jueves, julio 30, 2009

Nombres necios



La eufonía (que una palabra o una frase suenen bien) es misteriosa. No hay, creo, una fórmula que nos ayude a comprender por qué cierta conjugación de letras o sílabas hacen una linda palabra y otra fea u horrísona (que suena mal). Algo tiene el genio del idioma como secreto bien guardado, de suerte que nunca podremos descubrir la clave del entrelazamiento de letras para producir palabras bellas o desagradables. Es algo que se nos oculta, pero que de todos modos permite vislumbrar algunas explicaciones.
Pensemos en el nombre bíblico Lucas. No creo que sea el más socorrido entre los mexicanos, pues en mi vida he conocido sólo a dos personas que lo llevan. En cambio, es frecuente en Estados Unidos. La razón de nuestro rechazo está, creo, vinculada a su sonido: al decir Lucas, no falta que muchos piensen en “loco”, y de hecho una forma de decir loco es deformando esa palabra: “Fulano está bien Lucas”. En inglés, obvio, esa relación no se da.
Hay muchos nombres propios que pasan por comunes y corrientes, que no son ni feos ni bonitos: Pedro, Luis, Francisco, Miguel, Carlos, María, Claudia, Laura, Elizabeth, Ana, Rosario, Cecilia, Susana. Podrán ser muy comunes, pero nadie, que yo sepa, se desgarra las vestiduras por esos nombres, casi como si pasaran inadvertidos. Si los observamos con detenimiento, son simples sumas de vocales y consonantes que no nos suenan mal. Qué pasa, entonces, con otras sumas de vocales y consonantes que misteriosamente no queremos, como si su mezcla generara algo que no es muy atractivo: Cirilo, Herculano, Nicanor, Aniceto, Cosme, Petra, Francisca, Macaria, Rosenda (no enjuicio la calidad de los nombres mencionados, sólo los enlisto como muestra de lo que mis oídos y mi sensibilidad, permeados por una cultura específica, juzga como poco atractivo, aunque no puedo explicar por qué).
Siempre he creído que si escribiera un manual para aplicar nombres la recomendación más importante sería la de atender, precisamente, al genio de nuestra lengua. Ese genio no ve con buenos oídos ni oye con buenos ojos los nombres con grafías forasteras (k, w, y) o ayuntamientos intrusos: haches intermedias, consonantes dobles, sílabas extrañas. Así, un nombre como Karen en necesariamente exótico (pues suena idéntico a Caren), o Wendy (que suena Uendi o Güendi), o Lyn (que suena Lin); en el otro caso, no deja de incomodar que algunos nombres recurran al preciosismo estéril de entrometer haches, dobles grafías y demás arabescos en donde no se necesitan (invento) Ivonnhe, Chrissnayeeth. Las hechura de las palabras en español obedece a un genio (como lo recuerda Álex Grijelmo en El genio del idioma, Taurus, 2005) que en este caso nos indica que ciertas grafías, por lo común acomodadas en orden vocal-consonante-vocal, son las mejores para hacer nombres, de ahí que los nombres como Roberto, Esteban, Santiago, Sara, Leticia, Mónica, sean nombres que no nos suenan mal, aunque tampoco bien, lo que atribuyo a su superabundancia, no a la misteriosa razón de que no sean eufónicos.
Los párrafos anteriores me nacieron tras leer la noticia de que en Coahuila arrancaron las actividades organizadas para festejar el 150 aniversario de la creación del registro civil. La nota consigna que en Piedras Negras hay un niño al que le “pusieron ‘México’; a otra ‘Cariño’; Givenchy, por la marca de perfumes franceses; Michael Jordan y Cuauhtémoc Blanco, por los famosos futbolistas. Cleopatra, Einstein y Hitler, hasta Madonna, Sofía Loren y José José, figuran en el listado”. Pero el que se la bañó, como dicen los chavos, es el que tiene un nombre hindú de 41 letras: Brhadaranyakopanishadvivekachudamani Erreh Muñoz Castillo, lo cual equivale a no tener nombre. Parte del festejo recordará a los padres la importancia de no usar nombres como el hindú, verdaderos trabalenguas, como si a alguien lo registraran Parangaricutirimícuaro Martínez González.

miércoles, julio 29, 2009

Campo roto



¿Cuántos se enriquecieron a la sombra del Bandidal, aquel banco que en teoría refaccionaba campesinos pero terminó convertido en bóveda saqueada por líderes y funcionarios igualmente rufianescos? Desde que tengo conciencia y porque lo he visto en La Laguna, el campo es la más acabada evidencia del abandono gubernamental al mexicano pobre. Año tras año, la estadística demuestra que empeoran todos los indicadores relacionados con los habitantes del ámbito rural: miseria, desempleo, desnutrición, analfabetismo, migración, lo que a su vez deviene mano de obra barata para quien sea, y, en los peores casos, arsenal para la trata de blancas y reserva de cuadros narquiles que con todo gusto y sin trauma, pasito duranguense de por medio, le entran al negocio de los polvos mágicos.
El campo es, por ello y valga la reiteración, campo donde las políticas de Estado siempre han ido de fracaso en fracaso, donde las rotas indiada y rancherada han padecido en carne viva todas las formas imaginables de la depredación. Basta, más allá de los discursos que todo lo embellecen o de la abstracción de los ensayos socioeconómicos, que nos echemos un tour por la periferia campirana local. Yo no lo hago seguido por dos razones: porque no trabajo en ese medio y porque, si trabajara, no aguantaría la depresión que de inmediato me sobreviene cuando veo el hilacho social que es el campo circundante. Familias enteras, multiplicadas por millones, han sido abatidas por la sostenida crueldad de regímenes que ven sólo de reojo a quienes viven en el campo. Tanto es así que si no fuera por la migración, la huida casi, difícilmente quedarían niños y viejos vivos en la periferia ejidal de La Laguna.
Por eso, cuando leo lo que ayer leí sobre Procampo y las declaraciones de Fernando Gómez Mont no puedo sino pensar que bueno, qué queríamos con el campo. Ese programa es el mismo de las guarderías subrogadas (¿y por cierto, qué pasó con ese asunto?), sólo que con algunas variantes. Como en el caso de las guarderías, el negocio gordo ha sido para parientes, amigos, compadres y demás de quienes detentan el Gran Hueso Nacional. Con Procampo pasa algo muy similar: “Si legítimamente ejercen la agricultura, ¿por qué no podría estar en un programa de apoyo que no los discrimina? Habrá que verificar la información y determinar cuando es legítima y cuando no”. Y más; el reportero le pregunta: “Por ser familiares de funcionarios y servidores públicos, ¿no deberían quedar fuera de este apoyo?”, a lo que respondió el titular de la Segob: “… yo tengo 11 hermanos, imagínese sí se les cancelan todos sus derechos sólo porque soy secretario de Gobernación”.
Como se sabe, la idea del programa era ayudar a los más pobres productores del campo con el fin de alentar el desarrollo agrícola en el contexto del Tratado de Libre Comercio. La realidad, según algunas cifras, es que la gran tajada de los apoyos se ha quedado en manos de los grandes productores, muchos de los cuales tienen, en el mejor de los casos, no muy casual parentesco o amistad con hombres incrustados en el poder, eso cuando no son los mismos hombres del poder quienes reciben generosos subsidios del programa. Con migajas, al 80% del padrón de beneficiados por Procampo le han asignado un 27% de los recursos, mientras que, con cantidades jugosas, el 1% del padrón de productores se ha quedado con el 25% supuestamente destinado al apoyo del agro nacional. En esos números se advierte, pues, que hay un gran desequilibrio, que Procampo es una caja de ingresos para una minoría y un plan casi asistencialista para los trabajadores del campo mexicano, quienes con subsidio o sin subsidio están en la misma posición de desventaja y gradual pero sostenido deterioro de sus niveles de vida. Pobre campo: tanta y tamaña tierra para nada.

domingo, julio 26, 2009

Epistolario Reyes-Paz



¿Qué pasará con la correspondencia de los escritores en la era del e-mail? Durante décadas, las cartas de poetas, novelistas, dramaturgos y demás oficiantes de la palabra quedaron resguardadas en papeles que, con un poco de organización en su momento y luego con la ayuda de algún editor interesado, permitían libros en los que el género epistolar era instalado en los predios de la espontánea perfección. Hoy, la realidad es muy distinta: han desaparecido las cartas de papel y no sé si los escritores se han puesto a pensar, acaso con algún jactancioso ideal de trascendencia, en el resguardo de su cibercorrespondencia. Supongo que no, que en el vaivén de las cartas breves y atropelladas de estos tiempos no late el deseo de comunicar con alguna elegancia lo que van sintiendo, sobre cualquier tema, los amigos escritores. El ritmo antiguo, que sobrevivió, creo, hasta muy entrada la década de los noventa, permitía que pasaran días o hasta semanas para esperar una respuesta que por lo común llegaba espesa de sentido, de opiniones, de revelaciones amargas y/o venturosas. Hoy, por la facilidad y la economía de servicio postal electrónico, la correspondencia es más telegráfica que nunca, descuidada, codificada en medio de todo tipo de apresuramientos. Esto obedece, creo, al abultado número de mensajes de índole postal con los que ahora convivimos: en lugar de una o dos cartas al mes, como antes, ahora tenemos diez al día, a las que debemos sumar los mensajitos de celular, que son una forma reciente de la inmediata comunicación postal, o el tuiter y los “estados” de Facebook.
Será porque me gusta la correspondencia entre escritores, será porque soy un voyerista del espíritu, será porque en general me horroriza el descuido de las cartas sancochadas en la actualidad, el caso es que desde la aparición del mail me hago estas preguntas: ¿qué pasará con la correspondencia de los escritores? ¿Tendremos alguna vez, en un futuro no tan distante, un libro con las cartas electrónicas de dos escritores? ¿Valdrá la pena eso? ¿Qué se necesitará para organizar ese zigzag epistolar? ¿Quién lo hará, dado que las contraseñas suelen ser llaves privadas de acceso a la intimidad de un buzón? Pregunto y no respondo, pues no sé lo que pasará. Mientras eso llega (o no llega), continúo el disfrute de los libros que responden a este género; tengo dos muy apreciados: la correspondencia entre José Lezama Lima y José Rodríguez Feo (que publicó ERA) y la de Alfonso Reyes con Pedro Henríquez Ureña (aparecida con el sello del Fondo de Cultura Económica). A ese par sumo varios ejemplares más, por supuesto, como el que recién compré en la Feria del Libro de Durango: la Correspondencia de Alfonso Reyes con Octavio Paz (1939-1959) publicada también por el FCE.
Organizada, anotada y prologada por Anthony Stanton, la correspondencia Reyes-Paz nos introduce al centro de la amistad de los dos escritores mexicanos más importantes del siglo XX. Nomás por eso es interesante. Eso lo supo bien Stanton, el editor, a quien yo conocía gracias a Las primeras voces del poeta Octavio Paz (1931-1938) (publicado por el Conaculta y Ediciones sin Nombre en 2001). El investigador percibió entonces el enorme valor de las cartas cruzadas entre el ya maduro Reyes y un Paz que estaba avanzando rápida y firmemente hacia el domino pleno de su expresión. Gracias a esta correspondencia ingresamos, como digo, a la mismísima médula de una amistad que no por inteligente deja de ser emotiva y reveladora, sobre todo, de la batalla creativa que estaba librando Paz para alcanzar el rango de escritor que ya ocupaba el regiomontano.
En este sentido, es fundamental traer la conclusión, o una de las conclusiones, de Stanton sobre las 84 cartas intercambiadas entre Reyes y Paz: “Hay varias maneras de medir el valor de una correspondencia entre dos escritores. Como en este caso se trata de un epistolario netamente literario e intelectual que habla de proyectos, libros e ideas, me parece que su valor reside en la luz que arroja sobre la génesis, el desarrollo y la maduración de las obras literarias de los dos escritores. El epistolario permite reconstruir con más fidelidad la evolución intelectual y artística de cada uno, sobre todo del más joven. En este aspecto, es cierto que el valor no es simétrico ya que Reyes asume desde el principio el papel más bien discreto de receptor, guía, mecenas y animador del poeta más joven, de quien surgen iniciativas y búsquedas. Pero hay que reconocer que Reyes es fiel a su función mayéutica y tiende a repetir el papel socrático que su propio maestro Pedro Henríquez Ureña había desempeñado con respecto a él, sólo que con medios muy distintos y sin la férrea disciplina del dominicano”.
En efecto, pues, las cartas de AR a OP permiten ver al mesurado maestro frente al impetuoso alumno, quien le informa sobre sus proyectos de escritura para que nosotros, varias décadas después, escuchemos con los ojos los primeros latidos de libros como Libertad bajo palabra, ¿Águila o sol?, El laberinto de la soledad y El arco y la lira, entre otros. Asimismo, como paralelismo adicional al de sus vidas artísticas, esta correspondencia deja que nos asomemos a la trayectoria diplomática de Paz. Para entonces, Reyes ha regresado a México luego de su largo periplo por las embajadas de nuestro país en Francia, España, Brasil y Argentina. Tiene ya una fama hecha, cuajada, como polígrafo (así se decía entonces), como funcionario público y como maestro. En nuestro país se desempeña ya como presidente de El Colegio de México y arma la parte final de su numerosa y diversa obra. Mientras tanto, Paz sale de México a emprender su propio viaje por misiones diplomáticas. Lo acompañan Elena Garro y su hija, Elena Paz Garro. Trabaja así para la legación mexicana en París, Nueva Delhi y Tokio, y a esa enorme distancia se debió que mantuviera viva, con emocionadas cartas, su amistad con el Reyes por fin sedentario de la vejez.
La correspondencia Reyes-Paz es enriquecida con algunas imágenes de los manu y mecanuscritos de las cartas y la reproducción de los dibujos que hiciera Rufino Tamayo para ¿Águila y sol? La primera edición de las cartas es del 98, y la hicieron el FCE y la Fundación Octavio Paz. Tuvo una reimpresión en 1999, así que debe de ser de fácil consecución. Confío en que será un libro apreciado por quienes lo consigan y lo lean, como ya lo es para mí.

