viernes, octubre 31, 2008

Escupitajo sobre la democracia



Si hubiera sido un error o despropósito de AMLO, la prensa objetiva y cejijunta ya estaría gritando a todo cogote “mentiroso”, “soberbio”, “mesiánico”, choros de ese tipo. Pero no, pues se trata sólo de una sanción expedida por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) a los partidos que toleraron la sórdida campaña del Consejo Coordinador Empresarial (CCE) durante el proceso electoral de 2006 contra el frente encabezado por López Obrador. Con argumentos rizados, el TEPJF dio a conocer su determinación un poco tarde, algo lejitos ya de la decisiva polémica por el mañoso medio punto porcentual que le dio la “victoria” a quien ya sabemos.
El TEPJF es conocido en nuestro país, desde ahora, por la sigla GDTHN (Gran Descubridor Tardío del Hilo Negro). Eso ocurre exactamente un día después de que la prensa se ensañó, para seguir en la tónica, contra el necio que se autonombra presidente legítimo. Poco a poco irán saliendo trapos como ése, reveladores de la inmundicia que fue la elección del 2006. Pero por mucho que haya multas, el poder en contubernio (empresarios, políticos, periodistas atercipelados) defeca de risa ante las castigos del TEPJF. Finalmente, el Daño Histórico ya está hecho, y comenzó sus funciones oficiales el primero de diciembre de 2006.
Envalentonado y con su vocecita de señora rezando, Germán Patiño de Calderón declaró ayer que la reforma petrolera fue un triunfo contra los que sólo saben hacer política dividiendo, enconando a la sociedad, sembrado el odio entre los mexicanos. Ignoro a quién se refería: no sé si al FAP o al CCE que hace dos años minó con sus espots la posibilidad de establecer acuerdos confiables entre los mexicanos, a ese CCE que abrió una grieta llena de infundios que hicieron del rencor político el sello de la campaña empanizada.
Sin embargo, dice la nota, “La conducta infractora —precisó el TEPJF— se cometió por un tercero (CCE), ‘sin existir prueba de un acuerdo previo con los entes políticos denunciados’, del posible beneficio o perjuicio para uno y otro partido o coalición, así como el grado o trascendencia que era desconocido en el momento de presentarse la infracción”. En ese enredo sintáctico es posible advertir que, en efecto, no hay prueba material de un acuerdo previo entre los “entes” denunciados (PAN, PRI, PVEM) y el CCE, y queda claro que era nebulosa, según el TEPJF, la trascendencia que una campaña de esa índole podía tener en la coyuntura electoral de 2006. Y blablablá. En el pistoneo de agravantes y atenuantes, para acabar pronto, no queda suficientemente enfatizado lo que cualquiera pudo ver en aquel momento: que hubo una cruzada mediática contra el proyecto de ciertos opositores al régimen, una intromisión pedestre del pedestre ex presidente Fox, una maquinación de la cúpula/cópula empresarial que ha sido beneficiaria atávica de nuestras políticas económicas y, por decir lo menos, una complacencia compinche de los partidos que obtuvieron pingüe botín tras la guerra excrementicia.
Y luego dicen que no pasó nada, que los ardidos deben cicatrizar sus heridas y apechugar como si hubieran perdido en la matatena. Pero cómo, si no todo es chuchismo en esta chucha vida.

Terminal
En nuestra gustada sección “Anuncios memorables”, va: Veo la marca y el eslogan de un negocio. No me sugiere en su mensaje, como pretende, el cuidado o el aumento de la belleza femenina, sino el lodazal de la polaca mexicana: “Nail-Mart: pasión por las uñas”.

jueves, octubre 30, 2008

Concurso de calaveras



Por estas fechas no falta que me busquen para que opine sobre la festividad del día de los muertos. No le echo crema antropológica ni me paso de vivo: no entiendo bien a bien por qué o para qué le rendimos nuestro peculiar culto a la muerte, pero de todos modos articulo la respuesta de rigor: es por la visión festiva que el mexicano tiene del más allá, por el ritual colorido, por la conciliación de lo vivo con lo muerto, etcétera. Todo eso me gusta menos que hablar de calaveras, de esos jueguitos verbales que siguen siendo muy famosos pero que pocos practican con un conocimiento mínimo sobre su forma; digo conocimiento mínimo porque es mínimo lo que se debe saber de literatura para hacer una calavera. Estas son las reglitas básicas para parir una estrofa cadavérica: 1) Escoger a una víctima satirizable (personaje famoso, familiar, amigo, quien sea); 2) Pensar en un rasgo físico, espiritual o social que lo distinga; 3) Ajustar la idea a versos de ocho sílabas, es decir, octosílabos. Ojo, aquí es importante pensar en dos reglitas: A. que una sílaba puede estar compuesta por dos sílabas, la última de una palabra y la primera de la siguiente si es que terminan y empiezan con vocal; eso es una licencia llamada “sinalefa”. Veamos un ejemplo en dos estrofas: “Agustín Carstens, de Hacienda / para comer necesita / que le compren una tienda / porque si no se encabrita. // La muerte, que todo sabe / le calculó la medida / ‘en la tumba no nos cabe / que mejor siga en la vida’”. El último octasílabo (“que mejor siga en la vida”), en realidad tiene nueve sílabas, pero al pegar, por la presencia de vocales, la segunda sílaba de “siga” y la preposición “en” (gaen), se cuenta como una sílaba, lo cual le resta una sílaba al verso de nueve y queda en ocho; otra reglita es pensar que si un verso termina en palabra aguda, debe ser de siete sílabas, pues la última acentuada se cuenta como si fueran dos, lo que da ocho sílabas al verso. Ejemplo: “Madrazo en la maratón / si corre nadie lo alcanza / cómo no, si el muy cabrón / se las gasta pa’la transa. // La huesuda lo persigue / para enterrarlo en Berlín / pero Madrazo corre, y sigue / su delincuencia sin fin”; nótese que el primero y el tercer versos terminan en las palabras agudas “maratón”-“cabrón”; eso hace que el verso en realidad tenga siete sílabas, aunque se cuente una más por la palabra aguda final, lo que da las ocho del verso octosílabo; 4) en cuatro versos presente pues al personaje, póngalo en jaque y mándelo al panteón por medio de la huesuda, la calaca, la parca o sus afines. No olvide rimar ABAB o ABBA. Y eso es todo.
Como no confío en mis capacidades didácticas, se me ocurrió una idea. Lanzar un concurso entre mis ocho lectores. Van las bases del certamen de calaveras “Ruta de la muerte”. Parece broma, pero estoy convocando en serio.
1. Podrán participar los ocho lectores de la columna Ruta Norte. 2. Los participantes deberán enviar, antes de las 23:00 horas del 31 de octubre de 2008, sólo una calavera construida en dos estrofas de cuatro versos cada una. 3. El tema debe referirse a cualquier personaje de la política, el deporte, el espectáculo o la cultura laguneros o nacionales. 4. No hay categorías; el certamen queda abierto para todos y cada uno de los ocho lectores de esta columna. 5. La calavera debe ser enviada a rutanortelaguna@yahoo.com.mx, firmada por el autor, sin seudónimo. 6. El premio para cada uno de los tres primeros lugares será un lote de cinco libros (incluido uno mío, firmado) y la publicación de su calavera en este espacio y en el blog de Ruta Norte. 7. Queda severamente prohibido hacer calaveras sobre el autor de esta columna. 8. Los casos no previstos en la presente convocatoria serán resueltos por el comité organizador conformado sólo por mí.

Terminal
En nuestra gustada sección “Neologismos para corruptos en plenitud”, va: ¿Cómo se le llama a la trayectoria que describe un político inmoral? Fácil: trayectoria reptilínea.

miércoles, octubre 29, 2008

La enésima muerte de AMLO



Álvaro Cueva, periodista especializado en espectáculos, comentó en su artículo del domingo que lamentaba la muerte política de López Obrador. Comparó el fenómeno de AMLO al ocurrido con el icono político mexicano más importante de los noventa: el Subcomandante Marcos. Estoy parcialmente de acuerdo con él, pero discrepo en lo fundamental.
Finalmente es cierto que los líderes de ese tipo sufren un desgaste. La sobreexposición a la que son sometidos cuando se convierten en noticia, y el tiroteo que reciben en contra por lo peligrosos que pueden resultar, redunda sin remedio en una merma de su punch mediático. Eso es innegable. Pensar, además, que el sistema no se defiende es pecar de ingenuidad. Imaginemos nomás las armas que tiene para aniquilar a los enemigos; para empezar, presupuestos descomunales. Con ellos es más fácil mantener un ritmo permanente de golpeteo contra quienes lo hostilizan, pues no es lo mismo defender la causa de quien no deja ni migajas que aplaudir las decisiones de quienes pueden sostener e inducir con dinero grandes campañas de bombardeo. Sumados, el tiempo, el cansancio y el pragmatismo de los simpatizantes, el golpeteó constante, la falta de frutos fehacientes de un movimiento popular, el reacomodo de las coyunturas y la machacona autopromoción del régimen terminan por desgastar al enemigo más débil, lo que sin duda puede estar pasando con el movimiento lopezobradorista. El poder no es un hueso blando de roer, de ahí la ingenuidad de pensar que un movimiento sin recursos pueda encararlo en igualdad de fuerzas y hasta vencerlo en poco tiempo.
Creer, sin embargo, que el desvanecimiento de un líder, por influyente que haya sido en alguna circunstancia, se traduce en el fin de un movimiento es apostar por la desvirilizada tesis de que la solidez sólo existe si se basa en resonante presencia mediática. Para muchos, las derrotas y los errores de AMLO, caso de que los sean, son las derrotas y los errores de toda una forma distinta de entender la lucha contra un régimen esencialmente podrido. Cierto que, haiga sido como haiga sido, su liderazgo se convirtió en pocos años en una oleada peligrosa contra el statu quo, pero de ahí a creer que al acabarlo terminarán las inconformidades y las contradicciones, es creer que la lucha de clases (ya sé que esta expresión, definitiva de un fenómeno social real y actuante, no les gusta a los que sólo quieren sumisión) se acaba por decreto o por desgaste de algún líder. Más allá de AMLO están miles y miles de inconformes, de mexicanos defraudados, de hombres y mujeres desorientados, es verdad, pero seguros de que nada bueno, o muy poco bueno, ha conseguido el país con las sabandijas que lo gobiernan. El resumen de ayer en San Lázaro, dentro o fuera del tema petrolero, condensó en 45 minutos los estropicios de un modelo económico esencialmente ruin, lo diga AMLO o lo diga Perico de los Palotes.

