domingo, setiembre 28, 2008

Endenantes



La época de oro del cine mexicano —la primera, no la segunda ni la tercera ni la cuarta ni las que en el porvenir inventarán los publicistas— nos recetó una sobredosis de México rural en la que todos los personajes, cabizbajos, quitados los sombreros frente a la autoridad, hablaban un español que acaso sólo existió en la imaginación de los guionistas. Decían “mesmamente, patruncitu”, “ansina meru”, “cuando háiganos llegado”, etcétera. De toda esa fauna de especímenes lingüísticos siempre me ha gustado “endenantes”. Me agrada tanto que pienso, si dios me presta vida y licencia (digo esto para estar a tono con el cine campirano), escribir algo con esa palabreja como título, casi como le hace el poeta Gerardo Deniz cuando nombra libros como Adrede, Gatuperio, Letritus. Imagino pues que Endenantes, a secas, es un bello título quizá para unas memorias, aunque en ese caso el encabezado sea lo único atractivo en las aburridas memorias que yo podría contar.
Habilito ya, en esta Ruta Norte, esa tentativa de título. Lo hago porque quiero aprovechar este pedazo de periódico para agradecer la gentileza que los directivos de La Opinión tuvieron con este amigo suyo al incluirlo en su revista de aniversario 91. Es una distinción que no merezco, pero que saludo con rubor y gratitud. Allí, por cierto, citan algunas palabras en las que ilumino con un flashazo mi pasado. Se me ocurre, entonces, que aquella alusión sobre la edad de mi inocencia puede servir ahora para reciclar un textito que hará siete años me pidió Gerardo Hernández con el fin de publicarlo en Espacio 4. Yo lo tenía archivado por allí, y ahora lo desenfundo aquí para mostrar cómo en provincia se cuece un escritor, a trompicones y con las uñas, con la pura bendición. Su título es “¿Por qué me hice escritor?” [esa pregunta la formuló Espacio 4, y pidieron que la respondieran varios escritores de Coahuila]; va:
“En mi caso la pregunta podría ser enunciada como lamento: ‘Caray, ¿por qué me hice escritor?’. En el misceláneo reino de las posibilidades pude elegir cualquier otra profesión, pero escogí la literatura sin darme cuenta y ahora ya estoy hundido en ella hasta las orejas, casi como el gángster en la cosa nostra: sin poder huir a menos que prefiera la inmediata muerte.
De mocoso no soñé con ser bombero, pero sí se me atravesó por la cabezota hueca la idea de ser futbolista. Sin presunción —tengo varios amigos que darían testimonio a mi favor— puedo afirmar que no era tan deplorable mi desempeño en los campos de futbol llanero y solitario. Durante una época breve fui tal vez el mejor medio creativo de la penitenciaría donde estudié mi secundaria y además siempre me destaqué por jugar con garra y talento las cascaritas en el barrio. En una de esas picas, un chavo que alineaba en las reservas del Santos Laguna —estoy hablando de 1983 u 84— me vio jugar y me recomendó que fuera a probar suerte con las fuerzas básicas de los nacientes albiverdes. La idea me emocionó, pero de sólo imaginar a la prensa desmenuzando cada una de mis jugadas, preferí continuar en el amateurismo y en la mediocridad.
También —entre los cinco y los diez años— quise ser luchador, de preferencia con máscara y del bando de los científicos. Admiraba a Santo, pero más a Blue Demon, el famoso Manotas al que vi pelear en la Plaza de Toros Torreón allá por el 73, aproximadamente. La idea de ser luchador se diluyó cuando en el barrio unos amigos y su servidor improvisamos un ring para luchar. Me tocó encarar a un mocetón prieto y gordo, invencible el güey. El pequeño gorila me aplicó una quebradora salvaje que todavía recuerdo y que me dejó torcido del cuello una semana. Allí terminó mi ilusión de fatigar los encordados de la república.
No conocí a don Seferino, mi abuelo paterno, pero papá me dijo que había sido carpintero de los meros buenos. Gracias a esa información, en la adolescencia también anhelé abrazar el oficio de Pepe el Toro. No lo hice, pero muchos años después, en 1999, un amigo carpintero me brindó en su taller los secretos básicos del negocio y así pude construir, con torpeza inevitable, algunos muebles de mi casa. Tarde me di cuenta de que había llegado con excesiva demora a la carpintería, pero no dejo de sentir orgullo ante las maltrechas mesas que trabajé con estas manos.
Al final de mi preparatoria (1982) México salía del turbio sexenio lopezportillista e ingresaba al no menos accidentado de De la Madrid. La palabra crisis empezó a escucharse recio. La devaluación fue nuestro pan de cada noche y por una coincidencia yo estrené mi depresión emocional. Ya leía revistas, muchos periódicos, pero no tantos libros. Allí fue cuando comencé a balbucear algunos mecanuscritos en mi Letera Olivetti; escribí desahogos, textos de mero autoconsumo fabricados más por la tristeza que por el talento. Entré a la carrera de comunicación por eso: porque me gustaba leer y quería aprender a escribir sin tanto gimoteo. Recuerdo que sólo se lo confesé a mi madre: ‘Ma, quiero ser escritor’, le dije a los 18 años. Ella me miró entre sorprendida y tierna, como siempre. Unos meses después descubrí a Saúl Rosales, mi maestro de literatura, mi primer mánager; y luego a Gilberto Prado, también amigo y joven sabio hasta la fecha. El mundo cambió y desde entonces no ha pasado día sin que quiera ser (“ahi nomás, pinchemente”, como diría el Jamaicón Villegas) escritor.
En septiembre del 84, hace casi veinte años [ahora casi 25], publiqué por primera vez un texto presuntamente literario. Ese desaguisado ocurrió en La Opinión Cultural y se lo debo todavía a la generosidad de Saúl Rosales, quien desde entonces no ha dejado de apoyarme.
Termino con una confesión vestida de amenaza: la literatura me ha dado mucho, demasiado como lector; como escritor, en cambio, casi nada. Pese a ello, y aunque quise ser luchador-futbolista-carpintero, la literatura (y el periodismo cultural, su apéndice) es lo mejor que me pudo haber ocurrido aunque a veces lo lamente. Sí, es lo mejor”.

sábado, setiembre 27, 2008

De trácalas y domicilios



Bien intuyo que no es un problema menor y que, en el actual estado de podredumbre social, los ciudadanos debemos cuidar detalles en apariencia insignificantes, como el uso mañoso de nuestras direcciones. Ayer, y a propósito de lo que escribí (ya está en este blog), el señor Miguel Ramírez Jáuregui, de Torreón, me compartió pormenores de un problema con su banco y otro sobre el mal uso que alguna vez cierto abogado tracalero hizo de su dirección. Seguramente hay muchos casos parecidos, así que debemos levantar la guardia y aclarar, como lo hizo el señor Ramírez Jáuregui. Esta es su carta (la publico con su autorización; omito algunos datos):
“A propósito de su artículo de hoy [ayer], tengo algunos comentarios. Soy tarjetahabiente del banco Fulano desde la fecha en que se implantó en México este servicio. Pertenezco a los que en la jerga bancaria se llama ‘totaleros’. Es rarísima la ocasión en que no liquido puntualmente todo mi saldo. La última vez sucedió hace cerca de 10 años. Dejé de pagar 1000 pesos del saldo total, aunque la cantidad que aboné fue muchísimo mayor al saldo mínimo a pagar asignada por el banco. Pensé que lo que se me podría cobrar por intereses no rebasaría los 100 pesos, el 10% mensual de lo que había quedado pendiente. Pero no, cuando llegó mi estado de cuenta vi que los intereses ascendían a algo más de 400 pesos. Este informe se me entregó aproximadamente en el mes de julio de ese año. Al preguntar telefónicamente cuál era la causa de este cobro, la persona que me atendió me fue haciendo cuentas desde el mes de enero de ese año. Le señalé que en este mes había pagado la totalidad del saldo. Lo aceptó, pero dijo que los intereses ahora se me cargaban porque el banco me había dado crédito durante ese mes. Y así siguió con febrero, marzo, etc., meses en los que también liquidé todo mi saldo. Sólo el agiotista más rapaz puede igualar a los bancos.
Otro asunto que quiero mencionarle es el relativo a la correspondencia que llega a nuestro domicilio pero dirigida a otra persona. Tengo una casa que ya no habito ni rento desde hace poco más de 5 años. Parte de la mañana estoy en ella para aprovechar lo céntrico de su ubicación. Está en la Av. Zutana, del lado oriente, muy cerca de la Colón. En el año 2004 me fue depositado un citatorio de un juzgado de materia penal de Torreón, dirigido al Lic. Fulano, que era el defensor de oficio de una persona a la que se acusaba de un delito equiparable a violación. Lo primero que pensé es que se debía de tratar de un domicilio del lado poniente, lo que resultó falso, pues la numeración de esa cuadra se corta antes del número 100, y la de mi domicilio es mayor.
Después de un mes, me dejaron un nuevo citatorio, lógicamente a nombre del mismo Lic. Fulano, lo que me obligó a presentarme en el juzgado con la documentación necesaria para probar que esa casa era mía, y que no conocía ni al licenciado ni al fulano al que se acusaba. Después de la cuarta o quinta visita, pues se daba la mala suerte de que cuando iba el empleado del juzgado no estaba yo en la casa, se convencieron de que había algún error y yo no tenía vela en el entierro. Hará cerca de 3 años, cuando nuevamente fueron a buscar en mi domicilio al Lic. Fulano; afortunadamente estaba presente su servidor e informé que esa persona no vivía ahí y que desconocía la razón por la que lo buscaban en mi casa, como anteriormente lo habían hecho. Ahora la causa por la que buscaban a este licenciado era porque había firmado como aval en un préstamo que otra persona había obtenido de un banco para la construcción de una casa. La persona que llevaba el citatorio me comentó que la razón por la que el Lic. Fulano diera mi domicilio como suyo era únicamente retrasar los juicios. Le menciono lo anterior porque posteriormente me enteré que el tal licenciado es regidor en el cabildo de Torreón. ¡Imagínese la total falta de ética y de honradez de este representante popular!”.

