sábado, setiembre 30, 2006

Mamá de los pollitos

En su “Astillero” de ayer, el torreonense Julio Hernández consignó, gracias al oportuno pitazo de un lector, que Vicente Fox ya está en el dream team de conferencistas (speakers) promovidos por la Harry Walter Agency (www.harrywalker.com), quizá el más lucrativo negocio del ramo en EUA; dicha empresa promueve a renombrados personajes como Clinton, Gore, Gerhard Schröder (Canciller de Alemania, 1998-2005), Bono (el macizo de U2), Benazir Bhutto (ex primera ministra de Pakistán), Fernando Henrique Cardoso (ex presidente de Brasil), Henry Kissinger y muchos otros picudos más. Por una cuota que imagino no es nada módica, cualquier institución o persona del mundo puede contratar los servicios de un speaker, quien irá a donde sea con el fin de arrojar luz y, claro, ganarse algunos miles de dólares nomás para sus chuchulucos.
No sé si sea legal que un presidente en funciones, como Fox, ya se esté ofreciendo para chambas de otra índole (aunque decir “en funciones” no es más que una metáfora, ya que el guanajuatense ha estado ausente del país casi seis años). Supongo que, al menos para cuidar las formas, un presidente debería esperar el fin de su mandato antes de acuclillarse con su letrerito de plomero o de albañil afuera de la catedral. Pero Fox ya está en la lista de Harry Walter Agency y es ventaneado al mejor postor como si se tratara de una pantera en asuntos de geopolítica y globalización, lo cual es más difícil de justificar que la virginidad de Lyn May.
Y a propósito de vedetismos insolentes, la misma agencia gringa integra en su catálogo, con linda foto de estudio, a nuestra primera dama. Según el texto de presentación, esta mamá de los pollitos tiene una voz de gran peso en asuntos de responsabilidad social y ha desempeñado un papel decisivo en la democratización de México.
Uno de los temas con código de barras ofrecidos por la señora que encabeza la Fundación Saqueamos México es el de los cambios sociales y la identidad nacional en medio de la globalización (“Responsabilidad social en el siglo XXI”); otro, “El papel de las mujeres en el nuevo milenio”, promete que la señora aborda el delicado asunto de la igualdad social y económica de las mujeres y del camino abierto por este género en el mundo entero.
Su ficha de presentación afirma que aprovechó ser la esposa del presidente de México para emprender un trabajo social sin precedentes, lo que incluye ayuda a niños con desventajas físicas y dotación de computadoras a la juventud desvalida. Dice también que es “madre de tres hijos”. Lo que no dice es cómo se llaman esos retoños y a qué se dedicaron en el sexenio durante el cual ella les amachinó un padrastro de lujo.

viernes, setiembre 29, 2006

Dictamen necesario

El doctor Corona Páez me envió un dictamen donde apaga la polémica recientemente levantada sobre la fecha exacta en la que Torreón alcanzó su vida adulta. Dice:
“Como indico en www.cronicadetorreon.blogspot.com, en días pasados fue presentado a la consideración de la sociedad torreonense un documento que supuestamente demostraba que Torreón había sido elevada a la categoría de ciudad antes del 15 de septiembre de 1907.
Al tener a la vista el documento en cuestión, veo que se trata de una copia fotostática certificada por la oficina del Registro Público de la Propiedad de Torreón el 13 de septiembre de 2006, y que corresponde a la partida número 53, folio 53, libro 27, sección I. El contenido de dicho documento corresponde a un testimonio de escritura pública de compraventa para que fuera debidamente registrada. La fecha del registro es del 26 de julio de 1907. Este registro se realizó ante el Lic. Ramón F. Flores, Oficial del Registro Público, por parte del notario Lic. Gurza Castillón, quien protocolizó la compraventa efectuada ante él dos días antes por los señores José G. Madero y John R. Scott, comerciantes.
El documento no trata de la elevación de Torreón a ciudad, sino de una mera y rutinaria operación de registro en la oficina del ‘Registro público de Distrito de Viesca. Torreón, Coahuila’. ¿De dónde surge entonces la conclusión de que este particular documento demuestra que Torreón era ciudad antes del 15 de septiembre de 1907? Sin duda alguna, quienes sostienen la preexistencia de la categoría de ciudad se basan en que, con fecha del 26 de julio de 1907, el Oficial del Registro Público de la Propiedad comienza su registro con las siguientes palabras:
‘En la ciudad de Torreón, Coahuila, a las nueve de la mañana del veintiséis de julio de mil novecientos siete’.
Como todos sabemos —o al menos deberíamos saber— el decreto 1029 del Congreso del Estado de Coahuila de fecha del 13 de julio de 1907 (el mismo mes en que se elaboró el documento en cuestión) declaraba:
‘Artículo primero Se erige en Ciudad, con la denominación de «Torreón», la Villa de este nombre, del distrito de Viesca. Artículo segundo: La promulgación de este decreto tendrá lugar el 15 de septiembre próximo’.
Por lo tanto, cuando Ramón F. Flores llamó de hecho (no de derecho) ‘ciudad’ a Torreón, se tomaba una licencia que no tenía valor legal alguno. Su autoridad como funcionario público seguía completamente subordinada a la de los poderes legislativo y ejecutivo de Coahuila y a sus decretos”.
Hasta aquí su carta. De todos modos, para ver una versión más amplia sobre este asunto, recomiendo visitar la web referida al inicio del dictamen.

Samsa viste de charro

El jueves 8 de junio de 2006 tuve no la suerte, sino el privilegio de participar, por invitación del doctor Francisco Valdés, en una mesa del IV Encuentro de Biodiversidad y Desarrollo Sostenible en La Laguna. Los desiertos y la desertificación. Hice explícito mi pudor, pues compartí el micrófono con la maestra González Arratia, con el doctor Corona Páez y con el doctor Víctor Manuel Toledo, tres verdaderos expertos en el tema. El único foráneo de los cuatro fue el doctor Toledo, y de él recuerdo una cierta timidez, el saludo del hombre discreto y muy culto, una personalidad totalmente opuesta a la de tanto ignaro petulante que sólo por su poder cree que puede (y hasta debe) atropellar al universo mundo.
No me equivoqué al medir, con puro ojo clínico, el talante del doctor Toledo. Esto lo digo no sólo por lo que le oí durante el pánel lagunero, sino también por sus recientes artículos para La Jornada. El martes 26, por ejemplo, le dedicó uno al hombre más rico de México, que cito aquí:

Slim, el kafkiano
Víctor M. Toledo

Me dirijo a la boca del Metro, y antes de entrar leo la noticia del día: "Carlos Slim critica la radicalización de la izquierda en México". La frase, puesta a ocho columnas, se remata con otra: el bloqueo de Paseo de la Reforma fue una "locura mexicana, kafkiana". Las palabras sigilosas me siguen, me alcanzan y continúan reverberándome aún en el vagón del Metro, mientras mis ojos registran al pordiosero, al contrahecho, a la india que extiende un papel comunicando su miseria, al rostro fatigado del obrero, a los cuerpos quebrados de los de la otr(a)edad.
Las frases danzan desafiantes mientras reconozco las ropas raídas del joven cholo, el huarache gastado, la cabellera encanecida prematuramente, la mirada taciturna de la señorita enamorada y, por supuesto, las letanías de los vendedores de dulces, casetes, lapiceros, ungüentos para el dolor, pasquines, paquetes baratos de cosméticos, lentes corrientes contra el sol, que aparecen, estación tras estación, como actores de una obra que parece eterna. ¿Se habrá subido alguna vez al Metro el señor de las declaraciones? ¿Será sensible a esta otra forma de locura? ¿Desde cuál óptica habrá invocado a Kafka? ¿Comprenderá la palabra pobreza utilizada con asepsia estadística para significar a las dos terceras partes de los mexicanos?
El supremo magnate, el mercader por excelencia ha hablado, y de inmediato todos los reflectores, los micrófonos y las cámaras se han inclinado para escucharle. ¿Podría algún otro mexicano ser oído, leído, consultado con atención parecida? ¿Habría forma de que cualquiera de nuestros conciudadanos pudiera dirigirse a la nación para comunicar su realidad kafkiana? ¿Cómo decirle al oído que quizás se ha equivocado, que sus palabras analizadas a la luz de lo real son jeroglíficos sin ningún sentido? ¿Quién puede explicarle que un lisiado moral no tiene ya derecho al habla?
Entonces brotan las estadísticas, nefastas como toda verdad: mientras que uno solo de los 100 millones de mexicanos gana 17 millones de dólares diarios, otros 85 millones viven (es decir, sobreviven) con 5 mil 400 pesos al mes. Usted escoja: ¿Kafka, Ionesco o Harold Pinter?
Cuando el tercer hombre más rico del planeta se despierta, cierran los ojos millones de otros más que no se atreven a mirar, que prefieren ser indignos, cobardes o mezquinos antes que cuestionar este orden absurdo. Los más aceptan este estado demencial de las cosas, pero otros dejan sus muletas y aprenden a caminar. La verdad revelada hace caer instituciones, mitos, efigies, costumbres, añejos supuestos, conformismos, miedos. La "revolución de las conciencias" hace su entrada, levanta puños, y construye efímeros plantones en el centro de la ciudad, para enfrentar la ignominia de la plutocracia, con los más notables de los empresarios incluidos, que violando todo precepto democrático han hecho nombrar a un presidente espurio.
Recuerdo entonces las palabras del emperador de las telefonías y las encuentro diminutas, ineficaces y estériles frente al vendaval que se avecina, en este mundo donde la concentración del poder económico ha rebasado toda previsión histórica. La ignominiosa inequidad social y las titánicas agresiones a la naturaleza con las que se han festejado las burbujeantes orgías del capital están llegando a sus límites. No sólo los ciudadanos de todos los rincones del planeta están adquiriendo conciencia, también Gaia, la madre tierra, como ha documentado el científico inglés J. Lovelock se apresta a pasarle la factura al Homo sapiens. Estima el sabio, proyectando los efectos del cambio climático global, que hacia finales de este siglo.
Entonces la imaginación toma el poder y al mismo tiempo se quiebra derrotada ante el milagro. Si Slim, el kafkiano, se decidiera por una nueva forma de locura, la felicidad o la mesura podría llegar en un instante, rosado, tornasol, quizás violeta, a todos los mexicanos. La fórmula es sencilla, lógica, instantánea y nada costosa: bastaría con dividir la riqueza económica del magnate de las telecomunicaciones (30 mil millones de dólares según Forbes) entre el número de miembros de la especie con pasaporte mexicano colocados en el estrato de mayor pobreza (digamos unos 25 millones): cada ciudadano de ese país de sufrimientos, disparidades e injusticias, dispondría de inmediato para el pleno disfrute de su existencia de mil 200 dólares. A la nación retornaría la tranquilidad, a ellos el festín, la seguridad y quizás la prudencia; y lo más importante, el magnate Slim se salvaría de convertirse en cucaracha, tal como lo previó, y sin conocer este país, el escritor checo.
vtoledo@oikos.unam.mx

jueves, setiembre 28, 2006

Carta de un fanfarrón

Alazraki nació en Argentina hacia 1934. Estudió en la Universidad Hebrea de Jerusalén y se doctoró en la Columbia University. En la actualidad es catedrático de Harvard. Entre otros, ha publicado Poética y poesía de Pablo Neruda y The Final Island: The fiction of Julio Cortázar. Él es Alazraki, Jaime Alazraki.
Hasta hace algunos meses, tal apellido judío sólo evocaba para mí al susodicho maestro de la crítica, al erudito que armó una de las ediciones más agudas con crítica a la obra de Borges; lamentablemente, la aparición pública de un mexicano llamado Carlos, también de apellido Alazraki, publicista él, vino a contaminar dicho apellido. Este sujeto, un fresota maduro que se ufana de conocer las fórmulas secretas del éxito político, tomó la responsabilidad de salvar la campaña de Madrazo en el pasado proceso electoral; fue, obvio, un fracaso plenamente justificado, pues con espots de pillos que se mean con sólo oír el nombre “Roberto” era imposible que su candidato levantara pico. En fin.
Este mismo fanfarrón publica cartas (¡oh, cartas!) en Crónica, el periódico de Carlos Salinas, y la del martes pasado fue una delicia escrita (es un decir) para denostar al mentiroso Peje. Como muchos otros estrategos de la política, Alazraki no aprobaría ni el más elemental examen de gramática, pero con todo y sus deficiencias sale a gritonear sandeces con retórica de quinceañera que escribe misivas a TVyNovelas para cepillar a Niurka. Forma es fondo, y en este caso es atroz, lo más lejano al dominio sintáctico que se supone debe tener un comunicador. Pero más allá del estilo enano, más allá de que esa carta tiene tufo de acróstico con acné, este pejicida quiere ser mordaz y se va de boca al suelo en cada frase. No puedo citarlas todas, sólo traigo tres exquisiteces de su letanía: 1) “Independientemente de que mi ética (sic) no me permitía hablar de un contrincante al estar incorporado (sic) en la campaña de Madrazo”. ¿No es ésta una contradicción? ¿Se puede hablar de “ética” y al mismo tiempo “estar incorporado en la campaña de Madrazo”? 2) “Por estas razones, no te respeto... ni te respetaré”, le dispara a su víctima. ¿Quién es él para presumir “su” respeto? ¿Osama Bin Laden? ¿Bono? ¿Umberto Eco? 3) “Por eso respeto y admiro a Al Gore. / Que ganando (sic) el voto popular, ACEPTÓ SU DERROTA PARA NO DIVIDIR A LOS NORTEAMERICANOS (sic)”. Acto fallido de nuestro mayusculoso fustigador: como Gore, el Peje debe aceptar su derrota aunque haya ganado, todo para no dividir a los mexicanos.
Por esto y más, Carlos Alazraki es, como decía Ciorán, un sujeto indigno hasta de desprecio. Primero que aprenda a redactar; a gruñidos no se vale entrar al diálogo.