sábado, julio 25, 2009

Culturas populares convocadas



Sin hacer mucho ruido, como en sordina, casi al margen de las marquesinas que sí tienen otras manifestaciones del espíritu, los programas de culturas populares son parte de lo más valioso que en efecto impulsan las instancias culturales del país. Digo que lo hacen en silencio porque es muy común que tendamos a considerar el trabajo de y con la cultura popular como menos valioso que el de la llamada alta cultura. A mi modesto parecer, creo que tan importante como la gran música es la música conservada generación tras generación en una comunidad; tan valiosa como la danza clásica es la expresión de bailantes en ceremonias religiosas, y así, la cultura popular, nacida casi de la nada, es manifestación del deseo colectivo por expresar.
Este inagotable tema ha sido abordado, creo que con éxito, en el Primer encuentro estatal de promotores y gestores culturales celebrado del 23 al 26 de julio en Ciudad Lerdo. Su sede fue (o es, pues hoy termina) el Centro de Bachillerato Tecnológico Industrial y de Servicios número 4, y en él fueron discutidos asuntos vinculados con la diversidad cultural, la interculturalidad, el patrimonio cultural inmaterial y las culturas populares indígenas. Sus organizadores fueron el Conaculta, el gobierno de Durango, el Instituto de Cultura del Estado de Durango, el INAH de Durango, la Secretaría de Turismo y Cinematografía, la Dirección General de Culturas Populares, la Coordinación Estatal de Culturas Populares e Indígenas.
Es su programa figuraron cuatro conferencias magistrales: Legislación cultural en Durango; El patrimonio inmaterial de México; Salvaguarda del patrimonio inmaterial y Patrimonio histórico y monumental de Durango. Asimismo, fueron establecidas siete mesas de trabajo: Políticas culturales estatales; Intención educativa de los promotores y gestores culturales; Museos, sociedad y desarrollo cultural; Patrimonio turístico; Medios de comunicación y culturas populares; Medio ambiente y desarrollo sustentable y Presencia de los jóvenes en la promoción y gestión cultural.
Junto a ese ya de por sí nutrido programa, hubo talleres de suyo interesantes, todos relacionados con el tema vertebral del encuentro, como el de Procuración de fondos para el desarrollo de proyectos culturales, el de Formación de promotores de cultura turística y el de Actualización de tecnologías audiovisuales.
En su presentación, el Encuentro ha enfatizado el valor de la cultura popular material e inmaterial como valioso patrimonio de las comunidades en particular y del país en general: “Hoy aceptamos —señala— que México es un país pluricultural en el que la riqueza cultural de cada grupo étnico y de cada grupo popular crea (en el campo de la historia) la identidad nacional que aparece como suma de concepciones, conocimientos, tradiciones, valores, cualidades y diversidades. Por eso importa revalorar la cultura y sus diversas manifestaciones, pues ello significa la revaloración del trabajo del hombre, de las formas de organización social producto de la historia: la afirmación de la dignidad popular y con ello la nacional”.
Hoy termina entonces este valioso encuentro de especialistas en un tema que, como observé al principio, parece manejado siempre en las orillas de la discusión pública, pero que sin duda reviste una importancia fundamental, ya que trabaja con las manifestaciones del quehacer humano en las que queda depositada no sólo la necesidad de sobrevivir, sino varios factores que moldean y dan forma a esas manifestaciones de suerte que, con el tiempo, terminan por convertirse en productos culturales comunitarios, colectivos. En la alta cultura, cierto, no todo lo que brilla es oro, pero, de hecho, todo es oro en el flanco de la creatividad humana popular.

viernes, julio 24, 2009

Desastres de la CFE



¿Para qué certifican a las empresas si de todos modos son mexicanas y se comportan como tales? ¿Para qué demonios sirven esas vainas del ISO chorrocientosmil? No entiendo y cuento. Hace unos meses un amigo filósofo me cuestionó burlonamente, con toda su genial trascendencia, sobre ciertos textos míos relacionados con las minucias de la vida cotidiana. Algo sobre cobros abusivos de Simas o Telmex, no recuerdo. El amigo filósofo, a risotadas, dijo: “¿A quién le importa lo que te cargaron de más en Telmex?” Pues sí, a nadie debe importarle eso, pero hay un detalle que tal vez no ha pensado mi amigo inteligente: si lo que me pasa a mí le ocurre a miles de mexicanos, creo que no es ocioso abrir cancha, de vez en cuando, a esos temitas vinculados a la supervivencia en nuestro reino salvaje. Y es lo que deseo contar hoy aquí, en lo que me queda de columna y con lo que me queda de columna (ya verán por qué digo lo que digo).
Vivo en una colonia de clase media y relativamente vieja, en Torreón. Digamos que radico cerca de la así llamada plaza del Eco. Pues bien, durante varias semanas de esta temporada de calor, mis vecinos y yo hemos padecido cortes abruptos del suministro de energía eléctrica. Tras un tronido bestial del transformador, la electricidad nos abandona y es entonces cuando los vecinos salimos a la calle con dos objetivos: para ver qué pasa y para evitar el sofoco en el interior de las casas. Eso ocurrió siempre de noche, no sé si casualmente, durante tres domingos seguidos, un jueves y algún otro día: cinco veces en menos de un mes, casi como si fuera una rutina. Por supuesto, la cuadrilla (de dos) trabajadores de la CFE llegó y reparó el desperfecto, lo que consistió básicamente en bajar fusibles con una pértiga, repararlos y volverlos a su sitio. Lo bueno es que siempre solucionaron rápido el problema; lo malo, que el apagón ocurría cada vez más seguido. Los vecinos (entre los que está, por cierto, mi amigo Joel Cobos, conductor de noticieros en radio) y yo les preguntamos a los trabajadores de la cuadrilla por qué pasaba eso, y ellos nos respondían que la línea quizá estaba sobrecargada y el transformador ya no daba el ancho. Algo así. Nos recomendaban llamar a la CFE, para que allá vieran el procedimiento a seguir.
Al fin, el miércoles 22, varios trabajadores se apersonaron en el lugar y comenzaron las labores de cableado nuevo. La verdad no sé qué tanto hicieron, pues no soy técnico y además estaba fuera de la ciudad. El jueves, o sea ayer, por la mañana regresé a casa y lo que hallé fue digno de pena, de horror, de rabia y de una disculpa de parte de la CFE para los vecinos y principalmente para mí. Cómo no, si la cuadrilla de expertos que arregló el desperfecto eléctrico hizo muy bien su chamba, lo que agradezco, celebro y felicito, pero al mismo tiempo dejó el exterior de mi casa convertido en un muladar. No exagero ni bromeo: un muladar. Bajé del taxi con mi familia y azorado, jetiabierto, desconsolado, vi el espectáculo de la mugre que es capaz de dejar una cuadrilla de trabajadores a los que no les han indicado que trabajan para la gente, no para los cochinos. Los han instruido para arreglar un desperfecto eléctrico, pero no para respetar el espacio donde deben trabajar. Tengo un enorme respeto por los trabajadores, me identifico con quienes meten lomo y manos a la vida para ganarse el pan, y por eso no puedo callar esa falta de respeto contra la ciudadanía, contra el mínimo buen gusto de respetar el espacio de otro trabajador que, como ellos, se gana el pan a pujidos y no merece que sus colegas trabajadores lo pisoteen así, con basura de todo tipo: latas, botellas de plástico, bolsas de frituras, colillas de cigarro, trozos de alambre, servilletas, limones partidos para la chela y todo tipo de marranadas más. Dejaron incluso un vacío megacarrete de madera, de esos que sirven para enrollar cable. Destrozaron además la línea telefónica, abrieron un pozo y dejaron tierra regada aquí y allá. No tengo ayuda, así que pasé limpiando la mañana del jueves, por eso digo lo de mi columna y lo del embustero ISO.

