunera parecía excepcional. Nadie reparaba en el valor de la tranquilidad simplemente porque jamás había sido secuestrada. Hoy, ante el peligro, muchos ciudadanos desean aislar sus colonias con muros o tapones en ciertas calles, lo que sin duda cambiaría el rostro de nuestra urbe sin que esto se traduzca en una paz definitiva. Por desesperación y miedo suelen tomarse caminos que parecen radicales, pero que sólo alargan la agonía. El ideal no debe ser la tranquilidad en una cárcel con apariencia de ciudad; el ideal es la urbe para todos a toda hora, como toda proporción tomada lo viví en los viajes ya brevemente narrados. En eso hay que soñar y hacer algo en consecuencia, no en diseñar burbujas de concreto, escafandras del pavor.

sábado, noviembre 13, 2010

Pancho Villa según Novo



Alguien armará algún día el mapa de La Laguna en la época revolucionaria. No me refiero al mapa tal cual, sino a la idea que los hombres tenían sobre nuestra región. Para hacerlo son necesarios más que nada los documentos, las palabras. Lamentablemente no es abundante, al menos no tanto como sería lo deseable, la cantidad de páginas escritas sobre el entorno que ahora ocupamos. No fueron muchos los hombres de pluma que anduvieron por acá, así que la pintura verbal de esta tierra casi carece de cronistas. Por eso hablo de una reconstrucción, de un rompecabezas. Una página aquí, otra allá (Reyes, Reed, Jamieson, Othón…), todo junto puede ayudar a saber qué aire se respiraba en estas tierras cuando Torreón nacía como ciudad. Entre esas páginas idóneas para conocer el rostro espiritual de nuestra ciudad durante la revolución está el texto de Novo que comenta Saúl Rosales en el artículo “Pancho Villa sedujo a Salvador Novo”. Saúl me ha permitido compartir sus palabras, así que aquí están:
El gran héroe de la Revolución Mexicana Francisco Villa sedujo a muchos escritores de todos los rumbos del mundo —lo sigue haciendo— y entre ellos a Salvador Novo, quien vivió entre los 6 y 12 años de edad en Torreón, Coahuila, escenario de las batallas más importantes que protagonizó el revolucionario popularmente llamado Pancho Villa.
Parece que fue muy honda la huella que dejó en Novo el revolucionario también nombrado con el epíteto de Centauro del Norte. Se puede creer así si recordamos un breve texto que el escritor incluyó en su libro Ensayos, publicado en 1925. Las pocas páginas terminan con un tono elegiaco en honor del guerrillero y revolucionario.
Desde hace muchos años mi fervor villista me hace dar a conocer a los alumnos el texto de Novo y ellos lo digieren gustosos porque a la novedad de ver referidos hechos y lugares familiares, añaden la degustación de la prosa que es ligera y juguetona, luminosa y moteada de anacronismos, antes de llegar al grave tono de la elegía.
El “ensayo” que tiene el título de “¡Ya viene Pancho Pistolas!” lleva como epígrafe los ingenuos versos que, advierte Novo, son de un corrido norteño: Pancho Villa se rindió / en la ciudad de Torreón / ya se cansó de pelear / se va a sembrar algodón; bajo el epígrafe, la pluma de Novo recorre el Torreón prerrevolucionario, el que conoció en su infancia, mismo que miró sacudido por las batallas urbanas.
Salvador Novo, quien vivió en Torreón entre 1910 y 1916, habría contemplado las polvaredas alzadas por los embates de las caballerías revolucionarias o federales, sentido que sus tímpanos le estallaban con las detonaciones, se habría estremecido por los tableteos de ametralladora o por disparos aislados en el silencio de la noche. Le tocó vivir en Torreón las batallas famosas por cruentas y por importantes para la Revolución.
Además, si creemos lo que relata en su ensayo, Novo conoció a Villa. En la parte elegiaca le dice al héroe popular: “Yo tuve, como dice la educación, el honor de conocerte. Supe que te casaste, por el civil y por la Iglesia, con todas las muchachas que te gustaban. Que, como lo manda la Salve, a los ricos los dejaste sin cosa alguna.”
Para concluir, el notable escritor de la literatura mexicana exhorta: “Que los hombres de la Laguna aprendan tu lección de valor y que en las calles de tu amado Torreón, donde fundaste, sin saberlo, un mercado socialista, los ciegos homéricos, tocando la vihuela que te placía, canten en tu memoria el corrido definitivo, norteño, sano y rebelde en que aparezcas con tus cananas entrando en Estados Unidos para comentario de escándalo, o en la toma de Zacatecas […]”
La curiosidad por Francisco Villa en este año del centenario del comienzo de la Revolución Mexicana se puede satisfacer en la biografía escrita por Friedrich Katz; igualmente en la que publicó Paco Ignacio Taibo II; también en las Memorias de Pancho Villa, de Martín Luis Guzmán o en la biografía redactada por Pere Foix.

