viernes, marzo 21, 2008

Canción para las hijas del Pelusa



Recién he leído la noticia de que el poeta mexicano Marco Antonio Solís escribirá una canción para las hijas de Diego Armando Maradona. Es un orgullo saber que el más grande liróforo mexicano de la actualidad urdirá su majestuoso verbo inspirado por los dos retoños del barrilete cósmico. Esta oportunidad es inmejorable para demostrar que en nuestro país hay hombres con sensibilidad profunda, rapsodas de la más elevada estirpe lírica. Sé que Solís no necesita ayuda, que su enorme sentido de la belleza hará que sea pan comido componer y arreglar una canción solicitada a la medida, pero de cualquier manera quiero hacerle, desde este enano foro, una serie de propuestas dictada sobre todo porque en esta semana sin chamba he pasado los días como infeliz parásito social. Espero me rediman unas cuantas imágenes literarias que buscan socorrer al bardo que otrora se desempeñó como vocalista de Los Bukis e inmortalizó el tema “Tu cárcel”. Estas son las metáforas que he amonedado, su respectivo desglose y su posible utilidad:
“Eres una estrellita nacida al anochecer / eres un encanto y eres todo mi querer”. Una imagen deliciosa y muy original: el diminutivo le añade un afecto indiscutible; se nota aquí que el poeta tiene conciencia de la profunda querencia que envuelve la paternidad de una estrella (Maradona) frente a sus estrellitas. Nótese la malicia de la rima anochecer/querer. No a cualquiera se le ocurre esta pincelada versallesqueeee.
“Yo las quiero mucho a ustedes / y ustedes siempre me han querido mucho a mí”. No es abuso de pronombres, sino énfasis necesario para saber quién quiere mucho a quiénes y quiénes quieren mucho a quién. Es un par de versos arrasador, sin duda, un vestigio de lo mejor que le heredaron los inmortales Bukis a las letras mexicanas.
“Cuando yo metía lindos golazos / ustedes me mostraban amor con sus ojazos”. Esta metáfora futbolística e hiperbólicamente oftálmica no tiene rival. Sin duda le encantará al héroe de Villa Fiorito. El adjetivo para golazos tiene un hondo regusto argentino, más que mexicano; el segundo verso trata de expresar la ternura filial para su padre suyo de ellas. Y qué podemos decir de la rima en “azos”. Un guiño a las preciosuras de la bolerística nacional.
“La mano de dios que venció a la pérfida Albión / les cambió el pañal y eternizó un balón”. Supermetáfora; el primer verso cincela una insigne forma de resumir un hecho histórico. Es de notarse lo culto que se oye decir "Albión" en vez de Gran Bretaña, esto para que quede testimonio de que hay madera enciclopédica en el vate. Y cómo evoluciona hacia el segundo verso, caray: de un acontecimiento mayúsculo pasamos a la doméstica intimidad de la vida cotidiana que incluye cambios de pañal y todo eso. Dudo que esta joya no reciba la calurosa aprobación del público, aunque temo que para algunos pueda resultar hermética, acaso marcadamente gongorina.
“Si erré, se debió a que la fama hizo de las suyas / pero al final triunfé, ¡y entono hoy mil aleluyas!”. Aquí la autocrítica es invaluable. El condicional “si erré” impide que los enemigos del ídolo piensen que se trata de un poema servil. Destaco que la despampanante rima conjuga el argot un tanto delincuencial (hacer de las suyas) con una exclamativa invocación a la fe que se necesita para salir de los atolladeros.
“Todo lo gané, absolutamente todo / pero lo que más valoro es haber salido del lodo”. El ídolo parece petulante en el primer verso, pero en el segundo les propina un arponazo de sinceridad a los lectores. No se puede pedir más a un gigante de la cancha.
Ojalá que Marco Antonio Solís, nuestro más sublime Petrarca contemporáneo, tome en cuenta las propuestas aquí centradas a la olla para que las remate a boca de jarro. Si no, qué importa. Lo fundamental es saber que no hay nada más difícil que vivir sin él.