Pantomima chafa

Es muy peculiar la lógica del foxismo-felipismo. A medida que pasan los días van cayendo veintes que en su momento, abotagados por la información que fluye sin parar todos los días, fueron una nota más en medio de la batahola periodística. Hago memoria hoy sobre la petición que hizo Felipe Usurpador al IFE para que no fueran eliminados los paquetes electorales y de inmediato, digerido el asunto con más calma, ebullen las preguntas: ¿qué sentido tuvo esa solicitud? ¿Por qué recibió del IFE una respuesta negativa?
Luego de emitido el fallo del Trife en el que se declaraba presidente electo a Felipe Usurpador, nuestro flamante mandamás se aventó el "desinformado" puntacho de solicitar un “acuerdo” para que no sea quemada la documentación electoral. Entrecomillo "desinformado", obvio, para indicar que Calderón sabía perfectamente que, en términos legales, su solicitud contradice la ley, pero era necesario dejar claro ante la opinión pública que no-le-teme-al-juicio-de-la-historia. Obviamente, también, su achichincle Ugalde respondió a esa moción con legalismo conductista, de chucho pavloviano entrenado con las croquetas del poder: no, los paquetes deben ser eliminados porque-así-lo-establece-la-ley-electoral. Jugada perfecta, pues, una carambola a tres bandas.
Lo curioso del caso es que, a deshoras, ya cuando es lo que hoy es, Felipe Usurpador aparece como laxo en términos legales. Aquí nace la pregunta clave: ¿por qué Usurpador no hizo una declaración po-lí-ti-ca para ablandar tantitito la Sagrada Ley Electoral en el conteo voto por voto y así evitar toda sombra de suspicacia sobre su “triunfo”. Eso no. Su lasitud excepcionista se da a posteriori, cuando tiene ya bien agandallada la silla de palacio. La petición de Usurpador al IFE fue pues una pantomima, otra más en esta larga ristra de simulacros democráticos que nos espera con los ultros engridos a machamartillo en el poder.
Y a propósito de pantomimas: Carlos Fuentes, el guerrillero-dandy de Kafkazonapan, declaró que no hubo fraude simplemente porque muchas diputaciones y senadurías ahí están, en manos del PRD, y eso nadie lo reclama. Craso disparate de turista: los ultros podían ceder espacios relativamente menores, pero no la presidencia de la república. La prioridad, para ellos, era no emigrar de Los Pinos. Por eso la guerra sucia contra el Peje, una guerra sucia que nadie vio contra candidatos a diputados, senadores, asambleístas o jefe de gobierno del DF. Insisto: la prioridad para los ultros era no soltar La Grande. Y lo lograron, aunque a su albazo maquillado de elección se le noten demasiado las costuras.

lunes, setiembre 25, 2006

Lasagna al cuitlacoche

Dos retenes del estado mayor presidencial que no dejaron de basculear ni al diputado (¿o senador, o alcalde, o gobernador?, ya no sé) Zermeño, más de 200 invitados, ceviche, lasagna al cuitlacoche, medallón de carne de res con tres salsas y entrega mesa por mesa del recuerdito bautismal a manos de la comadre Margarita Zavala de Calderón, todo eso y más se dio en una reunión social que de paso sirvió, no tan simbólicamente, para encarrilar al senador Anaya rumbo al gobierno del estado de Coahuila.
Si en el PRI hay todavía dudas, aunque el más viable puede ser Óscar Pimentel, en el PAN se perfila una parejera a 500 varas entre el diputado (¿o senador, o alcalde, o gobernador?, ya no sé) Zermeño y el senador Anaya. El ex alcalde de la Z vengadora lleva teóricamente la mano, dada su experiencia y peso en el PAN, pero Anaya quiere desde hace rato la gubernatura y me atrevo a destaparlo muy, muy prematuramente, para algo mayor: estoy seguro de que en sus noches más serenas sueña incluso con la presidencia de la república. Si Calderón pudo, por qué él no…

Curas sin cura

De La Jornada tomo este artículo de Carlos Fazio. Hay que difundir, por los medios que estén a nuestro alcance, la hipócrita bajeza de los ensotanados que hasta ahora se pasean impunes pese a sus abusos. No más atropellos, no más encubrimiento al sacerdocio enfermo.

Don Norberto, el sexo y la moral
Carlos Fazio

Los tiempos cambian. Ahora la ropa sucia no siempre se lava en casa. A veces se airea en los tribunales. No aquí en México, claro, donde sigue existiendo una justicia ramplona y de opereta; un estado de derecho clasista que protege a los poderosos. En el caso de marras, que involucra al cardenal primado de México, Norberto Rivera Carrera, la demanda por encubrimiento de un sacerdote presuntamente pederasta se ventila en la Corte Superior de California. La querella contra don Norberto involucra también al cardenal de Los Angeles, Roger Mahony, y tiene como protagonista principal al sacerdote Nicolás Aguilar, presunto responsable de casi 90 abusos sexuales de menores en instituciones eclesiales de México y Estados Unidos.
Los pormenores del caso han sido referidos con amplitud en las páginas de La Jornada. Incluido el tema del fuero especial del que goza el purpurado mexicano, quien recurrió a los favores del secretario de Gobernación, Carlos Abascal —hombre de raigambre cristera y sinarquista, y muy ligado a las estructuras jerárquicas conservadoras de la Iglesia católica local—, para intimidar y coaccionar, mediante sus sabuesos del Instituto Nacional de Migración, a los abogados defensores de Joaquín Aguilar, responsable de la demanda referida, cuando ofrecían una conferencia de prensa en la capital mexicana la semana pasada. Como tantas veces antes, la reacción del jerarca eclesial fue decirse víctima de una conspiración mediática promovida por "enemigos de la Iglesia" que persiguen "oscuros fines". Entre ellos, la "extorsión" y el "chantaje". Como dijo el vocero de la Arquidiócesis de México, sacerdote Hugo Valdemar, estaríamos ante otro caso de "comercialización de la justicia", cuyo único objetivo es la "ganancia económica (...) a través de la manipulación y la explotación del dolor y la tragedia de las víctimas".
Con el telón de fondo del escándalo desatado por la protección oficial a la red de redes de pederastia, turismo sexual infantil y trata de mujeres que involucra entre otros a Jean Surcar Kuri, al diputado priísta Emilio Gamboa Patrón, al empresario Kamel Nacif, al todavía gobernador de Puebla, Mario Marín, y al subsecretario de Seguridad Pública federal, Miguel Angel Yunes, cabe consignar que el caso del cardenal Rivera guarda una relación más cercana con las denuncias formuladas en contra del sacerdote Marcial Maciel, fundador de la Legión de Cristo, a quien el papa Ratzinger impuso un retiro forzoso el 19 de mayo pasado, luego de que un fiscal del Vaticano documentó al menos 30 casos de abuso sexual cometidos por el jefe legionario. Si bien hasta ahora monseñor Rivera no enfrenta cargos de pederastia -el cardenal Mahony está acusado de haber abusado de una alumna en la secundaria católica de San Joaquín, en Fresno, en los años sesenta-, la demanda lo acusa del delito de "conspiración a la pederastia", es decir, de encubrir y brindar protección al sacerdote Nicolás Aguilar.
Frente al escándalo de las buenas conciencias, que en ocasiones como la que enfrenta don Norberto apelan a la socorrida teoría de la conspiración —tan cara a los círculos corporativos y totalitarios— y atribuyen los ataques a "fuerzas del mal", "desestabilizadoras", que quieren afectar la "imagen" de la Iglesia, e incluso a "venganzas personales", conviene hacer algunas precisiones.
La Iglesia católica es una institución moral y política, por tanto, está sujeta a la crítica y al escrutinio público. Pese a su doctrina sobre la infalibilidad papal, su estructura de gobierno jerárquica y su cultura autoritaria, se trata de un reino sacro estatal que opera dentro de sociedades humanas. Más allá de su supuesta relación con Dios en la Tierra, la Iglesia católica, sus dirigentes y funcionarios siguen estando regidos por las leyes y sometidos a los principios morales de las sociedades contemporáneas. Es verdad que en la esfera pública secular, la Iglesia católica y su nomenclatura han disfrutado históricamente de relativa inmunidad. En la coyuntura, la actuación del secretario de Gobernación Abascal confirma lo anterior. Pero en una sociedad democrática —está claro que México no lo es—, la investidura sacerdotal no debe suponer inmunidad legal ni social.
En realidad, lo escandaloso, tanto en el caso que involucra a Marcial Maciel como en la acusación de encubrimiento contra el cardenal Rivera, es que la jerarquía de la Iglesia católica y del Estado Vaticano hayan solapado, ocultado y desmentido durante muchos años casos de abusos y pedofilia en sus seminarios, colegios y recintos religiosos, así como la violación de monjas por religiosos, bajo el mandamiento de que "la ropa sucia se lava en casa", según la pueblerina expresión utilizada por el ex presidente del Episcopado Mexicano, monseñor Sergio Obeso.
Lo más reprobable ha sido el encubrimiento sistemático por las autoridades eclesiales de representantes suyos que, abusando del poder conferido por su imagen sacralizada y la aureola mítica de su investidura sacerdotal, cometieron actos tipificados como delito. Lo más criticable es la autodefensa de integrantes de una casta sacerdotal supranacional deshumanizada y agresora —por ínfimo que sea el personaje de clérigos incontinentes, pecadores y criminales—, con la finalidad de ocultar debajo de la alfombra la vergüenza colectiva de la Iglesia católica. Lo más condenable es que hayan callado y solapado los delitos de un puñado de abusadores y violadores para que la Iglesia católica no perdiera prestigio. ¡Como si el prestigio estuviera en el silencio cómplice y en la cobardía que oculta este tipo de hechos!

domingo, setiembre 24, 2006

El centenario según Corona

El evangelio según Van Hutten, extraordinaria novela del narrador argentino Abelardo Castillo, inicia con un planteamiento que juzgo perfecto: “Toda historia, creíble o no, necesita un comienzo. No es así en la vida real, donde nada empieza ni termina nunca, simplemente sucede, donde las causas y los efectos se encadenan de tal modo que para explicar debidamente el encuentro casual de dos desconocidos, un sueño o una guerra entre naciones, uno debería seguir su rastro hasta el origen del mundo…”.
¿En dónde comenzar con una historia si el objeto a historiar que vayamos a elegir será la consecuencia de una concatenación infinita de causas y de efectos? ¿En dónde empieza, pues, la historia de Torreón? Obviamente, la parcelación que los historiadores hacen del pasado es sólo un convencionalismo, una manera de partir el inmenso pastel del pretérito para que lo podamos digerir. Así, sabemos que hay, para comer, una edad clásica, una media, un renacimiento, un barroco y etcétera, es decir, segmentos de lo que en realidad es una línea continúa de concatenaciones, de suerte que, al mismo tiempo, convergen en todo lo que hoy somos el dominio cavernícola del fuego, la erupción de Vesubio, el descubrimiento de América y los adelantos científicos de Pasteur.
Respecto al objeto “historia de Torreón” (voy a decirlo por enésima ocasión, porque mis paisanos son algo necios y siguen descubriendo Mediterráneos), si alguien ha tenido aquí conciencia de “la larga duración” braudeliana ése es el doctor Corona Páez. Aunque no tenga la difusión que merece debido a las supinas mezquindades que pululan a toda hora, es Corona Páez el historiador local que con mejores herramientas metodológicas y con mejores documentos probatorios ha trabajado la noción, antes que de “torreonense”, de “lagunero”. Su libro La Comarca Lagunera, constructo cultural remonta los orígenes de nuestra idea compartida de “región” a la Colonia, y lo hace con una solvencia que hasta ahora me atrevo a llamar (a ver si alguien opina lo contrario) de incontestable. Hay un detalle que olvidan muchos de los que opinan y opinan sin detener su mirada en el documento y, en caso de tenerlo frente a la vista, sin saber analizarlo bien, pues de poco sirven los textos generados en el pasado si quien los mira no sabe “interrogarlos” correctamente; lo que olvidan, digo, es que Corona Páez es un científico social, un hombre que, apegado al método más riguroso habilitado hasta el momento por la ciencia histórica, escudriña papeles, les hace las preguntas adecuadas y saca conclusiones científicamente válidas y sólo rebatibles con un procedimiento similar, científicamente probatorio, no con opiniones o pareceres o conjeturas que andan más en el cuento chino que en el rigor científico.
El asunto de la fecha precisa a celebrar es, como ha escrito Corona Páez en su foro más confiable (cronicadetorreon.blogspot.com), la que por consenso (ojo: sólo por consenso) hemos elegido, es decir, el 15 de septiembre de 1907, aunque Torreón sea algo más que un siglo de existencia. A los que andan levantando polvo con otras fechas les recomiendo que visiten esa web y el más reciente libro del cronista, quien por cierto ya prepara trabajos de investigación académica que desmitifican a los actuales “impulsores” del boom algodonero en La Laguna. Si tienen algo mejor que decir, que escriban cien-ti-fi-ca-men-te; si no, más vale ser discretos.