jueves, julio 23, 2009

Mar en mi memoria



Si analizamos el mapa mexicano podemos advertir que se abre como un cono seminclinado. La parte más ancha y central, compartida por Chihuahua y Coahuila, casi está deshabitada. Por allí aparecen Ojinaga, Piedras Negras, Ciudad Acuña y otras ciudades relativamente pequeñas. Algo más abajo se ubica La Laguna, justo en el ombligo del norte. Si nos ponemos exigentes, hay otras dos o tres ciudades mexicanas más o menos importantes que están más lejos del mar que las de nuestra comarca. Pese a eso, los laguneros, por estar ubicados en el centro del norte, es decir, en una de las secciones más anchas del país, tenemos un permanente anhelo de mar y hay muchos coterráneos que se van de la vida sin conocerlo.
Hace poco, por ejemplo, un amigo de treinta años me dijo que no conocía el mar. No sé si eso provoca asombro en otros, pero a mí me parece injusto. En otras palabras, no acepto fácilmente que haya adultos ajenos de por vida a la fascinación de los océanos. Es quizá una fijación marítima que no logro sacudirme, es La isla del tesoro y Robinson Crusoe que en sus versiones literaria y fílmica me gustaron tanto y nunca me abandonan del todo, menos cuando vuelvo a ver la inmensidad de las aguas en las que uno se sabe o se presiente insignificante, finito frente al incesante movimiento de las olas.
Vi por primera vez el mar a los catorce años, esto en 1978. Estaba en la secundaria federal Ricardo Flores Magón, de Lerdo, cuando el profe Gámez organizó un viaje de “estudios”. Esos recorridos eran un verdadero desmadre, pero siempre les llamábamos de “estudios” seguramente como coartada para conseguir fácil el permiso de los padres y salir en paz. Viajamos en el camión de la secundaria, un bus que ya para entonces parecía destartalado. Supongo que uno se acomoda mejor y sufre menos cuando es joven, pues no tengo un solo recuerdo tortuoso del recorrido. Es seguro que los asientos eran incómodos, que el camión andaba a vuelta de rueda, que no tenía aire acondicionado ni nada de eso, pero de todos modos no retengo malestares que sin duda hoy sofocarían mi ánimo de emprender una aventura así de precaria. Viajamos por la ruta de Tampico, donde llegamos al puerto que me pareció inmenso y feo. Luego seguimos hacia el sur, entramos al estado de Veracruz y en un punto equis nos detuvimos. Fue allí donde el profe Gámez nos anunció una parada: era la ciudad de Tecolutla. Todos nos apuramos para colocarnos trajes de baño o shorts y como desaforados, sin saber nada de mar, corrimos a la playa. Allí toqué aguas saladas por primera vez. Sin freno, todos toreábamos olas, nos dejábamos revolcar por ellas y no es por presumir, pero gracias a mi entrenamiento en tajos, albercas (la Alejandra, la Konabay…) y Raymundo pude internarme un poco más allá de lo prudente, en ese punto en el que la vista puede ver el agua al ras, como en un plano. Si alguna vez he hecho algo mínimamente heroico, tal acto se dio en aquel momento. Un compañero del salón, a quien por cierto me he topado con frecuencia y recuerda el suceso tanto como yo, se internó a las aguas con igual confianza, por su lado. Ignoraba que el mar es traicionero (disculpen el manoseadísimo adjetivo), que quien no le sabe el truco puede morir ahogado a la primera incursión. Así le iba a pasar: confianzudo, se fue alejando de la playa, empujado hacia adentro por las olas de rebote. Cuando menos lo pensó, el pobre ya no tenía piso, arena bajo sus pies, y comenzó a flotar. Creyó que regresaría sólo con eso, sin moverse. Pero lo que resultó fue lo contrario: el mar lo metía más al mar, aunque suene extraño. Allí comenzó a gritar. Yo era el único que andaba cerca, y como pude me acerqué. Vi que estaba horrorizado, así que le indiqué que esperara la crecida y tratara de nadar de a poco en poco hacia la playa. Pasados cuatro o cinco intentos, pudo tocar suelo y caminar hacia la orilla. Fueron dos o tres minutos de pavor, pero mi indicación le sirvió. El mar me recibió pues con esta anécdota. Cómo olvidarlo pues, cómo dejar de respetarlo.

miércoles, julio 22, 2009

Sin noticias y con Sabina



Tenía toda la vida de mis hijas sin darles el enorme lujo del mar. Acá estoy con ellas, con mis pequeñas, hecho un vallartense océano de cariño para las tres. Lo malo es que estas han sido también, de paso, unas obligadas vacacioncitas informativas. Tengo desde el pasado fin de semana sin internet, sin periódicos, sin radio. Lo único que para mí hay es televisor, pero debo resignarme a ver Hannah Montana o Bob Esponja. Ni modo. Todo sea por ellas, para que en el futuro acunen este otro buen recuerdo de su padre, un padre que no será muy bueno, pero que las ama. Ni la compu me traje por eso, para no batallar con la tentación de usarla, para estar todo el tiempo con mis hijas.
Cuando queda un hueco, eso sí, leo a rápidos saltos lo que hallé más a la mano. Tenía Ciento volando de catorce, los sonetos de Sabina. Como de casi todos mis cantantes favoritos de la juventud, de él también me he distanciado. A veces, de casualidad, sin detenerme mucho ya, lo oigo y creo que sí, que me sigue gustando. Valoro su ingenio, su quevediano cinismo. Creo que ése su fuerte. A diferencia de otros compositores que se creen méndigos (Arjona es el mejor ejemplo), a Sabina uno sí termina por creerle todo el desenfado, el humor, la mirada irónica, el chispazo desacralizador, la malditez en todo verso.
Al ir leyendo sin ruta, al azar, sus sonetos, veo que los recursos de las letras son aquí explotados en la misma tesitura mordaz. Pese a la falta de la música, el encanto no lo pierde. Al contrario: dada la rigidez del soneto, Sabina avanza por el desafío sin parecer forzado no con el metro ni con la rima. Su más caro recurso retórico, la acumulación, arma piezas enteras en las que el verso catorce queda guardado para suministrarnos la sorpresa que sugiere el título. Por ejemplo, en el soneto “Que no llevan a Roma”: “La Habana, Londres, Fez, Venecia, Lorca, / Nápoles, Buenos Aires, Sinaloa, / Guanajuato, Madrid, Gijón, Menorca, / Ronda, Donosti, Marrakesh, Lisboa, // Cádiz, Granada, Córdoba, Sevilla, / Úbeda, Vigo, Tánger, Zaragoza, / Cartagena, Vetusta, Melipilla, / Montevideo, Cáceres, Mendoza, // Macondo, Esparta, Nínive, Comala, / Praga, Valparaíso, Guatemala, / Samarcanda, Bagdad, Lima, Sodoma, // Liverpool, Tenerife, Petersburgo, // Nueva Orleáns, Atenas, Edimburgo, / cien caminos que no llevan a Roma”; pese a su monotonía, me parece grato desafiar así al retintín del soneto, hacerle un juego de esa forma, con un puñado de ciudades con una frase hecha.
Algo similar le pasa al que sigue (“Ni con cola”), al que hasta le siento una resonancia a poema del maestro Gelman: “Anochece, deliro, me arrepiento, / desentono, respiro, te apuñalo, / compro tabaco, afirmo, dudo, miento, / exagero, te invento, me acicalo. // Acelero, derrapo, me equivoco, / nado al crowl, hago planes con tu ombligo, / me canso de crecer, me como el coco, / cara o cruz, siete y media, sumo y sigo. // Juego huija, me aprieto las clavijas, / me enfado con el padre de mis hijas, / abuso del derecho al pataleo. // Resbalo, viceverso, carambola, / este verso no pega ni con cola, / me disperso, te olvido, te deseo”. La acumulación aquí, a diferencia del otro, es un buen caso de enumeración caótica, un recurso literario que da idea de un numeroso e infinito desajuste.
“Alrededor no hay nada”, un poema hedonista: “El moño, las pestañas, las pupilas, / el peroné, la tibia, las narices, / la frente, los tobillos, las axilas, / el menisco, la aorta, las varices. // La garganta, los párpados, las cejas, / las plantas de los pies, la comisura, / los cabellos, el coxis, las orejas, / los nervios, la matriz, la dentadura. // Las encías, las nalgas, los tendones, / la rabadilla, el vientre, las costillas, / los húmeros, el pubis, los talones. // La clavícula, el cráneo, la papada, / el clítoris, el alma, las cosquillas, / esa es mi patria, alrededor no hay nada”. Igual, hermoso. Tanto como la líquida llanura frente a la que ahora leo.

domingo, julio 19, 2009

Reseña del seminario vitivinícola



Quien mejor que su propio coordinador para hacer una reseña de los trabajos. Le he pedido al doctor Sergio Antonio Corona Páez que nos compendie cómo les fue a los investigadores y a él en el seminario que recién acaban de celebrar en las instalaciones de la UIA Laguna. Esta es la reseña:
El miércoles 15 de los corrientes, el rector de la Universidad Iberoamericana Torreón, ingeniero Héctor Acuña Nogueira, sj, declaró formalmente inaugurados los trabajos del “XII Seminario Iberoamericano de Viticultura y Ciencias Sociales”.
La celebración de este evento de carácter internacional en Torreón, pone de manifiesto el interés que los historiadores científicos de otros países tienen puesto en la producción historiográfica del Centro de Investigaciones Históricas de la Ibero Torreón. Los académicos participantes fueron el Dr. Juan Blánquez Pérez, de la Universidad Autónoma de Madrid, el Dr. Sebastián Celestino Pérez, del Instituto de Arqueología del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (España), la Dra. Ana María Rivera Medina, de la Universidad Nacional de Educación a Distancia Vizcaya (UNED-Bizkaia), el Dr. Pablo Lacoste, de la Universidad de Santiago de Chile, el Dr. Frédéric Duhart, de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París, el Dr. Francisco Javier Medina, de la Universitat Oberta de Catalunya, la Lic. Michelle Lacoste, de la Universidad de Cuyo (Argentina), el Dr. José de Jesús Hernández López, de la Universidad de Guadalajara, la Mtra. Amalia Lejavitzer Lapoujade, del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM, y el Dr. Sergio Antonio Corona Páez, ponente y presidente del Comité Académico de este XII Seminario Iberoamericano.
Una vez iniciados los trabajos académicos, la temática desarrollada fue diversa, aunque siempre ubicada en el marco de una de las cuatro mesas: “Antigüedad Clásica”, “Edad Media”, “Austrias y Borbones, España y América Colonial” y “Época Contemporánea”. Las ponencias fueron las siguientes: “25 años de arqueología del vino en España. Evolución, metodología y logros de la investigación de la vitivinicultura en la antigüedad”; “Harás bueno el vino bebiendo”: vinum tu facies bonum bibendo (Mart., 5, 78, 16); “La sociabilidad del vino en España y en América: Tabernas y pulperías.(SS. XIV-XVIII)”, “Un modelo de explotación vitivinícola: La viña de la Iglesia Mayor del Señor Santiago. Bilbao, SS. XV-XVI”, “Viticultura comparada de Argentina y Chile: los lagares (1550-1850)”, “Una lectura de la economía parrense a partir de las rentas decimales de 1786”; “Las cepas de François Baco (1898-2009). Nacimiento y destino de híbridos productores directos del suroeste de Francia”; “Enoturismo y rutas del vino en Denominaciones de Origen emergentes: el caso de la D.O. Priorat y la D.O. Montsant (Cataluña, España)”; “La vitivinicultura argentina en la obra de Benito Marianetti” y “El vino mezcal de tequila: Entre el pulque, el aguardiente de caña y el vino de uva”.
Esta duodécima edición del seminario, que es la primera que se celebra fuera de Argentina o Chile, tuvo varios objetivos. Como parte de la comunidad científica global, sus miembros buscaron afinar el estado de la cuestión desde los diversos ángulos y temas propios de sus propios estudios, siempre relacionados con la vitivinicultura mundial. Segundo, se buscó aquilatar debidamente la calidad y trascendencia de las nuevas aportaciones al conocimiento que surgieron de estas ponencias. Se eligió a Torreón para anunciar la creación del proyecto relativo a la compilación y publicación de una enciclopedia de la vitivinicultura americana. Un punto importante de la agenda era la constatación de la vitivinicultura histórica lagunera, particularmente la parrense, una visión tan oculta como fascinante, la cual salió a la luz a partir de la publicación de la tesis doctoral del Dr. Corona Páez. Parras ha resultado ser la contraparte septentrional de Mendoza, en Argentina, ya que ambas poblaciones, ubicadas en desiertos y zonas fronterizas de la civilización, delimitaron la espacialidad vitivinícola del Imperio Español en América.
Tras la parte académica, se procedió a hacer una mañana de turismo regional. Por la tarde del jueves, estos visitantes distinguidos hicieron una visita guiada al Museo Arocena, tras la cual, el Dr. Pablo Lacoste procedió a dictar una interesante conferencia sobre las características e historia de los vinos argentinos y chilenos. El público quedó muy agradado y se procedió a realizar una degustación en la Plaza Peñoles del mismo museo.
El día viernes 17 se dedicó a realizar una visita de campo a la ciudad de Parras, y particularmente a la Hacienda de San Lorenzo. En ella, el grupo de perfil internacional tuvo la oportunidad de recibir las mejores atenciones de los dueños a través de la extraordinaria hospitalidad del Ing. Alfonso Cárdenas y señora.
Se procedió a realizar un recorrido de campo por la planta vinificadora, y de manera muy particular, por las viejas bodegas del establecimiento, certificando la existencia de prensas de sencillas y dobles, cuya fabricación se remonta al siglo XVIII, así como la existencia de otros artefactos propios de la industria vitivinícola.
La Hacienda de San Lorenzo ofreció una comida a los académicos, en sus jardines del norte, a la sombra ventilada y refrescante de sus centenarios nogales. La comida consistió en un conjunto de platillos elaborados con las ancestrales recetas de la misma hacienda, toda una experiencia gourmet digna del registro histórico.
Se hizo asimismo un recorrido por la ciudad de Parras y sus principales bodegas y establecimientos, y un muestreo de sus dulces regionales elaborados a base de higo y nuez, productos tradicionalmente parrenses desde el siglo XVII. Solamente puede describirse la reacción del grupo internacional como una experiencia de sorpresa, admiración y deleitado asombro.
El XII Seminario Iberoamericano de Viticultura y Ciencias Sociales tuvo por sede a la Universidad Iberoamericana Torreón, y contó con el apoyo adicional de la Embajada de España en México y de la Casa Madero.