viernes, setiembre 26, 2008

MHR y Banamex



Hace poco más de un mes recibí una extraña carta de Banamex. Soy su cliente cautivo, pues tengo allí dos tarjetas de crédito y una de débito. Estoy acostumbrado por ello a recibir estados de cuenta, pero hace un mes, como digo, recibí una carta que me turbó: se trataba de un estado de cuenta con los datos de mi domicilio, pero con el nombre de una persona que no conozco ni vive en mi casa. Sólo un dato no coincide, el del código postal. La calle donde vivo no registra, que yo sepa, el rasgo de orientación norte-sur u oriente-poniente, así que es muy difícil que haya repetición de números para cada casa de cada calle en la colonia. Pudo tratarse de un error, claro, pero treinta días después la carta volvió a llegar. La propietaria, de quien sólo cito las iniciales por si no ha obrado de mala fe, es MHR, e ignoro por qué demonios ha dado la dirección de mi casa para contratar un servicio de Banamex.
No me gusta recibir esas cartas ni aunque estén dirigidas a mí (aunque eso es inevitable), así que la llegada de un estado de cuenta ajeno y con mi dirección es irritante, me inquieta y me hace pensar en inescrutables transas o en enredos futuros. Tengo la cabeza muy ocupada, ahíta ya de líos y de palabras, para además sumarle correspondencia bancaria que no me incumbe. ¿Qué necesidad tengo de recibir esa mierda en mi casa? ¿Hice algo malo como para merecer que un banco me envíe esas desconcertantes señales? Pensé que sólo era un error, y sin remedio procedí a enmendarlo.
Aproveché el pago mensual de una de mis tarjetas para salir de la duda. Fui a una sucursal y allí me pasaron a la ventanilla de “servicio al cliente” (sí, las comillas son irónicas). El joven encorbatado me atendió, primero, con algo de indiferencia. Le expliqué el asunto, le mostré mi tarjeta y le dije que en su sistema podía verificar que vivo en la dirección también impresa en el estado de cuenta perteneciente a la enigmática MHR. Me dijo que no podía hacer nada, pues si le enviaban una carta a MHR, me iba a llegar a mí de todos modos. Le insistí en mi deseo de evitar que esa correspondencia apareciera con mi dirección y/o que llegara a mi domicilio. Enfatizó que nada podía hacer. Cercado por la impotencia, procedí a enojarme y a modificar un poco el tono de mi voz. “¿Qué no toman los datos de sus clientes? ¿Entregan tarjetas o abren cuentas así nomás al que se atraviese?”, pregunté. Entre dientes, casi susurrante, su respuesta fue epifánica: “Claro que tomamos los datos, pero nuestro acuerdo se basa más que nada en la confianza”. Y troné: “¿En la confianza? ¿Dijo en la confianza? Por favor, en este país la confianza desapareció hace muchos años, y más en el trato con los bancos. No me venga con ésa, amigo?”. El joven de la ventanilla se recuperó: “Nomás no se enoje, por favor”. Y me fui a fondo: “¿Cómo quiere que no me enoje? ¿Desea que los felicite? En el paranoico país que ahora tenemos, ¿se imagina que ocurra algo con esa persona y la autoridad termine por ir a tocar la puerta de mi casa? No, señor, haga algo, lo que sea, para eliminar mi dirección de ese papel. Esa persona no puede probar que vive allí; yo sí. Punto”. El joven tomó aire, me pidió un momento, se perdió tras una puerta, supongo que consultó algo, y volvió. Luego comenzó a teclear. Le pedí que me dijera qué trámite hacía. Me dijo que bloquearía, o algo así, la cuenta de la persona para que, en todo caso, ella reclamara tal bloqueo. Quedé un poco más tranquilo, pero de pasadita reiteré: “¿Y qué puedo hacer para que esa persona, de quien por cierto no sé nada, no use más mi domicilio para sus asuntos bancarios?”. El empleado de banco no dudó: “Tiene que hacer una denuncia”. Y volví a la incredulidad: “¿Yo tengo que hacer una denuncia por la falta de cuidado que los bancos tienen al abrir (ellos dicen “aperturar”, pues no saben que hace unos mil años nuestros antepasados inventaron el verbo “abrir”) una cuenta o pedir una tarjeta? No lo puedo creer…”. Y así terminó el brete. Moraleja: más vale estar al tiro con los bancos. Con sus apetitos y sus comisiones no se juega.

jueves, setiembre 25, 2008

Hildra, Tomás y Marcelino



El domingo pasado traje aquí el tema de los osos regiomontanos. Mis cada vez más abundantes lectores (ya tengo ocho) seguramente recuerdan que comenté la falta de medidas técnicas para imprevistos con animales salvajes metidos de golpe en la “civilización”. No hay, en México, un plan de control ante tales contingencias; ni un solo municipio en el país está preparado para lidiar, por ejemplo, con un tigre acechante en la ciudad o, como pasó en la industriosa y millonaria Monterrey, con un osezno asustado. Los casos de fuga terminan, entonces, en tragedia, como si no viviéramos ya en el siglo XXI.
Apenas enfaticé el triste caso de los osos y otra vez cenamos con una noticia que involucra animales exóticos en la ciudad. La elefanta Hildra, del Circo Unión, tomaba sus alimentos en supuesta paz cuando supuestamente pasó un gato entre sus patas y, se supone, la asustó. Incontrolable, la paquidermo (paquidermo significa “piel gruesa”, en griego) rompió una débil cerca y comenzó a correr sin rumbo hasta derivar en la carretera México-Tulancingo. Las crónicas explican que su cuidador, Marcelino Delgado Flores, de 22 años, la persiguió sin éxito, pues la velocidad del animal era mucho mayor. Tras correr casi un kilómetro, Hildra pasó despavorida y surrealista por una caseta de cuota para, poco después, encontrarse de frente contra un camión de pasajeros. El impacto de la elefanta (varias toneladas en movimiento) contra el vehículo fue brutal, tanto que el chofer, Tomás López Durán, murió poco después del percance. Lo heroico del caso es que el conductor pudo maniobrar con pericia y logró que el camión no volcara, lo que evitó un desaguisado mayor. Hildra quedó sobre el asfalto, agónica, lejos, lejísimos de su India natal, con todos sus 45 años encima, con toda su gruesa piel gris a punto de expirar. Media hora después cerró su ojo visible y triste. De inmediato, la noticia corrió por el mundo, pues tenía todos los elementos para ser útil al periodismo, sobre todo al sensacionalista. Tras el accidente, salieron a relucir los antecedentes: Marcelino Delgado, cuidador de animales del Circo Unión, tenía apenas un mes en la peculiar chamba. Obviamente, es un diletante en esa materia que, sin duda, demanda una preparación especial, al menos cierta capacitación técnica en el manejo de animales no precisamente comunes en nuestro país. No la tenía: “Llevo un mes laborando con ellos con una paga de 600 pesos semanales, no conozco de animales, no soy ‘elefanto’ profesional, por la mañana pensé en renunciar e irme a Guadalajara en busca de empleo como albañil”. Por esa raquítica paga, el joven cuidador de animales circenses estaba expuesto a cualquier sorpresa, como la que alteró a Hildra, es decir, el gato que en teoría pasó por sus patas mientras ella despachaba su ración de avena cruda. Al final, Marcelino pagará platos que sólo rompió por su necesidad de trabajo, pues permanece detenido. Es probable que el Circo Unión reciba una penalización mínima, pues sí tenían registro de Hildra ante la Dirección General de Vida Silvestre de la Medio Ambiente federal.
Más allá del amarillismo, la historia que unió, gracias al Circo Unión, a Hildra, Tomás y Marcelino, deja un mensaje doble: la necesidad que hay de abolir el penoso deambular de decenas de animales por cirquitos y circotes que en muchos casos los maltratan hasta chupar todo el exótico jugo que contienen. Asimismo, cerrar aquellos zoológicos que no garanticen un medio adecuado para la vida de los animales, aunque soy de los que piensan en su anulación total, pues la ‘infelicidad’ duradera de muchas especies no se compensa con la felicidad momentánea de algunos turistas.
En carta del lunes pasado, Antonio Ibarra Rodríguez, quien leyó mi defensa de los osos regiomontanos, reflexionó sobre el descuido en que viven ciertos animales raros, sobre todo en los circos. Unas horas después, le atinó: Hildra halló su muerte en una autopista y frente al animal más extraño del reino salvaje: un camión.

miércoles, setiembre 24, 2008

Recuerdo de Jáquez



Al hurgar en uno de los diccionarios que usé mucho para la talacha periodístico-cultural de en mi época formativa de los noventa, saltó una fotito tamaño credencial de Toño Jáquez. Recordé por qué estaba allí: alguna vez hicimos credenciales para identificarnos como periodistas en Brecha, y a mí me tocó, olvido la razón, juntar las fotos; al final no supe si las usamos para el propósito pensado. El caso es que, extraviada en un libro, la fotito de Toño me recordó que hace algunos meses recibí una carta de Margarita Morales Esparza, quien egresó conmigo de la carrera de comunicación. Ella reporteó para La Opinión y luego para el Norte de Monterrey. Ahora vive en Valencia, España, donde es mi gentil corresponsal honoraria. Estas fueron sus amables palabras:
“Te escribo un poco conmocionada por la muerte de Antonio Jáquez. No sabía nada.
Estaba buscando en la web algo sobre tarahumaras, cuando fui a dar con tu blog por unas fotos que publicaste de ellos. Me puse a ver qué novedades había en tu trabajo (ya que tenía rato que no te visitaba) y de pronto veo con sorpresa la credencial de Jáquez publicada en un post tuyo.
Con el título que pusiste, 'El mejor', pensé que había sido merecedor de algún premio, ya que últimamente han reconocido con galardones a periodistas mexicanos (Lydia Cacho, Sanjuana Martínez, Semanario Zeta y un fotógrafo de El Universal). Como llegué a conocer a Jáquez, dado que fuimos compañeros en La Opinión, nos tratamos, convivimos, incluso algunas veces nos fuimos a comer en grupo con otros compañeros, me acostumbré a leerlo y sobre todo a conocer su forma de trabajar y de hacer periodismo. Muy diferente al que hacían los ‘dinosaurios’ del periódico, quienes incluso veían como 'bichos raros' a las nuevas generaciones que íban llegando ahí (entre ellas Sandra Hernández, Cecy Santibáñez y otras más que espero recuerdes). No era así con Jáquez, en el sentido de que a él no lo veían como bicho raro por su trabajo, sino por no ser uno más de ellos.
Cuando se fue a Monterrey, me contactó, ya que yo tenía en esa ciudad algún tiempo. Me pidió ayuda para buscar un departamento y nos fuimos juntos a ver algunos. Finalmente encontró uno muy bonito y en un sitio agradable. Posteriormente algunas veces nos telefoneamos, pero al poco tiempo él empezó a viajar mucho a México y un día de pronto se me desapareció. Desde entonces le perdí la pista física, pero sabía que estaba en Proceso, en cuyo directorio un día, con grata sorpresa, me encontré que ya tenía un puesto directivo.
En fin que años después no supe más de él, hasta ahora que me encuentro con tu blog y con la triste noticia. Me hubiera gustado compartir estas palabras en comentarios dentro de tu post, pero veo que no tienes ese complemento agregado.
Me gustó mucho lo que escribiste sobre Jáquez (siempre le llamé así). Me hiciste recordar los tiempos que compartí con él en La Opinión, incluso cuando mencionas, la forma cómo él trabajaba, en lo cual te concedo toda la razón, porque yo tuve oportunidad de acompañarlo (más bien la hacía de su chofer cuando no tenía carro y me pedía aventón) a hacer algunas investigaciones, como aquella cuando se empezaron a expropiar los terrenos de la calle Juárez, justo para construir la Central de Autobuses y todo lo que hay ahora en esa zona.
Era callado, como lo recuerdas, pero también a veces ¡no paraba de hablar! Si lo recordaré yo. Y lo más importante: era alguien de quien se aprendía, aun cuando él ni se lo proponía ni se daba cuenta. Descanse en paz”.