sábado, setiembre 23, 2006

El Peje Fénix

Con puntería de flechero medieval, Carlos Montemayor ha escrito que los perdedores deben aprender a perder, pero también que los ganadores deben aprender a ganar con claridad. Es cierto. Nos alejamos cada día más del 2 de julio pero nada, salvo lo que dicta el vocinglerío mediático, arroja una pizca de transparencia al triunfo de Felipe Usurpador. Así entonces, aunque en tele, radio y prensa lo coloquen como presidente electo, aunque cada vez sea más normal verlo en reuniones, en fotos, en mesas de diálogo y etcétera, muchos ciudadanos seguirán (seguiremos) entrecerrando los ojos y sesgando un poco la cabeza para mostrar un volteriano escepticismo sobre el triunfo supuestamente legítimo del michoacano.
En los días que pasan la estrategia de los medios es abrir todas las puertas a la cobertura sobre las actividades diarias del futuro presidente y, al alimón, cerrar todas las rendijas a cualquier información sobre lo que haga o deje de hacer el lopezobradorismo justamente derrotado. En ese hermetismo antipejista no deja de haber cabida, sin embargo, a uno que otro ladrillazo bien aplicado en el cráneo del mesías tropical, de Rayito, como lo llama Román Revueltas, Némesis periodístico de AMLO.
En su afán por sintonizar la señal del triunfador, muchos periodistas dan por muerto nuevamente al Peje y casi casi lo mandan al crematorio político, al más allá donde merecen estar los populistas y violentos (que no militan en el PAN). Ya en otro momento de nuestro pasado inmediato ha ocurrido lo mismo: un clamor mediático muy bien orquestado y un maldito Peje que, cual si fuese pinche ave Fénix de Macuspana, renace de sus cenizas y retacha al escenario principal para provocar dolores de hígado a la caterva nazi-da para administrar, con criterios de usurero en tiempos de sequía, la riqueza nacional.
Como muchos, no sé qué venga antes de que tome posesión Felipe Usurpador. Lo que sí puedo anticipar es que fueron tantos los agravios y fue tan nebuloso el proceso electoral (y peor el poselectoral) que la sombra del “perdedor” seguirá allí, tan grande como el apoyo popular que sólo se ha desdibujado para determinados medios, pero que en la realidad de a pie, entre la gente que se siente vejada, no deja de estar vivo como símbolo del cambio verdadero y no del cosmético.
Felipe Usurpador, por otro rumbo, cargará los pasivos de Fox, recibirá un país polarizado, inquieto y con índices de encono que él también ayudó a construir. Ahora habla de reconciliación, de diálogo; basta el recuerdo de su campaña para saber que es puro atole, que los puentes para llegar al contrincante no suelen renacer de sus cenizas.

viernes, setiembre 22, 2006

Las caras dobles

No entiendo, nunca he entendido y nunca entenderé la extraña lógica de la fe enriquecida hasta lo indecible en el reino de la tierra. Eso es, más incluso que su miserable condición de aberrantes pecadores, lo que en mayor grado me impresiona de los altos ministros de la Iglesia acusados de pederastia o de encubrimiento de pederastia. ¿Cómo puede ser edificada una “vocación” religiosa sobre los cimientos del dinero? ¿Se puede creer en la esquizofrénica idea de amar a Cristo, el Pobre por antonomasia, y al mismo tiempo vivir en fortalezas palaciegas? No entiendo, nunca he entendido y nunca entenderé esa extraña lógica por más que la palabra bíblica sea retorcida con mil interpretaciones.
Nada más fácil que celebrar por simple jacobinismo las circunstancias que enfrentan los involucrados en el delito de lesa niñez. Desde que detonó la bomba de los abusos, más que pensar en las pobres víctimas de tanto cura torvamente alborotado, hice primero el esfuerzo por imaginar la reacción de sus seguidores. Hoy, ya con dictámenes que sancionan las anómalas conductas, sigo pensando lo mismo: es monstruoso lo que hacen, sin duda, movidos por sus insubordinadas hormonas y a la sombra de su levantadiza sotana, un error que nadie o muy pocos aceptarían perdonarles; pero tanto o más terrible es su alianza eterna con el dinero, un disparate que muchos con sincera fe, aunque sin suficiente congruencia, por lo visto, siguen, repiten, toleran e indultan. Es cómodo pues ser humilde sólo de palabra, seguir creyendo con todo el corazón en el Redentor y disociar muy bien esa fe de los privilegios brutales que se pueden adquirir en la vida terrena a costa de una pobreza cada vez más numerosa y ofensiva.
Un primer camino fácil, para sus seguidores, es negar los cargos que se imputan a los curas enfermos. Ahora, tras los fallos del vaticano y de muchas instancias de la justicia laica, vendrá el proceso de ocultamiento. Muchos culpables ingresan al bajo perfil, las páginas web borran “vida, virtudes y milagros”, pero más allá de los bochornosos affaires que asimilan las prácticas de los sacerdotes a las del retenido patán Succar Kuri, sus fieles no verán otra anomalía, sólo una desviación psicológica.
Protegidos sin justificación alguna por la jerarquía y los grupos de poder, muchos salvarán, acaso parcialmente y durante algunos años, la investidura, pero tarde o temprano encararán la verdad: los expedientes con relatos de afectados tienen suficiente dosis de verdad y hacen imperativo marginar a los abusivos y a los encubridores. Más allá de eso no sucederá nada: la abundancia no dejará de ser asunto de unos pocos.

jueves, setiembre 21, 2006

El tirano incómodo

Nunca se demostró nada simplemente porque no había nada qué demostrar, pero de todos modos era necesario vincular al presidente Hugo Chávez, de Venezuela, con el candidato de la Coalición, Andrés Manuel López Obrador. Muchos medios establecieron esa especie desde que AMLO comenzó a sonar como candidato a la presidencia: soltaron el borrego de que, como el militar sudamericano, el Peje era un populista, un violento, un tiranosaurio rex de la política.
Ocurrió después, si no recuerdo mal en abril de este año, un decomiso de más de cinco toneladas de droga en un avión procedente de Caracas, Venezuela. El asunto le sirvió a Manuel Espino para eyacular algunas conjeturas sobre un maligno plan internacional del eje Chávez-AMLO; la paparrucha sonaba más idiota que un guión de Juan Orol, pero de todos modos el dirigente nacional del PAN no se tomó la molestia de desmentir aquella burrada que ofendía al PRD, a Venezuela y, sobre todo, a la inteligencia.
Luego, ya durante la campaña, los sectores más siniestros del empresariado mexicano se sumaron al ataque y arremetieron con espots tan ilegales como mentirosos, pues con un estilo fílmico spilberguiano de La lista de Schindler los mensajes mostraban a Chávez arengando a sus ejércitos y, en seguida, lo comparaban con el candidato callador de chachalacas. Eran los tiempos que ya parecen remotos “del peligro para México” y, en la tienda de enfrente, “de las manos limpias” (al final ninguno de estos dos mensajes resultó cierto: no había peligro para México ni mucho menos aseo manual).
Pasados los meses, materializado el atraco, el presidente Chávez (famoso en el mundo por ser lo menos parecido a Lady Di) se ha ido encima de Felipe Usurpador y decide que no lo reconocerá como mandatario electo. Aunque no lo necesita, el mandamás del Orinoco argumenta que se dieron demasiados puntos borrosos en el proceso electoral mexicano, y eso lo obliga a no aceptar a Usurpador como su homólogo. Pero en el fondo hay algo más: su desquite ante la propaganda panista que ante México lo mostró como dechado de mandatario despótico.
Podría tomarse como puntada, pero en realidad las palabras de Chávez le han calado a la presidencia, al PAN y hasta a Carlos Fuentes. La cancillería, dependencia que apenas emite tímidos comunicados cuando EUA vomita sobre México, en esta ocasión dio a conocer un viril y enérgico boletín de rechazo a la “intromisión inaceptable” del tirano incómodo. El presidente Fox, desde Nueva York, mostró también su molestia por las inoportunas palabras de Chávez.
El asunto no sólo es anecdótico. Independientemente de las felicitaciones extranjeras a Usurpador, hay todavía muchos países no muy convencidos. Chávez es el más bocón, pero no es el único que piensa lo que piensa.

miércoles, setiembre 20, 2006

Juego claro

Veo en este momento Tercer grado. Gómez Leyva, Marín, Micha, López Dóriga, Trujillo y un sujeto sin ritmo televisivo que la quiere hacer de conductor. No hay mucho qué decir sobre este pánel: para todos el plantón se desgastó, se desfondó y no sirvió para nada. Fue un error político. El Peje y la Coalición sólo se han equivocado. Nadie toca a Fox, nadie toca a Calderón, los impolutos. Está claro cuál es el juego.
Comenta JLD la carta de Cuauhtémoc Cárdenas. Lo defienden, lo convierten en penate, en semidiós político. ¿Por qué Televisa no dijo eso en el 88?
Una notita al pie: qué cara de seriedad la de Trujillo cuando lo encuadra la toma y no tiene el micrófono. Ni duda: es un payaso.

Empresario, pero buena gente

Acaba de llegarme la nueva edición de Players, revista para triunfadores (no viene numerada). En su portada luce un empresario lagunero y la siguente llamada (omito el nombre propio): "Fulano de tal, más que un empresario, un hombre con valor humano". Además de la tautología hombre-humano, lo que llama la atención es el apriori que involuntariamente asienta: presuponer que los empresarios no tienen "valor humano", como decir que, "pese a ser empresario", hay en él sensibilidad. Un autogol, y eso que apenas es la portada. Ojo: lo mejor está en interiores: una rorra semidesnuda se retuerce tarzanescamente con una serpiente. Buenas fotos; superultrasoftporno, pero buenas.
Un detalle: no sé quién me suscribió a esta publicación. Ignoro si saben que no soy un triunfador, sino lo contrario. Tal vez me la mandan para que me motive y me supere. Mañana comenzaré una nueva vida. Iré directito al éxito, a la yugular del éxito.

Éxito y apostilla

Estuve ayer en el Teatro Nazas, de Torreón, para ver el estreno del tercer cortometraje dirigido por mi buen amigo y ex alumno Fernando Santoyo Tello. Aunque la entrada fue gratuita, resulltó un éxito de "taquilla", pues tenían programada una función y terminaron exhibiendo tres tandas seguidas a butaquería casi llena. Una abierta, descarada, sincera felicitación a Fernando y a su equipo. Hitazos como el de anoche no se dan muy seguido, mucho menos en nuestro rancho.
Sobre el corto tengo una opinión que jala hacia dos rumbos. De nuevo, como en el anterior (Otro día más), en Karma hay buen trabajo actoral, buena música, buena fotografía (Carlos Muela, también mi ex alumno, está detrás de eso), pero la historia se diluye en la nada. En este tercer corto Santoyo apiña en 20 minutos al menos seis o siete destinos, y todos, por una o por otra razón, de un golpe de suerte derivan de inmediato en la tragedia fortuita y sin asideros. No hay tiempo para que un personaje carge con el peso de la historia, no hay tiempo para crear un conflicto que vaya más allá de la casualidad, no hay tiempo para acomodar las piezas del mecano y todo se aglutina en una especie de collage vertiginoso que termina por llevarnos, como en Otro día más, a un final anticlimático, ingeuo y poetizante, de videoclip con filtro rojo que evoca el más allá al-que-todos-definitivamente-vamos. Como remate, una sentencia de Sartre para hacer que el documento se tiña de Profundidad (con respetable mayúscula) cuando en realidad no la tiene en su contenido esencial.
Trato de ser exigente con Karma por una razón simple: Santoyo y su equipo van muy bien en términos de organización y de técnica, pero siguen sin armar una historia con principio, con medio y con fin. Como muchos cuentistas mexicanos, creen que un cortometraje es cortometraje sólo porque es breve, y no se fijan en la pertinencia de la trama. Pasa lo mismo, como digo, en el cuento: un cuento no es cuento sólo porque es breve, sino porque cuenta una historia, estructura una trama y la resuelve satisfactoriamente. He allí el meollo de la narratividad y hay que dar ese salto. Creo que tienen potencial para hacerlo, son jóvenes y les sobra entusiasmo y creatividad.
Añado en seguida que esa tendencia a presentar historias deshuesadas como "cortos" o como "cuentos" se va imponiendo en el gusto del público; ignoro por qué, pero más allá de las actuales ¿distorsiones? (¿modalidades?) del gusto está el grado de dificultad, el desafío que debe plantear toda arquitectura dramática: defienden las historias sin estructura clásica sólo quienes no son capaces de crear una estructura clásica tanto en cine como en cuento. MTV le lleva pues, hoy, la delantera a la tradición; pesa más el videoclip sin pies ni cabeza que el orden trino principio-medio-fin.