viernes, noviembre 12, 2010

Quince años de Espacio 4



Espacio 4, periódico catorcenal editado en Saltillo y con presencia en varias ciudades de Coahuila, cumple hoy quince años de circulación. Mando desde ya una cálida felicitación a quienes han hecho posible su presencia, principalmente a Gerardo Hernández, director de la publicación y autor de la columna “Capitolio” que aparece en los diarios La Opinión Milenio (para toda la comarca lagunera) y Zócalo (para Saltillo, Piedras Negras, Acuña y Monclova). Lo, los felicito porque cualquiera sabe que no es fácil aguantar mucho tiempo en estos trotes sobre todo para las publicaciones nacidas en una época en la que el mercado fue invadido de periodismo impreso de los más variopintos pelajes, incluido el de internet.
Debo enfatizar mi felicitación a Gerardo y acompañarlo de un agradecimiento por haberme invitado a colaborar en las páginas de Espacio 4. Creo que tengo cerca de diez años, un poco menos quizá, de haber publicado mi primer texto en sus páginas, por ello puedo apuntar que soy uno de sus más antiguos firmantes. Aunque doy la impresión de estar lejos, percibo mi participación como algo cercano y siento que integro un equipo, que sumo algunas modestas ideas a un espacio que se ofrece plural, abierto, fresco, misceláneo. La política regional es el tema que destaca, pero es evidente que Gerardo y sus próximos han sabido añadir con persistencia otros rubros de interés general. Uno de ellos es el de la cultura, siempre muy bien atendido en sus páginas finales. Otro, el de lo que en el grupo Milenio han denominado “Tendencias”, es decir, información y comentarios sobre asuntos de actualidad con un enfoque tenuemente relajado.
Con 391 números hasta hoy, los artífices de Espacio 4 han asentado otra opción periodística confiable para nuestra entidad. El logro no es pequeño si consideramos que no se trata de una publicación sesgada hacia un solo punto de la geografía política. Como ya dije y es visible al abrir las páginas de cualquier ejemplar, conviven, convivimos muchos colaboradores no necesariamente emparentados en lo ideológico. Puedo decir, por ejemplo, que entre Gerardo y yo hay notables diferencias en la simpatía o antipatía por tal o cual partido, por tal o cual personaje, por tal o cual forma de pensamiento. Lo mismo digo de otros colaboradores: puedo pensar distinto, muy distinto que ellos, de ahí que el hecho de cohabitar sin fricciones y hasta con gusto en un mismo espacio sea uno de los principales logros del fundador y director de la publicación hoy quinceañera.
Un detalle también digno de marcador fosforescente es el poliédrico armazón genérico de Espacio 4. Tal vez me equivoco, pero en la mayoría de sus números ha sabido combinar el reportaje con la crónica, la columna con el artículo, el cuento con el poema, el cartón con la fotografía. No es, por tanto, un hacinamiento de opiniones, sino un tapete donde conviven, cada uno con sus registros, todos los géneros periodísticos y algunos literarios, lo cual no es poco decir en un contexto en el que la mayoría de las publicaciones se casa monótonamente con uno o dos tipos de escritura.
Otro rasgo importante de Espacio 4, entre sus variados logros, es el de sus encartes monográficos. En numerosas quincenas sus lectores hemos recibido por el mismo precio (muy bajo, además) una especie de “pilón” o añadido, eso que en la jerga periodística es habitualmente llamado “encarte”, con algún asunto de actualidad desarrollado desde distintas perspectivas. Recuerdo haber colaborado al menos en tres, aunque me han invitado a más: uno sobre el Santos Laguna, otro sobre un mundial de futbol y el último sobre la realidad de los medios de comunicación.
Sería impertinente mencionar a los muchos colaboradores que han acompañado al lagunero Gerardo Hernández en el camino de tres lustros que hasta hoy ha recorrido Espacio 4, pues con seguridad perpetraría omisiones imperdonables. No lo hago, pues, y reitero mi felicitación a la plenaria. Sólo hago una salvedad y sí menciono a cinco personas que sin duda han sido, junto a Gerardo, baluartes de esta publicación: su esposa, María Auxilio López Romo, y sus hijos Ana Cristina, Gerardo y Ernesto; junto a ellos, no olvido el trabajo invaluable de Jesús R. Cedillo, escritor y periodista con notables pergaminos, un pilar de Espacio 4.
Felicidades, pues. Y que vengan otros quince.