Terminal
En nuestra gustada sección “Paradojas de la vida real”, va: Estoy en una sucursal de Pizza Hut; despacho junto a mi viejerío una pizza megafamiliar con ración extra de queso, la más sofisticada que he visto en mi trashumancia gastronómica. El local está casi al tope de su capacidad. Afuera, un par de niños de la calle hace guardia cerca de la puerta. Luego, por sorpresa, los dos entran y comienzan a pedir comida a la clientela. En eso, una joven empleada del negocio los echa a la calle, sin muchos aspavientos pero decidida a que no molesten con su desagradable mendicidad. Veo toda la escena. Pasado un rato reparo en un anuncio que cuelga con un hilo del techo en ese local de la franquicia pizzera; es una campaña humanitaria; dice: “Unidos contra el hambre”.

domingo, octubre 26, 2008

Enlace en español



Muchos periodistas tienen la amabilidad, exagerada a veces, pues no falta que quieran dialogar conmigo sobre temas que sólo conozco muy por encimita, de buscarme para obtener opiniones relacionadas con la coyuntura informativa. En general, ellos lo saben, no le saco al toro, salvo, como digo, cuando percibo que charlatanizaré el asunto a debatir. Hace algunas semanas, Iván Hernández, reportero de La Opinión y poeta todavía desconocido, pero excelente ya, me convidó a responder unas preguntas sobre los resultados obtenidos en la prueba Enlace dentro del área de español. Ese diálogo internético sirvió para alimentar una pequeña nota, es cierto, pero creo que las respuestas cuadran para armar una columna, ésta que aquí estoy fritangueando en sábado de holganza y recalentado. Ofrezco entero el diálogo que sostuvimos vía mail:


Un 65.7 por ciento de los estudiantes de primarias coahuilenses examinados por Enlace 2008 se ubicaron en los niveles de conocimiento insuficiente (18.2%) y elemental (47.2%) de la materia. ¿Qué podemos entender por un conocimiento elemental del español?
No sé con exactitud qué debemos entender por “insuficiente” o por “elemental”, pero si esos parámetros se ciñen al significado que habitualmente les damos a tales palabras, parece que los porcentajes son desalentadores. No extraña que esto ocurra con la materia de español, dada la indiferencia con la que nuestra sociedad suele ver el aprendizaje del idioma local. Por décadas ya, si una materia ha sido vapuleada es la de español, y lo digo no sólo por lo que ocurre en las aulas, sino en todos los ámbitos de nuestra vida. Basta observar el empleo rudimentario del castellano en los medios de comunicación para que comprendamos los niveles alcanzados por la prueba Enlace en esta disciplina. El resultado me parece muy congruente con lo que podemos advertir sin necesidad de instrumentos de medición sofisticados.

¿Sirve tener un conocimiento elemental de la materia para garantizar el desarrollo intelectual e individual de la persona?
Hay materias permanentemente cuestionadas, como la de español. Algo parecido les ocurre a la historia y a la literatura, a las humanidades en general. La gente se pregunta para qué demonios sirve, qué deja, qué produce. Lo extraño es que hacen todos esos cuestionamientos por medio de la palabra, es decir, que no advierten que sin ella, sin la palabra, no se podrían hacer críticas ni análisis ni nada parecido, de ahí que deban reparar en el valor de la expresión hablada y escrita como bases de la comunicación. Explicar la importancia del español es más complejo, porque debemos explicar primero la importancia de cualquier proceso eficaz de comunicación. No voy tan lejos: tratemos simplemente de decir algo sin palabras ni señas (las señas también tienen una traducción inmediata a palabras, como cuando hacemos la mímica de “adiós”) y veremos que es imposible. Eso nos puede hacer ver que el idioma es fundamental, la base de cualquier comunicación.


¿A que aspira un estudiante que posee conocimientos elementales del idioma, es puente para comunicarse y desenvolverse en la vida diaria?
La palabra necesaria para sobrevivir en la vida cotidiana suele no ser compleja. Unos cuantos sustantivos, unos cuantos verbos, unas cuantas preposiciones y adverbios aprendidos incluso sin escuela son suficientes para pedir un café o preguntar la hora. Por desgracia, el universitario tiene la obligación de trabajar con pensamientos abstractos, con conceptos de mayor complejidad. Para explicar, persuadir, aclarar, criticar, proponer, el profesionista debe dominar no sólo el instrumental lingüístico de su área, sino de todas las disciplinas que le sean afines o que se crucen con ella. A medida que el estudiante accede, pues, a las complejidades del lenguaje, en esa medida aumentan la hondura de sus juicios y la precisión de sus exigencias. La palabra es una generadora natural de preguntas, y las preguntas son el primer paso que damos hacia el conocimiento.


¿Aparte del puesto de reportero o conductor de noticieros, qué profesiones u oficios considera que podría desempeñar una persona con conocimientos elementales de español?
En la práctica, el conocimiento del español es necesario para todos, pues el idioma es la base de la cultura en la que nos movemos. Si alguien, además, le quiere sacar dividendo específico a ese saber, puede trabajar como escritor, corrector, editor, maestro, publicista, comunicador social y, aunque ustedes no lo crean y la realidad se obstine en contradecirnos, como político.

“Terminal”: nuevo colguije de Ruta Norte
Algunos lectores me han comentado que esta columna padece el vicio de la solemnidad, y me piden un poco de relax. No estoy de acuerdo. Sospecho que no es visible un tono dominante en este espacio, pues de lo grave paso a lo paródico, a lo irónico, a lo intelectualoso y a lo coloquial sin aviso previo y a veces hasta dentro de una misma entrega. Pese a ello y sólo por experimentar, propongo un nuevo espacio en Ruta Norte. No le tengo mucha fe, pero a ver si dura; si no, pues ni modo. Le llamaré “Terminal”, en alusión al destino final de los camiones. Es un homenaje en papel al Negro Dolina, escritor argentino que en su programa de radio (La venganza será terrible) tiene una atípica sección siempre iniciada con las palabras “en nuestra gustada sección…”. Como Dolina, trataré aquí todo lo que no alcance acomodo en otra parte: chistes, etimologías, anécdotas, observaciones gramaticales, epigramas, morralla de palabras que a falta de mejor lugar pueda caber en “Terminal”. Empiezo.
En nuestra gustada sección “Remedios caseros”, va: Científicos mexicanos han descubierto el remedio más económico contra la impotencia sexual: pensar mucho en algas.

sábado, octubre 25, 2008

La rendija siniestra



Oímos la gritería de todas partes, la alharaca informativa que desató en su contra, como es costumbre desde hace al menos cinco años, la “necedad” del López Obrador y sus huestes. El discurso del jueves, sin embargo, es atendible y tuvo poca difusión. Al menos hay que leer sus partes más enfáticas, aquellas que describen la famosa “rendija” por donde se podría colar la rapacidad de Rapsol y compañía. Veamos (extraigo sólo unas partes del discurso pronunciado por AMLO):
“Nada más que no pudieron con su trampa, porque quedó al descubierto. Les voy a decir en donde está la trampa. Si ustedes recuerdan en los seis temas que planteamos, había uno que señala con mucha claridad, que expresa que no íbamos a aceptar nada que significara ceder territorio nacional para que se concesionaran bloques, lotes, áreas, kilómetros cuadrados a empresas extranjeras para la exploración y la perforación de pozos petroleros.
Éste es uno de los seis temas; dijimos que ésta era la frontera, estos seis temas. Se empezó a analizar todo lo relacionado con los dictámenes y empezaron ellos a rechazar, nada aceptaban que significara dejar precisado, muy claro, que no se podía entregar, concesionar, ceder territorio nacional, para que empresas extranjeras llevaran a cabo exploración y explotación del petróleo.
Se planteó esto, lo hicieron los legisladores y se negaron rotundamente. Ayer fue uno de los asuntos que se consideró que estaba pendiente y, como les consta a Dante y a otros senadores, desde hace unos días se hizo la propuesta. Se les dijo: Si dicen que no quieren privatizar, que va a seguir el petróleo bajo el dominio de la nación, ¿por qué no escriben un párrafo en la llamada Ley del Petróleo, en el artículo 60, una fracción, doce palabras. Dice así lo que les planteamos, el párrafo séptimo: no se suscribirán contratos de exploración o producción que contemplen el otorgamiento de bloques o de áreas exclusivas.
Son doce palabras. Las rechazaron las cúpulas del PRI y del PAN. Pero la verdad es que esto se rechaza desde más arriba y éstos no dejan de ser títeres e instrumentos. Se dicen llamar representantes populares, pero son como mayordomos de los potentados. Sí se entiende ¿verdad? Seguramente consultaron, yo diría que hasta afuera del país, y dijeron esto no, por ningún motivo. ¿Qué queda al descubierto el día de hoy? Por eso dije que fue sabia la decisión de ayer.
Hoy, nuestros legisladores, senadores, lo ampliaron y pidieron que se reservara para discutir en lo particular el artículo 60 de la Ley del Petróleo. (…) Fue como votaron, no quisieron que se discutiera en lo particular el artículo 60, ¿por qué? Porque está este asunto, esta trampa que, afortunadamente, se les detectó, porque son —repito— muy mañosos y aparentemente eran muy difíciles de pillar, de agarrarlos con las manos en la masa. (…) Imagínense que ayer se vota por la primera opción y ya el festejo y todo, pero a los tres meses, a los seis meses, le entregan miles de kilómetros cuadrados a Repsol, en tierra, en aguas someras y en aguas profundas, y otros miles de kilómetros cuadrados en la región petrolera, otro lote, porque ése es el lenguaje que usan, a Mouriño, porque también tiene lo suyo, u a otras empresas.
Imagínense, ¿qué le íbamos a decir al pueblo de México? Nos equivocamos, nos engañaron, no lo percibimos. Pero ahora que ya están viendo este asunto, pues qué bien que se detectó a tiempo, que se puso al descubierto. Yo les digo que a mí se me facilita mucho explicar el por qué no aceptamos, para que no confundan, que no piensen que es un asunto de necedad o por llevar siempre la contraria. ¡No! Éste es un asunto fundamental y la prueba es que no quisieron discutir, ésa es la mayor sospecha. Por eso yo les digo qué bueno que se tomó la decisión ayer”.

viernes, octubre 24, 2008

Palin para desesperados



No todas las noticias que llegan de EUA por estos días son aterradoras: para decirlo de manera chespireana, sin querer queriendo el cable difundido por la agencia EFE nos arrancó una sonrisa de esperanza en la capacidad humorística de la humanidad. En el reino de Homero Simpson todo es posible: ahora resulta que muy pronto será lanzado a la venta un video hardcore protagonizado por la mejor imitadora de Sarah Palin. El film, sin embargo, no tendría tanto encanto si sólo convocara la presencia apócrifa, pero muy parecida a la real, de la candidata a la vicepresidencia; ofrece, pues, mucho más: un aquelarre con otras dos gargantas profundas que harán las veces de la senadora demócrata Hillary Clinton y de la secretaria de Estado Condoleezza Rice. Se trata, pues, de una encerrona pirata entre tres de los iconos políticos más importantes de los años recientes en el país de las rorras y las estrellas. El respetable público devorador de esos materiales espera con ansia el resultado de la producción, dado que los cables han anunciado secuencias de alarido en ese filme de actrices matures que por ello, gracias a su gran trayectoria sobre colchones y otras superficies mullidas, son expertas en darle vuelo a la hilacha según los cánones de la cinematografía con pelos en la lengua (dicho lo anterior en sentido no metafórico).
La idea de realizar esta espectacular producción nació, como era de esperar, en la cabeza de Larry Flynt, uno de los más importantes magnates de la industria pornográfica norteamericana. Dueño del emporio Hustler (revista que en su tiempo rivalizó con Playboy y la dejó convertida en un Lorenzo y Pepita de las encueratrices), Flynt lanzó una convocatoria para detectar a la actriz que pudiese encarnar a la gobernadora de Alaska. La idea parecía obvia: cuando los republicanos dieron a conocer al compañero de fórmula de John McCain de inmediato los calenturientos del mundo, uníos, suspiraron por la elegida: una mature cachonda, aficionada a las armas, a la cocina, a la lectura y a la acción. Con sus gafas de intelectual y su peinado de secretaria golosa hizo en un tris las enfebrecidas delicias de los adultos con ganas de aventuras en el remoto igloo. Para acabarla de rematar, la candidata a vice había sido en sus sabrosas mocedades señorita Alaska, lo cual le añadió un toque de coquetería a su poderoso punch mediático. Junto al avejentado MaCain, y mucho más junto a Cindy McCain, esa Barbi de la tercera edad que desea ser primera dama, Palin lucía como imán para la prensa no sólo política, sino para todo paparazzi digno de tal nombre e interesado en subir el voltaje frivolizador de la moribunda campaña republicana.
En ese caldo de cultivo apareció la siempre oportunista figurilla de Flynt, quien hizo su casting y dio con la protagonista y con la fecha ideales para el lanzamiento: “Aunque no hay fecha oficial para su salida al mercado, se especula con la posibilidad de que la cinta salga a la venta coincidiendo con la fecha de las elecciones presidenciales en EEUU, el próximo 4 de noviembre. Según la edición digital de la revista [Hustler], la película, dirigida por Jerome Tanner y protagonizada por Lisa Ann, la actriz que recrea a Palin, posee cinco escenas ‘hardcore’, incluido un trío en el que aparecen otras intérpretes del género dando vida a la senadora demócrata Hillary Clinton y a la secretaria de Estado de EEUU, Condoleezza Rice”. La ganadora del casting, Lisa Ann, se embolsará 3,000 dólares por esa chamba estelar que “llevará al espectador a una traviesa aventura hacia el lado salvaje de la sexy gobernadora de Alaska”. Lo dicho: en el mundo de Homero Simpson todo es posible.
Lisa Ann supone que Palin no verá la cinta, pero declaró, dirigiéndose a la candidata: “Espero haberte representado bien, porque pienso que eres ardiente”, lo cual le añade salsa al asunto. Por cierto, en México está prohibido hacer pornografía con la política; es que se hace sola.