Pd. Traigo aquí mi comentario sobre Otro día más; lo publiqué en La Opinión Milenio el 4 de noviembre de 2005:

Cortos de Santoyo

Leí el siguiente comentario el 20 de septiembre de 2005 en el Teatro Nazas, unos minutos antes de la premier de Otro día más, cortometraje de Fernando Santoyo:
Hace poco más de dos semestres un joven alumno de comunicación me pidió un favor que más bien era el ofrecimiento de un regalo: quería convertir en guión, para después llevarlo al formato de video, mi cuento “Los muertos no ríen” escrito hacia 1992 y publicado en el volumen colectivo Cuentos de La Laguna. Por supuesto que accedí, pues me agradó la posibilidad del experimento y apetecí ver de nuevo una de mis narraciones en acción “viva”, discurriendo en la pantalla luminosa como había pasado con “El desquite”, relato que también fue adaptado como corto, hace varios años, por un grupo de alumnos de la Ibero. El resultado de aquella empresa estudiantil fue sumamente grato para mí, y se lo comenté a su director cuando recién concluyó aquel cortometraje titulado, con flamante nombre, Rigor mortis. Fuera de algunos detalles técnicos y de algún pliegue de la narración que no terminó por convencerme, el trabajo era bastante destacado, tanto que, ahora estoy seguro, fue el mejor corto producido en muchos meses en el ámbito de las escuelas de comunicación laguneras.
Fernando Santoyo lo ha logrado por segunda vez, y quiero asegurar que esa batuta es inusual en jóvenes de su edad. No sólo fue capaz de reunir intereses amateurs y profesionales, sino que consiguió un patrocinio nada común en la región, lo cual le ayudó a trabajar con recursos más cercanos a la realidad de la onerosa producción cinematográfica. Si otras artes, como la literatura, se pueden ejercer con pocos pesos en el bolsillo, el cine y su congénere, el video, requieren de montos a veces verdaderamente elevados para que los proyectos lleguen a su término.
La obra de Santoyo se suma, y esto hay que puntualizarlo con el fin de reconocer un trabajo conjunto que va más allá del corto exhibido esta noche, a un extraño y saludable, aunque todavía incipiente, boom del trabajo cinematográfico en La Laguna. Como sabemos, además de las clases de cine y video impartidas en las escuelas de comunicación regionales, en el Icocult han sido puestos en circulación muy atractivos cursos de guionismo, en la Escuela de Escritores de La Laguna ocurre otro tanto y han surgido productoras independientes que poco a poco hacen evidente, y posible, el nacimiento de alguna producción fílmica local.
¿Que los productos no tienen todavía una calidad de primer mundo? Esa no es, me parece, una objeción que valga, puesto que, si somos francos, ningún resultado artístico lagunero ha alcanzado hoy la plena madurez, y el cine, por su todavía larvaria condición de arte apenas inaugurado entre nosotros, no es la excepción. De lo que se trata es, precisamente, de colocar cimientos, de comenzar con la talacha que posibilite el surgimiento de hombres y mujeres que en la dirección, el guionismo, la musicalización, la iluminación, la edición, la fotografía, la actuación y las finanzas ayuden a hacer del cine un terreno propicio para el trabajo artístico en la comarca.
Los primeros y todavía difíciles pasos se están dando. Hoy lo más fácil resulta, por ello, matar al recién nacido, negarle toda posibilidad de vida. Lo complicado es, como lo demuestra Otro día más de Fernando Santoyo Tello, alimentar el deseo de hacer, complicarse la vida en búsqueda de caminos todavía inexplorados por el arte local. Eso es, insisto, lo que el director de Otro día más y su equipo han hecho: meter tiempo, dinero y dolores de parto creativo en la confección de una obra que desea comunicar emociones, que no se achicó ante las dificultades y que con todos los pronósticos en contra aquí está, lista para recibir el favor, casi el homenaje, de la mirada colectiva.
No quiero prejuiciar en lo absoluto a los espectadores. Vi el corto hace un par de semanas, e ignoro la reacción que pueda suscitar en el público durante esta premier. Pero enfatizo que, como decía Lezama Lima, lo fundamental del arte no está en el encuentro, sino en la aventura inherente a toda expedición.
Hasta aquí, las palabras que leí el día de la premier en el Teatro Nazas. Añado ahora sí una opinión que en aquel momento (porque “No quiero prejuiciar en lo absoluto a los espectadores”) me guardé para mejor momento, éste. Creo que Santoyo ha maniobrado con lumbre al plantear un guión que prescinde casi en absoluto de apoyaturas verbales. Su propósito ha sido construir una historia que se explique sola, con la pura y estilizada secuencia de imágenes. Una obra con esas características, se lo dije desde el primer momento, corre el albur de quedarse a medio camino, de comunicar poco. Pese al lugar común que reza “una imagen vale más que mil palabras”, en cine no ha dejado ni dejará de ser útil el discurso, tanto como la imagen y la música, de ahí que eliminarlo hace recaer todo el peso de la historia en los mudos cuadros y en el efecto de la musicalización, como en ciertos videoclips. El resultado, entonces, mueve a debate, divide fácilmente las opiniones, aunque es innegable que el esfuerzo de estos jóvenes, principalmente el de Santoyo, merece un amplio reconocimiento, el aplauso más sincero a su apetito de crear.

Groserías de (KN) Borges

¿Alguna vez hemos visto las patadas de un ahogado? Obviamente no, pues los ahogados no patean. Lo que sí resulta posible es ver los desesperados pataleos en el agua de alguien que se hunde y se ahoga, alguien como Kamel Nacif Borges, el “industrial” que en los meses recientes se ha convertido en la ficha number one del hampa institucionalizada mexicana. Amigo de poderosos verdaderamente poderosos, este poderoso poderoso y sumo sacerdote de la corrupción moral ahora sale a plaza para defenderse de la infamia que se cierne sobre su angelical persona.
En una carta que en realidad es un poema al cinismo, el señor KNB echa todo los kilos de su sinceridad para lavarse las manos en una palangana de agua puerca; dice en El Universal de ayer: “Nunca imaginé que lo expresado de manera privada fuera a hacerse público, fundamentalmente por el entorno en que se difundieron mis palabras. Moralmente no hay otra responsable que mi persona, soy yo quien habló en esas conversaciones y las expresiones ofensivas son mías, insisto, en diálogos que eran de carácter privado. Sí soy un empresario, sí, sí hice bromas desmesuradas, burdas y machistas pero repito, en el ámbito de la privacidad de una línea telefónica, éstas fueron bromas y sugerencias estúpidas entre varones, que jamás se cumplieron. En el ámbito de la privacidad y en exceso de balandronería (sic) me ufané en sugerir actos de autoridad que evidentemente no tengo el poder para cumplir. No soy pederasta, soy un industrial, fui un jugador públicamente conocido en Las Vegas y así me asumo, pero quiero aclarar que toda la vergüenza y la infamia que hoy padezco deriva de grabaciones obtenidas ilícitamente”.
Más adelante, luego de entrar al terreno legalista que ya nadie le cree (sólo tal vez el diputado Gamboa Peón), añade: “El lenguaje majadero y burdo sólo es materia de pena para quien lo profiere, lo que motiva esta disculpa pública. Su contenido se ha interpretado de manera equivocada en el contexto de una conversación aislada, sin dar a conocer las anteriores ni las ulteriores. / Queda claro de lo que soy culpable. Mis expresiones —privadamente realizadas— merecen rechazo y, de mi parte, un público desagravio. De nada más soy responsable. He sido uno de los principales promotores de la industria textil y más allá de mis malos modos, he sido generador de empleo y de oportunidades para muchos jefes de familia. En mi espacio de negocios se me juzga por lo que he hecho, no por como hablo”.
Me partió el corazón. Mañana mismo telefonearé a KNB para pedirle una disculpa y, de paso, dos pinches botellitas de coñac, papá.

Blanca paloma

Esta es la carta íntegra de KNB. Para ser empresario y para ser tan hocicón, no maneja nada mal el género epistolar. Con esas virtudes literarios, no sé qué anda haciendo en la mezclilla. Va:


Carta de Kamel Nacif Borges

Hasta hoy había decidido tramitar la denuncia que promoví en contra de la señora Cacho bajo las más estrictas reservas de ley, litigando precisamente ante las instancias idóneas como lo son los tribunales y no los medios, pero los hechos acontecidos hace unos días en los que se divulgan grabaciones obtenidas ilícitamente de mis líneas telefónicas hacen necesaria esta carta abierta ante la opinión pública.
Nunca imaginé que lo expresado de manera privada fuera a hacerse público, fundamentalmente por el entorno en que se difundieron mis palabras. Moralmente no hay otra responsable que mi persona, soy yo quien habló en esas conversaciones y las expresiones ofensivas son mías, insisto, en diálogos que eran de carácter privado. Sí soy un empresario, sí, sí hice bromas desmesuradas, burdas y machistas pero repito, en el ámbito de la privacidad de una línea telefónica, éstas fueron bromas y sugerencias estúpidas entre varones, que jamás se cumplieron. En el ámbito de la privacidad y en exceso de balandronería me ufané en sugerir actos de autoridad que evidentemente no tengo el poder para cumplir. No soy pederasta, soy un industrial, fui un jugador públicamente conocido en Las Vegas y así me asumo, pero quiero aclarar que toda la vergüenza y la infamia que hoy padezco deriva de grabaciones obtenidas ilícitamente.
La opinión pública y los afectados tienen derecho a saber el origen de las mismas. A partir de la explicable sorpresa sobre su difusión o igualmente explicable el agravio de los afectados y de la opinión pública, se han hecho señalamientos como responsables de su generación y propalación a terceros que nada tienen que ver y hasta a las instituciones del Estado que realizan actividades de inteligencia han sido señaladas. No es el caso, y nuevamente lamento mucho que así haya acontecido o interpretado. Las grabaciones fueron ordenadas a causa de una diferencia de carácter personal en mi matrimonio. Ella, la señora Irma Benavides, con un propósito por demás delictivo, ahora lo sé, igualmente decidió grabar todas mis conversaciones telefónicas con el fin de obtener de mi parte concesiones ventajosas en la negociación de la liquidación de una supuesta sociedad conyugal, hoy en litigio.
Por otra parte, en julio del año pasado denuncié a la señora Lydia Cacho por los señalamientos que con relación a mi persona realizó en su libro, y también por las imputaciones que me hizo en un programa noticioso de proyección nacional, concretamente en el noticiario del señor Carlos Loret de Mola, en el que señaló que el suscrito tenía más de cien denuncias de acoso sexual presentadas por sus trabajadoras de las plantas textiles de Puebla de las que por cierto, no existe ni una, según consta en autos. Esta denuncia la presenté en el mes de julio del año próximo pasado y deseo destacar que la orden de aprehensión se ejecutó seis meses después en el mes de diciembre.
A más de las acusaciones que estoy señalando, también he sido acusado por la señora Cacho en múltiples ocasiones de haber ejercitado tráfico de influencia en la tramitación de la citada averiguación penal. Seis meses entre la presentación de la denuncia y la ejecución de la orden de aprehensión acreditan que no existió tráfico de influencia, los videos grabados durante su detención, que obran en poder de la PGR, así lo demuestran.
Hace aproximadamente mes y medio la señora Lydia Cacho contrató los servicios del señor licenciado Javier Olea Peláez, quien desde entonces a la fecha dicho profesionista ha venido divulgando en distintos medios de comunicación que va a presentar denuncias en contra mía por lavado de dinero, por tráfico de influencia y crimen organizado, hasta hoy no tengo informes o citatorios de autoridad que me convoque a declarar sobre la interposición de las mismas; sin embargo, ahora sí tengo indicios de las motivaciones que animan al licenciado Javier Olea Peláez.
El licenciado Javier Olea Peláez a últimas fechas también asesoró a la señora Irma Benavides en la posible interposición de una denuncia en contra mía. El licenciado Javier Olea Peláez la semana pasada a través de terceros hizo contacto con mis abogados, a efecto de proponer un arreglo, consistente en el pago de USD 25,000,000 (VEINTICINCO MILLONES DE DÓLARES 00/100 USCy) de mi parte a la señora Irma Benavides a cambio de no divulgar las cuatro grabaciones que aparecieron en los medios informativos la semana pasada. Toda vez que evidentemente me negué a la extorsión que pretendían los representantes de la señora Irma Benavides, entregó y divulgaron a los medios de comunicación las tres cintas publicadas el martes pasado.
La transacción que propuso el abogado Javier Olea Peláez por conducto de los señores Efraín Cárdenas y Eduardo Amerena fue rechazada en el momento mismo en que les fue notificado a mis representantes legales y acto seguido se amplió la amenaza con la declaración de que se me informara que me atuviera a las consecuencias, ya que esas cuatro grabaciones que pronto escucharía y leería en los medios, sólo constituían una pequeña demostración del enorme arsenal que de materiales de la misma índole que desde años obran en poder de la señora Irma Benavides. Amenazó también con que el daño que me harían sería de proporciones tales que me garantizaban que nunca más nadie realizaría operaciones de negocios conmigo, e incluso me volverían a tomar una llamada. Hoy lo han cumplido.
Por lo delicado del tema y por no ser elemento sustancial de esta información a la opinión pública, me abstendré de abordar los detalles de mi separación matrimonial. Toda persona tiene derecho a la intimidad y mis diferencias con la señora Irma Benavides pertenecen a este espacio. Si hago del conocimiento público el origen de las grabaciones es para precisar un tema que daña a terceros y a las mismas instituciones. Ya he cometido suficientes errores en esta materia de comunicaciones y no es mi deseo hilvanar uno más, que para el efecto de este asunto es completamente irrelevante.
De mi parte, ratifico la presunción de inocencia y reitero que nunca terminaré de avergonzarme ante mis hijos, mis nietos, mis amigos y la sociedad toda, por el lenguaje soez que en efecto, quedó registrado en las grabaciones que ahora son públicas. Con tristeza y arrepentido por todo el daño que ya se ha causado, advierto que seguramente en las futuras divulgaciones que las señoras Irma Benavides y Lydia Cacho y sus abogados han amenazado hacer del conocimiento público, también escucharán ese lenguaje pendenciero y vulgar, que reitero, me apena mucho; confieso que la repetición pública de esos contenidos me duele hasta las entrañas, incluso, mi persona ha sido parodiada en diversos ambientes públicos y privados; soy ante los ojos de muchos, el ejemplo de lo peor en México. Sin embargo, sólo soy culpable de mis palabras, de mis muy malas palabras, que por cierto, siendo terriblemente reprochables, no constituyen delito alguno. El lenguaje majadero y burdo sólo es materia de pena para quien lo profiere, lo que motiva esta disculpa pública. Su contenido se ha interpretado de manera equivocada en el contexto de una conversación aislada, sin dar a conocer las anteriores ni las ulteriores.
Queda claro de lo que soy culpable. Mis expresiones –privadamente realizadas- merecen rechazo y, de mi parte, un público desagravio. De nada más soy responsable. He sido uno de los principales promotores de la industria textil y más allá de mis malos modos, he sido generador de empleo y de oportunidades para muchos jefes de familia. En mi espacio de negocios se me juzga por lo que he hecho, no por como hablo. Inicié un procedimiento legal por calumnias y difamación proferidas en mi contra por la señora Lydia Cacho y sigo sosteniendo que mi denunciada es presunta responsable de la comisión de delitos por difamación y calumnia. Hasta hoy vigentes en el estado de Puebla y Quintana Roo, y por lo tanto de observancia general. No anticipo sentencia y corresponde al Tribunal pronunciarse al respecto. Lo que sí anticipo es todo mi respeto a la resolución judicial definitiva, cualquiera que sea su sentido. Toda persona tiene derecho a la justicia, independientemente de la calidad de su lenguaje.