jueves, noviembre 11, 2010

Maquillaje para Hermelinda



Estoy en plan grande: cuatro meses sin ver más de media hora continua de televisión. Digamos que es mi récord, pero hago trampa, pues casi he sustituido la tele por el YouTube, aunque también veo esto a cuentagotas. Ayer, sin embargo, entré a una gordería de las miles que diseminan calorías en Torreón, y adrede me senté frente al televisor. El canal que estaba en la pantalla era de TV Azteca, y ofrecía uno de esos programas con chicas chamorrudas y sonrientes y galanes con facha de metrosexual, todos conversando sobre temas más baratos que una gordita sin guiso dentro. Despachaba pues mis gorducas cucas cuando, en comerciales, apareció a cuadro la figura de Ulises Ruiz Ortiz, el gobernador de Oaxaca. Confieso que me hizo mal el chicharrón tras escuchar a ese hombre oralmente emproblemado para expresar un mensaje al parecer escrito por un loco.
No tengo la redacción exacta, pues lo pesqué al vuelo y no lo hallé en internet, pero hay un pasaje en el que Ruiz asegura haber acabado con la corrupción y con los grupos que le hacían daño a Oaxaca. Al oír eso, sobre todo lo relacionado con la corrupción supuestamente ya extinta en aquella entidad, no pude no pensar en los límites de la propaganda. ¿Se puede decir lo que sea en los anuncios pagados con dinero público? Una posición radical y por ello utópica lleva a pensar que debería desaparecer toda propaganda que informe sobre los logros del gobierno. La lógica así lo dicta. O sea, difundir mensajes en los que se celebre (autocelebre) la construcción de carreteras, escuelas, hospitales, parques y demás no es lógico por dos razones: a) la obra de gobierno se hace con dinero ajeno, es decir, no con el dinero del gobierno, sino con el de los contribuyentes; b) la obligación del gobierno es administrar los recursos de tal forma que la población sea beneficiada, por lo tanto quien cumple con sus obligaciones no tiene por qué celebrarlo. Esa sería la posición de los radicales antipropagandistas.
Los moderados, en los que están incluidos todos los medios del país, aceptan que la propaganda exista e incluso que sea abundante, pues uno de los valores sobrentendidos de la política (a la) mexicana es que los gobiernos se chingan la lana (aquí el eufemismo es innecesario), por tanto hay que demostrar por todos los medios que en efecto hubo inversión en obra pública. Sé que en otros países la propaganda sobre obras de gobierno es escasa. En unos porque no hay tanto dinero para pagar anuncios y en otros porque la gente confía en el buen destino de sus impuestos, ergo el gobierno no tiene qué demostrar nada a nadie. En México, la cultura política y mediática deja ver claro que no hay gobierno sin fuertes presupuestos disponibles para propaganda, plata que debe ser gastada con habilidad pues mata dos pájaros de un tiro: establece un vínculo con los medios y permite que los ciudadanos vean que sus impuestos sí están trabajando, como decía un viejo eslogan de Hacienda.
Ahora bien, hay de mensajes a mensajes. La propaganda puede ser siempre cuestionada y cuestionable, pero es un hecho que no puede llegar a la mentira flagrante, sobre todo con las obras más visibles y costosas. No es posible afirmar en un anuncio, por ejemplo, que fue construido un megahospital en equis lugar sin que exista el edificio o en verdad sea una cliniquita con tres jeringas. La propaganda más eficaz, por ello, es la que autoaplaude las grandes obras, porque es la más creíble. Hay otra, la que da cifras escandalosas e incomprobables por la población (“fueron atendidos chorrocientos mil niños en nuestros hospitales”), que la gente ve y olvida de inmediato. Y hay otra, la peor: ésa que no destaca infraestructura nueva ni da cifras faraónicas. Precisamente como la de Ulises Ruiz, quien con toda desfachatez explica que acabó con la corrupción así nomás, de un soplido, en abstracto. En otras palabras, liquidó el peor defecto del que es acusado su gobierno. A esa propaganda le llamo, no sé si el símil sea feliz, “maquillaje de Hermelinda Linda”, cosmético que en vez de embellecer enfatiza la fealdad.