jueves, octubre 23, 2008

Divagación sobre la prepotencia



Dirán algunos que la conclusión es descabellada y no pasa de ser una broma. Sea lo que fuere, hay algo de verdad en ella: lo único bueno que deja el clima viscoso vivido por nuestra región en los meses recientes es una caída significativa de la prepotencia. Dado que vivimos en una zona (hay muchas así en México, o más bien todo México es así) donde nos gusta lucir el estatus y nos fascina aplastar al prójimo con la sola mención de apellidos, títulos y propiedades, se nota cualquier barrera que detenga/contenga esa manifestación de poder real o ilusorio.
Pero frente a los facinerosos que no se andan con payasadas, cualquier genuino prepotente se frunce como sobaco de tortuga. Ya no es tan fácil, por ejemplo, que los camionetones marca diablo quemen llanta o hagan sonar el claxon nomás para que los admire la perrada que anda a pie, en bicla o en Atos. Ahora, esas trocas apantalladoras no inspiran admiración en los semáforos, sino miedo, recelo, desconfianza, tanto que miente quien diga que no suda cuando observa en el retrovisor la trompa nada tierna de una Lobo. La prepotencia de los coches lujosos está en pausa, y hasta lástima da ver una Escalade polarizada, pues ese abuso de lujosa lámina, como la canción, huele a peligro y es leído hoy como sinónimo de riesgo latente.
En el mismo tenor de la prepotencia rodante, toda la gente ha notado que cada vez que se agudizan los gritos y los sombrerazos hay una sensible disminución de la ferocidad policiaca contra el ciudadano. Aunque tienen su razón de ser en un robo, las placas (o la falta de) alienta en los agentes de tránsito, sobre todo en los higaditos que andan en moto, esos Poncharelos barrigones y asoleados, un ánimo persecutorio implacable pero no para luchar por “la justicia”, es decir, para que los conductores morosos e “irresponsables” se pongan a mano con el gandalla diezmo de la tenencia, sino para ver qué le ruñen al bolsillo ajeno por concepto de mordida. Cuando baja la oleada de desaguisados criminales los motociclistas hacen su agosto, su septiembre y su octubre para recuperar el tiempo en el que no podían, con su habitual prepotencia, detener coches por temor a cometer errores fatales. Nunca olvidaré al amigo que fue detenido hace algunos meses: discutía con el agente sobre el caso de la persecución al ciudadano sin placas cuando él, mi cuate, le dijo: “Mire, señor oficial, allá va una Hummer sin placas y sin permiso. ¿Por qué no la detiene?” El azul, convencido de su mañosa discrecionalidad, perdió de golpe la prepotencia y perdonó en ese caso la mordida.
Hay algo placentero, creo, en la prepotencia. Nuestra cultura la favorece, nos gusta o nos gustaría ser prepotentes, y gozamos cuando nos cuentan que fulano, con su sola presencia, impuso su ley y todos se quedaron quietos frente a él. Como el placer, que según Freud se basa en el principio de obtención-repetición, la prepotencia no se ejerce sin que de inmediato genere un deseo de repetirla. Son especulaciones, lo sé, pero se basan en las caras de satisfacción orgásmica que he visto cuando un prepotente sale triunfador de tal o cual faena, la emoción con la que son contadas las hazañas de alguien que supuestamente se las come ardiendo.
La prepotencia es, además, hereditaria. Cuento una anécdota; hace unas semanas supe que mi sobrinita de cinco años comparte aula de kínder con la hija de un sujeto que fue candidato a diputado local en las recién pasadas elecciones. Mucho antes de la jornada electoral, la pequeña hija del político ya estaba usufructuando en el salón de clases los beneficios de una diputación: ante cualquier situación que la incomodara amenazaba a sus compañeritos con una frase de emperador romano: “Si sigues así, le diré a mi papá que hable con la directora para que te corra de la escuela”. Cinco añitos, apenas. Imaginemos esa prepotencia no en estado larvario, sino adulto.

miércoles, octubre 22, 2008

El infierno plus



Pesimismo más, pesimismo menos, el lector estará de acuerdo en que la sociedad que hemos construido no es precisamente hermosa. No reina entre nosotros, digamos, la armonía, el bienestar, la paz, el respeto, la libertad. En general, una hojeada a los periódicos deja en la conciencia de cualquiera, o casi de cualquiera, la sensación de que el espacio donde nos movemos, el nacional, el estatal y el local, son una monstruosidad irreparable. Pese a ello, vivimos, nos hacemos medio pendejos para no deprimirnos y toreamos los problemas como van saliendo, apechugando, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas, resignados a chapotear en el horror. Ni modo, no vivimos “casi en el paraíso”, como Luis Spota casi tituló una de sus chorrocientas mil novelas, sino “casi en el infierno”, por no decir que plenamente en él.
Si la cosa amorfa y cruel que es la sociedad, ésta donde usted y yo nos movemos, da la impresión de ser asfixiante y despiadada, ya podemos darnos, a partir de eso, una maldita idea de lo que son las cárceles nacidas en su seno. Nada nuevo afirmo si refriteo los dos o tres lugares comunes habitualmente citados para definirlas: universidades del crimen, nidos de malvivientes, condominios de la maldad. Las etiquetas quedan cortas, tanto que parecen elogiosas. Son más que eso: selvas donde la lucha por la supervivencia no considera en ningún momento el embuste de la rehabilitación, infiernos construidos para encerrar y castigar sin la menor consideración por la dignidad humana. Habrá algunas donde la tensión provocada por el hacinamiento y la violencia no llegue al extremo, pero en su mayoría nuestros penales sólo encierran, ocultan, obstruyen la salida de los sentenciados, sin reparar jamás, ni de broma, en su proceso de reincorporación a la sociedad.
El resultado ya se ve: casi con la misma frecuencia con la que se dan las grandes ejecuciones, nuestras cárceles son noticia de alarido. Tijuana y Reynosa, en los días recientes, marcan un hito en el comportamiento de los internos y las autoridades penitenciarias. Ya no son motincitos con heridos por pedrada o macanazo, sino verdaderas carnicerías en las que el campo de batalla queda tapizado de cadáveres. Las luchas por el poder para el control de la droga en el interior, lo que involucra tanto a presos como a autoridades, suele ser el detonante principal, pero hay otro no menos importante: las cárceles mexicanas son inhabitables porque han rebasado por cientos, y en ciertos casos hasta por miles, su capacidad de almacenamiento humano. Los penales truenan de reos, y cada vez el amontonamiento llega a cotas que con facilidad generan luchas darwinianas en las que se disputa todo: desde la compra-venta de estupefacientes hasta el control de celdas, la comida, las camas, el agua, el aire, todo. En climas así de tensionados el estrés cala tan hondo que sólo hacen falta leves chispas para que estallen motines bárbaros, apocalípticos, como el reciente de Reynosa.
El Estado mexicano, ya de por sí inepto en el maneja de su sistema penitenciario, fue tomado por sorpresa: ante la avalancha del crimen en todos sus niveles y en todas sus modalidades, producto a su vez y en gran parte de la degradación económica y social que padece el país, cosecha a diario, por toneladas, candidatos a pasar lapsos breves, medios y largos a la sombra. Como se encuentran en este momento, las cárceles del país, todas, albergan un número mayor de presos al que pueden contener con cierto decoro. Ese, sin embargo, no es el problema, sino que todo anuncia más y más, a pasto, inquilinos para los Ceresos nacionales, lo que hace avizorar una muy recurrente información sobre motines cavernarios. El futuro de las cárceles mexicanas es el infierno, el infierno plus, porque el actual, definido como infierno a secas, ya parece poco.

domingo, octubre 19, 2008

De futuras elecciones



En animada mesa radiofónica platicamos ayer Roberto López Franco, Mario Gálvez Narro, Eduardo Holguín y quien balbucea estas líneas. Conversamos sobre el proceso electoral de hoy en Coahuila, y, aunque no concluimos en el desaliento, sí derivamos en algunas grises experiencias dejadas por las campañas que este 19 de octubre tienen conclusión en las urnas. Espigo aquí, de lo que dije, dos o tres ideas que tal vez y pese a todo puedan servir para animar a los desanimados, a esos muchos que ni a rastras quisieran ir a su casilla.
En principio, la figura del diputado sigue siendo un enigma para el ciudadano. ¿Qué es, qué hace? En el mejor de los casos, la idea generalizada que se tiene del legislador lo ubica en el Congreso, discutiendo asuntos vinculados a la elaboración de leyes; en el peor, que son viejos holgazanes dedicados a cobrar por dormir en sus curules y levantar de vez en cuando la corrupta mano. Dado que es borrosa (o maniquea, o simplista) la función que el ciudadano le atribuye al diputado, las campañas recién terminadas fueron una oportunidad inmejorable para afinar esa noción, para explicar al electorado qué hace en realidad un diputado y cuál es su importancia en la configuración del Estado. La oportunidad, enfatizo, fue excelente porque en esta ocasión los candidatos no padecían la pesada sombra de otras candidaturas, ésas que los opacaban y/o favorecían con votos en pasadas campañas; si antes hacían proselitismo de bajo perfil y en función, como rémoras, de los aspirantes a alcaldes, a gobernadores o, incluso, a presidentes de la república, ahora tuvieron que rascarse solos, sin más compañía espiritual que la de sus homólogos de otros distritos. Tal vez a esa soledad, a esa sensación de aislamiento se haya debido la formulación de campañas que trataban de dar la idea de “equipo”, de “unidad”. La oportunidad, sospecho, no fue aprovechada, pues los candidatos no distrajeron su propaganda en la valoración del trabajo legislativo, sino en mensajes breves y, por ello, epidérmicos y fácilmente asociables a lo que en términos laxos puede ofrecer, por ejemplo, un aspirante a cualquier alcaldía. Cierto que en algún momento quedó en el aire, apenas sobrevolada, la idea de legislar, pero en todos los casos de una manera harto tenue, como periférica a la esencia del trabajo legislativo.
La explicación de esa tibieza puede relacionarse con la lectura que los partidos hacen del interés ciudadano mayoritario. ¿Importan, en realidad, las leyes? ¿Alguien sabe bien a bien con qué se tragan en este país acostumbrado a ignorarlas y/o a transgredirlas? ¿Qué no son cosa de abogados, de especialistas? Ante algo tan abstracto como “la ley” o “la legislación”, se impone lo concreto del día a día, el agua, el pavimento, el alumbrado público, las áreas verdes, las patrullas, el drenaje, el alimento, la salud, el transporte público. Por eso los candidatos a diputados y sus asesores preparan un coctel de ofertas donde, cierto, aparece la voluntad de legislar por esto o por aquello, pero a eso le suman, con presencia protagónica, ingredientes que no cascan con las tareas de un legislador. Todo sirve con tal de atraer votos. Sirve hasta lo inaudito, sirve, o creen que sirve, llamar la atención con eslóganes jalados de los pelos y hasta medio cómicos, como uno que circuló en estas campañas e hizo las delicias del ciudadano sarcástico: “Por tu derecho a la felicidad”. Ni Og Mandino luego de ganar el Melate hubiera sido más rosa y optimista.
Una queja recurrente del mundillo intelectual subraya que los candidatos “no tuvieron propuesta”, que no hicieron campaña de ideas, sino de simplismos y folclor propagandístico. Suena crudo, pero una campaña elaborada para impactar el ánimo de los intelectuales, saturada de referencias técnicas, densamente congestionada de ideología suele generar bostezos del electorado. Por la razón que queramos, la franja más ancha de potenciales votantes no está ni capacitada ni dispuesta a escuchar rollos, sino ofertas contundentes y con alguna mínima garantía de cumplimiento inmediato. Si un candidato (a diputado, a senador, a alcalde, a lo que sea) no mete a su canasta básica de promesas lo que espera la gente de a pie, si ese candidato no se apersona en el lugar, si “el partido” no se hace ver por medio de líderes populares que gestionen descuentos por el pago de agua o por la consecución de varilla y cemento, el grueso empobrecido de la población sencillamente ni se entera de los procesos electorales. El primitivismo de las campañas obedece pues al primitivismo del electorado, o, como en el eterno dilema del huevo y la gallina, el primitivismo del electorado obedece al primitivismo de nuestra política.
Sea lo que fuere, el caso inédito de esta campaña electoral con candidatos a diputados locales como únicos actores se convierte en un laboratorio de jornadas venideras, acaso más disputadas que la de hoy. Del resultado que este domingo se dé dependerá gran parte del discurso que alimentará las expectativas de, primero, las elecciones federales de 2009 y, segundo, las que habrán de perfilar el rumbo del nuevo ayuntamiento en Torreón y la gubernatura en Coahuila. Faltan meses para que esas campañas comiencen oficialmente, pero en los hechos el PAN y el PRI coahuilenses se verán por primera vez las caras en el escenario ya montado: con un gobierno federal claramente inclinado por el primero y un gobierno estatal visiblemente identificado con el segundo. Más que diputados locales, lo que se juega hoy es la conquista de posiciones con los ojos puestos en el porvenir.

sábado, octubre 18, 2008

Tarimas y votantes



El viernes 4 de julio de 2008 publiqué en este espacio un comentario que quiso observar un tono genérico, es decir, aspiró a generalizar el trato que ordinariamente recibe la ciudadanía de parte de la autoridad. De cualquier forma fui, creo, lo suficientemente claro como para advertir a la autoridad de Torreón la ofensa que recibían los vecinos de una colonia que, sin piedad, era/es víctima de una empresa contaminante y peligrosa. Al parecer, y aunque mencioné al alcalde Pérez Hernández, nadie se dio por aludido y el problema de los vecinos continuó como si nada.
Dije en aquella ocasión: “desde muy temprano, una fábrica de tarimas de madera, de las que se usan en la industria pesada para embonar en los montacargas, comienza el ruido de sierras eléctricas, motores y martillos de aire (ignoro cómo se llaman). La fábrica no emite ninguna piedad: trabaja sin parar desde temprano hasta muy entrado el día, tanto que las jornadas se cuelgan hasta las madrugadas del día siguiente. Incesantemente, los martillos, las sierras, los motores de camiones pesados y de montacargas provocan una tortura al medio ambiente que los vecinos de la colonia, quienes hace algunos meses vivían más o menos apaciblemente, debieron aprender a tolerar estoicos, sin llorar. Pero la paciencia tiene límites: el ruido y la contaminación por gases de los numerosos camiones diesel que cargan tarimas y llevan materia prima ha convertido la vía pública en patio de maniobras, lo que implica, además de arbitrarias obstrucciones al paso de vehículos familiares, riesgo de colisiones. Ante eso, la inspección oficial a las medidas de seguridad parecen nulas. Hay un descomunal depósito de madera frente a la fábrica, y sólo sería cuestión de un descuido para que aquello se convierta en un siniestro de impensables proporciones”. Y añadí: “Los vecinos ya han buscado al dueño de la empresa, pero ni sus luces. Han trabado contacto con las autoridades municipales, y al parecer éstas no han movido un dedo para vigilar esa zona habitacional y ver por la seguridad y la tranquilidad de las familias. Antes bien, dan la impresión de proteger al dueño de la fábrica”. Pasados unos meses más de infierno, la infame situación sigue en las mismas.
Paso ahora de lo genérico a lo específico. El caso ocurre en la colonia Nuevo Allende, y quien reporta es un vecino de esa zona habitacional, el fotógrafo e historiador Óscar Sánchez López. Contundente, me indica que la autoridad municipal no ha movido un solo dedo para ver por la tranquilidad de las más de cincuenta familias que firmaron para sumarse a la querella. Antes bien, la inacción oficial parece que ha logrado desactivar, por vía de desaliento, la inquietud de los vecinos, quienes al no ver una reacción mínima de la autoridad han decidido apechugar y seguir tolerando la tortura de contaminación por ruido y humo de motores a diesel que, entre otras molestias, produce la empresa fabricante de tarimas.
El historiador Sánchez López me muestra tres hojas repletas de firmas autógrafas e igual número de “reportes de solicitudes de servicio” con los membretes del ayuntamiento encabezado hoy por Pérez Hernández, lo cual es una constancia fehaciente de que la autoridad sí ha recibido las quejas, pero no obrado en consecuencia. Dice una de las denuncias en la parte señalada como “descripción” (No. de solicitud: 1-194568819): “Reporta a negocio de elaboración de tarimas (…) que hace mucho ruido todos los días, durante todo el día (empieza a partir de las 7 de la mañana a las 12 de la noche), en ocasiones hasta los fines de semana (…) este negocio está en medio de una sector habitacional y causa molestias a los vecinos del sector”. Le pregunto a Óscar Sánchez por los vecinos, por su desistimiento. “Ya se resignaron, saben que la autoridad no hará nada, pero también están concientes de algo: no votar el domingo por el partido del alcalde actual”. Pues sí: un coscorrón lógico.

viernes, octubre 17, 2008

Instinto narrativo



En una semana, o menos, recibí tres cartas y una visita directa con la misma inquietud: dos de mis interlocutores deseaban saber si sus cuentos eran cuentos, y los otros dos estaban ansiosos por entender la diferencia entre narración, cuento y relato, pues vieron convocatorias de concursos literarios en las que tales palabras son manejadas indistintamente y debido a eso querían precisarlas. En todos los casos es necesaria una pizca de teoría, pero lo fundamental está en la lectura de buenas obras narrativas, les comenté a todos. “En literatura no hay nada escrito”, dice Monterroso en un aforismo genial. Cierto. Sobre el arte de contar se ha dicho todo, pero lo sustancial consiste en saber que ningún relato sobrevivirá a la indulgencia del lector si pierde interés, si se enreda en naderías y no narra acciones que apunten a construir una expectativa desenlazada luego con inteligencia, es decir, sorpresivamente, de acuerdo a la lógica de lo ya contado. En fin. Las estrategias son muchas, infinitas, pero el arte es el mismo: contar con interés, tomar al lector de las solapas y jalarlo hacia los párrafos, meterlo a la acción.
Esa vena narrativa, como tantas habilidades humanas, se trae o no se trae. Si ocurre lo segundo, con mucho esfuerzo alguien puede desarrollar la pericia de contar. Como en el dibujo, como en la música, hay gente que trae el tesoro de nacimiento, y los que no debemos batallar el doble o el triple para, apenas, dominar las nociones básicas. Por eso a mis interlocutores les señalé, vistos sus casos, que no iba a ser yo el que los desalentaría o el que les daría luz verde, pero con sinceridad les dije si en sus textos se percibía una (yo la llamo así) voluntad narrativa, ese impulso contador que puede insinuar hasta el relato de un principiante dotado. Pese a ello es muy difícil saber, en los primeros relatos de un aspirante a narrador, si saldrá algo bueno de allí. Narrar combina varios factores, pero todo empieza, creo, por esa voluntad narrativa de la que hablo. No es suficiente, pues, el puro instinto, o tener anécdotas, experiencia en la vida, vivencias dramáticas. Tampoco bastan un vocabulario lujoso y una sintaxis limpia. Igual, de poco ayuda un profundo conocimiento teórico. Menos, buen oído para saber cómo deben hablar los personajes. Aislados, todos esos ingredientes no hacen a un narrador, pero su combinación adecuada puede generar historias atractivas. Narrar parece simple, pero demanda, como se puede ver, la consideración de rasgos que atañen tanto a lo que ya se trae como a lo aprendido. En todos los casos, el trabajo y la paciencia (una paciencia de buey) son las dos mayores virtudes de quien elige la carrera de narrador.
Una inquietud que con frecuencia encuentro en muchos se relaciona con el valor de su experiencia. ¿Sirve lo que he vivido, oído, soñado, leído para hacer narraciones? Respondo con la carta abierta: sirve, aunque no es necesario que en lo narrado se sienta con toda su gravitación el peso autobiográfico. De hecho, los narradores profesionales, y sus lectores, no advierten que las creaturas que deambulan en la página son una extensión del autor, alter ego múltiple o embozamientos del artífice. El autor y el lector aceptan tácitamente que los personajes literarios viven su propia vida, son “autónomos”, por mucho que el autor, al crearlos, les preste sus rasgos o “experiencias”. No hay nada más necio, por ello, que obsesionarse por ver al autor en los personajes, por imaginar que es mujeriego, tacaño, borracho, fraudulento, cruel, ruin sólo porque sus personajes lo son. El autor está en su derecho de ser, si lo es, mujeriego, tacaño, borracho, fraudulento, cruel, ruin, pero no es la justicia literaria la que lo juzgará por ello, sino la social, la humana. Lo importante de quien narra, para decirlo con llaneza, es lo qué narra y cómo lo narra. Lo demás, a la literatura, le importa un reverendo pepino.

jueves, octubre 16, 2008

País empinado



Este país premia la corrupción, la mentira, el tráfico de influencias, la transa, el doblez, la canallada, la holganza, la indiferencia, la traición, el cuatachismo, la ignorancia, la insensibilidad, el parasitismo, la burla, la alevosía, la inmoralidad, la soberbia, todo eso. Si hasta faltan sinónimos para decir lo que premia. Nomás en el rubro donde suelo moverme y creo conocer, hay casos de comunicadores que alcanzan de mediano a notable éxito (su buena casita, sus dos coches, su club, su ropa chida, su servidumbre, sus colegios decentes para los hijos, todo eso) sin haber leído un solo libro en sus vidas. Eso me basta para saber que este país “está empinado”, como alguna vez lo calificó un empresario culto y sensible con el que platiqué (los adjetivos “culto” y “sensible” parecen paradójicos si los dedicamos a un empresario lagunero, pero en el caso que menciono, lo aseguro, no lo son). Y si eso pasa con muchos comunicadores, ¿qué tanto ocurrirá en otras profesiones? ¿Todas andarán por las mismas? No lo sé, ignoro si los abogados o los contadores o los plomeros o los profesores opinan lo mismo: que en este país se puede llegar más fácilmente al bienestar por el camino chueco.
Tengo meses ya, como seguramente cualquiera que en este momento lea estas líneas, oyendo a la gente de todos los días, a los parientes, a los amigos y a los compañeros de trabajo, al taxista o al señor que de casualidad conocimos en una reunión, y todos destilan una mezcla de impotencia y pesimismo espesa, indisoluble. Todos se sienten engañados, metidos a la fuerza en un túnel de miedos y zozobras, sin más futuro que el del día corriente. Los oigo y siento en ellos la asfixia que yo siento, una fatiga moral que paraliza, que inhibe los residuos de esperanza capaces de sacarnos adelante. Entre todo lo que le fue birlado a la nación, está la capacidad de organizarse, de abrazar dentro de la colectividad el ánimo de luchar junto a los otros por alcanzar un fin común. Era parte del show: lograr que el ente social fuera incapaz de organizarse, dividirlo, pulverizar sus opiniones, crear la noción de mezquina pluralidad, fracturar sus ímpetus, polarizarlo. Y he aquí las consecuencias: un país podrido de todo, que premia al réprobo y maniata al justo. Dicho sin ambages y sin reticencias: un país con el futuro mocho, un “país empinado”.
Escuché hace poco a un candidato; es, de hecho, el único al que respeto entre todos los que ahora pelean por diputaciones en La Laguna de Coahuila. También me parece un hombre sensible y culto, un político en el que simplemente sí confiaría. Hablaba para un grupo de personas, y al rato cedió la palabra a sus oyentes. ¿Qué se puede hacer para detener la delincuencia? ¿Hay mucho pandillero en las esquinas? ¿Y la obra pública en La Laguna? ¿Y la creación de empleos? Como ocurre con frecuencia, las preguntas rebasaban la órbita de lo que puede hacer un legislador o aspirante a, pero de buena gana, para allegarse confianza, el candidato daba su opinión. En menos de cinco minutos (tiempo real) noté lo que tantas veces he pensado sobre la realidad del México actual: todos los problemas sociales, económicos, políticos, culturales y demás llegan al tope lamentable en el que quedan reducidos al absurdo de la indestructibilidad. No hay problema que, si le aplicamos la lógica mexicana, parezca tener solución. El que sea. Pongamos un ejemplo: nuestro sistema vial. ¿Alguien podrá creer que en La Laguna tendremos alguna vez avenidas, distribuidores, libramientos ágiles, sin baches, sin polvo, bien señalados, capaces de succionar los aguaceros, etcétera? Pues no, llanamente. E igual la seguridad pública, el empleo, el suministro de agua, la educación en todos los niveles. Ante tal certeza, mi teoría es que el sistema apenas da para aplicar maquillaje, que viviremos siempre al filo del infierno, es decir, en una sociedad maltrecha, trunca, deforme, pero asombrosamente viva. Viva pese a nosotros, sus ineptos hijos.

miércoles, octubre 15, 2008

Una troca deSNTE



Pinches envidiosos los que critican el proceder de la profesora Gordillo. Se ve que no tienen en qué caerse muertos y por eso la vituperan. Si en el sindicato hay lana, ¿qué? ¿A poco tiene la culpa el SNTE de los males que padece la nación? En vez de criticarla por regalar 59 Hummers deberían ponerse a pensar en la razón que motivó el obsequio. ¿Ignoran que ante las tempestades es necesaria la unidad? Un regalito, por ello, sirve para crear lazos de gratitud y, de paso, si el presente es significativo y uniforme, infunde identidad, sentido de pertenencia. Qué lindos y qué disciplinados se iban a ver los lugartenientes sindicales en esos vehículos. Y no se piense que la primera profesora del país, quien por cierto ya reculó y tuvo que inventar la excusa naca de una rifa, como si fuera cualquier vieja fodonga de barrio y no la caponesa (no es errata, sino femenino de capo) que usa Chanel No. 5, sólo pensó en las Hummers porque están bonitas y las agarró a buen precio. No, señores. La profesora Gordillo sabe que ese coche es el más adecuado para las tareas que en la actualidad desarrollan sus subordinados en el agreste suelo mexicano. Veamos, si no, tres recientes casos de la vida real donde la Hummer representó papeles protagónicos; tras estas evidencias no quedará duda de que es el mejor regalo para un líder sindical gordillólatra:
1) 12 de junio de 2008. Guanajuato. Un hombre de 34 años fue ejecutado de al menos cinco balazos, luego de que un grupo armado que se transportaba en una camioneta de lujo lo interceptó afuera de su casa en la colonia Ejidal de Celaya; una de las principales líneas de investigación es la disputa por la venta de droga en esa zona.
Tras el crimen se instalaron retenes en accesos y salidas a este municipio, ya que presuntamente los sicarios escaparon en una camioneta Expedition y en una Hummer negra; al cierre de esta edición los implicados seguían prófugos.
2) 26 de septiembre de 2008. Chihuahua. Dos hombres fueron ejecutados por integrantes de un comando armado que viajaba en un vehiculo Hummer, en diferentes hechos registrados en ciudad Delicias, donde se reporta un levantón y en Meoqui, el día de ayer por la tarde.
La Policía ministerial Investigadora informa que se tomó nota ayer a las 19:00 horas de la muerte violenta de quien en vida respondiera al nombre de Gabriel Salcido de 32 años de edad, quien fue masacrado a balazos por tres encapuchados que portaban rifles automáticos y que viajaban en una Hummer negra, en la Prolongación de la Avenida Río San Pedro. Por otro lado se reporta el levantón de un sujeto en el Parque Fundadores y minutos después, a las 19:10 horas, se toma nota en el km 158 de la carretera Chihuahua a Delicias, en el entronque a San Lucas, del cuerpo de un hombre que se encontraba entre unos pilares que están para construir un puente.
3) 14 de octubre de 2008. Jalisco. Saldo de tres hombres ejecutados con armas de alto poder y uno más lesionado de gravedad, es el resultado de una emboscada que les tendieron presuntos sicarios a las víctimas, en el interior del exclusivo fraccionamiento Bugambilias.
Los hechos se registraron al filo de las 8:30 de la noche de ayer, en el cruce de Circuito de las Flores y Remanzo de las Violetas, en el fraccionamiento Bugambilias, en Zapopan. Sobre los cruces circulaba una camioneta tipo pick up, en color blanca, marca GMC, modelo 2002, con placas de circulación JL-39786, en donde viajaban cuatro personas. Posteriormente se le emparejaron dos camionetas de lujo; una Hummer en color roja y una Suburban blanca de modelo reciente, desde donde les efectuaron disparos de arma de fuego AK-47, mejor conocido como cuerno de chivo.

domingo, octubre 12, 2008

Tragedia de la comedia



En la sobremesa de un juego del Santos charlo con don Rogelio y Luis Rogelio, mi padre y mi hermano mayor, respectivamente, y por esos vericuetos que suelen describir las conversaciones informales recalamos en un tema apasionante por lo decepcionante: el de la comedia mexicana. Hablamos sobre los viejos cómicos, sobre el estado de la recepción (o sea del espectador, del público) en aquellos ayeres. No podemos saberlo, pero tal vez el humor era más fácil de lograr en esa sociedad no tan comunicada y, quizá por ello, bastante menos maleada que la actual. Mucho ha cambiado la realidad mediática, y eso influye definitivamente en la eficacia del humor convertido en espectáculo. ¿Qué nuevo chiste puede haber bajo el sol en la era de la globalidad? ¿Qué parodia o imitación no han sido trabajadas ya? ¿Qué tan difícil es la comedia en el estrés del ciudadano actual? ¿Qué tanto desgasta el internet las variantes del humor, pues ahora miles de páginas ofrecen gratis toneladas de textos, dibujos y videos con todo tipo de humoradas? ¿Cantinflas, Tin-Tan, Clavillazo, Resortes, Capulina batallaron lo mismo para hacer reír a su generación? El humor, en resumen, es hoy desafiante, tanto que en México son escasísimos los comediantes que salen aprobados si les aplicamos el risómetro y la prueba de la pena ajena. Por el número, no somos un universo confiable para considerar que esto es una encuesta, pero vacío aquí las opiniones, la mayoría coincidentes, de mi padre, de mi hermano y mías sobre ciertos comediantes de la farándula nacional:
Jorge Ortiz de Pinedo: uno de los casos más desgarradores de comediante que sólo da risa porque no da risa. Maneja dos o tres fórmulas de comedia bobalicona (La Escuelita) donde por más que trajina queda siempre en el papel de bigotón anodino.
Memo Ríos: hace varios años vivió su instante (eso fue: un instante) de gloria. Inventó sus chistosadas con rimita, que durante algún tiempo funcionaron. La fórmula no podía mantenerse incólume luego de tal sobrexplotación. Hoy, las rimitas de Ríos sólo dan tristeza. Aplausos.
Teo González: el tipo tiene el don, timing, buena memoria, repertorio. Cuenta chistes en ristra y generalmente sale bien librado, pues selecciona atinadamente sus piezas y las cuenta con chispa. Es de lo rescatable.
Jojojorge Falcón: este cómico abusa de la ventaja que le da su cara, ya de por sí un chiste que, al deformarse en las versiones de borracho, gangoso o niño alcanza niveles hilarantes. Igual que González, es un cuentachistes nato. Siempre lo hace bien, con sazón y picardía, con esa herramienta de trabajo inmejorable que posee para detonar risas: su cara.
Sergio Corona: nunca fue, que digamos, un comediante comediante comediante. Bailaba, actuaba, pero le faltó siempre la onza del humor. El tiempo no perdona, y cuando aparece en tele queriendo hacer reír es inevitable buscar con el control otros programas.
Los Mascabrothers: de repente se encumbraron con la agilidad de sus albures y sus caracterizaciones, sobre todo las que encarnan a La Tomata y La Perejila. Tienen el arte muy chilango de la agilidad mental para la peladez, crean innumerables juegos de palabras y no le temen al ridículo. Sospecho que a mucha gente sí la agradan.
Andrés Bustamante: tuvo su época, pero es quizá otro caso de desgaste. El humor le duró como quince años, los que tuvo con notable éxito en TVAzteca y en la radio. Sus personajes fueron divertidos, pero a la larga cansaron y perdieron brillo. De todos los que hizo, el mejor fue su Doctor Chunga, pero él prefería explotar a Ponchito, quien para mí nunca tuvo encanto.
La Chupitos: intentó durante algunos años dar la cara por la comedia femenina, pero se derrumbó porque más allá del personaje facilón de teporocha no había verdadero ingenio.
Edson Zúñiga, El Norteño: otro cuentachistes ágil, dotado para el doble sentido y con una gran capacidad para la improvisación. Es tan suelto y desparpajado que no luce igual en los programas con libreto. La mejor prueba de su rapidez para el manejo de la burla es El Compayito, el único cómico manual de México. Edson es de los buenos.
Brozo: otro que luce más si lo dejan libre, como lo demostró cuando acompañó a Loret de Mola en la cobertura olímpica. Si lo atan con un guión se le ve la costura a su personaje, y eso pasa en el Notifiero, programa que los viernes en la noche no desata ni las risas de una hiena. Tiene allí, por ejemplo, a un personaje que la hace de soladito, empeñoso para la comedia pero que sólo provoca lástimas.
Tony Balardi: lo invitan de vez en cuando a programas de variedad y de concurso. Es uno de los peores cómicos que han pisado suelo mexicano. Junto a él, Ortiz de Pinedo es Harold Lloyd.
Doña Márgara: dado el hocico que ostenta, no es apto para la tele abierta. Aparece en algún canal del cable, con su propio programa. Es uno de los más exitosos travestidos (como en un tiempo lo fue la Beba Galván). Tiene pimienta, la vulgaridad le brota, como si fuera un don que dios le dio.
Jaime Rubiel: un cuentachistes más. También trabaja con gran apoyo de su cara, pues es casi inexpresiva y un tanto hermanmonsteresca, lo que le ayudan a producir efectos cómicos. Maneja buen timbre de voz (de locutor) y sus chistes suelen avanzar con histriónico suspense humorístico. Pasa.
Consuelo Duval: tal vez la mejor cómica mexicana de la actualidad. Su voz abierta y corrientota, pelangocha como en otra época lo fue la de Maribel Fernández, aunada a un encanto físico populachero y una dentadura de mazorca intimidante, la han convertido en favorita de muchos. Es carismática, ríe y sobreactúa con ganas, pasa como la mejorcita en la comedia nacional.
Pedro Ferriz de Con: uno de los mejores cómicos del país. Su personaje de comunicador solemne y comprometido con la verdad es de los más graciosos que se han logrado en los medios mexicanos, básicamente en la radio. Un humorista imprescindible.

sábado, octubre 11, 2008

Futuro minado



El escritor Jean Marie LeClezio ganó el Nobel, pero a quién le importa. El acelere de la mala información sirve para fortalecer el pesimismo y olvidarnos de todas esas joterías culturales que de nada sirven. Ni Og Mandino se sentiría capaz de sonreír ante el tsunami noticioso que cualquiera pudo ver en la semana agonizante. Siguen los ejecutados, los maestros en Morelos topan ahora contra militares, será imposible alcanzar las metas de creación de empleo (ya de por sí rabonas), y, lo más importante, cierra el viernes con la amenaza de una recesión mundial que golpeará con el puño bien cerrado la jeta de los más pobres. La vida es bella.
Pese a las pastillas tranquilizadoras de Calderón, es alarmante lo que pueda ocurrir si se prolonga la crisis. Se entiende que las voces oficiales emitan mensajes sedantes, pero poco se avanza si al mismo tiempo vemos la actuación de algunos funcionarios como Alberto Cárdenas Jiménez, cero a la izquierda encargado de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa), quien a lo largo del sexenio ha sido el mejor garante de la parálisis que viven la agricultura, la ganadería, el desarrollo rural, la pesca y la alimentación en este país de locos.
Ayer mismo, en su comparecencia frente a los diputados, el titular de la Degrapa (que no Sagarpa) mostró el cobre de su ineptitud. Dio números optimistas (¿qué informante oficial no arroja números optimistas?), habló de mejoría, evadió algunas preguntas, se hizo el ofendido con el nuevo mote que lo hizo pasar de “caballo negro” a “burro pardo”, escuchó algunas acusaciones sobre trato preferencial a empresas como Cargill, Maseca, Minsa y ADM, y al final salió sin que de veras le despeinaran la plateada cabellera. ¿Y la realidad? La realidad, esa cosa que existe fuera del discurso oficial, sigue allí, terca como dinosaurio monterroseano.
Cuando alguien se refiere al campo mexicano y ofrece cifras de color azul pastel, como ayer el secretario de equinos sobrenombres, no dejo de pensar en mis acercamientos y mis visiones al entorno ranchero que nos tocó a los laguneros. Desde que tengo uso de razón, el campo ha estado cerca de mis emociones y su cultura la conozco y la respeto, pues veo en ella una especie de condensación idiosincrática: allí está, borrosamente, todo lo que de bueno y de malo tiene el Ser citadino dominante. No es ninguna revelación deslumbrante afirmar que la expresión verbal de los rancheros laguneros es una forma de la comunicación rica en matices: oír hablar a un par de viejos rancheros de La Laguna es un banquete, pues no faltan en sus diálogos refranes, dichos, formulas, referencias, giros, léxico que ni de broma hallamos ya en la ciudad, una especie de español preciosamente fosilizado. Es casi como oír un dialecto derivado del castellano.
Nomás por esa gracia, que no es poca, tengo permanente contacto con la canción ranchera antigua (digo, Javier Solís, Aceves Mejía, Cuco Sánchez, Tomás Méndez, el Piporro), pues en ese género hallo una literatura emocionalmente aproximada al latido de la rancheriza lagunera. Hoy ya está muy adulterada por los vómitos del pasito duranguense y esas vainas, pero, como aclaré, en nuestros viejos campiranos sigue vivo el México de más antes, como se decía más antes. A ese campo lagunero, y supongo que lo mismo ocurre en todo México, nomás lo he visto en decadencia desde que lo conozco y lo trato. De hecho, como sabemos, muchos ejidos están vacíos de jóvenes, fuerza de trabajo que ha salido a buscar pan hacia otras partes, sobre todo a EUA. ¿Hay esperanzas de que alguna vez el campo cambie su situación y ya no sea más el arsenal donde se surten las maquiladoras y las familias que demandan servicio doméstico? No lo creo. La crisis para ellos sí parece eterna. Su futuro está minado.

viernes, octubre 10, 2008

Hombres de poca fe



Soy un hombre de poca fe. Ayer, luego de oír al secretario Carstens en la entrevista que concedió a Loret de Mola, no pude albergar en mi corazón escéptico más que imágenes de horror ante el catarrito que devino pulmonía. ¿Qué nos depara el marrano porvenir? ¿En dónde topará la crisis de los mercados que hace colapsar sobre todo a las economías de los países arrabaleros? Estoy temblando, y lo peor es que soy hombre de poca fe, así que ni siquiera cuento con el refugio de una divinidad que me cubra con su poderoso manto. Al estar perdido y no saber qué camino me trajo hasta aquí, deambulo por la red y leo una nota que me da consuelo: Guillermo López Langarica, mejor conocido en el bajo mundo del YouTube como el “Canaca”, ha sido canonizado por el pópulo y tal vez él me pueda arropar con su santa y protectora playerita del Atlas.
Como todo buen ocioso sabrá, el susodicho Canaca fue catapultado a la fama gracias al YouTube, sitio al que subieron la nota de un programa sensacionalista especializado en el abordaje de briagos que públicamente brindan escenas de impudicia y liviandad. El Canaca despliega tan brillante sarta de disparates que deja a Cantinflas en calidad de Cicerón. Bien pedernal, ya neutralizado por la chota, López Langarica responde con las patas el interrogatorio de un periodista. Entre otras perlas declara (eso hay que oírlo, no leerlo) que es hijo de su papá, da una dirección que más bien es número telefónico y se declara protegido de la CANACA, sigla de una organización que de seguro es menos influyente que el PUP (Partido Único de Pendejos). El caso es que, sin querer, se erige en pincelada alcohólica de nuestra idiosincrasia, en resumen de nuestros burdos ambages y nuestra prepotencia influyenciosa al movernos frente a los representantes de la ley, quienes también, por cierto, suelen ser unas fichitas. Con notable habilidad en la prestidigitación de la palabra, el Canaca sale por peteneras y elude las preguntas del reportero, cabecea, gesticula, muestra que cuenta con colmillo para el pretexto banal, enseña que es, en las broncas provocadas por andar en la parranda, “un colchón muy miao”, como dice sabiamente mi amigo Chema Iduñate. Al final, como corolario de su risible autodefensa, el Canaca mete la estocada y crea lo que a la postre se convertiría en una especie de sentencia, en argumento incontestable para criticar los abusos de la autoridad; dice: “¡Me amarraron como puerco!”. Nuevamente, la frase no dice nada si sólo la leemos. Su fuerza, de hecho, radica en la prosodia, en la manera rasposa, cruda, con la que enuncia la palabra “puerco”. Ese video fue suficiente para que el Canaca, fervoroso seguidor de una religión tapatía llamada “atlismo”, se convirtiera en unas cuantas semanas en icono del YouTube mexicano. Ya hay de él versiones en dibujo animado, un juego de video, parodias y todo tipo de recuerditos artesanales. Uno de ellos es la oración que lo presenta como San Canaca, con una caguama en la mano y en vez de angelitos un par de cerdos alados: “¡Santo apóstol!, San Canaca, fiel siervo y amigo del YouTube! La web te honra e invoca universalmente, como el patrón de los virales. Ruega por mí, evita que me amarren como puerco. Te imploro hagas uso del privilegio especial que se te ha concedido (de tus palancas en la CANACA) porque tu eres 'el hijo del papá'. Ven en mi ayuda, no dejes que me agarre la antialcohólica, no me dejes caer en las garras de alguna televisora local o un video de celular, ayúdame a evitar esos 15 minutos de fama en el you tube para que pueda recibir consuelo y socorro particularmente (haga aquí su petición); te doy las gracias glorioso San Canaca, y prometo nunca olvidarme de tu glorioso video, honrarte siempre como mi patrono especial y como agradecimiento hacer todo lo que pueda para fomentar tu video. Amén”. A San Canaca me encomiendo; que el alcohol nos ayude a no sentir los efectos del catarrito.

jueves, octubre 09, 2008

Parió la abuela



Pensábamos que con la violencia a todo trapo ya estábamos en el peor de los escenarios posibles, pero erramos. La actual crisis de los mercados financieros, el nerviosismo que ahora los domina y la dependencia que en general tenemos del mundo en el que se mueven los megacapitales hacen que la realidad inmediata anterior de México palidezca ante lo que se vislumbra. Dicho en filosofía ranchera, éramos muchos y parió la abuela. Oséase, a las jodideces que ya padecíamos ahora debemos sumar las amenazas no tan latentes, sino reales, de mayor desempleo, devaluación, menor cuantía de las remesas, escasez de alimentos y, obvio, incremento de los índices delictivos ya de por sí descomunales en nuestro atípico país.
Como cuarentón que soy, pasé la adolescencia y di mis primeros pasos como adulto en medio de crisis económicas diarias. No había “crisis” en sentido estricto, es decir, momentos de quiebre, pasajeras turbulencias, pues eso da la idea de que la crisis llegaba, hacía estragos y desaparecía. No. La Crisis, con mayúscula, que formó a mi generación (la nacida en los sesenta y formada entre los setenta/ochenta) era algo pegajoso, adherido al calendario de todos los días, las semanas y los meses de aquellas décadas. El lopezportillato y el delamadridato fueron un laboratorio de la zozobra colectiva: vivíamos todos los días con el Jesús en las tripas, sin saber a cuánto iban a amanecer el frijol y la tortilla esas mañanas. Era terrible, y hasta hoy valoro el heroísmo de mis padres, y de todos los padres asalariados de México, por los güevotes que le pusieron para apechugar doce años o más de aumentos, devaluaciones, recortes, ansiedad, angustia y desesperación en esos tiempos borrascosos. Pasé la prepa y la carrera, como casi todos los jóvenes, con una mano adelante y otra atrás. No dramatizo, pues todos los días eran días de reetiquetación en los negocios, todos los días le agregaban lastres a la canasta básica.
Por esas épocas comencé con el lujoso vicio de la bibliomanía. En mal momento se me ocurrió la necesidad de forjar una biblioteca personal bien nutrida, con muchos y buenos libros. Con gran dolor de mis intestinos, sacrificaba gorditas por nuevos libros, y me hice experto en cazar ofertas, en hallar mesas de saldos y en pescar colecciones populares de aquellas que añadían un tomo cada semana. Soltero, joven y algo pendejo (los dos primeros rasgos ya los perdí), me acostumbré a vivir en la Crisis como los esquimales se acostumbran al frío: hubo un momento en el que lo normal era llegar a la tienda y salir sin el producto deseado, pues ya costaba lo doble. La escena que recuerdo más de mi pasado estudiantil vivido en la mugrienta crisis de todos los días es aquella en la que una vez fui a cenar con tres amigos. Juntamos lo que traíamos, vimos que ajustaba para media orden de tacos por tatema y allá vamos; al llegar a la taquería, el nuevo precio sobreimpuesto en el menú nos hizo ver que la orden de tacos aumentó el 100%, es decir, con lo que antes comprábamos dos, ahora alcanzábamos una. Pero ya estábamos sentados, así que pedimos una orden y nos repartimos un taco per cápita. Fue tristemente maravilloso ver esos platos casi huérfanos, cada uno con un devaluado taco de suadero y la certeza de que ni modo, así era el país y así debíamos aprender a convivir con su falta de oportunidades y sus recurrentes golpazos a la economía de los trabajadores.
No recuerdo otro momento de inquietud luego del famoso “error de diciembre”, como lo llamó el periodismo del zedillato. Contenida, aplacada, puesta a raya la economía pero sin beneficiar en términos reales a la gente que más lo necesita, la situación del país cebó fabulosamente a los amos de México, mantuvo el atolito digital para la clase media engatuzada con el crédito y prohijó más pobres. Sólo era cuestión de tiempo para ver el retorno del fantasma.

miércoles, octubre 08, 2008

Obra jesuita en La Laguna



Hace algunos días debatí cordialmente con un amigo de café. A una afirmación que hice sobre el origen de cierto acontecimiento ocurrido en el pasado, él respondió que la verdadera causa estaba más atrás, varios años más atrás. Bueno, le respondí, si a ésas vamos, todo origen lo podemos remitir a Adán y Eva. La anécdota, vacua en apariencia, delata uno de los principales problemas encarados por el historiador: la delimitación en el tiempo que es, junto con la del espacio, fundamental para recalar en puerto seguro, en afirmaciones que no parezcan demasiado generales y, acaso, descabelladas. Es, para acabar pronto, el cronotopos, la relación tiempo/espacio que establece todo hecho, pues nada puede estar fuera de los dos vértices: nadie puede hacer nada fuera del tiempo ni del espacio.
¿En dónde y en qué momento ubicar la conquista europea de las tierras que habitamos? ¿Cuál es su causa remota? ¿Fue el desarrollo del pensamiento en las dos antigüedades clásicas? ¿Fue expansión de Europa hacia el Oriente? ¿O la lucha contra el Islam en la Península Ibérica y la unificación de las coronas de Castilla y Aragón? ¿La Contrarreforma? ¿Qué? ¿Cuándo? ¿Dónde? Si bien todo corte cronológico es, en el fondo, arbitrario, pues toda causa humana tiene otra causa anterior, hay una mínima lógica que determina la precisión del periodo segmentado. La lógica de ese corte está presente, creo, en el libro Apuntes sobre la educación jesuita en La Laguna: 1594-2007, del doctor Sergio Antonio Corona Páez, trabajo de investigación publicado por la UIA Laguna en 2007, precisamente en el 25 aniversario de dicha institución en La Laguna y 75 aniversario de trabajo educativo de la Compañía de Jesús en Torreón.
El estudio del doctor Corona Páez excede, quizá sin querer, lo que enuncia su título, y alcanza para añadir nueva información a sus ya imprescindibles estudios sobre la Colonia lagunera. Aunque perfectamente bien delimitado su objeto de estudio, arroja luz sobre el tópico explorado y al mismo tiempo ilumina zonas importantes del pretérito lagunero que, según entiendo, todavía se muestra deficitario en materia de estudios a su época colonial. Hasta hace algunos años, las indagaciones más sobresalientes habían sido emprendidas por investigadores foráneos como Vargas-Lobsinger, por citar sólo un caso destacado. En años recientísimos, y gracias sobre todo a los trabajos de los doctores Carlos Manuel Valdés Dávila y Sergio Antonio Corona Páez, de Saltillo y Torreón, respectivamente, hemos visto emerger con mejores datos la vida novohispana en estos lares; esos estudios han venido a complementar y enriquecer el conocimiento que teníamos del sur de Coahuila, La Laguna incluida, pues la conformación de las poblaciones y la mentalidad de esta parte de México no se dio a partir de la Independencia, sino casi tres siglos atrás.
Por prejuicio (uno más de los prejuicios heredados de la educación de cuño liberal), la Colonia despertaba poco interés, y es fecha que ciertos historiadores, por ejemplo, de la Revolución Mexicana, la miren con desdén e impregnen con ideología algo que debe ser visto como mero objeto de análisis. En otras palabras, quienes abominan de los estudios coloniales desatacan con arte y maña que sus cultores desean volver a la Monarquía o añoran con toda su alma que revivan las glorias de los reyes católicos. Nada más falso, y para demostrarlo ahí está la poderosa cauda de estudios coloniales de la UNAM, institución que podrá ser acusada de todo, menos de monárquica o novohispanólatra. Contaminar, en suma, los estudios históricos de algo más que no sea deseo de conocer, es atentar contra la salud de esta disciplina urgida de exploradores, más que de soldados.
Por suerte, el doctor Corona Páez conoce las herramientas metodológicas necesarias para el buen desempeño de su oficio. Justo fue, por ello, que la UIA Laguna le encomendara la tarea de echar lupa al funcionamiento de la propuesta educativa jesuita en nuestra región durante un periodo tan largo y necesariamente difícil a medida que deben ser esclarecidos los primeros pasos de la Compañía en las tierras del Nazas. De ahí que la advertencia de la presentación no sea para tomarse a la ligera, pues como se trata de una labor específica en una zona específica en un tiempo específico, absurdo hubiera sido abordarla, me refiero a la educación jesuita en La Laguna, con los textos canónicos de Clavijero y sus adláteres. Sirven, en efecto, sobre todo para enmarcar el cuadro general del emprendimiento que la Orden de San Ignacio ha desarrollado en México, pero se quedaban obviamente cortos respecto al análisis particular del trabajo en la región lagunera. En eso se sustenta la iniciativa de consultar fuentes primarias, fehacientes todas, todas al alcance de cualquiera, que abonó lo que a la postre sería el magnífico fruto de esta investigación.
Deseo reiterar que el trabajo del doctor Corona Páez rebasa el propósito declarado en el acápite del libro. Es más que una historia de la educación jesuita en La Laguna. Al deambular por sus páginas uno encuentra datos reveladores sobre el primer hervor de los asentamientos occidentales en estas tierras, el choque de los laguneros y los primeros pobladores no nativos. Esto se debe, sin duda, a que la primera tarea de aculturación al aborigen y de enraizamiento de la mentalidad occidental fue encargada a la Compañía de Jesús, lo que devino enlace estrecho entre la obra misionera y el constructo de la identidad lagunera, todo mediado por el modelo educativo de los inspirados en la figura de San Ignacio. El periodo abordado es amplio, así que el autor no se detiene con minucia en cada momento; avanza a grandes saltos, colorea con grandes pinceladas, aunque siempre observa el cuidado de dejarnos el elemento más significativo de cada situación o subcorte en el largo camino recorrido por la Compañía en tierras laguneras. De esa forma, y vuelvo con esto al principio, el historiador nos remite a la causa remota de que dio origen a La Laguna: el paso del estado de naturaleza de los nómadas al establecimiento de una cultura que tuvo como modelo base a la europea católica, hispana, jesuita y tlaxcalteca.
Junto a La vitivinicultura en Santa María de las Parras, La Comarca Lagunera: constructor cultural y los numerosos ensayos sobre temáticas afines publicados en revistas académicas de España y América Latina, Apuntes sobre la educación jesuita en La Laguna: 1594-2007 es un libro nacido fundamental para los laguneros: he aquí otra prueba de que La Laguna no se hizo en un siglo.
o
Nota del editor: texto leído ayer en el Teatro Isauro Martínez; participé en la presentación junto al autor y Felipe Espinosa Torres. Por cierto, un apunte lateral: en la ronda de preguntas y respuestas, un asistente del público, visible y audiblemente molesto, señaló la omisión de su crédito como descubridor de no recuerdo qué dato. Mencionó que él consignó cierta información en un libro. La respuesta del doctor Corona fue clara y cordial: si hay alguna omisión en cualquier trabajo histórico, justo es repararla, pues no hay investigación que no sea perfectible. El doctor Corona lamentó no conocer el libro del quejoso, y de buen grado le solicitó un ejemplar para que obre en los acervos de la UIA Laguna. El inquieto asistente, más alebrestado todavía, engallado por la mesura de su “contrincante”, retomó la palabra para decir, con ironía, que su libro está en la biblioteca del Congreso en EUA y en, al menos, diez universidades de aquel país, entre otras Harvard y Yale. Quise intervenir, pero la situación hubiera sido de una impertinencia vergonzosa: el argumento de que “su Libro” (Libro con mayúscula) está en la biblioteca del Congreso en Washington y en muchas universidades, lo que parece apantallante, es de risa. Cualquiera que haya publicado algo puede mandarlo a esos acervos y lo más probable, por no decir seguro, es que le acusen recibo y lo fichen, sin que eso quiera decir que la obra pase a convertirse en biblia de consulta masiva. Yo mismo tengo, creo, diez de mis libros en los catálogos de la Library of Congress, así que eso no es ningún mérito. Además, el hecho de que un investigador cite mal u omita una fuente (no es este el caso del doctor Corona, además) no significa que podamos descalificar sus resultados y su metodología. Si es tan quisquilloso con su valiosa fuente, ¿por qué el inquisidor no menciona las más de mil notas de referencia, contenido y ampliación de datos que alberga el aparato erudito de La vitivinicultura en Santa María de las Parras? ¿Acaso el doctor Corona es un saqueador de información y no conoce la metodología de la investigación documental? No es eso lo que han opinado sus colegas en Europa, Estados Unidos y Sudamérica. Resumo: el tono del participante en la sesión de ayer tuvo el mal gusto del ardido que se cree birlado y dueño absoluto de un tema o de cierta información. Esos sujetos abundan en el alucinado mundillo de la historia provinciana. Son los personajes que uno ineludiblemente halla dentro de nuestra picaresca intelectual.