lunes, setiembre 18, 2006

Payasito de la telera

Vi hoy a Víctor Trujillo en la mesa de los periodistas de El cristal con que se mira. Sigue payasín payasón creyendo que no se notan las ojeteces de Televisa. Palabras más, palabras menos, pasó esto cuando atravesaron el tema del grito en el Zócalo:
—... otra vez los medios le hicieron el vacío a un acto de la Coalición... —dijo Julio Hernández López.
—Lo acabamos de ver hace rato... —apuntó de inmediato el payaso tenebroso para referirse a una breve nota presentada en su programa, este lunes 18, sobre lo ocurrido el viernes 15 de septiembre por la noche en la Plaza de la Constitución.
—Pero el viernes no hubo cobertura... —alcanzó a decir, casi a susurrar, Hernández López.
Luego el payaso se fue por las ramas y nadie insistió más. Lo extraño es que, cuando presentó al columnista de La Jornada, el payaso de la telera se atrevió a felicitarlo por la Otratele, el excelente proyecto alternativo que acaban de emprender los jornaleros.
Por eso estamos como estamos, por cínicos como Trujillo.

Una visión del desastre

Andamos mal, muy mal. No incurro en catastrofismos, pero la verdad es que no hay para dónde caminar sin que hallemos pruebas irrefutables del desastre, como bien lo expone Paco Valdés en su artículo dominical de La Opinión Milenio. Se lo pedí y señala lo que sigue (ojo en lo que dice sobre La Laguna y sus crímenes con el agua; sigamos celebrando):

Centenario del suicidio
Francisco Valdés Perezgasga

El mapamundi, el atlas y el globo terráqueo ejercen una fascinación universal sobre los humanos en su etapa más inquisitiva: la niñez. El encanto de los mapas quizá nunca nos abandona. Menos aún hoy, que tenemos recursos geográficos en la red capaces de entregarnos panoramas satelitales con una definición que, hace no mucho, era sólo privilegio de los ejércitos del mundo.
En particular, el programa Google Earth (disponible de manera gratuita en http://earth.google.com/) es una herramienta en la que uno puede pasarse horas viendo nuestro planeta con todo detalle. En sus pantalla puedo volar el Cañón de Fernández o ver la destrucción que los marmoleros han llevado a nuestras majestuosas montañas.
Pero además, Google Earth tiene un potencial enorme para la educación y la promoción del cuidado del ambiente. Tratando de concretar ese potencial educativo, esta semana, el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente y Google anunciaron una colaboración singular. Quienes tengan el programa en su computadora podrán activar una capa que les señalará sobre el globo terráqueo los cien puntos de desastre ambiental (environmental hotspots) en nuestro planeta. Activada esta capa, puede uno ver e informarse sobre la pérdida de glaciares por el calentamiento global, la deforestación rampante que va de la mano del despegue de la economía chilena y la alucinante desparición del Mar de Aral en el centro de Asia.
En algunos casos las fronteras políticas quedan delineadas por la vegetación y, presumiblemente, por mecanismos sociales, económicos y políticos diferenciados. Mientras en México se ha terminado con los bosques chiapanecos en Guatemala la destrucción ha sido menor haciendo que la frontera política sea un contraste entre el verde chapín y el ocre mexicano.
Aún no salgo de mi asombro de haber encontrado que uno de los cien sitios de desastre de este macabro desfile del PNUMA es Torreón. Sí, como lo oye. Nuestra ciudad se ha ganado a pulso esta dudosa distinción por abusar de su agua. Las fotos que la acompañan —y la página de Internet a la que se liga— nos muestra fotos de satélite de 1972 y de 1990 en donde el contraste es chileno, guatemalteco, aralesco. La sequía y el abuso de los acuíferos han hecho que el mundo tenga literalmente la mirada puesta sobre nuestro desastre.
Nuestro modelo de desarrollo es suicida, no cabe duda. Nos estamos asegurando, sin que nos importe un bledo, que las rimbombantes fiestas del centenario de nuestra ciudad sean también la erección de su epitafio. Porque una cosa es segura: al paso que vamos, no llegaremos a los doscientos.
fvaldes@nazasvivo.com

sábado, setiembre 16, 2006

Mar de brevísimos

El crítico argentino David Lagmanovich cita por allí, en el ensayo que secuestro, tres o cuatro de mis travesuras microrrelatísticas; fuera de eso —de lo mío— lo demás es excelente, una joya de análisis, de citación y de aparato bibliográfico. Lo tomé de:
http://www.ucm.es/info/especulo/numero32/exbreve.html
Espéculo es, hay que decirlo de paso, un archivo-monstruo de crítica literaria. Esta revista, dirigida por el doctor Joaquín María Aguirre, es auspiciada por la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid.


La extrema brevedad: microrrelatos de una y dos líneas
David Lagmanovich
Universidad Nacional de Tucumán

La noción de brevedad ronda siempre las consideraciones sobre la minificción. Aunque la brevedad no sea, ni con mucho, el único rasgo que es necesario observar en estas brillantes construcciones verbales, resulta lógico que para el lector común, e inclusive en cierta medida para el escritor, resalte de manera especial. Fue, en efecto, la primera característica que llamó la atención de lectores y críticos de esta forma literaria: la que primero produjo desconcierto y, a partir de allí, admiración.
Ocurre, sin embargo, que tal noción es eminentemente subjetiva. Se puede considerar “breve” un relato de ocho o diez páginas, pero también lo será uno de un par de páginas, e igualmente —y con mayor razón— algún texto de extensión aun menor, que podremos describir en función de un determinado número máximo de líneas o de palabras, y no de páginas ni de párrafos. Pesan en este sentido la tradición de una literatura, y también la implícita comparación —casi instintiva, casi subconsciente— que formulamos con otros textos que conocemos, o bien con lo que se considera “cuento” o “relato” en nuestra propia literatura o en una distinta de ella.
Cuando se quiere ejemplificar cuán corto puede ser un texto narrativo, aparece el ejemplo indiscutido: “El dinosaurio”, de Augusto Monterroso. Ahora bien, en nuestra lengua no es éste un caso único: hay un buen número de microrrelatos cuyos textos caben en una línea o dos, a lo sumo en tres. ¿Habremos de aceptar una categoría nueva, la del microrrelato brevísimo o hiperbreve, aunque el nombre resulte redundante? ¿O bien entenderemos que hay casos en que el escritor extrema alguna de las características que también tienen otros textos de este tipo, y ese hecho es percibido por el lector como un factor de diferenciación?
Como las especificaciones gráficas —es decir, tipográficas— introducen variantes que no son productivas para el análisis de estos textos, volvemos a un principio que podemos considerar indiscutido: el del número de palabras de que consta una composición, incluido su título. Así, el mencionado “El dinosaurio” de Monterroso no consta de siete palabras, como a veces se lee, sino de nueve. Es que, en general en todo lo que consideramos minificción (y no es muy distinto el caso de la poesía), y de manera especial en los casos de una escritura minificcional especialmente breve, el título y el texto forman una unidad indisoluble. El primero cumple una indudable función de focalización y, al hacerlo, completa el significado —o, si así se prefiere, devela la intención autoral— a que aspira la composición en su totalidad.
A fin de constituir un corpus apropiado para estudiar este punto, hemos recogido algo más de un centenar de microrrelatos brevísimos (exactamente, 111 composiciones), y los hemos clasificado en una suerte de embudo, de mayor a menor. Tenemos así 13 textos (números 1 a 13) formulados en más de 30 palabras, aunque casi ninguno de ellos supera las 40. Vienen luego otras 41 composiciones (textos 14 a 55) que tienen entre 20 y 30 palabras de extensión. Finalmente, compilamos 55 relatos hiperbreves (números 56 a 111) que se desarrollan en menos de 20 palabras cada uno. Dentro de cada grupo, ordenamos los textos por orden descendente respecto del número de palabras que los constituye. Insistimos en que en el cómputo de cada texto queda incluido el título, ya sea éste tan económico como “Cien” (José María Merino) o tan explícito como “Justificación de la mujer de Putifar” (Marco Denevi). Por otra parte, dejamos de lado —al menos por el momento— toda discusión sobre qué constituye una palabra, aunque se trata de un punto teórico de cierta relevancia. Dividido así el corpus en tres segmentos, en cada caso presentamos ante todo los textos; ofrecemos luego un comentario sobre ese grupo, y hacia el final del trabajo nos ocupamos de las conclusiones generales.

Corpus, sección A: 30 palabras y más
1. AUGUSTO MONTERROSO (Guatemala—México): “El Rayo que cayó dos veces en el mismo sitio” (42 palabras)
Hubo una vez un Rayo que cayó dos veces en el mismo sitio; pero encontró que ya la primera había hecho suficiente daño, que ya no era necesario, y se deprimió mucho.
La Oveja negra y demás fábulas, 1969
2. ALEJANDRO JODOROWSKI (México): “Después de la guerra” (38 palabras)
El último ser humano vivo lanzó la última paletada de tierra sobre el último muerto. En ese instante mismo supo que era inmortal, porque la muerte sólo existe en la mirada del otro.
En: Lauro Zavala, Minificción mexicana, p. 198
3. JOSÉ DE LA COLINA (México): “Ardiente” (35 palabras)
¿Quieres soplarme en este ojo? —me dijo ella—. Algo se me metió en él que me molesta.Le soplé en el ojo y vi su pupila encenderse como una brasa que acechara entre cenizas.
En: Lauro Zavala, La minificción en México, p. 63
4. EUSEBIO RUVALCABA (México): “El melómano” (35 palabras)
Compra discos, lee biografías de músicos, colecciona programas de mano. Por sus venas circula música. Y muchas veces ama aun más la música que los propios músicos. Pero llora en vez de tocar.
En: Lauro Zavala, Relatos vertiginosos, p. 138
5. ADOLFO BIOY CASARES (Argentina): “Post-operatorio” (34 palabras)
—Fueran cuales fueran los resultados —declaró el enfermo, tres días después de la operación— la actual terapéutica me parece muy inferior a la de los brujos, que sanaban con encantamientos y con bailes.
Guirnalda con amores, 1959
6. ADOLFO BIOY CASARES (Argentina): “Para un tesoro de sabiduría popular” (33 palabras)
Me dice la tucumana: “Si te pica una araña, mátala en el acto. Igual distancia recorrerán la araña desde la picadura y el veneno hacia tu corazón”.
Guirnalda con amores, 1959
7. JAIRO ANÍBAL NIÑO (Colombia): “Cuento de arena” (33 palabras)
Un día la ciudad desapareció. De cara al desierto y con los pies hundidos en la arena, todos comprendieron que durante treinta largos años habían estado viviendo en un espejismo.
En: Henry González Martínez, La minificción en Colombia, p. 60
8. JAIRO ANÍBAL NIÑO (Colombia): “Fundición y forja” (33 palabras)
Todo se imaginó Superman, menos que caería derrotado en aquella playa caliente y que su cuerpo fundido, serviría después para hacer tres docenas de tornillos de acero, de regular calidad.
En: Henry González Martínez, La minificción en Colombia, p. 62
9. POLI DÉLANO (Chile): “A primera vista” (32 palabras)
Verse y amarse locamente fue una sola cosa. Ella tenía los colmillos largos y afilados. Él tenía la piel blanda y suave: estaban hechos el uno para el otro.
Sin morir del todo, 1975
10. MÓNICA LAVÍN (México): “Motivo literario” (32 palabras)
Le escribió tantos versos, cuentos, canciones y hasta novelas que una noche, al buscar con ardor su cuerpo tibio, no encontró más que una hoja de papel entre las sábanas.
Retazos, 1996
11. JULIO CORTÁZAR (Argentina): “Amor 77” (31 palabras)
Y después de hacer todo lo que hacen se levantan, se bañan, se entalcan, se perfuman, se visten, y así progresivamente van volviendo a ser lo que no son.
Un tal Lucas, 1979
12. MARCO DENEVI (Argentina): “Don Quijote cuerdo” (31 palabras)
El único momento en que Sancho Panza no dudó de la cordura de don Quijote fue cuando lo nombraron (a él, a Sancho) gobernador de la ínsula Barataria.
Parque de diversiones, 1970
13. ANA MARÍA SHUA (Argentina): “69” (30 palabras)
Despiértese, que es tarde, me grita desde la puerta un hombre extraño. Despiértese usted, que buena falta le hace, le contesto yo. Pero el muy obstinado me sigue soñando.
La sueñera, 2ª ed., 1996