Hoy, libro sobre los centenarios
Hoy a las 8 pm será presentado el libro Pasos, repasos y tropiezos de dos centenarios, del escritor saltillense Jesús de León, quien será acompañado por el escritor Ramiro Rivera. La cita es en el Cinart-Icocult, antigua estación del ferrocarril, en Torreón. Este libro de 213 páginas será obsequiado a los asistentes de acuerdo a disponibilidad. La entrada es libre.

miércoles, noviembre 10, 2010

Adictos a lo que caiga



Nomás ayer, espalda con espalda, leí dos intrigantes notas relacionadas con la adicción (a lo que sea), uno de los más grandes problemas de nuestro tiempo. Ser adicto a algo casi casi es hoy un requisito para sacar el pasaporte, una de esas marcas del mundo contemporáneo que está lleno de tics generalmente idiotas. La primera noticia, publicada por La Opinión, se refiere a Michael Jackson y su pasión enfermiza por las cirugías. Hallé la segunda en El Universal y se refiere al apego también patológico por el celular y sus utilidades, sobre todo la de “textear”. Voy por partes.
La nota sobre el “rey del pop” señala que Katherine Jackson, madre del cantante, apareció en el programa The Oprah Winfrey Show donde, como se sabe, los invitados suelen soltar más sopa que en una reliquia lagunera. La señora Jackson declaró que alguna vez pidió a los cirujanos de su hijo que sólo simularan operar cuando el excéntrico Michael les pidiera otro jalecito en el quirófano. Su nariz llegó a parecer, dijo, “un palillo de dientes”, razón por la que doña Katherine trató de hacer algo, pues quería impedir que su famoso y millonario hijo siguiera con la adicción al tasajeo facial.
Por otro lado, la nota sobre la adicción de los adolescentes a “textear” a veces hasta 120 veces al día o más apunta que estos chamacos atados al celular “son más propensos a haber tenido (sic) relaciones sexuales o consumidor alcohol o drogas que aquellos jóvenes que no envían tantos mensajes”. Y amplía: “Los autores del estudio aclararon que no están insinuando que hipertextar conduzca a un adolescente al sexo, las bebidas alcohólicas o las drogas, pero dicen que es sorprendente ver que existe un vínculo entre el exceso de los mensajes electrónicos y ese tipo de conductas riesgosas. El estudio concluyó que hay un número importante de adolescentes que son muy susceptibles a la presión de sus pares o que también influyen los padres permisivos o ausentes”.
Basado en una encuesta confidencial aplicada a más de 4 mil 200 estudiantes de escuelas secundarias de Cleveland, el estudio “Encontró que aproximadamente uno de cada cinco estudiantes podían catalogarse como hipertexteadores y que uno de cada nueve usaban exageradamente las redes sociales en línea: aquellos que pasaban tres horas diarias o más en Facebook y otros cibersitios sociales. Aproximadamente uno de cada 25 pertenecían a las dos categorías. El uso exagerado de mensajes de texto y redes sociales era más común entre las mujeres, las minorías, los jóvenes cuyos padres tienen menor nivel educativo y los estudiantes de familias a cargo exclusivamente de la madre”.
Si las cirugías costaran lo mismo que abrir una cuenta de Facebook o de twitter, seguro que habría más seguidores de Michael Jackson y su adicción a las caricias del bisturí. El caso es que ahora nunca falta una adicción, alguna práctica compulsiva con la cual podamos mitigar las ansiedades generadas por el mundo moderno. Las adicciones de antes parecen bromas comparadas con las de hoy, sobre todo las que promueve el desarrollo de la tecnología, tan al alcance de tantos. Si antes atrapaba el tabaco, la mota, la ropa, los discos, ahora, por ejemplo, son absolutamente simplonas y adictivas, y redes no tan metafóricas que digamos, las “redes sociales”.
Cualquiera ha estado, creo, en reuniones donde en vez de poner atención al orador o al espectáculo muchos —no necesariamente adolescentes— se la pasan picoteando el teclado de sus celulares, mensajeando con una fruición digna de laboratorio. Como si les fuera la vida en ello, pinchan una y otra vez las teclas para ver qué “novedad” ha llegado a la bandeja, como si el acto de acceder a ese mensaje tuviera alguna trascendencia más allá de los segundos que dura la “novedad” siendo tal. Es una adicción, para mí, muy extraña. Yo he sentido, y lucho contra ello, la inclinación tonta a actualizar sin ton ni son la bandeja de mi mail para ver qué ha llegado, o a anhelar que llamen o aterrice un mensaje en mi celular. Digamos que soy preadicto. Sólo por eso le tengo pavor al Blackberry. Ese aparatito sí que es adictivo, temible incluso.