sábado, julio 18, 2009

Los abajofirmantes



Hoy a las seis de la tarde en el Teatro Nazas, los abajo firmantes Armando Cuty Martínez, músico; Adolfo Nalda, promotor cultural; Eduardo Guayo Valenzuela, dibujante; Armando Monsi Monsiváis, cartonista; Alonso Licerio, grabador; Adela Murillo, fotógrafa; Prometeo Murillo, comunicador; Miguel Espino, fotógrafo; Francisco Aguirre, fotógrafo; Édgar Salinas, escritor; Martha Chávez, actriz; Édgar Badillo, actor; Erasmo Bernadac, dibujante y músico; Freddy Peniche, pintor; Guillermo Colmenero, escultor; Fernando Todd Rodríguez, abogado; Juan Carlos Esparza, músico; Carlos Reyes, escritor; Julio César Félix, escritor; Isidro Pérez, poeta; Miguel Valdés Villarreal, ciudadano; Guillermo Chávez, músico; Rafael Nájera, comunicador; Jaime Sifuentes, dibujante; Gustavo Montes, pintor; Fernando Lozano, fotógrafo; Raúl Jáquez, músico; Adriana Vargas, comunicóloga; Oswaldo Luévano, pintor y músico; Ana Villar, pintora; Daniel Maldonado, escritor; Alam Sarmiento, actor; Juan Antonio Martínez, músico; Pablo Ulloa, actor; Miguel Canseco, grabador; Vanessa García B, comunicadora; Irma Martínez M, ciudadana; Erón Vargas, mimo; Héctor Moreno, fotógrafo; Adolfo Perales, músico; Karla Bórquez, ciudadana; Alejandro Montes, músico; Francisco Zamora, músico; Manuel Martínez M, físico-matemático; Ivonne G Ledezma, escritora; Paulo Gaytán, escritor; Cecilia Rojas Orozco, fotógrafa; Francisco Vanegas, músico; Rodolfo Rivera, músico; Carlos Velázquez, escritor; José Valdez Perezgasga, dibujante; Miguel A Valenzuela, mimo; Guadalupe Lozano, ciudadana; Arón González, actor; Evert Olague, músico; Héctor Cota, músico; Daniel Román, músico; Daniel Castillo, músico; Olaf Lozoya, músico; Renata Chapa, comunicadora; Claudia Galván, músico; Ricardo Kikín Placencia, músico; Daniel Villavivencio, músico; Eduardo Soto, músico; Iván Alicona, músico; Gilberto Herrera, músico; Gilberto Mendoza, actor; Héctor Iván González, actor; Cony Múzquiz, actriz; Antonio Valles, cardenchero; Fidel Elizalde, cardenchero; Genaro Chavarría, cardenchero; Guadalupe Salazar, cardenchero; Mirna Valdés, pintora y poeta; Sergio Pérez Corella, pintor; Jaqueline Mota, músico; Aldo Hermosillo, músico; Cristina Pérez, músico; Manuel Gallegos, músico; Luis Montañez, músico; Daniel Raddi, comunicador; Arturo Valenzuela, fotógrafo y yo queremos hacer una propuesta a la sociedad lagunera: ¿qué pasaría si en vez de una respuesta necesariamente agresiva contra la violencia, si en vez de la sistemática guerra contra la delincuencia, son atacados los detonadores de ese gran problema por medio de la apertura sostenida de espacios laborales bien remunerados, mejor educación, mejor salud, más espacios deportivos y acceso a la cultura para todos? La utopía es utopía por irrealizable, pero el arte siempre debe tender a manifestarse en favor de ella: no de otra cosa viven los creadores, sino de la materialización de sus sueños expresados en sonidos, trazos, movimientos, palabras. Por ello, como ciudadanos y como artistas, muchos laguneros queremos expresar la necesidad de que la sociedad sepa que es inviable, como camino único, el enfrentamiento sin más entre las fuerzas del orden contra quienes operan fuera de la ley. Hace falta que reflexionemos todos juntos en la urgencia de insistir en ese hecho irrecusable: la violencia no desaparece con violencia, sino con formación de conciencia ciudadana y mejores condiciones de vida no para una minoría, ni siquiera para una mayoría, sino para todos.
Por lo anterior, varios artistas laguneros invitan a todos sus coterráneos a sumarse al encuentro Artistas por la paz y la no violencia. Habrá abundantes propuestas creativas en su forma de obra gráfica, teatro, algo de literatura y principalmente de música. La cita es este sábado a las seis de la tarde en el Teatro Nazas, y la convocatoria es abierta, gratuita, totalmente apta para cualquier público. Allí nos vemos.

viernes, julio 17, 2009

Lloviendo lumbre



Cuando calienta el sol aquí en la estepa siento mi cuerpo sudar dentro de mí. En efecto, con los calores que nos estamos cargando en estos días uno siente que el calor es algo casi metafísico, íntimo, tan profundo que no se quita ni a mentadas. Un sondeo informal entre los amigos y los compañeros de trabajo me deja ver que, contra lo que había comenzado a sospechar acaso alucinado ya por los calores, no estoy loco: la torridez de este julio le ha partido toda su abuela a los aparatos de aire lavado y a los rehiletes de techo. Algo ha pasado que, sin piedad ninguna, con una fiereza de Perro Aguayo y Cavernario Galindo juntos, el calor nos está golpeando y no ofrece minuto de reposo.
Tan grave es que a mi hora de escribir esta columna, las cinco de la tarde más o menos, no hallo en dónde diablos ponerme para que la cabeza piense. Si en condiciones normales gimo y lloro para que salga alguna idea más o menos bien peinada, en el infierno de este julio lo único que deseo es aventar el arpa y soñar con una cascada de comercial. Es tan incómodo este clima que miren, me está obligando a escribirle unas palabras para que sepa lo mucho que nos joroba la existencia. Un amigo muy cercano, a propósito, maldice con abundantes insultos y de manera contumaz al primer hombre que tuvo la nefasta idea de colocar aquí el primer techo para comenzar la civilización del Nazas. Creo que exagera, que hay lugares peores, pero es cierto que vivir aquí está gacho y que mucho influye el clima en la determinación de la poco exquisita personalidad lagunera. Luego de sobrevivir aquí, es cierto, los laguneros quedamos preparados para aventarnos un reality en condiciones extremas, un Fear factor cualquiera.
Creo que los científicos nos pueden informar qué tanto ha cambiado (hemos cambiado) el clima local. Ignoro si, por ejemplo, el calor que siento hoy más agresivo sólo se basa en mi actual percepción de ruco o si en verdad ha empeorado, y cuánto. De niño (¿uno percibe distinto cuando es niño?) sentía calor en buena parte del año, pero no era lo que ocurre ahora. Hacía calor, mucho calor, pero bajo una sombra, dentro de casa y con un ventilador de aspas era suficiente para mitigarlo. Ahora puedo comprobar que de madrugada, digamos a las tres de la noche, el aire lavado y el rehilete juntos no ahuyentan el calor, de suerte que si no lo logran a esas horas mucho menos pueden hacerlo durante el día, principalmente en las tardes, cuando La Laguna es un comal que permitiría tatemar elotes y guisar huevos en el pavimento.
Lo que digo sobre el calor lo afirmo desde mi posición de trabajador oficinesco y sedentario. Si allí, en esos espacios seguros y confortables no hallo para dónde hacerme, no quiero pensar en los jales que demandan trabajar al tú por tú contra el sol, chambear cuando el calor pega como ácido en la piel. Pienso que, aunque parezca no venir al caso, es meritorio, heroico casi, desempeñarse en ocupaciones en las que el calor y el sol son inevitables. Nadie, creo, repara en el esfuerzo doble y hasta triple de taxistas, albañiles, constructores de carreteras, vendedores ambulantes, repartidores, jardineros y demás hombres de acero que para llevar el sustento a sus hogares se parten el lomo por bajos salarios y un trabajo cuya rudeza consiste en resistir los 45 grados o más que vomita el sol con todo encono.
Luego de comentar lo comentado ya estoy escuchando las brillantes soluciones de algunos claridosos. “Ya inventaron los ‘climas’”. Sí, ya los inventaron, pero no sé si todos estamos pensando en lo mismo y qué pasaría si multiplicamos exponencialmente el número de esos aparatos. ¿Nos iría peor con el gasto de energía? ¿Modificaríamos más aceleradamente el ya de por sí deteriorado ambiente que hemos ayudado a devastar? ¿Qué solución queda ante el eventual arribo de los temibles 50 grados? Miren nomás en lo que estoy pensando por culpa del cabrón calor.