Comentario a la sección A del corpus
La impresión de brevedad es fuerte, aun cuando estos textos no se cuenten entre los microrrelatos más breves que existen. Los más extensos son el de Monterroso ([1], con 42 palabras) y el de Jodorowski ([2], con 38). Luego la cuenta se va achicando, con los microrrelatos de Adolfo Bioy Casares, de Jairo Aníbal Niño, y otros. Se acercan al límite inferior de esta categoría los de Poli Délano, Mónica Lavín y Marco Denevi, que completan la lista
Mi preferencia personal se inclina por los textos situados a mitad de camino entre las 30 y las 40 palabras y, sobre todo, por los que apenas superan el umbral inferior, es decir, las 30 palabras. Parece que, si aumenta aunque sea en pequeña proporción el número de palabras, la sensación de lo “hiperbreve” se disipa. Y esto ocurre porque el lector advierte en el texto —aunque no lo razone de esta manera— posibilidades de fragmentación o de un análisis no de la totalidad, sino de partes o sectores de la composición.
Por otra parte, puede notarse que no existe una correlación rigurosa entre el número de palabras y los núcleos verbales contenidos en esas secuencias. Por ejemplo el texto [4] (del mexicano Eusebio Ruvalcaba), de 35 palabras, contiene 6 núcleos verbales: un número que puede parecer excesivo para la dimensión del trozo, pero que evidentemente es reclamado por las exigencias de la narratividad. Dicho esto de otra manera: la condición predominantemente verbal o nominal de cualquiera de estas composiciones puede tener interés para el análisis, pero no tiene una influencia decisiva sobre la cuestión de la extensión.
También sería posible someter a un análisis más riguroso la condición misma de microrrelatos que se asigna a algunos de estos textos. El ya mencionado de Ruvalcaba ([4], 35 palabras), por ejemplo, más que un proceso de cambio parece dedicarse a describir una situación estática o permanente: la caracterización de un tipo humano, y no la evolución sufrida por un individuo o por un grupo. Los dos de Bioy Casares (números [5] y [6]) tienen en común el transmitir opiniones: la de un enfermo después de sufrir una operación quirúrgica, y la de una mujer de extracción popular que repite una noción seudo científica adquirida de la tradición oral. En un examen que podríamos llamar “principista” del corpus al que hemos llegado, quizá la inclusión de estos tres textos resultaría discutible. Los hemos dejado, sin embargo, para no apartarnos demasiado de las ideas predominantes sobre la cuestión del microrrelato, ya que la mayor parte de los autores insisten sobre lo multifacético del género; y, en verdad, una lectura no demasiado exigente no encontrará objeción a la presencia de estos tres textos —de 35, 34 y 33 palabras— en esta breve selección.
Sigamos, pues, con los textos situados unos peldaños más abajo en nuestra escalera descendente.

Corpus, sección B: entre 20 y 30 palabras
14. ALEJANDRO JODOROWSKI (México): “Misterios del tiempo” (30 palabras)
Cuando el viajero miró hacia atrás y vio que el camino estaba intacto, se dio cuenta de que sus huellas no lo seguían, sino que lo precedían.
En: Lauro Zavala, Minificción mexicana, p. 196
15. CÉSAR ANTONIO ALURRALDE (Argentina): “El sillón” (29 palabras)
Se lo pasaba sentado todo el día, su trabajo al menos así lo exigía. Sólo fue necesario un impulso de sus manos en el sillón de ruedas.
En: Puro Cuento, núm. 23, 1990
16. ALEJANDRA BASUALTO (Chile): “Rosas” (29 palabras)
Soñabas con rosas envueltas en papel de seda para tus aniversarios de boda, pero él jamás te las dio. Ahora te las lleva todos los domingos al panteón.
La mujer de yeso, 1988
17. PÍA BARROS (Chile): “Trece” (28 palabras)
Me encantas, bruja, en tu vuelo nocturno. Así le dijo, lo que siempre había querido escuchar. Pero siguió de largo. Era el día de los malos augurios.
A horcajadas, 1990
18. JOSÉ DE LA COLINA (México): “La culta dama” (28 palabras)
Le pregunté a la culta dama si conocía el cuento de Augusto Monterroso titulado “El dinosaurio”. —Ah, es una delicia —me respondió—, ya estoy leyéndolo.
En: Lauro Zavala, Minificción mexicana, p. 271
19. MIGUEL GÓMES (Venezuela): “Cotidiana” (27 palabras)
Tras una discusión, coloqué a mi mujer sobre la mesa, la planché y me la vestí. No me sorprendió que resultara muy parecida a un hábito.
Visión memorable, 1987
20. JORGE LUIS BORGES (Argentina): “El adivino” (26 palabras)
En Sumatra, alguien quiere doctorarse de adivino. El brujo examinador le pregunta si será reprobado o si pasará. El candidato responde que será reprobado...
En: Edmundo Valadés, El libro de la imaginación, p. 184
21. RODOLFO MODERN (Argentina): “Del ejercicio del poder” (26 palabras)
Cuando F’ang, el conductor, se sentía fatigado tras una dura jornada de labor, descansaba tres años. Y con él todo el reino.
El libro del señor de Wu, 1980
22. EDMUNDO VALADÉS (México): “Pobreza” (26 palabras)
Los senos de aquella mujer, que sobrepasaban pródigamente a los de una Jane Mansfield, le hacían pensar en la pobreza de tener únicamente dos manos.
En: Lauro Zavala, La minificción en México, p. 44
23. JAIME VALDIVIESO (Chile): “Cordero de Dios” (26 palabras)
—¿Por qué vas a matarme? ¿No sabes acaso que soy el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo?
—Precisamente por eso.
En: Juan Armando Epple, Brevísima relación del cuento breve de Chile, p. 26
24. JUAN JOSÉ ARREOLA (México): “Ágrafa musulmana en papiro de oxyrrinco” (25 palabras)
Estabas a ras de tierra y no te vi. Tuve que cavar hasta el fondo de mí para encontrarte.
Obras de Juan José Arreola, 1972
25. MARCO DENEVI (Argentina): “Tú y yo” (25 palabras)
Leímos todo cuanto había sido escrito sobre el amor. Pero cuando nos amamos descubrimos que nada había sido escrito sobre nuestro amor.
Parque de diversiones, 1970
26. ARMANDO JOSÉ SEQUERA (Venezuela): “Una sola carne” (25 palabras)
Tan pronto el sacerdote concluyó la frase …y formaréis una sola carne, el novio, excitado, se lanzó a devorar a la novia.
En: David Lagmanovich, La otra mirada, p. 223
27. DAVID LAGMANOVICH (Argentina): “Equívoco” (25 palabras)
Era ciego y caminaba por la calle Florida con un bastón blanco, apoyado en el brazo de una robusta criada, pero no era Borges.
La hormiga escritora, 2004
28. CARMEN LEÑERO (México): [Sin título] (25 palabras)
La empatía entre los cuerpos lleva a una inercia de imitación: cuando salíamos apresurados del hotel, a media tarde, traías uno de mis aretes puesto.
Birlibirloque, 1987
29. JOSÉ MARÍA MERINO (España): “Cien” (25 palabras)
Al despertar, Augusto Monterroso se había convertido en un dinosaurio. “Te noto mala cara”, le dijo Gregorio Samsa, que también estaba en la cocina.
En: Raúl Brasca, Dos veces bueno 3, p. 79
30. RENÉ AVILÉS FABILA (México): “Euclideana” (24 palabras)
En una ciudad actual la distancia más corta entre dos puntos no es la recta: es el zigzag que nos evita los semáforos .
En: Lauro Zavala, La minificción en México, p. 34
31. TRIUNFO ARCINIEGAS (Colombia): “Pequeños cuerpos” (24 palabras)
Los niños entraron a la casa y destrozaron las jaulas. La mujer encontró los cuerpos muertos y enloqueció. Los pájaros no regresaron.
En: Raúl Brasca, Dos veces bueno 3, p. 75
32. JOSÉ DE LA COLINA (México): “Una mecenas” (24 palabras)
La hermosa y sensual señora se acostaba con los jóvenes escritores nacionales para mejorar la calidad de la nueva literatura erótica mexicana.
En: Lauro Zavala, La minificción en México, p. 62
33. MARCO DENEVI (Argentina): [Sin título] (24 palabras)
Lo sé —decía el escritor honrado—. He escrito la mitad de lo que quería escribir y publicado el doble de lo que debí publicar.
Parque de diversiones, 1970
34. ALEJANDRO JODOROWSKI (México): “Calidad y cantidad” (24 palabras)
No se enamoró de ella, sino de su sombra. La iba a visitar al alba, cuando su amada era más larga.
Sombras al mediodía, 1995
35. ANA MARÍA MOPTY DE KIORCHEFF (Argentina): “Las alas” (24 palabras)
Tres veces soñó que le ponían alas; se propuso no soñar como niño o como beata, y se fue, dormido, sin alas.
Microrrelatos, 1998
36. LUISA VALENZUELA (Argentina): “Escribir” (24 palabras)
Escribir escribir y escribir sin ton ni son es ejercicio de ablande. En cambio el psicoanálisis no, el psicoanálisis es ejercicio de hablande.
Libro que no muerde, 1980
37. LUIS MATEO DÍEZ (España): “El sueño” (23 palabras)
Soñé que un niño me comía. Desperté sobresaltado. Mi madre me estaba lamiendo. El rabo todavía me tembló durante un rato.
En: David Lagmanovich, La otra mirada, p. 165
38. JUAN JOSÉ ARREOLA: “El mundo” (23 palabras)
Dios todavía no ha creado el mundo; sólo está imaginándolo, como entre sueños. Por eso el mundo es perfecto, pero confuso.
En: Lauro Zavala, Minificción mexicana, p. 60
39. ADOLFO BIOY CASARES (Argentina): “Gran final” (23 palabras)
El viejo literato dijo a la muchacha que en el momento de morir él quería tener un último recuerdo de lujuria.
Guirnalda con amores, 1959
40. MARCO DENEVI (Argentina): “El Cid y Jimena” (23 palabras)
Se amaron después de tantas dificultades que en el lecho nupcial les pareció que amarse no valía gran cosa.
Parque de diversiones, 1970
41. MARCO DENEVI (Argentina): “Monólogo de Calígula” (23 palabras)
Si yo, el primero de todos, soy lo que soy (una bazofia), ¿qué puedo esperar del resto de los romanos?
Falsificaciones, 1969
42. FELIPE GARRIDO (México): “Fracaso” (23 palabras)
Subir al tercer piso le toma cincuenta y ocho segundos. Decide terminar. Abre la puerta. Naufraga en sus ojos, color de miel.
En: Lauro Zavala, La minificción en México, p. 53
43. ORLANDO ENRIQUE VAN BREDAM (Argentina): “Las últimas noticias” (23 palabras)
Serán aquellas que escucharemos o leeremos poco antes de morir, poco antes de convertirnos, también nosotros, en una mala noticia.
La vida te cambia los planes, 1994
44. GONZALO CELORIO (México): “Mercado” (22 palabras)
Señora, si usted tuviera idea de mi soledad, no me exigiría que comprara cinco pesos de perejil: me vendería diez centavos.
En: Lauro Zavala, Minificción mexicana, p. 222
45. ORLANDO ENRIQUE VAN BREDAM (Argentina): “Derecho” (22 palabras)
—Yo te voy a sacar derecho, mocoso —le dijo mi vecina al hijo y le dobló la espalda con los golpes.
Las armas que carga el diablo, 1996
46. MARCO DENEVI (Argentina): “Paolo y Francesca” (21 palabras)
El Infierno se les antoja un Paraíso porque al menos están exonerados del tormento de callar su amor.
Parque de diversiones, 1970
47. LUIS FELIPE HERNÁNDEZ (México): “Escena conyugal” (21 palabras)
Lanzaba con presteza uno tras otro los cuchillos a su mujer, quien los recibía con el trapo para secarlos.
En: Lauro Zavala, Minificción mexicana, p. 256
48. ORLANDO ENRIQUE VAN BREDAM (Argentina): “Preocupación” (21 palabras)
—No se preocupe. Todo saldrá bien —dijo el Verdugo.
—Eso es lo que me preocupa —respondió el Condenado a muerte.
La vida te cambia los planes, 1994
49. RENÉ AVILÉS FABILA (México): “El harén de un tímido” (20 palabras)
Como temía decirles que no, opté por conservar a todas las mujeres que he amado.
Cuentos de hadas amorosas, 1998
50. GUILLERMO CABRERA INFANTE (Cuba): “Dolores zeugmáticos” (20 palabras)
Salió por la puerta y de mi vida, llevándose con ella mi amor y su larga cabellera negra.
Exorcismos de esti(l)o, 1967
51. MARCO DENEVI (Argentina): “Adán y Eva” (20 palabras)
Recordando lo que él hizo con el amor de Dios, Adán siempre recelará del amor de Eva.
Parque de diversiones, 1970
52. MARCO DENEVI (Argentina): “Función de la crítica” (20 palabras)
Períptero —escribe el artista.
Períptero —acota el crítico— es lo que rodea la cella. ¿Está claro?
Falsificaciones, 1969
53. ALBA OMIL (Argentina): “Poema, I” (20 palabras)
De nuevo lo golpeó la realidad, con saña. Quiso aislarse del mundo. Borrarlo. Reconstruirlo. Y escribió el poema.
Con ritmo de jazz, 1998
54. ANA MARÍA MOPTY DE KIORCHEFF (Argentina): “Dibujo” (20 palabras)
Con claridad soñó que el que lo creaba, moría. Al día siguiente no pudo despertar ninguno de los dos.
Microrrelatos, 1998
55. ALBA OMIL (Argentina): “Obsesiones” (20 palabras)
Soñé que me besaban: era sólo el latido de tu nombre que esa noche se durmió entre mis labios.
Con ritmo de jazz, 1998