domingo, setiembre 21, 2008

Pacheco frente a la fauna



Circula todavía el número de Nomádica donde publiqué el texto que recaliento a continuación. Trato allí un tema que poco a poco ha ido ganando espacio entre mis intereses. Lo que menciono en uno de sus párrafos, el torpe acecho a unos osos extraviados cerca de la urbe en Monterrey, no deja ni dejará de parecerme una síntesis de la distancia que hay entre nuestro país y el respeto/cuidado a los animales. Desde febrero, eso me llevó a tener contacto, vía correo electrónico, con una organización defensora de los animales, y quizá algún lector de La Opinión quiera hacer lo mismo. México Antitaurino pone énfasis en los toros, pero amplía su lucha a las demás especies; quien quiera, puede escribir a mexicoantitaurino@yahoo.com.mx y allí solicitar más información. Va por lo pronto mi más reciente aportación para Nomádica:
A lo largo de su obra literaria, José Emilio Pacheco (México, DF, 1939) ha escrito varios poemas dedicados a la fauna. Tanto es así que, acaso sin pretenderlo, construyó un bestiario disuelto en sus poemarios de temática miscelánea. En 2000, Jorge Esquinca compactó esas piezas y las dio a la prensa con el título Álbum de zoología (Biblioteca del Issste, colección ¿Ya leIssste?). Se trata, como muchos saben, de una serie cuyo tiraje espectacular busca repartir por toda la república el quehacer de nuestros mejores escritores.
Los poemas de esta compilación me saltaron a la mente cuando en la segunda semana de junio vi en televisión, como tantos mexicanos, un show digno de vergüenza. Ocurrió en Monterrey, y fue nota de cadena nacional. En ella vimos que algunos oseznos rondaban cierta colonia regiomontana, hecho que puso en riesgo las vidas de seres humanos. Las autoridades acudieron expeditas al escenario del peligro y las tomas que las cámaras capturaron fue lo único que pudo ser capturado en el lugar, pues el osezno se escapó lleno de pánico. Lo significativo en este caso es que, acostumbrados como estamos a ver programas de televisión gringos (Animal Planet, por ejemplo), donde los animales agresivos inmiscuidos con el hombre son neutralizados con rifles y sedantes para luego ser llevados a sus hábitats, en Monterrey no había nada para solucionar el problema. Las autoridades intentaron colocarle tontas redes a uno de los oseznos, esperaron agobiarlo, quisieron lazarlo, pero nada resultó, hasta que (eso dijeron) el animal quedó exhausto, le dieron agua fría y murió.
Como se ve, en México seguimos en la barbarie, y al animal le conferimos tan poca dignidad que ni un municipio poderoso, Monterrey, cuenta con equipo especializado para maniobrar ante esas emergencias. No dudo que alguien haya considerado anular con garrotazos al pobre osezno.
Pensé, pues, en el poemario de Pacheco y en mi fuero íntimo le agradecí a Esquinca haberlo organizado. El tratamiento que el autor de Morirás lejos les da a los animales es humano, humanísimo, tanto que uno pasa por sus versos y siente que el poeta cree más en la fauna que en el hombre. No le faltaría razón, pues hasta el momento los animales no le han hecho más que beneficios al planeta; los hombres, al contrario, lo hemos depredado casi hasta acabar, o poner en severo riesgo, sus recursos, incluidas las especies animales.
Pacheco transita en Álbum de zoología por el alma de “los brutos” (como les llamaban los antiguos) y en cada caso deja ver que el animal es el envés del hombre, de lo que ha sido y es el hombre, es decir, el animal humano es una máquina perfecta para destruir, aprisionar, ofender, liquidar. Uno termina pensando que de milagro seguimos vivos, dada nuestra condición aniquilatoria; para muestra este poema del libro que Pacheco ha escrito para defensa de los que siguen casi sin defensa: los animales. Este es el “Monólogo del mono”: “Nacido aquí en la jaula, yo el babuino / lo primero que supe fue: este mundo / por dondequiera que lo mire tiene / rejas y rejas. No puedo ver nada / que no esté entigrecido por las rejas. / Dicen: Hay monos libres. Yo no he visto / sino infinitos monos prisioneros, / siempre entre rejas. Cada noche sueño / con la selva erizada por las rejas. / Vivo tan sólo para ser mirado. / Viene la multitud que llaman gente. / Le gusta enardecerme. Se divierte / cuando mi furia hace sonar las rejas. / Mi libertad es mi jaula. Sólo muerto / me sacarán de estas brutales rejas”.

Andanza de Enriqueta Ochoa



El máximo representante de la poesía lagunera tiene nombre de mujer: Enriqueta Ochoa. Junto a la multitud de poetas que nos ha cabido en suerte, la obra de Enriqueta destaca por su luminosidad, por su consistencia, por su hondura y por su permanente lozanía. Al leerla, uno comprueba que la suya es una poesía sin edad, ajena al paso de los días, como intemporal. Sus temas tocan de frente los latidos más íntimos del ánimo humano, de suerte que siempre hay en los versos de la torreonense una pátina de trascendencia, de eternidad filosófica. No es, pues, la de Enriqueta, una poesía de inmediateces pasajeras: la suya destaca precisamente porque siempre arrostra sus asuntos con el punzante deseo de llegar al cogollo de los temas, como interesada siempre en el más allá de las palabras y las cosas. El destino quiso, pues, que el máximo representante de la poesía nacida en el Nazas fuera una mujer, y ella es, insisto, Enriqueta Ochoa.
Como Fuentes, como García Márquez, la poeta lagunera nació hace ochenta años. Aquí, en Torreón, pasó los años más importantes de su vida, los formativos de su condición poética. Todos sabemos que la primera preceptiva la recibió de Rafael del Río, el escritor saltillense que militó en el grupo Cauce, acaso el primer emprendimiento serio en la historia de la literatura lagunera. Apenas a los 22 años, la joven poeta de nuestra comarca da a la prensa sus primeras creaturas verbales, y es instantánea la buena acogida que reciben. Las urgencias de un Dios, que publica al promediar el siglo XX, muestra de aquella chiquilla un temple creativo inusual, tanto que podemos hablar de genial precocidad sin temor a parecer exagerados. Ni los escritores ya maduros de la localidad podían asemejar su poesía a la contenida en Las urgencias de un Dios, libro que sería el cimiento de una carrera sin desvíos ni recaídas, carrera con la vista fija en un quehacer poético que a la larga produciría uno de los corpus literarios más valiosos de la poesía mexicana a secas, no necesariamente adjetivable como femenina o feminista.
Al ochenta aniversario del nacimiento de Enriqueta Ochoa obedece la justicia que le hace el Fondo de Cultura Económica con la publicación de Poesía reunida. Que yo sepa, es hasta el momento la más ambiciosa colección de su obra toda, desparramada en cerca de una decena de libros entre los que se cuenta un inédito que gracias a este tomote del Fondo ha dejado de ser eso, inédito. Con un prólogo de Esther Hernández Palacios, Poesía reunida es, podemos decirlo desde ahora, la herencia cabal de una escritora que administró su talento para dar a la prensa los poemas exactos, como quien obedece al llamado de la perfección. No hay parquedad aquí, pero tampoco rebaba, sobrante que ocupa hojas nomás por ocuparlas. Los lectores que asomen la vista al florido huerto de Enriqueta encontrarán una poesía cincelada con el estilo —estilo en este caso como sinónimo de punzón— del desgarramiento, como bien lo advierte la prologuista. Ese desgarramiento, sin embargo, se nos ofrece con el atuendo de una belleza formal que hace preciosa la convivencia con los versos. Si una idea rige, a mi juicio, el trabajo de la torreonense, es la soledad esencial del hombre en tanto animal echado al mundo con el solo patrimonio de lo que está debajo de su piel. No se piense, empero, que la autora deambula por un motivo recurrente, monocromático. Como observa Hernández Palacios, Ochoa es habitada por obsesiones, pero su peregrinar temático toca variadas estaciones: “… en sus versos están el deseo y la realización del amor, la maternidad, la obsesión por lo divino, los encuentros con otras culturas, la muerte de los seres queridos, el desarraigo de la hija, la soledad, la vejez”. En otros términos, el itinerario que traza la aventura literaria de Enriqueta Ochoa ha hecho paradas importantes en las pasiones y las perplejidades que suelen atarear a los poetas de mejor ley, aquellos asuntos impregnados tercamente por el aroma de la trascendencia.
Poesía reunida acusa un valor notabilísimo y era, sin duda, una deuda que el mundo editorial del país debía pagar, alguna vez, a Enriqueta Ochoa. Es un gusto que tal pendiente haya sido saldado en este 2008, con la poeta homenajeada todavía entre nosotros, lo que esperamos continúe por muchos años. Ella, Enriqueta y su obra, son un testimonio fiel de que la poesía es, básicamente, preguntar e intentar una respuesta, asombrarse ante el misterio en cualquiera de sus múltiples manifestaciones. En efecto, la nacida en Torreón ha cargado sobre sus espaldas, acaso sin saberlo, la angustia de miles de hombres y mujeres que a ciegas pasan o pasamos por el mundo sin saber bien a bien cuál es la formulación adecuada de las interrogantes ni mucho menos las respuestas. La poeta, sumergida en sus éxtasis hasta los más profundo del abismo que la habita, halla para nosotros un conato de claridad, un destello de transparencia en la noche que es, que suele ser, este vivir. Ahí engarza, precisamente, la universalidad de su poesía: al bucear, palpar y describir las nebulosas sombras de su ser más oculto, encontramos que todos somos Enriqueta, que hasta el hombre más elemental (y digo hombre, obvio, en el sentido genérico de la palabra) ha padecido los golpes de la sinrazón que parece atravesar toda existencia.
La densidad de la poesía escrita por la lagunera no se deja explicar muy cómodamente. Lo digo de otra manera: al leerla uno siente el ramalazo de la verdad y la belleza, pero al intentar decir lo que ella dice con otras palabras, uno termina extraviado en laberintos conceptuales. El sentido de la poesía de Ochoa se entrega en el mismo viaje del poema, y lo distorsionamos apenas queremos digerirlo; su almendra, luego, es siempre un símbolo, una imagen, una entidad abstracta que se anuda, sin embargo, a la materialidad del hombre cuya residencia en la tierra tiene la maldita costumbre de ser penosa.
Desde que la conozco, pues, en libros como el Retorno de Electra que compré hace más de 25 en la serie Lecturas Mexicanas que impulsó la SEP, o en pequeñas compilaciones o poemas sueltos en revistas y periódicos, conservo intacta la idea de que Enriqueta nació para lo que hizo, como si en su caso no se hubiera manifestado una sola vez el fantasma de la vacilación vocacional. Para mí, al principio fue sólo el nombre de una señora escritora de estos rumbos, luego la leyenda, y ahora la poeta que, instalada en el nicho de la honestidad, declaró en versos lo que muchos queremos expresar y no podemos. Poesía reunida recoge, como su título promete, una vida entera dedicada a remar en el oleaje de las palabras. Las versiones de los poemas son las definitivas, y en la labor de cotejo con las ediciones base trabajaron Ángel José Fernández, Georgina Trigos y Domínguez, Azucena de Alba Vázquez y Roselia Osorio Armenta. En todos los poemas late, como he dicho, el grito asordinado de Enriqueta Ochoa, esa formidable pregunta que raja como hachazo el pecho de los enigmas que vislumbra. Un mínimo y brevísimo ejemplo, ars poetica contenida en Los días delirantes, el segmento de Poesía reunida que no había circulado hasta el momento; condensa (“La poesía”):

La poesía es una
vidente enloquecida
que pasea la brasa de sus ojos,
noche y día
penetrando el centro de las cosas
.

En suma, la publicación de este libro en fecha tan significativa es un motivo de júbilo para La Laguna. Enriqueta Ochoa lo merecía, pero más nosotros, sus lectores y herederos directos, los laguneros que en este año nos sumamos al festejo a sabiendas de que siempre la hemos admirado con el respeto que merece.