domingo, noviembre 07, 2010

Grandezas y miserias de la red



He recibido en casa, sin mover un dedo, el número 18 de la revista UIC (Foro Multidisciplinario de la Universidad Intercontinental). Creo que me la envió su director, el escritor duranguense José Ángel Leyva, también excelente editor. La prueba de su solvencia editorial es esta revista bellamente impresa, bien organizada, de acabado harto profesional. Aunque hace honor al propósito expresado en su cintillo en el sentido de aspirar a la difusión de saberes misceláneos, atiende en este ejemplar, casi monográficamente, el tema de la cibercultura (“El cerebro digital”, “Del documental tras bambalinas al baño público digital”, “Las redes sociales como plataforma de protesta”, “La realidad antropológica del ciberespacio”, “Los espacios simbólicos en la comunicación a través de internet”…). A vistazo rápido noto que suma abordajes muy interesantes; entre otros, me atrajo “Internet: ventajas y desventajas”, firmado por Francisco Güemes Priego, estudiante de la maestría en guionismo en la Universidad Intercontinental. Me gustó sobre todo por la tabla en la que expone, de una manera gráfica y eficaz, las ventajas y desventajas de la red. Como soy de los que nunca dejarán de celebrar con arrodillado asombro la existencia de internet y al mismo tiempo temblar ante los peligros que también acarrea, el texto de Güemes Priego me cayó de lujo. Comparto aquí sus observaciones.
Ventajas:
Se ha constituido como un medio de comunicación imprescindible para la sociedad actual; permite la comunicación desde cualquier parte del mundo.
El chat y las redes sociales son los vehículos de comunicación preferidos por los jóvenes. Por medio de ellos se conocen amigos y se afianzan relaciones de amistad y de noviazgo.
Mediante las redes sociales, es posible formar grupos de personas con intereses afines y utilizarse para fomentar el debate y la libre circulación de las ideas.
Funciona como un extenso y útil acervo de información sobre casi cualquier tema.
La web se convierte en una memoria gigantesca del saber humano que podría estar al servicio de la educación y la cultura.
Su rapidez hace mucho más fácil el acceso a datos que antes sólo podían consultarse en bibliotecas o textos especializados.
El correo electrónico es un recurso de comunicación que evita el desperdicio de papel. Por Internet circulan de manera masiva periódicos, suplementos, revistas electrónicas y libros.
La web democratiza el mensaje, la comunicación. Los usuarios deciden cuándo, cómo y qué leer, escuchar y ver.
Internet se ha vuelto un magnífico escaparate para obras de recreación personal o colectiva.
Por medio de foros y blogs, internet permite a cualquier persona expresar sus sentimientos, percepciones e ideas sobre la realidad que lo circula o algún tema en particular.
La web permite a la gente comunicar sus ideas de manera ágil y rápida; facilita la protesta y la unión de personas con semejantes intereses políticos, económicos y sociales.
Internet favorece la libertad de expresión. El anonimato brinda la posibilidad de que los mensajes emitidos lleguen a un gran número de personas, trascendiendo naciones y culturas.
Desventajas:
Su uso crea adicción en algunas personas; no pueden vivir sin estar conectados a la red un solo día.
Varios estudios señalan que el uso excesivo de internet está asociado con la disminución en la comunicación entre los miembros de la familia, la reducción del círculo social del adicto y un aumento de sensaciones de depresión y soledad.
Internet puede convertirse en una forma más de acoso y linchamiento en el ámbito escolar y profesional, para desvalorizar y humillar a las víctimas.
Es utilizado por los estudiantes para realizar sus tareas sin leer, analizar y valorar la información obtenida. “Copiar y pegar” es un proceso que no persigue ningún conocimiento, sino la trampa y el plagio.
No todas las personas tienen acceso a internet. Hay grandes sectores rezagados, en ese aspecto y en la educación básica.
El correo electrónico ha fomentado el envío masivo de cadenas y de correo basura que carecen de utilidad. Los virus informáticos se propagan, en buena medida, a través del llamado e-mail.
Internet es utilizado como una forma de “matar” el tiempo. Funciona como un distractor igual o más poderoso que la televisión y la radio.
En la web —principalmente en foros y chats— no se respetan las reglas gramaticales ni de redacción; se trivializa el lenguaje y la escritura.
Nuestra intimidad queda expuesta. La información personal puede ser usada y manipulada por potenciales delincuentes, por el Estado y las grandes corporaciones.
Internet es utilizado por las potencias hegemónicas para desestabilizar regímenes que no le son afines. Usan la web para propagar su ideología y fomentar la rebelión contra gobiernos aliados.
Con el sistema Echelon, Estados Unidos y Gran Bretaña, controlan la información en internet, interceptan comunicaciones “peligrosas” y mantienen bajo vigilancia a las personas y colectivos que las emiten.
Hasta aquí los pros y contras del internet destacados por Güemes Priego en la revista UIC. Pueden agregarse más, sin duda. Quizá más de los segundos que de los primeros. Lo cierto es que, usado con la cabeza y no con las patas, el (o la) internet es un monstruo, tal vez el más grande invento de la humanidad, de ahí también lo riesgoso de su poder.