Comentario a la sección B del corpus
En los 41 textos que se extienden entre los números [14] y [55] del corpus nos aproximamos un poco más al que podríamos llamar el tipo clásico del microrrelato. La extensión que marca el número de palabras aquí considerado, es decir, entre 20 y 30, permite por lo general un despliegue de formas verbales conjugadas, indispensables para el relato, que resultan significativas y naturales. Esto suele tener como condición la unicidad o compatibilidad de la formulación temporal; es decir, que el microrrelato esté formulado exclusivamente en un tiempo verbal, o en dos tiempos vinculados entre sí. Esta última circunstancia, que surge espontáneamente en las emisiones de todo hablante nativo de español, es bien conocida, pero conviene repasarla periódicamente.
Es sabido que la alternancia entre los pasados terminativo y no terminativo es una suerte de ley fundamental de la narración en español; así aparece, por ejemplo, en el primer ejemplo de este grupo [14], de Alejandro Jodorowski: “se dio cuenta de que sus huellas no lo seguían”, o en un ejemplo que consta más adelante y pertenece a Juan José Arreola [24]: “Estabas a ras de tierra y no te vi.” O en la impecable narración “El sueño”, de Luis Mateo Díez [37], donde “soñé”, “desperté” y “me tembló”, por una parte, y por la otra “me estaba lamiendo”, son formas eminentemente apropiadas para reflejar el contrapunto entre lo puntual y lo continuo: dos series de hechos aparentemente situados en la misma franja de tiempo, es decir en el pasado (como corresponde a los tipos más explícitos de construcción narrativa), pero distintos y hasta opuestos desde el punto de vista aspectual.
En algunos casos, la velocidad e inmediatez de la narración exige otras soluciones: por ejemplo, el relato que usa solamente el presente (Felipe Garrido, “Fracaso”, número [42], 23 palabras). Análoga es la solución de Triunfo Arciniegas en “Pequeños cuerpos” (número [31], 24 palabras): en este caso como en el anterior, la narración es totalmente lineal y las cinco formas verbales pertenecen al mismo tiempo; se trata de una secuencia de hechos puntuales que, así como no utiliza elementos adverbiales, tampoco necesita de elaboración aspectual alguna.
En algunos otros ejemplos del corpus pueden producirse ciertos desajustes con respecto al modelo general del microrrelato contemporáneo. Por ejemplo, “Euclideana” [30] de René Avilés Fabila vuelve a un modelo que ya conocemos, el del texto que, más que una narración, nos presenta una reflexión o aguda observación de la realidad. El uso invariable del presente nos alerta sobre su pertenencia a otro tipo textual, más vinculado con la escritura aforística que con el microrrelato. Oscilaciones de este tipo podrán encontrarse en algunos otros ejemplos. No deseamos insistir sobre este punto, sin embargo, pues preferimos que en los fundamentos de construcción del corpus se preste atención también a la representatividad de los autores incluidos, aunque algunas reglas gramaticales tengan una realización un tanto borrosa.
Llegados a este punto, podemos preguntarnos si existe alguna diferencia sustancial entre los dos tipos que examinamos en primera instancia: el de los microrrelatos de más de 30 palabras, y el de aquellos que cuentan entre 20 y 30. La respuesta más razonable es que no es posible justificar tal diferencia. Los textos del grupo A situados cerca del límite superior que arbitrariamente hemos establecido (por ejemplo, el [2], de Alejandro Jodorowski, 38 palabras) parecen equivalentes a otros —no presentes en este corpus— reconocidos desde hace mucho como microrrelatos aunque no pretendan alcanzar la brevedad absoluta, o aunque superen holgadamente estas cifras. Por otra parte, los textos que, dentro del mismo grupo, están cerca del límite inferior (tomemos como ejemplo el [12], de Marco Denevi, 31 palabras) se deslizan hacia el grupo siguiente, es decir el B, sin que exista entre ellos nada que establezca una frontera firme.
Da la impresión, entonces, de que conviene revisar la división tripartita que a priori habíamos establecido (30 palabras y más, entre 20 y 30, y menos de 20 palabras). Parece evidente que la frontera que buscamos en este continuo descendente de textos breves está situada alrededor de las 20 palabras; en consecuencia, sólo se justifica establecer un punto de diferenciación, no dos. También arbitrariamente (pues las decisiones en materia taxonómica son arbitrarias), creemos que ese punto identifica dos tipos de relatos mínimos, a saber, los que tienen más y los que tienen menos de 20 palabras. A estos últimos —relatos de 18, de 15, de 12 palabras, por dar algunos ejemplos— es, en nuestra opinión, a los que en puridad conviene la denominación de hiperbreves. Interpretamos los prefijos micro— y mini— como referencias directas a la ‘brevedad’ (microrrelato, microcuento o minicuento, minificción), mientras que el término hiperbreve puede glosarse como ‘de brevedad extrema’. Contrariamente a un uso que ha cobrado cierta vigencia en España, entendemos esta última categoría, hiperbreve, como una subdivisión dentro de la clase más general de lo “mini”: un punto dentro del continuo, pues de un continuo se trata, que va —por ejemplo— desde composiciones de una página o una página y media de extensión hasta otras de una o dos líneas de extensión.
Formuladas estas consideraciones, todavía nos falta presentar y examinar los ejemplos que constituyen la tercera parte de nuestro corpus: es decir, los textos que constan de menos de 20 palabras. Abarcan desde el número 56 hasta el 111, y sus límites en número de palabras comienzan en las 19 y terminan —con una reserva que en su momento formularemos— en las 8 palabras. Veamos ante todo el corpus.

Corpus, sección C: menos de 20 palabras
56. JUAN JOSÉ ARREOLA (México): “Cuento de horror” (19 palabras)
La mujer que amé se ha convertido en fantasma. Yo soy el lugar de las apariciones.
Palindroma, 1980
57. MARCO DENEVI (Argentina): “Veritas odium parit” (19 palabras)
—Traedme el caballo más veloz —pidió el hombre honrado—. Acabo de decirle la verdad al rey.
Falsificaciones, 1969
58. GABRIEL JIMÉNEZ EMÁN (Venezuela): “Los 1.001 cuentos de 1 línea” (19 palabras)
Quiso escribir los 1001 cuentos de 1 línea, pero sólo le salió uno.
Los 1.001 cuentos de 1 línea, 1981
59. DAVID LAGMANOVICH (Argentina): “Mensaje a la madre” (19 palabras)
No quiero verte como eres, sino como te veía cuando lo eras todo para mí.
Casi el silencio, 2005
60. EDUARDO BERTI (Argentina): “Otro dinosaurio” (19 palabras)
Cuando el dinosaurio despertó, los dioses todavía estaban allí, inventando a la carrera el resto del mundo.
En: David Lagmanovich, La otra mirada, p. 283
61. CÉSAR VALLEJO (Perú): [Sin título] (19 palabras)
Mi madre me ajusta el cuello del abrigo, no porque empieza a nevar, sino para que empiece a nevar.
En: Clara Obligado, Por favor, sea breve, núm. 157
62. JUANJO IBÁÑEZ (España): “Desinencia” (19 palabras)
Cuando estaba escribiendo el cuento más breve de su vida, la muerte escribió otro más breve todavía: ven.
Galería de hiperbreves, 2001
63. JUAN ARMANDO EPPLE (Chile): “El viejo y el mar” (18 palabras)
Lo desgastan los años y lo mantiene a flote el sueño del oficio.
Con tinta sangre, 1999
64. JAIRO ANÍBAL NIÑO (Colombia): “Fábula” (18 palabras)
Y los ratones hicieron una alianza y la serpiente de cascabel le puso el cascabel al gato.
En: Henry González Martínez, La minificción en Colombia, p. 61
65. ANA MARÍA SHUA (Argentina): “100” (18 palabras)
Mientras Aladino duerme, su mujer frota dulcemente su lámpara maravillosa. En esas condiciones, ¿qué genio podría resistirse?
La sueñera, 2ª ed., 1996
66. ORLANDO ENRIQUE VAN BREDAM (Argentina): “Urdimbre” (18 palabras)
—¿Tu marido es celoso? —preguntó él.
—Sí. Mi marido es el oso que viene ahí —respondió ella.
La vida te cambia los planes, 1994
67. EUGENIO MANDRINI (Argentina): “Prueba de vuelo” (18 palabras)
Si evaporada el agua el nadador todavía se sostiene, no cabe duda: es un ángel.
Galería de hiperbreves, 2001
68. JUAN JOSÉ ARREOLA (México): “De John Donne” (17 palabras)
El espíritu es solvente de la carne. Pero yo soy de tu carne indisoluble.
En: Lauro Zavala, Minificción mexicana, p. 50
69. MARCO DENEVI (Argentina): “Don Juan y las mujeres” (17 palabras)
A ninguna le disgusta tener antecesoras a condición de no tener sucesoras.
Parque de diversiones, 1970
70. BEATRIZ MARTÍNEZ MANZANARES (España): “Trasplante” (17 palabras)
Mi corazón te espera, es lo único que queda de mí, estoy dentro de otra. Búscame.
En: Clara Obligado, Por favor sea breve, núm. 165
71. JAIME VALDIVIESO (Chile): “Lengua de víbora” (17 palabras)
No tuvo que apretar el gatillo: bastó que lo forzara a morderse la lengua.
En: Juan Armando Epple, Brevísima relación del cuento breve de Chile, p. 27
72. MIGUEL SAIZ ÁLVAREZ (España): “El globo” (17 palabras)
Mientras subía y subía, el globo lloraba al ver que se le escapaba el niño.
Galería de hiperbreves, 2001
73. RICARDO REQUES (España): “Huida” (17 palabras)
Antes de caer pude ver cómo mis sueños se escapaban rápidamente por los pasillos del metro.
Galería de hiperbreves, 2001
74. JUAN JOSÉ ARREOLA (México): “De escaquística” (16 palabras)
La presión ejercida sobre una casilla se propaga en toda la superficie del tablero.
En: Lauro Zavala, Minificción mexicana, p. 49
75. ANTONIO DI BENEDETTO (Argentina): “Oscurecimiento” (16 palabras)
El suicida se cuelga del cuello con el cable telefónico. La ciudad queda a obscuras.
Cuentos del exilio, 1983
76. JAIME MUÑOZ VARGAS (México): “En estricto sentido” (16 palabras)
Se nos acabó el amor. Nos separamos. Cada cual cogió por su lado.
Arte de miniaturía, inédito
77. ÁNGEL GARCÍA GALIANO (España): “La última cena” (16 palabras)
El conde me ha invitado a su castillo. Naturalmente yo llevaré la bebida.
Galería de hiperbreves, 2001
78. JOSÉ MARÍA PEÑA VÁZQUEZ (España): “El suicida” (15 palabras)
A la altura del sexto piso se angustió: había dejado el gas abierto.
Galería de hiperbreves, 2001
79. CÉSAR ANTONIO ALURRALDE (Argentina): “Pájaros” (15 palabras)
Las ramas se poblaron de pájaros. Sonó un disparo y el árbol cayó pesadamente.
En: Puro Cuento, núm. 23, 1990
80. ALBA OMIL (Argentina): “Génesis” (15 palabras)
El soplo dijo sí y fue la vida. Y no hizo falta la palabra.
Con ritmo de jazz, 1998
81. EUGENIO MANDRINI (Argentina): “Fantasma tradicional” (15 palabras)
En mitad de la noche, la sábana se despertó y salió a trabajar.
Galería de hiperbreves, 2001
82. MARCO DENEVI (Argentina): “De Catalina de Rusia” (14 palabras)
Si no hubiese sido por mi cuerpo, habría sido casta.
Parque de diversiones, 1970
83. LUIS BRITTO GARCÍA (Venezuela): “Última” (14 palabras)
La última muerte se me olvidó, que es como si hubiera muerto doblemente.
En: David Lagmanovich, La otra mirada, p. 218
84. DAVID LAGMANOVICH (Argentina): “Reencuentro” (14 palabras)
No eras tú la que yo quería volver a encontrar, sino tu recuerdo.
Casi el silencio, 2005
85. EDMUNDO VALADÉS (México): “La búsqueda” (14 palabras)
Esas sirenas enloquecidas que aúllan recorriendo la ciudad en busca de Ulises.
De bolsillo, 1989
86. ORLANDO ENRIQUE VAN BREDAM (Argentina): “Graffiti” (14 palabras)
Es fácil juntar de nuevo a Los Beatles. Sólo se necesitan tres balazos.
La vida te cambia los planes, 1994
87. MARCO DENEVI (Argentina): “Justificación de la mujer de Putifar” (13 palabras)
¡Qué destino: Putifar, eunuco, y José, casto!
Falsificaciones, 1969
88. GUILLERMO SAMPERIO (México): “Bebo tu boca” (13 palabras)
Cuando beso tus labios de agua, nunca son los mismos.
En: David Lagmanovich, La otra mirada, p. 160
89. GABRIEL JIMÉNEZ EMÁN (Venezuela): “El hombre invisible” (13 palabras)
Aquel hombre era invisible, pero nadie se percató de ello.
Los 1.001 cuentos de 1 línea, 1981
90. DAVID LAGMANOVICH (Argentina): “La hormiga escritora” (13 palabras)
Si una hormiga resultara escritora, ¿qué podría escribir sino minificción?
La hormiga escritora, 2004
91. DAVID LAGMANOVICH (Argentina): “Declaración de desamor” (13 palabras)
Crees ser mi poema definitivo, pero sólo eres una errata.
La hormiga escritora, 2004
92. ANTONIO SKÁRMETA (Chile): “Desnudo en el tejado” (13 palabras)
¿Y qué pretendes?
¿Qué viva desnudo en el tejado?
Desnudo en el tejado, 1969
93. LUIS VIDALES (Colombia): “Súper-ciencia” (13 palabras)
Por medio de los microscopios
Los microbios
Observan a los sabios.
En: Henry González Martínez, La minificción en Colombia, p. 33
94. ADOLFO BIOY CASARES (Argentina), “Escribir” (12 palabras)
Cada frase es un problema que la próxima frase plantea nuevamente.
Guirnalda con amores, 1959
95. DAVID LAGMANOVICH (Argentina): “El asesino” (12 palabras)
No mató por matar: es que se moría por matar.
La hormiga escritora, 2004
96. JAIME MUÑOZ VARGAS (México): “Justicia” (12 palabras)
Hoy los maté. Ya estaba harto de que me llamaran asesino.
Arte de miniaturía, inédito
97. WILLIAM OSPINA (Colombia): “Amenazas” (12 palabras)
—Te devoraré —dijo la pantera.
—Peor para ti —dijo la espada.
En: Guillermo Bustamante Zamudio y Harold Kremer,
Antología del cuento corto colombiano, p. 125
98. PABLO URBANYI (Argentina-Canadá): “El dinosaurio” (12 palabras)
Cuando despertó, suspiró aliviado: el dinosaurio ya no estaba allí.
En: Lauro Zavala, Relatos vertiginosos, p. 154
99. LUISA VALENZUELA (Argentina): “Confesión esdrújula” (12 palabras)
Penélope nictálope, de noche tejo redes para atrapar un cíclope.
Libro que no muerde, 1980
100. ANÓNIMO (México): “Enamorado” (11 palabras)
Le propuso matrimonio. // Ella no aceptó. // Y fueron muy felices.
En: Lauro Zavala, Minificción mexicana, p. 227
101. RAFAEL PÉREZ ESTRADA (España): “Sólo sé” (11 palabras)
Sólo sé que, si abro el poema, deberá sangrar.
El ladrón de atardeceres, 1998
102. AUGUSTO MONTERROSO (Guatemala—México): “Fecundidad” (11 palabras)
Hoy me siento bien, un Balzac; estoy terminando esta línea.
Movimiento perpetuo, 1972
103. JAIME MUÑOZ VARGAS (México): “Autobiografía” (11 palabras)
Fracasé. Soy, como todo mundo lo sabe, un perfecto desconocido.
Arte de miniaturía, inédito
104. ANTONIO CABRERA (España): “Corazonada” (11 palabras)
—Rápido —dijo—, arrojad a ese río las cenizas del Fénix.
Galería de hiperbreves, 2001
105. AGUSTÍN MONSREAL (México): “Cálculos renales” (10 palabras)
¡Cuánto sufrí para poder arrojar la primera piedra!
En: Lauro Zavala, Minificción mexicana, p. 244
106. OMAR LARA (Chile): “Toque de queda” (9 palabras)
—Quédate, le dije. Y la toqué.
En: Juan Armando Epple, Brevísima relación del cuento breve de Chile, p. 51
107. AUGUSTO MONTERROSO (Guatemala-México): “El dinosaurio” (9 palabras)
Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.
Obras completas (y otros cuentos), 1959
108. JAIME MUÑOZ VARGAS (México): “El corrector” (9 palabras)
Cuando enmendó, la herrata todavía estaba allí.
Monterrosaurio, inédito
109. JAIME MUÑOZ VARGAS (México): “El descarado” (9 palabras)
Cuando plagió, el copyright todavía estaba allí.
Monterrosaurio, inédito
110. EUGENIO MANDRINI (Argentina): “Fiesta completa” (8 palabras)
Y llovieron panes sobre el circo.
Galería de hiperbreves, 2001
111. JOSÉ COSTA SANTIAGO (España): “¡Sorpresa!” (8 palabras)
La primera mañana después de mi muerte.
Galería de hiperbreves, 2001