jueves, julio 16, 2009

Sábado de Artistas por la paz



Para el sábado próximo ha sido organizado un encuentro de artistas cuyo fin es unir voces para hacer una sola exigencia: que cese la avalancha violenta que atenta contra la paz social. La convocatoria es la siguiente:
A propósito del actual clima de inseguridad y violencia que golpea a nuestro país, varios músicos, artistas visuales, escritores y actores laguneros celebrarán un encuentro por la paz en el Teatro Nazas el próximo sábado 18 de julio a las 18:00 horas.
Preocupados, pues, por la situación que afecta al país y mantiene en permanente estado de zozobra al grueso de la población, los artistas laguneros han decidido reunirse para manifestar por medio de sus expresiones que México no merece el presente escenario de inseguridad.
El encuentro es una actividad totalmente desvinculada de partidos políticos, instituciones de gobierno, iglesias y demás formas de asociación civil, gubernamental o religiosa. Son los artistas, como individuos que crean e interpretan, quienes han decidido expresarse para contribuir al llamado por la paz que exige nuestro país en general y nuestra comarca en particular.
Los artistas laguneros aspiran con este encuentro llamar la atención de la ciudadanía para que todos sumen sus voces a favor de una exigencia fundamental: que el país retome las condiciones de tranquilidad necesarias para desarrollar a plenitud todas las actividades productivas, sociales, culturales y familiares.
La entrada al encuentro no tendrá costo alguno, será plenamente familiar y durará aproximadamente dos horas. Asimismo, es pertinente señalar que, sin excepción, los artistas laguneros que participarán no cobrarán por su trabajo. El objetivo es dar un primer paso hacia el aglutinamiento de los artistas en tanto trabajadores del espíritu, habida cuenta de lo importante que es la sensibilidad cultural como dique ante la violencia
La invitación queda abierta para toda la ciudadanía; este será un encuentro por la paz que todos los mexicanos merecemos.
Entre las propuestas del colectivo que organiza el encuentro Artistas por la paz y la no violencia está la difusión de un manifiesto; sus primeras líneas apuntan: “México atraviesa por uno de sus momentos más difíciles. Sumada a la crisis económica y al déficit de credibilidad en las instituciones políticas, económicas y sociales, la violencia ha venido a perturbar un bien que los mexicanos sentíamos definitivamente conquistado: la tranquilidad. Hoy, lejos de vivir en paz, casi todo el territorio del país ha sido secuestrado por una guerra cuya funesta hostilidad no discrimina a nadie. Aunque las razones estructurales de la violencia se incubaron lentamente, de unos años a la fecha se han disparado todos los indicadores de la inseguridad. Estamos viviendo, por ello, una época de horror, el México desconocido en el que nadie está seguro.
Ante tamaño problema es necesario insistir que la violencia es efecto de una crisis generalizada en casi todos los renglones del accionar nacional. En el rubro económico, la contumaz aplicación de un modelo generador de riqueza, pero, al mismo tiempo, depredador del medio ambiente e inequitativo en el reparto de los bienes, ha provocado durante más de dos décadas el deterioro sostenido de nuestros ecosistemas y un incremento geométrico de pobreza en estado terminal. Nunca como ahora son más los desposeídos de bienes y servicios, los desocupados, los olvidados por la mano del progreso, los adultos en edad productiva que por millones engrosan las filas del sub y el desempleo, los ancianos sometidos a la zozobra diaria de su incierta manutención, los jóvenes errantes entre las calles y los vicios, los niños abandonados a su suerte en el mar de la desdicha que sólo les depara un futuro clausurado…”.

miércoles, julio 15, 2009

Cumbre académica en Torreón



Hoy arrancan, y duran hasta mañana, los trabajos del “XII Seminario Iberoamericano de Viticultura y Ciencias Sociales” cuya sede será en esta ocasión, para lujo de los laguneros, la Universidad Iberoamericana, institución que lo organiza junto con la Embajada de España en México y la Casa Madero, de Parras de la Fuente, Coahuila. Digo “para lujo de los laguneros” no por jugar irresponsablemente con la hipérbole, sino porque, en efecto, este seminario es ya, de entrada, el más ambicioso encuentro vinculado con estudios históricos que se haya dado en la historia de la comarca. Hay muchos sistemáticos expertos en regatearle méritos, pero el motor principal de esta cumbre académico-vitivinícola, si se puede decir así, es el doctor Sergio Antonio Corona Páez, coordinador del Archivo Histórico Juan Agustín de Espinoza y cronista de Torreón, quien gracias a sus estudios doctorales ha trabado contacto con especialistas de todo el mundo relacionados con los estudios de la vid y el vino en tanto dinamos de economías locales y mentalidades.
La información sobre el Seminario es elocuente y ahorra cualquier rodeo: La “Asociación Iberoamericana de Viticultura y Ciencias Sociales” es una organización que se dedica al estudio de la vid y su producción etílica, así como a las relaciones posibles entre dicho cultivo, su producción y las sociedades productoras y consumidoras. Queda claro pues que la vitivinicultura es un amplio y antiguo fenómeno, al cual se le pueden hacer lecturas desde la economía (historia económica), la antropología (historia cultural, historia de las mentalidades, historia de la vida cotidiana), la botánica, la arqueología, la literatura, la música, la historia de la publicidad, la historia de la cultura material (artefactos relacionados), historia de las innovaciones y de la difusión tecnológicas, historia del gusto, y un sinnúmero más de entradas. Cada año, la mencionada Asociación, cuya sede se encuentra en Sudamérica, congrega a sus miembros de América y Europa en un seminario, esto con el objeto de analizar las propuestas y trabajos de sus académicos para su dictamen y para encaminarlos a su publicación. La mayoría de los miembros de esta asociación son doctores en diversas disciplinas, pero también cuenta con maestros y licenciados, todos muy prestigiados y conocidos internacionalmente por sus estudios, sus aportaciones en estas materias y por las universidades y centros de investigación a los que representan. Los últimos seminarios se han celebrado en Sudamérica: en 2006, en Talca, Chile; en 2007, en Mendoza, Argentina; en 2008 en Santiago de Chile, y en 2009 le tocó turno a Torreón, Coahuila, México.
La razón para celebrar el “XII Seminario Iberoamericano de Viticultura y Ciencias Sociales” en Torreón es que el pasado colonial de la Comarca Lagunera, y particularmente de Parras, fue muy brillante en términos vitivinícolas. De hecho, lo sigue siendo, si analizamos la constantemente galardonada producción de vinos de Casa Madero, y el hecho de que el “Valle de Parras” sea la única zona vitivinícola de México que ha sido reconocida internacionalmente como denominación de origen. El libro La vitivinicultura en el pueblo de Santa María de las Parras. Producción de vinos, vinagres y aguardientes bajo el paradigma andaluz, siglos XVII y XVIII, tesis del doctor Corona Páez, puso a la Comarca Lagunera en el mapa internacional de la vitivinicultura histórica.
En este seminario las temáticas serán diversas y serán expuestas en cuatro diferentes mesas: “Antigüedad clásica”, “Edad Media”, “Austrias y Borbones: España y América Colonial”, y “Época contemporánea”. Habrá, además, una visita de campo a la Casa Madero, en Parras. Felicidades a los organizadores, y que cunda el ejemplo de los trabajos de la cumbre historiográfica apegada a la ciencia y ajena a la fabulación.

domingo, julio 12, 2009

Mi ahuizote en Nomádica



Por estos días deambula en los puestos de periódicos el número más reciente de Nomádica, el 42, cuya llamada principal avisa sobre “El fuego de la vida”, texto sobre la producción rural de carbón en Viesca. Por mi lado colaboré con un artículo que espero tenga algún interés para el lector. Lo titulé “El jijo del ahuizote” y obviamente trata sobre una de las alimañas emblemáticas de la cultura mesoamericana. Viene:
De todos los animales descritos por fray Bernardino de Sahagún (León, España, circa 1499-México, 1590) en su Historia general de las cosas de Nueva España el que siempre me ha causado más horror es el jijo del ahizote. Ya desde el puro nombre impone miedo, pues no es lo mismo llamarse toro o león o tigre que ahuizote, palabra que suena a cosa fea, a golpe dado con un látigo, a azote. Fue esa palabra, como sabemos, la que hizo legendario al periódico opositor más virulento del Porfiriato, publicación que en años recientes tuvo una descendencia que siguió los fustigadores pasos de El Ahuizote primigenio.
Ignoro si hay otras descripciones de aquel animalejo, pero estoy seguro que, si las hay, son escasas. Ese fue y seguirá siendo el valor de la obra sahaguniana: dejar a la posteridad una pintura pormenorizada de todo cuanto había en el altiplano de México durante la primera época de la conquista. Sin Sahagún, pues, sabríamos mucho menos de la compleja realidad azteca, una complejidad que fue escrupulosamente observada por aquel franciscano al que anacrónicamente se le atribuyen dotes de antropólogo, etnólogo, historiador y lingüista.
La Historia general… es, pues, una obra monstruo, tanto que allí cupo todo lo que un hombre (Sahagún) y sus informantes juzgaron importante para comprender en el futuro lo que estaba siendo demolido por la cultura occidental. De no ser por esa recolección, innumerables datos, nombres, hábitos y palabras se habrían perdido para siempre tras el apagamiento de la cultura aborigen.
Sobre el abominable engendro de la naturaleza el padre Sahagún anota que el ahuizote era eso, un engendro de la naturaleza. El Libro XI, Capítulo IV, refiere en su inciso 2, titulado “De un animalejo llamado ahuítzotl, notablemente monstruoso en su cuerpo y en sus obras, que habita en los manantiales o venas de las fuentes”, que “Hay un animal que vive en el agua, nunca oído, el cual se llama ahuítzotl; es tamaño como un perrillo, tiene el pelo muy lezne y pequeño, tiene las orejitas pequeñas y puntiagudas, tiene el cuerpo negro y muy liso, tiene la cola larga y en el cabo de la cola una como mano de persona; tiene pies y manos, y los pies y manos como de mona; habita este animal en los profundos manantiales de las aguas, y si alguna persona llega a la orilla del agua donde él habita, luego le arrebata con la mano de la cola…”. Atrapada la víctima, dice Sahagún que el agua se enturbia y hay gran y espumoso escándalo hasta que todo se calma. Luego de algunos días, el muertito sale a la superficie sin ojos, sin uñas y sin dientes, aunque el cuerpo no muestra llagas o cortaduras, sino sólo “cardenales”, o sea, moretones.
Había, según Sahagún, un ritual luego de que las aguas escupían el muerto. Sólo podían tocarlo los sacerdotes, no la gente común. Luego veneraban el cuerpo con ceremonia musical y florida, pues se pensaba que el alma del victimado se iba sin aduanas al paraíso.
Comenta el franciscano que el ahuizote se las ingeniaba de otra forma para hacer sus travesuras: “para cazar alguno hacía juntar muchos peces y ranas por allí”, de tal manera que los codiciosos quisieran atraparlos sin saber que ellos iba a ser los cautivos. Pero eso no es nada. Cuando el ahuizote de plano pasaba una larga temporada sin merienda, su hambre lo hacía apelar al ingenioso Plan C, que consistía en lo siguiente: “salíase a la orilla del agua y comenzaba a llorar como niño, y el que oía aquel lloro iba pensando que era algún niño”, de tal manera que, al tratar de salvarlo, caía retenido por el competente bicho, tan competente que era hasta capaz de ventriloquía.
Tal vez Sahagún ayudó a fijar el mito del ahuizote como bestia espeluznante. Ahora sabemos por qué un periódico con ese nombre necesariamente debía manejar como política editorial tres rasgos indefectibles: la inteligencia, la elusividad y la fiereza. La fealdad no; ésta ya es asunto de pasquines.