sábado, noviembre 06, 2010

Villa de frente y de perfil



Acaso no hay en México un personaje más famoso que Villa ni con una imagen pública atravesada por tantos entreverados claroscuros. Precisamente por eso es también el personaje literario más atractivo de nuestra historia, el héroe-villano con las cartas credenciales idóneas para ser trabajado mediante la ficción, si es que aceptamos de antemano que su vida, así sea contada con la mayor objetividad, no parece en sí misma una delirante fantasía. En los abordajes al guerrillero, sin embargo, han predominado los propósitos historicistas, el afán por darle lógica a sus mil descabelladas andanzas. Dos biografías canónicas sobre el duranguense se ciñen a este fin: la de Frederich Katz y la de Paco Ignacio Taibo II.
El deseo de literaturizar a Villa se presenta atractivo a simple vista pero entraña, creo, tremendas dificultades, como ocurre con otros personajes históricos de su tamaño o mayores. Por un lado, la enorme masa documental (esto incluye las aproximaciones fílmicas) acumulada desde que saltó a la celebridad desafía al narrador más ducho; por otro, el hecho ya insinuado de que ni visto académicamente Villa deja de parecer un personaje engendrado en el útero de la fantasía. ¿Qué novelista, pues, en sus cabales puede arrostrar semejantes obstáculos sin parecer desmesurado o ingenuo? ¿Se puede añadir información sobre un sujeto que ha llenado ya miles, tal vez millones, de páginas? ¿Es posible hacer ficción sobre lo que en sí misma parece una existencia de novela? Las tres preguntas han sido respondidas afirmativamente por el escritor saltillense Armando Alanís en Las lágrimas del centauro, novela que trabaja sobre la fabulosa materia (fabulosa en sentido estricto) que es la biografía de Villa, el laberinto movedizo que construyó de 1878 a 1923.
Armando Alanís nació en Saltillo, Coahuila, en 1956, y radica desde hace 18 años en la ciudad de México. Egresó de la carrera de comunicación social en la Universidad Anáhuac, estudió un posgrado en filología hispánica en la Universidad Complutense de Madrid y vivió durante algunos años en Dublín. Ha publicado, entre otros, Alma sin dueño, La mirada de las vacas, Fosa común y La vitrina mágica. Ha colaborado en periódicos como La Jornada y Milenio. Actualmente es profesor de la UACM.
El autor expuso su idea de inmiscuirse con Villa en una entrevista a Milenio México; allí declaró: “Villa me interesa por norteño, ranchero, mujeriego y subversivo. Los rebeldes siempre me han simpatizado, y el caudillo de Durango lo fue toda su vida, lo mismo cuando andaba de bandido en la sierra que cuando fue nombrado general en jefe de la División del Norte. Hacía lo que le daba la gana, o lo que pensaba que debía hacer, y generalmente se salía con la suya. En Las lágrimas del centauro narro su vida y hazañas, sin ninguna pretensión de ser exhaustivo. En mi novela está Villa con sus cualidades y defectos, con sus aciertos y errores”.
Como podemos apreciar, la complejidad que encarnó Villa es el acicate principal para Alanís, quien asumió concientemente el reto de meterse en un berenjenal biográfico. ¿Cómo procedió? El narrador saltillense construyó una novela que recorre a Villa de lado a lado, desde sus andanzas infantiles hasta la hora de su muerte en Parral. En medio, los episodios más significativos no sólo de su carrera militar, sino aquellos (digamos “domésticos”) en los que se revela su talante, los momentos a veces desdeñados por la Historia con mayúscula ora porque no están suficientemente documentados, ora porque parecen nimios o anecdóticos, ora porque al final no determinaron la elevación de su estatua. Alanís apela a los instantes donde Villa no está en plan de estratega para que en efecto nos parezca más humano, “un hombre de carne y hueso, lejos [así dicen los editores en la cuarta de forros] de las estampitas de papel”. Esos instantes son, sobre todo, los que nos recuerdan su irrefrenable gula sexual, lo enamoradizo que fue, rasgo probado por el collar de esposas o amasias que desfiló por sus infatigables catres, valga la hipálage.