Comentario a la sección C del corpus
En este grupo llama la atención el fuerte influjo, en términos de intertextualidad, del famoso “El dinosaurio” ([107], 9 palabras), de Augusto Monterroso, el cual genera otros textos que tienden a asumir una extensión similar a la del original. La sección en que nos encontramos presenta ejemplos de esta influencia. Ante todo están “Otro dinosaurio”, de Eduardo Berti ([60], 19 palabras) y “El dinosaurio” ([98], 12 palabras), de Pablo Urbanyi. Pero también son de destacar las brevísimas construcciones de Jaime Muñoz Vargas (“El corrector”, [108], 9 palabras, y “El descarado”, [109], 9 palabras), parte de una larga serie —inédita hasta el momento de componer estas líneas— titulada Monterrosaurio. En este caso se adopta el molde de la celebérrima construcción de Monterroso y se lo rellena con contenidos diversos, sin sobrepasar nunca el límite determinado por el modelo que se está siguiendo.
La obsesión con la brevedad, o mejor dicho con la ambición de alcanzar la brevedad extrema, aparece con claridad en “Desinencia” ([62], 19 palabras) del español Juanjo Ibáñez: “Cuando estaba escribiendo el cuento más breve de su vida, la muerte escribió otro más breve todavía: ven”. Ingenioso, pero Ibáñez no escribe uno de los relatos más breves que conocemos, sino que hace referencia a uno que pudiera haberse escrito y al que se le atribuye brevedad extrema. Pero ¿cómo escribirlo? Porque, si intentamos escribir tan sólo lo que presuntamente dijo la muerte, no tenemos un microrrelato, sino una orden expresada con una monolexía, por añadidura monosilábica; y no es así como se construye la literatura. Otros microrrelatos en los que de alguna manera figura —temáticamente— la noción de la brevedad son: [58], de Gabriel Jiménez Emán; [80], de Alba Omil; [90], de David Lagmanovich; y [107], de Augusto Monterroso, con lo que vamos descendiendo desde las 19 palabras hasta las famosas 9 del ejemplo más conocido de todos.
¿Es posible reducir aun más esta extensión, o, en términos deportivos, batir esa marca? Puede ser: pero no de la manera como se intenta hacerlo al final de nuestra compilación. Vaya y pase, sobre todo por su carácter ingenioso y su recurrencia a la intertextualidad que evoca en el lector, “Fiesta completa” [110], de Eugenio Mandrini: “Y llovieron panes sobre el circo”. Pero el último aquí compilado, [111], de José Costa Santiago, “¡Sorpresa!”, es claramente objetable: “La primera mañana después de mi muerte”. ¿Un relato donde nada se relata, puesto que no existe forma verbal alguna que tome a su cargo la exposición del desarrollo de una acción? Cualquiera puede enhebrar unas cuantas formas nominales y dejarlas sobre el papel; pero, por mucho que las formas cambien, lo que el lector espera es —palabra más, palabra menos— lo que recibía como “cuento” el oyente de antaño: “Había una vez una viejecita que vivía en medio de un bosque…” No es broma: es que hay que distinguir entre un relato y aquello que no lo es. Se puede innovar, pero no a costa de la narratividad.

Observaciones generales
Hay dos o tres preguntas que resultan obvias. Se las puede enunciar en la forma siguiente. 1) ¿Es de alguna manera diferente el efecto que producen las construcciones minificcionales de más de 20 palabras y de menos de ese límite? 2) Si existe esa diferencia, ¿en qué consiste? 3) En la suposición de que estemos ante dos tipos textuales distintos, ¿cómo resolveremos el problema terminológico? Intentemos algunas respuestas.
1. Sí, el efecto no es el mismo. Se puede discutir si esa diferencia se produce exactamente en el límite de las 20 palabras, o un poco antes o un poco después; pero la recepción producida en un lector —letrado o no— varía en función de la extensión del texto. Esta circunstancia, relacionada con el proceso de la recepción, explica posiblemente la gama de reacciones con que, inicialmente, fue leído “El dinosaurio” [107], de Augusto Monterroso: una gama que fue desde el impacto sorpresivo hasta la imitación del procedimiento textual ([60], [108], [109]…). La imitación se dio por lo general con un fuerte componente de parodia no burlesca, o parodia en sentido estricto; pero también apareció en alguna oportunidad (como en “La culta dama” de José de la Colina, [18]) creando una atmósfera satírica dirigida a los lectores no familiarizados con estos nuevos textos.
Es equivalente lo que ocurrió (y lo cuenta el mismo autor, es decir, Monterroso) con otros textos de una línea. Así, relata el autor: “Yo escribí una vez un cuento que creí que era de una línea —y que era cuento—, se llama Fecundidad. Con esta confusión de géneros que se me atribuye, resulta que esto que yo había considerado un cuento ha sido publicado en una antología del ensayo hispanoamericano […]”. (En nuestro corpus, el texto en cuestión es el [102].) La anécdota, aparte de tener gracia, ilustra sobre las reacciones —en este caso, de lectores que ejercen la función de antólogos— que se producen o se producían frente a relatos de una línea, al menos en los primeros años del surgimiento de esta forma textual. Reiteramos: por un lado la extrema brevedad, y por otro el momento de la primera publicación, que puede manifestarse a contrapelo de las costumbres lectorales predominantes, producen conjuntamente el efecto diferenciador.
2. Básicamente, la diferencia a que nos referimos depende de la rapidez de la narración, en el sentido en que usa este concepto Ítalo Calvino. Esa rapidez o velocidad produce una sensación de inmediatez: anula la expectativa sobre “qué va a ocurrir después”, pues lo poco o mucho que se presenta ocurre simultáneamente, en un relámpago, frente a los ojos del lector. Se trata verdaderamente de un “relato vertiginoso” (Lauro Zavala), de una “ficción súbita” (Robert Shapard y James Thomas): los mejores ejemplos a los que se aplican estos calificativos son precisamente estos que hemos estado estudiando. Un ejemplo que no se cuenta entre los más conocidos: el de Miguel Saiz Álvarez, “El globo”: “Mientras subía y subía, el globo lloraba al ver que se le escapaba el niño” [72]. O el magnífico “El hombre invisible”, de Gabriel Jiménez Emán: “Aquel hombre era invisible, pero nadie se percató de ello” [89]. Son 17 palabras en el primer caso, 13 en el segundo, y los dos textos son excelentes ilustraciones de este tipo de minificciones: los microrrelatos de una línea, o hasta de dos líneas, o de menos de 20 palabras de extensión.
3. El problema terminológico no es esencial: el creador no escribe en función de un marbete, sino a impulsos de una tensión interior que en un caso le hará encadenar 120 palabras y en otro 12, por ejemplo. En este trabajo hemos comenzado hablando de “microrrelatos de una o dos líneas” y nos hemos ido orientando hacia el concepto de “hiperbreves”. Como hemos indicado, es de lamentar que este último término sea usado por algunos editores como si fuera sinónimo de “microrrelatos”. Es mejor reservarlo para composiciones del tipo de las 111 que hemos compilado en el corpus que se estudia en este artículo. Hay que reconocer que no todo lo breve es hiperbreve, así como no todo lo extenso es vasto o dilatado. Si se reservara el término hiperbreve para los extremos de brevedad, podríamos apreciar mejor lo que podemos llamar la pirámide (o el continuo) de la narratividad: de abajo a arriba, hiperbreve, microrrelato, cuento breve, cuento, novela breve o nouvelle, novela, ciclo novelístico… De nuevo: como en muchos otros casos, siempre habrá detalles abiertos a la discusión, pero estaremos situados en un tramo coherente de una teoría general de las formas narrativas.
No pretendemos haber resuelto con estas consideraciones, y tampoco con estas conclusiones, todos los problemas que plantea la existencia de “microrrelatos de una y dos líneas” o hiperbreves: ni los problemas de género, ni los de lectura, ni aun los de terminología. Pero no lamentamos el alcance provisional de estas páginas: en cualquier actividad de investigación, el primer paso consiste en establecer y delimitar la existencia de un problema. Creemos haber hecho eso, y esperamos que otros prosigan la tarea que queda esquematizada.

Bibliografía
Brasca, Raúl, comp. (2002). Dos veces bueno 3. Buenos Aires: Desde la Gente.
Bustamante Zamudio, Guillermo, y Harold Kremer (1994). Antología del cuento corto colombiano. Cali: Universidad del Valle.
Círculo Cultural Faroni (2001). Galería de hiperbreves: Nuevos relatos mínimos. Barcelona: Tusquets. (Colección Andanzas.)
Epple, Juan Armando, comp. (1989). Brevísima relación del cuento breve de Chile. Santiago, Chile: LAR.
——, (1999). Brevísima relación: Nueva antología del microcuento hispanoamericano. Santiago, Chile: Mosquito.
González Martínez, Henry, comp. (2002). La minificción en Colombia: antología. Bogotá: Universidad Pedagógica Nacional.
Lagmanovich, David, ed. (2005). La otra mirada: Antología del microrrelato hispánico. Palencia: Menoscuarto. (Reloj de arena, 11.)
Obligado, Clara, ed. (2001). Por favor, sea breve: antología de relatos hiperbreves. Madrid: Páginas de Espuma.
Zavala, Lauro, sel. y prólogo (2000). Relatos vertiginosos: antología de cuentos mínimos. México: Alfaguara.
——, comp. (2002). La minificción en México: 50 textos breves. Bogotá: Universidad Pedagógica Nacional.
——, sel. y pról. (2003). Minificción mexicana. México: Universidad Nacional Autónoma de México.

[21.01.2005]

© David Lagmanovich 2006
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid