jueves, junio 05, 2008

Los niños cuentan



Algunos recordarán que en 2003 hice un tímido experimento con literatura infantil; el resultado no deja de alegrarme cada vez que lo rememoro, pues tuvo como actores a mi hija mayor y a quien esto borronea. Reciclo los detalles. De cuatro o casi cinco años, mi hija escribió un par de relatos. Desde la perspectiva de un adulto, no eran nada, sólo un puñado de palabras, pero vistas con los ojos de un niño, sentí, apuntaban hacia una dirección específica: a la creación de microrrelatos para niños escritos por niños. Ignoro por qué, pero hasta ese momento reparé en una obviedad: la literatura para niños es mayoritariamente escrita por adultos, de ahí que sea, en general, tramposa en esencia. Bueno, me pregunté, ¿y sí mi hija escribe lo que se le antoje, qué pasa? Mucho, pues nacen cuentos que, como querían los surrealistas, rayan en lo maravilloso porque su escritura es automática y, lo más importante, porque no hay mediación del raciocinio ya cuadriculado del adulto. Procedí entonces a trabajar.
Le pedí a mi hija que dictara, y varias tardes las pasamos a ratitos frente a la computadora. He dicho alguna vez que yo no quería que me demostrara su velocidad en el teclado de escribir (lo cual era imposible), sino su soltura al momento de crear historias, de dictar lo que se le pegara la gana. Así fluyeron varias historias más que le dieron forma al librito. No sé si con ironía, algunos quisieron atribuirme un propósito embustero: que yo deseaba demostrar la genialidad de mi pequeña. Falso, tan falso que dejé escrito en el epílogo del libro que cualquier niño, absolutamente cualquiera, puede crear gratas ficciones si sus padres le dedican algunos breves lapsos a la captura del dictado. La creación automática de los surrealistas, insisto, rinde servicios excelentes en el caso de los niños.
Vi ayer, con gusto, que varias instituciones de cultura noresteñas han lanzado una convocatoria que deseo difundir, pues me parece que su propuesta debe ser conocida y compartida por todos los padres que se puedan sumar a este llamado. Noto que en sus líneas generales entronca con lo que alguna vez exploré en el librito de mi hija: que los niños les escriban a los niños, pues nada hay más directo y franco que la comunicación entre ellos. La convocatoria explica. “El Fondo Regional para la Cultura y las Artes del Noreste, con el fin de promover el gusto por la lectura y la literatura, y para estimular el trabajo creativo, convoca a los niños, nacidos o residentes, de los estados de Chihuahua, Coahuila, Durango, Nuevo León y Tamaulipas, a participar en el II Concurso de literatura infantil. De los niños para los niños 2008”.
Resumo las bases: Podrán participar todos los niños de 6 a 13 años de edad nacidos, o con al menos tres años de residencia, en los estados de Chihuahua, Coahuila, Durango, Nuevo León y Tamaulipas, escribiendo un cuento con tema libre, con una extensión de 2 a 4 cuartillas (hojas tamaño carta escritas en computadora o máquina de escribir). Los concursantes deberán enviar tres copias impresas de su cuento a alguna de las direcciones de cultura de los estados del Fondo Regional en Chihuahua, en Coahuila, en Durango, en Nuevo León y en Tamaulipas. El menor debe contar con el respaldo por escrito de uno de sus padres o, a falta de ellos, de un tutor mayor de edad. La fecha límite para la recepción de los trabajos es el 31 de julio de 2008, y el fallo será dado a conocer el 20 de octubre de 2008. Se seleccionarán como ganadores del premio 25 cuentos del material que se reciba a concurso. Los niños cuyos cuentos resulten seleccionados recibirán un premio en efectivo de mil pesos, un diploma de reconocimiento y la publicación de su cuento en una antología de la cual recibirán veinte ejemplares. Ver las bases completas aquí abajo. (Nota: el dibujo que encabeza este post lo hizo Ivana, mi hija menor; ella tiene seis años y, como todos los niños y niñas de esa edad, sus dibujos son sensacionales. Es precisamente lo que he querido decir en este apunte: que la creación automática de los niños da como resultado obras perfectas; en el dibujo queda claro, y he intentado comprobar que en la escritura sucede algo similar. El payaso, cuya técnica es tinta de marcador barato sobre servilleta de papel, es una pequeña muestra de que todos los niños son artistas; luego, de adultos, algo los/nos jode y se acabó el Picasso que todos llevaban/llevábamos dentro).