Dividida en siete trancos, Las lágrimas del centauro no puede prescindir, empero, del Villa militar, ese Villa corporizado por la leyenda y envuelto desde pequeño en todo tipo de escaramuzas violentas. Alanís nos lleva casi cronológicamente a los puntos señeros de la carrera político-castrense de su protagonista. En todos los casos recurre a un procedimiento elíptico, es decir, sin hacer énfasis que desplacen el tono de novela hacia el de biografía o escritura histórica. Explico: como el autor presupone una enciclopedia básica sobre Villa en la cabeza de cada receptor, no abunda en detalles técnicos, en fechas o nombres propios para dar cuenta de un pasaje emblemático. Cierto que dice “Ciudad Juárez”, “Torreón”, “Zacatecas”, escenarios todos de batallas importantes encabezadas por el revolucionario, pero eso se da sólo en plan de insinuación, con rodeos tácticos necesarios para que la novela no se aleje mucho del género ni se convierta en otra cosa. Los lectores medianamente avisados presentimos o sabemos lo que sigue en los capítulos, pues en esencia el relato concatena lógicamente —enlazados, como ya dije, a destellos relacionados con la intimidad de Villa— los picos de la cronología villista.
Un libro cuya estructura guarda parentesco con Las lágrimas del centauro es Madero, el otro, de Ignacio Solares. En ambos casos los narradores procedieron mediante el engarzamiento de pasajes históricos de acuerdo a las cronologías ya aceptadas como válidas. Al final de las novelas uno tiene la impresión de que recorrió, gracias a un proceso de acumulación, las vidas íntegras de los personajes, con los capítulos fungiendo como estroboscopios que iluminan a flashazos cada fragmento de vida. Pero hay diferencias, creo que hay diferencias. Solares buscó un hilo conductor, un hilo novelístico, al afantasmar a Madero, al volverlo un espíritu. Aprovechó inmejorablemente la afición esotérica del parrense, su creencia en la comunicación con el más allá. De hecho, eso determina hasta el tono de la narración, el permanente y áspero diálogo entre el fantasma y el Madero “real” dentro de la irrealidad novelística. Las lágrimas del centauro no tienen ese hilo, o si lo tienen es más tenue, menos explícito: es el propio Villa, su leyenda.
No debemos extrañar la falta de un hilo conductor o idea eje o reiteración del motivo principal en una novela sobre Villa. Cierto que pudo hallarse, no sé, un odio fijo y recurrente, o un amor inextinguible y por ello reciclado cada determinada cantidad de capítulos, pero eso sería emitir una idea contraria a lo que fue la vida de Villa. Si algo la caracterizó, sospecho sin ánimo de difamar, sólo porque así se dio, fue la anarquía, cierto dejarse guiar por instintos tornadizos, dependientes de coyunturas o de hombres. ¿Qué hubiera pasado, por ejemplo, si el guerrillero no es invitado a platicar por Abraham González casi de casualidad? ¿Qué si no ve lo que ve en la mirada de Madero? Villa era duro de cáscara, pero en el fondo voluble, ondulante, de ideas primitivas aunque muchas de ellas nobles. Pues bien, Alanís logra trasmitirnos esa lógica de la ilogicidad, el estado de anarquía vital de Villa al colocar sus acciones en el flujo imprevisible que fue esa existencia atada siempre a los acontecimientos históricos y, principalmente, a los vaivenes de su arrebatado humor, a esa vida que, como dice una canción, fue cayendo y levantando sin solución de continuidad.
Y hablando de humor, del otro humor, Las lágrimas del centauro lo tienen a pasto, lo cual se agradece. Igual se aplaude el estilo limpio y salpicado de copiosos giros campiranos todavía vivos. Es, por ello, un aporte a la larga y al parecer interminable saga de obras sobre la Revolución. Por eso vengo afirmando que el movimiento armado de 1910 es el Gran Tema de la literatura mexicana. Creo que Armando Alanís se ha sumado con mérito a esa brillante costumbre de nuestra narrativa.
Comarca Lagunera, 5, noviembre y 2010

Las lágrimas del centauro, Armando Alanís, MR-Novelas Históricas, México, 2010, 294 pp. Texto leído en la presentación celebrada ayer en el Museo de la Revolución. Participamos el autor, Silvia Castro Zavala y yo. Entre otros lugares, Las lágrimas del centauro está a la venta en la librería Educal instalada en el Museo Arocena, en Torreón.

viernes, noviembre 05, 2010

Otro buen libro de la UJED



Desde hace algunos años la Universidad Juárez del Estado de Durango ha desahogado un poco la abundante producción creativa y crítica generada en la entidad y sus entornos cercanos. Es el caso del libro Iniciación en el relámpago, novela de Saúl Rosales, y Más allá de Paradiso, ensayo del profesor Gabriel Castillo sobre la obra de Lezama Lima. Gracias, entonces, a la labor editorial de la UJED, varios libros importantes han escapado del silencio y han podido encontrar destinatarios, lectores. Uno de esos libros es La lucha de clases en la Comarca Lagunera 1932-1952, de Carlos G. Monsiváis. No lo he tenido a la vista, pero sí Saúl Rosales, quien ya lo leyó y me mandó una reseña con la autorización expresa para difundirla. El título de su comentario es “Lectura para asalariados”. Saúl ha escrito:
Un libro que en ciertas circunstancias sería imprescindible leer es La lucha de clases en la comarca lagunera 1932-1952, de Carlos G. Monsiváis. Aunque me corrijo: en cualquier circunstancia es un libro imprescindible para todos los trabajadores asalariados porque refleja en mucho la condición esencial que viven (explotación y enajenación) y porque muestra cómo la resistencia y la lucha ofensiva son posibles.
Por todos los rumbos del mundo en este momento hay trabajadores a quienes la necesidad de un salario somete a condiciones similares a las que el libro de Monsiváis retrata. Desde su primera página, La lucha de clases en la comarca lagunera… muestra la batalla por mejorar el salario y el empeño patronal no sólo por mantenerlo en el nivel en que se encuentra sino hasta por tratar de reducirlo y la urgencia de que la clase trabajadora conduzca la sociedad para que sea justa.
El libro de Carlos G. Monsiváis no es un texto teórico. Se dedica a describir la lucha de unos pocos asalariados en un punto del planeta alejado de las grandes capitales y de economía principalmente agrícola a partir de 1932. Pero contiene la batalla tenaz de una célula comunista que el autor constituía junto con otros albañiles; de allí el subtítulo del libro Sindicato gremial de albañiles y ayudantes del municipio de Torreón.
Como caso ejemplar es riquísimo el de la confrontación descrita por Monsiváis en su libro. Tras comenzar con la lucha salarial sigue con la necesidad de organización sindical y después de conseguir ésta expone los intentos de división, corrupción y represión desde el sector patronal y el gubernamental. La resistencia del autor y sus camaradas es eficaz por su conciencia de militantes del Partido Comunista Mexicano (PCM) y su marxismo un tanto elemental, pero el marxismo es tan certero que aun interpretado elementalmente conduce a la justicia social.
Durante mi juventud izquierdista mucho escuché hablar de Dionisio Encina, Secretario General del PCM. En el libro La lucha de clases en la comarca… me vine a enterar de que la tarea política de este alto miembro del comunismo comenzó en Torreón y sus alrededores. Fue muy intensa su labor organizativa del PCM entre los obreros y los campesinos de la comarca. Es uno de esos héroes civiles a los que la historia reconocerá en su momento.
Una mujer comunista destaca en el libro de Carlos G. Monsiváis, Josefina Giammattei Ramos. Igual que a Encina, la clase trabajadora en su momento le otorgará el reconocimiento que merece. Ella organizaba asalariados del campo y de la ciudad para que su lucha fuera más eficaz. (La directora de la escuela federal Felipe Carrillo Puerto, donde estudié la primaria, se llamaba Leonila Giammattei Ramos. Siempre tuvo fama de gran maestra.) La mujer comunista cumplió gran tarea en la comarca lagunera.
Los trabajadores asalariados que se preocupen por su condición de explotados y enajenados pueden localizar La lucha de clases en la comarca lagunera 1932-1952, en librerías o en UJED Editorial, editorial de la Universidad Juárez del Estado de Durango, institución que en su gran labor cultural ha venido publicando volúmenes valiosos, de los cuales es una muestra éste de Carlos G. Monsiváis.

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Novela sobre Pancho Villa, hoy
Hoy a las 8 pm en el Museo de la Revolución será presentada la novela Las lágrimas del centauro, del escritor saltillense Armando Alanís. Presentaremos el autor, Silvia Castro y yo. La entrada es libre.