Nota del editor. Texto leído el 19 de septiembre de 2008 en el Teatro Nazas, de Torreón, durante la presentación de Poesía reunida. En esa ceremonia participó también la ensayista mexicana Esther Hernández Palacios.

viernes, setiembre 19, 2008

Terror sin discurso



De pasadita mencioné ayer a dos grupos terroristas emblemáticos en la información mundial. Uno de ellos, el peruano Sendero Luminoso, cayó en desgracia con la captura de su líder, Abimael Guzmán Reynoso, en 1992. El otro, la ETA, se mantiene al acecho en la clandestinidad, siempre amenazantes sus bombazos contra la sociedad española. No son los únicos, por supuesto, que dibujan el mapa del terrorismo mundial, pero son los que más presente tenemos dada la cercanía cultural que guardamos con los países que han sido víctimas de sus ataques. En ambos casos, su acción indiscriminadamente violenta, injustificable dígase lo que se diga, se basa en discursos que inspiraron o inspiran a sus seguidores. La teleología o el fin que persiguen suele ser hermoso; los medios, no, rotundamente no. Al contrario, son tan violentos que anulan cualquier adhesión sensata, pues no se puede ascender al paraíso social con la brutalidad sin coto como única escalera. Bastante de locura se requiere para aceptar ese discurso como válido, pues por mucha ideología que encierre obliga un uso de la fuerza desparramado al azar, más para causar terror y sumisión que orgullo y adhesión. Los grupos rebeldes latinoamericanos, por ello, siempre han pintado una raya: de este lado, la guerrilla; de aquél, el terrorismo, pues la gran partera de la historia no trae nada bueno al mundo si antes de recibir al nuevo ser golpea delirantemente el organismo que lo contiene. Esa es la razón por la que ciertos gorilatos (recordemos los casos ya históricos de Rafael Leonidas Trujillo y Efraín Ríos Montt en Dominicana y Guatemala, respectivamente) operaron masacres contra civiles para achacar artificiosas culpas de terrorismo a sus enemigos políticos, sabedores los mencionados milicos de que nadie en su juicio obtiene respaldo popular tras ejecuciones sin ton ni son contra civiles.
La ficha breve, wikipediera, de Sendero Luminoso, resume su fondo ideológico: “Sendero Luminoso (cuyo nombre oficial dice ser Partido Comunista del Perú-Sendero Luminoso, PCP-SL), es una organización terrorista peruana de tendencia maoísta. La meta de Sendero Luminoso era reemplazar las instituciones burguesas peruanas con un régimen revolucionario campesino comunista, presumiblemente iniciándose a través del concepto maoísta de la Nueva Democracia. La ideología y las tácticas de Sendero Luminoso han tenido influencia sobre otros grupos insurgentes de corte maoísta como el Partido Comunista de Nepal y otras organizaciones afiliadas al Movimiento Revolucionario Internacional. Ampliamente condenado por su brutalidad, que incluye violencia aplicada contra los campesinos, dirigentes sindicales, autoridades elegidas popularmente y la población civil en general, es considerada una organización terrorista por el gobierno del Perú, además de la Unión Europea y Canadá, los cuales prohíben proveerle de fondos u otro apoyo financiero”. Parecidamente, la ETA basa sus métodos en fervores nacionalistas: “Euskadi Ta Askatasuna (en español, País Vasco y Libertad), conocida por sus siglas ETA, es una organización terrorista, autodeclarada independentista y nacionalista vasca que invoca la lucha armada como método para obtener sus objetivos fundamentales en los que se encuentra de manera prioritaria la independencia de lo que el nacionalismo vasco denomina Euskal Herria de los estados de España y Francia. Para ello utiliza el asesinato, el secuestro, la extorsión económica tanto en España como, ocasionalmente, en Francia”.
En ambos casos, como vemos, hay un motor ideológico, una fuerza política que entraña gran peligrosidad, pues se traduce en fundamentalismo político. La primera muestra de terrorismo en México carece de eso, por suerte, de ahí que nadie haya reivindicado el acto. No hay política detrás, entonces. Es simplemente una canallada, el uso atrabiliario de la intimidación por dinero, por cochino dinero.

jueves, setiembre 18, 2008

Insinuaciones peligrosas



Del lunes al martes no leí periódicos, no navegué en internet, no escuché radio ni vi tele. Pasé esas horas en la Feria del Libro de Saltillo, y hasta la habitación 328 del hotel San Jorge, en la capital de Coahuila, me llegaron los tronidos de la pirotecnia celebratoria que el 15 de septiembre a las 11 de la noche estallaba jubilosamente frente al palacio de gobierno. El 16 lo pasé embebido en la Feria, entre libros; por la noche, ya en Torreón, gracias a los noticieros supe muy tarde, casi un día después, que habíamos amanecido con otro México, que las granadas de Morelia eran el hito de un antes cruento y un después horripilante, pues por primera vez en la historia reciente del país caen civiles de manera cínica, indiscriminada, ciega y brutal. Se trata, como se ha repetido innumerables veces en las horas cercanas, de terrorismo puro, pues ya ni siquiera hay elección de objetivos: un artefacto explosivo es arrojado a la masa anónima y, caiga quien caiga, el terror se apodera del entorno, sin distingos de nada, arrasador a lo bestia.
Con todas las letras: es terrorismo. Y si en sus manifestaciones políticas (ETA, Sendero Luminoso) merece total detestación, cuando es movido por la vulgaridad del dinero, como es probable que haya sido en el caso moreliano, se añade un extra, si eso es posible, a la obligación de aborrecerlo. Parece errabunda la conjetura del móvil político. Por manual, los grupos guerrilleros no proceden de esa forma, ya que un principio básico de su supervivencia radica en allegarse la simpatía popular, de manera que el camino de su lucha no pase por ataques sin discrimen. Algunos dirán que eso también es terror, pero, si así fuera, toda la historia de la humanidad, incluidas las gestas independentista y revolucionaria de México, deben ser calificadas como terroristas. En el México actual, por suerte, hay una notable coincidencia sobre la necesidad de la lucha electoral como única vía de acceso al poder. Los casos que optan por la lucha armada son escasos y, por diversas razones, no gozan ahora de una base popular amplia. Por ello, la sola asociación de ciertos nombres y ciertas siglas, políticos ambos, con el acto terrorista del lunes representa una ligereza condenable, dado el infundioso facilismo que encierra; quienes insinúan que el culpable “puede ser” tal o cual político rejego o grupo “golpista”, ¿no se han puesto a pensar que toda insinuación, adecuadamente argumentada, inculparía a cualquier grupo político en pugna? ¿Por qué asociar así, de botepronto, a un grupo que irrecusablemente ha emprendido una lucha política (léase: po-lí-ti-ca) no violenta para demandar lo que demanda?
Ayer, por ejemplo, uno de los columnistas más influyentes del país, Ricardo Alemán, acuñó esta desmesura: “… cabe la posibilidad de que algún grupo político o paramilitar se haya montado en la máscara del narcotráfico para llevar agua a su molino”, y luego dijo cierto nombre propio que le es obsesivamente antipático. Ante una aseveración de tal naturaleza, una pregunta: ¿qué agua se puede llevar a qué molino con un procedimiento terrorista? ¿Quién logra adhesiones con eso? Si de lo que se trata es de acarrear cuestionable agua a tan misterioso molino, ¿quién o quiénes son los que más ganan, desde su trinchera política, con el ejercicio del terror en este preciso momento? En el México de hoy, sólo una oposición política suicida, es decir, un grupo que quisiera perder de golpe su capital electoral y ponerse de pechito frente al poder castrense, se atrevería a proceder de manera tan ruin, y si algo ha demostrado nuestra grillocracia es que es corrupta, oportunista, terca, pero no estulta al grado de autoinmolarse en un atentado. La política es un permanente juego de pérdidas y ganancias. Si no hay ganancias, entonces, ¿qué caso tiene hacer lo de Morelia? La unidad, pues, que cacarean muchos opinadores, empieza por no borronear culpables a lo loco, por no criminalizar a quienes han dado muestras de que, en efecto, son opositores y juzgan que sus posiciones son incompatibles con las del gobierno, pero que siempre han operado sin derramar una gota de sangre.
El terrorismo, sin adjetivos, es abominable, cualquiera que sea su fin. La carnicería cobarde contra civiles indefensos —niños, mujeres, ancianos— merece la unánime reprobación de las fuerzas políticas y de todos los ciudadanos dignos de ese nombre, como de hecho ya se dio. Ante la gravedad del acontecimiento, las insinuaciones inculpatorias son una muestra de depravación que lejos de fomentar un poco de unidad sólo atiza el fogón de los resentimientos. Estamos ante la presencia de un doloroso parteaguas en la historia de nuestro país. No caben aquí, entonces, los malpensados que cómodamente, como si obedecieran un libreto, ya detectaron a posibles culpables sin detenerse a pensar dos veces, al menos dos veces, en los beneficiarios de esa atrocidad, si los hay.

miércoles, setiembre 17, 2008

Feria del Libro en Saltillo



Del 12 al 21 de septiembre Saltillo gozará, está gozando, una feria del libro digna de ese nombre. Su organizador principal es Armando Sánchez Quintanilla, coordinador general de bibliotecas, publicaciones y librerías, y uno de los pocos funcionarios que conozco verdaderamente interesados en el libro. Digo esto no por cebollear, sino porque suena, de entrada, lógico que nuestras bibliotecas sean coordinadas por un avisado lector, en este caso Sánchez Quintanilla.
Varias instituciones públicas se han sumado a la aventura de organizar, por primera vez en la entidad, esta feria notable por la cantidad de sellos editoriales participantes, por la cantidad de libros presentados y por la calidad de la cátedra de conferencias que aquí fue inaugurada: la Alejo Carpentier, espacio que tributa un homenaje coahuilense a la máxima figura de la literatura neobarroca latinoamericana.
El número de locales (conocidos como stands) dispuestos para vender es importante. Conté por lo menos unos treinta, lo cual no es pobre si pensamos en que este es el primer montaje de la feria. Océano, Mondadori, Larousse, Fondo de Cultura Económica, Conaculta, Ediciones B, Santillana, entre otras, permiten que haya un menú bibliográfico variado, como casi no se ve por el norte del país.
Y si la oferta bibliográfica es rica, no lo es menos la presencia de personalidades de la literatura mexicana que desfilan en estos días por los foros del Museo del Desierto, sede de la feria. La suma de escritores convocados da idea de que ha sido muy serio, en este caso, el propósito de organizar un encuentro del libro y el lector. Vicente Leñero, Anamari Gomís, Carlos Monsiváis, Agustín Monsreal, Sergio Pitol, Adolfo Castañón, Daniel Sada, José Agustín, Gonzalo Celorio, Francisco Hinojosa, Miriam Moscona, Marianne Toussaint, Alejandro Páez Varela, Fabrizio Mejía Madrid, Humberto Musacchio, Ricardo Castillo, son algunos de los autores foráneos que desfilan en estos días por Saltillo, y junto a ellos ha sido programada la presentación de escritores coahuilenses y académicos como Julián Herbert, Claudia Luna, Sergio Antonio Corona, Carlos Manuel Valdés, Julio César Félix, Jesús de León, Fernando Martínez, Gilberto Prado, Alejandro Pérez Cervantes, Lucas Martínez, Jesús Cedillo, Alfredo García, Antonio Malacara, Juan Martínez Tristán, Saúl Rosales Carrillo, Jaime Torres Mendoza, Alfredo Aguilar, Blanca Chong, María Luisa Iglesias, entre muchos más.
Hoy, miércoles 17, continúa la feria, y no es tan mala idea, quizá, que algunos torreonenses programen un viaje a la capital de Coahuila por lo menos este fin de semana. En la página www.feridadellibrosaltillo.com.mx podemos informarnos sobre las actividades que faltan en los siguientes cinco días. Tuve la oportunidad de apersonarme allá un par de días; el motivo, la presentación de Ojos en la sombra, mi más reciente libro de cuentos. Fue muy grata la sorpresa que me llevé al sentir en obra propia, que es casi como sentir en carne propia, las palabras de una presentadora que trabaja en la red de bibliotecas del estado. La idea es sencilla, y, si cuaja, se habrá dado un paso de importancia en el desarrollo de la cultura bibliográfica en Coahuila: según los organizadores, este plan de presentaciones consiste en acercar a los funcionarios de la dirección de bibliotecas con los autores de la entidad, de manera que en el futuro sean más estrechos los lazos entre quienes conciben los libros y quienes se encargan de ponerlos al alcance de los lectores gracias al sistema bibliotecario coahuilense.
Vaya una felicitación a los organizadores por este excelente emprendimiento; en lo personal, un abrazo para Gerardo Segura, Gerardo Carrera y Claudia Berrueto, quienes en todo momento mantuvieron el contacto para cristalizar mi apersonamiento por allá, en la Feria del Libro de Saltillo.