sábado, julio 11, 2009

Casa de Coahuila en el DF



Anda en Torreón, gozando/padeciendo de estos calorones, Pedro Martínez Estrada. Lo conocí apenas el jueves, pero su conversación desde el principio fue tan cálida, abierta y afín a nuestro risueño desenfado que me hice una veloz conjetura: este amigo tiene algo de lagunero. No pasó mucho tiempo para que me enterara de la realidad: Pedro nació en Torreón, vivió su infancia y su juventud en la colonia Pancho Villa, estudió en la PVC y luego viajó a México para hacer sus estudios universitarios. Allá ha echado raíces, se casó, tiene dos hijos (uno abogado, otro publicista) y preside actualmente la Casa de Coahuila AC. Su visita a la comarca obedece a lo que todo buen hijo debe a sus mayores: viene a celebrar los noventa años de don Pedro Martínez Guzmán, su padre, quien durante décadas fue comerciante de una tienda de abarrotes con la que sacó adelante, no sin heroísmo, a una familia con ocho hijos.
Le he pedido a Pedro que nos informe sobre las actividades de la Casa de Coahuila. Mis noticias sobre esta institución, hasta ayer, eran muy pobres, aunque la ubico al menos de nombre porque en las muchas conversaciones que he sostenido con el escritor Fernando Martínez Sánchez él solía mencionarla. Sus frecuentes viajes a la capital incluían visitas a la Casa de Coahuila, así que luego me describía lo bien que era atendido en ese espacio. Nunca he estado allí, en esa Casa, pero sé que es reiterada sede para presentaciones de libros, conferencias y otras actividades análogas.
Mucho antes de saber de la Casa de Coahuila supe de otra similar. En charlas con amigos de Chihuahua escuché que los oriundos de aquel estado radicados en la capital reunirse en una asociación que les permitía afianzar lazos de chihuahuense identidad. Acudían escritores, pintores, médicos, abogados, empresarios y todos los que, sin más, hubieran nacido en el estado más grande del país. Luego, como dije, me enteré del caso coahuilense, que también nuestra entidad tenía un cubil en el que los nativos de estos desiertos podían mantener vínculos de camaradería y recuerdo de su espacio provinciano. Podrá sonar melifluo, pero creo que nunca está de más que el hombre tenga, cuando por alguna razón debe alejarse de su tierra, un punto de reunión en el espacio distante, un lugar en el que se afiance esa misteriosa forma de la amistad que se basa en la oriundez. Coahuila, pues, tiene una casa en el DF, la Casa de Coahuila, precisamente.
Me informa Pedro Martínez que la CdeC fue constituida en 1956 por Nazario Ortiz Garza, quien buscaba como objetivo la integración de los coahuilenses radicados en la ciudad de México y su zona conurbada, esto con el fin de que no perdieran su raigambre cultural e histórica. La Casa, añade, pretende ser una ventana para la promoción y divulgación cultural y académica, así como para el desarrollo industrial, comercial y de servicios.
Es, como ya quedó insinuado arriba, una asociación civil, de manera que no tiene objetivos de lucro. Es, creo, un espacio ideal para que los creadores de La Laguna de Coahuila presenten sus obras, si les interesa, en la capital del país. Este servicio no es poca cosa, habida cuenta de que las dificultades para lograr alguna módica promoción en el DF son particularmente difíciles para quienes no contamos con contactos adecuados en el centro. Pedro Martínez me da la dirección de la CdeC: Prolongación Xicoténcatl 10, Colonia San Diego Churubusco, 04120, Delegación Coyoacan, México, DF. El e-mail del director es pedro_mar_es@hotmail.com, por si algún lagunero desea su comunicación. Por lo pronto, el 13 de agosto el magistrado Jesús Sotomayor presentará allá uno de sus libros; después, el 8 de septiembre, hará lo propio Jorge Andrés Zarzosa Garza con su obra El brigadier. Felicidades a Pedro y más felicidades a don Pedro, su padre, por los primeros noventa.

viernes, julio 10, 2009

Cínica demora



Es muy delicado lo que está pasando con la secuela del siniestro en Hermosillo. Dije ayer que parece una sinécdoque (la parte por el todo) de lo que es México, y no me desdigo. La tardía y enredada y tal vez rasurada aparición de la famosa lista tiene flecos comprometedores para dar y repartir. No por otra razón afirmé hace dos semanas que el tema de la guardería estaba más allá de lo trágico, casi como si ese hecho fuera una carta con el estado de salud de la República. Lo más fácil, sin embargo, es caer en abstracciones que nos alejan del punto medular: 48 niños murieron horriblemente debido al desinterés de quienes en teoría los iban a cuidar, y de eso no se ha desprendido ningún castigo ejemplar para nadie.
Si mi opinión sirve de algo, soy de los que sostienen que hay áreas de la vida social en las que el Estado debe intervenir no sólo con laxas fiscalizaciones que por otro lado, lo sabemos, se prestan a cualquier cantidad de enjuagues. Así como el Estado se apropia del uso de la violencia para, al menos en un plano hipotético, imponer el orden, igual debe intervenir en el caso de la salud de los niños de los trabajadores. Ese servicio no puede ser transferido a otros sin riesgo, a menos de que haya una rigurosa, fría y frecuente observación de políticas y lineamientos. En otro terreno, es el mismo peligro que supondría la subrogación de cárceles, por imaginar un espacio igual de comprometedor.
Hay una aceptación tácita de la importancia que tienen las guarderías y su relación con el incendio en la cínica demora que se dio para que compareciera Daniel Karam, director del IMSS. En política, lo que parece casi siempre es. En otros términos, la posposición de esa audiencia pública se debió al uso electoral que podía darse de las listas. La granizada de votos contra el PAN, sin duda, habría sido mayor si salen a la luz los datos del negocio que es la subrogación de guarderías. Asistimos, entonces, a un momento aterrador de nuestra historia política antigua o reciente: 48 criaturas pagan con su vida, y otras más con su futuro, y el acontecimiento pasa de ser asunto judicial a electoral. Sólo en México se puede dar tamaña dislocación de la lógica.
A lo afirmado por José Ángel Cordova, secretario de Salud, respecto a que lo importante es que las guarderías funcionen bien sin importar quiénes son sus responsables, se puede contestar que en este caso el buen funcionamiento de esos espacios depende de la formación, el origen, la capacidad y hasta el talante humano de los concesionarios. Aquí, el dinero para ganar licitaciones no lo es todo, o al menos no debe ser el requisito de mayor peso. Si así fuera, cualquiera que tenga recursos y le quiera entrar al negocio podría hacerse no de una, sino de tantas guarderías como quisiera. Como al final ofrecerán un servicio a niños de muy breve edad, trabajo de suyo especializado, es esencial la calidad humana de quienes recibirán una guardería subrogada. Lo contrario, que es precisamente lo que se está haciendo, es meter en la tómbola a parientes, compadres y amigos que en muchos casos pudieran operar con total o mediana responsabilidad, y en otros, como en la guardería ABC, con el salvajismo sin nombre que implica hacer de cierto bodegón una presunta estancia para niños.
Estamos ya a poco más de un mes del percance. No debemos perder de vista que hasta en eso hay un mensaje, que todo comunica. La tragedia dejó al descubierto una cloaca de intereses y complicidades, y fue usada hasta el último momento como instrumento electoral. Esto significa, en una palabra, que las instituciones no están pensando en la salud, en la educación ni en la justicia, sino en sus beneficios coyunturales y en la preservación de privilegios. Ignoro si pueda haber afrenta peor para un país.

jueves, julio 09, 2009

México es una guardería



Las elecciones del domingo demostraron que México es una inmensa guardería subrogada que va de incendio en incendio. Así como en Sonora se invirtieron las tendencias luego de la tragedia en Hermosillo, en el país fue muy marcado el voto de castigo contra quien ha incendiado al país con una guerra irracional y quién sabe si necesaria, con una política económica que ha convertido al presidente del empleo casi en subempleado del priísmo ganón y, desde el inicio de su mandato, con torpes designaciones en su gabinete.
El usufructo que el PRI ha hecho de la novatez y la perversidad del panismo en el poder no está para disparar ninguna alegría nacional, pues tanto el pinto como el colorado son dos gallos que demostradamente han sabido hacer acuerdos de alternancia o convivencia que no afectan en lo sustancial a las mafias económicas y políticas. Baste decir que Televisa, por señalar sólo un caso, no ve con malas cámaras que llegue uno u otro, siempre y cuando esas dos opciones le cierren el paso a los sectores más amenazantes de la todavía llamada izquierda mexicana. Que pierda el PAN, que gane el PRI, que pierda el PRI, que gane el PAN… mientras así siga el carrusel, los grupos de poder enarbolarán sus triunfos como muy democráticos. Todo depende de quien arruine la guardería nacional: quien lo haga, pondrá en bandeja el triunfo de los “enemigos”.
La lección para quienes, contra cualquier debacle, aún suspiran por un gran y auténtico movimiento de izquierda que represente otros intereses y proponga una política de verdadera depuración es simple: aprender a elegir en las legítimas luchas intestinas, no guiarse por lo que digan los grandes consorcios de la comunicación y tratar de sumarse, en el grado que sea, al activismo por la causa. Suena utópico, pero no hay de otra sopa. Si el perredismo se queda atornillado en la quejumbre por su inepta dirigencia nacional, si se va con la pantalla de los ataques que los medios orquestan para ridiculizar o vapulear movimientos intragables, los resultados en el futuro podrían ser peores que los del 5 de julio. No fueron pocas las voces que se alzaron, por caso, contra el chuchato gandalla y entreguista; muchos militantes, analistas y simples simpatizantes advirtieron que esa dirigencia flácida se desmoronaría como castillo de harina al primer soplido electoral. Y eso pasó. Ortega y sus huestes se fueron abajo, entregaron cuentas paupérrimas, lo que haría prudente su germanización, es decir, que los inmolen como al dirigente del PAN, por incompetentes.
Asimismo, urge una etapa de definición en la parte más rejega del PRD. López Obrador y sus cercanos deben reacomodar las piezas en el tablero, apelar a los principios si los hay, es verdad, pero también acatar el pragmatismo requerido por los tiempos: salir o no salir del PRD, ese es el dilema. Hagan lo que hagan, deben hacerlo ya, sin demoras, pues sigo creyendo que hay muy poco tiempo para reorganizar al único movimiento severa, cínica, brutalmente atacado desde hace algunos años, pero todavía dueño de algún capital político que pueda servir para revivir en el ciudadano la posibilidad de una tercera opción, esa que nunca han dejado crecer los amafiados de las cúpulas para los que la democracia sólo tiene dos cabezas.
Mientas eso pasa, quedan tres años, o poco menos, para que el actual gobierno federal prosiga con el incendio del país. Sin la Cámara, sin la inmensa mayoría de los estados, todo indica que recibirá buen combustible, el suficiente para que sus errores sean cobrados por un priísmo ávido de ver desplomes que otra vez aseguren votos de castigo en abundancia. En síntesis, debemos prepararnos para ver el consabido espectáculo del uso electorero del desastre, la capitalización del incendio nacional a favor de las mismas camarillas de siempre. Lo dicho: México es una inmensa guardería, y subrogada.

miércoles, julio 08, 2009

Vuelve el jurásico



Hace una semana se escuchaban todavía estentóreas las baladronadas internéticas de Germán Martínez. La estrategia ruda, de manita de puerco y agresivo espot, no les sirvió en 2006 ni en 2009, pues en aquella ocasión el PAN logró apenas una pírrica e increíble (increíble no por asombrosa, sino porque muchos no la creímos) ventaja con la que arrebataron la presidencia y ahora, en las elecciones del domingo 5, perdieron casi todo. Lo que queda de ese prematuro naufragio sexenal es ver el aceleramiento de la maquinaria priísta para llegar con todo, como Acereros de Pittsburgh, al anhelado 2012.
La explicación que puedo hacerme de este regreso tricolor al carro (casi) completo es que no se trata de un regreso, sino de algo distinto que no sé cómo definir. Por decirlo de algún modo, es como si el PRI nunca se hubiera ido, y si alguien o algo no se va, es imposible que regrese. O sea, como el legendario dinosaurio, siempre ha estado allí. En apariencia, tras el triunfo de Fox el priato quedó con la mandíbula rota y en la lona, noqueado por los siglos de los siglos. Falso. Fox y el PAN se hicieron de la presidencia, es verdad, pero nunca del Congreso ni, mucho menos, de la mayoría de las gubernaturas. La cosa parecía, al menos, empatada, pero lo cierto era que no, que el PRI siguió teniendo el control casi completo del país, dado que el centro del poder se desplazó del presidente a los feudos estatales, concertados mínimamente por una dirigencia nacional priísta un tanto testimonial, en efecto, pero con la suficiente representatividad como para seguir dando apariencia de cohesión y fuerza partidista.
Aunado pues al poder recién descubierto por los gobernadores priístas —quienes de golpe pasaron a convertirse de marionetas del ejecutivo a seres autónomos en su corral—, Fox hizo de su mandato una farsa que lastimó severamente los principios históricos del PAN. El payaso guanajuatense, embotado (no sólo porque usaba botas, sino) por su repentino poder y su falta de altura intelectual hizo que el tricolor se fortaleciera atléticamente en los estados. Los gobernadores advirtieron muy pronto que la dinámica había cambiado, que apoyados por su dirigencia nacional, pero sobre todo por los recursos propios legales e ilegales podían acomodar piezas en la Cámara y nombrar en cada entidad sucesores cómodos sin la intromisión del centro. El triunfo del PRI el domingo 5 no es el triunfo del PRI nacional, sino de las dirigencias estatales y del apoyo recibido por cada candidato en cada uno de sus feudos. Sonora es un caso anómalo, por lo que ya sabemos; si no hubiera ocurrido ningún incendio, el seguro arrasador en ese estado sería el partido que hizo lo propio en otras cinco entidades donde hubo elecciones para gobernador.
A nadie se le oculta que las elecciones pasadas son apenas un renglón en la épica novela que escribe el PRI para cristalizar su retorno a Los Pinos. Que la boca se me haga chicharrón, pero lamentablemente creo que no queda mucho tiempo ya para que el PRD o el PAN, los dos únicos partidos que podrían dar la pelea, se recompongan y descarrilen un tren que viene a gorro. En el PAN no queda figura relevante (¿Josefina Vázquez Mota, Juan Molinar, quién?) que pueda soñar con una candidatura de peso. El PRD-PT-Convergencia o lo que resulte de esa ensalada, sigue teniendo los activos de Ebrard y López Obrador, pero uno se verá chico en el ranking y el otro será marrulleramente obstruido incluso más de lo que padeció en 2006. El camino luce libre para dos personas, y en el fondo eso fue lo que se dirimió el domingo 5: ya sabemos qué partido se adelanta hacia las elecciones de 2012 y sólo nos falta saber si su candidato es norteñamente bigotón o envaselinadamente copetón. Eso irá quedando claro en unos meses. Ni pex.