martes, octubre 07, 2008

El desván de Urquizo



No es Donceles, pero hurgar en nuestras pocas y pequeñas librerías de viejo me ha regalado algunas ediciones estimables. Hace escasos meses, por ejemplo, entre los montoncitos de El Libro Usado, en la Galeana, me topé con El Desván, obra casi desconocida del sampetrino Francisco L. Urquizo. La compré por varias razones: por su precio, por su rareza, por su excelente estado, porque es de un lagunero y porque esta primera edición (y seguramente única) tiene mi edad exacta, es del 64. La publicó Costa-Amic en el DF, tiene 177 amarillentas páginas y contiene “recuerdos de su niñez de estudiante; de sus andanzas en la Revolución cuando fue joven; cuentos nuevos; recuerdos de sus viajes por el extranjero y meditaciones filosóficas de cuando se pasa ya a la edad madura (…) El contenido es como la exhibición de una gigantesca película cinematográfica, como la explosión de un cerebro pensante que rebosa ideas, temas, recuerdos y filosofías. Resumen arbitrario de una vida llena de actividad, de sinsabores y de bienandanzas. Letras plasmadas en frases que forman ideas, que dichas por el autor en el estilo ameno que le caracteriza, llevarán al lector, sin duda alguna, enseñanza y algún motivo de meditación”. Eso dice el editor al ofrecer su producto, y está en lo cierto.
Una digresión: hace algunas semanas estuve en San Pedro y hallé de nuevo a unos amigos que hacía mucho no había visto: los escritores Concha Luna y Alfredo Hernández. Cordialísimos, me pusieron al tanto de un proyecto de revista que con inteligencia, entusiasmo e imaginación sostienen por allá. Les pregunté si en San Pedro la imprimían, pues noté que en esas páginas traían buen manejo del color. Alfredo me respondió que no, que en San Pedro todavía no contaban con una imprenta que hiciera tales trabajos. “Aquí nomás se ha impreso un libro —acotó Alfredo—: La sucesión presidencial”. Y concluí: “¡Caray, nomás uno, pero qué libro!”. La digresión no lo es tanto si transfiero el caso del aislado pero decisivo y famoso análisis político de Madero al de la narrativa lagunera: en nuestra comarca no hemos tenido grandes narradores, y es hora que ninguno logra colocarse en un lugar definitivo dentro de las letras nacionales. Ninguno, digo mañosamente, salvo Francisco L. Urquizo, sin duda el narrador lagunero más importante de la historia regional, él único al que veremos aparecer en las historias de la literatura mexicana como militante en el colectivo de la que fue denominada novelística de la Revolución Mexicana.
Pues bien, de Urquizo podemos encontrar, con satisfactoria facilidad, sus obras más conocidas, como Tropa vieja o Fui soldado de levita. El FCE publicó hace poco una gorda reunión de los escritos urquiceanos y entre nosotros, los coahuilenses, el escritor e investigador viesquense Francisco Emilio de los Ríos logró que el Icocult Saltillo editara hace poco una selección del militar sampetrino. Pese a ello, no es Francisco L. Urquizo un autor muy conocido entre los laguneros, lo cual es digno de pena.
Ante tal vacío, quizá no sea impertinente que las autoridades de San Pedro vitaminen las jornadas culturales que dedican a la memoria de su ilustre coterráneo, de tal manera que hagan llegar el mérito de su obra a más lectores. Una posibilidad es buscar que sus novelas y sus apuntes periodísticos circulen entre los laguneros en ediciones económicas o de plano gratuitas, pues insisto que se trata del narrador más señalado de la comarca, pero apenas conocido entre nosotros.
Dado el tono confesional de El Desván, Urquizo podría ser conocido desde un ángulo literario más amable. ¿No se puede pensar desde ahora en reimprimir dichas páginas? El 6 de abril de 2009 se cumplirá su cuarenta aniversario luctuoso, y espero que en San Pedro desenvainen la cartera para homenajearlo como es debido. De hecho, no estaría mal pensar en un concurso literario sobre su obra y en unas jornadas que nos recordaran a todos que en la narrativa nacional hay, inequívocamente, un representante lagunero.
El Desván tiene, como digo, el tono de un libro de memorias, aunque no lo sean. Sus primeras páginas las dedica íntegras a recordar vivencias que se desarrollaron, sobre todo, en España y en Austria. Luego, en las siguientes, sazona su recuerdo con andanzas laguneras: “El Ejército Constitucionalista iniciaba su avance incontenible hacia la capital de la República. Había caído Torreón de una manera ya definitiva. / Un colega de las fuerzas de Calixto Contreras y yo veíamos una película en el Cine Pathé de don Isauro Martínez, el único cine entonces que había en Torreón y que funcionaba en una amplia carpa instalada frente a la Plaza de Armas. No había mucha concurrencia”.
En otro lugar, una pincelada sobre el vigor de la vida ferroviaria que miró en su infancia: “Yo recuerdo de allá, de cuando era joven, en mis tierras de Coahuila, en mi estación de Benavides, al principio de la Laguna de Mayrán, cómo distraía mi soledad conversando con el jefe de la Estación instalada en un viejo furgón que había sido de carga y que ya sin ruedas era el recinto ferrocarrilero que servía de habitación y oficina al empleado que expedía los documentos, vendía los boletos y especialmente atendía al grillero constante del aparato telegráfico. La línea férrea era una recta que parecía no tener fin, pasaba la Laguna de Mayrán de cinco leguas de ancho que comenzaba en Benavides y terminaba en Thalía para proseguir en rectitud, kilómetros y kilómetros hacia Paredón, camino a Saltillo y Monterrey”. Y ésta, para cerrar el vistazo a El Desván, donde narra en tercera persona una experiencia propia: “El muchacho aquel, apenas mayor de edad, regresaba a su pueblo después de dos años de ausencia. De allí de Torreón había salido con los maderistas cuando la primera toma de Torreón, en 1911, y regresaba con Villa tres años después. Iba tras de ese lapso a poder ver, volver a ver a su madre viuda y a sus hermanos pequeños. Tanto batallar para tener al fin un remanso. Volvía bueno de salud pero tan pobre, quizás más que cuando había salido”.

sábado, octubre 04, 2008

Perros y gaviotas



Veo generalmente de lejos el acontecer teatral. De los literarios es, de hecho, el género que, aunque en esencia narrativo, menos frecuento. Siempre que veo, sin embargo, el montaje de una obra valiosa, me reitero que el teatro es una maravillosa invención humana, una máquina del espíritu capaz de conmover y persuadir, poderosa como pocas para calar hasta las vísceras del espectador. El teatro es literatura en pie, palabra que coagula en el escenario, ritmo, luz, forma, tercera dimensión, danza, filosofía, vida: el teatro es como la sumatoria de todo lo que hay de artístico en el hombre. En fin: qué puedo decir yo, si soy tan nadie en esos rubros.
Tengo, pese a todo, una buena relación con algunos directores de La Laguna. Siempre les prometo que me apersonaré en sus puestas, pero suelo ser olvidadizo y no lo hago. Lo quisiera para, en la medida de mis limitaciones conceptuales, escribir algo de crítica impresionista sobre los trabajos que a mi juicio digan algo. Por ejemplo, una y otra vez he querido ver la puesta de Gerardo Moscoso a Los Perros, de Elena Garro, montada por la Compañía Coahuilense de Teatro La Gaviota. Por la razón que sea, no lo he hecho, y ante tan lamentable omisión Gerardo ya me prometió una representación para mí solito. Claro que la acepto, pues no es poco lo que ha logrado La Gaviota con Los Perros. Entre otros logros, aplausos nutridísimos al final de sus recientes representaciones en el Teatro Helénico de la capital (La Opinión de ayer, nota de Karla Lobato).
Un año antes, en noviembre de 2007, en la XXVIII Muestra Nacional de Teatro los jóvenes actores que atienden la dirección de Moscoso obtuvieron resonantes elogios de la crítica, eso en Zacatecas. El valor de la puesta ameritó que el grupo de teatro coahuilense, asentado básicamente en San Pedro de las Colonias, recibiera dos importantes reconocimientos: viajar a España y merecer de la publicación catalana Assaig de Teatre (Revista de l’Associació d’Investigació i Experimentació Teatral), que es una autoridad en la materia, la contraportada de su voluminosa edición 62, 63, 64 condensada en esta revista/libro cuyos contenidos son un compendio de acercamientos al fenómeno teatral. Allí mismo, además de la contratapa que en sí misma es un elogio, el crítico Ricard Salvat escribe la informada reseña “Una aproximación al actual teatro de México”. El especialista menciona a las figuras señeras del teatro nacional, y como ha estado en la Muestra zacatecana le dedica palabras al grupo sampetrino: “Vimos dos versiones de Los Perros, de la gran autora Elena Garro (…) Pudimos ver una versión de Xerardo Moscoso y otra de Sandra Félix, reputada creadora que contó con un decorador de primer orden, Phillipe Amand. En ese trabajo, que venía del Distrito Federal, había cierta descompensación actoral (…) Una dimensión muy distinta tuvo la dirección de Xerardo Moscoso, famoso cantautor gallego emigrado a México que trabaja en San Pedro de las Colonias, Coahuila, donde realiza un admirable trabajo de animación de teatro campesino. Su propuesta era de gran humildad, pero también de gran eficacia. Resultaba muy nítida y bien dibujada, y potenciaba el elemento poético de la obra. Moscoso disponía de un grupo de jóvenes que actuaban con una coordinación y unidad de tono admirables. Este espectáculo se presentó en la sección ‘Compañías y Grupos Emergentes’, que reunía a cinco grupos…” (p. 433).
Las palabras del crítico español muestran lo importante que puede llegar a ser el trabajo artístico convencido de sus posibilidades. Con todo y sus limitaciones materiales, el fervor teatral del grupo La Gaviota, y los indoblegables empeños de Gerardo Moscoso y de Esteban Osorio, sus responsables, le han dado al teatro lagunero logros que sin duda debemos reconocer y celebrar.

viernes, octubre 03, 2008

Una imagen imborrable



La boleada casi no sirve en La Laguna, por eso aquí convienen más los zapatos de gamuza o los tenis, no los de piel negros o los cafés que duran limpios una cuadra. Veo que mis choclos andan muy sucios, recuerdo que estoy en el DF y decido entonces, ahora sí, invertir en una boleada que no será infructuosa. El maestrín que me atiende en la calle Gante, un cuarentón de cabellera azteca amarrada con una liga para hacer una crin prieta azabache, me dice que allí está el periódico, un vespertino de la capital. No soy modoso, pero lo hojeo con asco doble: por lo manoseado que pueda estar el papel y por los materiales seguramente vomitivos que contiene. Llego a la página cinco y encuentro la nota de portada: los cadáveres de varios sujetos en Tijuana. La foto no requiere explicación: los cuerpos semidesnudos, echados al suelo de tierra como bultos de frijol, deformes como muñecos aventados al azar, sanguinolentos todos, obvian cualquier descripción. Es la inhumanidad entera, el salvajismo pleno, sin más. Muertos así, amarradas las manos a la espalda, con balazos en la nuca y algunos con las nalgas al aire es, ya en la sola foto, pavoroso. No se requiere mucha imaginación para reconstruir, con la literatura de cada quien, el momento de las ejecuciones, las maldiciones previas, los gemidos, los disparos finales, todo eso que está más allá de lo atroz. Pienso en esa foto y creo que tal es el límite al que puede llegar la carnicería que se cierne sobre México. Pero el periódico ultraexplícito que me acercó el bolero me tiene deparada una sorpresa. Una página adelante de los ejecutados en Tijuana los editores hicieron un breve recuento de las más recientes masacres nacionales: las de Yucatán y el Estado de México. Las fotos, aquí, hacen polvo mi provincianismo lopezvelardeano acostumbrado todavía al periodismo con límites. Las imágenes son más que perturbadoras: uno puede ver fotos de muertos, sí, de muertos arrojados a la muerte como quien arroja al piso un trapo viejo, pero ver seres humanos sin cabeza es algo que me deja mudo y que no le deseo a ningunos ojos. Doy vuelta a la hoja y paso a noticias más amables, como esa que explica la muerte en el DF de una teibolera checa a manos de su iracundo padrote.
Charlo con amigos en la capital y les describo mi encuentro con la foto. Uno de ellos comenta que eso antes no se veía. La conversación sigue su camino, debatimos un poco sobre los límites del periodismo, sobre la impertinencia de difundir esas imágenes que a un niño, por ejemplo, le podrían marcar al fuego un trauma irreversible. Yo me quedo pensando en la frase: “eso antes no se veía”. Me pregunto: ¿qué significa ese “antes”? ¿A qué etapa de nuestro pasado nos remite? ¿De qué prehistoria nacional estamos hablando? No digo nada, sólo trato de explicarme en medio de la turbación que el “antes” al que mi amigo se refiere no es un “antes” muy lejano, ni siquiera medianamente lejano. El “antes” al que se refiere es un “antes” que gozábamos todavía en 2005 o 2006, o quizá un poco más. Las masacres colectivas que incluyen decapitación, suma y espejo de la carencia más aterradora de escrúpulos humanos, todavía podemos remitirlas a pocos meses atrás, casi como si hubieran ocurrido ayer.
En dos años pasamos, por ello, de un “antes” a un “ahora” que parecen dividir dos eras geológicas, no dos coyunturas meramente humanas, historizables, si se pudiera decir así. Qué lejos nos parece ese “antes”, que remota nos parece en este momento la tranquilidad de las noticias que salpimentaban los periódicos con muertes y vandalismo, sí, pero no con esa orgía de sangre que ahora decora la imagen que nos pintamos de México y nos crea la sensación de derrota. Lo que me inquieta en este momento es saber cómo regresaremos al cercano, muy cercano “antes”, pues el “ahora” tiene trazas de ser irrespirable.