domingo, setiembre 14, 2008

Un suizo frente al Nazas







Como única experiencia de ese tipo en mi vida, hace 17 años recibí en Torreón a un visitante europeo. Calculo que tenía tres o cuatro años menos que yo, o sea que aquel tipo debía frisar si mucho los 25 años. Era suizo, se podía dar a entender en seis idiomas (inglés, alemán, italiano, francés, español y algún dialecto usado en el norte de su país), andaba en México un poco a la aventura y mostraba en todo momento una serenidad y una educación a prueba de cualquier barbarie. Se llamaba, se llama, no sé, Kurt Von Deniken, y antes de llegar a La Laguna vivió unos días en Oaxaca, donde conoció y tuvo trato con Gilberto Prado, que por entonces vivía allá, recién casado. Kurt le comentó a Gilberto que también deseaba conocer el norte de México, y mi cuate lagunero pensó en la posibilidad de que yo recibiera al joven suizo. Era la época preinternética, así que Gilberto me llamó, estuve de acuerdo, y pocos días después recibí al visitante. Iba a estar aquí unos quince días, así que para mí fue un desafío: ¿cómo entretener a ese europeo durante tanto tiempo en La Laguna? ¿Qué demonios mostrarle? ¿A dónde llevarlo? Ante la pobreza de las posibilidades, decidí por la salida más sensata: moverlo exactamente por donde yo me movía, no alterar ni un ápice mi rutina.
Gracias a eso, el joven Kurt desayunaba y comía en mi casa; mi mamá se esmeró en tenerle siempre algo decoroso, aunque el suizo no parecía exigente y aceptaba cualquier alimento con muy buena actitud. Era, sin duda, un tipo predispuesto al cosmopolitismo. Cuando noté que no le desagradaba nada, agarré confianza y comencé a moverlo por donde me movía en aquellos años gloriosos de mi juventud ya ida: los cafés, los restaurantitos, las librerías, las cantinas del centro de Torreón. Todavía me apersonaba una que otra lejana vez en el Apolo Palacio, y allí estuvimos Kurt, Gerardo García y yo, muy conversadores luego de haber comprado libros; todavía existía Los Globos, al lado del Teatro Nazas, donde ingerí cientos de litros de café. En Torreón, Kurt comió menudo, gorditas, semillas (cuya técnica de pelado dominamos sin darnos cuenta; sólo advertimos la impericia cuando vemos a un fuereño tratar de abrir una semilla sin la habilidad de dedos, dientes y lengua que adquirimos gracias a tantos paquetes consumidos en el fut, el beis y la lucha) y se empujó cacahuates y botana en bares como el Elvira aún en sus buenos tiempos. Recuerdo que allí ocurrió un hecho inolvidable: Kurt y yo bebíamos y charlábamos; su español, sin ser una maravilla, servía para entablar diálogos que estaban un poco más allá de la elementalidad (de hecho, él andaba en México, en parte, para mejorar su castellano, de allí que no permitiera que yo le hablara en alemán o en francés). Como pasa en las cantinas del centro, ante los parroquianos desfila una legión de comerciantes hormiga: frituras, burritos, herramienta china, discos compactos (en aquel tiempo casets), baratijas. Por sistema, a todos los que ofrecían yo les expresaba una negativa como se hace en esos casos, con un moviendo leve de cabeza y sin interrumpir la conversación. Kurt vio ese desfile sin alterarse, pero le llamó la atención el ofrecimiento del bolero. ¿Qué vende ese señor?, me preguntó. Nada, lustra, limpia los zapatos. ¿Los zapatos? Sí, los zapatos. El suizo miró los suyos, vio que estaban muy sucios y antes de que dijera algo más, le grité al bolero, quien vino de inmediato. Le pedí que boleara a mi amigo. Kurt sesgó su silla, y sin dejar de conversar conmigo, veía con asombro el servicio a la carta del lustrabotas ambulante. Tienes que cambiar de zapato cuando te dé un golpecito, le dije a Kurt; eso lo hace para no interrumpirte mientras platicas. Cuando al fin salimos del Elvira, fuimos a los tacos de La Joya, y Kurt, ya con ciertas chelas en el alma, liquidó un par de órdenes de suadero con Toño y Lupe, casi para demostrarme que un suizo podía sobrevivir como si nada en La Laguna.
La estancia de Kurt coincidió con la visita que a principios de los noventa nos hizo el río Nazas. En vez de llevarlo al cauce seco, pude acercarlo al padre/madre originadores de la comarca, que en aquel año, recuerdo, me pareció espléndido, fotografiable, hasta limpio. No sé si eso lo pienso ahora porque sólo había visto el río en viejas postales, tanto que la emoción ayuda a idealizarlo.
Kurt ya nunca vino a La Laguna, y yo nunca le caí en Suiza, pero ha vuelto el río que ahora me permite escribir sobre ese europeo al que guié por nuestra región. En aquel momento le expliqué a Kurt, con mi insegura información hidráulica e histórica, que La Laguna se debía a esas aguas, que ese río vale como útero de la sociedad que aquí hemos construido. Le dije que las presas lo habían desecado, le hablé sobre los mantos acuíferos, sobre el arsénico, sobre el algodón y la industria lechera, sobre las escasas lluvias que aquí nos caen al año. Kurt se interesaba en todo eso con gentil atención. Es muy bonito, ¿pero por qué está un poco sucio? ¿Qué la gente no lo quiere?, me preguntó. Se supone que sí, y mucho, le respondí. La gente hace fiesta cuando pasa el río, pero cuando se va su cauce es usado como basurero. Es algo que yo tampoco entiendo.
En los días recientes he ido a ver, como tantos, el río que engendró a La Laguna. Como tantos, lo quiero y me emociona sentirlo vivo otra vez; pero lamento, como Monsi en su cartón de ayer, la basura que lo insulta, esa muestra de la barbarie que en general mostramos al desprendernos de nuestras inmundicias. Esta vez me pareció mucho más sucio, o quizá ya lo miro con otros ojos. Pienso que esta vez no me hubiera atrevido a llevar a Kurt. Da pena saber que somos así: tan descuidados, tan sucios, tan poco justos con el medio que nos arropa y nos da vida.
Nota del editor: Las tres fotos son mías. La primera es, creo, la más elocuente, la que muestra mejor nuestra barbarie.

sábado, setiembre 13, 2008

De escritura y desprecio



Ignoro si hago mal, pero considero a los lectores como corresponsales. No es raro que sus cartas me acerquen algo nuevo, textos, opiniones, anécdotas, comentarios que en muchos casos no resisto la tentación de compartir. Hace poco, mi ex compañero de trabajo en la UIA, el maestro y experto en finanzas Heriberto Ramos, me mandó un artículo muy interesante; lo escribió Rafael Pampillón: “… las empresas francesas valoran cada vez más en la selección de personal la expresión escrita debido a que las empresas y las nuevas generaciones circulan por carriles opuestos en ese mundo. Con Internet y los SMS, son muchos los jóvenes que se han acostumbrado a un modo de expresión sumario y aproximativo, sin rigor ortográfico. (…) Pero el mundo del trabajo exige saber expresar con precisión lo que se quiere comunicar, por lo que las empresas se muestran cada vez más atentas y exigentes en el dominio de la lengua, escrita y oral. Esto ha llevado en Francia a que algunas escuelas de ingenieros vuelvan a practicar el dictado, para responder a lo que piden las empresas: que los estudiantes mejoren la calidad de su expresión escrita. El dominio de la ortografía y de la sintaxis no es una exigencia puramente escolar, sino la base de la eficacia profesional. Las empresas hacen hincapié en que incluso para tareas de tipo técnico, no basta dominar las herramientas científicas, Windows o internet. Hay que saber dialogar con los clientes, redactar informes y precisar contratos. De ahí que las empresas atiendan y valoren cada vez más la capacidad de expresión tanto en la selección de los candidatos a un empleo como en la formación del personal. La respuesta a una oferta de empleo es tanto más convincente cuanto mejor esté redactada, con claridad y palabras precisas. Hay empresas en las que en las sesiones de reclutamiento los candidatos deben superar un examen escrito, para verificar sus capacidades lógicas y de redacción”.
Hasta allí las palabras de Pampillón compartidas por Ramos. Con impotente alarma he dicho, a mi modo, algo parecido en varias oportunidades. En síntesis, mis afirmaciones entroncan con la posición de los especialistas, a quienes sigo: los cambios son parte inherente de la capacidad humana para comunicarse, y el español de hoy, baste ese ejemplo, no es el mismo del Cid. Las lenguas sufren metamorfosis, nacen, se desarrollan y mueren a velocidades muy variables. Al español le ha costado poco más de un milenio ser lo que es: una lengua madura, rica, elástica, capaz de comunicar lo concreto y lo abstracto con eficacia y belleza. De las glosas emilianenses, que son consideradas español en estado larvario, a Borges; Reyes, Carpentier y García Márquez hay una hermosa historia escrita (o “escrita”) lo mismo por Cervantes que por un misionero de Cuba, un amanuense de Nueva España, un soldado del Río de La Plata, un abogado de Bogotá, un taxista de Montevideo, una enfermera de Lima y un arriero de La Laguna. Toda esa heroica historia se está yendo al caño, sobre todo, con la dictadura del chat y de la “redacción” hiperabreviada. Los cambios no son negativos, pero si son vertiginosos e irracionales, como los que evidencia la escritura chatera, terminarán en poco tiempo por impedir que la razón se exprese, pues ella no tiene otro vehículo que no sea la palabra, la palabra hecha pedazos por el desapego que en la actualidad nos merece nuestra lengua.
Pepe de la Torre, otro de mis lectores/interlocutores, celebró ayer que a la era de Marcelo el del DF le llamé “ebrardato”. Me da gusto que alguien escriba todavía para aplaudir una palabra burlonamente fina. Luego De la Torre me compartió una joya, aunque para apreciarla sea menester ponerla en contexto. Un albañil, con luminosa ignorancia y sin extraviar la potencia de nuestro caló, dejó este recado al contratista: “La mácina no gala ta godida”. Precioso, un diamante como tantos otros que podemos leer o acuñar en el español culto o el populachero, que los dos valen igual, siempre y cuando los queramos.