domingo, julio 05, 2009

Votar y qué más



No votar es tirar el voto; votar es tirar el voto; anular es tirar el voto. Nunca como ahora habíamos estado colocados en el mismo desfiladero para todas las opciones que tiene un acto tan simple y en apariencia tan decisivo como el de sufragar. La discusión, creo, camina por otro rumbo. Hemos llegado a un entrampamiento en el que no nos queda opción: como el voto está sitiado y ya no garantiza sino más de lo mismo, la misma continuidad putrefacta que tiene al país en cama, agónico, el factor de cambio, si lo hay, no está en el voto en sí mismo, sino en la participación continua del ciudadano, en el acto de sumarse con cierta permanencia a la actividad política, no nada más a la jornada electoral de un domingo cualquiera.
No me engaño: es un sueño guajiro aspirar a un cambio de actitud del ciudadano para que de la queja y la impotencia pase a la acción organizativa. De los partidos a la mexicana y de los políticos a la chichimeca ya nada debemos esperar, sólo la recurrente habilitación de fórmulas de control (“legales”) que los favorezcan. El ciudadano, en cambio, sería la última palanca para fortalecer la esperanza en una verdadera transformación económica y social. Pero, enfatizo, no me engaño: por muchas razones ha sido impuesta la idea de que la participación política colectiva no es necesaria. El neoliberalismo feroz no sólo es, en este sentido, una tendencia económica. Como cualquier proyecto económico, necesitaba una base de pensamiento que sirviera a su propósito fundamental, que es crear riqueza descomunal, inclemente, despiadada contra la sociedad y el medio ambiente, y siempre inequitativamente repartida. Esa base de pensamiento es visible en la masificación de la frivolidad que encarna el mundo del espectáculo, el consumo compulsivo, la irracionalidad del clasismo y todo lo que los medios crean como imágenes inconexas, distractivas y desactivadoras de la irritación masiva. Al final, eso que funciona a la perfección en sociedades como Canadá, Finlandia o Suecia —donde no importa si la gente se desentiende de la política puesto que, además del capital original histórico que permitió su desarrollo, los políticos tienen una noción más estricta del honor y del servicio y por lo tanto cumplen con su trabajo como lo haría cualquier profesional—, en países como México sólo ha provocado que gradualmente nuestros políticos hayan pasado de mal a peor y a pésimo en función de que no ha habido una sociedad que los fiscalice y los castigue, que ponga contrapesos a su proverbial rapacidad. Lejos de eso, los mexicanos hemos sido cada vez más permisivos, más indiferentes ante el hacer de la nuestra clase política. Sabemos que son unos podridos, sabemos que cada vez se pudern más y que ahora es imposible cruzar los pantanos partidistas sin mancharse. Porque, bien mirado, no hay político mexicano actual que no tenga trapitos o trapotes qué esconder, pero exhibidos o no, la composición amafiada del poder, sumada a la indiferencia de los ciudadanos, hace imposible cualquier tipo de sanción incluso en casos terribles de corrupción e/o incompetencia.
México es una pachanga para la casta de politicastros que lo gobiernan. Por eso, mientras el periodismo o el ciudadano común debaten sobre el voto equis o el voto zeta, la partidocracia echa maromas de felicidad, pues sabe que han sido puestos los candados necesarios para que a ellos se les dé, como dicen los empresarios, una dinámica de “ganar ganar”, lo que equivale, esto para la complaciente ciudadanía, a “perder perder”.
La lista de desastres cívicos, solos o combinados, tiene ahora un elemento más: el voto llamado blanco. Poco antes, el poder estaba tranquilo porque la gente no votaba por ignorancia, apatía, miedo, resentimiento, irritación y desorganización. Ahora, el voto más promovido fue el voto que deliberadamente es anulado, lo que, si es alto, tendrá un valor sólo testimonial, y ya sabemos que a los políticos todo reclamo que se quede en el plano del testimonio se hace acreedor a una sabrosa restregada por el arco del triunfo.
Dije hace algunas semanas (en la columna titulada “Cuatro caminos”) que había sólo una posibilidad, un resquicio a este desbarajuste. Lo plantee en el punto cuatro de ese texto: “El voto ‘volado’. Lo llamo así porque es como un volado, un águila o sello. En el panorama político mexicano no hay muchos signos alentadores: todos los actores parecen desgastados, manchados, desahuciados. Elegir es, casi casi, jugar a la ruleta rusa con seis balas en el tambor, y no por nada han cobrado tanta fuerza la abstención y la anulación. Creo, sin embargo, que la ruleta rusa puede contener una bala de salva. Yo sé cuál puede ser (nótese que el “puede” enfatiza lo hipotético del argumento), pero sólo lo pienso y no lo digo. Es la opción que, por sus errores y por la hostilidad que históricamente ha padecido, no ha podido nunca colocarse en un plano de decisión realmente importante, salvo en un caso. Esa opción no garantiza nada, pero creo que merece al menos un voto de confianza por no haber sucumbido ante los hachazos del poder. Nomás por eso conjeturo que no ha de ser la peor opción, y votaré por ella”.
Un buen lector, Armando Moncada, me dijo en una carta (4-6-09): “Lo que llamas voto volado y presentas medio de perfil, medio misterioso, podría hasta ser interpretado errónea cuanto literalmente como un ‘águila o sol’ o un ‘de tin-marín’ frente a la b'oleta, lo que sería igualmente irresponsable que la abstención. Francamente no lo creo posible en un ciudadano pensante como tú, y volveré a ello al final del texto. Aunque debo reconocer con el mayor comedimiento y respeto el derecho de cada cual a mantener en secreto su preferencia electoral (…) Debo aclarar que ni conozco a los candidatos del [xx] y [xx], ni me interesan, ni estoy afiliado a ninguno, pero que el voto en favor de estos partidos representa la alternativa menos peor, pensando en lo negro que se observa en el horizonte político y social y lo que nos espera en el 2012. No hay más mulas p’al arado que las que están en el corral y que, aunque flacas y pasmadas, peor se pondrá la cosa si éstas se nos mueren o se nos pierden. ¿Era a esto a lo que te referías con lo del voto volado? Hombre, si así fuera, yo le hubiera llamado mejor ‘voto embozado’ o ‘voto pudibundo’ y santas pascuas, no hubiese habido fijón”. Pues sí, era eso a lo que me refería. A votar por unos no con un volado, sino con la remota esperanza (he allí el águila o sol) de que rompan con la inercia predadora de nuestros polacos.
Pero enfatizo: las elecciones han sido rebasadas. Mientras el ciudadano no dé un extra, todo lo que digamos sobre el voto será palabra estéril.

sábado, julio 04, 2009

Golpe a golpe



La asonada en Honduras parece una mera anécdota en la historia de América Latina, pero no es para tomarse a la ligera o verla de reojo, como si aquella no fuera más que una zarzuela centroamericana de la cual nos podemos desentender así nomás. La historia de nuestro continente cultural fue plagada durante dos siglos casi enteros, el XIX y XX, por la mala suerte de sufrir, sistemáticamente, golpes castrenses que de la noche a la mañana, sin metáfora en este caso, se hacían del poder a punta de bayoneta y sangre. Esa tentación, por lo visto, no ha dejado de estar allí.
Un chiste ilustra la catadura de los militares llegados a la cima de la política por medio de las armas. Por eso aguas. Aquellos milicos, como los cocodrilos, no se andan con mamadas, así que más vale leer esta historia como parábola bíblica. Va pues. Se cuenta que un grupo de generales se reúne en la clandestinidad para acordar un albazo contra el generalote que durante décadas ha controlado las autocráticas riendas de cierto país. Los militares debaten, cuestionan, se animan, se desaniman, se engallan. Luego de varias horas, entre el humo de los cigarrillos y el amargor del café quemado, todos por fin coinciden en sacar a la tropa muy temprano, a las cinco de la mañana (de allí la palabra albazo), para asumir el control de la nación y destituir (si se puede hasta matar) al sátrapa. La reunión se deshace, todos salen con cuidado hacia sus puestos, y uno de ellos, el general Martínez, quien por cierto será el personaje al que seguiremos, va a su casa. Desde el principio, aunque actuó bien para que no se notara su vacilación, pensó que eliminar al comandante supremo iba a estar del maldito carajo, y que, si la operación fallaba, todos los militares insubordinados desfilarían, sin juicio ni nada, frente a gatilleros que gustosos harían fuego en algún descampado de la selva. La duda lo engullía. Eran las once de la noche, la víspera del golpe. Martínez tenía sueño, pero no podía dormir. A las doce con treinta comenzó a resquebrajarse su seguridad; pensó en vestirse de inmediato para ir al palacio del supremo general y delatar a los golpistas. La duda lo detuvo. ¿Y si lograban su propósito? Al final de cuentas, todos habían jurado lealtad al proyecto, por el bien de la patria. Pasó otras dos horas despierto, inquieto, fumando en un patio interior, concentrado en el futuro inmediato. Eran las dos y treinta de la madrugada cuando, decidido, fue a tomar la llave de su coche: iría a palacio para denunciar a los traidores y salvar así su pellejo. Ya en el coche, antes de encenderlo, recordó los rostros de sus colegas: en todos vio el gesto del arrojo, de la certeza, del odio al criminal que se había enquistado en el poder. Martínez permaneció así, quieto, nervioso, sudando, sin encender el coche. Sacó un cigarrillo y comenzó a fumar en la oscuridad de su garage. En ese preciso momento se estaba jugando su futuro, un águila o sol del que dependía su vida y las de todos sus familiares. Seis, siete, tal vez ocho cigarrillos más pasaron volando dentro del coche. Vio su reloj. Faltaban quince minutos para las cinco, y calculó que podía estar en las puertas de palacio en poco menos de diez minutos. Encendió el coche, y aceleró. Frenó frente al enorme enrejado de la entrada central. Unos guardias se aproximaron y, al identificarlo, le permitieron el paso sin mayores trámites. Faltaban cinco minutos para las cinco. Un ama de llaves le permitió llegar sin problemas a la recámara del supremo general, quien aguardaba plácido, fumando y con bata de dormir. De inmediato, Martínez le comunicó la nueva:
—Señor comandante, he asistido como supuesto aliado a reuniones tramadas para derrocarlo hoy a las cinco de la mañana. Yo soy leal a su persona y a la patria, así que vengo a que tome providencias.
—Caray, Martínez. Nada más faltaba usted para venir a denunciar ese asqueroso plan. Ya me estaba decepcionando.