viernes, setiembre 12, 2008

Fábrica de chivos



¿Qué pasaría en un país normal si alguien sufre la desgracia de ser convertido en chivo expiatorio superestrella? Imaginemos que ese alguien es detenido bajo la acusación de que es un peligroso cabecilla de secuestradores; imaginemos que el contexto de su detención es el de la urgencia por desactivar una bomba de desprestigio sobre cierto gobierno ávido de buena imagen; imaginemos que, pese a la metralla mediática, la captura deja muchas dudas regadas en el camino; imaginemos eso y más. Al poco rato, gracias a que las instancias judiciales operarían una investigación con aseo y apego a la ley y a la lógica, las indagaciones aclararían si el inculpado es o no inocente. Después de todo, las autoridades podrían hacer preguntas y comprobar con sus propios ojos si el detenido es lo que supuestamente es: irían a su casa, interrogarían a sus familiares, vecinos y amigos, explorarían entre sus pertenencias, hurgarían sus cuentas bancarias, revisarían su expediente laboral, etcétera. Al final, creo, no habría tantas dudas sobre su situación, pues un secuestrador de altos vuelos muy difícilmente procede sin dejar huellas, e igual un ciudadano honrado: su interacción en el teatro social deja numerosos rastros.
Hasta el momento, y a reserva de esperar la llegada de resultados más contundentes, lo que se ha visto sobre la banda de La Flor, y particularmente sobre su líder, despierta algunas sospechas. Alimenta estas dudas la sola explotación propagandística de ese “golpe” al crimen organizado. Es una simple percepción, pero la mirada algo evasiva de Miguel Ángel Mancera, procurador capitalino, en la entrevista a Loret de Mola hace pensar, cuando menos, en un funcionario nervioso, en un sujeto poco idóneo para dialogar con el periodismo sobre un tema tan delicado.
Puede ser, asimismo, una ficción redonda la carta que los hijos de Sergio Ortiz Juárez han hecho llegar a Calderón y difundido en los medios, pero en ella bordan comentarios de, creo, fácil confirmación y muy reveladores sobre la personalidad de un sujeto inculpado de tan grave y resonante delito. Es un embrollo, el embrollo en el que terminan todas las investigaciones politizadas en nuestro país. Es imposible, pues, que Sergio Ortiz Juárez, sea o no culpable, evite la cárcel; sólo un milagro podría salvarlo de ese destino. En las actuales circunstancias, no hay poder humano en el país que aclare irrecusablemente su inocencia o su culpabilidad, así que pagará si es culpable, aunque también lo hará si es inocente. El gobierno de Ebrard ya madrugó, y no hay reversa: el detenido y sus presuntos secuaces no pueden ser inocentes ni aunque lo sean, porque eso haría polvo la escasa reputación que le queda al ebrardato en materia de combate al crimen y, a la larga, eso mismo liquidaría un proyecto político que tiene la pupila colocada en 2012. El performance propagandístico mediante el cual destaparon la noticia da idea plena de que este es el caso típico en el que muy poco importa la investigación, pues ningún gobierno en sus cabales lanzaría pirotecnia por un campanazo de tal dimensión para luego recular y decir que se equivocó, que fue un gran error. La politización del delito, que llegó a forzar una cumbre sobre seguridad y dio para que allí fuera acuñada la frase periodística del año (“Si no pueden, renuncien”), ha condicionado de paso que esta investigación se supedite a los aprioris: un gobierno urgido de buena prensa y un mandatario, Ebrard en este caso, que sean peras o manzanas desea recuperar los puntos perdidos en la carrera por su posicionamiento.
En el inmenso reino de la impunidad, los chivos son fundamentales para la supervivencia del poder, más cuando éste parece hacer agua. Es imposible saber qué pasa en verdad con el caso Martí, así que cuidado: debemos tener presente que México ha sido, por tradición, una fábrica de chivos.

jueves, setiembre 11, 2008

Devastación en el Caribe



La situación es más que grave en el Caribe. ¿Cómo ayudar, si no es con el depósito de unas cuantas monedas en el banco y la apertura de este espacio para llamar a la solidaridad?

Huracanes, capitalismo y revolución

(tomado de La Jornada)

Ángel Guerra Cabrera

Los huracanes fueron, hasta hace unas décadas, alteraciones climáticasregidas por las leyes de la naturaleza, que aún no daba señales de agotamiento. Los campesinos en las zonas tropicales ciclónicas sabían que “después de la tempestad viene la calma” y que a periodos desequía sucedían copiosas precipitaciones acarreadas por el mal tiempo, que si castigaba cosechas, viviendas, instalaciones y mataba personas y animales también recargaba el acuífero haciendo que la tierra dieraluego frutos más generosos. Esta no es más la realidad desde mediadosdel siglo XX cuando se advirtió una tendencia al alza en la frecuencia e intensidad de los ciclones. Estudios científicos concluyen que, comootros cambios alarmantes del clima, su causa está en los gases de efecto invernadero que alimentan el calentamiento global. La tragediareciente en parte del Caribe, es, por eso, un aviso de otras mayores a escala regional y mundial a consecuencia del irracional y suicida patrón capitalista de producción y consumismo desenfrenado.
A una semana del azote a Cuba del poderoso huracán Gustav, Ike barrió todo el oriente, salió al mar por el sur y embistió de nuevo la occidental provincia de Pinar del Río, ya arrasada por el primero al igual que el municipio Isla de la Juventud. Con las lluvias, vientos y marejadas de Hanna, tres de estos organismos batieron la mayor de las Antillas de este a oeste en nueve días, un hecho sin precedente. En la ruta de Gustav y Ike la agricultura, la vivienda, la infraestructuravial, eléctrica, portuaria, de comunicaciones y parte de la industria, están en ruinas. Pueblitos enteros han casi desaparecido. Gracias a susingular cultura solidaria, organización y sólidos vínculos pueblo-gobierno, Cuba ha podido atenuar relativamente una destrucción material inédita y, lo más importante, reducir al mínimo la pérdida devidas, que en otros parajes del Caribe suma cientos cuando faltan casitres meses para el fin de la temporada ciclónica y queda octubre pordelante, el mes más crítico. Pero los daños son de proporciones bíblicas y resarcirlos exigirá un esfuerzo sobrehumano, aumentado exponencialmente por los elevados precios internacionales dealimentos, combustibles, máquinas y materiales de construcción que el bloqueo vuelve más onerosos.
El nuevo patrón de comportamiento de las tormentas tropicales ha hecho que en los últimos años el Caribe viva en estado de emergencia. La región de la que un puñado de potencias capitalistas extrajo gran parte de los recursos que le permitieron, junto al tráfico negrero, concentrar la riqueza del mundo, ahora sufre año tras año el arrasamiento de sus economías y el agravamiento del drama social si no fuera bastante con el instaurado por las políticas neoliberales sobre las secuelas de siglos de subdesarrollo y dependencia.
Haití, la colonia más rendidora de Europa en el siglo XVIII, viodesaparecer sus bosques, erosionar sus tierras, arruinada suagricultura, que hasta no hace tanto, aunque precariamente, alimentaba su población. Hoy es una de las naciones más pobres y de las más vulnerables a la más leve perturbación climática. Sólo un gran programa de cooperación internacional podría salvarla del apocalipsis,que la tele saca a relucir ahora de Gonaives bajo el agua, pero que essu realidad cotidiana. ¿Hasta cuándo Occidente le va a cobrar la osadía de sacudirse la esclavitud y encabezar la independencia latinoamericana? La gesta inmortal de Bolívar debe mucho a Petion. Es una afrenta que calles de América Latina evoquen a Thiers cuando debieran honrar a Louverture.
Si en las elites de Europa y Estados Unidos quedara residuo de amor al prójimo, iniciarían hoy por el Caribe la reparación sincondicionamientos políticos del saqueo al Tercer Mundo, a que deben suopulencia. A Cuba le bastaría el levantamiento del bloqueo, más dañino que 100 huracanes, pero Washington afirma que no sería “inteligente”ni siquiera de modo parcial y transitorio.
Conmueven gestos como el del diminuto y sufrido Timor Leste, que no demoró un instante en tender la mano a Cuba, al igual que lo hicieron Venezuela, Rusia y China.
Luchar muy duro por el imperio universal de la equidad, la solidaridad y la reconciliación con la naturaleza es lo único que queda a los pueblos. Esos que hoy se juntan y organizan para entregar algo de lo poco que tienen a Cuba, Haití, a sus hermanos del Caribe.

Desmontar el circo



Muchos preocupados por el salpicadero de la violencia a veces llegan a emperrarse y alzan la voz con entendible rabia empresarial. Claman, exigen que el gobierno dé pasos ciertos para acabar con el crimen, como si el cáncer no estuviera enquistado en las entrañas del sistema y como si no hubiera creado ramificaciones a la generalidad de la vida social. Es cuando menos ingenuo demandar la extirpación del tumor sin pasar por las implicaciones que tendría ese titánico emprendimiento. Hay ciudades, estados enteros cuya dinámica sigue la partitura escrita por el crimen organizado a lo largo no de años, sino de sexenios.
Tal es el espíritu de lo que ayer traté de exponer en este espacio. La cultura del accionar policiaco en La Laguna sólo es un eco de la dinámica general de la sociedad. Tenue o marcadamente, todo está contaminado por la corrupción, y desmontar ese circo no es como curar un catarro o preparar una gordita de chicharrón prensado. Con la complacencia, el auspicio, la ineptitud y/o todo eso junto de los gobiernos, los hachazos a la paz social han hecho astillas el cuerpo entero de la república, de manera que la rearticulación del Estado presupone casi un renacimiento, un crecer a partir de las cenizas.
Digo que hay ciudades, sobre todo en el norte, en donde la permisividad/complicidad de las autoridades dejó que manaran ríos de plata chueca por debajo de la mesa. Es, a su modo, una economía subterránea, pero no de changarritos con piratería, sino de cuello blanco, de esos que lavan dinero a carretadas y fundan negocios de buen rostro, emporios de la sospecha, franquicias millonarias puestas en circulación como si fueran misceláneas de barriada. Municipios como Tijuana, Culiacán o Laredo, santuarios de la economía apuntalada por el crimen, reportan, por ejemplo, ventas fabulosas de coches lujosos, pues nadie que se precie de delincuente bien nacido aceptaría moverse en un Tsuru adquirido en cómodas mensualidades.
Acabar con la delincuencia es, en ese marco, como aspirar a que acabemos con el iceberg si sólo le trasquilamos la cresta. Sociedades enteras viven ya en relación, quiéranlo o no, con el delito. El trabajador que llena su solicitud Printaform y entra a trabajar en un restaurante levantado con fondos sospechosos, vincula su legítima supervivencia con la ilegalidad, lo que multiplicado por cientos, por miles, configura una telaraña de relaciones en la que culpables e inocentes se vinculan en el plano económico.
El delito omnipresente no es, en esencia, un problema metafísico, sino económico. Los policías municipales, de la ciudad que queramos elegir, obedecen al emprendedor empuje económico de quienes los corrompen, lo que aunado a los salarios de carcajada que suelen recibir, tornan atractivo manejar una patrulla y arriesgar el pellejo nomás por dejar hacer y dejar pasar.
Como brutales asteroides que avanzan hacia México, los meteoros de la catástrofe económica parecen cada vez más cercanos. Por ello, es de dudarse que los ajustes al precio de los combustibles vayan a beneficiar de algún modo a la población, pues seguramente serán usados para mantener nóminas aterradoras, en primer lugar, y para inyectar más recursos al rubro de seguridad, dado que los males provocados por el Estado sólo puede ser aplacados con la creación de nuevos males. Las políticas fiscales, a su vez, gravarán con más rigor, pero los recursos obtenidos seguirán siendo drenados sin que alivien el pujante desarrollo de la pobreza nacional.
Desmontar la sólida estructura de la delincuencia es, en resumen, un problema de suyo complicado. Los Mejoralitos (como destituir a un alcalde, remover una nómina completa de malos policías, cesar a un jefe) son pura espuma, hervor politiquero, vendetta de demagogos.

miércoles, setiembre 10, 2008

Campaña de ayuda humanitaria para Cuba



Me llegó, vía mail, esta información; hay que ayudar.
Para recibir donativos financieros, se ha abierto una cuenta especial:
Bancomer; número de cuenta 00444054008 a nombre de Rosario Ibarra.
Favor de avisarnos por correo electrónico (mmsc2002@prodigy.net.mx) de su depósito. Si quieren hacer una transferencia bancaria vía Internet y se necesitan la Clabe, llamen a 044-55-1849-9274 o manden un correo a mmsc2002@prodigy.net.mx. Todos los fondos serán trasferidos íntegramente a Cuba.
Las necesidades principales en Cuba en este momento son de vivienda e infraestructura eléctrica. Las instituciones u organizaciones que estén en condiciones de colaborar en este nivel deben comunicarse a los teléfonos 044-55-1849-9274 (Jesús Escamilla) o 044-55-2895-8057 (Pedro Gellert).
En cuanto al acopio, hay tres rubros:
a) alimentos enlatados/procesados;
b) leche en polvo;
c) cobijas nuevas;
NO se puede aceptar medicamentos ni ropa usada.
Por el momento, los siguientes centros de acopio estarán abiertos para recibir donativos en especie:
Movimiento Mexicano de Solidaridad con Cuba-DF: Madero 71, 1 piso, int. 4 (a media cuadra del Zócalo), M-V, 2-8pm
PRD-DF: Jalapa 88, col. Roma
PRD-Gustavo Madero: Czda. Guadalupe 584 (cerca de La Basílica, Metro la Villa)
PRD: Benjamin Franklin 84, col. Escandón (Sra. de Rel. Int)
FPFV siglo XXI: Unidad Deportivo Cuemanco, Deleg. Xochimilco, Periferico #1
FPFV siglo XXI: Mercado El Molino
Predio El Molino, Iztapalapa
PRD-Azcapotzalco: Av. 22 de Febrero 345 esq. Castilla Oriente, 2 piso
Cajada del Comedor, Facultad de Ciencias, UNAM, L-V, 8 am-9 pm. Las organizaciones políticas, sindicales, estudiantiles y sociales que quieran colaborar pueden abrir sus propios centros de acopio y si quieren, podemos proporcionarles DVDs sobre diferentes temas cubanos (El bloqueo, Che, Fidel, los 5 cubanos presos en Estados Unidos, etc.) para usarlos en sus actividades. Si deciden abrir su propio centro de acopio, favor de avisarnos para efectos de difusión y coordinación.
A nivel central, se van a llevar a cabo actividades de acopio el sábado y domingo, 13 y 14 de septiembre, en el Hemiciclo a Juárez desde las 10 am hasta las 5 pm. Grupos musicales como la Trova Cósmica participarán desde las 12h. Les invitamos a acompañarnos en esta actividad. De igual forma, habrá una carpa en el Zócalo la tarde del día 15 de septiembre para recibir donativos.Para más información, pueden llamar al 044-55-1849-9274 o 044-55-2895-8057

Regreso del Nazas



Despierta gran expectativa el regreso del agua al lecho seco del río Nazas. Vivimos en una zona tan árida, tan ajena a la humedad que el espectáculo del agua sobre el río yerto nos causa infantil admiración. Es justo que la sienta así el poblador de La Laguna. El agua, siempre escasa en estos rumbos algo olvidados por la naturaleza, cada vez se oculta más en el fondo de la tierra, así que verla allí, sobre el cauce pedregoso, es una de las pocas alegrías que con la vista podemos obtener en este medio hostil, polvoso a rabiar y cada vez más feo por las sequías y por la basura humana. Venga, pues, el agua; que sea para bien, ahora que casi todo es para mal aquí y en todo México.

La mejor policía



Algunos dicen que el mejor arbitraje futbolero es el que no se ve. Cuando resalta, cuando el hombre del silbato aparece a cuadro persistentemente, quiere decir que algo anda mal, que el protagonismo del de negro obedece a una falla en su trabajo. Así pues, hay ciertas labores que valen más en la medida en que resaltan menos. Es el caso del trabajo policiaco. Si es silencioso, si apenas deja que se noten sus agentes en las calles y nunca anda metido en broncas, entonces podemos asegurar que hace bien o decorosamente su trabajo.
Eso es lo que habíamos visto en las administraciones municipales torreonenses. Como todas en México (unas más, otras menos, pero todas) arrastra los atávicos lastres de la corrupción que hacen de ella una cartera lucrativa en cualquier ayuntamiento. La de Torreón, insisto, nunca ha sido excepcional; desde que tengo uso de razón periodística, la autoridad (o sea, el alcalde) coloca a un hombre de sus confianzas en la dirección de seguridad, señala que es especialista en la materia, promete tranquilidad a los colonos y a la larga se da, o se ha dado, un esquema de corrupción tolerada y tolerable. Los agentes han salido siempre a las calles, vigilan a medio gas, ruñen lo que se puede aquí y allá, entregan una cuota a la jefatura, se quedan con lo que sobra y listo, todos felices. No es un modelo de policía, pero hasta hace poco eso funcionó a la perfección, pues la policía enfrentaba a rufianes de poca monta (mariposeros, aleteros, coscorroneros, cristaleros, carteristas, farderas, mariguanos, tinacos, chemos…) o a ciudadanos con algún trago extra de alcohol en el espíritu y eso dejaba lo suficiente para el tequiliú (cuota con la que se queda la jefatura policial) y para el propio patrullero, ya fuera agente de tránsito o policía.
En menos de dos años, sin embargo, la realidad cambió abruptamente. Dentro del contexto nacional de la lucha territorial entre tirios y troyanos de la droga, La Laguna experimentó, y vive todavía, un permanente acomodo y reacomodo de fuerzas en la oscuridad. No resulta nada extraño, pues, que tarde o temprano la arcadia policiaca lagunera se haya visto alterada por el ajetreo. Quien diga que éste es el escenario más grave del país, miente; todavía no llegamos a las cotas de Tijuana o Ciudad Juárez, por citar sólo dos casos de desbordamiento. Pero el horno ya se calentó, como lo pudimos ver en la cruenta y lamentable noticia (nacional, por cierto) sobre el enfrentamiento desigual entre fuerzas federales contra municipales.
Digo lamentable, sin dudarlo, porque, pese a todo, no deja de ser entristecedora la imagen de los policías municipales semidesnudos o bocabajeados, sometidos por el mayor equipamiento y la mayor autoridad de los federales. Es, para estar a tono con el paisito que nos cupo en suerte, otra postal kafkiana. Sin pruebas contundentes en la mano, es posible, creíble y no sé si hasta entendible aceptar que hayan sido permeados por la delincuencia, pero tan ingrato es eso como ver que las policías (de cualquier orden y jurisdicción) se echen bala y produzcan uno de los espectáculos más denigrantes que recuerde la historia de La Laguna.
Se ha evaporado entonces, en unas cuantas horas, lo poco que quedaba del sueño guajirísimo de articular la mejor policía del norte del país. Habida cuenta de que, con o sin narco, las policías en México responden a inercias culturales cuyo desarraigo costaría décadas, era un hecho que en el teatro actual del país, en una guerra que pone en juego a toda la fuerza pública, incluida la del ejército, una pobre policía municipal difícilmente iba a poder salir airosa, incólume, de tal dinámica. Se acabó la quimera. Ya no tendremos la mejor policía de México. Conformémonos ahora con una que propine mordidas leves y que no se note mucho, como las de antes.

domingo, setiembre 07, 2008

El caso de muchos



Enrique Macías Morales fue mi alumno en la UIA y es uno de los demasiados laguneros que han crecido con el Santos Laguna. Él era niño, o a lo más adolescente, cuando los albiverdes saltaron a la cacha. Desde entonces los sigue, así que cualquier crónica de nuestro pasado futbolero lo instala en la nostalgia, esa nostalgia que es uno de los hábitos más recurrentes y legítimos de todo aficionado al fut. Así ha evocado su experiencia en la carta que con su venia reproduzco. Con los cambios pertinentes, su caso es el caso de muchos que celebraron los 25 años de santismo en la semana que hoy termina:
Estimado Jaime: Leí por la mañana tu columna referente a este 25 aniversario de nuestro querido Santos Laguna. Hacerlo me trajo a la mente el recuerdo de aquel partido en el que estuve presente. Lo recuerdo bien: a partir de ese día quedé unido al equipo.
Comienzo recordando lo feliz que fue mi infancia durante los años en los que mi papá era seguidor del Laguna. Los domingos eran días de fiesta: en la mañana mis abuelos me consentían, después llegaban mis papás, mis tíos; había comida familiar. De ahí me llevaban al estadio. Recuerdo vagamente el estadio San Isidro, para mí impresionante, lleno de colorido y con ese peculiar aroma que produce la mezcla de semillas, cigarros, chicles, chocolates, garapiñados, cheve y sus derivados; después el estadio Moctezuma, hoy Corona. Luego del partido regresábamos a casa de mis abuelos, en donde se comentaba el juego: mi papá criticaba a tal o cual jugador, o al entrenador, y mi tío Beto daba su punto de vista con sus acostumbradas dosis de buen humor.
Al quedar nuestra región sin futbol, mi vida cambió radicalmente: terminaron aquellos domingos de comida familiar e idas al estadio, y mi papá se volvió espectador del futbol americano. En aquel entonces, con un solo televisor en la casa, los domingos solamente veíamos acarreos de ovoide y posteriormente las “películas del 5”, así que para mí resultaba casi imposible seguir el balompié. Providencialmente comencé una entrañable amistad que aún perdura con mis vecinos de entonces. Don Carlos es como un segundo papá, él me adoptaba los domingos, y su casa me resultaba un paraíso: ahí sí había futbol en la tele, compraba el Esto y la plática común era acerca de la jornada futbolera. Y de la teoría pasamos a la práctica: formamos nuestro equipo en la cuadra y curiosamente se llamaba “Santos Guayabos”; Santos por el equipo en el que brillara Pelé y porque lo más fácil era que el uniforme improvisado fuera blanco; Guayabos porque así se llama la calle. El equipo fue creciendo y tras formar un combinado con una palomilla gomezpalatina ingresamos a la Liga del Seguro de Gómez. Los sábados en la mañana, al terminar los partidos, seguía el del equipo grande. En aquel campo de Autopop llegamos a ver jugar a nivel amateur a los médicos del IMSS. No nos pasaba por la cabeza que ellos iban a ser la base de un equipo profesional, y también pienso que, como escribiste en tu columna, aquellos jóvenes tampoco imaginaban lo que estaban por comenzar.
Volvimos al estadio Corona (entonces Moctezuma, como le siguen diciendo algunas personas con gran inercia mental) pocos meses antes del comienzo de la nueva época profesional del Santos. Se jugó un partido de veteranos del Laguna frente sus similares del Torreón en lo que se denominó “el Clásico del Recuerdo”. No sé cómo le hice pero convencí a mi papá de que llevara a toda la palomilla. El estadio se llenó a reventar. Torreón ganó un tanto por cero con gol de un cuate a quien, si la memoria me es fiel, apodaban “la Marrana”. Posteriormente a los veteranos les quedó el gusanito de seguirse juntando a jugar, así que después volvimos al estadio a ver a los veteranos del Laguna enfrentarse a sus pares del Jalisco, del Guadalajara y contra el primer equipo del Toluca, que goleó 5 por 0. Además fuimos al estadio Revolución a ver a los veteranos del Torreón enfrentarse al primer equipo del Oaxtepec, franquicia que se convirtió en Ángeles de Puebla y posteriormente aterrizó en la Laguna.
Así, al saber que volvía el futbol profesional, acudimos uno de mis vecinos y yo al estadio aquel 4 de septiembre; nosotros tampoco imaginábamos lo que estaba comenzando.
A partir de ese domingo comenzó la rutina dominical en la que se iba todo mi “domingo”: pasajes de camión ida y vuelta, boleto, bolsa de semillas con una “tutsi pop” para el segundo tiempo; si alcanzaba el dinero, un refresco.
Lo que sucedió de ahí en adelante fue una historia de triunfos, derrotas, eliminaciones, un viaje a Orizaba a ver al equipo durante la liguilla de ascenso en 1988, angustias de descenso. Después llegaron los campeonatos y torneos internacionales. También el destino nos deparó la triste historia de Ahumada, el embargo hacendario. Esa nueva etapa de angustias para que los nuevos aficionados recuerden nuestro humilde origen.
Antier, viendo el partido de los veteranos le platicaba a mi hermano de 22 años acerca de mis recuerdos de cada uno de los jugadores que participaron en él, de cómo ha evolucionado el estadio y la afición, de que se han desterrado aquellos pasatiempos como la gallina, la víbora, la media con cal viva, así como el agua de riñón. Ahora pueden ir mujeres solas al estadio. Me atrevo a decir que más del 40% de quienes asisten al estadio son mujeres.
Por la tarde asistí a la kermés organizada en el estacionamiento del estadio. Dentro del museo improvisado, al ver camisetas, fotografías, trofeos, me vinieron a la mente varias anécdotas que provocaron en mí muchísima emoción. Escribirlas llevaría mucho tiempo, pero algún día lo haré, lo prometo. Doy gracias a Dios por haberme permitido vivir esta historia tan hermosa, y gracias a ti, Jaime, por ayudarme a evocar tan lindos recuerdos, por haberme alegrado el día inyectándome optimismo y nuevas ilusiones.