viernes, julio 03, 2009

Policiales de Fernando Fabio



Si no es sólo una casualidad, ignoro la razón precisa por la que de unos años a la fecha La Laguna ha construido un lote ya atendible de ficciones policiales. A Cuatro crímenes norteños, de Paco Amparán; a Partitura para mujer muerta, de Vicente Alfonso; a Leyenda Morgan, de mi autoría, viene a sumarse De la escritura a la evidencia, siete historias (pseudo) policiales, de Fernando Fabio Sánchez, libro publicado bajo el sello editorial de la UAdeC en la segunda serie Siglo XXI-Escritores coahuilenses. Se trata, en todo caso, de una obra cuya publicación, como suele suceder en nuestro modorro entorno, fue largamente pospuesta. Leí su original enargollado, si no recuerdo mal, hace más de cinco años, pero es hasta este 2009 cuando su autor ha podido verlo impreso y en circulación.
Prologado por Ignacio Corona, profesor de la Ohio State University, De la escritura a la evidencia oscila entre la historia policial cruda y el laborioso y cerebral despejamiento de los misterios planteados como ingeniosa incógnita en el arranque de cada relato. En este sentido, es un libro colocado a caballo entre las dos grandes tradiciones del género: la sobria, cuadriculada y a veces hasta estetizante manera inglesa, y la ruda, violenta y siempre viscosa escuela norteamericana del hard boiled.
Esta especie de hibridismo es entendible si nos asomamos, creo, a la formación académica del autor y a su primera experiencia laboral. Nacido en Torreón, en 1973, Fernando Fabio Sánchez estudió comunicación en el antiguo Iscytac, donde por cierto inauguró sus andanzas literarias. Recién egresado consiguió chamba como reportero de policiales, lo que para él significó, de golpe, sumar a su inquietud de escritor un contacto con casos violentos de la vida real. Poco después se dio su salida de La Laguna, de México, y su radicación en el estado de California, de donde partió a Boulder, Colorado, para estudiar su maestría y allí mismo el doctorado, que concluyó con éxito para luego instalarse como profesor en la Universidad de Portland.
A grandes zancadas he resumido el pasado que explica este libro: por un lado está el escritor, el académico, y por el otro el incipiente reportero que traba relación con sucesos que luego, trasformados por el tiempo y la imaginación, devinieron embriones de historias policiales, esas mismas historias que pasados los años fueron madurando para formar De la escritura a la evidencia, libro que, como ya dije, leí en borrador hace más de cinco años y que desde entonces me mostró esas dos caras de la narrativa que sabe hacer Fernando Fabio: por un lado, el ingrediente sanguinolento, el Mal reptando en cada página, y, por el otro, un gusto fijo por poblar cada cuento con libros, manuscritos, fotografías, periódicos, es decir, con referentes literarios.
Ignacio Corona ha dicho bien que “La colección de historias De la escritura a la evidencia: siete historias (pseudo) policiales (…) ofrece un escenario para la creación de significados y la reflexión del crimen en la sociedad contemporánea. En tramas urdidas en espacios no tradicionales para el género se encuentran alusiones y referencias textuales a un inventario actual de la nota roja: los feminicidios, el tráfico de órganos, el narcotráfico, los asesinatos de ancianos, los vídeos snuff, etc. Pero no por ello se trata de un libro que atosigue al lector mediante la denuncia o el peso de la factualidad de las microhistorias que pululan en los medios…”. En efecto, las anécdotas son casi lo de menos; en las historias de este libro hay una especie de sustrato cuya complejidad desea aproximarnos a la infinita trama de relaciones humanas en estado de descomposición, esto como reflexión sobre los abismos que separan a la sociedad visible de lo que soterrada y verdaderamente es: un catálogo de almas en bancarrota, inmorales, movidas por la perversidad y sus afines. (Texto leído ayer en el Teatro Nazas; participamos el autor, Gerardo García Muñoz —quien hoy cumple el tostón— y yo).

jueves, julio 02, 2009

Tres muertes



El ajetreo literario de los días recientes, una suma de pequeñeces que de todos modos me ha sacado de la monocromía habitual, no me permitió ver con atención las muertes de Michael Jackson y de Farrah Fawcett, a las que se sumó, ayer, la del boxeador Alexis Argüello. Más allá de que parezca una frivolidad, el hecho de que caigan tres de tal tamaño casi al hilo y de una edad más o menos similar me indica que, en efecto, aunque no lo parezca, el tiempo vuela y, como dice Milanés, nos vamos poniendo viejos.
Una mala broma era recurrente cuando, con escándalo, se iban los famosos en fila: “Se están muriendo personas que antes no se morían”. Pues sí, morir es una costumbre, dice Borges, “que sabe tener la gente”. Pero al parecer se nos olvida y, por la rutina y porque la cabeza no suele estar en eso, perdemos de vista que nos vamos poniendo viejos a una velocidad increíble, como si el calendario tuviera turbo.
Qué cerca nos parece a los cuarentones, por ejemplo, la época en la que Jackson hacía las delicias del televidente con sus videoclips naivísimos, con su baile robótico y con aquella muy frecuente transformación de características físicas que lo llevó de la simpática negritud infantil a una blancura de geisha y un gesto de muñeco plástico, tan feo o más que Alfredo Palacios. Nunca oí con atención sus canciones, pues no me gustan ni en lo mínimo, pero sé aceptar que dejó marcas en la generación juvenil a la que pertenecí, que cuando fui joven allí andaba Michael en las fiestas, en los estéreos, en los televisores de mis contemporáneos. Y es muy extraño: alejado como siempre estuve de ese producto, al oírlo ahora en innumerables programas siento una especie de silenciosa nostalgia, pues el ex negrito bailarín me remite a todo un proustiano tiempo perdido, a una etapa de mi vida lagunera en la que estaba decidiendo ser lo todavía quiero ser.
Igual pasa con Farrah. Nunca me cuadró del todo, pues siempre me pareció una rubia un tanto ósea, medio equina. Son simples gustos, no más. De Los ángeles de Charlie, la verdadera diosa era (es todavía) Jaclyn Smith, una trigueña espectacular y hasta con un cierto aire latino. Pero los ángeles eran los ángeles, y cuando uno pasó ya, por mucho, la inocente edad de la chaquira, no se olvida fácilmente de todas las mujeres que se convirtieron en inspiratrices de adolescentes y solitarias sesiones de autoayuda.
Por último, ayer murió uno de mis más grandes y admirados iconos deportivos: Alexis Argüello. Al parecer, se pegó un balazo en el pecho. Era alcalde de Managua. Durante muchos años fue para mí el boxeador perfecto, y aquí confieso que me gustaba y me sigue gustando, como aficionado nomás, el deporte de las narices chatas y las orejas de etcétera. Argüello fue poseedor de dos virtudes boxísticas difícilmente hallables en un pugilista: una pegada de dinamita y una clase de gentleman. Bastaba verlo unos segundos sobre el cuadrilátero para confirmar que la elegancia de sus desplazamientos apenas podía insinuar a un pegador brutal, a un noqueador que terminaba peleas con un solo disparo fulminante. Sé que siempre fue un hombre recto, y aunque en México pudo ser odiado porque venció a nuestro Púas Olivares, el nicaragüense me trasmitió siempre la imagen de deportista inteligente y caballeroso. Entre muchos otros, en You Tube hay un video donde se nota de qué material era el tremendo Alexis: derrumba de un derechazo a su rival, quien queda tendido en la lona, ido. En vez de celebrar, como lo hacen todos, el bombardero nica se dirige de inmediato hacia su oponente y pregunta por su integridad. Fue un deportista impresionante.
Así, con estas tres estampas, me cae de nuevo el veinte: el tiempo va minando y hay que terminar lo pendiente. Luego de los cincuenta, nada está seguro. Más vale reorganizarse bien.

miércoles, julio 01, 2009

Hoy, cien años de Onetti


Revolución y cine mexicano



Andan en su tierra, La Laguna, Gerardo García Muñoz y Fernando Fabio Sánchez; como ya lo he comentado en otros momentos, ambos trabajan en la actualidad en universidades de Estados Unidos, pero no los abandona del todo el síndrome de la “Canción Mixteca” y cada que pueden se apersonan en la estepa nativa donde reanudan el viejo habito de las cervezas, los lonches y las gorditas. Los dos terminaron sus respectivos doctorados (García Muñoz en la Universidad Estatal de Arizona y Fernando Fabio en la Universidad de Boulder, Colorado) y nunca han suspendido sus empeños literarios. Vienen de vacaciones, pero yo los aprovecho para dialogar sobre sus actividades. Ambos preparan, como editores, un libro ambicioso: Luz y la guerra: el cine de la Revolución Mexicana, un volumen colectivo de ensayos que pronto aparecerá bajo el sello del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes; examina la producción cinematográfica en la cual la Revolución Mexicana se erigió en objeto de representación histórica y estética. El índice de autores está integrado por: Felipe Cazals, Aurelio de Los Reyes (UNAM), Julia Tuñón (Centro de Investigaciones Históricas de México), Matthew Bush (Lehigh University), Jean Franco (Columbia University), Zuzana Pick (Carleton University), Stephany Slaughter (Alma Collage), Adela Pineda (Boston University), Héctor Ruvalcaba (University of Texas en Austin), Ignacio Corona (Ohio State University), y los editores. Fernando Fabio me ha proporcionado unas líneas de su introducción (“De la representación a la historia: un siglo de cine y Revolución”):
“Antes de la idea fue la luz; antes de que se formara el concepto de la Revolución Mexicana existió su representación cinematográfica en las salas públicas y privadas del país. Todavía antes de que se iniciara la edificación del México posrevolucionario y surgiera el interés académico nacionalista por lo indígena y las tradiciones rurales; antes del Muralismo mexicano, la Novela de la Revolución y el régimen de la revolución institucional, se encuentra el cine de la Revolución. A la par de los reportajes periodísticos y fotográficos, el cine difundió imágenes de guerra provenientes de todas las regiones del país; presentó a los habitantes del México porfirista escenas que implicaban el derrumbe de un orden impuesto por más de tres décadas y, al mismo tiempo, el caos de la guerra que, con el tiempo, preludió el advenimiento de una nueva era.
La luz y la guerra: el cine de la Revolución Mexicana es precisamente un estudio de la vida del cine de la Revolución desde sus orígenes hasta casi el cumplimiento del centenario de la Revolución (1911-2009). El libro analiza las relaciones entre este corpus fílmico, la idea de la Revolución Mexicana y el régimen posrevolucionario. Tal como se verá a lo largo de este libro, el cine de la Revolución, a diferencia de lo que se piensa del Muralismo y de la mayor parte de las novelas de la Revolución, no siempre estuvo alineado con la propuesta simbólica del Estado y el grupo de intelectuales orgánicos. Aunque las convenciones que determinaban la producción cinematográfica fueron manipuladas por los caudillos —como antes lo fueron durante el régimen del presidente Díaz— y empezaron a ser explotadas comercialmente por los creadores del cine de ficción a partir de los ’30 haciendo eco de la narrativa auspiciada por el gobierno posrevolucionario, el cine no siempre fue un panegírico de hombres fuertes, celebración de la violencia originaria del México moderno y exaltación de héroes nacionales. De esta manera, el presente libro habla de una serie de encuentros y desencuentros entre el Estado, los grupos intelectuales y la Revolución”.