sábado, setiembre 06, 2008

La cuna santista



Yo qué más quisiera. Me gustaría satisfacer las peticiones de los lectores que han distraído parte de su tiempo en mandarme cartas sobre el tema del aniversario santista. Uno de ellos solicita más información y quiere La ruta de los Guerreros, libro que escribí en 1999 y está agotado desde el 2002. Otro lector, cuya interesante carta reproduciré mañana, recuerda que Gómez Palacio es la cuna del Santos. No se equivoca en lo sustancial; por eso, cito aquí el arranque de aquella crónica que en mi libro se extendió a más de 300 páginas:
El Santos Laguna jugó su primer cotejo oficial el domingo 4 de septiembre de 1983, a las cuatro de la tarde, en el estadio Moctezuma, hoy Corona. Para llegar a este partido, antes tuvieron que ventilarse diversos rumores referentes al retorno del futbol profesional a La Laguna. Debemos recordar que el ayuno futbolero en la Comarca había iniciado, primero, con la venta de nuestras dos franquicias: los Diablos Blancos del Torreón fueron traspasados a los Leones Negros de la Universidad de Guadalajara y, poco más tarde, la Ola Verde del Laguna se convirtió, hacia 1978, en los Coyotes del Neza.
A mediados del 83, por suerte, un grupo de funcionarios del IMSS dan a conocer que ese Instituto auspiciará un equipo de futbol para la Comarca. El 14 de julio de 1983 se anuncia que la escuadra participará en la categoría “B” de la 2ª División. Las riendas administrativas, se especificó, serían tomadas por el Centro de Seguridad Social y Capacitación Técnica del IMSS Gómez Palacio. Por este motivo, en la Rama de la 2ª División el equipo es anotado como “Gómez Palacio”, aunque su nombre de guerra pronto será Santos Laguna IMSS y buscará, sobre todo, promover el talento regional y, si es posible, becarlo para que estudie y juegue futbol al alimón. Por cierto, la mayoría de los muchachos que formará al primer Santos fue reclutada del Club de Futbol Nicolás García (Asturias), equipo cuyo DT era Javier García y que participaba en la Liga Industrial de Gómez Palacio.
Aquí se presentan los primeros problemas: por una disposición oficial, para la temporada 83-84 no se permitirán extranjeros ni siquiera en el área técnica de los equipos ubicados en la división de ascenso; esto margina a Grimaldo González —peruano aclimatado desde hace añales en La Laguna— del timón santista, aunque existe la posibilidad de naturalizarlo mexicano y respetar su papel como primer entrenador del equipo que ahí se encuentra, todavía, en estado embrionario. Ya se baraja, sin embargo, el nombre del ex futbolista Fernando Zamora para la dirección técnica del incipiente club.
Mientras tanto, los voceros del Santos Laguna son contundentes: el IMSS —que para entonces impulsaba en México un programa intenso de patrocinio a equipos profesionales entre los que destacó, para la 1ª División, la compra del Atlante y la fundación del Oaxtepec— ofrece pleno apoyo al conjunto lagunero y se menciona que está en pláticas con Juan Abusaíd Ríos, dueño del estadio Moctezuma, para que ceda su administración a los funcionarios del Seguro Social y el Santos juegue en ese inmueble. Mientras tanto, y aún al mando de don Grima, los primeros muchachos de la escuadra santista entrenan en las instalaciones del Instituto Francés de la Laguna, en Gómez Palacio. Para entonces ya se conoce a los futuros enemigos en las dos zonas de la 2ª División “B”; Santos Laguna IMSS participará en el grupo I de la Zona Occidente junto a Uruapan, Universidad Autónoma de Querétaro, Tapatío e Industriales de Tepatitlán.
Ante los medios y en el Moctezuma, el equipo es presentado oficialmente el miércoles 3 de agosto de 1983, y ahí se confirma, ya definitivamente, que la Federación Mexicana de Futbol aceptó la inscripción del Santos Laguna IMSS…

viernes, setiembre 05, 2008

Los 25 emblemáticos



El comentario de ayer provocó una tanda extra de cartas al buzón rutanorteño. No es raro: el futbol despierta, lamentablemente, más pasión que la cultura o la política. Por falta de espacio, no hago mucho eco de la correspondencia, menos de la que llega con seudónimo. De hecho, sólo porque se refiere a fut, un tema frívolo, hoy le abro cancha, pues creo que los seudónimos ya no son válidos en estos tiempos de impune tiroteo internético.
Me dirige la carta “Vigilante justiciero”, quien señala con mayúsculas que aquí no uso (enmiendo la ortografía y retoco muy levemente la sintaxis): “Soy una mujer algo madura, que es aficionada al Santos desde sus inicios (fui con mi marido desde la primera temporada en la segunda B), y les quiero enviar los que son para mí los 25 jugadores más influyentes en la historia del Santos Laguna; no mejor alineación, sino los que han sido más importantes al equipo por su regularidad, ejemplo y fama que le han dado a la institución. Puede que me falte uno o dos, pero creo que son los más importantes, pidiéndole una disculpa a los que no están. Sin embargo, no necesariamente estos estarían en una alineación ideal de los mejores del equipo, pero son (a mi juicio) los que más le han dado a la institución”.
El ejercicio suena interesante (y seguramente polémico). Ignoro por qué escoger a 25; supongo que para simbolizar el cuarto de siglo recién cumplido ayer por el equipo. Abrevié en la columna en soporte de papel (La Opinión de hoy) los méritos que “Vigilante justiciero” enumera de cada jugador o ex jugador; de la lista de 25 cité sólo a los diez primeros; en este blog aparece la lista completa y todos los méritos que les atribuye mi anónima interlocutora postal. Vienen:
1. Jared Borgetti
—Presente en tres de las cinco finales del equipo en primera división.
—Presente en dos de los tres títulos del equipo en primera división.
—Máximo goleador del Santos Laguna en liguillas.
—Máximo goleador en toda la historia del Santos Laguna.
—Máximo goleador del Santos en primera división.
—Dos veces campeón de goleo con el Santos.
—Uno de los tres jugadores con más partidos en liguilla del Santos.
—Uno de los tres jugadores con más partidos en la historia del Santos.
—Mejor jugador en un torneo (o en dos).
—Mundialista y autor de tres goles de los más bellos en la historia de la selección perteneciendo al Santos (Uruguay Copa America, Italia Mundial, EUA eliminatorias).
2. Rodrigo Ruiz
—Máximo pasador en la historia del Santos Laguna.
—Jugador con más partidos en la historia del Santos (o el segundo).
—Fundamental en el segundo campeonato del Santos y en el Primer Subcampeonato.
—Tercer (o segundo) goleador en la historia del Santos.
—Extranjero con más partidos en la historia del equipo.
—Seleccionado de su país perteneciendo al equipo.
3. Adrián Martínez
—Segundo jugador con más partidos en la historia del Santos (o el primero).
—Dos veces nombrado el mejor portero del torneo.
—Campeón y Subcampeón con el equipo.
—Segundo jugador (o primero) con más liguillas en la historia del equipo.
—Seleccionado Nacional con el Santos (Copas America y Oro).
4. Vicente Matías Vuoso
—Segundo goleador (o tercero) en la historia del Santos.
—Dos veces campeón de goleo.
—Fundamental para el tercer campeonato.
—Transacción más cara entre quipos en el futbol mexicano.
—Seleccionado Nacional con el Santos.
5. Daniel Ludueña
—Fundamental para el no descenso del equipo.
—Fundamental para el único liderato general en la historia del equipo.
—Fundamental para el tercer campeonato del Santos en su historia.
—Mejor jugador de un torneo
6. Héctor Raymundo Adomaitis
—Fundamental para llegar a dos finales y un campeonato.
—Mejor jugador extranjero.
7. Benjamín Galindo
—Fundamental para el primer campeonato.
—Seleccionado nacional con el Santos.
8. Ramón Ramírez
—Primer seleccionado a la mayor en la historia del equipo.
—Primer jugador del equipo que participa en un mundial.
—Novato del año con el equipo.
—Fundamental para la primera liguilla y para el subcampeonato del equipo.
9. Pedro Muñoz
—Segundo Jugador (o primero) con más torneos en la historia del Santos Laguna (segunda y primera).
—Símbolo del Santos Laguna (uno de los guerreros mayores) y jugador lagunero más emblemático.
—Fundamental en dos finales (o tal vez tres) y un campeonato.
10. Juan Flores
—Primer gran jugador extranjero del equipo.
—Cuarto goleador en la historia del equipo (o tercero).
—Seleccionado de su país.
11. Carlos Cariño
—Fundamental en dos finales y un campeonato con el equipo.
—Mejor contención en la historia del equipo.
12. Luis Romero
—Dos finales y un campeonato.
—Seleccionado de su país por sus actuaciones con el Santos.
—Defensa con más pases para gol.
13. Héctor Altamirano
—Defensa con más goles en la historia del Santos.
—Dos finales y un campeonato.
—Seleccionado nacional.
14. Fernando Ortiz
—Fundamental en la salvación del Santos.
—Fundamental en el primer liderato del equipo.
—Fundamental en el tercer campeonato.
—Mejor defensa del torneo.
15. Gabriel Caballero
—Primer campeón de goleo con el Santos en primera división.
—Fundamental en el primer título del equipo.
16. Christian Benítez
—Mejor jugador en un torneo.
—Fundamental en el tercer título del equipo.
—Fundamental en el liderato general del Santos.
17. Denis Caniza
—Mejor defensa en la historia del equipo.
—Dos veces mundialista con su selección perteneciendo al equipo.
18. Miguel España
—Fundamental en dos finales y primer campeonato del Santos.
19. José Guadalupe Rubio
—Jugador con más temporadas (torneos) en la historia del Santos Laguna (contando Segunda y Primera),
—Uno de los jugadores laguneros más emblemáticos.
20. Johan Rodríguez
—Fundamental en el segundo campeonato y subcampeonato.
—Tercer seleccionado mundialista del equipo.
21. Nicolás Ramírez
—Fundamental en el primer título del equipo.
—Seleccionado nacional (Copa America)
22. Daniel Guzmán
—Fundamental con sus goles para la primera liguilla del equipo y para el primer subcampeonato (segundo seleccionado del Santos en su historia).
—Transacción más cara en la historia en ese momento y puso en el ojo de toda la prensa al Santos; máxima contratación del “Súper Santos”.
23. Julio César Armendáriz
—El primer guerrero mayor.
—Símbolo del equipo en segunda y en los primeros años en la primera división.
24. Guillermo Galindo
—Primer ídolo de la afición lagunera, con el cual se identificaron las tres ciudades.
—Jugó en las tres divisiones con el equipo.
25. José Luis Rodríguez
—Primera temporada del Santos IMSS, en la segundo división “B”
—Campeón de goleo de esa división, con sus goles en los últimos minutos contra Pumas ENEP, pasó el equipo a la segunda división “A” y posteriormente lo hizo campeón contra Gallos Blancos del Querétaro.
—Primer seleccionado Juvenil del Santos en su historia y paso a la primera división con el Atlante; gracias a esto fue la primera referencia para que el equipo fuera conocido nacionalmente.